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Por Vicente Adelantado Soriano


LA MUERTE Y LA ÉTICA

Está visto y comprobado que, en esta vida, no hay nada como morirse para ser bueno. La muerte actúa como un experto cirujano plástico que hace desaparecer todos los defectos dejando en su lugar virtudes y bondades sin fin. Así la familia política se ha despachado hoy a gusto haciendo la oración fúnebre por Leopoldo Calvo-Sotelo, el primero de los presidentes de la democracia en fallecer.

No sé si Calvo-Sotelo fue un buen presidente o dejó de serlo. Tengo la intuición, cada vez más acentuada, de que aquí todo funciona por inercia, y de que todo va igual de mal esté quien esté tanto en la presidencia como en los ministerios. Seguramente estaré equivocado. Pero es mi impresión.

Hay una cosa, no obstante, en la que tenía toda la razón el recientemente fallecido presidente. Según cuenta Martín Ferrand, en las páginas de ABC, le comentó, la última vez que lo vio, que la vida política española, parece ser que se refería al Tribunal Constitucional, está falta de una buena base ética. En eso, tanto si se refería al Tribunal como si lo hacía a los políticos en general, tenía toda la razón. No hay más que ver el paso, fácil, que dan los políticos de su cargo, sea el que fuere, a las empresas privadas donde cobran unos sueldos más que respetables. Ello les permite tener pisos enormes, chalets, yates y todo tipo de lujos.

No me dan ninguna envidia. No hace falta tanto para vivir. Sencillamente me han hecho recordar unas reflexiones de Sócrates, el gran maestro de la humanidad. Son palabras sacadas de Paideia, el monumental libro de Werner Jaeger:

"La premisa fundamental de que arranca aquí Sócrates es la de que toda educación debe ser política. Tiene que educar al hombre, necesariamente, para una de dos cosas: para gobernar o para ser gobernado [...]. El hombre que haya de ser educado para gobernar tiene que aprender a anteponer el cumplimiento de los deberes más apremiantes a la satisfacción de las necesidades físicas. Tiene que sobreponerse al hambre y a la sed. Tiene que acostumbrarse a dormir poco, a acostarse tarde y a levantarse temprano. Ningún trabajo, por gravoso que sea, debe asustarle. No debe sentirse atraído por el cebo de los goces de los sentidos. Tiene que endurecerse contra el frío y el calor. No debe preocuparse de tener que acampar a cielo raso. Quien no sea capaz de todo esto está condenado a figurar entre las masas gobernadas."

Está claro, pues, visto cuanto hacen algunos políticos, que quien gobierna el país es la ambición y la falta de ética. No es una cosa nueva, desde luego. Ya nos advertía en contra de ella Pero López de Ayala a finales del siglo XIV. Y nada menos que hablando del cargo más importante de la Iglesia:

Agora el papagdo es puesto en rriqueza;

de lo tomar qualquiera, non le toma pereza;

maguer sean viejos, nunca sienten flaqueza;

ca nunca vieron papa que muriese en pobreza.

Así que la conclusión que se impone, siguiendo a Sócrates, es que nos gobiernan los gobernados por su ambición y sus poltronas, sus lujos y su mísera vaciedad. Nada que hacer: es como esperar la salud de un brote de peste bubónica. Descanse en paz el señor Calvo-Sotelo. Y que el Señor, en su infinita misericordia, nos acoja al resto en su seno, y confesados. Amén.


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