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POLÍTICAMENTE INCORRECTO


Por Vicente Adelantado Soriano


No deja de ser significativo que, un día sí y otro también, algún que otro periódico nos ofrezca, en sus páginas, una encuesta, y, con ella, la posibilidad de votar o dar nuestra opinión. Esto debe de ser, suponemos, un sucedáneo de la democracia que nos alumbra; y, en consecuencia, el valor de los votos en los periódicos será, como los emitidos en esta democracia: nulo. De hecho, el ciudadano, antiguo pueblo, puede votar esta opción o la otra, y puede salir ganador su partido o el del vecino. Pero posteriormente, por acuerdos varios, por intereses de partido, que predominan sobre los de la nación, por hambre de poder, cualquier grupo periférico y minoritario se puede convertir en el amo y dueño de la situación dando al traste con las urnas, las votaciones, y con las apetencias del soberano pueblo, o de la soberana ciudadanía.

Todo esto sin olvidar que la crisis que estamos padeciendo la resuelven desde Bélgica, donde marcan las directrices a seguir. ¿Y quién las marca? Porque a quien lo haga es a quien habría que votarle, si ello es posible. Este problema, sin embargo, jamás aparece reflejado en los periódicos. No cabe duda que por intereses propios, por supuesto.

No hace mucho se nos brindó la posibilidad de votar, en un periódico, si nos parecía correcto que en el Senado, en España, se utilicen traductores para sus Señorías. La estupidez no puede ser más grande. Por supuesto ya llevamos muchos años preparando el terreno para estas aberraciones, ya llevamos muchos años con un sistema educativo penoso y que no va más que abocado al caos. Hoy en día atacar semejante barbaridad, la de los traductores en el Senado, está mal visto. Y es políticamente incorrecto decir que un senador gallego y otro catalán tienen una lengua en común, románica para más señas, como románicas lo son el catalán y el gallego, que es el castellano o español, y que, además, es común a ambos. ¿Qué pretenden, pues, al utilizar a un inútil traductor? ¿Gastarse el dinero del común de los mortales neciamente? Y eso cuando estamos en crisis, y cuando hay millones de personas en el paro y muriendo de hambre.

Una cosa es estudiar y respetar una lengua, y otra muy distinta utilizarla como arma arrojadiza o seña de identidad. La lengua es portadora de cultura. Y muchas de las personas que, aparentemente, las reivindican ni siquiera conocen su propia literatura. Los absurdos nacionalismos les dan patente para ello. En ocasiones hasta basta y sobra con envolverse con una bandera para robar a manos llenas. Estamos llegando al colmo del absurdo.

Ahora se nos ha brindado el sucedáneo de votar si las vacaciones escolares nos parecen largas o cortas. No se plantea qué pensamos del sistema educativo. Se plantean las vacaciones en los institutos, pues todavía sigue habiendo mucha gente que confunde una escuela con un garaje. Tampoco, al parecer, la patronal se ha cuestionado que salir de la crisis supone cambiar los medios de producción, hacerlos más efectivos, tener gente más preparada. Como siempre recurrimos a lo fácil: más horas de trabajo, que no lo hay, y menos salario. ¿Por qué no volver a la esclavitud?

Cambiar los modos de producción, cambiar ciertos hábitos y costumbres, es cuestión de educación y preparación. Y este sistema educativo no funciona. Y el que lo haga no depende de tener ordenadores en las aulas, al menos a cierta edad: los alumnos tienen que ser autónomos, suficientes, y saber escribir a mano, entre otras cosas.

Dado que el sistema educativo no funciona, dado el abandono escolar, el aburrimiento y la desidia en las aulas; y dada la crisis económica que nos alumbra, la pregunta, la encuesta, que no hacen los periódicos, sería la siguiente: tenemos, en cualquier comunidad española, un Ministro de Educación, un Conseller , Conselleiro o Consejero de Cultura, y en cada ayuntamiento un Concejal de Cultura. Y entre los tres han conseguido el peor sistema educativo de toda Europa. ¿Para qué los queremos, pues? ¿Para qué queremos las autonomías? ¿No suponen un enorme despilfarro que no podemos soportar? ¿Cuántos presidentes, consejeros, asesores, funcionarios, chóferes, secretarias, etc., estamos manteniendo?

Por supuesto que en este necio sistema educativo los clásicos no se leen; muchas veces los ignoran los mismos profesores; y, en consecuencia, se les ha hecho ver a los alumnos que son muy aburridos. Y no hay nada más significativo, el momento actual, que leer a Azorín. En su libro Antonio Azorín analiza las causas de la decadencia de Salas de los Infantes, el pueblo donde murió Quevedo. No tiene desperdicio dicho análisis. Pero, claro, Azorín también es políticamente incorrecto. Y como dijo Pérez Galdós, si no me equivoco, nadie es inteligente si no es tan imbécil como nosotros. Sí, hagamos garajes de las escuelas, que es lo que importa.

 


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