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Por Vicente Adelantado Soriano


HACIA EL PENSAMIENTO ÚNICO

Son las seis de la mañana. Acabo de leer la triste noticia en los periódicos. Ya estaba informado, por la televisión, del atentado de ayer. ETA, tan grandiosa y magnánima como siempre, ha asesinado a un ex concejal del ayuntamiento de Mondragón. Pueblo que va ligado al caro y añorado don Pío Baroja. El cura de Mondragón. La lectura y la reflexión no hacen buenas migas con los asesinatos.

Por si esto fuera poco, ha aparecido también la noticia, rocambolesca, esperpéntica, de que a un señor, citado por Mariano Rajoy en el último debate, le han llenado la fachada de su negocio de pinturas insultantes. Se debe a que lo denunciaron por tener su negocio rotulado nada más que en castellano y no en catalán. Es verdaderamente esperpéntico.

Y más esperpéntico todavía los comentarios a la noticia. Al parecer hay gente que se cree todas estas historias de las lenguas y de las persecuciones. Debe de existir algún tipo de placer en padecer victimismo. La lengua como excusa para encerrarse en el espíritu de campanario y negar todo aquello que está un poco más allá de las propias fronteras.

Es posible que los pistoleros de ETA, y la misma ETA, tengan algún proyecto político. Es probable. Es también muy posible que si consigue la autodeterminación, ETA forme parte del gobierno de la nueva nación. Y viendo sus anteriores actuaciones, cabe la pregunta de qué van a hacer con aquellos que discrepen de su pensamiento en el nuevo parlamento. ¿Matarlos también? O a lo mejor es que en esa nueva nación, radiante y bella puesto que ha conseguido la autodeterminación, no va a haber parlamento. Es posible que esas nuevas nacionalidades se parezcan, pues, a un viejo castillo medieval. Queda por dilucidar si van a comerciar con el resto del mundo, o van también encaminados a una economía de subsistencia. Por supuesto que comerán productos de la tierra. De la propia.

Dicha economía estaría muy en consonancia, desde luego, con las propias ideas de quien recurre al asesinato para hacerse notar y para demostrar su disconformidad. No debe ser nada fácil conseguir tal desprecio por la vida humana. Debe costar años de trabajo, estudio y esfuerzos llegar a tener pelos en el corazón y ser capaz de pegarle tres tiros a un hombre delante de su hija. Imagino sus caras de alegría y contento a comprobar las viejas masacres en casas cuarteles de la guardia civil, o en autobuses repletos de gente. Debe ser maravilloso sentirse dueño de tantas vidas para segarlas y acabar con ellas. Y debe ser un verdadero placer vivir en una sociedad gobernada por tan sensibles y maravillosas personas. Imagino que las universidades de la misma deben ser un dechado de ciencia, tolerancia y estudio. Tal vez como las ikastolas. O como algunas universidades de hoy en día en las que los estudiantes, que lo son todo menos eso, protestan y montan alborotos porque alguien va a dar una conferencia. Ni en la universidad se puede hablar ya. Así se hace. Gaudeamus igitur.

En los periódicos y en los artículos de fondo se nota una honda preocupación: que se repita lo del famoso 11 de marzo de 2004: el triunfo, según unos, de un partido por las mentiras del otro. Y por los muertos, claro.

Aquel atentado fue una salvajada. Algo propio de fieras. Y fue insultante la aparición del Ministro del Interior en las pantallas de televisión. Vino a decir que el atentado era obra de ETA, y que "era un miserable quien creyera lo contrario." Aquí, como se puede ver, hasta en los momentos de dolor vamos a lo importante: al pensamiento único, a la descalificación de quien piense de forma distinta a como lo hace quien manda, sobre un ministerio o sobre vidas humanas. Lo mismo da.

Y con un total desprecio de todo, el jefe de la oposición, poco antes del atentado, sale diciendo que si gana las elecciones, le pedirá al otro partido, que sería el mayoritario en la oposición, que se abstenga en su investidura como jefe del gobierno.

En fin, no se sabe dónde mirar a fin de no darse con la estulticia, la estupidez, el cainismo, y las ganas de reventar al enemigo. Unos y otros no hacen sino amoldarse al viejo cuadro de Goya, profeta en su tierra: aquel en que dos fenómenos, enterrados hasta la cintura, se matan a garrotazo limpio. Quizás en la muerte descansemos todos. Y tal vez muchos políticos, y pistoleros, no deseen sino gobernar sobre un país de muertos. Es para llorar lágrimas de sangre. Más dolorosas todavía que las del pobre Larra.

 



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