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RETÓRICA Y DEMAGOGIA


Por Vicente Adelantado Soriano

 

“Se ha dicho que no es necio el que hace la necedad, sino el que, hecha, no la sabe enmendar.”

Azorín, El político

Al parecer todos los periódicos están de acuerdo en que el presidente del gobierno no sabe cómo salir de la crisis económica en la que estamos más que instalados. Según la inmensa mayoría de la prensa, el presidente de gobierno va dando bandazos, parece un barco a la deriva, y no se atreve a tomar ninguna medida porque, dicen, son impopulares: retraso de la edad de la jubilación, subida de impuestos y bajada de prestaciones sociales. ¿Qué hacer entonces? Parece que el presidente de gobierno no toma ninguna decisión, y confía, como el jefe de la oposición, en que el tiempo todo lo cure. Pero el tiempo no cura nada: amontona dolor sobre dolor y problema sobre problema.

Las noticias, tanto en la televisión como en los periódicos, a veces se dan para gente con conocimiento de causa. Puede ser esto una censura encubierta, pues difícil y complicado ha resultado saber cómo se ha llegado a esta magna crisis de la que, al parecer, tan difícil resulta salir. Pero si una de las salidas es el ahorro, cosa que se propone con el retraso de la edad de la jubilación, la bajada de pensiones y la subida de impuestos, también nos ahorraríamos mucho dinero, y de esto hablan pocas personas, si se eliminaran de la administración muchos cargos que no sirven para nada o tienen poca utilidad. ¿Para qué, por ejemplo, queremos tantas autonomías, tanto presidente, tanto consejero y tanto político? En una misma ciudad puede haber gobierno autonómico, ayuntamiento y delegación del gobierno. ¿Hace falta tanto cargo? Creo que no cuando entre todos han sido incapaces de no prever lo que iba a suceder. Es hora de rectificar.

Si lo planteamos desde el punto de vista ético, resulta más que incomprensible que un senador, por las vacaciones de Navidades, tenga casi dos meses de asueto, y más en las actuales circunstancias. Pero ha sido aquí donde los políticos han dado la talla de lo que son y a lo que pueden llegar: uno dice que el senador, aun cuando no está en el senado, trabaja: habla con la gente, se entera de sus necesidades... y el demás allá trata de convencernos de la baratura de la institución porque ha costado más el fichaje de un futbolista que lo que cobran ellos durante todo el año. Esta es la altura intelectual de nuestros políticos. Pero no queda ahí la cosa: el ministro de Justicia nos sale con la perla de que el Estatuto de Cataluña, todavía sin legitimar, debe ser legítimo cuando se lleva cuatro años poniéndolo en marcha. Lo ha dicho sin sonrojarse y sin dimitir al día siguiente. Imaginamos que asesinar, matar y violar será legítimo, dado que elementos del género humano siempre lo han hecho. Le llevan siglos de ventaja a los catalanes y a su estatuto.

Que los políticos se atrevan a decir semejantes barbaridades sin sonrojarse, sin pedir perdón por considerarnos imbéciles, y sin dimitir, ya nos da las pautas de en manos de quién está la nación. Y lo malo es que estos cargos, con las autonomías, se triplican. ¿Hasta cuándo y hasta cuánto un país puede soportar tanto derroche de dinero en cargos públicos y tanta falta de sentido común?

Por desgracia ya hemos dejado de ser una nación: un español, común y corriente, no puede trabajar en cualquier parte del territorio a menos que sepa el idioma de ese territorio; pero cuando sus señorías van a Madrid, al Senado, tienen derecho a un traductor, del castellano al catalán, o al vasco, o al gallego... ¿Por qué un médico que no sepa catalán no tiene derecho a un traductor como lo tiene un senador? Estamos llegando a la cuadratura del círculo, a la imbecilidad supina... Quo usque tandem, Catilina, abutere patientia nostra?

 

Vicente Adelantado Soriano es Doctor en Filología Española

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