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ARTÍCULOS


Por Vicente Adelantado Soriano


REFRANES

Entre dos muelas cordales nunca pongas tus pulgares

Es todavía un misterio, para mentes poco avezadas en negros trasuntos como es el de nuestra política nacional, saber quién sale ganando con todo este escándalo que se ha originado sobre espías dentro de un mismo partido político. Ahora, al parecer, se espían entre miembros de la misma familia. “Entre marido y mujer no te quieras meter.” Los otros partidos, inconscientemente, sin hacer caso del refrán, se ríen de buena gana. Y “al freír será el reír”.
Tal vez, por el contrario, no sea tan difícil descubrir a quién puede beneficiar que un ministro de Justicia, poco agraciado el pobre, intelectualmente hablando, se haya reunido para cazar con un juez estrella destapando, poco después, uno y otro, infinidad de casos de supuesta o verdadera corrupción. Y no se sabe muy bien qué gracia tiene que un día sí, y otro también, salgan a la luz más y más escándalos de corrupción y malversación de fondos. Algunos casos, tal vez, hayan brotado con fundamento. Otros, por el contrario, parecen tan traídos por los pelos que semejan una broma de mal gusto, o un insano deseo de enlodazar, más si cabe, la vida política española.
“Semper aliquid haeret”. O, lo que es lo mismo: calumnia, que algo queda. Y Dios nos libre de los calumniados y de los calumniadores.
Dice un refrán que “el abuso trae la cuenta”. Y aquí, y con todas estas noticias, falsas o inventadas, puesto que no hay forma de saber nada de nada, se concluye que se está abusando, y mucho, de las arcas municipales, nacionales y autonómicas, y de la paciencia de quienes debemos ir a votar. Todo tiene un límite: “Tantas veces va el cántaro a la fuente, que se quiebra”. Lo malo es que es el país entero el que se está quebrando, cuando no rindiendo cuentas de abusos, malversaciones y robos.
Siempre, y en toda situación, es conveniente tener la cabeza serena y el sentido crítico en permanente alerta. Pero está claro que según el periódico, o los periódicos, que se lea, se tendrá una opinión u otra, favorable a unos o a otros. “Tantos son los bachilleres, tantos son los pareceres”. Dejando eso de lado, también resulta claro y diáfano que en todos los partidos políticos, en toda asociación, y en cualquier lugar donde haya dinero, o disputa por el poder, hay, o puede haber, corrupción, corruptelas y todo tipo de egoísmos. No menos famoso que el refrán anterior es el otro, “Dios me ponga donde haya, que yo ya me tomaré”. Y por tomar, al parecer, no ha quedado. Todos han tomado hasta la saciedad y un poco más. El dicho es harto conocido: “a tuerto o a derecho, nuestra casa hasta el techo”. Podía ser éste el honesto lema de muchos políticos y amigos de los mismos.
Es posible que no hayan tomado nada, que todo sea un infundio, una enorme mentira parida en una cacería, entre sangre, pólvora, risotadas y espeso vinazo. Pero, entonces, no se entiende que un gobierno, tanto autonómico como de la nación, a fin de evitar estas situaciones no presenten las cuentas, las entradas, las salidas, los gastos y todo cuanto se le demande. Estaríamos todos más tranquilos: “ni yerba en el trigo, ni sospecha en el amigo”. Sabido es que el gobierno no es amigo más que de los suyos, pero cabría ampliar el refrán e incluirlo en él. Tal vez eso, el rendir cuentas, fuera el inicio de una democracia honesta y de un gobierno justo, si es que algún gobierno puede ser gobierno, justo y honesto. Y junto con ese presentar cuentas, también estaría muy bien ver a los partidos actuar rápidamente en contra de los corruptos y de los malversadores. “En la tardanza dicen que suele estar el peligro”. Así nos evitaríamos la vergüenza y el bochorno que estamos viviendo. Sea real o inventada.
Pero aquí todo, absolutamente todo, se ha convertido en gritos, desplantes, faltas de educación y de respeto, e insultos propios de un patio de vecindad. Da asco. Un asco infinito. Unos se acusan a otros, y los otros a los demás allá. Y todos se ríen del mal ajeno negando el propio. “Pato, ganso y ansarón, que tres cosas suenan y una son”. Dejando de esta forma algo muy claro, donde no brilla sino la más negra oscuridad: “Ruin la madre, ruin la hija y ruin la manta que las cobija”. Tanta necedad, tanto grito, tanta acusación, tanto chorizo y tanto megalómano no merecen sino la estética de don Ramón María del Valle-Inclán. Aunque algunos no lleguen ni a espantajos, menos aun a esperpentos. Cabría preguntarse, entre tanto, quién gobierna, lleva el timón de la nave, impide que algunas empresas facturen como les dé la gana y cuanto les venga en gana; vigila para evitar manifiestas y enormes estafas; evita que el sistema educativo se convierta en arma arrojadiza, etc., etc., etc. Sí, ya lo sabemos: “A preguntas necias, oídos sordos”.
Excusado es pensar en alguien, aquí y ahora, tan inteligente y maquiavélico como para haber movido o promovido todo cuanto, inventado o real, está saliendo a la clara luz del oscuro día. No admite duda, por el contrario, que en todo partido político que se precie hay personas que engañan y mienten, roban o gastan el dinero público sin control, y sin que se enteren los dirigentes, tan ocupados ellos en no perder el poder o en ganarlo. Y ya no sabemos si “algo va de Pedro a Pedro”, pues a la fin a y a la postre todos parecen cortados por el mismo patrón. Sólo cabe esperar que vuelvan trasquilados quienes fueron a por lana, cosa harto dudosa, como hemos tenido muchas ocasiones de comprobar: no es lo mismo robar 50 euros que montar estafas millonarias. El ladrón de poca monta va a la cárcel, y el gran estafador sigue viviendo como si tal cosa. “Allá van leyes do quieren reyes”.
Es posible, sin embargo, que todo este escándalo de espías, corrupciones, luchas por el poder, dimes y direstes, haya sido originado por una denuncia de la que se ha comenzado a tirar, y ha puesto al descubierto infinidad de situaciones irregulares. Y es posible que, en esa denuncia, alguien se haya inventado algunas de estas esperpénticas realidades. Nada se puede descartar. “Estremo es creer a todos y yerro no creer a ninguno.” Aun así resulta un tanto absurdo, y un tanto necio, aceptar que un presidente autonómico se deje sobornar por veinte o treinta trajes. Aunque, cierto es, a Pilar Miró, conocida directora de cine, la licenciaron por dos o tres vestidos de lujo. Es muy creíble, en este último caso, que fuera la excusa que iban buscando; el problema de fondo tal vez fuera otro. “Sobre dinero no hay compañero”. Póngase también, delante de dinero, por aquello de la rima, poder.
Parece ser que no hay forma ni manera posible de saber la verdad. “A río revuelto, ganancia de pescadores.” Es excesivamente fácil aferrarse a una visión, a un periódico, a un partido, y negarle el agua y la sal al otro. Demasiado fácil. No obstante, es la solución más sencilla ante tanta complicación. Pues no podemos perder el tiempo, un día tras otro, intentado saber qué es lo que ha pasado, hasta qué punto es culpable un juez que, parece ser, no puede vivir sin ser portada de los periódicos; hasta qué punto se alió con un ministro comunista que se va de caza sin licencia, lujo de ricos; hasta qué punto todo es un montaje de unos para cazar a los otros; o culpa de los otros que han permitido que las cosas llegaran hasta donde han llegado. Y todos parecen o son iguales “mal de muchos, consuelo de tontos.” ¿En verdad beneficia a alguien semejante conclusión?
No puede haber justicia donde todo se mide por el dinero. Ya hace algunos siglos lo dijo muy bien, por cierto, la madre Celestina:
“Todo lo puede el dinero: las penas quebranta, los ríos pasa en seco; no hay lugar tan alto que un asno cargado de oro no le suba”.
“Poderoso caballero es don dinero”. “Tanto tienes, tanto vales.” Y todos, al parecer, han querido tener mucho para valer más. Y si “por el hilo se saca el ovillo”, no podemos por menos de preguntarnos si se conocen todos los casos de corrupción, o tan solo ha aflorado una mínima parte de ellos. ¿Hay alguna forma de evitar esto? Tal vez sea pedir cotufas en el golfo mientras no haya transparencia en las cuentas del reino, y castigos serios para quien difame, y más para quien abuse de su poder o lo use en beneficio propio. Aunque lo ideal sería demandar honestidad a cada uno en el cargo que ocupe. Pero ya se sabe: “justicia sí, pero no en mi casa.”
Es posible, también, que este circo se haya montado para tener al respetable entretenido: “Panem et circenses”, haciendo así que la ciudadanía, ya no está de moda decir pueblo, se olvide de la crisis que a todos nos afecta. Dentro de poco, no obstante, llegarán las elecciones, y todos los partidos se pondrán de acuerdo en una única cosa: en que hay que ir a votar. Y los líderes darán ejemplo, en esto sí, yendo ellos los primeros. En lo otro obedecen al viejo dicho: “Haz tú lo que bien digo y no lo que mal hago”. Hay, entre otras muchas cosas, un evidente abandono de funciones
Terminadas las elecciones, y realizado el recuento de votos, al cabo de un par de meses volveremos a tener nuevos casos de corrupciones y de corruptelas, pues “vulpes pilum mutat sed non mores”. La zorra cambia de pelo, pero no de costumbres. O dicho de otra forma, “Genio y figura hasta la sepultura”. Sí, por supuesto que el hombre puede cambiar. Es para demostrarlo que hemos escogido refranes en latín y algunos sacados de la madre Celestina. Leyéndolos se nota mucho el paso del tiempo y la imparable evolución moral del hombre. Es descomunal. Vamos a pasos agigantados.
Para constatarlo y despejar dudas, votaremos a ciegas y sin saber lo que votamos ni a quién votamos. Los romanos conocían al personaje al que le entregaban su confianza; nosotros, con más capacidad de abstracción, conocemos siglas y símbolos, dibujos y pegatinas. Por sus siglas los conoceréis.
Sí, incitados por los partidos, la radio y la televisión, tal vez votaremos. Y si lo hacemos, sea cual fuere el resultado, en medio de tanto escándalo, nos dirán, como si fuéramos imbéciles, que hemos asistido, una vez más, al triunfo de la democracia. Y que el éxito, como siempre, ha sido del sacrosanto pueblo español. Ahora ya es dable hablar de pueblo y no de ciudadanía.
El pueblo español, sin embargo, no gana nunca, siempre sale mal parado. A menos que entendamos por pueblo a una masa enloquecida que grita “¡Vivan las caenas!”, y tira, alegre y alborozado, de la carroza de su propia condenación. Sí, en la tumba de Larra todavía humea el fatal pistoletazo. Porque aquí o hay que ser bestia o no se es nada. Es mejor no ser nada. Al fin y al cabo nada hay que hacer. Salvo ser como “el sastre del cantillo, que cosía de baldes y ponía el hilo.”



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