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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

TRES NOVELAS DE HERMANN HESSE

Valmore Muñoz Arteaga

vajomar@cantv.net
ESPÍRITU Y POESÍA
Valèry, Rilke y Eliot construyendo la palabra del siglo XX

"Las civilizaciones sabemos que somos mortales"
Paul Valèry.

"Con los versos se ha hecho muy poco cuando se escriben pronto.
Se debería esperar para ello, y reunir sentido y dulzura a lo largo
de toda una vida, posiblemente una larga vida, y luego, hacia el final,
quizá se podrían escribir diez líneas que fueran buenas"
Rainer Maria Rilke.

"Si todo tiempo es eternamente presente,
todo el tiempo es irredimible"
Thomas Stearn Eliot.

I.- No me cabe la menor duda de que la producción literaria creada las primeras cuatro décadas del siglo XX marcará para siempre la literatura moderna. Allí no sólo se cimentaron las bases de los estilos literarios posteriores, sino que además de definió el papel de la literatura frente a las vicisitudes del hombre moderno, quien verá frente a sí cómo se levantarán los muros sociales y políticos productos de dos conflictos mundiales que, a su vez, tendrá al miedo como su mejor aliado, ya que desde entonces, se asumió esta emoción como un sistema para fundar procesos políticos. Así lo apunta Ángel Lombardi: "Es difícil caracterizar a nuestro siglo, pero en su complejidad, el miedo ha sido el sentimiento dominante. Siglo sin Dios, asumió la finitud existencial sin esperanza; igualmente, la fe en el progreso, como ley de la historia, pertenece al pasado. Se desconfía del futuro y se recela de la propia revolución científico / técnica. El "otro" ha sido asumido como enemigo. La crisis permanente en todos los órdenes es la característica dominante. La igualdad vuelve a ser percibida como utopía. Todo un ciclo histórico y cultura han entrado en agonía durante el siglo XX. Una manera de ser hombre, la europea, se rinde cuenta a sí misma y se apresta a ser revelada". Si bien, he creído que Nietzsche y su atomismo filosófico parió al siglo XX, pocos escritores como Franz Kafka pudieron desnudar el alma del hombre enfrentado a sí mismo y a las consecuencias de su comportamiento salvaje y bárbaro.

La novela del siglo XX se volvió un pesado pasaje hacia las nuevas dimensiones humanas: Ulises, La montaña mágica, El castillo o El lobo estepario, intentaron sin éxito responder como vía de salvación, y decimos sin éxito porque muy pocos vieron rasgos salvíficos en novelas como estas que revelaban, según la mayoría, la lamentable existencia del hombre cuya única salida era el desesperado camino hacia el suicidio. La poesía se volvió el territorio de una nueva esperanza, el terreno más firme de una nueva utopía fijada en el espíritu y en los más caros y profundos aspectos metafísicos. Muchos serán los poetas que acudirán a este discurso, a este diálogo simbólico con el corazón de la humanidad, entre ellos tenemos a los surrealista franceses, a los futuristas italianos y a los expresionistas alemanes, pero pocos cubrieron las expectativas de volverse valores universales como sí lo lograron Paul Valèry, Rainer Maria Rilke y Thomas Stearn Eliot.

II.- Paul Valèry es uno de los poetas de tránsito entre los siglos XIX y XX, su obra por ello corre el riesgo de ser considerada poco honda. La poesía era un elemento secundario de su experiencia intelectual y humana como conjunto. Puede considerarse como miembro de la generación de 1914 junto Proust y Claudel, quienes a su vez asumían a la poesía tal y como la asumieron en el pasado la generación de 1885 (Barres, France y los simbolistas) como un hiato entre el discurso y la propia poesía. "Hay en él, para el medio siglo que nos separa de 1885, una invencible tendencia que opone todo este período de la poesía francesa a todo su curso anterior desde el siglo XVI" (Albert Thibaudet)

Valèry es el poeta que intenta razonar el silencio desde sus inicios como poeta revelándose su estrecha relación con su maestro Stephan Mallarmé. Poemas con un deleite verbal y plástico envuelto espacios de silencio. Él "logra llevar todo el despliegue de la vida intelectual hasta ese borde de agua oscura donde Mallarmé tendía su caña sin cebo" (José María Valverde) Valèry, junto a Claudel, salvan a la poesía francesa de la somnolencia en la cual se hallaba. En 1917 compone el poema La Jeune Parque, en pocos meses muchos aficionados a la poesía se lo aprendieron de memoria como ya antes habían hecho con Racine y Hugo. Un poema de la vida interior que entró profundamente en las memorias y desde allí emitió lentamente sobre la poesía contemporánea.

El éxito de La Jeune Parque es inmediato. De la noche a la mañana el nombre de Paul Valèry salta al escenario de la actualidad. Ya no pocos los que lo conocen, sino todo el pueblo francés y poco después Europa. Esto hace que amplíe su confianza para escribir nuevas creaciones. Lucía renovado su pensamiento y la música de su poesía, con apenas veinte años ya ejercía una poderosa influencia sobre una buena parte de la poesía francesa. A pesar del éxito todavía de deja sentir el acento mallarmeano, pero sumado a una especie de meditación filosófica "llevada con plasticidad verbal muy mediterránea: uno a uno los versos tienen claridad raciniana" (Ídem)

Valèry rechaza totalmente la idea de inspiración, concepto eminentemente romántico y que de esa manera termina por cortar con la corriente que le trajo Hugo y tantos otros en largas lecturas de la infancia: "No concibo diferencia en profundidad entre el trabajo del espíritu llamado científico y el trabajo del espíritu llamado poético o artístico [...] El acto personal del sabio, el efecto de excitación y de iluminación nacido de su obra son comparables totalmente a los actos del artista y a los efectos de la obra de arte" (Paul Valèry). Él interpreta y lleva a su máximo nivel las teorías aventuradas antes por los precursores de la poesía pura: Poe, Baudelaire, Mallarmé, que oponen al concepto de inspiración el de fabricación. Según Valèry, la poesía es lo que queda en un poema después de haber excluido lo que no es poesía. "Poesía no es la idea en prosa vestida con un ropaje musicalmente sugestivo y acariciador, sino aquello que 'puesto en prosa, reclama todavía el verso'" (José Hierro). La poesía de Valèry es la poesía de la inteligencia, de la claridad, aunque "más de una vez el afán de claridad y precisión, el esquematismo expresivo, las alusiones, le hagan ser un poeta oscuro y le hagan parecer un poeta frío y cerebral" (Ídem)

A partir de la publicación de La Jeune Parque, Valèry vuelve al camino abandonado hacía ya unos años: el camino de la creación. A partir de entonces su vida transitó sin mayores acontecimientos destacables. Sin embargo, sus ideas acerca de la poesía pura y la polémica originada lo acompañarán toda su vida. Valèry nos dejaría otra obra inmortal, su última obra inmortal: Le cimetière marin, publicado en 1920. Un extenso poema en endecasílabos, una estrofa nada clásica en francés.

La obra poética de Valèry produce una impresión admirativa que raya ligeramente en el desconcierto. Rebosante de inteligencia, que para no matar la lírica, se ha replegado reticentemente, vuelta ironía con trasfondo esotérico que se balancea entre lo sarcástico y lo placentero, tras la hermosura hábil de sus versos.

III.- Nos queda claro que la figura más alta de la poesía alemana en el siglo XX es Rainer Maria Rilke, un puesto que no comparte con nadie y que lo sitúa al lado de figuras, ya inmortales como Goethe y Hölderlin. Comparte su época con otros maestros de la palabra como Thomas Mann, Hermann Hesse, Robert Müsil, Georg Trakl, entre otros. Transformándose en una de las voces de la Europa convulsionada de entre guerras y, claro está, una representación literaria de Alemania, la Alemania que no debe pasar al olvido. Sus obras van desde el ensayo a la narrativa, de la poesía a la correspondencia; entre sus obras poéticas más importantes se encuentran: Pertenece a al contorno lingüístico de la literatura alemana, puesto que realmente era austriaco como Kafka y Müsil, pero hay que dejar claro que el alemán de Rilke "es muy particular y caprichoso, sobre todo en la sintaxis y formación de palabras" (José María Valverde). A diferencia del padre de Gregorio Samsa, Rilke sí vivió muchos años en Alemania.

Él encierra una particularidad casi anecdótica. Rilke fue leído, a diferencia de muchos escritores, por partidarios del nazismo como por elementos de la resistencia, ya que no se le encontró antecedentes judíos. José María Valverde cuenta que el Ministro de Propaganda Goebbels llevaba a los escritores extranjeros a visitar a la viuda de Rilke.

Uno de los rasgos más resaltantes en la poesía de Rilke es su inclinación a la contemplación como fuente propiciadora del propósito poético. Al hacer un repaso por toda la poesía rilkiana hallaremos un sutil carácter infame y, si se quiere, hasta sórdido, "tomando ideas habituales y dándoles una vuelta, de modo que, por ejemplo, Dios es el hijo y el hopmbre es el padre; el amor no debe ser posesión, sino libertad, etc" (Ídem). Siguiendo la vena de Mallarmé, como lo hiciera Valèry, a Rilke le interesa más sostenerse en una propuesta estética, que para la creación poética no basta sólo con las ideas. A diferencia de Valèry, Rilke no se caracterizará por una poesía fundamentalmente intelectual y presuntuosa en cuanto a manifestación ideológica, lo fundamental en él es su precisión para la palabra correcta dentro del discurso poético, la belleza contruída por él es una belleza viva e independiente. Una belleza en donde renace el mundo, el mismo mundo, pero matizado por los ojos del poeta, un mundo pacífico que se renueva desde el corazón mismo de la conflictividad europea. No es que la poesía de Rilke se transforme únicamente en una especie de mensaje intelectual cargado de propuestas trascendentales y morales, pero sin duda que roza tal circunstancia, tal posición de ser ejemplarizante, como intelectual es casi imposible escaparse de esa tentación.

Sobre esta trascendencia tímida de Rilke escribe Valverde: "es obvio que, por llamativos y deslumbrantes que sean sus chispazos verbales, todo se carga de una densidad solemne y metafísica, abriéndonos vastos horizontes de intuiciones esenciales" Rilke no es un poeta con apetencias de profeta como Unamuno, Machado o, más atrás, Goethe, por el contrario, propone un mundo adecuadamente poético, pero sin las limitaciones de la poesía pura. Un mundo para la sensibilidad humana.

El meollo de la poesía de Rilke es la realidad a la cual le canta en sus textos "no es el mundo o la realidad de todos, donde el hombre resuelve (o no resuelve) su destino y creencias -y el poeta también, hombre entre los demás¾, pero al mismo tiempo, tampoco es un mundo de radio corto, fragmentario, incrustado en medio de la vida como un pequeño paréntesis de olvido y brujería"(Karl A. Horst) El mundo de Rilke es un mundo grande y profundo cargado de un recóndito peso espiritual.

IV.- Thomas Stearn Eliot sentó las bases de la poesía del siglo XX con su poemario The waste land. Poemario que dedica inteligentemente a Ezra Pound y que cuenta con cinco partes como un drama isabelino y muchas notas. En sus páginas Rilke canta a Londres ¿Europa? tan duramente como lo hizo Baudelaire con París. Londres se transforma en imágenes rotas de una ciudad irreal en medio de un canto angustioso y amargo. La lírica de Eliot en The waste land es una mezcla de memoria y deseo, la palabra celebrada en medio de una ceremonia donde se festeja la perplejidad, la fundación de una tierra en donde se fusionan la inocencia y la experiencia, gracia y culpa; una tierra tejida desde el exordio de la desesperación misma, una desesperación sin brújula. Contrastes del dolor más profundo, la decepción hecha palabra que intenta levantarse sobre la desesperanza y la agonía al mejor estilo de Unamuno. "Es un poema de contrastes, de seres inesperados que brotan en un surrealismo decadente, donde lo mismo vemos al archiduque como a Stetson, a Mme. Sosostris o Flebas el fenicio, para componer un módulo donde las lluvias primaverales ¾recuerdo de los Canterbury tales, de Chaucer¾ conducen hacia las iglesias de Christopher Wren de la City" (Cándido Pérez Gallego)

Otro libro fundamental en Eliot es The hollow man. Sus páginas son un camino sin salida, parido en medio de una crisis nerviosa. La palabra se vuelve cortejo de alucinantes imágenes. Un canto terrible a la desesperanza y al asco que cobran cuerpo en un cuadro espeluznante de soledad y vacío en el alma del hombre actual. En el poemario ahonda en la desintegración que él percibe en el hombre moderno para hallar en las alucinantes palabras la fuente de una esperanza inagotable.

El paso hacia una escritura más esperanzadora lo da con Four Quartets, aunque sigue excavando, por debajo de la "luz confusa... sobre los rostros... distraídos de la distracción por la distracción" (Eliot), de "hombres y trozos de papel llevados en remolino por el viento frío"(Ídem) Decide a través de la palabra, como Dante al infierno, descender hacia el mundo de la perpetua soledad a través de la más descarnada desposesión, descender como única alternativa, pero sabiendo que todo cambiará, que todo irá mejor, porque "amor es el hombre invisible ¾ tras de las manos que tejieron ¾ la camisa se llama insufrible ¾ que al poder humano mantiene sujeto"(Ídem).

Eliot es uno de los contados grandes poetas cristianos de nuestra época; pero a pesar de que es osadía grande juzgar acerca de la modalidad individual e íntima de su fe, siempre nos cabe pensar cuánto le ayudaría a él y a su obra el trascender esa adhesión al cristianismo como tradición válida como principio social ordenador y como acervo cultural eficaz, para dar lugar a una experiencia radicalmente sobrenatural. El terreno es resbaloso, y no daríamos un paso en él si no fuera porque la misma obra de Eliot, con su espíritu universal, con su planteamiento casi total del problema humano en una época de escepticismo, nos sugiere pensar que demasiado espíritu tradicional inglés puede ser incluso un freno a la trascendencia de su misión universal (José Miguel Ibáñez Langlois)

V.- Tres poetas tan distintos, pero que su tiempo los hizo compartir con amargura la desintegración de los más caros sentimientos. Tres poetas que tradujeron con palabras las llagas de una humanidad que aún no había visto expandir completamente el aroma nefasto de sus más odiosas miserias. Valèry, Rilke y Eliot, al igual que muchos otros que hoy saltamos violenta e injustamente, intentaron, a pesar de todo, con éxito transformar, no el mundo, sino el alma humana, ya que lo primero sería la consecuencia de lo segundo.

Miles de palabras arrojaron al viento los tres poetas, miles de palabras que esperaban ser atendidas por las mayorías, pero pasaron decisivamente desapercibidas y el mundo siguió caminando hacia la estatura para la cual estaba preparado. No había oídos más que para los gritos de los frustrados que llegaban al poder sobre una negra alfombra de odios y ferocidades, dejando ver desde lo desorbitado de sus ojos, el miedo que les corroía el corazón. Esa era la humanidad, una humanidad que sigue aupando en sus intestinos a más alucinantes fascistas y dictadores, escondidos tras una bien labrada máscara democrática. Sólo que hoy los poetas guardan silencio. Sin embargo, al callar, se pueden escuchar las voces de Valèry, Rilke y Eliot golpeando como olas sobre las rocas del hombre por venir.

Valmore Muñoz Arteaga
Universidad Católica Cecilio Acosta
Colegio Alemán de Maracaibo
Venezuela.
vajomar@cantv.net

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