DEJADEZ DEL PATRIMONIO ESPAÑOL |
Nunca se nos ha llenado la boca tanto de cultura como en el momento actual, aunque parece que no pasa de ahí. Servidor se atrevería a decir que este culto a la cultura es un iceberg de hipocresía. Por supuesto, nada vivificante. El grueso de indiferencia, o de partidismo hacia una historia determinada, a la hora de acoger culturalmente el espíritu de nuestras propias raíces, es público y manifiesto. La realidad es la que es y se puede constatar fácilmente. A poco que uno se acerque por los caminos de nuestra memoria histórica, verá que el grosor de abandono de nuestros monumentos, de nuestros espacios documentales, alcanza límites insostenibles. No me coge de sorpresa, pues, que España figure como tercer país entre los que menos protegen y cuidan su patrimonio. El pasado cultural, el patrimonio del esfuerzo creativo de las ideas y de las manos, de generaciones animadas por el espíritu creador, arraigado en sus costumbres, no puede perderse. Este acervo es el que nos engrandece y nos da sostén de personas cultas, o lo que es lo mismo, de personas libres.
Si los inmuebles y objetos muebles de interés artístico, histórico, paleontológico, arqueológico, etnográfico, científico o técnico, al igual que el patrimonio documental y bibliográfico, los yacimientos y zonas arqueológicas, así como los sitios naturales, jardines y parques, que tengan valor artístico, histórico o antropológico, no se salvaguardan desde las administraciones públicas, en poco tiempo dejaremos de tener ese patrimonio extenso y variado, resultando baldío promocionar un turismo cultural que acabará decepcionándose. Las Comunidades Autónomas han asumido las competencias en materia de protección de patrimonio histórico y han redactado su propia legislación. El Ministerio de Cultura debe colaborar y hacer el papel de coordinador, especialmente a través del Consejo de Patrimonio Histórico. Mucho me temo que unos por otros la casa sin barrer.
Con el avance de las tecnologías pienso que sería fácil hacer una catalogación, un inventario, registro y documentación de bienes, para poder analizar de dónde proviene esa desidia en el patrimonio. Sería interesante ver, por ejemplo, en que se gasta el 1% cultural de Inversión en Patrimonio Histórico. Multitud de abadías, monasterios y conventos requieren obras de emergencia, máxime cuando hoy se camina hacia un turismo cultural y religioso que responde al deseo y voluntad del turista por buscar experiencias significativas que le trasformen interiormente. Considero también fundamental planificar un sistema coherente de conservación preventiva de monumentos y obras de arte. En suma, que todo lo que se haga en favor del patrimonio es tan sensato como cabal. Lo que no podemos es seguir ocupando los primeros puestos en el ranking de países que menos guarecen su patrimonio. Vaya publicidad.
EL DÍA QUE LOS RICOS DIGAN ¡NO! A LA POBREZA |
En serio. El día que los ricos digan no a la pobreza, deseen menos para sí y propicien un estilo de vida más humano, dejará de haber desheredados en el mundo. La factura del clan de los ociosos la siguen pagando los pobres. Hasta el punto –como dijo Jean Paul Sartre- que cuando los ricos hacen la guerra, son los pobres los que mueren. Alimentos que son básicos para matar el hambre, que niñas y niños de todo el mundo puedan terminar un ciclo completo de enseñanza primaria, o algo tan básico como la sanidad, resulta que son menos accesibles que las armas. La carrera armamentística parece interesar más que saciar el hambre. Lo que sucede, para más dolor, es que falta decencia y docencia por la moderación y una fidelidad intacta a los principios de justicia, para erradicar tanta extrema pobreza, incrementada por la realidad cotidiana del hambre que soportan millones de seres humanos. No será un objetivo alcanzable, por mucho que se nos diga que sí, mientras persistan los gobiernos corruptos en el planeta y se de la espalda a un desarrollo humanizablemente universal, justo y sostenible. La avaricia de algunos, que no se cansan de multiplicar sus deseos, deja a otros más desnudos que el aire. Ahí están los daños provocados por países pudientes al planeta, que están haciendo estragos en los países menos desarrollados.
Cuando se decidan los ricos a decir no a la pobreza, tampoco hará falta que la ONU mantenga el diecisiete de octubre para recordarnos que la erradicación de la pobreza es un deber pendiente. A propósito, reconoce el Secretario General de las Naciones Unidas, “que invertir en los niños y garantizar sus derechos es uno de los medios más seguros de acabar con la pobreza. Aunque el mundo nada en la abundancia, las necesidades básicas de los niños siguen quedando marginadas”. El hambre no es consecuencia de escasez de alimentos, se nos dice que hay sobreabundancia para muchos, el problema es la discriminación y marginación en la que viven millones de seres humanos por prescripción de sistemas de producción injustos alentados por una insolidaria clase pudiente. Ahí radica parte de la contrariedad, mientras no se fomente una agricultura que garantice una seguridad de abastecimiento para todos, sin distinción alguna. Hay que eliminar las condiciones que generan la pobreza y, luego, los productos básicos de alimentación no deben estar sometidos a las fluctuaciones de los mercados. Las personas hambrientas han ido aumentando por el mayor incremento de los precios. Y esto se sabe y se consiente.
Es también voz pública, por publicitada hasta la saciedad, que no es posible pensar en la derrota de la pobreza sin solidaridad. El mundo tiene que funcionar como una familia humana, donde todos sus miembros están integrados plenamente. Ha llegado el momento de que hablen los pobres en vez de los ricos. A lo mejor no hacen falta tantas migajas de ayudas financieras, sino tener voz y poder participar todos junto a todos, sin rechazos. Sería una buena manera de dar prioridad a la pobreza, de la que tanto hablamos y de la que tan poco se avanza. La idea Platoniana de que “el legislador no debe proponerse la felicidad de cierto orden de ciudadanos con exclusión de los demás, sino la felicidad de todos”, puede servirnos tanto de referente como de referencia. La solidaridad, en consecuencia, está llamada a ser una pieza fundamental en el engranaje de la vida, en las acciones contra la miseria en sus variados modos. Hay que asegurar, cueste lo que cueste llegar a un consenso, políticas de desarrollo y cooperación capaces de estrechar desigualdades. Por desgracia, todavía hay ciudadanos que pueden comprar personas y hay seres humanos tan pobres que se ven necesitados a venderse.
Volviendo los ojos a nuestro territorio, la Unión Europea suministra periódicamente alimentos a regiones azotadas por hambrunas o sequías para ayudar a conseguir la seguridad de abastecimiento en espera de que se restablezca la producción normal y, asimismo, proporciona ayuda alimentaria de emergencia en los casos en que la falta de alimentos se debe a factores humanos o a catástrofes naturales imprevistas. Esta ayuda humanitaria está muy bien, pero ¿qué se hace por los factores que generan esa pobreza? Quizás habría que propiciar otras políticas más directas, como puede ser la de un trabajo decente y un salario justo, asegurando la igualdad de oportunidades. Aún la pobreza y la exclusión social se transmiten entre generaciones. También cuando se habla de otros continentes, hallamos mucha pobreza, riadas de explotaciones de seres humanos, eternos conflictos armados, analfabetismo y pandemias… Parece como si la caja de Pandora se hubiera abierto en nuestro mundo para llenar de miseria multitud de culturas.
Mucho me temo que no va a llegar nunca el día que los ricos digan no a la pobreza. Por ello, la mayor solidaridad consiste en derribar las barreras que impiden a los pobres salir de su estado de pobreza. Esto si que sería una valiente opción preferencial por los pobres. La lucha contra este flagelo debe ir más allá de las meras emergencias. Es el objetivo primero de desarrollo del Milenio, erradicar la pobreza en el 2015. Ya nos gustaría que no fuese un sueño, porque con la crecida de población desocupada y la explotación que se nos agranda, difícil lo tenemos. La esperanza, desde luego, es lo último que se pierde. Qué pongan ficha los ricos, por favor.
LOS NOMBRES DE LOS ÁRBOLES |
Reconozco que a veces me gusta contemplar desde el balcón de la vida el aluvión de poemas que se injertan en el universo. Me regenera por dentro. Ver como la clara luna, pausada y serena, alumbra por entre la arboleda del tiempo las más altas emociones, me resulta un espectáculo vivo maravilloso. Siempre pensé que la ilusión es un árbol florido que se engrandece por sus versos al árbol de la vida. También la luna jugando por entre las ramas. Los árboles, el árbol, como raíz de libertades, prosiguen enhebrando formas humanas concretas que nos despiertan las ideas o la vena poética. Precisamente, ahora acabo de recibir un poemario antológico, que lleva por título “Los nombres de los árboles”, una cuidada selección y edición de María Isabel Morcillo Esteban y de Rafael Delgado Calvo-Flores, con ilustraciones de Luís Díaz de la Guardia , de uno de los poetas más admirados en España y América Hispana, Manuel Benítez Carrasco.
Fecundidad y vida desprenden los árboles, al igual que la poesía de Benítez Carrasco. Las descripciones del almendro en flor, del dolor del árbol porque los árboles sienten, del árbol seco, del olivo, del laurel, del ciprés…, son de una belleza que nos trascienden en medio de un mundo bárbaro y hostil. Hay que felicitar a los antólogos por el buen tino a la hora de seleccionar los textos poéticos, sus acertados comentarios, junto a un ilustrativo apéndice sobre el origen del nombre de los árboles y arbustos que se mencionan en los bellísimos poemas cuajados de autenticidad. Fruto de la fascinación del poeta por los monumentos naturales, han crecido vivientes sotos poéticos que luminosamente brillan en esta recopilación, más de una treintena de composiciones tejidas a corazón abierto e hilvanadas con veinte especies vegetales distintas.
A Benítez Carrasco “el árbol le devuelve la ternura” y las ganas de vivir. En la poesía como en la vida el afecto es lo que nos sostiene. “Árbol soy; árbol me ofrezco; / y de raíz y de flor/ te daré ternura y cántico/ con los frutos del amor”. Jamás la poesía fue tan necesaria como debiera serlo en estos momentos de desprecio por todo, hasta por el propio ser humano, donde nadie parece querer a nadie, y la rudeza se abre paso hasta cerrar las noches sin luna y sin estrellas. Nos alegra, pues, que “Los nombres de los árboles” de Benítez Carrasco, se enraícen con la cotidianeidad del ser humano. Pienso que la aportación de los poetas es de suma importancia. Juntamente con el progreso de nuestras capacidades de dominio sobre el medio ambiente, los amantes del verso y la palabra deben ayudarnos a percibir aquello que es contrario a la naturaleza, algo que siempre pasa factura porque no es bello. Los árboles y sus nombres, todos necesarios y todos precisos, que nadie los fusile de indiferencia, cada uno tiene su verso que también es parte de nuestra vida, como genialmente ha loado Benítez Carrasco. “Dame, por tanto, Señor, / la mansedumbre del árbol/ y la entereza del árbol/ y la caridad del árbol/ y ese silencio del árbol, / tan lleno luego de frutos”. Sensata reflexión para un tiempo en que las especies vegetales están desapareciendo a un ritmo sin precedentes.
LAS SOMBRAS DE LA PATRIA MÍA |
Desde que la bombilla de la vida puso luz en los caminos, también despuntaron arco iris de colores sobre el horizonte. Inconcebiblemente, hemos de reconocer que el negro siempre se ha llevado la peor semántica, ha sido el color maldito, hasta ahogarlo de connotaciones negativas, quizás porque está como ausente y aparentemente no refleja ninguna vibración luminosa. No en vano, siempre se han dicho y máxime en las sociedades occidentales, que cuando el horizonte se viste de negro amenazan tempestades. Sin embargo, el verde de las plantas, el verde de los poetas y de la esperanza, el color tradicional del Islam, siempre ha tenido mejor prensa. Tal vez, por ello, germina otra vez el verde en la plaza de los humanos, sobre todo en los corrillos políticos, ante el panorama de oscuridades que nos acorralan. Pongamos por caso, un nuevo resurgir, el de los empleos verdes, cuando menos de boquilla, el embiste torero hacia un mundo esperanzador y con bajas emisiones de negrura. ¿Pura fantasía o realidad? Lo cierto es que por mucho que los políticos de turno se empleen en cubrir el rostro a la mentira para que parezca verdad, disimulando el engaño y disfrazando las intenciones, las sombras de la Patria mía son difíciles de revestir, puesto que los miles de parados se les encuentra por doquier plaza más decaídos que un árbol seco. Es el centelleo de una situación irresistible, que parece ir a más. De momento, la tasa de desempleo en España duplica la media de los países de la zona euro.
Los empleos verdes se han vestido de luces en un mundo de negros, son una especie de artilleros salvavidas, el sueño del siglo mecido dulcemente al soplo de las ilusiones. La verdad que cuesta esperanzarse, sobre todo cuando observas que todo se ha degradado y ennegrecido. El poder político apesta de corrupción, es la peste que ennegrece toda España. Por si fuera poco el luto, también la independencia judicial en España creo que se ha debilitado, en parte porque la politización partidista es muy fuerte. A veces nos da la sensación que la pillería ha tomado poder y nadie respeta a nadie. Por mucha expresión verde que vociferemos en un hábitat desenfrenado humanamente y ambientalmente, los hechos son los que son y la situación es la que es, el ocaso de una gran luz que hemos tiznado de desventuras. Por esa devaluación humana nos desbordan inseguridades como jamás, mientras miles de personas, sobre todo jóvenes, ven que la vida se les va en busca de un empleo que no llega, con la exclusión social que esto supone. Ciertamente es casi un imposible pasar del negro al verde, a esos brotes verdes que todas las mañanas miles de personas buscan como peonzas desesperadamente, para conseguir un trabajo decente en este país, remunerado como tal, cuando nada nos dice la ética y a la moralidad le hemos dado betún tostado.
Vamos a seguir del negro al negro mientras en este país no cambiemos hábitos y conductas. Muchos empleos actuales de reciclado, por ejemplo, recuperan materias primas y, por lo tanto, ayudan a aliviar la presión sobre los recursos naturales, pero el proceso utilizado suele ser sucio, peligroso y complicado, lo que provoca efectos dañinos significativos tanto en el medio ambiente como en la salud humana. El empleo suele ser precario y los ingresos son bajos. Para que los empleos verdes puedan representar un puente hacia un futuro verdaderamente luminoso, o sostenible como se dice en la actualidad, las costumbres tienen que cambiar, la ética tiene que tomar poder, y la moralidad gobierno. A nadie le amarga un dulce y a todos nos gustaría que el verde esperanza, no quedase sólo en el sentimiento, y fuese una esencia para este mañana, que ya es hoy. En todo caso, las esperanzas debieran darse las justas y precisas, porque luego el desengaño es peor. ¿Se acuerdan cuando el presidente del Gobierno español omitía hablar de crisis cuando el mundo entero hablaba de ella? Estas mentiras deberían pasar factura en las urnas.
Volviendo al tema del empleo, del que todo el mundo habla y pocos resultados se ven. Somos los primeros, claro que sí, a los que nos gustaría que el trabajador de cuello verde en España se convirtiese en moda y generase el pleno empleo, que también prometió el presidente del Gobierno español en su programa electoral. El escenario es bien distinto a lo que se predica. En el túnel en el que nos encontramos no es fácil salir airoso. Trabajar por una mayor igualdad social, económica y cultural, requiere tomar conciencia de familia, despojarse de actitudes insolidarias, y guardarse los intereses egoístas en la almohada. Sin embargo, pienso que aún en los pozos más profundos se percibe la luz. Al igual que tras el paso del invierno resucita una primavera gozosa, y lo mismo que después de cada noche llega la sonrisa del alba. Esto exige estar alerta para funcionar mejor. Hacen falta opciones claras a las que se llega trabajando todo el mundo, codo con codo, estimulando la acción para contribuir al éxito del verde. Para romper el ciclo de la negrura en España es necesario producir nuevos ciclos de oportunidad y de generación de recursos, los afamados brotes verdes, que yo no veo por ningún sitio. Por mucho que se dice, aún las políticas económicas y sociales se hacen a espaldas de la clase obrera.
Son miles las personas a los que actualmente les embarga la desesperación. Lo han perdido todo, apenas tienen fuerza para seguir caminando. El propio trabajo es vida. Son tiempos sombríos, en ocasiones muy frustrantes. No es de extrañar que, con estas ennegrecimiento que forja el desempleo en España, se vuelvan a avivar las emigraciones de la desesperación que ya hemos conocido en otros tiempos, después de la incivil contienda. Ya se sabe que la desesperación se lanza audazmente a las más atroces resoluciones. De entrada, mucho me temo que algunos jóvenes ya han dispuesto averturarse hacia lo desconocido en busca de un nuevo porvenir donde hallarse con un trabajo decente y con unas esperanzas de futuro perdidas en su propio país. Otros no soportan más esta negrura de desilusiones y caen, para desgracia de ellos, de sus familias y de la sociedad misma, en las garras de las drogas. Es necesario, por tanto, generar confianza y emplearse a fondo con el empleo. Todos los Estados bien gobernados y todos los príncipies inteligentes- dijo ya en su tiempo Maquiavelo- han tenido cuidado de no reducir a la nobleza a la desesperación, ni al pueblo al descontento. Hay recetas sabias. Esta es una de ellas.
La ambición del poder por el poder produce ceguera de mente. Es lo que le está ocurriendo a muchos políticos. No les importa oprimir a quien sea, venderse al mejor postor, entrar en el juego de la deslealtad, dejarse embadurnar de sobornos. Han perdido la conciencia del deber al servicio de la justicia y se inventan sus propias ficciones para seguir enganchado al tren de los lujos y de los derroches. El conocimiento ya no es poder. El hombre que puede, es político. La politización manda y gobierna por doquier, hasta en derechos que son inherentes a cada persona, sacrifica identidades culturales que son propias de la ciudadanía, resta libertades tan innatas como pueden ser las creencias religiosas y la justicia; una justicia que debiera emanar del pueblo, cuando en ocasiones parece que emana del pedestal político. Habría que cuidar muy mucho los derechos que otorgan los poderes; el poder no puede ser entendido de otro modo más que en base al respeto de los derechos objetivos e inviolables de todo ser humano.
El egoísmo y la codicia de poder, frutos de hoy en día, son víboras que nos acosan y ahogan descaradamente. Los poderosos quieren seguir pensando por nosotros. Viviendo por nosotros. El chantaje está a la orden del día. Al poder hay ponerle límites. La corrupción que vive España en estos momentos es bochornosa. A mogollón. Se ha perdido toda ética y la manipulación en beneficio propio es lo que impera. Al deseo de lucro ha sucedido la desenfrenada ambición del poder por hacer carrera política; o sea, por hacer poder. Pensando en poder más, en lugar de servir mejor. Así tenemos lo que tenemos. Mientras una España se empobrece y agranda su riada de desempleados, otros viven de enriquecimientos ilícitos. Los efectos de tantos desórdenes se empiezan a notar, con el incremento del número de personas que no pueden soportar el aluvión de problemas que se les han venido encima y lo agravan, refugiándose en los paraísos artificiales de las adicciones.
El poder en el mundo es cosa suprema, pero haría falta darle claridad, desligarlo de los intereses particulares y partidistas. Hacen falta políticas de Estado, políticas de mundo, poderes transparentes, poderes justos… El poder por el poder, jamás. De lo contrario, se cumplirá la advertencia de la ONU , de que “uno de cada tres habitantes de las ciudades del mundo en desarrollo viven en asentamientos de emergencia, y a menos que se afronte el problema, cuatrocientos millones de personas más se añadirán a ese grupo para 2020” . Desde luego, si seguimos injertando en el planeta el poder de la codicia, del orgullo y la vanidad, vamos a continuar fomentando la exclusión, con la consabida degradación del hombre. Hay poderes que matan y estos hay que corregirlos más pronto que tarde.
Lo dice el refranero: persona prevenida vale por dos. A veces es cuestión de preparar lenguajes que nos unen, de aparejar y disponer humanidades comunes, para despojarse de las olas de crueldad que nos asaltan la vista. No hay nada más pedagógico que la persona viva, le dejemos vivir y pueda crecer humanamente. Es más, deberíamos emplear el presente en anticiparnos a las aflicciones futuras y, así, restar tormentos inhumanos. Hay tantos ejemplos de inmadurez humana en el mundo, tantas hazañas inútiles que propician violencias, tanto mal que se nos escapa de las manos, que bien podríamos injertarnos otros modos y maneras de ser. Para prevenidos no hay ocasos, sentenció Baltasar Gracián. Y no le faltó razón, ahora que tenemos descuidado el sentido humano, que caminamos desprovistos de humanidad, que andamos carentes de abrazos sinceros, que somos unos imprudentes a la hora de enjuiciar a los demás, es cuando más ruinas tenemos en el mundo.
Mejor es prevenir que curar. Lo subrayo. La educación en los derechos humanos ha de llegar a ser una dimensión fundamental de los programas educativos en todo el mundo, será la mejor manera de prevenir las absurdas discriminaciones que nos tragamos a diario por los ojos, en ambientes de muy poca libertad y mucho miedo. No se puede dar una cultura de diálogo si lo que hemos cultivado y transmitido a las generaciones, ha sido una cultura agresiva y necia. Por mucho que nos dispongamos a avanzar como sociedad del conocimiento, si después permanecemos indiferentes ante el dolor ajeno, o pasivos ante hechos delictivos, más bien retrocedemos. Ha fallado la educación porque ha sido incapaz de hacernos humanos, de sacar lo mejor de cada uno de nosotros. Esa sería la gran evolución, la humanización antes que la especialización, la persona antes que la máquina, el mundo antes que yo. Hace unos días, precisamente, me comentaba un artista pictórico sobre las dificultades que tenía para embellecer lo vulgar. Decía detestar la vulgaridad que se había instalado en el planeta. La nobleza de pensamientos, la pureza de la vida, el rechazo a todo aquello que nos rebaja como personas, nunca como en este momento son un deber.
Un mal no se puede curar con otro mal. Tan de moda hoy. Hay que prevenir y prever. Ya en su tiempo el célebre Unamuno, en su época, se dolía acerbamente de la ordinariez y de la apatía de sus coetáneos, y se propuso inquietarles y lanzarles “a la santa cruzada de ir a rescatar el sepulcro de don Quijote del poder de los bachilleres, curas, barberos, duques y canónigos que lo tienen ocupado” ( Vida de Don Quijote y Sancho , Prólogo). En la actualidad no hay que convocar a ninguna cruzada, pero quizás tengamos que despertar la conciencia de todos, principalmente de los jóvenes, que se dejan desvalorar por los falsos dioses, para que se subleven y se nieguen a un conformismo estéril. No es fácil despertar, máxime cuando esa juventud es cada día más adicta a una adicción combinada de alcohol y drogas. En este tema, en el de las adicciones, también es más fácil prevenir que curar. En España tenemos todas las papeletas de la desesperación, somos el país Europeo donde más cocaína se consume, según un reciente informe del Observatorio Europeo sobre drogas.
De igual modo, anticiparse o impedir que los conflictos se enciendan es cuestión de todos. Preservar la paz, defender los derechos y la libertad de las personas y de los pueblos, exige acuerdos y cooperación entre las naciones. Hay que huir de las guerras, vuelve bestia al vencedor e irreconciliable al vencido. Ningún país debe prepararse para la guerra sino para la paz. Cada contienda es una destrucción a la humanidad, al espíritu humano, una derrota al entendimiento. Las cifras exorbitantes que se siguen gastando en armamento bien podrían dedicarse a evitar luchas inútiles. Sólo hay una lidia que vale la pena librar sin pausa. Se trata del hambre, el analfabetismo o las enfermedades mortíferas. Todas las demás batallas sobran. No en vano, hay seis grupos de amenazas –según la ONU– que deben preocupar al mundo en estos días y en los próximos decenios: g uerras entre Estados; violencia dentro del Estado, con inclusión de guerras civiles, abusos en gran escala de los derechos humanos y genocidio; pobreza, enfermedades infecciosas y degradación del medio ambiente; armas nucleares, radiológicas, químicas y biológicas; terrorismo; y delincuencia transnacional organizada.
Considero, pues, que para la acción y el efecto de prevenir, nada mejor que avivar la cultura de la prevención. Por eso la droga no se vence con la droga, ni las guerras con las guerras, sino que requiere una vasta acción de provisión, a fin de que la cultura de la lucidez sustituya a la cultura de la confusión, la de la belleza a la vulgaridad, la del ingenio a la mediocridad. Sólo así se podrá fomentar una cultura preventiva en favor de todo ser humano, de la preeminencia de la dignidad de cada persona sobre el Estado y sobre todo sistema ideológico. En este momento particular de la historia, los instrumentos de cooperación y previsión constituyen una de las garantías más eficaces frente a actos tan detestables como el uso de armas, capaces de destruir un planeta desbordante de vida.
LOS EMBAJADORES DE LA CREATIVIDAD |
Mucho se habla en los últimos tiempos de la necesidad de los creativos, de las personas ingeniosas capaces de avivar la creatividad, en un mundo diverso que debemos aceptar y no temer. Probablemente el slogan de “la imaginación al poder”, nos venga a pedir de boca en un planeta absorbido por la estupidez del consumo. Precisamente, coincidiendo con el Año Europeo de la Creatividad y la Innovación , un grupo de pensadores europeos, apunta que “si Europa no quiere perder comba en un mundo que cambia con rapidez y superar desafíos tales como la crisis económica y el cambio climático, debemos, entre otras cosas, reinventar la educación, transformar los centros de trabajo en centros de aprendizaje, fomentar la innovación, pensar globalmente y pasar a una economía ecológica”. Las cuestiones no son baladíes y considero que vale la pena reflexionar sobre ellas.
Reinventar la educación. Sin duda, es la vía para responder a los retos actuales. Se habla de marcos estratégicos que abarquen los sistemas de educación y de formación en su totalidad, dentro de una perspectiva de aprendizaje permanente como guía fundamental. Sin embargo, se observa que se siguen impartiendo aprendizajes pocos atractivos, que los sistemas de orientación son mediocres, y que el aprendizaje de adultos apenas existe. No puede haber una docencia de alta calidad cuando el profesorado se encuentra totalmente desmotivado. Las políticas educativas no pueden ser distintas en valores y deberían permitir que todos los ciudadanos, independientemente de sus circunstancias sociales y económicas, pudiesen recibir una formación de alta calidad que propiciase aptitudes interculturales, valores democráticos y el respeto de los derechos fundamentales y del medio ambiente. La actual crisis económica también pone de manifiesto la exigencia de una inversión más decidida y valiente en el campo del saber y de la educación. Cuestiones de carácter ético no pueden ser ignoradas a la hora de transmitir conocimientos.
Transformar los centros de trabajo en centros de aprendizaje . Hace falta también más inversión formativa para que las personas no queden excluidas de un mundo laboral cambiante. En todos los puestos de trabajo debería haber aulas de reciclaje permanente que fomentase la capacidad de aprender a aprender, el sentido de la iniciativa y el carácter emprendedor, así como la conciencia estética cultural. Hay que anticiparse a los cambios con la formación adecuada. La nueva economía es una economía del aprendizaje. Cuando realmente aprendemos es cuando algo nos importa, nos sirve para la vida y es realmente útil para nuestro trabajo.
Fomentar la innovación . Está visto que las empresas logran ventaja competitiva a través de fomentar la invención. La política empresarial de la Unión Europea dice apoyarse en la creación de un entorno adecuado para invertir en competitividad e innovación; aunque luego en la práctica los centros educativos y de investigación suelen carecer de relaciones con el mundo empresarial. La realidad es bien distinta a lo que a veces se habla. En esa innovación siempre necesaria, inherente a ella, tiene que desarrollarse una conciencia crítica social, una cultura socializadora cuyo centro sea el ser humano como persona y como miembro de una globalizada humanidad.
Pensar globalmente. Este mundo exige personas abiertas, de horizonte amplio, que no levante muros diferenciadores, que apueste por la cooperación y la solidaridad sin límites. En un mundo que se nos queda pequeño, resulta mezquino pensar y actuar con una mentalidad localista. Todo lo que afecta a una parte del planeta ya nos afecta a cualquiera de nosotros. Las distancias físicas se han achicado y tendremos que aprender a convivir culturas diversas, porque la vida misma ya se ha mundializado.
Economía ecológica, que en verdad es una economía responsable. Juntos hemos de iniciar también una nueva era de desarrollo verdaderamente sostenible basado en tecnología limpia y en una economía de baja emisión. Nadie tiene derecho a degradar el medio ambiente. Y en todo caso, quien produzca un daño al ecosistema, es el que debe responder económicamente del coste de la reparación y restauración. Sin duda, la economía ecológica es la visión más humanista para la política ambiental.
Pienso que hacen bien los embajadores de la creatividad en llamarnos la atención sobre lo vital que es un mundo cultivado para comprender y aprender a ver en la naturaleza algo más que una simple fuente de riqueza y de explotación. Tenemos necesidad, pues, de dar sentido moral a los tiempos actuales y al desarrollo de la humanidad. De lo contrario, corremos el riesgo de ser una sociedad de individuos que no atiende a sus semejantes como parece en ocasiones que así es. A punto de expirar el año 2009, que la Unión Europea quiso dedicar a la creatividad e innovación, pienso que ha servido de muy poco. Todo se ha quedado en palabrería. El verdadero cambio en la sociedad y en la economía lejos de producirse, camina a la deriva, sin rumbo y con escasa inversión en el verdadero conocimiento. Son tiempos de ruptura cicatera más que de respeto a las identidades culturales, de cerrojos al pensamiento libre, de estímulos a las desigualdades, de politización excesiva y de mercadeo egoístamente interesado. Ahora lo que se viene acrecentando en buena parte del mundo, para desdicha de todos, es el aniquilamiento del que piensa distinto, el fracaso de los jóvenes, la tristeza y el abandono de la persona a la que se le ha robado su talento creativo, no dejándole ser lo que quiera ser y como quiera ser. Libertades perdidas, esclavitudes ganadas. Es lo que entra por los ojos a poco que uno mire a su lado.
EN EUROPA HAY NIÑOS QUE NO PUEDEN SER NIÑOS |
Somos parte de la rueda de la vida. Alguna vez también fuimos niños de mirada limpia y de sonrisa clara. Ciertamente vamos atravesando etapas, es ley de vida, pero pobre del adulto que abandone el niño que lleva dentro, habrá perdido la ternura y quizás también las ganas de vivir. El mundo es de los niños, debe serlo, hay que auspiciar un planeta por y para ellos, que son el futuro. Es tan justo como preciso alzar la voz en favor de la infancia. Porque lejos de disminuir las estadísticas, se acrecientan los niños que son mártires del fanatismo y el terror, del comercio instintivo y de las guerras, del hambre y de la miseria. Cada año, miles de niños son víctimas de un tráfico criminal destinado a alimentar modernas formas de esclavismo, desde la explotación sexual a la extracción de órganos. Esta alarma fue lanzada hace unos meses por la Agencia de los Derechos Fundamentales (FRA) de la Unión Europea , en un informe presentado el pasado ocho de julio en Bruselas, en la que se centra la atención sobre todo en la desaparición de muchos niños en los centros de acogida activos en Europa.
Sería bueno que para celebrar el veinte aniversario de la Convención sobre los Derechos del niño, aquella luz esperanzadora que comenzó a alumbrar el 20 de noviembre de 1989, los adultos hiciésemos introspección de las palabras a los hechos. Que nunca se apague la esperanza de que la dignidad alcance a todos los niños vivan donde vivan. Es un mal tremendo para el mundo, que los niños no puedan ser niños por la estupidez de los adultos. Si los menores acaban en manos de traficantes es porque las autoridades del Estado que sea tienen abandonados los controles. La mejor manera de amparar la infancia es cuidar a la familia. Debiera ser deber prioritario de todos los gobiernos del mundo. Tampoco lo está siendo. Europa está inmersa en un invierno demográfico sin precedentes, con un panorama desolador y un futuro catastrófico. Es la conclusión del informe “Evolución de la Familia en Europa 2009” , elaborado por la Red Europea del Instituto de Política Familiar y presentado hace unos días en la sede del Parlamento Europeo.
Por otra parte, ¿qué significa hablar de la protección a la infancia cuando en tantos hogares se puede ver hoy la pornografía y la violencia a través de Internet, televisiones u otros medios de comunicación ampliamente disponibles en las familias? Por desgracia, el negocio pornográfico viene pegando fuerte. Suele aglutinar a multitud de menores. ¿Habrá pesar mayor que ni siquiera a los niños se les permita ser niños? ¿Dónde está la debida protección al niño tanto antes como después del nacimiento? Ya está bien de farsa. El niño es un niño y no un objeto al que utilizamos a nuestro antojo. Y otro consejo: contra la ceguera antivida, tan propia del momento actual, mirar el gesto de un niño y escuchar el habla de sus ojos.
UNA EUROPA LÍDER; PERO SIN LÍDER |
Europa es un hervidero de líderes en busca de intereses, pero sin un líder que sea puente de valores, capaz de aglutinar todas las voces en una voz que entusiasme, y pueda poner en acción, mejores condiciones de vida en las regiones más pobres y un medio ambiente más puro, para poder avanzar en un continente más justo y más seguro. Hace falta un dirigente que tome todas las reflexiones de los diversos países y las vierta en acciones concretas. Hay que hacer Europa realmente con los hechos. Ya está bien de filosofías. Es el momento de seguir avanzando. Tenemos muchas ideas, yo diría que excepcionales pensamientos, muchos frentes abiertos que son necesario cerrar, infinidad de convenciones y encuentros que siempre son más de lo mismo, literatura sin obras. La voluntad de poner en práctica las sobresalientes intenciones es lo que falla. No pasamos de la deliberación; y no digo que deliberar sea malo, pero tras la reflexión hay que movilizarse para cambiar. Eternizarnos en los cálculos también es perder el tiempo; un tiempo que es necesario no desperdiciar. Claro esto solo lo puede llevar a buen término un líder que piense en Europa antes que en su país y que ame la ciudadanía europeísta antes que su propia ciudadanía.
Europa debe tomar decisiones europeistas, distintas a las políticas actuales, para que los ciudadanos puedan vivir, trabajar, estudiar y jubilarse donde les plazca, en cualquier país de la Unión. Se habla de una Europa más verde, pero los ríos y los mares siguen contaminados, aún los residuos peligrosos se vierten en cualquier sitio. Los recursos económicos van por delante de los recursos naturales, cuestión absurda y contradictoria a lo que se predica. Asimismo, lo de tocar el cielo de los avances con un modelo social cohesionado, también es pura ficción. Difícil lo tenemos cuando nuestra capacidad competitiva no despunta y lo que nos desborda son riadas de desempleados. Con todos estos desajustes de la realidad, pienso que tras una asociación económica y política única de veintisiete países democráticos europeos, debe germinar un guía (un poder) que ponga en valor los poderes reales de la Unión Europea , la necesidad de la Unión Europea. Ahora bien, ¿qué poder necesita Europa en la actualidad? Sin duda, un poder aglutinador que europeíce las naciones. Aquella celebridad europeísta de Kohl, cuando dijo: “Yo quiero una Alemania europea. Nunca más una Europa alemana”; puede ayudarnos a tomar la orientación debida.
Sin duda alguna, considero que Europa necesita hacerse más Europa con los frutos de su cultura occidental. La apuesta por una economía social de mercado hay que aderezarla de otros cultivos que incentiven valores antes que una mera optimización de beneficios a cualquier precio. A mi juicio, no es saludable la dominación de Europa por políticos endiosados, sin la audacia necesaria para poder generar futuro y sin la fuerza precisa para poder mantener la esperanza viva en la construcción de un espacio más humano. Ese líder europeísta, inmerso en una Europa de líderes, tiene que saber discernir identidades culturales para propiciar una sociedad europea unida, dispuesta a participar todos con todos en el desarrollo de la armonía y del bienestar, incentivando el papel de los ciudadanos en el respeto a la justicia, la igualdad de derechos y a la diferencia. Diferentes sí, pero todos humanos y todos europeos.
Ahora también se habla de economía sostenible, pero es la cantinela de siempre; puesto que la Europa insatisfecha sigue ahí, acrecentando cada día más la insolidaridad y la vuelta atrás en los derechos adquiridos. Esta es la realidad pura y dura. Eso sí, Europa, sigue reflexionando aunque sea a cámara lenta. Por lo menos, el Tratado firmado el 13 de diciembre de 2007 en Lisboa por los Jefes de Estado o de Gobierno de los Veintisiete, entra en la estación del vigor, con retraso, pero llega al fin, ya veremos cómo se aplica, y si en verdad nos puede llevar al siglo xxi o nos deja en el camino por el desgaste.
Lo cierto es que tras depositar la República Checa sus instrumentos de ratificación en Roma se ha dado el último paso formal para que el Tratado de Lisboa pueda entrar en vigor, y podrá hacerlo ya el 1 de diciembre de 2009. El pasado 19 de noviembre se celebró una Cumbre informal extraordinaria en la que se nombraron los altos cargos de la UE creados por el Tratado, en concreto el Presidente del Consejo Europeo y el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. Sinceramente, creo que es más y más engrandecimiento de líderes, pero no un líder para una Europa que debe liderar la mundialización de los asuntos. Sobre el papel, bien es verdad, que el anhelado Tratado refuerza el fondo de los sueños (democracia y transparencia), hasta nos imprime ritmo cuando enerva la eficacia, al tiempo que nos vocifera lo que todos queremos oír (derechos, libertad, seguridad…), sin obviar la gran reivindicación a la que todos aspiramos, el de actor en la escena global. Confiemos, igualmente, que pronto se abra la puerta a la creación de un Cuerpo Voluntario Europeo de Ayuda Humanitaria. Va a tener trabajo este voluntariado en un mundo de lobos con piel de corderos. Mas conviene recordar, por activa y pasiva, que la multitud por sí sola nunca llega a nada si no tiene un líder que la guíe. ¿Cuándo Europa lo hallará? De momento, quedamos expectantes. Algo puede ser todo, también lo reconozco.
Pienso que necesitamos como nunca provocadores de ideas libres y amantes de autenticidad. A pesar del desbordante caudal de reuniones al más alto nivel, de las buenas intenciones que suelen plasmarse en documentos, lo cierto es que luego suele quedarse en nada. Se avivan los conflictos armados y nadie respeta a nadie. Cuando se pierde la consideración a la propia vida todos los demás derechos se vienen abajo. Por ello, creo que nos hace falta a todos pensar hondo sobre esto, para llevar a buen término acciones humanizadoras. El camino pasa por estimular la reflexión. Sin duda, una buena manera de pensar para la acción. Ahora bien, no se puede desperdiciar ningún laboratorio de ideas que reflexione desde la ética. Todas las ideas son necesarias y precisas. El mundo anda colapsado de dirigentes que han perdido la vergüenza, de personas irrespetuosas con el pasado, con el entorno, con sus semejantes. Ante estos hechos, hay que estimular valores con valía, el prójimo con el yo, y poner en movimiento a los predicadores de libertad. Vivimos en tantas prisiones que hasta las ideas hemos tenido que hipotecarlas. Consecuencia de todo ello, que esta atmósfera putrefacta ahoga cualquier genialidad, el genio sólo puede respirar sintiéndose libre.
El momento actual está lamentablemente enrejado por el mal gusto y el mal gesto. Esto dificulta la provocación en la búsqueda de las ideas. Falta reflexión humana, pero también reflexión social, reflexión colectiva. La desconfianza en las relaciones humanas debilita acercamientos y comprensiones. Se han triturado tantas ideas esenciales de respeto y convivencia que nos da igual cultivar belleza que explotar sin conciencia los recursos del planeta en favor de unos pocos. ¿Qué es lo que puede volver a dar entusiasmo y confianza, qué puede animar a provocar pensamientos nuevos en una vida caótica? Sin duda, debemos volver a fomentar lo auténtico para con nosotros mismos, conocernos y reconocernos y hacernos cargo de lo que somos. Tenemos que provocar esa reflexión interior por propia salud personal. Esa es la gran apuesta para conseguir buenas vibraciones, espíritu armónico frente a una razón fría, inhumana, que genera un montón de conflictos. Por desgracia, la civilización contemporánea intenta imponer al ser humano una serie de preceptivos comportamientos de moda, el instinto de la muchedumbre que responde a la voz de su poder, en vez de provocar reflexión, debate para poder discernir. Ciertamente, nos siguen separando más los intereses que las ideas, a través de poderes que cultivan poderes enfermizos. El principal: que el gentío no razone.
BIENVENIDA LA RELIGIÓN PARA ARMARIOS (LOS JESUITAS: DE AYER A HOY) |
Antaño se describía la religión como el “opio de los pueblos”. En el momento actual, según ha dicho recientemente el arzobispo Celestino Migliore, observador permanente del Vaticano ante Naciones Unidas, es cada vez más considerada la “vitamina de los pobres”. En cualquier caso, la aportación de las religiones al mundo ahí está y debe ser para amarnos. Servidor acaba de recibir el Anuario 2010 de la Compañía de Jesús, el quincuagésimo de la serie; el primer número se publicó en 1960. A través de sus páginas, queda refrendado una vez más el espíritu universalista de los jesuitas y su preocupación y ocupación por el ser humano, sin distinción alguna. Es cierto que vivimos en un mundo en el que por la ciencia podemos saber cómo funciona el universo, pero el por qué se mueve así, de este modo y manera, entra más en el terreno de las creencias de las personas.
Los jesuitas se distinguieron muy pronto en esta clase de estudios. En la actualidad, el Vaticano tiene un observatorio y pide a la Compañía que lo provean de astrónomos, a fin de mostrar al mundo de forma patente que no se teme a la ciencia sino que se la cultiva. Se continúa así una larga tradición jesuística que ve en el conocimiento del mundo creado un camino para llegar al Creador. No en vano, San Ignacio escribió que “su máxima consolación procedía de contemplar los cielos y las estrellas, que miraba largo rato y a menudo, porque de ellos le nacía el impulso más fuerte para servir a Nuestro Señor”. También poetas de todos los tiempos, observadores y visionarios de la vida, han versado la estética del universo. El mismo Galileo llegó a decir que “las matemáticas son el alfabeto con el cual Dios ha escrito el universo”. Precisamente, en este año que estamos a punto de finalizar se ha celebrado el Año Internacional de la Astronomía por coincidir con el cuatrocientos aniversario de aquella noche en que Galileo enfocó su telescopio al cielo por primera vez, y también los jesuitas como astrónomos y representantes del Vaticano, han participado en las actividades del mismo. Así han copatrocinado encuentros sobre asuntos que van desde astrobiología a la astronomía y acciones culturales, como films y shows del planetario, mantenimiento de blogs y publicación de una obra de divulgación sobre la astronomía y el Vaticano.
Asimismo, hace ya mucho tiempo que la ecología es un tema prioritario de la Compañía de Jesús. La Congregación General 34 declaraba ya que “el equilibrio ecológico y el uso atento de los recursos mundiales son elementos importantes de la justicia”. Hoy el reto es un nuevo nivel de compromiso como también lo es con Nepal, Haití, los indígenas, y tantos otros pueblos y culturas que sufren penalidades en el mundo. Los jesuitas siguen haciendo historia y camino. Manresa continúa siendo un nombre y un lugar particularmente querido a la Compañía de Jesús y a cada jesuita porque aquí San Ignacio recibió esa iluminación espiritual especial que está en la base de la Orden que él fundó. Este próximo año celebran los quinientos años del nacimiento de San Francisco Borja (1510-1572), hombre de profunda e intensa espiritualidad, y que fue el segundo General de la Compañía , después de San Ignacio de Loyola. De igual modo, Matteo Ricci es un nombre conocido especialmente en China, donde fue gran misionero y científico. También se celebrará el cuatrocientos aniversario de su muerte en Pekín (1610). A la par, se proclama un nuevo beato español, prácticamente desconocido, el jesuita Bernardo Francisco de Hoyos (1711-35), su figura está unida sobre todo a la devoción del Corazón de Jesús.
En el citado anuario también se incluyen cien años de acontecimientos conmemorativos. El aniversario de la provincia de California, que engloba los Estados de California, Arizona, UTA, Nevada y Hawai. Hoy 389 jesuitas, en cooperación con seglares, intentan seguir los pasos de sus predecesores, dedicándose a estas prioridades: fomentar la cooperación entre unos y otros; fortalecer la solidaridad; responder a la diversidad y evangelizar la cultura. La provincia jesuística de Hungría también ha cumplido cien años y una de las últimas innovaciones de la Provincia Húngara es la prometedora comunidad “Montserrat”, en la que cinco jóvenes se están preparando para entrar en el noviciado. El centenario de la iglesia San Juan Berchmans en Bruselas será todo un acontecimiento a celebrar en septiembre de 2010. También se conmemora el centenario de la misión de Lifidzi en Mozambique. Allí desembarcó San Francisco Javier en su viaje hacia Oriente, y la Compañía de Jesús tiene una larga y rica historia de su presencia en este país africano, donde siguen colaborando en la reconstrucción de poblados y en la reconciliación e integración social de las poblaciones después de las contiendas.
A medida que cambia el mundo, cambia también el contexto de su misión. La situación de los prófugos iraquíes en Jordania es de pobreza, miseria, soledad, abandono. El servicio Jesuita a Refugiados está trabajando activamente para mejorar una situación que parece no tener esperanza. La isla de Malta representa la frontera meridional de Europa. Aquí llegan después de innumerables peripecias y peligros millares de refugiados en fuga de diversos países, especialmente de África. El sueño de una vida mejor en Europa se rompe a menudo contra una dura y diferente realidad. Junto a este sufrimiento también está la mano del jesuita. Desde hace más de un siglo los jesuitas trabajan igualmente en la Misión de Pine Ridge en Dakota del Sur (EE.UU), siempre dispuestos en la ayuda. La pobreza y el analfabetismo de los pastores nómadas kurubas no acabaron con la opción por un estilo de vida tradicional. Jana Jagaran organiza a los pastores para que se encaren con los centros de poder y para proteger sus tradiciones y medios de vida. Más de 200.000 kurubas, una comunidad tribal de pastores, viven en perenne estado de migración.
La tradición de los jesuitas de tender puentes superando las fronteras, de adentrarse en la realidad de los jóvenes, de apostar por la formación y la cultura, de estar junto a los excluidos, pone de relieve la necesidad de instituciones religiosas en un mundo convulso, donde la religión se convierta en la fuente cultural e institucional más importante de principios éticos. Es cierto que la Compañía se ha situado siempre en la frontera entre la Iglesia y la sociedad, entre la fe y la cultura, entre la religión y el laicismo. En el Anuario se observa que esas posiciones de vanguardia siguen firmes, propagándose con un lenguaje de hoy. No es fácil llevar a buen término esta tarea, incómoda y arriesgada, y en ocasiones poco apreciada, si no mal entendida, pero es una labor tan necesaria como imprescindible si queremos seguir avanzando todos junto a todos.
El árbol, los árboles, tan necesarios y tan precisos para vivir. Donde hay bosque germina un abecedario de sueños en un mundo de fábula. El universo que los artistas crean, las religiones, filosofías y culturas de todos los tiempos y lugares, han cultivado y se han dejado cautivar de jardines edénicos y de velas frondosas que ensortijan la brisa del tiempo. No puede desaparecer lo que forma parte del camino y es parte de nosotros. Esas matas de lenguajes multicolores, aparte de alentarnos de ilusiones nos alimentan el alma. Naciones Unidas ha dado la voz de acrecentar los bosques de follajes. Una vida sin árboles es una vida sin orquesta, sin color, sin labios en flor, monótona y fría como el mármol de los cementerios, la antesala de la muerte. Sin embargo, las frondosidades son lienzos de luz, que ofrecen no sólo protección para el medio ambiente, también subsistencia para más de mil millones de personas que viven gracias a estos mantos de enramadas vegetaciones. Ciertamente, tras la poesía de los árboles (retención del carbono, sombra, belleza, control de la erosión, fertilidad de los suelos) germina una gran variedad de productos (madera, fruta, medicina, bebidas, forraje), que no conviene derrochar y si administrar bien. Seguramente tendríamos otra consideración, y no cosecharíamos tanta arboleda perdida, si pensásemos que la naturaleza es inviolable. S ólo hay que descifrar lo que nos dice con sus hechos, entender sus mensajes para guardar respeto.
De un árbol, de una arboleda, pende la vida. Líderes mundiales, representantes gubernamentales, empresariales y de la sociedad civil, forman cónclave continuamente para frenar el cambio climático. Se fijan objetivos, pero esos objetivos no parecen lograrse. El propio ajetreo del hábitat con su insostenible economía, sus modos y maneras de engranaje productivo, las costumbres y usos irrespetuosos con el medio ambiente, todo hace predecir lo difícil que va a ser pasar de las palabras a los hechos. A mi juicio, la deuda ecológica en el mundo es más terrible y más grande que la deuda financiera. Es hora de reeducar en el buen gusto por la naturaleza y también de afanarse en plantar árboles, de darles su valor y su valía. No en vano, desde siempre, los árboles han tenido una importancia simbólica en la mayor parte de las grandes religiones del mundo. Así, por ejemplo, el reino de Asurnasirpal II marca el primer gran florecimiento del arte figurativo neo-asirio, que se manifiesta en la decoración del monumental Palacio Real que el soberano hizo erigir en el extremo noroeste de la Acrópolis di Nimrud, la antigua Khalku. Los dos relieves expuestos pertenecen a las lastras dedicadas al tema mítico-simbólico de la adoración del árbol sagrado, un símbolo de la realeza portadora de fecundidad y vida. En cualquier caso, los árboles simbolizan la continuidad histórica de la especie humana, fusionan lo terrenal con el universo y, en muchas culturas, son el lugar donde residen los espíritus benignos o malignos y las almas de los antepasados.
La vida en un árbol, en el de la sabiduría del buen hacer y mejor compartir, es la madurez de la especie humana. Yo si considero vital y prioritario que los líderes mundiales se reúnan a debatir sobre el cambio climático, el momento lo exige, y creo que deben ponerse de acuerdo sobre compromisos que obliguen legalmente a recortar los gases de efecto invernadero y a pagar por el daño que el cambio climático está haciendo a los poblados más míseros. Aquel que más daño haga que sea el que más pague. También ha llegado el momento de cambiar estilos de vida, más cortés con la naturaleza y más sensible con el ecosistema, lo que conlleva que sea más humana la vida en definitiva. Como bien dice un proverbio inglés: “Quien planta un árbol ama a los demás”. Nos hace falta, asimismo, que se enraíce la solidaridad como valor. El cambio climático afecta a todo el mundo, se halle donde se halle. Las empresas deberán mantener un enfoque preventivo y de tecnologías respetuosas con el medio ambiente, pero las familias deberán igualmente cuidar y proteger su entorno.
Cada generación se considera depositaria del planeta. Ahora bien, deberíamos ser capaces de legar a la posteridad al menos –como dijo J. Sterling Morton– tantos árboles y jardines como los que hemos agotado y consumido. La reforestación siempre es posible, basta tener ganas y hacerlo. Servidor, si supiera que el mundo se acaba mañana, hoy mismo me pondría a plantar un árbol. Porque cualquier arbusto, por ínfimo que sea, no es un alma ausente, es una vida que da vida, mientras que nosotros a veces nos consideramos salvadores de existencias y, sin embargo en tantas ocasiones, no pasamos de ser meros testigos. Conversar con los árboles, pues, no es perder el tiempo como tampoco lo es perderse por entre las delicias del bosque. Me temo que hay mucha gente que solo conoce estos manjares que cuelgan de las arboledas por los cuentos. El asfalto y las prisas del momento presente no solamente nos comen espacios y tiempo, también la vida. Cuando menos, injertemos el pavimento de árboles para que las celeridades sean más llevaderas, o sea, más respirables. Son tantas las maravillas del bosque, que allí el verso es fe de vida, y nos lo perdemos. |