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EXPOELEARNING 2009.

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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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RELATOS

Por Ángeles Soriano Sánchez
asoriano@gruposorolla.es
CAFÉ PARAÍSO

No había ruidos, una cálida y suave voz de mujer envolvía la estancia, era música de los años veinte, y sin tiempo te encontrabas en un elegante club en blanco y negro, rodeado de pequeñas mesas, habitadas por parejas, a lo sumo tríos, que comentaban, conversaban, mientras la tenue luz los iluminaba. El foco del escenario seguía las notas de la cantante vestida de negro, sentada en un taburete sin movimiento, para darle ese tono de sosiego necesario a las letras; todo parecía un sueño, la imagen perfecta de vidas pasadas.

El color cálido de las paredes, difuminado por la luz, dulcemente tratada, se desvirtuaba como si de una extensa playa se tratase, solitaria y bella, expectante a ser descubierta, a ser pisada por los pies descalzos del paseante perdido, a ser amada y deseada, reconfortante para el viajero, para el aturdido desconsuelo, a fundirse con el agua, madre el universo.

Las luces del exterior, como pequeños puntos de vida, brillaban intermitente y constantemente, la luna vigilaba el firmamento destelado, todas habían caído a la tierra desprotegida, contemplada desde el café paraíso.

Desde allí, desde el paraíso terrenal, se contemplaban las estrellas, linternas de otras vidas, de otros nombres desconocidos que vivirían paralelamente a la existencia de los elegidos, sin nombre, sin reconocimiento, con vidas elegidas, soñadas, asumidas o condenadas, qué más daba, todos poseían una linterna descolgada.

La voz aterciopelada insistía en notas acordes, acompañada por un saxo en ocasiones; las palabras se mezclaban entre las reales y las irreales, un sentimiento de sosiego les invadía a los náufragos de cada isla, de cada mesa estratégicamente colocada.

El mundo restaba fuera, a través de las ventanas de aquel mirador, desde la altura el mundo parece otro, tan diferente, tan distante que nos podemos permitir soñar que somos alíenos a él, extraños en un club, en un café paraíso donde reconducir la vida, nuestra vida. Fuera del útero maternal, fuera de la ventana, el mundo giraba con miles de seres semejantes, desconocidos, ajenos al momento, pero nada importa si con una voz pudiésemos ser náufragos elegidos.
El mundo quedaba fuera, la vida estaba allí delante de los ojos, delante de las manos.

COMO CADA DÍA

Todo empieza mientras esperas a la entrada de una puerta, en ese mismo instante te das cuenta que existen una gran cantidad de conceptos que entre tú (esa cara que se miro al espejo horas antes) y la mirada de ellos siempre habrá cosas que no serán valoradas por igual, aunque algunos se aproximen a ello claro…
Unos buenos días para llamar a la ventana de cada una de las miradas, y que despierten el sentimiento que han ocultado tras la demanda de la indiferencia…. "y es que…"ser adolescente se ha vuelto muy caro, tan caro que se empeña el alma en ese proceso de socialización del grupo, y en ese camino de iniciación individual que todos hemos vivido... ¡y gracias por sobrevivir!

Ellos intentan ser ellos, adormecidos por las letras de las canciones protesta que les evade de las que tú dices… ¿quizá debiéramos hacer rap con Bécquer?, pero descubres que también hay otras alternativas, que con el rap no llegarías…intuyes que dándoles la palabra descubrirán su voz, pero entonces callan…que extraña época esta que haces lo contrario de lo que piensas…en algún momento escucharon que ser rebelde era ir en contra de las pautas...porque "si hay que hacerlo se hace, pero hacerlo pa na es tontería"…intuyes que debajo de su impulsividad, en algún momento verán la luz de la razón como los ilustrados, que eran unos locos que estudiaban todos los libros que caían en sus manos… "uff, es aburrido"… todo aquello que requiera un silencio, que no tenga una imagen añadida que delimita las metáforas y los colores, no cumple sus expectativas; quieren acción, imagen….empiezas a dudar de la realidad, porque solo desde el desorden se puede mejorar; tienes la extraña sensación que te encuentras en continentes diferentes, y que el puente solo se construye en una dirección (sus miradas están ahí, escuchan, aplicados…la percepción subjetiva, es siempre eso… subjetiva)

Y decides continuar construyendo…buscas, hablas, discutes, preguntas, miras en foros, en revistas de sabios que pisan el aula, de los que no la pisan… ¿qué son ellos?, ¿qué somos nosotros?, ¿y todos?...no hay respuestas…siempre buscando respuestas…hacer lo mismo, siendo diferente, ingenioso, innovador, atractivo, interactivo, haciendo y deshaciendo los sintagmas nominales, las ecuaciones de segundo grado, los sofistas de hace miles de año, las historias de aquellos que vivieron en tierras furtivas, de otras lenguas, de otras culturas tan lejanas, que las aproximaciones nunca serán las vividas…leer a Bécquer en rap aunque sea en la tele; si de alguna forma descubrimos que al final, el objetivo está cumplido…que despierten de su viaje y sobrevivan al trayecto…como cada día.

LA BAILADORA DE TANGOS

En el centro del salón se ubicaba con los ojos cerrados. Su cuerpo estaba cubierto por una gaseosa tela negra, de múltiples formas, según se acoplase a su cuerpo; dibujándolo de forma sensual, mostrando intuitivamente todo aquello, que mostraría solo a los ojos elegidos. Desde el suelo, como florecientes enredaderas engarzándose en sus talones primero, en sus piernas después; subían los cordones que enlazarían sus tacones de aguja, convirtiéndose en zapatos negros de belleza extrema. Sus pechos quedaban perfilados detrás de un corsé entallado, mostrando un escoque discreto y elegante, como toda ella. Era misteriosa y radiante, de melena morena, con agradecidos rizos, que le otorgaban un aire de edad indeterminada. Detrás de esos parpados, se descubrirían unos ojos cálidos y suaves, embrujadores para los mortales que se acercaban a ellos con cierto temor. Ocultaban más de lo que mostraban, invitaban al viajante elegido, a comenzar el viaje de los secretos, revelados en instantes eternos…allí permanecía todavía sin movimiento, con los parpados cerrados, repasando mentalmente cada gesto que mostraría a los otros ojos en instantes posteriores.

Cogió a su pareja, el tango es un baile de dos, que por obra de magia, se transforman en uno sólo. El baile más perfecto y sensual del mundo, un arte misterioso, como se convierte el arte amatorio en determinados momentos. Allí estaba ella, cogida a su pareja, pasando la mano por la espalda, con leves caricias marcaría los giros precisos, en el momento adecuado. Comenzaban los acordes del tango, letras rasgadas que cuentan amores imposibles, ausencias repletas de añoranza, amores correspondidos, deseados, adormecidos por el propio tiempo, que como un bucle rizado, se alargaba eternamente…todas las letras en una sola palabra, miles de historias contadas, por una voz aterciopelada, por voces rasgadas, elegidas con la misma finalidad: conmover a los expectantes observadores, alentar a los desconsolados soñadores.

Con las primera palabras, la bailadora de tangos, deslizaba sus piernas con pausados movimientos, con gestos que transcendían más allá de la música, más allá de las palabras citadas, recitadas de otros…era palabra en movimiento, amor deseante que se fundirá en la mirada, de esos ojos que la observaban, pensando que era única, que era el sol que iluminaba los días desde la distancia.

Giraban a la derecha, giraban a la izquierda, con movimientos geométricos, mientras la voz aterciopelada decía lo lejos de su ausencia, con el tono rasgado cuando el nombre resonaba en la sala, y las notas del arcodeón, se clavaban en el corazón cuales palabras engarzadas en la memoria, y es que todos amamos en los sueños de los demás, en los nuestro mismos, buscamos incansablemente, esa mirada que nos otorgue el ser únicos en un instante sin tiempo.
Enlazaban sus piernas de forma rítmica y geométrica, la perfección del movimiento, se acercaba en instante sublime, la finalización del juego, de las miradas, de los sentimientos aflorados, entregados a la vista de esos ojos que sabia que la observaban, que la amaban desde la distancia, en ese instante cerrando los ojos encontraba la mirada deseada, la amada, quién descubriría los secretos de las palabras en movimiento…Y allí estaba, en el centro del salón, con los ojos cerrados, vestida de negro, con la sonrisa iluminando su rostro. Ella era la bailadora de tangos, de palabras en movimiento.

31 DE DICIEMBRE

Los soñadores viajantes de ilusiones perfiladas, alzan las copas rellenadas, una y otra vez, con las burbujas de las sonrisas amigas, con los deseantes labios que pronuncian las palabras como las caricias. Gestos repetidos, siempre semejantes, pero nunca iguales…rostros que comparten esos segundos, esas mirada que reconocidas son viajeras también. Son el espejo que te mira cada mañana, cada cotidianidad ininterrumpida.

Sonrisas, besos en mejillas conocidas, abrazos, risas, voces alegres que encubren a las tristezas narradas, efímeros segundos que despiertan la ansiedad de las horas previas, pensamientos que repetimos incansablemente cada una de las horas siguiente…suerte, cumplir la cotidianidad que será la seguridad de todos aquellos que nos rodean, descubrir otras miradas, volver a escuchar esas voces que fueron adormecidas por el tiempo, la distancia, por la propia vida…pensamientos que se unen en la distancia, todos somos el reloj que marca esos segundos de un día.

Unos vigilan, atentos a los deseos, observan desde la proximidad las diferentes combinaciones de las mesas, las familias bienvenidas que conversan, las parejas que con las miradas escuchan más que las palabras, mientras preparan las doce grageas mágicas…son el tiempo que ha de llegar a nuestras puertas…los segundos que cantaremos. Los otros miran de reojo a aquellos que a sus espaldas se apostaban para delicadamente otorgarles el festín de sensaciones que les esperaban…en esos mismos instantes familias entre fogones cocinan los manjares, amorosamente creados, para los suyos…la intención es lo que cuenta, estar juntos es lo bueno, entre la sal y el azúcar del café amargo…entre ellos nadie es uno, sino todos…y ellos que miran también sienten las ausencias, serán los otros en otros días, seremos ellos en algún momento, cuando por extrañas circunstancias, nos convirtamos en ausencia, añoranza de los cálidos corazones.

Repasamos los actos, las palabras, los sentimientos que cortaron el alma en dos, que la unieron después con hilos invisibles; las miradas que nos salvaron de la invisibilidad en el parque al atardecer, en ese mismo parque que descubrimos a través de la mirada de otros que nos brindaron su paraíso…las letras que llegaron a la puerta oscura dando la luz que intuíamos detrás del bosque soñado…eran las hadas quienes nos mostraron los caminos, quienes nos ofrecen los segundos para sentir que todo será posible, aunque sea mañana, pero siempre posible…mañana

Y en ese mismo mañana, todos paseamos a la vez entre calles estrechas, ilógicamente trazadas, son la propia vida vivida. Cada paso mantiene la historia aguda, de aquellos que recuerdan guerras, batallas y bandos hermanados… memoria de vencidos, esos que no debieran de ser olvidados… Y recordamos los silencios posteriores, las andazas que dejamos atrás, mirando hacia el horizonte, hacia el futuro siempre, con el mar enfrente, que nos acoge adormeciendo los sentimientos que los duendes acrecientan.

Y todos por los segundos elegidos, deseamos que las diosas propias no nos abandonen, que la posibilidad de mañana sea cierta para conseguir desvirtuar la cotidianidad, naciendo la sorpresa inesperada: La luz que los ojos nos descubre, los propios ojos que miran, la mirada del inocente sabio que rejuvenece al no ser engullido por el tiempo, el tiempo que se detiene frente a ti…y te sonríe…siendo el brillo de esa mirada que la posibilidad te pueda traer mañana…más allá del treinta y uno.

EL SUEÑO DE ÁFRICA

Estaba sentada en una mesa redonda escorada hacia la izquierda de la sala. Una sala amplia la del club social de la ciudad, adornada con guirnaldas de colores, y farolillos de fiesta, en las mesas una vela perfumada que localizaba los lugares como si fueran estrellas de una playa desierta. La música de la orquesta amenizaba la noche, mientras que ella seguía esperando que el camarero le trajera algo refrescante; hacía demasiado calor, como para intentar aceptar la invitación de cualquier joven a bailar. Con la mirada y una misteriosa sonrisa, rechazaba amablemente el baile. Miraba hacia otro tiempo, hacia otra vida quizá paralela, donde solo fuera una joven de diecisiete años, con una aire de misterio insoldable, una sonrisa perfilada que iluminara su rostro, adornado todo con un elegante cuerpo que se dejaba intuir tras el traje de fiesta que tan minuciosamente, las manos expertas habían entallado a su pequeño cuerpo.

En esa mesa que quedaba vacía instantes previos, decidió sentarse para fumarse un cigarrillo que apenas degustaría, estaba cansada para apreciar ese sabor que había descubierto tiempo atrás. Incluso siendo una niña aún, y no era que ya fuera mayor, aunque ella sí se sentía así, y eso era lo que importaba. Miraba hacia el horizonte, sin concretar la vista en ninguna de las personas que esa mañana estaban en el club social, andaban de acá para allá, mientras tomaban un desayuno rápido, mientras tomaban algo que quitara el sabor amargo de los excesos de la noche anterior, intentando organizar los siguientes actos del día, eran las fiestas grandes y no existía el cansancio de uno; el momento era lo importante. Ahí seguía ella, apresada por una cámara en un instante… la vida le daría la oportunidad de encontrar su propio camino después de difíciles senderos. Todo sería imaginado con esa instantánea, tras la mirada del imaginario.

Sonaba la orquesta con música cálida y tranquila, algunas parejas bailaban, otras conversaban de forma animada, era el ambiente conocido, el vivido en las noches de verano. Se acercó un joven quien también sabía que algún día volvería al continente, en algún momento, en algún instante sabía que dejaría todo lo conocido, todo lo que le iba empequeñeciendo para encontrar el aire que le costaba tomar cada día más. En otras ocasiones la hubiera invitado a bailar, tan solo se sentó a su lado y le pidió un cigarrillo para fumar con ella, le había traído una bebida fría. Ella se lo agradeció con una amplia sonrisa y unas sinceras gracias.

Y en ese otro instante, en otro tiempo posible, en esas vidas paralelas que todos tenemos, estaba ella mirando la vida sin ser conciente del segundo consumido, a través de esos ojos de color mar, que siempre se presentaban vivaces, inquietos, ávidos de conocer, saber, aprender, como si fuera a través de ellos que dominara el arte de la escena, la palabra que aprendería a acompañar con gestos de confianza, de pleno convencimiento en aquello que realizaría.

Y era África en el lugar donde se encontraba tras cerrar los ojos de color mar, esos que puede llegar a ser verdes o azules, siendo un descubrimiento el reflejarse en ellos. Y en aquel club perdido en la imaginación se encontraba África, siendo un sueño; en el que ella era una joven mujer que fumaba un cigarrillo, esperando algo inesperado que la rescatase de aquel mirar perdido, necesitaba encontrar el objetivo que en otro momento, congelaba una mirada, un gesto, una sonrisa atemporal, una vida en un instante preciso, vida que seria mostrada entre sonrisas, presentada entre miradas infinitas, como alados dardos que se convierten en puentes… de ahí que las vidas fueran paralelas, de ahí que la mirada de los otros, de los expectantes invitados pudieran soñar con África, con ese sueño donde el tiempo solo fuera un bucle rizado siendo el instante eterno.

LA AMAZONA DEL BOSQUE

Cuenta la leyenda, que en el bosque solitario habitaba una amazona de coraje extremo, instruida en las artes de la batalla, en las tradicionales y en las que el alma se empeña en librar ella sola. De pelo negro, que de las ramas vencidas por el juego parecía tomar su fuerza, de cuerpo robusto, como si de la propia tierra tomara el alimento que los árboles custodiaban centenariamente; de mirada penetrante y cálida, como si de la noche tomara el filo, y de la luz el calor.

De ese bosque emergía su tesón, su constancia que acrecentaba en las batallas asumidas, en las ganadas y en las silenciadas cándidamente. De todas aprendía que aún había un paso más, un lugar más allá del horizonte que mostraba sus ojos, los que intuía al cerrarlos, el corazón que ardía sin encontrar sosiego. Su viaje había emprendido vagando por caminos, intentando encontrar la respuesta jamás formula, la respuesta que no existe, la acallada en las noches oscuras, en las noches sin soles ni lunas. Era una guerrera que podía adormecerse por el viento de los árboles, por la música del agua que cae liberando al olor de la propia tierra, liberando la magia de los viajeros eternos, la lluvia que nos hace menos humanos y más inmortales viajando en sueños, viajando en recuerdos.

Habitando años tras años, redescubriendo parajes insólitos, conquistando nuevos cielos donde mirarse, encontró unas aguas ausentes de mentiras, unas aguas puras de luciente azul cristalino, invitaban a la amazona a sentarse tan solo un instante, y contemplarse como si del mito de Narciso se tratase. Pero no siendo observada, halagada por su extrema belleza, sino tan solo convocada por una voz que desconocía, una voz tierna y suave, dulce que redescubría.

Allí, sentada cerca del río permanecía, mirando y admirando, un rostro que no era el suyo, una mujer que no era ella. Deseaba saber si era de ella esa voz que contaba historias narradas, que imitaba la vida congelada…era la primera vez que no deseaba volver su torso para descubrir al adversario, la primera vez que detenía su paso para reposar el alma de guerrera, ese alma que había emergido en ella desde tiempos inmemorables. Y tan solo miraba, admiraba esa voz, ese rostro que llegaba a pensar que era suyo, que llegaba a creer que eran uno.
Nuestra guerrera temía girarse pero sabía que tenía que hacerlo, sabía que tenia que luchar posiblemente contra aquello que desconocía, aunque solo fuera por instinto, seria otra guerrera. La voz se hizo cuerpo, cuando intento tocar el reflejo en el agua. Situada detrás de ella, le susurro que no tenía armas, que se girase y que quería mirarla. Así lo hizo la amazona blandiendo su espada en la mano, defensiva y atacante como siempre había hecho, como siempre había aprendido desde que la eternidad existía. Yo no sé quien eres, y sé que extraño conjuro ejerces, que de mi reflejo en el agua, tú emerges. Y la voz que se había echo cuerpo, sencillo y tranquilo; mostró sus manos para que se diera cuenta que no tenia más armas que la voz y la palabra, nada más que ella en el reflejo del agua. ¿Qué daño le podía hacer si solo era el reflejo de su ser? No me reconoces aún, tus armas puedes dejar, yo he ido creciendo en tu ser, callada y distante, mientras que encontraras tu verdad, tu fuerza y tranquilidad, soy parte de ti…tú me creas y me liberas con las aguas cristalinas, con la magia que ejerces en este tu bosque, en este universo que agrandas y proteges. Yo también soy parte de esa guerrera, que alientas con la guerra, con los días negros, y los buenos, tan solo mis armas difieren de las tuyas, es la palabra que nos libera de lo que sentimos, pensamos, creemos, y soñamos, con ella vivimos, en los sueños, en los paisajes que recordamos, allí donde quieras estar, estaré con las palabras que aprendiste de mi, mientras reposada permanecías, ahí, dentro de ti estoy porque soy tú.

La guerrera desarmada sentándose en la tierra que amaba, permaneció callada, mientras esa parte de ella se aproximaba, era otro rostro, otra voz, tan semejante, tan diferente, que entendía que era cierto lo que le había contado. Se acercaba cada vez más hasta que la luz de la luna dibujo un solo cuerpo, una sola guerrera, más fuerte, más sabia, más reina de ese bosque, por el cual aún corre, viaja, vigila, siente, vive…siendo todo lo que tus ojos contemplan.

LLUEVE


Parecía extraño, una extraña casualidad que les acompañase cada vez que el destino les daba una tregua, cada vez que la vida era decididamente suya; ella les acompañaba como la eterna viajera. Resultaba divertido pasear por la ciudad; como si de un niño pequeño se tratase, sorteando charcos, pisándolos ávidamente, limando las asperezas de las manos trabajadoras que se dibujaban como propias.
La lluvia era la cicerone perfecta, anfitriona de miradas que levantan caricias; de caricias que son rosas inesperadas, pétalos de labios rendidos a los ojos del otro. Les conducía a través de cristales mojados, de limpiaparabrisas de velocidades lentas, de gorros paseantes sin miradas, de paraguas compartidos, mano con mano, evitando las gotas de agua que son bendecidas por algunas sonrisas.

Encontrar, buscar, objetos que se perfilan como mágicos, como únicos, asignados como tales por propietarios compartidos, regalados, entregados, como presentes de mares privados. Objetos que fueron elegidos como los alentadores de las mañanas de ausencias.
Por aquellas ajenas calles, reconociéndose: miraban, paseaban, admiraban, devoraban con los ojos las situaciones de los otros…ojalá se tuviera la llave del tiempo, para vivirlo todo en el instante preciso, dejando a tras esperas, segundos eternos, días sin sol.

Para todos terminan los días, como guerreros, nos devuelven las ilusiones a las despedidas en andenes compartidos, a gestos reconocidos, a las sonrisas que nos provocan el latido del miedo, de la ausencia, a los brazos que nos reconfortan de ese propio miedo…diferentes nombres, diferentes personas, ciudades, tiempos, historias…pero solo unas pocas palabras salvan del abismo en la añoranza…las pronunciadas por la voz esperada, las expectantes vertidas cual redes, que salvan al alma, y secan lagrimas desconsoladas.

Viajeros que sueñan con el reencuentro antes de la partida, viajeros que son viajantes en el tiempo, rememorando cada instante de ese segundo, que como las viajas películas, se pasa una y otra vez; incorporando nuevos gestos, nuevas palabras, que llegaremos a creer como ciertas, tan solo por la necesidad de creer. Todos viajaremos un día en el tiempo, como hacen los deseos llegando más allá del horizonte, más allá del otro ser.

Paisajes deseantes de ser cotidianos, perfumes y sabores que serán recordados, renombrados nada más que la ausencia sea asumida como tal, a la mañana siguiente, al instante siguiente a la partida, en ese anden compartido. Lo grabarás en tu mente con la banda sonora de canciones que sientes como tuyas, de historias de otros, que semejas a la tuya…en ellas vivirás adormecido en la ausencia, mientras la lluvia no vuelva, mientras los paraguas no te den la oportunidad de sentir, de vivir, de volver al agua como elemento eterno.
Y estarás en tierra, esperando la llegada del pasaje que nos convierta en viajantes…todo seremos viajeros…anónimas voces narradas en off; mientras la lluvia moja los cristales, las calles empedradas, las manos trabajadoras que alientan al corazón del niño perdido en capas de seguridad, en mañanas amargas de adulto que te alejan de la posibilidad…y la lluvia cae en tu mano, el tiempo se detiene…vuelves a pasear en su compañía, por esas calles ajenas, por esa ciudad que descubres con ella.

SIETE SEGUNDOS

Como cada día que la rutina semanal le concedía, se sentaba en la terraza de aquel jardín urbanita, abismo de cemento engullido por la naturaleza, bullicio parapetado de motores incansables, de vidas aceleradas por un reloj de pulsera ceñido al corazón, el tirano placidamente elegido, asumido sin más.

Allí, en ese paraíso entre lo urbano, se sentaba para comenzar a leer el periódico, como si su lectura le fuera a concede una calma más extrema…el silencio de los indefensos, la sirena de los poderosos, la mirada perdida, de quienes miran más allá del mar que los aparta de la ilusión de muerte, la justificación de los que creen en la sin razón, en la fe justificada…el silencio interior, al final era la solución de aquellas mañanas.

Miraba a su alrededor, a través de las gafas de sol, que le daban esa cierta impunidad de quien mira sin querer ser observado, creyéndose que la seguridad de su mirada no era entendida. Jóvenes parejas de semejante edad, tomaban también el café de la media mañana, acompañados por sus hijos pequeños, que desde una distancia prudente, vigilaban; un pequeño grupo de señoras mayores que se reunían para conversar, para planificar la próxima salida al teatro, para averiguar donde podrían viajar en el siguiente invierno…

Era extraño, como se iba creando una cierta familiaridad entre aquellas personas que optaban por esa misma cotidianidad, desde su mesa también solitaria, daba las gracias al camarero por el té que le acababa de dejar en la mesa. Estaba en la que quedaba escorada hacia la derecha, le gustaba porque desde ella podía mirar quien llegaba y salía del jardín, cada vez que levantaba su vista del libro que llevaba consigo. Hacia las once y media solía llegar a la cafetería del jardín, primero lo atravesaba andando, mirando como los árboles se habían rendido a la primavera, llenando el suelo de un manto violáceo…era el tributo a la continuidad. Miraba como los restantes parecían absortos en sus propias vidas, mirando a los pequeños que jugaban en la otra parte, aquellos que leían de forma extrañan el periódico, quienes miraban sin mirar, buscando una mirada que les salvase de la rutina elegida, agradablemente soñada durante la semana; una mirada reconocida que en siete segundos nos llevara donde jamás habíamos estado cerrando los ojos…en las altas montañas, donde el silencio es tan sonoro que rompe el alma, en los mares más profundos de tesoros hundidos por los viajantes míticos, en las serenas noches de besos robados, de deseantes deseos cumplidos en los instantes de otros…en las miradas de los otros que nos reconocen.

Detrás del color azul cerraba los ojos para sentir con más intensidad el sol en su rostro…estaba en otros tiempos, en otras edades remoderando esa misma sensación en rasgados veranos, en futuras visitas a mesas compartidas, donde miraría el libro que leía, donde con una sonrisa, custodiaría la alegría del inocente…a infinitas caricias que alentarían el corazón de quien nos devuelve la mirada…en siete segundo, sentiría el beso robado de la mirada perdida…el frío de aquel que nada en la noche helada, el miedo del que se oculta a pleno día, la locura del ganador, la mentira de quien con su poder traiciona al semejante… una sonrisa se mostraba delante suya…siete segundos para atravesar la noche helada, silenciar las eternas sirenas, dar consuelo al errante viajero…no podía nada más que devolver la sonrisa en compañía de un simple buenos días, mientras se acercaba a esa mesa escorada a la derecha, mientras mantenía su paso hacia la salida…detrás de sus gafas azules reconocía esos ojos que por siete segundos eran los de otros sin nombre.

UN LLUGAR EN MÍ

Los anaranjados despuntaron horas antes, como es posible tanta belleza en tan breve instante. Las sensaciones se plastifican con las imágenes congeladas, con las palabras que relatamos… es nuestra para poder compartirla con la miradas que nos elige.

El tiempo es efímero, todo lo acuna el ritmo constante de las olas, el rumor clamoroso de la mar que de noche grita las canciones de las sirenas…soy Ulises enamorado que no planifica, que no desea ser más humano. Tras los naranjas amarillentos, los turquesas eléctricos, el agua vital que redondea el cuarzo rosado…es tu corazón sagrado lo que me entrego esta mar que nos guía….que nos habla a ti, y a mi, tan solo a nosotros, tan solo en sueños…posee el secreto de la eternidad. Invita a las risas contagiosas, a los movimientos lentos y pausados, a entrar en ella sin pensar, tan solo sintiendo su cálida acogida, eres parte de ella por instantes….memorizamos en cada milímetro de nuestra piel esos instantes con ella. Me entregas el corazón de la llave, es la entrada a un paraíso ilusionante, a la calma que reside en mi, al equilibro esperanzado…serán días de sonrisas próximas, de miradas calladas, de ausencias planificadas…todo llegará la despedida de lo que fue… aprendemos a mirar esperanzados, hacia delante para volver después, en otro momento, en otro instante con la misma mirada de hoy, pero más sabia, más niña…mostrar a las nuevas lo aprendido, los secretos por ella entregados. Será otra vida, vivida más allá de la mía.

Y el viento de septiembre acompaña mi mirada, alisa la arena vivida instantes previos…son pocos los lugares donde queda alguna huella… nada resta somos una transformación constante…esa es la frase que la mar nos susurra…tender puentes que unan los pensamientos con el corazón, los sueños poblados de los versos que de tu boca nacieron…puentes alzados…que bajaremos…pasar, cogiendo la mano si es necesario. Mirar los mismos instantes esperando, deseando en lo más profundo de mí ser encontrar siempre algo que deslumbre mi mirada y alimente mi alma con la calma necesaria. Nada es ajeno a mi persona, todo está dentro de mí, dentro de ti.

Rememoramos con palabras las texturas que tomamos en las manos, esos guijarros que se entrelazaban formando caras graciosas, es la mar que nos sonríe… nos dibujará el camino en el largo invierno…es el final de un trayecto que nunca terminaremos…serán las próximas estaciones como la del verano…es volver a ese lugar que habita en mi…ese mismo que deseo regalarte como la isla donde tu puedas habitar.

Los días sentidos sin imposiciones encorsetadas…recordar siempre esas sensaciones en los minutos que han de llegar; ser libre en tu sonrisa, en la luz que tiñe de rosado el horizonte, en las susurrantes palabras de las piedras que sonríen a tu paso, sentir que todo es propio, que esa mirada surgirá de las aguas para devolverte la sonrisa como la de cada mañana frente al espejo… Cuéntame cada paraje que descubras, cada sensación que intuyas. Son los elementos los que hablan para nosotras…es la mar quien nos acuna como niños adormecidos por un día de juegos

Y es en mi que he de buscarte, es en mí donde he de encontrarte, porque tan solo así podrás hallarme….al otro lado del puente, en el camino que hace tiempo que empezaste.


Ángeles Soriano Sánchez

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