MARTIRIO DE NUESTROS DÍAS |
Los vientos andan crecidos
de injusticia social
y trotan por el camino del vicio
tan espigados como los ojos del sol.
Las plazas son balcones de odio.
Torres de fuego dejan sin aire,
lo que es aire de vida,
y la baranda del tiempo quema
lo que aún es poesía de verde rama.
Todo es desespero,
ni un grano de alegría en el cuerpo,
rearme militar hasta los huesos,
sones de águilas al acecho
se tragan todas las sonrisas,
celdas de armadura por doquier,
dolores y más dolores se clavan
en los pétalos del corazón,
se sirven en bandeja como si nada,
y nadie retira los platos rotos.
Ciegos, vamos feneciendo
entre las sábanas del abuso,
los cumpleaños de hipocresía,
las onomásticas de la sin razón.
En las habitaciones de la tierra
ya no hay espacio para el amor,
sólo interés bañándose en el capital,
a un rédito de camuflaje.
Crecí besando odio y amargura,
dirán nuestros hijos,
que han guardado sus heridas abiertas
para cerrar la venganza,
en este mundo de poderes,
que poda libertades y despide ira.
El exceso de cólera
encala las paredes del ser humano
y aviva el cancionero de la locura.
¡Qué pena! ¡Qué dolor!
Confieso, al futuro ser humano,
que mi voz , aunque cansada
de tanto hablar a solas,
es un paseo por las calles del tiempo.
Un tiempo que es el que nos marca
lo vivido y lo que nos queda por vivir,
sobre unas calles, las de todos,
que apestan de apuestas por el desenfreno.
¡Ay los vicios dominantes! Nos dominan.
¡Ay los vicios! Nos minan.
Ceder a su capricho cuesta vidas.
Y suma cárceles, algunas son cadena perpetua.
Otras nos encadenan a la maldad
como compañera de viaje a ninguna parte.
Para vaciarse los vicios
hay que regenerarse cada día
y ganarse el verso con el sudor del alma.
LA IMPURA PLANTA DEL PODER |
Hablan por nosotros y nosotros sin habla.
Dicen y nos desdicen y nada decimos.
Se sirven, sin conciencia,
de nuestra conciencia ausente.
Nos poseen y nos pasean a su antojo,
como si fuésemos una burbuja
de nada en la codicia del poder,
y esa pujanza nos reduce al silencio.
No quiero habitar en este imperio
donde la jerarquía se merienda a los pobres.
No quiero, necesito sentir otro poder
más amoroso y un latir más libre.
Adiós, amargos poderes invisibles,
dejad que me vaya, aunque sea al olvido,
quiero llegar alzando la vista
a otros reinos con menos reinados.
Detesto el apetito de potestad y señorío
que sopla con desprecio y exclusión.
Deseo rescatar un contemplar sereno
y recordar la imagen del beso
brotando de las aguas del sol,
cuán dichoso nacimiento,
que sólo este júbilo de nacer seas el amor tú.
DESTRUIDA LA BELLEZA, SE DERRUMBA LA VIDA |
Marchitada la belleza de la creación,
nos queda sólo seguir penando
con los ojos ahogados de lágrimas.
Destruida la gracia del asombro,
se echa por tierra lo que el cielo engrandece,
las maravillas siderales,
el bosque de las grandezas,
el sueño de los poetas,
la oración del aire, el canto de las delicias.
Este mundo ya no es el mundo del verso,
obra de Dios y que por Dios vive,
hay que retomar el pulso santo
y tomar la vida unidos por el verbo,
antes de que la noche
nos siegue la vida para siempre,
y como las telas de araña
se nos rompa el hilo de tanto tensarlo.
Mortecina historia la del ser humano
deshumanizándose,
familias contra familias,
la explosión de la ordinariez
en carne viva,
destronando el orden que rige el universo.
Somos de un desorden mayúsculo
en el minúsculo espacio,
el desentono que todo lo desentona
al par de la envidia y el egoísmo,
la mentira en un cristal virgen,
el espejo de la apariencia,
el rey de las brutalidades,
el gobierno de la ambición,
el último refugio del fracaso
de una ciudadanía sin conciencia,
en pugna de mordiscos contra sí.
Se han perdido las sonrisas del alma,
porque el mal avanza destruyendo la belleza,
esparciendo las semillas del odio
en una creación engreída y recluida.
Alejados del Creador seremos soledad
de fuego, llama que envenena
las rosas que fueron rosas
sobre los caminos de la existencia.
POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS |
Pensamos que la vida es más vida con poder,
y el poder es una escalera de deberes,
donde el deber primero es amar el amor,
el primer paso en la pirámide de la existencia.
Creemos que la vida es un beso interminable
que nos merecemos, y, cuando nos damos cuenta,
se nos ha ido la vida sin haber dado ni las gracias.
Atrapados en los labios de la nada de un todo,
el tiempo circunscribe e inscribe nuestros andares.
Un tiempo que descubre la verdad de lo que somos,
los recuerdos vividos en el bosque de las esencias,
esencias que dieron luz al libro de la conciencia.
Sobre el cielo negro de la muerte,
soledad nos mira, el silencio reposa el desespero,
el preludio de un sueño nos espera,
la eternidad nos aguarda, aunque la tierra nos olvide.
Por ello, cuando la expiración nos llegue,
ya dormidos, abrazándonos al Padre,
nuestro cuerpo labial dejará de hablar
este lenguaje de tronos endemoniados
y de lenguas a imperios anclados;
pero la inmortal alma, ya purificada,
seguirá hablando al mundo
por los poros de la poesía y por los ojos del cielo.
Hay amores que viven en nosotros
y por la voz nos reconocen,
somos como somos,
la forma de ser que el corazón vierte.
El que no tiene carácter es una piedra
con movimiento de estatua ciega,
que nada es y nada revela,
donde no cabe la vida ni el sueño.
Porque es necesario el temple firme
para hacer frente a las desengaños,
el ardor guerrero del sol
y el arranque de la aurora sobre la noche,
levanto mi voz con la grafía del mar.
El mar en su bravura y mesura,
con la audacia que mueve el aire sus brazos,
nos propone ser jinetes de ojos abiertos
antes de que la burla nos desfigure
la personalidad con un cincel en el pecho.
Y para siempre nos duela la carne del alma
por haber sido corchos en una sociedad
que rubrica sus derechos de propiedad
a su manera, que no tiene porque ser la mía.
Hay que dejar al hombre ser hombre,
que el hombre sea amante de sí mismo,
que se cultive en el hábito de quererse
para querer y, así cautivo, liberarse de mundo,
de un mundo de cosas que esclavizan.
Nos hace falta sembrar energías puras
para recoger esencias y coger los estribos del ser.
De un ser reencontrado a su especie y a su modo.
Dejar, pues, que el singular atributo de la letra,
con distintivo de género humano, trace sus pasos.
Es un buen signo de hacer camino,
cada cual con los suyos y los suyos con los demás,
respetando los andares de uno en uno, todos unidos.
Hoy me he propuesto levantar castillos
de amor a cada paso,
mañana estoy dispuesto a seguir
ganando tiempo para descender
a los cimientos del alma,
al día después espero ser un obrero
de la paz en el primer batallón de la vida.
Vivir alentando sueños
y alimentando metas alivia el camino,
porque tras los deseos vive la esperanza.
Esperanza es el raíl de la libertad,
el único tren verdaderamente importante
que no debemos perder ni bajarnos de él.
No lleguemos tarde,
que el tiempo es el sueño que nos nace,
lo que somos en verdad, lo que soy
y nos sostiene en la eternidad del movimiento.
La luz nació en Belén, creció por la tierra,
como un nueva estela de esperanza,
despejada de sombras y despojada de tristezas,
un mar de estrellas abrieron la noche a la vida.
Un Niño nos ha nacido y la niña de nuestros ojos
lo acaricia hasta volvernos niños.
Un silencio sereno lo envuelve todo,
todo se serena ante el Dios que nos nace,
justo es llamarle Príncipe de la paz
a quien es la Verdad en el camino,
a quien es quien Es, señal de Amor y de Consuelo.
Un Niño nos ha despertado, y al vernos junto a Él,
el gozo de tenerle, el sueño nos ha quitado.
¡Oh Niño de Belén, cuánta dulzura irradia
en el frío portal del orbe humano,
donde se nos dona para acogerle,
haciéndose pequeño para engrandecernos,
no quiere de nosotros más que nuestro amor!.
En esta buena noche de la noche buena,
que ya son santas todas desde tu venida,
¡Oh Niño de Belén!,
te adoramos auxiliados por tu Madre,
porque junto a ella no hay exilio navideño.
A ti la gloria y la alabanza por los siglos del verso,
divino poeta, Salvador de almas;
por ti la vida es vida eterna,
Dios creador en Dios creativo, vestido de sencillez.
Desnudo como el latir del viento
nos enternece y estremece el Niño,
llega para la humanidad que muere sedienta de luz
y también para el mundo que sueña con ser cielo.
JOVEN POETA, EL MUNDO SALE A TU ENCUENTRO |
Joven poeta,
el mundo sale a tu encuentro,
anhela cobijarse en el verso
encendido de lozanía.
Poeta joven,
el cielo acude abrazado de sueños
a tu almohada, para hacer la vida cielo,
porque la tierra es un infierno.
Cuando la creación se despoja del creador,
todos los caminos se llenan de ídolos,
y todos los caminantes caen en el vacío.
Hay que resucitar la esperanza
que vive en las miradas jóvenes
antes que el ocaso se trague nuestra juventud.
Necesitamos otro estado de ánimo,
y otro ánimo para alcanzar la belleza,
por la que tanto suspiramos.
Joven poeta, poeta joven,
por muchas noches y días
víveme y avívame,
que sólo en mocedad
uno se merienda las telas de araña.
Únicamente
la poesía nos traspasa el corazón,
nos rejuvenece y nos despierta,
como si los años fuesen primavera en nosotros
y por la tierra no hubiesen pasado los años.
Todo se renueva, joven poeta,
sal a recitarlo
y a recetarlo como cultivo para el alma,
que alcanzar el verso es renovarse y rehacerse.
Un verso para la vida. Un poema para la muerte.
Un poeta joven o un joven poeta para reconquistar
tiempos fusilados, espacios perdidos, humanos olvidados.
Tú y yo, todos juntos, juglares a tiempo completo.
La mar, encendida
por la concentración de contaminantes;
el campo, desértico
por el aluvión de vertidos
que nos invierten los días de sol
y las noches estrelladas;
un cielo que ya no es celeste,
y una nube irrespirable se traga la vida.
Hay que poner a salvo la tierra,
con el amor como aliento,
el orden como luz,
y el camino como colina de viento.
Tras el viento, que todo lo purifica,
hasta el barro humano,
volverán a brotar las claridades
para auparnos en la belleza,
antes de que nos fumemos la existencia.
Todo tiene que volver.
También el humano ser a ser humano.
Sólo puede salvarse así la raza.
Utilizar el arma de la risa
y el alma de la entrega, es el principio.
El fin es nutrirse corazón a corazón,
esparciendo latidos que depuren los días,
purgando noches que no amanecen
y enmudecen el violín del tiempo.
Sin música nada existe.
La orquesta del universo es el todo.
Todo ha de ser estético.
La estética jamás contamina
ni quebranta los acordes del aire
que dan brillo a la retina del mundo.
Después de haber vivido, más loco que cuerdo,
sobrepaso la mitad de las páginas del libro de la vida,
entre los altares del sueño y sobre las sendas del aire,
deseo alargar el tiempo, ver más allá de aquí y de ahora.
Confieso que alguna vez malgasté horas que no tengo,
sobretodo en idas y venidas a deshora y a ninguna parte,
en vueltas y revueltas sin sentido de acá para allá.
Al fin, me doy cuenta que un instante vale un mundo,
y que un derroche de momentos es mezquino,
son pasos hacia la muerte en balde,
porque la vida es para vivirla a destajo en el tajo del ser.
Por algo la ocasión la pintan para tomarla al vuelo,
no hay minuto que perder y hay que ganar segundos,
en esta corta estación de trenes dirigidos, lección de vida.
Somos hijos de los instantes,
a nosotros nos corresponde emplear las etapas
del camino, atesorando andares de luz
para un cuerpo que se desgasta con la noche,
y para una vida que merece ser vivida,
en su justa medida y en cada medida de tiempo.
Porque la vida es un día de trabajo vivo,
vivo hasta desvivirse en vivirlo para la vida eterna,
no perdamos el tiempo entre cosas que se mueren.
Hay que ganar tiempo, que la vida es deseo,
hagámoslo entre cosas que nos viven y reviven.
El sol mayor es la cadena de esperanzas,
romper los eslabones es como triturarnos el alma.
Si hay que desmembrar algo que sean las rejas del mundo.
El mundo de las puertas abiertas
y de los corazones cerrados,
es un amor que mata.
Es un amor ficticio
que las masas de pobres
se jueguen la vida
pensando atravesar las puertas
de un paraíso en el que hay diferencias.
Las puertas de la injusticia
se abren de par en par
antes que las puertas del alma.
A las puertas de la esclavitud
habría que ponerles cerrojos
y acentuar la libertad de pensamientos.
Por eso,
me gusta más el mundo
de las puertas cerradas,
pero de los corazones abiertos.
Y si la apertura del mundo ha de ser,
que lo sea para todos en verdad,
que los que de corazón se abrazan
con el corazón se abren.
El mundo debería arreglarse
con menos culto al cuerpo
y más culto al alma,
menos yo y más tú,
menos nosotros y más ellos.
Puertas sin puerta,
alma con alma
vida con vida,
mundo con mundo,
un bálsamo de belleza
al disfrute de nadie y de todos.
Somos el germen vital
en un mundo de deseos.
Somos el deseo mismo
en la plaza del universo.
La propia vida alberga
un mar de sueños
en un océano de suspiros.
Cada uno es dueño
de la estación de su tiempo.
Tomar por origen la luz
y por destino la verdad,
tiene su calvario,
pero también su ventura
de espera a la esperanza.
Vivir sin deseo
es morir a destiempo.
Allí donde hay muerte,
seas el deseo tú,
la energía que somos.
Las ansias del surtidor de vida
hará vida el amor,
el amor que el mundo precisa
para el instante preciso.
Hay un aroma que me recuerda los labios amados.
Y un universo que me eleva a tus ojos cerrados.
Y un camino que me conduce a la brisa del verso.
Lo nuestro germinó en primavera como la primera flor.
Ahora todo vive en los labios del aire
y en los sueños del viento.
Pero el amor vive, nunca ha muerto.
El amor revive tanto la ausencia que la hace presencia.
Quedó prendido para siempre en la luna de los deseos
tu sonrisa creciente de palabras
y tus silencios menguantes de voz, que no de hondura.
Porque el amor, nuestro amor,
más que una aspiración fue un apetito de ideales,
un firmamento de apetencias con pasión tan fuerte
que todavía hoy salgo a buscarte en cada estrella
y te encuentro como siempre tan cercana y tan mía.
Si la luz del verso es el amor,
como así es,
quiero despertarme poeta;
dejadme al menos,
aunque esté mal visto aquí abajo,
ser lo que quiero ser,
parnasiano antes que mundano.
No puedo más,
a pesar de vestirme de mundo,
me adormecen sonrisas fingidas
que recibo en el buzón del cuerpo a diario,
besos sin poesía en los labios,
lenguas sin lenguaje que decretan asaltarme,
como clavos que se clavan en la boca del alma.
Ahora dicen que tras los inviernos
gélidos viene una primavera cálida,
pero no hallo sol que me caliente por dentro
ni luna que me haga soñar,
y es que la rosa es sólo un mero trozo de papel.
Busco abecedarios desesperadamente,
donde avivar el caudal de sentimientos,
a veces son tan vacías las palabras
que preciso poblarme de musas inventadas.
Hoy quiero amanecer poeta
y que seas tú el lector que me resucite,
mañana espero ser poesía
y ganarme el cielo contigo.
Tomar la paciencia como tino
y la esperanza como tono ya es un paso.
Los vicios del aire en el aire vienen.
Los vicios del mar en la mar viven.
Los vicios de la tierra en la tierra anidan.
Lo diabólico es que se adueñen del hombre,
le vacíen el alma, y el hábito del mal
obre hasta perdernos en un vuelo sin corazón.
Cada caminante ha de saber
qué camino ha de tomar, qué camino ha de vivir.
Nadia se llame a engaño, pues, ¡todo vino
por el hombre y al hombre vuelve!,
porque cada andar es un arteria de trinos,
unas veces despierta primaveras
y otras adormece la virtud de ser la rosa.
Todo es camino para sí con los demás,
con los demás para sí,
en este ruedo de luces, en esta rueda de sombras.
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