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  Guías culturales

EL HOMBRE SE SUICIDA O NO SE SUICIDA*


Por Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net

 
EL DESPLOME

De un tiempo a esta parte, se nos sirve en bandeja el desplome como plato fuerte y los nervios los tengo a flor de piel. A poco que lo rechaces te dispensan otro más gigantesco, por si no te habías enterado. Total que la indigestión está servida. Lo cierto es que la realidad parece caerse sin vida en las vivas horas del tiempo. La atmósfera que se nos mete por los ojos es tan monstruosa que uno, más de una vez, ha pensado mudarse de mundo; porque, coincidirá conmigo, que son muchos los espantos que nos rodean. O al menos, que nos anuncian. En cualquier caso, no es ración de buen gusto caminar hacia al ocaso, degustar la desgarradora interrogación de hacia dónde vamos, y después de haber entregado el serrano cuerpo a los labios de los días, verse únicamente acompañado por soledad. Uno ya no sabe si vive en el borde del vivir o la vida, definitivamente, se la ha robado el infierno de los poderosos.

Pasemos lista al desplome. Se desploman valores humanos y también las bolsas de las finanzas. Para aumentar la tempestad del dolor, crecen otras bolsas, las de la marginalidad. La persona ha dejado de ser protagonista. Que la referencia última de toda intervención económica sea el bien común y la satisfacción de las legítimas expectativas de todo ser humano, es una canción olvidada. Hace tiempo que la vida humana ha dejado de ser principio y fin de la economía. Por si este calvario es poco, alzas los ojos y te ciega la contaminación. Es como habitar viviendo, a golpe de segundos, la danza de la muerte. Ahora, la Unión Europea, vuelve a retomar la tonada del aire popular: “el uso de la energía renovable en cada país y establecerán objetivos que vincularán jurídicamente a los gobiernos. Se incentivará a los principales responsables de las emisiones de CO2 para que desarrollen tecnologías de producción no contaminantes”. Ya veremos, ya veremos si las palabras no se las lleva el viento.

Descubierto que el desmoronamiento de principios éticos desquicia al ser humano, a la sociedad entera, habría que hacer algo por levantarlos. Que convivamos entre el desorden mundial, debe conducirnos a preguntarnos sobre qué tipo de orden puede reemplazar este desbarajuste. El orden es lo que da sosiego. Y en vista de lo visto, de que el planeta, incluso en su desorden, se está globalizando, bajo qué estéticas hay que convivir. Imagino nuevas formas de orden internacional que estuviesen de acuerdo con la dignidad humana. También sueño con nuevos fondos de orden humanístico, despuntando poesía en el pecho de la vida. La esperanza es lo último que se pierde. Un mundo enfermado por el desplome, antes que un político, necesita de un trovador que le haga tomar conciencia de los deberes humanos. Si por daños colaterales cae enfermo, tampoco le aconsejo acuda a las urgencias hospitalarias. Es más fácil encontrar una aguja en un pajar que no encontrarlas colapsadas. El desespero de la espera es otra ruina más. Entre caída y caída, el hundimiento de los servicios de salud tampoco iba a estar ausente.

Mi consejo, (consejo para mi también), en el caso de que la desesperanza le robe la siesta, es que vuelva a llamar a un cantor de verdades a su almohada. Sólo él puede hacerle caer en la cuenta de que todo ciudadano, al contacto con el amor de amar amor, se vuelve poeta. Precisamente de eso, de lúcidos manjares poéticos anda escaso el mundo. O lo que es lo mismo, de afecto poético para donarse a la autenticidad y, asimismo, de humanitario efecto para beber en cada aurora un verso de esperanza.

 

LA GENIALIDAD FEMENINA

Después de la polvareda que han levantado los obispos españoles estimulando el ejercicio responsable del voto, cuestión que la verdad no entiendo, porque además pienso que tienen la obligación y el firme derecho, como pastores de su credo, de orientar a sus fieles en el discernimiento moral cuando han de tomarse decisiones importantes, como la de elegir a nuestros representantes en tareas de gobierno y de potestad legislativa, tengo noticia de un congreso que la Santa Sede organiza sobre la mujer, conmemorando así los veinte años de la carta apostólica “Mulieris dignitatem” de Juan Pablo II.

Confieso que a mi la nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante las elecciones generales de 2008, quizás por no ser sorpresiva, tampoco me estimula comentario alguno, puesto que en otras ocasiones semejantes ya lo han hecho, gobernase quién gobernase, y como digo están en su licitud de instruir pastoralmente a los parroquianos y a quienes decidan escucharles, que a juzgar por el tembleque político deben ser muchos; sin embargo a mi me parece mucho más interesante la noticia de que el Vaticano active un congreso para hablar del papel de la mujer, en un momento plagado de contrariedades y cuando todavía hay muchas fuerzas contrarias a su auténtica promoción.

Partamos de un hecho tan histórico como real. Detrás de las conquistas del hombre por la paz y el bien, por las libertades y la justicia, siempre coexiste la acción perseverante de una mujer, aunque sea desde la retaguardia o desde donde le hayan dejado hacer. Parece que ha llegado la hora en que la mujer se planta y pide su sitio, el que por otra parte le corresponde por dignidad y vocación. Reconocer su valor y valía de complementariedad con el hombre, sin que para ello la mujer deba constituirse en antagonista del hombre, cae por su propio peso. Sin embargo, esto que parece estar claro en una sociedad avanzada democráticamente, no es así en la vida real, puesto que siguen creciendo el número de víctimas por la violencia de género. La supremacía de uno u otro sexo, pienso que todavía es la gran asignatura pendiente en el mundo, el gran fracaso social de una humanidad que no ha sabido encajar los avances sociales ni proteger a los más indefensos. A veces todo queda en el espíritu de la ley, no en el espíritu humano.

Ante la falsa idea de que la liberación de la mujer exige una crítica a la misma Iglesia, alegando concepciones patriarcales alimentadas por una cultura esencialmente machista, creo que hace bien el Vaticano en volver a dar luz donde haya sombras o se atisbe alguna duda, hablando profundo y claro sobre aquello por lo que ha apostado y escrito en su milenaria historia, la activa colaboración que ha de darse entre los géneros, desde el reconocimiento a la diferencia misma, lo que no es óbice para restar derechos y deberes a ambos. Aunque la misma maternidad es un elemento clave de la identidad femenina, y que por ende han de proteger todas las legislaciones, tampoco pienso que autoriza a nadie, y menos a poder político o religioso alguno, a considerar a la mujer exclusivamente bajo el aspecto de la procreación biológica. Hay otras formas de realización que también deben ser protegidas y no lo están.

La Iglesia, precisamente, ha sido pionera en luchar porque las mujeres puedan combinar trabajo con familia. Conviene recordarlo. Hace tiempo que planteó a los poderes públicos armonizasen la legislación y la organización del trabajo, como derecho y deber, con las exigencias de la misión de la mujer dentro de la familia. Aún al día de hoy, falta por parte de los poderes públicos y por la sociedad misma, un justo reconocimiento y una equitativa valoración del trabajo desarrollado por la mujer en la familia. Es otra de las asignaturas pendientes. Aquellas mujeres que libremente lo deseen, por qué no pueden dedicar la totalidad de su tiempo al trabajo doméstico, sin ser penalizadas económicamente o bautizadas con el despectivo sobrenombre de marías. Como ha escrito Juan Pablo II, “será un honor para la sociedad hacer posible a la madre -sin obstaculizar su libertad, sin discriminación sicológica o práctica, sin dejarle en inferioridad ante sus compañeras- dedicarse al cuidado y a la educación de los hijos, según las necesidades diferenciadas de la edad”.

No es bueno para nada ni para nadie que la relación hombre-mujer, (o mujer-hombre), se convierta en una especie de guerra permanente, de contraposición desconfiada y a la defensiva. La historia nos dice que la contribución de la mujer al bienestar y al progreso de la sociedad es incalculable; hoy su activa presencia hay que hacerla valer, quizás más que nunca, si queremos salvar a la sociedad del antiestético virus del interés, de la degradación moral y de la violencia sin precedentes, sobre todo por parte del hombre. Congresos como el del Vaticano, y otros que pudieran darse en otros ambientes no eclesiales, son más que necesarios para reencontrarnos en esa complementariedad de géneros, en la que nadie sobra y en la que todos somos necesarios. Sin ir más lejos, está visto que toda sensibilización social en materia de igualdad es poca, tanto en términos generales como en relación con los agentes implicados en la puesta en marcha de los procesos, a pesar de que ha mejorado considerablemente en los últimos años, continúa siendo deficiente según diversos indicadores sociales. Una cosa es predicar y otra muy distinta dar trigo.

Frente a los desafíos de nuestro tiempo, donde el egoísmo campea a sus anchas y el desamor se sirve en bandeja a diario, tan avaro de ternura y tan lleno de violencias, pienso que es más urgente que nunca la genialidad femenina para poner en estética el corazón del hombre. Ya Machado, en su tiempo, lo refrendó: “Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer”. En la misma línea, Rubén Dario, nos legó otra clarividencia suya: “Sin la mujer, la vida es pura prosa”. Seguiríamos con citas y más citas, puestas en boca de los hombres. Ellas, al fin y al cabo, para bien o para mal, son las únicas que pueden hacernos cambiar y hacer cambiar el rumbo del mundo.

EL CUERPO HUMANO Y SU EMERGENCIA

Sobre “el cuerpo humano y su emergencia” es el título de un sesudo libro publicado hace unos meses por los profesores universitarios: Miguel Guirao, Ángel Mariano Sanz y Miguel Guirao-Piñeyro. Lo traigo a colación, porque creo que es un buen analgésico para esos momentos de tristeza que todos tenemos, máxime cuando, además, las enfermedades del espíritu desbordan pesimismo por doquier lugar. Díganme, sino: ¿por qué aguantarnos con vivir a ras del suelo cuando sentimos el deseo de volar? Los citados autores lo explicitan estructurando el anhelo de intentar convencer de que el cuerpo humano, tal como fue creado, tiene todas las capacidades, materiales y espirituales, para sentir ilusiones, albergar esperanzas e, incluso, realizar las aventuras existenciales que parecen más atrevidas. Pues adelante con el cuerpo viviente, avivando a poder ser los ingredientes de gozos. La propia vida es ya una gozada. Cuestión de respirarla sorbo a sorbo, sin atragantarnos, verso a verso. Al fin y al cabo, es el mejor componente de salud que le podemos dar al físico.

Los autores del citado volumen, ahondan en la ciencia y en las tradiciones, parten del cuerpo como patrimonio del ser humano y del activo de la conducta inteligente como suceso emergente, capaz de leer dentro, penetrar, comprender a fondo. Si lo extrapolamos al momento actual que vivimos, haciéndolo nuestro el tiempo presente, germina la nostalgia del absoluto, en ese moderno hombre cósmico, magistralmente radiografiado en uno de los capítulos del libro. Las creencias permanecen, las tradiciones de las que hablan los autores, pero ya no se perciben como valores capaces de influir en la vida personal y social. Como suele decirse, la religión se ha privatizado, la sociedad se ha secularizado y la cultura se ha vuelto laica. ¿Esto es bueno o es malo? Pienso que más tarde o más temprano ha de nacer una nueva generación, muy distinta a la actual, brutalmente esclavizada por poderes viciados que rayan el endiosamiento, si quieren más espiritual, puesto que la añoranza de lo trascendente, en su estado más níveo, está enraizado en las profundidades del ser humano, como lo han dicho científicos, escritores, filósofos, artistas, de todos los tiempos y latitudes.

Estiman los progenitores del libro que el cuerpo del ser humano ha de considerarse más allá de una concepción reduccionista. Dicen más, que “nuestra cultura, tan supuestamente avanzada, ha utilizado el cuerpo primero con desprecio, como pecador, y luego como objeto sexual, como sujeto de consumo, como protagonista de conflictos, como depredador, dejando en mal lugar su así casi supuesta inteligencia, mientras que en las tradiciones se contempla, en todo caso, su gran significado hacia fines trascendentes espirituales y místicos”. Apuestan por un equilibrio basado en un ejercicio conceptual interdisciplinar, “hay que atreverse, entre todos, a una teoría del cuerpo humano como realidad emergente”. Las circunstancias, a mi juicio, imponen dos criterios para ese discernimiento del cuerpo humano y su emergencia: el respeto incondicional como persona, más allá de un mero objeto físico; y la consideración más grande hacia el cuerpo humano, varón-hembra, como transmisores de vida. A este vademécum, gestado entre lo científico, filosófico y literario, quiero añadirle un incentivo acrecentado, la de ser un buen estímulo para el debate público sobre el cuerpo y la vida humana. Algo vital para los tiempos que corren.

Más allá de un cuerpo que camina y de una ciencia que avanza, de un mundo desgarrado de conflictos, se necesita tomar el tren de la moderación para llegar a la estación de la armonía. A la verdad se llega siempre por el camino más auténtico. Es otra pista. El libro da varias claves. ¡Hay que buscar caminos de entendimiento! ¡Hay que instalarse en la supraconsciencia!.

EL FRAUDE

El diluvio fraudulento descarga en cualquier sitio. Parece que las fuentes del fraude no se secan, ni aunque se amenace con planes de prevención y las actuaciones de control aumenten. Ahora se nos anuncia que, en este año, los resultados de más de ochenta mil operaciones en promociones inmobiliarias serán objeto de análisis por parte de la Agencia Tributaria después de tres años de trabajo y recogida de información del proceso integral del desarrollo urbanístico. En la misma nube borrascosa entrarían los delitos de blanqueo de capital que, todo indica, se presentan exorbitantes. Todo esto lo que refleja es una insolidaridad manifiesta. No hay cultura de ética, sino de caraduras.

Lo cierto es que vivimos una época de prácticas injustas, a pesar de tantas normativas, de sobornos y de fraudes descarados, que intentan eludir la justa contribución a las necesidades de la colectividad. Otra cuestión es cómo después se utiliza esa misma recaudación, frente a una exclusión total y el ostentoso bienestar y derroche de otros. No estaría demás sopesar, con los máximos criterios de control, la total imposibilidad de no cometer otra estafa con el mismo fraude. Y que lo recaudado también sirviese como desarrollo humano integral para que la marginalidad no siga creciendo. Desde luego, una concentración exclusivamente materialista como la que soportamos, y de ir cada uno a lo suyo, aparte de correr el riesgo de caer en el error del consumismo, tampoco es el camino para lograr la auténtica felicidad. Lo que si suele cosechar el sistema, es una buena ración de trepas, pura baratería, dispuestos a poner al día el abecedario de la simulación.

Sin duda, la colaboración de todos en la promoción del bien general implica, como todo deber moral, una puesta diaria y constante. El fraude y otros subterfugios, mediante los cuales algunos burlan la obligación de las normas, pienso que deben ser condenados por incompatibles con las exigencias de la justicia. Pero, asimismo, en la misma línea, creo también que deben ser sancionados aquellos que dilapidan una recaudación que es de todos y de nadie. Por desgracia, la corrupción es otro de los males que sigue enquistado en las sociedades democráticas. La administración es el administrador de los recursos de las personas y debería administrarlos con objeto de asegurar el bien común. Una recomendación similar sería para aquellos políticos que son poder o que pretenden serlo, para que la autoridad a ejercer o ejercida, sea de servicio transparente y con poder de caducidad.

ABRIRSE A LA SOLIDARIDAD

«Que Cuba se abra con sus magníficas posibilidades al mundo y que el mundo se abra a Cuba», fue una de las frases de Juan Pablo II, durante su visita a la isla en enero de 1998 (de la cual este año se conmemora el X aniversario), que más impactó a todos, pues constituía un desafío para las autoridades cubanas y para las del resto del planeta. Evocando aquellas contundentes palabras que vertieron tantas ideas, un pensamiento que dio la vuelta al mundo, pienso que hoy la familia humana también necesita abrirse a la solidaridad como actitud de vida. Es más: creo que con urgencia. La irresponsabilidad hay que desterrarla de todo poder, provenga de donde provenga. Hay que reconstruir el planeta frente a tanto señorío destructor. Hacerlo con aquello que nos une, la propia vida, haciéndola valer como algo supremo, ya es comenzar a reconocer el fruto de la solidaridad en el árbol de los días. Esto significa, que el mundo ha de despertar a la igualdad de dignidades en todos los seres humanos, de igual forma que para todos y para cada uno de nosotros amanece la existencia.

Hay que socializar la solidaridad. El mundo necesita socializarse para que espigue la concordia. El ser humano levanta montañas de obstáculos que fomentan la indiferencia, el egoísmo, el desamparo de la familia humana. El que determinadas naciones se cierren en sí mismas o que instauren leyes discriminatorias, que es otra forma sibilina de encerrarse, para nada ayuda a derretir el hielo de la desconfianza. Por desgracia, se deshielan antes los glaciares naturales del Everest que la ventisca glaciar de la sinrazón. El odio racial y clasista, la intolerancia religiosa, el interés furtivo, son males todavía muy presentes en muchas sociedades, inclusive las más avanzadas, de modo abierto o solapado. Estoy seguro que, con una solidaridad realmente efectiva, no tendrían más remedio que derretirse los neveros humanos y, así, cesaría la ventisca antihumana que nos ronda. En efecto, si la nota esencial de la solidaridad radica en el término de la igualdad entre todos los seres humanos, todo gobierno que se apodere de dignidades y se meriende los derechos humanos de la persona, considero que debe ser defenestrado al fuego de la censura.

Sin duda alguna, la mejor manera de forjar alianzas es a base de utilizar mucho el abecedario solidario en todos los quehaceres de la vida. Este espíritu de solidaridad ha de ser un espíritu real, palpable y universalista en su esencia, siempre abierto al diálogo y a poner alma en lo que se hace, hundiendo el coraje en la verdad. La España autonómica, a través de la consensuada carta magna, nos brinda el ejercicio colectivo e individual para poner la solidaridad en práctica. Por cierto, hasta treinta y dos veces utiliza el vocablo “solidaridad”, en su programa electoral 2008, el actual partido en el gobierno español. La guinda pesoística es un “complemento de solidaridad” para las personas viudas, pensionistas, que vivan solos y con bajos ingresos. Eso está muy bien, pero no basta con ponerse en disposición de ayudar a quienes padecen necesidad, dándoles unas migajas y ya está, también hay que ayudarles a descubrir los valores que les permitan, por si mismos, edificar una nueva vida y ocupar con dignidad y justicia su puesto en la sociedad, como personas activas y no sólo como receptores pasivos. Estimo, que la auténtica solidaridad es un bien escaso, puesto que el desarrollo integral de la familia humana y su legítima libertad de personas, aún está vetado para una buena parte de la ciudadanía.

Por su parte, los peperos, o sea, el partido de la oposición al gobierno de España, apuesta en su programa electoral por alcanzar un pacto con el agua, promoviendo además de su uso racional, igualmente una distribución basada en criterios de eficiencia y solidaridad incluyendo, entre otros mecanismos, las transferencias de recursos sobrantes disponibles de las cuencas excedentarias a las deficitarias. Eso también está de perlas, pero tampoco es suficiente y hay que ir más allá de una posible solidaridad globalizada en lo puramente material e interesado, ya que los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, no sólo a través de sus representantes, también directamente. Esto hay que tenerlo en cuenta, para que la soledad ciudadana se convierta en solidaridad viva, lo que sin duda favorecerá momentos de diálogo entre personas, de comprensión hacia el prójimo, de ayuda incondicional al ser humano, de fomento de vínculos que se hermanan, haciendo el acuerdo mucho más fácil.

Pienso, en suma, que para que el mundo se abra a la solidaridad, algo vital para el entendimiento, las gentes también han de educarse en la solidaridad. Difundir comportamientos y estilos de vida marcados por la entrega generosa, tanto hacia el vecino más próximo como hacia los grandes problemas del mundo, ayudan a comprender la semántica del término solidario. La solidaridad, que también es dar limosna, no debe quedarse en el mero gesto y alejarse del problema, porque es algo más que un movimiento benévolo del corazón o un buen sentimiento, es un estar conviviendo (y viviendo) según una opción personal y consciente de responsabilidad. Sin duda, las contrariedades, cuando se analizan todos junto a todos, lo que implica horizontalidad y respeto mutuo, aparte de que se sobrellevan mejor las dificultades todos unidos, las soluciones suelen ser más acertadas y justas. Para mí que abrirse a la solidaridad verdadera es la gran asignatura pendiente en la que todavía permanece suspensa la familia humana. Sin embargo, en una atmósfera de crecientes interdependencias entre las naciones y personas, se impone la responsabilidad de una ética de solidaridad permanente y perseverante.

UNA SOCIEDAD DE RIESGO

La fuerte diferencia establecida por una sociedad de riesgo, entre integrados y no integrados, es una de las grandes amenazas, del momento actual, que vive el mundo. Ortega y Gasset ya, en su tiempo, nos lo advirtió con estas sustanciosas palabras: “Mientras el tigre no puede dejar de ser tigre, no puede destigrarse, el hombre vive en riesgo permanente de deshumanizarse”. En una civilización que establece las partijas de las relaciones sociales sólo en función de los intereses económicos, poco se puede hacer por restituir el valor de la entrega generosa en su sentido más profundo. Identificar al pobre como aquel que ha fracasado y, por ende, exclusivamente culposo de su situación de la cual es imposible emanciparse en una tribu de hipócritas, está a la orden del día; sobre todo en una humanidad de alto riesgo que suele merendarse la pobreza de los pobres bajo el jocoso divertimento. ¿A quién le gusta ser excluido? La pobreza no recae sobre personas diferentes a cualquiera de nosotros y, en consecuencia, es un problema que nos concierne a todos. Nadie puede estar seguro de no acabar siendo pobre en un mundo de constantes vaivenes e inseguridades.

Considero, pues, de buen talante que el actual partido en el gobierno reconozca, en su programa electoral 2008, de que a pesar del fuerte crecimiento económico y de la reducción de las tasas de desempleo, los niveles de pobreza relativa siguen siendo altos. Es cierto que el estado de bienestar aún no ha visitado a los sin techo y esto me parece una grave injusticia. ¿Por qué el desarrollo económico, el empleo y la política social, no se ponen al servicio de la cohesión social? Para el PSOE constituye, según insertan en su hoja de ruta electoral 2008, un desafío reducir la desigualdad y luchar contra las situaciones de extrema pobreza. Quieren reducir la brecha entre quienes tienen acceso a las nuevas oportunidades y quienes quedan excluidos. Para el partido de la oposición, el PP, creen también en la necesidad de contribuir a la erradicación de la pobreza y la injusticia que padece una parte de la humanidad, impulsando políticas globales que garanticen la libertad y el bienestar de todos los seres humanos. Dicen apostar, asimismo, por un sistema educativo que sea la principal garantía de lucha contra la pobreza y la exclusión social.

Si no fuese que las campañas electorales también han perdido seriedad y hondura, para dar paso a un circo de mediocres títeres, sálvese el que pueda, y los programas son como un cuenta cuentos en el que soñar no cuesta nada, nos creeríamos el guión de las “ideas claras” o de los “motivos para creer”; pero es que, a veces, los argumentos son tan absurdos y mezquinos que dejan al descubierto, sin darse cuenta, el rostro de la mentira, por mucho que disimulen el engaño y disfracen los designios. Aún así, que yo sepa, a nadie todavía se le ha ocurrido ofertar la creación de un gabinete ministerial de acogida para los pobres. En cualquier caso, al igual que dice el refranero, yo también pienso que nunca es tarde si la dicha es buena. Y lo será, a mi juicio, desde el momento que tratemos de comprender la situación de la pobreza y no tanto de encontrar una explicación que es lo que menos nos importa. Ello necesita de propuestas que no estigmaticen, sino que tengan la lógica del sentido común para que se produzca una verdadera inclusión.

La realidad tantas veces supera a la ficción, sobre todo cuando la pérdida de valores se convierte en un volcán efervescente capaz de desestabilizar toda convivencia humana, que deberían las diversas administraciones presentar en sociedad un regenerador de ambientes que reconduzca al ser humano hacia el humano ser, con una implicación veraz y positiva. De cara a ofrecer un mejor servicio a los pobres, que los hay y cada día son más, considero fundamental la colaboración entre las diversas ventanillas institucionales, poniendo fin a una tendencia de lucimiento personal, de actuar a solas, a veces con espíritu competitivo y voceros atriles. Los pobres no son un negocio más de los pudientes acomodados que hacen la guerra, mientras los indigentes son los que mueren. Debería estar mal visto el palmito de esos acaudalados que almuerzan sin ganas a todas horas, mientras el estómago de los pobres se achica. Cada ciudadano tiene su historia tras de sí y sus propios problemas que, hay que conocer y afrontar, para poder ayudar. Los mal renombrados sin techo han de ser considerados tan portadores de derechos como de deberes y no sólo como un frío listado de necesidades por satisfacer como si fuesen un puro objeto de negocio para muchos y de lástima para otros.

Conviene recordar a esta sociedad imbuida en el asentado riesgo que, el 20% de los españoles, unos nueve millones, viven con una renta inferior a la que la Unión Europea considera el umbral de la pobreza. Ahora el partido en el gobierno, PSOE, da su palabra de compromiso a la elaboración de un Libro Blanco que tenga por objeto la reducción significativa de la pobreza extrema en España, hasta el nivel medio de los países de nuestro entorno. Por su parte, el principal partido de la oposición, PP, acuerda en su programa electoral promover en colaboración con el resto de Administraciones Públicas y los agentes sociales, un Plan Transversal que combata la exclusión social y los nuevos patrones de pobreza y marginación. De cualquier modo, gobierne quien gobierne los próximos años, debería cuando menos enfrentarse a quitar el riesgo de la pobreza de una nación avanzada, europeísta, constituida en un Estado social y democrático de Derecho, puesto que tal situación es una falta grave de tutela de los derechos humanos fundamentales.

DIOS… ¿ESTÁS AHÍ?

Ya Voltaire, en su tiempo, dijo: “que si Dios no existiera, sería necesario inventarlo”. Esto debieron pensarlo jóvenes universitarios que están dispuestos a empapelar las universidades madrileñas con preguntas como estas: “Dios… ¿estás ahí?” o “¿Universidad para buscar la verdad? Las interpelaciones tienen miga en un momento de total desconfianza ante los valores tradicionales, donde trabajar buscando sólo a Dios no está bien visto, y, en cambio, sí mendigar los halagos de las personas, el aplauso del poder. A mi me parece bien que desde el espacio universitario se interrogue la juventud, y también nos interroguemos los que peinamos canas, haciendo honor a su histórica cátedra. Personalmente, declaro debilidad hacia ese Dios que mira las manos limpias, no las llenas.

Conviene tener en cuenta el evidente cambio cultural que vivimos, rompedores a veces con la ancestral cultura de la universidad y con las mismas raíces cristianas. Desde luego, pienso que todas estas rupturas requieren una reflexión continua sobre una serie de cuestiones fundamentales, como pueden ser los conflictos surgidos entre normativas inherentes a la naturaleza misma del ser humano con otras generadas por el hombre mismo en el contexto de un sistema productivo injusto, que excluye y fagocita libertades, que insensibiliza y atrofia.

La globalización exige ensancharse en altura de miras y también en nuestra comprensión de racionalidad hacia todos. En este sentido, también creo que no hay espacio mejor, que el universitario, para dar luz a esa búsqueda de la verdad desde la exhortación. Pienso que las aulas universitarias, lejos de ser laboratorios culturales, se encierran demasiado en el ámbito puramente curricular, obviando el asombro del descubrimiento con ideas preconcebidas y mezquinos saberes reductivos.

Converger conocimientos es lo suyo, demandar ante el letargo de ideas como lo hacen esos jóvenes universitarios madrileños, reclamando nuestra atención a través de sus interrogaciones, me parece cuando menos saludable para huir de cebos que invitan a no pensar más, a huir del esfuerzo y del afán por lo auténtico, para abandonarse a un falso disfrute. Desde luego, en esa máscara de divertimentos, en el que hasta uno debe de dejar ser uno mismo, no se puede ver a Dios, por mucho que todo hable de Él, y tampoco con los ojos de una sabiduría fragmentada, algo propio de una universidad que suele estar desvinculada de las grandes instituciones culturales u otros centros de pensamiento. La receta extendida por Santa Teresa es, verdaderamente, una fórmula a tener en cuenta: “Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta”. Ahora, a juzgar por algunas andanzas, parece que hasta en la misma universidad le mataron.

ELLAS CREAN

Desde que el poeta y periodista nicaragüense, Rubén Dario, selló aquello de que “sin la mujer, la vida es pura prosa”, nada es igual y todo es análogo. Lo cierto es que si ahorcásemos la complementariedad innata de acoger y donarse entre mujer y hombre, u hombre y mujer, se perdería la amorosa creatividad poética de la propia vida y hasta la mismísima creación se derrumbaría por la soledad de no sentirse ni acogido ni donado. Necesitamos de ese amor que ellas crean, y en el que ellos se recrean, o viceversa.

Por ello, veo con buenos ojos, el que por cuarto año consecutivo se celebre, con motivo del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, el Festival “Ellas crean”, en el que participan diversas Instituciones. El Ministerio de Cultura se une una vez más a esta celebración con la organización de varias actividades. Destacar la aportación femenina a las diferentes expresiones artísticas es tan justo como necesario, en un mundo cruel que aún no cultiva lo de donarse y acoger, lo de acoger y donarse, a cambio de nada.

Con razón suele decirse que el ser humano no puede soportar vivir solo, suele sentirse mejor siempre en la unidad de dos, eso es algo que salta a la vista y que se percibe por la necesidad de vivir en pareja. Es algo que lo pide el alma y el cuerpo. La dualidad está presente como manantial de fertilidad, como fuente de belleza, donde el trabajo creador del hombre y la maternidad creativa de la mujer, confluye en un poema perfecto jamás escrito, pero que ahí está, perenne en el tiempo.

En es pareo de géneros nadie ha de ser más que nadie para que la poesía se injerte de amor. Todavía, por desgracia, en este inseguro siglo plagado de esclavitudes, de poderes destructores que divorcian la dualidad, a las mujeres se les sublima o se les subordina por intereses de marcado mercado machista. Los efectos ahí están: mujeres objeto, desvaloradas, encogidas y dominadas, unas veces por una sociedad insensible y otras rebajadas por sí mismas.

MIRADAS

Todas las miradas hablan por si mismas. Todo nuestro cuerpo es la expresión de un lenguaje universal que todos entendemos. Algunas miradas pueden caer en el vacío, pero ahí están con su vivo timbre aunque sea despreciativo. Otras, pueden conferir aprecio y expresar poesía. Hay quien mira y finge no ver. Gusta de vivir con los ojos cerrados. Reposa su vida en la permanente pasividad e indiferencia. Esto es inherente al momento actual, a las corrientes inhumanas de nuestro tiempo, puesto que es en la mirada de los demás, en quien necesita de nuestra ayuda, donde deberíamos cultivar una mística de permanentes ojos abiertos. De entre todas las miradas, desde luego, yo me quedo con la humana que mira y mora en el verso, bajo la escuela de los ojos del amor. Únicamente esta contemplativa nos emociona e instruye a una cercanía de corazones, a compartir nuestro tiempo y a perderlo con los demás, porque sólo así se purifican las lenguas en un mundo deslenguado a más no poder. Ya Bécquer, un adelantado y empedernido romántico de su tiempo, daba un mundo por una mirada y un cielo por una sonrisa. La verdad que, en el fondo de nuestro fondo del alma, siempre esperamos una reacción condescendiente, una mirada de benevolencia. Esa es la pura verdad.

A veces, pienso, que nos conviene adentrar nuestra mirada en las gestas y en los gestos del tiempo, en los abecedarios del arte y de las ciencias, de los espacios visibles e invisibles. Fue el científico estadounidense de origen alemán, Albert Einstein, quien dijo que “la belleza no mira, sólo es mirada”. Creo que es saludable mirarse en la historia de nuestra propia historia y reflexionar con la visión de la justa distancia. Un acertado paradigma es la actual exposición organizada por la Biblioteca Nacional de España con la colaboración de la Dirección General de Cooperación y Comunicación Cultural del Ministerio de Cultura y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, bajo el sugestivo título: “Miradas sobre la guerra de la independencia”. Una contienda que fue motivo de abundante número de estampas, dibujos e impresos en los que se informa, satiriza, exalta, debate, critica, polemiza desde planteamientos ideológicos y políticos diversos y con miradas muy diferentes. Entre todas estas miradas, con mayor penetración y agudeza que ninguna otra, destaca la de Francisco Goya. Sus “Desastres de la guerra” son el testimonio de la tragedia que afectó a la población, protagonista fundamental de sus estampas y protagonista de esta exposición, sobre cuya responsabilidad y fatales consecuencias se extiende en los últimos grabados de la serie. Viendo estas obras de arte, las miradas que nos dirigen al corazón, uno no puede menos que horrorizarse por el menosprecio de que ha sido objeto el ser humano.

Todas las guerras son crueles y lo seguirán siendo, por mucho que se nos anuncie la utilización de robots autónomos en conflictos armados. Todas las batallas tienen sus riesgos. Por ello, es conveniente no perder de vista lecciones pasadas. Será importante abrir los ojos que, hasta el primer beso, no se da con los labios sino con la mirada. Lo dijo el escritor británico William Shakespeare, “las palabras están llenas de falsedad o de arte; la mirada es el lenguaje del corazón”. En un momento en que el argot humano se ha mediatizado y mediocrizado, urge trasladar a los jóvenes que hoy extienden sus miradas hacia los adultos, lo esencial que es mirar con el alma los senderos de la vida. No es suficiente una formación educativa, por muy superior que sea, sin formación del corazón. Es en las vísceras del verbo, donde uno se puede mirar asimismo sin que le vigile esta controladora sociedad y, por ende, es el lugar propicio para aclarar visiones, poner en orden las ideas, todo bajo una mirada libre hacía sí y amplia hacia al mundo. En cualquier caso, la fidelidad a un saber mirar poético imprime un tono que nos encamina a contemplar el universo con los pies en la tierra y, a contemplar a la tierra, con la perspectiva sideral. La cuestión radica, ahora, en comprender este luminoso lirismo que nos entra por la atalaya de los días y no permanecer impasibles.

Estoy seguro que si tuviésemos un espíritu cultivado, (que no domado, la doma es para los animales), miraríamos las cosas desde muchos puntos de vista y, además, la capacidad de discernimiento, valor primario y primerizo para la convivencia, dejaría de estar ausente en los andares cotidianos, como lo está actualmente. A mi me parece que el ejercicio de cavilar es mucho más interesante que calzar muchos puntos, pero menos interesante que cultivar la mirada. Porque, realmente, la mirada teje abecedarios que la palabra no entiende. Enhebra, por ejemplo, acercamiento, búsqueda de la calidad y de la solidez humana, tanto moralmente como en el plano cultural. También descubre, percibe, pasa revista, atisba, que virus tan en boga hoy como el suicidio, las drogas (por cierto, España, a la cabeza de Europa en consumo de cocaína, hachís y drogas de diseño), y demás violaciones encartadas, donde la televisión es la primera violadora de estéticas, sólo responden a mezquindad de géneros, razas, religiones; y, en todo caso, siempre deben mirarse como debilidades humanas. Y, asimismo, que el caudal de violencia que tanto nos raya en el parte de la cotidianidad, sólo es el último recurso del ignorante. Todo esto es fruto de que los humanos aún no disfrutemos de las miradas, de mirar en una misma dirección, todos unidos, como los auténticos amantes.

LA DANZA ESPAÑOLA

Este año se cumplen treinta años de la creación del Ballet Nacional de España, árbol frondoso de nuestra cultura; puesto que, la danza española, siempre en continua búsqueda de expresiones e identidades, es una de las artes escénicas más renombradas y singulares en el panorama internacional. Aunque nos parezcan ya lejanos aquellos años en que Antonio Gades tomó el timón de llevar a buen puerto nuestro ibérico talento artístico, a mi juicio fue un tiempo decisivo y que, aún hoy, está presente en todos los escenarios como fruto de una estética que nos identifica y pertenece, creciente en valores y basada en la pureza del corazón. Sin arte la vida sería un puro aburrimiento. La expresión de la danza es una expresión de belleza que entusiasma y encandila, ponerla al servicio de la humanidad, sin duda alguna es una manera gustosa de hacer el bien, ya que contribuye a dar vida a la esencia secreta de las cosas. El cuerpo es el elemento esencial que utiliza el bailarín y, su objetivo, va a ser generar emociones compartidas. Verse en el público y que el público se vea en él, quizás sea su cima.

El mundo, siempre tuvo y siempre tendrá, necesidad de artistas que muevan a la sociedad con el níveo corazón del arte. Es lógico, pues, que en el universo de la cultura ocupe la danza española un lugar privilegiado. Su manifestación no sólo enriquece nuestro patrimonio artístico, sino que también presta un servicio social de avivar pensamientos e ideas, de ocio y de divertimentos, en beneficio de una atmósfera menos ociosa y más disciplinada, mejor cultivada en la expresión de lo auténtico e ingenioso. Vivir creativamente es otra forma de redescubrirnos. Está experimentado que, cuando nos abrimos a las posibilidades que nos ofrece la vida diaria para ser creativos, nos cambia evidentemente la forma de ver la vida y de orientarla. La belleza, como la verdad, pone gozos en el alma que el cuerpo necesita, estableciendo vínculos entre generaciones y lazos de lucidez que nos acercan.

Es público y notorio, que el Ballet Nacional de España es, de las unidades de producción del Instituto Nacional de la Artes Escénicas y de la Música (INAEM), una de las de mayor proyección internacional como embajadora de nuestra cultura en el mundo. El carácter universalista es algo propio de nuestra original danza, sublime en su unidad e insuperable en la pluralidad de estilos. Sabemos que la compañía camina con paso inigualable, que lejos de quedarse estancada apuesta por la innovación y evolución acorde con los tiempos, preservando como oro en paño todos los estilos del baile español, interpretando coreografías de Escuela Bolera, flamenco, danza española estilizada, entre otros manjares estilísticos. Conjugar tradición con modernidad exige, aparte de conciencia; inspiración, vocación y afición; sabiduría que se precisa para saber discernir lo que es torpeza de lo que es habilidad artística, gracia y don.

Puede que treinta años en el arte no sea nada, pero si se tienen en cuenta los intensos años puestos en escena como forma de vida, interpretando en los teatros más prestigiosos del mundo obras emblemáticas, seguramente nuestra visión cambie. Creemos que aún falta mucho camino por recorrer para que la danza tenga el verdadero reconocimiento que se merece, sobre todo porque muchas veces no se ha tomado como algo serio, como un auténtico vehículo de transmisión de lenguajes, sino más bien como un divertimento que pasa sin pena ni gloria, cuando en realidad el calado de la danza es tan profundo que en el ser humano le transciende y sociabiliza. En consecuencia, potenciar talleres de estudio, con el objetivo de formar y perfeccionar a jóvenes bailarines en las diferentes modalidades de baile español (Escuela Bolera, danza clásica española, flamenco, folclore) me parece una postura más que necesaria, justa. Ningún arte debe caer en el olvido, incluido el de la danza clásica española, inherente a nuestra historia y sentimiento, que a mi juicio debiera producirse más, si es necesario ayudando a las compañías. Hay muchos bailarines en el horizonte esperando una oportunidad y nuevos coreógrafos brillantes que necesitan presentarse al público.

Advertir la danza mientras se vive, alcanzar a vislumbrar su implacable grandeza, disfrutar del ritmo y respirar hondo, celebrar que el baile es poesía en movimiento, es como alargar la vida y hacerla más placentera. Por ello, que el Ballet Nacional de España cumpla treinta años debe hacernos reflexionar en positivo. Los conocimientos técnicos y estilísticos de la danza clásica puestos en valor estético y difundidos como tales entre los jóvenes, creo que es un buen camino, sobre todo, para conseguir entusiasmar a la juventud en una corriente verdaderamente instructiva, con la que se puede alcanzar el máximo grado de interpretación artística, pero asimismo el máximo grado de conocimiento personal. De igual modo, descubrir y describir el rico vocabulario dancístico es también otro paso adelante en la comprensión de las obras artísticas. El vacío existente vinculado al estudio de la danza y el movimiento creativo con una perspectiva científica es tan evidente, que algunos centros universitarios punteros quieren que sea una licenciatura más. Formar a profesionales de la danza capaces de manejarla como medio educativo, estoy seguro que es una apuesta acertada. Porque sobre todas las cosas, la danza es amor. Una pasión, en suma, que se deja querer con la métrica de los sentidos, a sabiendas que la música –como dijo Platón- es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo, pura armonía.

EL TIRO DE ETA

El tiro de ETA es una guerra psicológica enquistada contra la libertad en un país demócrata. La llama del odio, mecha del tiro de ETA, gasolina contra la vida humana. Por ello, hay que ir más allá de la condena a ese disparo que ciega existencias y, entre todos, buscar una luz de agua que apague el incendiario terror de unos criminales que juegan con la vida que no les pertenece. Hay que abrir un auténtico cortafuego, de una vez por todas, en la piel de toro, para que a los tiradores se les apague la chispa con la brisa democrática.

La endemoniada ETA sigue en sus trece de matar y destruir vidas y bienes, con el tiro siempre apunto como hacha de guerra, gravando a fuego miedos y amenazas en una sociedad que ha tomado como suyos, en libertad, valores ejemplares de justicia, igualdad y aceptación de la pluralidad. Es lamentable, pues, las acciones de quienes aprietan el gatillo a sangre fría o caliente, lo hacen contra la misma sociedad, contra todos. No se puede imponer criterio alguno por la fuerza del tiro en la nuca, a costa del atropello del fundamental derecho humano, el que a uno le dejen vivir. Festejamos cuando se abolió la pena de muerte, y también nos gustaría celebrar la abolición del tiro de ETA.

Jamás el perverso tiro de ETA podrá justificarse ideológicamente en un pueblo soberano, donde la misma creación de partidos y su misma actividad son libres. El tiro de ETA es, en toda regla, un disparo contra la libertad social de un país, una detonación a los derechos humanos, una descarga que amedrenta el derecho a la vida y a la integridad física y moral de las personas. El tiro de ETA humilla, arremete y agrede a lo más hondo de la dignidad humana. Esto nos obliga a cultivar la indisoluble unidad contra el terrorismo, a expresar responsablemente el rechazo al pistoletazo de ETA y a condenar sus hazañas, así como cualquier forma de colaboración con quienes ejercitan o justifican, estos viles fogonazos contra un Estado social y democrático de Derecho.

Al tiro de ETA hay que enjuiciarlo moralmente como terrorismo puro y duro. Sin miramiento alguno. En absoluto me parece moral, a balazo vivo, propugnar independencia y, aún peor, levantar un nuevo Estado, dentro de otro Estado legítimo, respaldado por una carta magna que es todo un signo y símbolo de convivencia en pluralidad. Tratar de imponer a toda costa voluntades independentistas, con el terror como lenguaje, es algo inaceptable por principio, puesto que ninguna nación, ni Estado, debe estar por encima de los derechos elementales de los seres humanos. Los derechos de las personas, insisto, son antes que nada y que nadie. Pretender, como pretende el tiro de ETA, alterar el ordenamiento jurídico, plasmado en la ley de leyes, a juego con sus intereses de poder, aparte de ser inadmisible, es una locura, propia de quienes aprietan gatillos contra diestro y siniestro. Es necesario estar juntos para que la paz espigue y los pistoleros se avergüencen, respetar todos a todos y tener claro lo de amparar el bien común de una sociedad pluri-lingüística, pluri-cultural, pluri-centenaria, pluri-integradora de nacionalidades y regiones. ETA y su tiro, mejor por la culata.

EL PARLAMENTO EUROPEO

El Parlamento Europeo conmemora el 50º aniversario de la primera sesión de la Asamblea Parlamentaria Europea, celebrada en Estrasburgo el 19 de marzo de 1958. La Eurocámara, con medio siglo de vida injertada en el laberinto del tiempo, es normal que haya crecido en número de representación y de representados, en poderes de decisión y competencias, cuestión por otra parte vital, si queremos reforzar el control democrático y que tome raíces en la vida cotidiana de sus ciudadanos. A pesar de los años cumplidos, las instituciones europeístas para muchos residentes son algo lejano y desconocido, hasta los propios Estados miembros manifiestan desconsideración cada vez que incumplen, que son muchas veces, la propia legislación que generan y que debería servir para fortalecer aún más la Unión. Cuando los que mandan pierden la cortesía y lo único que recuperan es el desacato; los que obedecen, pierden el respeto y ganan espacio las arbitrariedades.

Como botón de muestra algunos ejemplos al desafuero. El Parlamento Europeo aprueba la revisión de la legislación europea que establece máximos para una serie de contaminantes. La nueva directiva reducirá las emisiones de partículas contaminantes nocivas, pues se introducen, por primera vez, valores límite para las llamadas “partículas finas”, que pueden causar enfermedades como el asma. Hasta ahora, la UE sólo establecía límites para el dióxido de azufre y las partículas más grandes. España es uno de los países que incumple la legislación vigente. Más de lo mismo de mal. Se da luz verde a una directiva que introduce una separación de al menos 30 minutos entre los bloques publicitarios televisivos. Esta normativa, que actualiza una directiva de 1997, establece un máximo de 12 minutos de anuncios cada hora y también se aplicará a la televisión en Internet. En los programas infantiles se prohibirá la colocación de productos y se desarrollarán códigos de conducta que limiten la publicidad de alimentos con altos niveles de grasas. Ya no les digo nada del azote del empleo ilegal, la falta de cohesión social y el incremento de la pobreza, que todos hablan de reducir y en España se incrementa. La verdad que tiene bien poco sentido pasar la vida haciendo leyes para luego quebrantar hasta los propios principios éticos.

Si celebrar la vida y el sueño de vivir es una cuestión de dejarnos querer y de gratitud, el medio siglo del Parlamento Europeo debe, al menos, ponernos en actitud europeísta, aunque a veces nos transmita desasosiego y fracaso, en vez de gozo y conquista. Reducir Europa a un asunto territorial únicamente me parece una postura muy pobre. Bajo la expresión europeísta debe apuntalarse un orden estético libre, capaz de combinar vigor con justicia social, pluralismo político con tolerancia, solidaridad con apertura. El partido socialista ha introducido en su programa impulsar la reforma constitucional para introducir una referencia a Europa en la Constitución. Refrendo la idea, la aplaudo, pero con el añadido de sumarse al esfuerzo colectivo de renovar las normas de la vida en común establecidas en los Tratados, cumpliéndolas y haciéndolas cumplir.

EL AGUA COMO LENGUAJE DE VIDA

Algo tendrá el agua cuando la bendicen, evoca el pueblo y expande el tiempo. La proclama es verso primero y principio de vida. Al mundo lo embellecen y reverdecen manantiales que brotan del corazón, la lluvia que rige el universo. Por ello, cada gota de líquido inodoro, incoloro e insípido, amén de ser más fuerte que la roca, es parte de nosotros mismos y parte de la naturaleza misma del planeta. Los poetas de todas las latitudes y épocas también han injertado sus versos en el agua. Juan Ramón Jiménez llegó a desear que su vida se cayera en la muerte, “como este chorro alto de agua bella/ en el agua tendida matinal; / ondulado, brillante, sensual, alegre, / con todo el mundo diluido en él, / en gracia nítida y feliz”. Asimismo, en todas las culturas, el agua tiene un parte mística, espiritual, purificante. En cualquier caso, el hilo de todas nuestras formas de vida va a depender muy mucho de la puntada del agua, con su gracia y lozanía incomparables.

Causa espanto, pues, que millares de europeos no puedan pegar la hebra al agua potable y que miles de niños tampoco consigan arribar sus labios a la mocedad virgen del poético manjar, al que hay que considerar un derecho humano fundamental. Un viento demoniaco todo lo contamina, como si una fuerza ciega nos apoderase, sin comprensión de amor ni sensibilidad alguna, y quisiera destruir la propia existencia humana. Ya Gerardo Diego, en el siglo pasado, nos llamó la atención con ese río Duero arromanzado, al que “la ciudad vuelve la espalda”. La estrategia de restauración de ríos, incluso ahora, es tan urgente como necesaria. Recuperar reservas naturales fluviales, que son verdadero pulmón de vida, lo pide el propio hábitat a poco que naveguemos por él. Lo cierto es que al día de hoy, y volviéndonos a ver en los muros de la patria nuestra, a pesar del nivel de desarrollo económico alcanzado, por cierto muy injusto y desigual, indicadores oficiales apuntan que subsisten problemas en cuanto a la garantía de agua y a la calidad de la misma, tanto en el medio rural como en ámbitos urbanos de diferentes territorios.

Superar, de una vez por todas, carencias en el control público del uso del agua y de su calidad, garantizando la necesaria para cada comunidad, exige políticas coherentes y solidarias. Estas hazañas, generalmente, son mejor llevadas por hombres de Estado antes que de Partido. Luego, pienso que también hace falta educar en el uso racional y responsable del agua. Debiera ser disciplina de obligado cumplimiento. Estimo que, la defensa de los recursos hídricos y la atención por el cambio climático, son temas de gravísima importancia que deben ser considerados y tratados por todos, por toda la familia que habita el planeta. Como ya dije anteriormente, el agua es instrumento vital, imprescindible para la supervivencia humana y, por tanto, un derecho/deber de todos. Es necesario, en consecuencia, prestar atención a los problemas creados por su evidente escasez en muchas partes del mundo, e inclusive, en nuestra propia territorialidad.

A sabiendas de que el agua no es un bien ilimitado como es bien patente, ni su disponibilidad en la cuantía y calidad adecuada es gratuita, está bien que los gobiernos refuercen controles en el uso y calidad del agua, participen y corresponsabilicen a los ciudadanos para combatir el despilfarro, la especulación, la insuficiencia y los propios agentes contaminantes, y fomenten campañas de sensibilización como esta última de “total por unos litros…”, cuando el total es lo que cuenta, puesto que cada día, cientos de miles de pequeñas acciones favorecen la desertización y el cambio climático, afectando incluso a nuestra salud. Me consta que hay, además, una retahíla de convenios de colaboración entre el Estado con Ayuntamientos, Diputaciones y Comunidades Autónomas, pero que también es cierto, no suelen pasar del papel impreso. Junto a este cúmulo de buenas intenciones, sin embargo, aún no se ha llevado a buen término un consensuado pacto por el agua, a pesar de la necesidad urgente del problema, que implique a todos los territorios, lo acepten todas las políticas y, socialmente, la ciudadanía lo considere manual de convivencia, máxime que según las estimaciones sobre los efectos del cambio climático en España, para el año 2050, la temperatura media podría subir en 2,5 ºC, las precipitaciones reducirse en un 10% y la humedad del suelo en un 30%.

Si partimos del nefasto estado ecológico en que se encuentran las masas de agua de nuestro entorno, de la galopante sequedad de la tierra, aunque sumemos los proyectos de desalinización, depuración y reutilización de aguas que se nos anuncian a bombo y platillo, la situación no deja de ser preocupante en la medida que seguimos reduciendo la naturaleza a un mero instrumento de manipulación y explotación, sin orden ni concierto, por puro interés, haciendo bien poco por cambiar estilos de vida, en toda regla insolidarios, en un mundo que cada día necesita mayor cantidad de agua. Todavía es necesario depurar aguas residuales que contaminan ríos y mares. Todo parece indicar, que el cambio climático en nuestro país agravará los problemas ambientales que ya sobrellevamos como podemos, en cuanto a la escasez de agua, el aumento de la desertificación o la pérdida de biodiversidad. No cabe duda, que la falta de agua genera efectos negativos, tanto con referencia a la calidad de vida como a nuestro medio ambiente. A mi juicio, hay que tomar el toro por los cuernos y no descartar ninguna acción sostenible, que asegure el abastecimiento de agua en cantidad y calidad a todas las poblaciones, regadíos y aglomeraciones urbanas. Usarla racionalmente como derecho, cuidarla como deber, debiera ser norma ciudadana. No hay mayor estética ética que tener agua suficiente para la vida, ríos saludables donde tomar asiento y escuchar el verso, así como mares donde aprender a ser poeta.

UNA CARTA MAGNA ENVEJECIDA

Un filósofo tan renombrado como Unamuno ya dijo que “el progreso consiste en renovarse”. Renovarse o morir también dice el dicho popular. La verdad que después de treinta años de vigencia de la Carta Magna, pienso que está envejecida, que tampoco es benéfica la inmovilización o el estancamiento para nada ni para nadie, por lo que me sumo a los ciudadanos que ven con buenos ojos que ha llegado el momento de introducir reformas. Son más que necesarias, imprescindibles. No se pueden alargar por más tiempo. Quizás esta nueva legislatura sea el momento, ha de serlo. La realidad actual es muy diferente a la de 1978. Bien es verdad que, ante un panorama cambiante y complejo como el actual, estimo que los cambios han de ser muy consensuados y sin grandes rupturas. El cambio de mentalidad generacional y de estructuras somete con frecuencia a discusión las ideas recibidas. Esto no es malo. A mi juicio, lo peor es no prestar atención a la nueva sociedad, hacer oídos sordos y cerrarse a no dialogar. Con el tiempo, las instituciones, las leyes, las maneras de pensar y de sentir, son agua pasada y hay que hacerlas agua presente, sobre todo agua viva que a todos sacie y modere, una saludable e higiénica manera de garantizar la convivencia democrática.

No hay que tener miedo a reformas consensuadas. Todo lo contrario, si se hacen bien, fortalecen las relaciones. En realidad, si hay algo a lo que hay que temerle son a las riadas ciudadanas que están cerradas al cambio, que inyectan en la sociedad el miedo a la innovación. Creo que tenemos agotada la carta magna, cuando menos anticuada y senil, porque los que han de darle oxígeno, perpetúan la pasividad. Sirva como ejemplo este contrasentido. Por una parte se avivan planes estratégicos de igualdad de oportunidades que persiguen o se inspiran en dos principios justos, de no discriminación e igualdad, y, por otra parte, todavía actualmente el orden de sucesión a la Corona permanece inamovible constitucionalmente, sin haberlo adaptado al principio de no discriminación de la mujer que, aunque con carácter general, lo consagra la propia carta magna, lo cierto es que no lo considera en el articulado de sucesión en el trono, siendo preferida siempre –se dice- el varón a la mujer.

Quizás, también, habría que explicitar más en esa renacida y rejuvenecida carta magna, que yo deseo vivamente se produzca en esta próxima legislatura, los derechos sociales de la igualdad de género, aquellos que van más allá de la equiparación de lo femenino con lo masculino, afianzar además la convicción de que el género humano, en su conjunto o complementariedad si se quiere, puede y debe no sólo perfeccionar su dominio sobre las cosas creadas, como si fuese un dios caprichoso y arrogante, sino que le corresponde además establecer un orden más poético que político, más social que económico, o sea, que esté más al servicio del ser humano como tal y permita a cada uno y a cada familia, o a cada entidad grupal, afirmar y cultivar su propia dignidad con las libertades innatas que nos hemos ganado a pulso. De lo contrario, seguiremos sedientos de una vida plena y de una vida libre, por mucho Estado social y democrático que nos hagan beber. O que las Naciones Unidas repartan octavillas de que una sociedad sostenible es la que tiene en cuenta las necesidades de los seres humanos y su calidad de vida. La realidad salta a la vista, y el mundo de la España constitucional, o sea del mundo moderno, tiene los mismos síntomas de poder y debilidad, puede llevar a término lo mejor y lo peor, puesto que tiene abierto el camino para optar entre la libertad o la esclavitud, entre la injusta desigualdad o la justa solidaridad, entre el progreso o el retroceso, entre la concordia o el odio. El ser humano sabe muy bien que está en su mano el dirigir correctamente las fuerzas que él ha desencadenado, y que pueden aplastarle o servirle, por ello es tan importante interrogarse a sí mismo como que se afiancen constitucionalmente derechos que son fe de vida.

Necesita fuelle la carta magna y romper barreras, perdone el lector que insista, universalizarse e incorporar de pleno derecho lo que es derecho suyo, completar el texto y complementar frases, e incluir la semántica europeísta que es, por mérito propio, lenguaje ciudadano españolista. También, pienso, que nos merecemos después de treinta años intentando plantar el árbol de una sociedad democrática avanzada, otra cuestión es que haya enraizado su espíritu en la ciudadanía, participar sombras que nos renueven y nos revitalicen culturas y tradiciones, sin complejos, al abrigo de las identidades territoriales. El único que puede representarnos y representar lo que somos sería un Senado con raíz propia, muy distinto al de ahora que es muy distante y sin poder de maniobra, representativo de las Españas y con mayor capacidad para propiciar el diálogo entre nacionalidades y regiones, que al fin y al cabo la plática ha de ser lengua habitual para los demócratas y, sobre todo, el activo y común programa de los políticos. La oposición no puede tomar la denegación total por principio. Y el gobierno en el poder tampoco puede engolosinarse de altanería y predisponer la divergencia en vez de la confluencia. Los políticos debieran saber que si no se estimula el consenso, se pierden los signos demócratas, el significado de la democracia y se compromete el futuro estable. Por ello, la legislatura 2008-2012 ha de espigar el consenso sin más dilación, sobre todo para cuestiones claves de Estado, como lo es actualizar una carta magna que ha envejecido sin modernizarla. Es deber político y deber ciudadano el exigirlo.

RETORNO A LA AUTENTICIDAD

Me pregunto al ver esa multitud que sale en procesión, o que se acerca a las procesiones, que se afanan en multiplicarlas para contrarrestar a los que quieren eliminarlas, que de todo hay en la viña del Señor, si realmente siguen a Jesús en el camino de su pasión, extendiendo la mirada a todos los que hoy sufren en el mundo. Quizás haya que retornar a la autenticidad de lo que representa procesionar las imágenes, para que despertemos del letargo, de la dureza del corazón que muestran algunos frente a tantos desconsuelos.

No me cuadra este espíritu mundano que me entra por los ojos en cualquier esquina, insensible cien por cien, incapaz de ayudar a sobrellevar la cruz a los que en la cruz viven, por méritos propios o porque la misma sociedad se la ha endosado, que no se gasta y se desgasta todas sus energías en confraternizar clases sociales, jerarquías, etnias y razas, religiones y políticas. Amando, en verdad, a ese Jesús que procesiona, que también se sintió abandonado, encontraremos el motivo y la fuerza para no huir de los crucificados del mundo actual, sino para aceptarles y tenderles una mano de consuelo.

Hasta el amor para que sea auténtico hay que vivirlo intensamente, debe costarnos y debe producirnos afanes y desvelos. Volver a la autenticidad de un Jesús que vive en nosotros, en lo más profundo de cada ser humano, puede ayudarnos a comprender mejor ese costado traspasado del Redentor, fuente para alcanzar el verdadero conocimiento de Jesucristo y experimentar más a fondo su indescriptible amor. La advertencia del Beato Angélico que “para pintar a Cristo, hace falta vivir con Cristo”; tal vez, de igual modo, para procesionar a Cristo haga falta vivir con Cristo.

Pienso que, si profundizamos en las pasiones que soporta el mundo de hoy, se puede comprender, inclusive sin tener que recurrir a la fe, que el Dios que asumió el rostro humano, el Dios que se encarnó, que tiene el nombre de Jesucristo y que sufrió por nosotros, ese Dios es necesario para todos, para los semananteros y para los que no lo son, para el mundo cofrade y para ese otro mundo que descansa en la playa o montaña. Es la única respuesta a todos los desafíos de este tiempo, frente al calvario cultural relativista que nos ciñe cada vez más, alejándonos de ese Cristo que es realmente aquél a quien espera el corazón humano.

LA PRIMAVERA DE EUROPA

Está visto que el diálogo acerca a las culturas. Para la lustre estación podría ser un buen propósito de enmienda. Sólo hay que ver y dejarse llevar, por cada obra germinada con todas las primaveras del corazón. Sirve para unirnos más a todos. La verdad que hoy en día falta conversación, sobre todo la sustentada en lenguajes renovados, renacentistas como la florescencia, pláticas del alma consigo misma, y sobran recursos al alcohol como catarsis o el mismo chantaje para dirimir las controversias. Desde luego, a mi me parece mucho más interesante avivar el pulso de esa primavera europeísta, organizadora de actos para debatir, relacionarse y reflexionar acerca de cuestiones que a todos nos atañen, aunque luego se quede en un cisco o en pura filosofía. El mero hecho de ofrecer una oportunidad para que los jóvenes puedan expresar sus opiniones y hagan oír sus voces en Europa, pienso que ya vale la pena. La verdad que hay una juventud, que sorprendentemente nunca es noticia, capaz de germinar ideas de vanguardia y que merece más portadas de periódicos que ese otro rebaño, que si las suele ocupar, por el simple hecho de acudir al redil de botellódromos, plazas y jardines, bajo el falso pretexto de celebrar una primavera, que luego resulta invertida, a la que nadie conoce, nada poética cuando es una estación de verso y no de vaso, donde incomprensiblemente la mezquindad es reinado y gobierno.

En este año, el diálogo intercultural quiere tener presencia pero también tomar vida, la apuesta pasa por sensibilizar a los jóvenes sobre la diversidad cultural como una de las principales riquezas de nuestro acervo cultural europeo, así como el suscitar una enseñanza cívica europea en la escuela. La primavera de Europa ya está en marcha, se extiende del 25 de marzo al 30 de junio 2008, con una celebración especial del Día de Europa el 9 de mayo. Hace especial hincapié a la apertura de todos los centros preescolares, los de primaria, secundaria y bachillerato de toda Europa y del resto del mundo, inclusive también a las academias de clases extraescolares cuyo fin sea el apoyar y potenciar las competencias en los planes de estudio. No estaría mal hacer, esta sensibilización por el camino de la poesía, aprovechando la exposición que, también por estas fechas, tiene lugar en la Biblioteca Nacional, bajo el sugestivo título: imagen en el verso. Una exposición verdaderamente primaveral, puesto que –como se dice en el catálogo- ofrece una muestra de la larga tradición de las relaciones entre la imagen plástica y el poema, en un aspecto particular: cuando la poesía es en sí misma imagen, con una rica variedad de planteamientos teóricos, de procedimientos artísticos y de resultados. Y para ello conviven una centena de testimonios, dentro de la Literatura española en lengua castellana, con alguna necesaria excepción, que recorren esta modalidad de obra poética, habitualmente poco atendida, desde el Barroco hasta la mitad del siglo XX, es decir, desde su implantación como un artificio bien reconocido cultural y literariamente, hasta su recuperación en el marco de la diversidad estética de la modernidad, con una duración de cuatro siglos.

La renovación de las artes, las técnicas y los conceptos estéticos que aportan las Vanguardias, son el mejor ejemplo de renacimiento. El ser humano necesita de esa renovación, pues hasta en las frías raíces del invierno siempre habita una primavera lustrosa. “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”- dijo Pablo Neruda. Así, de igual modo, en las primeras décadas del siglo XX, el verso y la imagen confluyen, la poesía y la plástica se confunden. Ahora, en pleno siglo XXI, injertada Europa en todas las artes es cuando se puede llevar a buen término ese necesario e imprescindible encuentro de sensibilidades europeas, teniendo en cuenta que el arte es el hombre mismo en el universo, en la naturaleza, en su propio estado del alma. Y Europa ha de ser como ese poema que, entre todos, vamos construyendo verso a verso, donde es posible integrar y armonizar, cercados por el diálogo, acercándonos a los jóvenes que en realidad son la verdadera primavera.

Sin duda hace falta que Europa respete la dignidad trascendente de la persona humana, el valor de su razón sobre todo lo demás, los Estados de derecho y se haga costumbre la solidaridad. La diversidad cultural es un manjar de juventud. La Unión y sus Estados miembros, han de poner de moda este cultivo como un recurso ha compartir. Sabemos de la variedad de encantos que germinan por doquier espacio lingüístico, tanto en lo literario como en las artes, pero aún hace falta poner en valor educativo todo este patrimonio cultural. El que ya uno siete millones de europeos trabajen en el sector de las industrias culturales lo considero de gran importancia. La floración europeísta, en consecuencia, pasa por seguir avanzando junto a esa juventud europea que se entusiasma por hacer raíz del árbol abierto al mundo. Puede que las responsabilidades y la influencia de la Unión Europea sean cada vez mayores, en consonancia con su peso económico, comercial y diplomático, pero hace falta lograr esa estabilidad permanente, que Europa toda ella se crea europeísta como patria de patrias, y que aparte de ser la primera potencia comercial a escala mundial, de contar con una divisa de referencia y de ser la principal donante de ayuda humanitaria, sea también el paradigma de un diálogo incesante en el que el ciudadano, o sus representantes, hablen, se entiendan y tracen horizontes de consenso. Con razón la alegría de ver y comprender es el más perfecto don primaveral. Hallemos, pues, ese regocijo y celebremos unidos, con el corazón en la mano, el florecer de verbos conjugados a todas las identidades del pronombre, por tierra, mar y aire. Brindemos con agua porque hay sed de Europa.

CORAZONES DE PIEDRA

El malhumorado mundo echa humo por todos los costados. No es para menos. Crecen como las cucarachas los corazones de piedra. Siempre dispuestos a prender mecha. El fuego de vejaciones, tan extendido hoy en día, es tan vivo que nos deja sin oxígeno para respirar. Vejan a disminuidos psíquicos, a mayores, a mujeres, a niños… No hay que ser ningún superdotado para caer en la cuenta que gana territorio la selva. Las salvajadas conviven a diario en nuestro hábitat.

Despertar la conciencia moral y social en los corazones de piedra no es fácil. Desde luego que no. Están acostumbrados a pasar por encima de la ley, a darle un corte de mangas a cualquier norma, a reírse de los blandos poderes y a merendarse la justicia con brindis al sol. Han devaluado la vida humana, estos pedruscos vestidos de figura humana, al capricho del interés, del divertimento o a un sentimiento visceral de venganza.

Corazones de piedra roban a mano armada libertades humanas. Obligan a prostituirse. No hay elección sino violencia. Sufrimiento con el que hay que convivir para sobrevivir. Para muchas personas la prostitución es la única vía de emergencia. Cada día es más complicado que a uno le dejen domiciliarse en un espacio sin violencia. Ante un mundo desgarrado por conflictos, que no acierta a agarrarse a la paz, donde a veces se justifica a los violentos, es importante reafirmar el sentido común.

Los corazones de piedra son de verdad, existen, se multiplican en progresión geométrica, aunque vivan impregnados por la mentira. Hay que llamar por su nombre a estos repelentes tipos, que torturan a diestra y siniestra en cualquier esquina, registrarlos, sellarlos, expropiarles el cuerpo, remitirlos al Parnaso para que se rehabiliten con la belleza, hacer algo por propiciar un cambio de actitudes. La paciencia tiene un límite. Es necesaria una intervención urgente, eficaz, que implique a todos en la lucha contra cualquier forma de intimidación, terror, bestialidad, barbarie, partiendo de la formación de las conciencias y transformando mentalidades, modos y comportamientos propios de animales, no de personas que aspiran a reconstruir la familia humana bajo una alianza de civilizaciones. Quizás, por ello, haga falta ponerle las pilas a la justicia para que haga justicia y a la ciudadanía reponerle un espíritu abierto a la escucha. Del pueblo emana el corazón y sus virtudes.

EL EMPACHO DE LA EFICIENCIA

Hay palabras que me empachan. Una de ellas es la eficiencia y lo eficiente. Eso de disponer de alguien o de algo, a cualquier precio, para conseguir un efecto determinado, hace tiempo que me repatea. Es un verdadero fastidio este combate de poder contra poder, sin que uno pueda huir de esta deslumbradora obsesión por la competitividad. Acción, fuerza, producción, no entienden de humanidad. No se comprenden. Nosotros mismos somos nuestro peor enemigo. Nadie conoce a nadie. Nadie se casa con nadie. Cada cual va a lo suyo, eso sí del brazo de la eficiencia. La gran aspiración. Me niego a reasignarme a este grupo y a resignarme de esta locura que no reconoce ni respeta la libertad de los que le rodean. Frente a ese mundo acelerado, que no va en el fondo a ninguna parte, dominado por el dios de la autocomplacencia, que la lleva consigo hasta el extremo de enfermar por ser a todas horas eficaz, me gusta más ese otro mundo que no aparca a la familia ni la abandona. A veces no necesitamos ser tan efectivos y sí más afectivos. Casi siempre es más válido. Sobre todo para que acrecentemos otro espíritu más estético. Me parece mucho más interesante cultivar búsquedas, encontrar una respuesta a quiénes somos y por qué vivimos, qué hacemos nosotros y qué quieren hacer con nosotros estos legionarios de la eficiencia, arropados por un sistema productivo esclavo y esclavizante, nada humanizador, que te abandona cuando no le sirves.

El ser humano no vive sólo de eficiencia. También me repele esa calidad de vida que quieren endosarnos, que habla de eficiencia económica por un lado y de consumismo bestial por otro, de arreglitos de cuerpo y goce de la vida aunque nos hipotequemos la propia existencia, obviando las dimensiones más profundas del ser humano. Todo se reduce a pura materialidad y apariencia. Por ello, nos da un cierto respiro saber que el próximo gobierno español no aspira exclusivamente a la eficiencia económica –a tenor de lo que reza en su programa, con el que ha concurrido a las elecciones-, valorando otros devociones, como la de una distribución igualitaria del bienestar y de las oportunidades. Pienso, ciertamente, que por encima del deber de desarrollar de manera eficiente la actividad de producción de los bienes, están las personas. En consecuencia, no me parece nada lícito un crecimiento económico, por muy eficaz que sea, si menoscaba al ser humano o lo excluye. Considero que la expansión de la riqueza es lo único por lo que vale la pena apostar, si quiere de manera fervorosa y eficaz.

Tanto el mundo empresarial como sus directivos no pueden tener en cuenta exclusivamente el objetivo económico de la empresa, los criterios de la renombrada eficiencia económica, las legendarias exigencias del cuidado del capital como conjunto de medios de producción: el respeto hacia los recursos humanos ha de ser también un deber primario. Las personas son algo más que pura eficiencia o patrimonialidad, no son la fuerza bruta, sino la fuerza humana que hay que respetar por principio. Hay que dar valor al trabajo, sobre todo valor humano, empezando por ofrecer una educación despojada de absurdas competitividades, que la eficiencia sea utilizada también para hacer hincapié en la dignidad de todo ser humano y, en la necesidad, de avivar la unidad de la familia humana antes que la mera eficacia productiva. Habría que repensar de modo diferente los lazos de producción. Se buscan cerebros para todo, la persona es lo de menos. La realidad es que uno no deja de asombrarse de la complejidad de los equipamientos y el nutrido grupo de especialistas para todo en un entorno cada vez más exigente, que no le importa dejarse el pellejo con tal de que reciba el bautizo de la eficiencia.

Lo de la eficiencia excesiva es una enfermedad que está a la orden del día. Quizás la actividad laboral debería volver a ser el ámbito en el que el ser humano pueda realizar sus propias facultades, usando toda su capacidad e ingenio personales, pero sin tantas exigencias que embrutecen a la persona. Ahora que se habla del trabajo decente hasta en la sopa, resulta que hay empresas que cuando les dejas de ser eficaz, les importa un pimiento los derechos obreros, la estabilidad familiar, la justicia o la mismísima igualdad de género. Esto pasa por tener solamente como criterios de avance, únicamente la productividad, la libre competencia, la eficiencia, la afirmación de sí mismo, la competencia y el éxito, dejando a un lado a las personas que se han hecho mayores en la empresa u otras con discapacidad que no entran en estos parámetros de avasalladora competitividad.

La cultura de la eficiencia llevada al extremo de tragarse la propia vida de cada uno, porque uno necesita vivir la vida también fuera del engranaje productivo, es un cáncer que avanza. El economicismo de la eficiencia que, luego nos lanza al consumismo por su propio interés, junto a la ideología del pensamiento único que no tiene miramiento alguno hacia la persona, son las grandes lacras actuales. Ahí está el individualismo competitivo insolidario que se promueve con total descaro, nada importa, da igual que atente contra la concepción humanista de la vida y genere violencia. Tenemos el derecho y el deber de recordar a los predicadores de la cultura de la eficiencia que el ser humano es mucho más que una apreciación de utilidad o inutilidad para el trabajo, puesto que hay que ver al trabajo en su relación con el ser humano y con cada persona. Trabajó con el corazón, pensó con la virtud de ser, obró con voluntad de empuje solidario, amó con corazón de obrero; puede ser un buen propósito, desde luego mucho más bienhechor que la cretina eficiencia que vive hoy en algunos altares laborales.

LA IGUALDAD ENTRA EN CARTERA

No pocos aún piensan que la igualdad es un amor imposible. Que no hay poder humano capaz de hacer valer este valor superior que propugnan todos los gobiernos democráticos mediante su ley de leyes. Fue Montesquieu quien dijo además que la democracia debe guardarse de dos excesos: el espíritu de desigualdad, que la conduce a la aristocracia, y el espíritu de igualdad extrema, que la conduce al despotismo. Siglos después también advirtió la dama de hierro inglesa, Margaret Thatcher, que en cuanto se concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él. También hay otra idea aristotélica donde se reafirma que el único estado estable es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley. Ha sido, pues, la igualdad un término declamado, leído, asimilado según modos y maneras, representado en todos los teatros del mundo a lo largo y ancho de la historia. Ahora se nos vende la igualdad como distintivo de un gobierno socialista y entra en cartera ministerial. El reelegido presidente, José Luís Rodríguez Zapatero, aparte de incorporar más mujeres que hombres en su nuevo gabinete, quiere asociar el equilibrio, la equidad, la ponderación, el ajuste, la igualación como llave de su manera de gobernar. La intención nos parece buena y la aplaudimos. Quizás haya motivos para creer. Ya veremos.

Lo cierto es que el Ministerio de igualdad se pone en camino, con toda la carga de trabajo ancestral que ello supone. Por desgracia, abundan situaciones en las que la mujer malvive en relación con el hombre, sino jurídicamente, en condiciones de inferioridad. Esto es un hecho tan real como la vida misma. Por cierto, la nueva cartera ministerial, donde todo está por hacer y para hacerlo ha puesto el presidente del gobierno a la ministra más joven de la democracia, una andaluza en plena forma, con cara angelical y mirada cautivadora, vocacional de la política y criada en las Juventudes Socialistas, bien podría comenzar por hacer que madure por doquier punto cardinal una cultura de la igualdad constructiva e instructiva y extenderla a todos los ciudadanos. Ganaríamos todos en convivencia. Me sumo a ese horizonte, que propugna el programa que la ha elevado a ministra, de una mayor libertad e igualdad, y el de una mayor tolerancia para asegurar el respeto a las libres decisiones de cada cual. Una igualdad que ha de ir implícita al reconocimiento de la diferencia singular y a una pluralizada libertad.

Que entre en cartera la igualdad es para mí una esperanzadora noticia. La gran noticia. La que ha de de potenciar una igualdad en la diversidad. Las crónicas nos dicen que la capitana del nuevo ministerio de igualdad, tiene tras de sí el aval de haber llevado a buen puerto brillantes labores que ha emprendido desde la política. Desde luego este ministerio es para emprendedoras y emprendedores. La hoja de ruta trazada por la Ley Orgánica de Igualdad Efectiva entre mujeres y hombres, puede ser todo lo que se diga, una ley moderna y avanzada, pero si después es incapaz de frenar usos y prácticas de discriminación como puede ser la edad fértil o no de la mujer, el origen racial o étnico, la orientación sexual, las convicciones religiosas, la discapacidad, tiene bien poco sentido haberlo legislado. Hay que poner la ley en práctica, cueste lo que cueste, caiga quien caiga. En suma, que la igualdad hay que hacerla presencia y presente. Pienso que si a la joven ministra, Bibiana Aído, no le es ajeno como dicen el trabajo relacionado con los asuntos sociales y la igualdad, hará lo posible y hasta lo imposible, porque su ministerio no sea un añadido más. Para servidor es el más importante de los Ministerios. Como acertadamente ha dicho: no podemos permitir que nacer hombre o mujer condicione nuestro destino. Buen propósito. Lo ratifico.

La justicia para la mujer como para el hombre, que han de trabajar en complementariedad, requiere que se eliminen todas las formas de explotación, generalmente avivadas por estilo de vida de las clases ricas. Es un acto de justicia requerir igualdad de retribución y de oportunidades para progresar, luchar contra la mayor de las desigualdades que es la extrema pobreza que cohabita en la marginalidad, impartir una educación no discriminatoria, que rompa los actuales estereotipos de género. Si hay que reconocer en el ámbito profesional y educativo la figura del agente de igualdad e incluirla en el catálogo de profesiones, como reza en el programa electoral socialista que le ha llevado a ganar las elecciones últimas, hagámoslo más allá del reconocimiento legal. Confiamos en que la habilidad femenina de Bibiana rompa los cuernos definitivos del renombrado macho ibérico.

Tenemos todas las normas habidas y por haber, no hacen falta más para que la igualdad suba a los altares del diario de la vida, sólo hay que poner empeño en hacerlo de verdad. Únicamente a golpe de decretos no se puede transformar la sociedad. A veces la solución a los problemas de género, no es la discriminación injusta, ni el enfrentamiento hombre-mujer, ni su total autonomía, sino el entendimiento, el respeto, la cooperación, la mutua ayuda y máxime cuando se sabe que existe una base biológica en la que subyace la idea de dos tipos de cerebros humanos. Otra razón más para que la paridad tome vida como cultura y no como decreto. La contra igualdad es también caminar contra natura. Y se camina contra natura cuando no se reconoce y acepta la diversidad natural. Hombre o mujer se es y no sólo se construye socialmente, y por tanto una legislación justa tiene que cuidar mucho en no apoyarse en concepciones antropológicas falsas. En suma, como puede suponer el lector, estoy contento de que la igualdad al fin haya entrado en cartera ministerial, bajos los aires de la juventud femenina, puesto que la savia joven injerta mejor en el árbol de la vida. Veremos si un servicio de Estado como es la justicia cultiva el ser iguales, si el nuevo motor de la sociedad cuenta con los dos cerebros humanos (mujer-hombre), si la igualdad llega a los discapacitados, si la ciudadanía entiende el injerto ministerial de igualdad de trato y no discriminación, si las oportunidades las pintan de igual a igual, si a los excluidos les llega una pizca de igualdad, si el trabajo definitivamente se oferta en igualdad, si los pacientes del Sistema de Salud son todos iguales, si se reducen los desequilibrios sociales para que la igualdad florezca entre el conjunto de los ciudadanos. Quedan todos los ministerios, quedamos todos… en las manos de Bibiana, superministra de Igualdad. ¿Un sueño o una realidad?

CIUDADES SIN DISEÑO

Al parecer, se han puesto manos a la obra los mandamases de la Región de Bruselas-Capital, auxiliados por la Comisión Europea y la Ciudad de Bruselas que están dispuestos a arrimar el hombro, para poner en marcha un ambicioso certamen destinado a definir un nuevo diseño urbano para el barrio europeo. El perímetro afectado por el concurso abarca la zona situada en torno a la rue de la Loi, entre la circunvalación interior y la chaussée d'Etterbeek. Al parecer, con este festival lo que se pretende es ahondar en un estético diseño, donde los espacios poéticos sean algo vivo y nos vivan. Confiamos en que la idea sea exportada. Ellos aspiran a transformar la zona en un distrito ecológico, gobernado por la saludable convivencia, el buen gusto de viviendas y el cultivo de los espacios culturales y de ocio. Yo también quiero ese chupachus.

La verdad que el urbanismo, que les voy a decir de la madre patria, ha perdido la urbanidad. Las urbes son hoy el abismo de la especie humana, el laberinto de la oquedad, el aire sin aire, la soledad monstruosa, el ruido permanente, un entorno sin entidad alguna y con la identidad del sin vivir como sombra, densa de bochornos en la que predominan canículas y calinas, pocos servicios humanos y mucha industria de engorde consumista. Al día de hoy, la ordenación urbana es igual a la suma de los cuadrados de torpeza y desatención que hemos criado, es decir, al cuadrado del primero, la grosería propia de una mala crianza; más el cuadrado del segundo, el desprecio por lo bello, más el doble del doble de necedad, vulgaridad y barbarie que reina por doquier. El Satanás, sin duda, de esta desordenación urbana es que se plantan más urbanizaciones que sentido común.

De esta jungla de ciudad no se libra nadie, incluidas las ciudades patrimonio de la humanidad que, para empezar, aún distan mucho de ser patrimonio accesible en una vociferada cultura sin barreras. Tampoco logran redimir los pecados contaminantes ciudades comprometidas con el desarrollo sostenible y la protección del clima, por mucho que se aglutinen en una red para intercambiar conocimientos y experiencias. Los intereses de don dinero capitalizan el desmadre. No hay política ni político que lo descapitalice al destierro. Y, en verdad, hace falta como el comer un pacto entre caballeros de buen vivir y mejor ética, para que el diseño de las urbes nos armonicen la vida. La utopía es el principio de todo progreso.

 

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