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A las mujeres de la Edad Moderna se las educaba para ser
esposas [1] de su marido o de Cristo [2],
por lo tanto tenían dos opciones: el matrimonio o el
convento [3]. La mujer debía decidirse
a su tiempo por una u otra. Permanecer soltera era raro por
las dificultades económicas que entrañaba para
una mujer el mantenerse y por la mala consideración
social. Las mujeres nobles y de la burguesía aprendían
doctrina cristiana, a leer y escribir, costura y, a veces,
música en su casa, con profesores particulares o con
sus madres, también en internados femeninos o en conventos.
En el siglo XVII hubo damas cultas que escribían y
asistían a academias literarias y a salones nobiliarios
donde eran las jueces del buen gusto, ante la mirada satírica
de algunos autores masculinos como Quevedo, Lope de Vega y
Tirso de Molina en España o Molière en Francia.
Entre las clases privilegiadas era considerado un error
casarse por amor, y es que en la época amor y matrimonio
eran conceptos separados. El matrimonio era un contrato en
el que no intervenían los protagonistas. Eran los padres
los que lo concertaban. La meta de la mujer era conseguir
un buen matrimonio.
¿Quién le mete a una mujer
con Petrarca y Garcilaso,
siendo su Virgilio y Taso
hilar, labrar y coser?
Ayer sus librillos vi,
papeles y escritos varios;
pensé que devocionarios,
y desta suerte leí:
Historia de dos amantes,
sacada de lengua griega;
Rimas, de Lope de Vega,
Galatea, de Cervantes;
el Camoens de Lisboa,
Los pastores de Belén,
Comedias de don Guillén
de Castro, Liras de Ochoa;
Canción que Luis Vélez
dijo
en la academia del duque
de Pastrana; Obras de Luque;
Cartas de don Juan de Arguijo;
Cien sonetos de Liñán,
Obras de Herrera el divino,
el libro del Peregrino
y El pícaro, de Alemán.
Ejemplos de esos mismos libros
que en La dama boba (1613), de Lope de
Vega, critica el padre de Nise a su hija por su
lectura. |
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Las mujeres antes de casarse soñaban con el amor.
Eran ávidas lectoras de los libros de caballerías
donde aparecían caballeros que mueren o enloquecen
por amor (se puede establecer un paralelismo con la “locura”
que padeció don Quijote al leer sus libros de caballerías).
En estos libros también se alababa a la dama, se la
trataba con respeto. Eran, por tanto, lecturas de evasión
donde las mujeres donde las mujeres se hacían una idea
del amor. El amor cortés se desprende de estos libros
de caballerías, donde el caballero, siempre valeroso,
era el héroe de la dama. A veces eran amores platónicos
aunque no siempre. Eran amores que no se consolidaban por
la falta constante de caballeros que partían a combatir.
Estos libros eran criticados tanto por los eclesiásticos
como por los moralistas.
Las herencias puritanas estrictas eran nada más que
expresiones que enmascaraban las travesuras y el romance.
Los folios del juicio de la iglesia enseñaban que en
mucho sexo existía mucho pecado. Pero sólo el
sexo fuera del matrimonio era atacado. Los puritanos disfrutaban
enormemente del sexo dentro del matrimonio y condenaban el
concepto "papista" de la virtud virginal. Casi todos
los puritanos eran tiernos románticos y buenos amantes.
La imagen de ausencia de sexo y corazón de piedra
de los puritanos es falsa. Considerar el siglo XVII como siglo
de puritanos, John Milton con (El Paraíso Perdido)
él era virtuoso, y experimentaba saludables puntos
de vista en el sexo. El demostró puntos de vista idealistas
y románticos acerca del matrimonio. Milton envió
al Parlamento una nota perentoria y moderna de divorcio fácil
("con una manera gentil para limpiar 10.000 lágrimas
fuera de la vida del hombre"). El Paraíso Perdido
de Milton. Perdió proyectos benevolentes en el punto
de vista de Adán y Eva y en el contexto de amor romántico.
Milton rechazaba enteramente los puntos de vista malévolos
de San Agustín acerca de la vida sexual del hombre
y la mujer.
El siglo XVI trató de combinar los ideales del amor
con el sexo normal dentro del matrimonio. El estado de la
mujer mejoró bajo el puritanismo (por ej., la mujer
se podía separar o divorciar por motivo de ser golpeada
por su marido). Leyes de derechos de propiedad y herencias,
la desheredación mejoró. El matrimonio comenzó
a ser un contrato civil. En el siglo XVII los puritanos eran
piadosos y severos, pero también extremadamente sexuales
como románticos. En el siglo XVIII los puritanos desarrollaron
una atmósfera sofocante afectada por los victorianos.
Luis Vives recomendaba que las mujeres no accediesen a este
tipo de lecturas porque fomentaban ensoñaciones eróticas.
El padre Astete las criticaba por lascivas y perniciosas.
Fray Antonio de Guevara decía que el amor cortés
podía realizarse en los palacios renacentistas. Este
autor aconseja a los caballeros que no se enamorasen de las
damas porque le iba a salir muy caro mantener sus caprichos.
Después de un tiempo el juego del amor cortés
podía terminar en odio. El caballero podía elegir
a la dama que servir, la mujer no podía. En pocas ocasiones
este juego terminaba en matrimonio y cuando ocurría
muchas mujeres se sentían desengañadas. Este
amor cortés queda recogido en algunos textos como un
manual redactado en la corte de Germana de Foix llamada Manual
del juego de mandar, en el que la mujer, y solamente
como un juego, podía mandar en cualquier situación
al marido mediante una especie de juego de tarjetas que escogía
el marido.
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| Ejemplos
gráficos del Manual del juego de mandar |
El “chischiveo” según los moralistas procedía
de Italia y consistía en que algunos hombres llevaban
regalos a mujeres casadas y entraban en sus casas, las acompañaban
a la iglesia…
Era el varón el que cortejaba a la mujer. Recibe
otros nombres como bracero, estrecho… Mantiene
un ritual como el del caballero del amor cortés. A
la mujer le encantaba este especie de ritual, pues el hombre
se preocupaba por sus gustos más que sus propios maridos
[4]. Este fenómeno es muy típico
en los reinados de Carlos III y Carlos IV.
Para la mujer era como si llegase a ser mayor de edad, una
especie de emancipación del hogar paterno. Se concertaba
concertaba como un acto jurídico y contractual, era
acordado por los padres de los protagonistas. También
existían matrimonios por amor, pero en muchos casos
esto llevaba al desheredamiento y al abandono de los parientes,
es decir, a la marginación social. El paso de un medio
social a otro estaba muy mal visto, era un deshonor, una afrenta.
La cuestión de la dote era fundamental. Era aportada
por la mujer y variaba según el estatus social de ésta.
La dote se establecía también entre los campesinos.
Los moralistas apostaban por la igualdad en todos los sentidos:
fortuna, decencia, hermosura… La firma de la dote [5],
las arras y el ajuar doméstico eran recogidos en un
documento. El asunto de la dote era fundamental en aquella
época, tanto que en los testamentos de Isabel la Católica
y Carlos V se dejaban algunos maravedíes para dotes
de “doncellas honestas”. La carta de promesa de dote se realizaba
un año antes del matrimonio. A veces se establecía
el pago en plazos. Se hacía ante notario y testigos
y se entregaba parte de ella. Entonces, el marido entregaba
una carta de pago que garantizaba la devolución de
esta cantidad en caso que hubiese matrimonio. La mujer recuperaba
su dote si no había adulterio en la disolución
del matrimonio. Si la mujer moría, la dote pasaba a
sus hijos o al padre, pero también podía recaer
en el marido si así lo decía el testamento.
Las arras son las 13 monedas que entrega al marido, símbolo
de la virginidad y honestidad de la mujer. El marido las administraba
junto a la dote. Si el marido es adúltero las perderá
y su fuese la mujer la adúltera pasan a sus herederos.
La falta de pago de las dotes establecidas causó frecuentes
litigios entre el marido y sus suegros. Aunque en algunos
casos muy puntuales la mujer recibía algo de esa dote:
“Había también quien en el contrato matrimonial
estipulaba la división de sus bienes, dejando una
parte bajo el amparo del Fuero de León y la otra
bajo el de Baylío. Cuando María Sánchez
Bancalero casó en Oliva en 1771, según la
costumbre de la villa, con Juan Moreno Cumplido, le puso
exactamente esta condición: ella "havía
de disponer" a su voluntad de tres de las propiedades
que había aportado a la sociedad conyugal, "sin
que en ellas pudiera adquirir derecho alguno el citado Juan
Moreno ni sus herederos". [6]
Fragmento sacado de: GIL SOTO, Alfonso y
PERIBÁÑEZ GÓMEZ, Rocío; La
aplicación del Fuero del Baylío en la Edad
Moderna Extremeña.
Las tensiones conyugales no eran extrañas. Los motivos
más frecuentes que provocaban estas tensiones eran
la bigamia y el adulterio. Pero las desavenencias conyugales
en muy pocas ocasiones llegaron a la separación. Tras
el divorcio los cónyuges hacían su vida por
separado pero no podían volver a casarse. La bigamia
estaba más extendida en el varón porque tenía
más facilidad para desplazarse con la disculpa del
trabajo. Los bígamos solían alegar en su defensa
lo que el Tribunal del Santo Oficio quería escuchar:
que al marcharse de la ciudad habían perdido el contacto
directo con el cónyuge y posteriormente habían
recibido la noticia de su muerte.
Las penas religiosas se endurecieron a partir del Concilio
de Trento: confiscación de bienes, pena a galeras,
vergüenza pública y hasta el exilio. La situación
de bigamia era denunciada por la familia, vecinos o por el
primer cónyuge.
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Los castigos infligidos
a la mujer
(grabado de los Países Bajos) |
El adulterio era la solución al matrimonio desgraciado.
Esta práctica estaba muy extendida sobre todo entre
las clases altas. Era también una práctica clandestina
y suponía la existencia de dos núcleos familiares.
Hombres y mujeres tenían derecho a pedir el divorcio
por razones de adulterio. Pero el derecho común y real
concedían sólo al marido las armas para acusar
criminalmente a la mujer adúltera. En cambio, se lo
negaba a la mujer “porque verdaderamente no se puede negar
que es más detestable semejante ofensa en la muger
que en el marido de donde se sigue que expresamente dispone
una lei del reino: que la muger no se pueda escusar de responder
la acusación del marido o del esposo, porque diga que
quiere probar que el marido también o el esposo cometió
adulterio” [7].
Los procesos por adulterio no eran graves, no era considerado
un delito importante, era juzgado por un tribunal eclesiástico.
En estos juicios aparecen individuos de todas las procedencias
sociales aunque abundan los nobles y los burócratas.
El castigo era más duro cuantos más años
hubiese durado la relación.
La solución solía ser alejar a la amante y
a sus hijos geográficamente. Con esta medida se evitaba
que estallara el escándalo y que la mujer legítima
se diera por enterada. A veces las mujeres para recuperar
a sus maridos solían acudir a los hechizos. Las amantes
solían provenir de los bajos fondos, se solían
relacionar con hombres solteros o con clérigos. Algunas
mujeres optaron por abandonar su casa, pero otras veces el
marido ultrajado recurría a la violencia.
Este tema está muy tratado en la literatura, sobre
todo por las obras calderonianas. El marido tenía derecho
a matar a la adúltera [8]. Caso aparte
eran los maridos que propiciaban la prostitución de
sus mujeres. Las mujeres abandonadas por sus maridos solían
tener amantes, pues eran un refugio afectivo y económico.
| Matrimonio como reparto de funciones |
OCTAVIO
Eso es engaño;
que yo no trato aquí de las discretas:
d e una casada son partes perfetas
virtud y honestidad.
MISENO
Parir cadaño,
no dijérades mal, si es argumento
de que vos no queréis entendimiento.
OCTAVIO
Está la discreción de una casada
en amar y servir a su marido;
en vivir recogida y recatada,
honesta en el hablar y en el vestido;
en ser de la familia respetada,
en retirar la vista y el oído,
en enseñar los hijos, cuidadosa,
preciada más de limpia que de hermosa.
¿Para qué quiero lo que, bachillera,
la que es propia mujer concetos diga?
Esto de Nise por casar me altera;
lo más, como lo menos, me fatiga.
Resuélvome en dos cosas que quisiera,
pues la virtud es bien que el medio siga:
que Finea supiera más que sabe,
y Nise menos.
En este texto de La Dama
Boba vemos el contraste entre la mujer con
estudios "bachillera" y lo que los protagonistas
llaman la buena mujer y su función. |
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En esa sociedad conyugal los teóricos tienen muy claro
que la mujer debe ocuparse de la casa y el hombre de todas
las cosas de fuera.
Si el matrimonio fallaba se echaba la culpa a la mujer por
dos razones:
- Desobediencia
- Intolerancia
Las mujeres debían cuidar su casa y a sus hijos, en
ningún momento tenían que estar ociosas, independientemente
de su estatus social. Los moralistas quieren que la mujer
esté ocupada en no pensar. Se suele acusar a las mujeres
de clase media-alta de mantenerse desocupadas.
Era muy fácil tener servicio doméstico, no
sólo las clases altas: por dar acogida a alguien pobre
ya se tenía un criado. La costumbre de hilar y tejer
se estaba perdiendo. Las mujeres de la ciudad podían
prescindir hasta de guisar. En las ciudades existían
los llamados bodegoncillo de puntapié, una
tabla donde se vendían productos alimenticios elaborados.
Era un estado muy duro: las mujeres que no tenían
recursos se veían obligadas a invadir el mercado masculino,
es decir, a trabajar fuera de sus casas. Abundaban las tejedoras,
hilanderas, lavanderas. Era en estas ocasiones donde se reunían
muchas mujeres fuera del ámbito familiar y se formaban
solidaridades femeninas. Buscaban apoyos para poder mantener
sus casas. Algunos gremios como el de plateros permitían
trabajar a las mujeres en el puesto de su marido o las ayudaban
económicamente. Pero la mayoría recurrían
al servicio doméstico: son las dueñas que servían
en otros hogares.
Trabajaban en el hogar y fuera de él. La mujer campesina
tenía que trabajar la tierra y realizar diversas labores
como el ordeño, el cuidado de vacas, cerdos… aunque
existen muchas diferencias regionales. Sólo quedaban
excluidas de tareas muy duras o de aquellas que salían
del ámbito privado como la venta ambulante.
Con frecuencia se señala lo poco que aparece la madre
en la literatura y en los escritos de la época. Cuando
lo hace, aparece con un carácter poco afectivo, se
las tacha de celosas, tensas, de disciplina férrea.
Este modelo literario junto con la infanticida es el que más
abunda. Otras veces aparece como rival de su hija. También
nos encontramos con la figura de la madre educadora. Este
es el modelo más afectivo y el que aparece en la pintura.
La maternidad es algo fundamental en la vida de la mujer.
No tener hijos era considerado un castigo de Dios. Luís
Vives decía que la esterilidad no era un crimen, pero
también que es exclusiva de las mujeres. No sólo
se tenía un hijo o dos sino muchos ya que había
que compensar las altas tasas de mortalidad infantil. No se
prestaba demasiada atención a la afectividad sino sólo
a la parte biológica. Los moralistas trasmitían
la imagen de una madre fría y distante.
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| Santa Ana enseñando
leer a la virgen - Murillo |
A las mujeres embarazadas se las trataba muy bien, se les
concedían caprichos en otras ocasiones nada frecuentes,
y es que la maternidad era casi una sentencia de muerte debido
a las dificultades del parto. Una vez que ha dado a luz y
ha salido adelante, la mujer de clase media-alta podía
olvidarse de su hijo entregándoselo a un ama de cría.
Esto era muy criticado por los moralistas. Se pensaba que
el ama de cría mediante la leche trasmitía no
sólo caracteres físicos sino también
morales.
Un ama de cría debía ser sana y virtuosa.
La muerte de los niños se achacaba a los cambios de
ama de cría. Los maridos eran muy tolerantes con la
presencia de estas mujeres. Existía la creencia de
que la mujer que criaba a los hijos envejecía pronto.
Además se decía que las relaciones sexuales
eran perjudiciales mientras se estaba criando a los niños.
Todo esto está recogido en los textos de Fray Luis
de León. Hasta el siglo XIX todas las damas de clase
acomodada tenían amas de cría. Josefa de Amar
y Borbón también da noticias sobre esto. En
general, se recomienda que la nodriza sea sana de corazón,
de buenas costumbres, apacible, casta, sobria y afable. Amar
y Borbón se extiende en esta cuestión y agrega
características importantes a tener en cuenta a la
hora de elegir una nodriza: color de cabello, preferiblemente
castaño o negro, que sean de aliento suave y dientes
blancos, su edad debe estar entre los veinte y los treinta
y cinco años y la leche no debe pasar de cuatro o cinco
meses. Por supuesto, no deja de considerar cuestiones referentes
a las calidades de la leche.
Las amas de cría abundaban en ciudades grandes como
Madrid. Abundan los contratos de nodrizas por meses o por
tiempo indefinido. Las nodrizas de los hospicios eran las
peor pagadas. En las familias acomodadas era frecuente que
el niño fuese enviado a vivir fuera, hasta que tuviese
algunos años a la casa de la nodriza, podemos verlo
como un cierto abandono de los hijos por parte de la madre.
NOTAS:
[1] "[…] Conviene subrayar
que la mujer no fue tomada ni de la cabeza ni
de los pies del varón, para que no se la
considerase como dominadora, si de la cabeza,
o como esclava, si de los pies: Lo fue del medio,
es decir, de la costilla, para que fuese tenida
como socia o compañera […]”. SARANYANA,
J. L.: La discusión medieval sobre
la condición femenina, Universidad
Pontificia, Salamanca 1997, pp. 78. (Volver)
[2] "[…] Es cierto que la
lectura de las fuentes documentales que configuraron
la religión cristiana, principalmente la
Biblia y los escritos de los primeros Padres de
la Iglesia, abundan en textos llenos de afirmaciones
peyorativas sobre las mujeres que fueron asumidas
en gran medida por el pensamiento cristiano que
fue desarrollándose en las universidades
europeas a lo largo de la época medieval,
dando lugar a la filosofía escolástica
cuyo eje central era, indudablemente, el religioso
[…] Pero en la segunda mitad del siglo XIII, la
asimilación cristiana de la segunda irrupción
del pensamiento de Aristóteles y de la
medicina greco-árabe en la universidad
de París producirá un cambio importante.
La mujer va a pasar a ser considerada principalmente
a partir de sus componentes biológicos,
y los presupuestos doctrinales de la misoginia
van a hacerse fuertes. Ahora, junto a los argumentos
de tipo teológico esgrimidos por las órdenes
mendicantes en sus sermones difundiendo el ancestral
miedo a la mujer, empezarán también
a cobrar fuerza los argumentos fundamentados en
la ciencia médica. Aunque es cierto que
dicha misoginia se iba a hacer compatible con
la consideración de una igualdad metafísica
entre todas las almas […]”. BONO GUARDIOLA, María
José: "La Educación Religiosa
de una Mujer Ilustrada", Revista de Historia
Moderna. Anales de la Universidad de Alicante.
Nº21 – 2003, pp. 12, 15. (Volver)
[3] "[…] Muchas hijas o
parientes de conquistadores o de los primeros
colonizadores, que no habían logrado mantener
una buena situación económica, ponían
sus ojos en los conventos como lugares deseables
para refugiarse o retirarse de un mundo en el
que no podían competir con éxito.
La importancia de los matrimonios “iguales” aumentó
a medida que las diferencias entre ricos y pobres,
blancos y no blancos, se acentuaban. Retirarse
a un convento se convertía, entonces, en
una buena alternativa para las doncellas “nobles
pero pobres”, que no podían casarse bien
o que habían quedado en la condición
de huérfanas sin recursos. Rara vez hay
observaciones explícitas acerca de las
alternativas sociales, y las pocas alusiones directas
a la vida conventual como una alternativa al matrimonio
sólo se encuentran en documentos del siglo
XVIII […]”. LAVRIN, Asunción: Religiosas
en ciudades y sociedad en latinoamérica
Colonial, Fondo de Cultura Económica.
1992, pp. 175 - 213. (Volver)
[4] "[…] Era hermosa y no
pobre y siempre que pasaba por allí la
veía en la ventana, que me parecía
estaba con cuidado. Supe quién era y envié
un recado; que yo era de Madrid, que si a su merced
la podía servir en algo, que me lo mandase,
que más obligación tenía
yo, por ser de su tierra, que no otros. Agradeciéndomelo
y dio licencia que la visitase; hícelo
con mucho cumplimiento y regalábala con
frutas de Monreal, que eran las mejores del reino.
De lance en lance tratamos de amor y de matrimonio,
aunque diferente estado el haberle tenido con
un Letrado y Oidor, con fausto, o con un soldado
que no tenía más que cuatro golillas
y doce escudos de paga, aunque era alférez
reformado. Venimos a tratar de veras el casamiento
entre los dos y dije “Señora, yo no podré
sustentar coche ni tantos criados como tiene vuesa
merced, aunque merece mucho más”. Dijo
que no importaba, que se contentaría con
una silla y dos criadas y dos criados. Con lo
cual pedimos licencia al arzobispo para casarnos
en una ermita y nos la dio, que éste se
hizo en secreto, de que le pesó al dique
de Feria cuando lo supo, porque la tenía
por encomendada del duque de Arcos. Estuvimos
casados con mucho gusto más de año
y medio, queriéndonos el uno al otro […]".
CONTRERAS, Alonso de: Vida, nacimiento, padres
y crianza del capitán Alonso de Contreras.
C.1630, Alianza Editorial, Madrid 1967, pp.
116-146. (Volver)
[5] "A medida que progresó
la civilización, los padres ya no querían
aparecer como que vendían a sus hijas y
por lo tanto, aunque seguían aceptando
el precio de adquisición de la novia, iniciaron
la costumbre de dar a la pareja obsequios valiosos
que prácticamente equivalían al
dinero de adquisición. Más adelante,
cuando desapareció la costumbre del pago
por la novia, estos obsequios se volvieron la
dote de la novia.
La idea de la dote consistía en proyectar
una imagen de independencia de la novia, mostrando
un gran adelanto desde los tiempos en que las
esposas eran esclavas, y compañeras que
formaron parte de la propiedad. El hombre no podía
divorciar a su esposa con dote sin restituir la
dote entera. Entre algunas tribus se hacía
un depósito mutuo con los padres del novio
y de la novia, depósito que se perdía
en caso de que uno de ellos abandonara al otro,
en verdad un bono matrimonial. Durante el período
de transición de la época de adquisición
a la de dote, si la esposa era comprada, los hijos
pertenecían al padre; si no, pertenecían
a la familia de la madre". El libro de
Urantia. Escrito 83. "La institución
del matrimonio". Edición 1999. (Volver)
[6] A.H.P.B. Protocolos
notariales, leg. 2308, año 1771, f.
28 y ss. Otra pareja, formada por los jerezanos
Gonzalo Lobo Arjona y Catalina Mejía, celebró
el matrimonio al Fuero de Baylío, pero
aún así, ella se reservó
el derecho de mantener como bienes privativos
los aportados en forma de dote. (A.H.P.B.
Protocolos notariales, leg. 2193, año
1628, s. f.). (Volver)
[7] CÓRDOBA DE LA LLAVE,
R.: Las relaciones extraconyugales, p.
592. (Volver)
[8] "[…] Yo tenía
un amigo que le hubiera fiado el alma; entraba
en mi casa como yo mismo y fue tan ruin que, no
mirando a la gran amistad que había entre
los dos, comenzó a poner los ojos en mi
mujer, que yo tanto amaba y, aunque yo veía
algunas cosas de más cuidado en el hombre
de lo ordinario, no pensé en tal cosa,
hasta que un pajecillo que tenía me dijo
“Señor, ¿en España los parientes
besan a las mujeres de los otros parientes?” Dije
“¿Por qué lo dices?” Respondió
“Porque fulano besa a la señora y le mostró
las ligas”. Dije yo “En España se usa,
que si no, no lo hiciera fulano” —que no
quiero nombrarle por su nombre a ella ni a él—
“pero no lo digas a nadie más; si ves que
o hace otra vez, dímelo para que yo se
lo diga”. El chiquillo me lo dijo otra vez y,
en suma, yo, que no dormía, procuré
andar al descuido con cuidado, hasta que su fortuna
los trajo a que los cogí juntos una mañana
y los maté. Téngalos Dios en el
cielo si en aquel trance se arrepintieron. Las
circunstancias son muchas y esto lo escribo de
mala gana. Sólo diré que de cuanta
hacienda había no tomé un dinero,
más de mis papeles de mis servicios y la
hacienda gozó un hijo del primer marido".
CONTRERAS, Alonso de: Vida, nacimiento, padres
y crianza del capitán Alonso de Contreras.
C.1630, Alianza Editorial, Madrid 1967, pp.
116-146. (Volver)
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| BIBLIOGRAFÍA
(además de la especificada en las notas
a pié de página)
- VEGA, Eulalia de: La mujer en la historia,
Madrid, Anaya, 1992
- ALBA, Víctor: Historia social de
la mujer, Barcelona, Plaza y Janés,
1974.
- Las mujeres medievales y su ámbito
jurídico: actas de las II Jornadas de Investigación
Interdisciplinaria, Seminario de Estudios
de la Mujer, Madrid, Universidad Autónoma
de Madrid, 1983.
- La mujer en la historia de España
(siglos XVI-XX) : actas de las II Jornadas de
Investigación Interdisciplinarias, Seminario
de Estudios de la Mujer, Madrid, Servicio de Publicaciones
de la Universidad Autónoma , 1984.
- DUBY, Georges: El caballero, la mujer y
el cura : el matrimonio en la Francia feudal,
2ª ed, Madrid, Taurus, 1984.
- BOCK, Gisela: La mujer en la historia de
Europa : de la Edad Media a nuestros días,
Barcelona, Crítica, 2001.
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