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EL ARTE EGIPCIO

CONCURSO INVESTIGACIÓN HISTÓRICA DE LICEUS

 

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ÍNDICE

I . EGIPTO 
 

  • Marco Geográfico.
  •  El pueblo egipcio y su historia.
  • Vida y organización del mundo egipcio.
II. FORMAS DE ENTERRAMIENTO: LAS PIRÁMIDES 

III. BIBLIOGRAFÍA

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I. EGIPTO

La civilización egipcia constituye la cultura más rica, creativa y extensa en el tiempo dentro de todo el mundo antiguo del Próximo y Medio Oriente. Sus aportaciones artísticas tuvieron peso e influencia en todas las civilizaciones contemporáneas y posteriores a ella, desempeñando un papel decisivo en la Historia del Arte de la Antigüedad. Por ello, para la debida comprensión de su arte, es conveniente detenerse en tres consideraciones previas que nos lo harán entender mejor, dichas consideraciones son : el marco geográfico en el que se va a desarrollar la civilización egipcia ( condicionante de tantos principios reflejados en su arte), el pueblo asentado en este territorio y su historia ( determinante de sus grandes principios creacionales), y la de la vida y  organización de este pueblo ( configurante de su estética y simbolismos primordiales). 
 

  • MARCO GEOGRÁFICO






Situado en el Nordeste de África, con costa al mar Mediterráneo y atravesado de Sur a Norte por el río Nilo. Egipto presentó dos aspectos geográficos que fueron esenciales en la Antigüedad y que en gran medida, explican su historia, su tipo de vida y su creatividad artística. El primero de ellos fue el del propio Nilo, y el segundo el del aislamiento del país. 

El Nilo, además del consiguiente aporte de agua, confirió a Egipto una riqueza agrícola única en todo el mundo de la Antigüedad, merced a su especial régimen que marcaba las estaciones del año y suponía una ayuda inmensa para el trabajo del campo, pues era el propio río el que regaba, abonaba y preparaba el terreno. Tal régimen fluvial- hoy desaparecido por las modernas canalizaciones y la construcción de la presa de Assuán- marcaba las siguientes fases: durante los meses de junio, julio y agosto transcurría el periodo del <<Nilo Bajo>>, momento de sequía y sol abrasador; en septiembre se levantaba el viento del Norte (proveniente del mar) el nivel del río comienza a subir y con ello a arrastrar los depósitos corrompidos que, durante la sequía, se habían ido acumulando en sus márgenes, este periodo se conoce como del <<Nilo Verde>>, de aguas putrefactas, el momento en que los egipcios habían de utilizar para su consumo las reservas guardadas para esta etapa del año. A lo largo de octubre y noviembre la crecida, aumentaba, el curso era rápido y, eliminadas ya las masas de depósitos corrompidos, su agua se hacía potable; adquiría entonces el río un tono rojizo por el arrastre del limo (producto originado en lo alto de sus márgenes durante el verano y de gran valor como abono), con  lo cual se denominaba el <<Nilo Rojo>>. Ya durante diciembre y enero, la crecida había llegado a su máximo; su curso era rapidísimo, el agua cristalina, y las inundaciones frecuentes; era la estación del <<Nilo Blanco>> o de la <<Gran Crecida>>. Finalmente, a lo largo de febrero, marzo, abril y mayo, las aguas volvían a reducirse a su cauce, las márgenes quedaban libres y fertilizadas para el depósito del limo, entonces el agricultor, con el terreno ya regado, abonado y dispuesto, sólo tenía que sembrar para obtener durante este periodo, denominado <<Nilo Fecundador>>, dos, tres y hasta cuatro cosechas consecutivas. 

Junto a este papel agrícola, el Nilo jugaba otro muy importante, el de servir como vía de comunicación entre las tierras del Sur y las del Norte, con lo cual convertía a unas regiones, en principio de difícil comunicación a causa de sus desiertos, en un país fácilmente transitable por medio del transporte fluvial. 

Pero decíamos antes que otro condicionante geográfico de Egipto fue el de su aislamiento y, en efecto, si observamos un mapa veremos que ,al Oeste, se extiende el profundo desierto de Libia; el Este el desierto arábigo; al Sur queda cerrado por los macizos montañosos de Etiopía y un nuevo desierto, el de Nubia; al Norte, las costas del Mediterráneo... Este factor hizo que la civilización egipcia gozase de continuidad durante siglos, sin interrupciones en su desarrollo por invasiones o acontecimientos perturbadores de otros pueblos. 
 
 

  • EL PUEBLO EGIPCIO Y SU HISTORIA
Desde épocas remotas, oleadas de pueblos de origen camita se afincaron en las tierras del Nilo, atraídos por su fertilidad, comunicabilidad y aislamiento. Primero se organizaron en cantones independientes y luego, mientras en Europa transcurría en Neolítico, se configuraron en dos potentes reinos: el de Butto , al Norte, en torno a las regiones del delta; y el de Nekhen, al Sur, en las zonas del interior. Butto basaba su vida en la agricultura y en el comercio; Nekhen, en la ganadería y las empresas bélicas. Así es como se configuran las llamadas <<Dos Tierras>>: el Alto Egipto, en los abruptos terrenos del Sur y el Bajo Egipto, en las zonas llanas del Norte, en el delta. Ambos estaban gobernados por sus respectivos reyes, cuyos distintivos de poder eran sus grandes coronas o tiaras, roja la de Butto (Bajo Egipto) y blanca la de Nekhen (Alto Egipto). Este es el periodo denominado <<Predinástico>>, que concluye cuando Menes, rey de Butto, unifica ambos reinos bajo su mandato, dando lugar al <<Impero de las Dos Tierras>>, <<Imperio Faraónico>> o <<Época Dinástica>> que se extenderá, de forma ininterrumpida, hasta la conquista de los persas en el siglo VI a.C., y durante el cual el símbolo político lo constituía la unión de las dos coronas, una enorme tiara roja y blanca, en recuerdo y alegoría de los dos antiguos reinos. 

A partir de la unificación de Menes, se desarrolla el Egipto histórico, creador de una inmensa civilización y que, en su largo devenir, se estructura en tres etapas fundamentales: la época del Imperio Antiguo hasta la X Dinastía que concluye hacia el año 2060 a. C.; el momento del Imperio Medio, de la IX a la XVI Dinastía (2060-1580 a.C.); y la magnificente etapa del Imperio Nuevo, de la XVII a la XXV Dinastía (1580- 651 a. C.). Por último, el esplendor final tendrá lugar durante el denominado Imperio Saita (651-525 a. C.), tras el que Egipto pasa a ser conquistado por Persia convirtiéndose en una setrapia (colonia) del Imperio Aqueménide. 
 
 

  • VIDA Y ORGANIZACIÓN DEL MUNDO EGIPCIO
En la forma de vida y en la organización político religiosa del mundo egipcio encontramos todos los datos y todos los <<porqués>> que configuraron su arte, los rasgos fundamentales son : El marcado carácter espiritual del pueblo egipcio y su creencia cosmogónica y la aplicación de esta a su propio régimen político. 

El espiritualismo egipcio arranca, desde los orígenes de su civilización, de un ciego respeto a las fuerzas de la naturaleza. Esto, que en principio puede parecer común a todos los pueblos de la Antigüedad, tuvo una base real en el país del Nilo. Por lo que se ha dicho al hablar de sus límites geográficos habremos comprendido que Egipto es un país de grandes horizontes: enormes extensiones de terreno observaban sus habitantes al Este y al Oeste; zonas montañosas de altas cumbres se elevaban al Sur; en el Norte, la vista se perdía en la inmensidad del mar...Esto traía consigo, como podemos imaginar, la existencia de grandes fenómenos atmosféricos: la presencia constante de un sol rojo y enorme que preside la vida del egipcio; el estallido de impresionantes tormentas de viento y arena, que pueden llegar a sumir a regiones enteras en horas de una oscuridad caliente y trepidante; las sequías de verano, que abren el suelo reseco en una red de zanjas de varios metros de anchura; las tormentas producidas con gran despliegue de rayos y truenos, las inundaciones del Nilo que provocaban el pavor de la población...Pues bien, a tales fenómenos los egipcios les confirieron carácter divino, les dedicaron cultos y vivieron bajo el temor de sus desencadenamientos. Ello fue la causa de que toda su cultura, vida y arte girase siempre en torno al misterio de las fuerzas superiores al hombre, en torno a la divinidad y al “más allá”, con lo que su civilización ostentará como nota primordial un carácter  espiritualista y su arte una creatividad más sublimizada que humanista. 

El otro aspecto a destacar en el mundo egipcio es el de su cosmogonía y la aplicación de ésta a su régimen político. La cosmogonía egipcia ( o creencia sobre el origen del Mundo) era sumamente simple y egocéntrica con relación al resto de la Tierra. Según ella,<<en un principio fue Rha>>(el sol en todo su esplendor); Rha << abrió sus brazos amorosos desde el centro del cielo y abarcó con ellos las Tierras del Río>> (Egipto); <<con su benevolencia y calor nació el país>>. Con tal creencia el egipcio centraba la creación en un portento referido exclusivamente a su país que, por lo tanto, sería divino frente al resto del Mundo, que se hubiese originado, simplemente, por causas naturales. Y el ideograma de esta cosmogonía divina y exclusiva se plasmó a través de la forma de la pirámide: su vértice era el centro del firmamento, el lugar donde se encontraba Rha; sus caras eran los múltiples brazos- rayos del dios que, abriéndose, descendían hacia la base, siendo esta la beneficiaria divina y simbolizando el país de Egipto. 

Tal cosmogonía y tal ideograma se aplicó al régimen político que, por ello, se estableció en forma de pirámide: con Faraón (divino como Rha) en su vértice, desde donde transmitiría sus ordenes que, descendiendo a través de la clase sacerdotal, nobiliaria, escribas y ejército terminarían aplicándose en la base, es decir, en Egipto. 

Estas reflexiones nos harán, pues, comprender la existencia de un ambiente general de gran religiosidad, dada por la creación divina del país, por encontrarse regido por un soberano- dios y por verse sometido a grandes eventos atmosféricos debidos a los dioses. Y como derivación de todo ello, el <<clímax>> de adoración y temor a la tierra y al río ( creaciones de Rha), a las ordenes y dictados recibidos de la superioridad y a los propios fenómenos naturales... Todo esto, plasmado en su arquitectura, escultura y pintura, originará el arte sublimizado y simbólico. 

II.FORMAS DE ENTERRAMIENTO: LAS PIRÁMIDES


El objetivo de los egipcios en este tipo de construcciones era que perdurasen a lo largo de los tiempos, por ello, se realizaba en buena piedra, cortada en sillares rectangulares perfectamente unidos y configurando recios muros levantados sobre cimientos de probada resistencia. La nota primordial de esta arquitectura era el concepto de monumentalidad, con objeto de que lo humano, a su lado, desmereciera y se hiciese invisible, comparando así simbólicamente su pequeñez y desamparo en relación con la grandiosidad y poderío de los dioses y seres eternos a los que estaba destinada. 

La tumbas constituye siempre un conjunto arquitectónico complejo, desmesurado en ocasiones y cuya comprensión se nos oculta de no conocer las creencias funerarias del país del Nilo. Expongámoslas lo más brevemente posible. Para el egipcio, el hombre estaba integrado por tres componentes: el cuerpo (parte material y corruptible), el alma (principio vital que hacia que dicha materia cobrase vida y se moviese) y el espíritu ( soplo inmortal dado por los dioses y que hacía al hombre inteligente y superior al resto de los seres vivos). La muerte sobrevenía cuando dichos tres componentes se separaban; entonces el cuerpo quedaba yerto, sin vida ni movimiento, convertido en simple materia que, de no cuidarla se descompondría y desaparecería; el alma o principio vital, fuera del cuerpo que había movido, quedaba errabunda por la Tierra; y el espíritu subía al firmamento a ser juzgado por Osiris. Llegado a su presencia, se le pesaba en una balanza. En forma de vasija se depositaba en un platillo, ubicándose en el otro una pluma: Osiris, presidiendo el juicio, escuchaba los descargos que leía Thot, el notario de los dioses, mientras Amit, el hipopótamo que esperaba devorar al espíritu si era condenado, aullaba acusando al difunto; Horus, con cabeza de halcón y Anubis, con cabeza de chacal, vigilaban la pesada. Si el resultado de dicho juicio era favorable, el espíritu volvía a la Tierra, buscaba al alma y, juntos, se introducían en el cuerpo que. Así, aunque invisible a los hombres, resucitaba y emprendía el viaje hacia su destino eterno, surcando los cielos en una gran embarcación donde había de llevar toda clase de bienes materiales, pues de todo precisaría en su vida inmortal. 

Naturalmente, esta creencia traía consigo una serie de problemas que habían de resolverse si se quería alcanzar la inmortalidad: el primero lo constituía el propio cuerpo que, si quedaba sin cuidado especial, se pudriría y llegaría a desaparecer. Así, para que se conservase en perfecto estado y pudiese esperar a la llegada del alma y del espíritu, surge la  momificación o embalsamamiento, consistente en extraer las entrañas y untar las cavidades del cuerpo con una especial sustancia denominada <<mûm>>, de donde derivará el nombre de “momia”. Este tratamiento se realizaba en la “Casa de la Muerte”, lugar donde vivían y trabajaban los especialistas embalsamadores que, una vez preparado el cuerpo, lo envolvían en metros de finísima tela, quedando perfectamente amortajado y sin que ninguna parte quedase al descubierto. En tal estado podría esperar el momento de la resurrección. 

Pero, resuelto el problema de la espera del cuerpo, otro obstáculo se presentaba ante el creyente egipcio: el de marcar un lugar donde el alma pudiese esperar al espíritu, sin perderse errando por el Mundo, y, sobre todo, el de habilitar una construcción perdurable donde guardar los tesoros y bienes del difunto para que, cuando resucitase, pudiese llevarlos intactos con él. Problema, este último, muy complejo, pues dichos bienes habrían de estar perfectamente escondidos y a buen recaudo de ladrones. Así es como en Egipto, y junto a la momificación para la conservación del cuerpo, surge la idea de la erección de unas muy complicadas tumbas que sirviesen para contener la momia, albergar el alma y guardar, cual si fuese una caja fuerte, tesoros y bienes que, de tratarse de un gran personaje o de Faraón, podían llegar a ser incalculables. De esta creencia, pues, viene esa complejidad de estructuras que ahora pasamos a ver a través de su evolución histórica. 

Durante el Imperio Antiguo el primer tipo de gran tumba fue la <<Mastaba>>, utilizada por Faraones, nobles y altos funcionarios. Su forma era de pirámide truncada, hecha en piedra y rellena de ripio, pues sólo algunos pequeños espacios de ella quedaban huecos, siendo compactado el resto. Albergaba en su interior una capilla funeraria, a la que se accedía por una puerta desde el exterior, que, una vez hechos los cultos al difunto, se tapiaba con gruesos sillares, al igual que el resto del revestimiento de la mastaba, con lo cual quedaba invisible a los ojos de un posible profanador. Justo en su centro y con entrada desde la parte superior, descendía un pozo que, atravesando el cuerpo de la obra, se adentraba en la tierra, bajo la masa de la construcción, desembocando en una cámara funeraria subterránea que era donde se depositaba el sarcófago y se guardaba el gran ajuar funerario. Se cerraba esta cámara funeraria con una gruesa losa y el pozo que descendía hasta ella era cegado una vez efectuado el sepelio. Algunas masabas tenían, además, próxima a la capilla funeraria, otra camareta, denominada <<serdab>> donde se ubicaba el “doble”, escultura a tamaño natural que simbolizaba al difunto y servía para el apoyo del alma en tanto el espíritu descendía a reunirse con ella. 

A partir de la III Dinastía, el deseo de magnificar aún más las tumbas hará que surja la <<Pirámide Escalonada>>, superposición de mastabas que traerá consigo que las dimensiones aumenten con relación al primer tipo. El gran ejemplo al respecto lo tenemos en la sepultura del Faraón Zoser, estructurada a base de seis mastabas escalonadas con una altura aproximada de 60 m y cuyo significado simbólico fue el de simular la escala que permitiera al Faraón ascender hasta Rha. Su interior encierra un <<serdab>>, con el doble del monarca, y una cámara sepulcral en la infraestructura de la obra, a gran profundidad, donde se colocó la momia y el ajuar funerario. Junto a la masa de la pirámide escalonada se levantaba un templo para los ritos y ofrendas, y todo el conjunto quedaba encerrado por un muro, con lo que quería reproducirse el palacio que este Faraón hubiese tenido en vida en la ciudad de Menfis. 

Con el arribo de la IV Dinastía las proporciones de las tumbas aún se acrecientan más, surgiendo ahora la Pirámide que, hasta finales del Imperio Antiguo será  el enterramiento habitual de los Faraones. La pirámide era el símbolo de la cosmogonía y del régimen político egipcio, por lo que fue considerada como la estructura funeraria más perfecta y adecuada para los divinos soberanos. Las más famosas pirámides se levantaron en Gizeh por Keops, Kefrén y Micerino, Faraones de la IV Dinastía cuyos reinados fueron los más fecundos de todo el Imperio Antiguo. La de mayor tamaño fue la de Keops, que se alza sobre una superficie de 55.611 m2, con un volumen de 2.405.500 m3 , midiendo cada una de sus caras 227 m y están hechas a base de 2.300.000 bloques de piedra, de dos toneladas y media cada uno, con una altura total de 146 m. Justo en su centro se encuentra el <<serdab>>, cobijado por triángulo de descarga y espacios de refuerzo con el fin de que el gran peso de los bloques no venzan su techo; dos pequeñísimos respiraderos los ponen en comunicación con el exterior y de tal forma orientados que por ellos penetrase la luz de determinadas estrellas durante una noche de dos estaciones del año: las del <<Nilo Blanco>> y <<Nilo Fecundador>>, es decir: las épocas de la crecida y de la cosecha, los momentos álgidos del año egipcio: uno (el del <<Nilo Blanco>>) por la peligrosidad de las crecidas y otro (el del <<Nilo Fecundador>>) por ser el momento de recoger las riquezas naturales del país. Así, el alma del Faraón, que se situaba en esta cámara, podría saber de su pueblo en los dos momentos en que más suerte y ayuda divina precisaba. Otra serie de corredores conducían a otros espacios (recientemente se ha descubierto una capilla funeraria situada bajo el <<serdab>>) y, finalmente, una rampa descendente llevaba a la cámara funeraria situada, como en las mastabas y en las pirámides escalonadas, en la infraestructura de la construcción. Todas las galerías y corredores quedaban cerrados y compactados una vez depositada la momia real y el correspondiente ajuar funerario. 

Estas pirámides se complementaban con templos en su base, con una calzada que conducía al Nilo y, en sus orillas, un embarcadero, donde una gran barca pétrea esperaba la resurrección del Faraón para conducirlo junto a Rha. Precisamente, una de las construcciones ajenas a la Pirámide de Keops es la hoy llamada <<Esfinge de Gizeh>>, monumental obra de 20 m de altura, tallada en piedra caliza, con cuerpo de león y cabeza humana. Vulgarmente considerada como la representación del Faraón Keops, no es sino la imagen de Harmakutti, la divinidad que personificaba al sol naciente y, en efecto, todavía hoy, su rostro mutilado, rutila cada amanecer bajo los primeros destellos del astro que simboliza. En su momento servía de templo al aire libre, pues entre las grandes patas leoninas se alzaba un altar en el que, a la salida del sol, se realizaban sacrificios al Faraón Keops en su advocación de Harmakutti o Sol- Naciente. 

A lo largo del Imperio Medio las proporciones de las tumbas se reducen; las pirámides, mucho más pequeñas, se realizan, además, en ladrillo; y las mastabas sólo se utilizan para enterramientos de la clase media acomodada. Para Faraones, grandes sacerdotes y nobles principales surge ahora un nuevo tipo de tumba, el Hipogeo, construcción excavada, totalmente invisible al exterior y, por ello, aún más ilocalizable e inviolable que los modelos que tuviesen obra de superficie. Sus estructuras son muy similares: un angosto corredor adentrándose en el subsuelo, conduce a la capilla funeraria, otro pequeño pasillo, más profundo en el interior de la tierra, desemboca en el <<serdab>> o lugar de reposo del alma ;y una estrecha galería, en lo más hondo de la excavación, termina en la cámara sepulcral, donde se guarda el sarcófago y el gran ajuar funerario. Todos estos pasillos y galerías se tapiaban y compactaban una vez realizado el sepelio. 

Durante el esplendoroso Imperio Nuevo el Hipogeo continúa siendo el tipo más característico de tumba, centrándose ahora su construcción en el Valle de los reyes, al otro lado del Nilo, frente a Tebas, lugar que pasa a sacralizarse y a convertirse en lugar sagrado por excelencia, donde se levantarán múltiples templos y se excavarán enorme número de sepulturas. Estos Hipogeos del Valle de los Reyes únicamente tienen como nota común su configuración en construcción excavada y su estructura en cámaras, pues su organización, en general, no fue tan regular como en el Imperio Medio; en primer lugar porque ahora los faraones darán diferentes distribuciones y número de camaretas según su capricho y necesidad de espacios para la custodia de sus tesoros y pertenencias. 

III. BIBLIOGRAFÍA 

- Historia Universal del Arte. Tomo I. Madrid. Espasa Calpe. 2000.
-Información encontrada en Internet


Trabajo realizado por: José Luís Ruiz Córdoba
I.E.S. La Laguna- Parla (Madrid) 
19 años.