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Cuando
las tardes de estío son esbozadas en los tejados de
la vetusta Palencia, encontramos en una ventana perdido, un
tañer de metal de la fragua de un mundo que se crea,
de un espíritu que se atrapa, de un sueño del
que se despierta. La calle Mayor de Palencia, testigo mudo
del tiempo, recoge en su ser una guarida de un artista, de
un atrapasueños, de un malabarista del espíritu.
Cuando Liceus tuvo el placer de penetrar en ese mundo aparte
dentro del propio mundo, se paró reloj, y comenzó
un emocionante viaje, que gracias a la gentileza de Álvaro
Reja, cual Alicia anfitriona en su país de la las maravillas
nos enseñó los rincones de su alma y las manos
de su espíritu.
Álvaro Reja vio la luz una tarde primaveral y en sus
venas quedó impreso indeleble la huella del artista,
la marca del pintor, la explosión de colores del mundo
que emerge, nuevo, puro; porque como el mismo reconoció
a Liceus, "nació para esto, y de no haber sido
pintor, no podía haber sido otra cosa; debido a que
todos tenemos un fin o mejor dicho un motivo en este mundo
él es eso, simple y llanamente… pintor".
Este "viaje" del cual Liceus es participante privilegiado
nos llevará a ver como espectadores de excepción
lo que el 1 de Octubre de este año los leoneses podrán
"paladear con sus ojos" en una de las mayores y
mas prestigiosas galerías de arte de esta provincia
y de España, la Galería Bernesga.
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Noé
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Fue curioso, al ver su intenso e innumerable currículo,
y su contrastado prestigio con exposiciones importantes en
España (Palencia, Málaga, León, Burgos,
Oviedo) Francia, Portugal (Lisboa), México (México
D. F), Estados Unidos (Nueva York, Beverly Hills, Texas),
Venezuela (Caracas), Italia, Alemania (Colonia), Suiza(Ginebra),
Toronto, Tokio, incluso con notables premios internacionales
con los que cuenta; como él, preso de una inocente
modestia renegaba de cualquier facto curricular que pudiera
ser su carta de presentación, al considerarlo "fuegos
de artificio innecesarios".
Al preguntarle qué pintor contemporáneo destacaría
se nos negó a darnos un nombre claro, aunque su respeto
por Zacarías González quedó latente durante
nuestra conversación ,"de Zacarías González
destacaría su espíritu, el amor con el que trabaja
sus obras, la armonía transmisora de verdad, aunque
he de reconocer que su soledad, su tristeza, su agonía,
no va en la línea de lo que yo quiero transmitir".
Le preguntamos entonces ¿qué es lo que él
transmite?, dudó, he de decir que lo pensó y
nos contestaba "yo hago principalmente, o por lo menos
lo intento, pinto para mí, o mejor dicho hago lo que
me gustaría ver, hago un tipo de pintura que me gustaría
disfrutar … soy un autor que no se queda conforme hasta que
el cuadro tiene una vibración, una energía,
un mensaje, en lo cual yo me conformo y al fin logro que mis
ojos descansen en el cuadro; debido a que yo he pensado siempre
que la pintura es el descanso de la mirada, yo jamás
reposo hasta que el cuadro tiene una total comunicación
conmigo. Durante todos estos años he llegado a la conclusión,
y soy consciente de que muchos críticos no estarán
de acuerdo conmigo, es que en la pintura no se sabe lo que
se quiere decir pero está claro que en todos los cuadros
se quiere decir lo mismo, es como pintar toda la vida el mismo
cuadro, pero con diferentes matices, formas, colores(…)a fin
de cuentas no se puede explicar, por que la pintura no es
el mundo de la literatura, sería como intentar explicar
el amor (…)".
Durante nuestra larga e intensa entrevista y recorriendo
absorto en cuadros grandes y pequeños personajes meditabundos
y soñadores, pude observar como la pintura de Álvaro
Reja no tiene ningún tipo de condicionante teórico,
técnico ni temático, el mismo se califica autodidacta,
y he de afirmar que así es, porque él mismo
no creía que tenía que existir un trasfondo
de intelectualidad en la pintura, un cuadro de Álvaro
Reja debe mirarse y sentirse. Después de todo, le preguntamos
si él se sentía creador, a lo que nos contestó
tajante, "yo no creo en la creación propiamente
dicha, no creo en el autor creativo, todo está inventado,
porque el creador es dios (llámese como se quiera)
y nadie mas(…), lo demás es una caricatura de la realidad,
no se puede crear, se puede recrear la naturaleza. Un ejemplo,
yo disfruto de la naturaleza, de los sentimientos, de las
flores, plasmo el sentir en un cuadro… por eso el sentido
de creatividad quedaría reducido a relativo sentido(…)".
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El tiovivo
Durante nuestra visita, y aunque aparentemente acabado,
el artista supo que le faltaba algo más.
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Cierto es que durante la conversación llegamos al acuerdo
que por llámese sincretismo, llámese contacto,
lo que fuere, la pintura, el arte en general, no tiene acotación
ni delimitaciones, todos beben de los demás y de si mismos,
todos son deudores de los que fueron y de los que han de venir.
De hecho al intentar indagar más allá en su personalidad
pictórica, muy hábil, se declaró influenciado
por todo y por todos, de hecho llegó a afirmar "yo
puedo admirar las pinturas de Altamira y parecerme más
moderna que un Barceló, aunque sé que puede sonar
a sacrilegio (…)". Como todo artista que se precie se mostró
diplomáticamente crítico con los críticos
al afirmar que en muchas ocasiones "inflan" la pintura
al intentar explicarla como literatura, y no se dan cuenta que
la pintura es un lenguaje de sentimientos.
La verdadera pintura de Álvaro Reja está entre
el cuadro y el espectador, no es ni la imagen del cuadro propiamente
dicha, ni siquiera lo que el espectador tiene en la cabeza,
sino que hay una comunicación, una energía entre
el que mira y lo que es admirado, y no hay más explicación.
Al pasar de los minutos le preguntamos, algo que todos los
artistas bajo mi punto de vista se preguntan de alguna manera
en algún momento de su vida, ¿cómo quiere
Álvaro Reja ser recordado, o más bien si dentro
de 100 años alguien viera un Álvaro Reja como
querría ser recordado?, su respuesta fue rotunda, "yo
tengo claro una energía que a mí me atrae, que
busco, anhelo, como fin, aunque suene pretencioso, el arte
debe ser capaz de cambiar a las personas, nos tiene que intentar
hacer mejores (…) a mi me gustaría que algún
día mi pintura fuera recordada como motivadora de un
cambio por pequeño que fuera en el hombre, en uno sólo
me conformo, buscar una energía más refinada,
pura, positiva, porque yo creo en la pintura como belleza
suprema, como el amor, donde todo termina en ello, producir
ese candor en las personas para tratar de conducirlos a la
belleza (…)".
Una cosa que llama poderosamente la atención en la
obra de Álvaro Reja es que en muchas ocasiones sus
protagonistas aunque estén en actitudes activas tienen
los ojos entornados o cerrados propiamente dicho o incluso
no tienen, él afirma que son actos inconscientes, porque
durante toda su vida le ha costado que sus cuadros le mirasen
fijamente, le cuesta que sus obras "le miren", le
hablen, le desafíen, por eso esa actitud melancólica,
somnolienta, viene porque realmente la o las figuras que el
crea miran dentro de sí, se buscan así mismas,
buscan la luz, el interior, sus sentimientos, el no ver la
mirada le hace provocar lo que el denomina el estado de "no
pensamiento", un remanso de paz donde eso sí,
sus ojos pueden descansar plácidamente, sus ojos deben
estar vueltos hacia el alma. En su pintura Álvaro Reja,
reniega de la personalidad, de sus "protagonistas",
no quiere humanizarlos con la imperfección de la personalidad,
sino todo lo contrario, busca que sus caras, sus rostros no
encuentren en el ojo del espectador un referente, una comparación,
sino crear un nuevo filtro, una imagen de ambigüedad
suprema que prenda una nueva llama, una nueva visión.
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| Cristo
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Malagueña |
Homenaje a dos grandes mitos
de la pintura que le apasionan: "El Greco" y
Pablo Picasso. (pincha en la imagen para
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En la misma línea de la argumentación anterior
su pintura se desmarca bajo mi criterio, de ser cualquier
reflejo de la personalidad de su autor, es decir, Álvaro
Reja no es mas que un mero instrumento de la intencionalidad
de su espíritu, de inspiración, o quizás
en última instancia de su creador. Un pintor como Álvaro,
es un canal, un medio, sobre el cual recibir todo aquello
que deja escapar la pintura, no es un medio de manipulación
del artista, sino en este caso el artista es manipulado por
el propio cuadro. Trabajador minucioso y pulcro de sus obras,
Álvaro siempre "navegará" entre varias
pinturas a la vez, meditando, esperando, escuchando lo que
su propia obra quiere decirle, lo que necesita, lo que le
falta, incluso me arriesgaría a decir lo que quiere,
es el propio cuadro el que debe decidir cuando está
acabado, "cuando fuerzo el intentar acabar un cuadro
es imposible hacerlo, no aparece el ángel que debe
tener toda pintura".
Él mismo se reconoce títere de su propio espíritu,
anhelando a veces huir de la complejidad de su alma y su mente,
su arte le ha servido sobre todo para conocerse a sí
mismo y a los que le rodean y esa experiencia quiere trasladarla
a los ojos inquietos de los observadores, del público
en definitiva, que miren al espejo de sus borrosos recuerdos
y recuperen esa tenue e ingenua sonrisa que alguna vez se
escapó de su rostro. Atrapar sueños le motiva,
recrear recuerdos que nunca existieron, hacer posible un arco
iris infinito de perfectos colores, y mirarte, provocarte
y observarte sin ni siquiera hacerlo. La pintura de Álvaro
Reja ,tiene el poder y la magia de robarle al mismo Chronos,
todas las estampas de nuestra vida que caen, poco a poco maduras
del árbol de la vida, esas hojas que cada estío
olvidadas abandonan nuestra mente, por que el hombre pasa,
pero el arte, sus recuerdos permanecen.
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La vendedora de ajos
(pincha en la imagen para verla a mayor tamaño) |
Repudia Álvaro Reja toda aquella pintura que huela a
oro, que sepa a dinero, que sea fatua, repudia el elitismo falso
en el que la pintura a veces se convierte, llegándola
a calificar de "cartón piedra". Se declara
abiertamente admirador de Picasso, porque según él,
Pablo Picasso si capta el alma de las cosas, la esencia, el
ámbar eterno de la existencia, destaca sobre todo en
la época azul y rosa, aún a pesar de afirmar rotundo
que admira toda la tradición cubista.
Otra cuestión que no debía soslayar, era que
tras a pesar "corta vida" y su dilatada carrera,
su obra ha tenido desde un inicio una evolución vertiginosa,
por tanto le inquirimos sobre esta cuestión al preguntarle
¿sobre qué queda del Álvaro de los principios?,
afirma rotundo, "yo creo que es el mismo, lo que ocurre
es que yo como autodidacta he ido evolucionando, perfeccionando,
tengo mas recursos, mi pintura se ha hecho mas rica cromáticamente,
más selecta, mas pulcra, más perfeccionista,
más elaborada en todos los sentidos, pero sin embargo
el espíritu que mantiene la obra es y será siempre
el mismo (…)".
La pintura de este artista huye de cualquier mínimo
convencionalismo comercial, Álvaro es un padre que
presenta encima del tablero de la vida las fichas de sí
mismo y de los demás, sus cuadros, sus piezas, son
tan suyas como de aquellos que las observamos atónitos
cuestionándonos en que momento éste artista
nos desnudó el alma. Álvaro, no es que reniegue
de sí mismo, pero afirma que el cerrar los ojos para
recordar una de sus obras es recordarlas todas a la vez, para
él todas forman un todo indisoluble .
Álvaro, pintor, con mayúsculas, pintor con
espíritu de niño, sin aparente virtuosismo pero
irradiador de genialidad, pintor de almas y no de mentes,
retratista de ese amor que no tiene explicación, llegado
el final del viaje, Álvaro sigue pintando más
allá de tus sueños, de mis sueños, crea
lo más puro, lo mas refinado, la inocencia inconsciente
de intentar ser feliz.
David Fraile Seco
Más
información
en la página web de la Galería Bernesga,
o en la web www.lasectadelosartistas.com.
También en :
- Guía de Arte; Edit. D’Art Plesos
S.L
- Arteguía, Fundación Gómez,
Arte y Ediciones.
- Álvaro Reja, Edit. Borgia Collection
- Pintores del siglo XX, ídem. |
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