- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
 
 
Cultura en general (museos, exposiciones, patrimonio, etc...)
Enseñanza de español y didáctica de otras lenguas
Cooperación, igualdad, dependencia, desarrollo, etc.
Publicaciones e información sobre el mundo del libro.
 
 
Publicar en Liceus

 

  Guías culturales

UBU REY O UNA MONARQUÍA LINEAL


Por Vicente Adelantado Soriano

Ante la representación, en Valencia, de la obra de Alfred Jarry, en catalán, se ha podido constatar, una vez más, el viejo tópico de siempre: el teatro está en crisis. No sólo porque la enorme variedad de personajes de la obra quede reducido, en el montaje dirigido por Pere Fullana, a cinco actores, se eliminen las masas, los músicos y hasta todas las indicaciones del autor en cuanto al vestuario, sino también por la lectura lineal de una obra llena de sorpresas, y que pretende ser más una crítica a la imbecilidad y a la estupidez del poder, que un ataque a un gobierno determinado.

En el montaje de Pere Fullana, Ubu queda reducido, y no es poco, a un esperpento: sería la imagen en el espejo cóncavo de lady Hamlet. Una obra de ambiciones, trágica, pero vista con una perspectiva de comedia. Muy alejada, sin embargo, de cuanto se proponía Jarry. Y con unos cuantos chistes que no vienen a cuento de nada por muy graciosos que puedan parecer en su momento: Ubu no habla en castellano porque tampoco lo hacían los Austrias. ¿Cuál de todos? El único que no lo sabía hablar era Carlos V, y sólo hasta su llegada a España. Porque lo que fue después, lo habló con suma corrección.

Vuelve sobre la cuestión lingüística al finalizar la obra, un diálogo en castellano y catalán que no entiende Ubu. Nada más alejado de la obra de Jarry, que termina con una pura tautología: "si no existiera Polonia, tampoco habría polacos".

Por otra parte no es la lengua lo que preocupa a Jarry, no al menos como luchas de comunidades, sino como material para expresar esa imbecilidad del poder todo que, como Ubu, es capaz de fagocitar cuanto se ponga delante de sí. Y lo mismo que se come sirve de arma, la más escatológica posible. No hay más que recordar la escena del banquete, desaparecida en el montaje de Fullana. Escena que contribuye a la sensación de asco presente a lo largo de toda la obra. De ahí la importancia del vestuario de Ubu, muy alejado del traje de chaqueta utilizado en el montaje.

Pese a las limitaciones, tanto musicales como de falta de actores, no es despreciable, ni mucho menos, el montaje de Ubu, que ha contado, por otra parte, con unos muy buenos actores: Aina Cortés, Jordi Camellas, Carles Molinet, Marisa Nolla y Joan Vadell. Sus buenas interpretaciones, no obstante, no impiden tener la sensación de que se ha hurtado buena parte del Padre Ubu, de su estupidez y de su imbecilidad, quedando reducido, a veces, al teatro manido y convencional, como la figura del príncipe de dudoso sexo. Eso cuando el teatro de Jarry está muy alejado de todo convencionalismo teatral, de la linealidad entre otras cosas.

Vale la pena destacar, aunque no haya música en directo, ni la variedad demandada por Jarry, la buena adaptación de esta a las diversas escenas.

El otro elemento de la crisis teatral vendría determinado por el público. Un público inexistente en esta ocasión, pues el aforo apenas si estaba ocupado en sus tres o cuatro primeras filas. Pese a sus limitaciones, no se lo merecían ni los actores ni la dirección. Con estos éxitos de público, desde luego, es imposible la existencia de grandes ni pequeñas compañías. Tal vez a este paso no se pueda ni mantener un teatro. Por supuesto no faltó el espectador que hubiera encantado a Jarry, el que se reía de todo y ante todo. Tal vez para demostrar que entendía cuanto sucedía en el escenario. Digno compañero de aquella parte de Ubu que no estuvo anoche sobre las tablas.

 

 


Vicente Adelantado Soriano es Doctor en Filología Española

Volver a Trabajos de Investigación...

 



        
Universidad de Alcalá Confía learning confianza online