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  Guías culturales

POEMAS


Por Mª del Carmen Mora Naranjo
maika.mon@terra.es

 

DESDE EL SILENCIO

Oigo la tarde achicharrada por los ruidos
del verano, entre un espacio mundano
que se abre a la sagrada calma del día
para albergar inmóvil el silencio del alma.

Acurrucados por las horas desperezadas,
siento al mundo entero dormido bajo la piel.
El corazón, reconocido, prosigue su marcha
olvidada, mientras algún ave
vuela hacia el nido...

Un pueblo, unas calles, un parque
vacío, un cerro pelado…
son parte de un recuerdo
arrinconado en la memoria infantil.

Soledad, tantas veces encontrada
en los caminos del tiempo y entre el calor
añejo.
Escrita en los zarzales, viajera eterna
que me acunó infatigable,
mientras buscaba un patio donde jugar.

Siento, como en aquel momento,
el espíritu abandonado y libre
para tocar las campanas,
para sentarme en los tejados, para correr
los campos
de viñedos y de olivos salteados.

Porque no quiero llorar la tierra,
empaparla con los huesos y las manos
sin coger las flores nuevas, esparcidas
con cariño tierno
sobre su gran manto.

DEL LADO DEL HORIZONTE

De donde la nada suena
y brota la sustancia
gime un pozo de entrañas
de la tierra, desconocido.
Reverdecido saca, con su cuerda
un nombre, que apenas se pronuncia,
y en el silencio, escancia
rumores multiplicados.

Del lado del horizonte, límite
en donde alcanza la vista,
llegan ecos de unas islas
y la gaviota trae mensaje
de buen puerto. Atracan los estigmas
guardados en bodegas, relucientes,
como abalorios de nuevas mercancías.

De allí me vengo
a soñar con verdes prados
en el vergel de mis palmeras,
de allí me traduzco en paraíso
que la noche espera
agasajar con luz de luna
y lazos de estrellas.
Me vengo sola
para trazar
los contornos de mi ser.

De donde la nada trasciende
y se ejercita la calma,
llora un pozo escondido
en los zarzales que el tiempo araña,
reconocido por su nombre de viento
y acariciado con agua de mil lluvias,
las que mi mar enaltece.

LA ESPERANZA DE VOLVER A RENACER

Buscar en el arrebol del día
la nota última
desgranada en un cuadro de nubes
que se deslizan por el silencioso
manto del cielo...
Arrancarles los contornos de los tejados
a los rincones más escondidos
y dibujar siluetas
con los enjambres de un universo poblado
es, para el alma que sueña,
como encontrar en el gran desierto
un pozo con sombra
todavía fresco y con agua.

Callar por un instante
en un encuentro casual,
dominar la prisa que desazona,
la mirada que analiza
y responder al otro, cuerpo a cuerpo
con un ir y venir en danza,
sólo por un momento,
es, como componer un guiño a la vida
que anda malhumorada,
y apacentarla, como a la oveja
en el vergel de un anchuroso campo.

Si te paras cuando llora un ser humano
que apenas has reconocido en un saludo
y te vienes a su encuentro
sólo con tus pies,
cuando le miras lo más hermoso que hay en él
y se lo reconoces con una sonrisa,
cuando sostienes limpiamente su mirada
con gesto comprensivo,
es como si regaras una flor seca
que albergara
la esperanza de volver a renacer.

HABLEMOS DE POESÍA

La poesía
pintura de la imaginación
pincel de la palabra,
música impresa
instrumento mediático.

Carga de tinta
colores de la realidad,
versos en hilo,
emociones melódicas
como impresiones fugitivas.

Escoge libre, creativa
descripciones singulares
hermanadas con cariño,
de amor por lo humano.
Se recrea en detalles.

Descompone la paleta
en tonos simples
o elevadas travesuras,
de la tierra al cielo
se conecta con la vida.

Canta lo cercano,
denuncia lo sombrío,
escrito en estrofas blancas
que riman si lo sienten.
Es arte que mana.

Es profunda, incompleta,
llena de baches,
de estornudos sociales;
recolectora de historias
de verdades que ennoblecen.

Literatura hecha ritmo
sobre formas espaciales
y espaciosos desencuentros,
sonidos de una costumbre
que la mano hizo suyos.

Poeta que enamoras,
ven, susúrrame al oído
canciones de recuerdos
que tu fuente vierte
y que mi alma llora.

SE CUELA UN CONCIERTO

Permíteme que exprese
los acordes nuevos de mi alma,
permite que anude el Siroco,
polvo negro convertido en ventisca,
que un clavicordio me da su clave.

Detrás de esos valles
sombríos, luve un coro de mar,
como una partitura agreste
que viaja con su maestro de cámara
en refrescantes notas de melodía.

Juguetea con un órgano
encaramado a las cumbres,
pentagramas de montañas,
con vaivenes de románticas piezas
y eclesiásticos sonidos.

Lo acuna el tiempo,
que inscribe sinfonías viejas
que remontan al hombre a su origen,
alternancia de embriones
con los que late mi ser.

Vuervo de una sonrisa
apaciguada en cánticos,
agradeciendo el concierto,
para un vendaval de hojas
en este otoño amarillo y rocambolesco.

Las pausas hacen mella,
gravan un mensaje alegórico
con semicorcheas de amor,
compases de cuartos de vida
y diapasones multiformes.

Una carcajada intrínseca
planea fugas en "mi bemol",
tocata de reo solitario
con estribillos cárdenos
y espumos minuetos.

La dicha se acongoja
con esta música barroca
si es media tarde o miércoles,
perpendicular a su fugaz momento
y oblicua al sol.

DE LA VIDA DEL MAR

Dos gotas de agua

gotas de mar y mar jpuesta

sofocado de lluvia,

de grito de aves, la gaviota.

Dos ininitudes a vida,

la arena fina empapada

que se llena y se distancia

en la ruta del oleaje.

Dos pálpitos.

Uno, el corazón del alga

aterciopelada en su negritud de fondo,

navega, con sus idas y venidas

poblada de criaturas y de mares.

Otro, el corazón del náufrago

ancla que vara su cuerpo al fondo

por la ruta de los navegantes

en los sueños libres del hombre

sobre el litoral que anida en sus hombros.

Caracola clandestina

que hace soñar los océanos.

Y de sus huellas, horadada la arena.

Y de su espectro, aquilatado de sal.

Y de su savia, esponjada de hierba marina.

Y de su vientre, cernido con la arena de la costa.

Y de su aire que ¡aspira a serlo todo!.

Salvaje su añoranza comunica,

el rostro en su sonrisa azota,

amanece

respira...

te arrastra mar adentro con sus ondas,

vomita paisajes

les arranca sus ínfimas entrañas.

Desde el puerto al acantilado

su navegar de fría espuma

te deja solo, inmerso

en su sonido aplastante, el rumor.

Ni se detiene a sondearse recogido,

ni se contiene, apretado entre los muros,

él, el agua bravía de mar,

desgasta y pulveriza con sus dedos

la blanca sensación de incertidumbre.

El pájaro gaviota

deja que navegues a su guía

por una gruta constantemente humedecida.

Te llama, y navegas,

las gotas en la cara.

Es cuano la sed se aplaca

y los cabellos bamboleantes vuelan libres

cruzando el horizonte.

ESQUIVECES

Del sueño a la vida rota,

del cántaro fragmentado a la conversación,

del insaciable ser a los desmanes,

del magniciio de las aves marinas

a la perversa sonrisa desmantelada.

De allí me vine conversando

con mueca roída de cansancio,

con un destello reverdecido y claro.

A umar el aire pesado de la marisma ahogada,

la cutre negritud de un mar contaminado,

una orilla empapada con cuerpos inertes.

No estoy sola ni esoy en la maraña

sino empapada de rocío,

el magro estar en la butaca pensante

que me deja tuerta y esquiva de mente.

No lleno el vacío con espacios sonoros

sino con palabras imaginadas libres

vagando por la periferia de mi ser,

constriñendo mis entrañas locas,

impregnando campos que agonizan

roncos pesares, males trágicos y cómicos tal vez,

tragicómico andar por mil senderos

trapicheando y sondeando huecos,

unos a su libre albedrío,

otros cuajados de hierbas frescas,

nidillos que el pasear deja a su albitrio.

Tenaz la maraña

va dejando un claro abierto

a la espera de traslucir su mundo tranqui.

Y así es como llego

a verme libre de cadenas,

hasta que espero silenciosa

a que el murmullo calle.

ILUSTRACIÓN

El clamor se desvanece en la montaña,
vuelve con prisa el sol
a liberar el firmamento,
ya no hay piedad en la lágrima
ni en el estertor de la noche vencida,
las injurias vengaron a los hijos de la nada.
Sus ojos estaban secos, e inexpresivos,
la necesidad se había vuelto común.

El niño ríe joviales ocurrencias,
su perro mueve la cola,
los caminos han brotado de vida
bajo el cielo azul y despejado.
Las dulces bocas cantarán, la buena mesa
servirá de feliz encuentro a los unidos.
Entonces
pájaros y saltamontes crecerán.

DÍA DE FLORES

El escenario me ha cautivado
en un fondo perdido en lontananza
cual grito agudo
que se va haciendo eco y eco.

El niño moreno tenía su sonrisa,
brillaba su rostro curtido por el sol,
soñaba enfundado en su chaqueta negra
a ser el hombre de la casa,
soñaba con las manos en los bolsillos
y bromeaba con la paya
en el puestecillo de las manzanas de caramelo.

Las flores se han vestido de gala
puestas con maestría en sus macetas.
Es su día de fiesta.
Pero el perfume no me conmueve.

Han llegado gitanos de todas partes
para llorar a coro a sus muertos.
Liman sus asperezas
apretujando flores frente a la tumba.

Quizás sea un niño
o una joven de virgo intacto
el que duerme otro sueño distinto,
quizás el querido patriarca.

La vida se conmueve hoy con gracia
llevando belleza al lugar más sombrío.
Hoy los ojos están llenos de nostalgia
y los pasos
se adelantan con sigilo.

LA IMAGEN ANTE EL ESPEJO

Una imagen fundamental
una escucha planteada como costumbre.
Inevitable la nada de la sombra
el perfil que reflejan las aguas,
los mensajes de silencio,
las razones que se vician de tópicos.

Una nueva etapa activa la vida,
la lucha persistente de realidades.
Un nuevo pacto se reitera,
el progreso se solidariza con lo viejo,
con la ambición que le da su rumbo
y el excelente juego de su mente.

Quiere tener su afán en la mirada
durante los años de estancia en el deseo,
experimentar la felicidad sin alcanzar su esencia.

La imagen llena de valores,
como pocos de nosotros,
espejo de martirio, flores secas,
estancia vacía de materia.

BAJO LA ESENCIA CÁLIDA

La sala vacía,
la dulce sala de nata y pasado
guerrea en danzas de músicas
rescatadas de otras épocas.

Asevera el genio que la poesía
es un duende no extraño de melodías.
Asevera la madre que su hijo
dará fruto, aunque le venza la mirada,
aunque el frío apriete...

No está el éxito sombrío de aplausos.
En la antesala, trabajoso
se nutrió del sueño eterno
y fue madurando en voz de instrumentos.

¡Oh artificio peregrino
que se nutrió de humano ser!
En franco despertar nos habló y animó
a la mortecina videncia
que estaba helada.

Un corazón de fuego decidido
se había templado en una fragua
de bosque espeso y tranquilo.
Ahora, su esencia
animará las tardes del invierno
y nos devolverá a la infancia,
cuando sabíamos estar bajo el cielo.

 

CONCIERTO DE ÁTOMOS

Desde que el cielo comenzó su luz temblante
la antorcha quiso desbocarse por el infinito...
Desde que el cielo
el firmamento
razonó que las estrellas brillaran
un único momento cogió al hombre
en la espera
y lo llevó a navegar los océanos,
la inmensidad de su galaxia más remota.

Desde que...
en concierto consigo mismo,
logró zafarse de la marea,
la roca le hizo el silencio más rumoroso
y fue atravesando los confines, y confines
hasta llegar a la nada.

Por eso, desde que las estelas expandieran
sus cuerpos celestes
el boom, fragmentado,
llamó a la alegría de los átomos en danza
y transformó el mismo misterio en lo posible.

Y así, se deshizo en gajos
su primitiva presencia,
olvidándose de sí
para ser de todos,
y traer la paz
conforme las estrellas.

DE ANDAR POR CASA

De aquí para allá, no más
lejos de una iglesia treceañera
de siglos en la escucha, pájaros
que son del árbol partido, árbol
seccionada su rama peluda
no del gato que la vio, la paloma
que ya no anida en su nido
ni en su tronco se esconden cuerpos
que al descubierto son espacio, el prado
añoso ahora tiene ventanas, luz
que se agiganta para darnos paso.
Y respiramos.
De la música a veces recordamos,
de la fe en soledad
cuando éramos niños
y una madre nos llevaba en sus prisas
y un hombre pensó que llegaba el momento
del amor, un amor
que ya nadie quiere dejar
acurrucado sino el niño
que duerme mecido por el traqueteo,
el bebé entre las mantas
la hoja entre la brisa
la sonrisa entre los labios, sorprendida
como el gato al acecho
y el rosario, que no rezamos ante
su portal, la antesala de la vida.
Y de aquí, al dolor
más allá la estampa de lo roto
despreciado por feo, por ajeno,
por ansia de permanecer
en la huida, y en el ritmo
de los que caminamos
de aquí para allá, no más.

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