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La Guerra Cristera (1926-1929) 2/

Una breve perspectiva

Lic. Juan Carlos Esparza R.
Aguascalientes, México.

 

Aunque Porfirio Díaz tenía orígenes liberales y masones, finalmente tuvo que hacer las paces definitivas con la Iglesia católica el 7 de abril de 1880, cuando a causa de la agonía de su esposa Delfina, quien era su sobrina carnal, fue presionado a abjurar de sus pasadas ideologías por el arzobispo Antonio Labastida como condición de administrarle los últimos sacramentos y casarlos en ceremonia religiosa. Delfina murió al día siguiente y fue sepultada en el panteón del Tepeyac: el expediente fue guardado en un archivo secreto de la Mitra.

Durante el Profiriato las actividades religiosas fueron toleradas al punto que entre 1885 se realizaron una serie de congreso católicos inspirados en la nueva filosofía social y laboral de la Iglesia católica dictada por el Papa León XIII en la encíclica Rerum Novarum. Los católicos comenzaron a experimentar una seria división, pues mientras que la cúpula estaba aliada al régimen de Porfirio Díaz, por otra parte se empezaban a consolidar las agrupaciones sociales de oposición, siempre con miras de cambio legales y pacíficas. La Rerum Novarum animaba al regreso de los católicos a la política, pero en el caso de México las condiciones estaban muy lejos de favorecerlo a pesar de que poco a poco se habían fundado sindicatos de inspiración religiosa. Las escuelas católicas que se habían permitido predicaban el odio a cualquier doctrina.

Hacia 1908 fue fundado el Círculo Católico Nacional, agrupación con aspiraciones políticas, antecedente directo del Partido Católico Nacional, creado en 1911 en el que se advierte la influencia del Arzobispo de México José Mora y del Río en la oposición al régimen porfirista. Con ello dio inicio el movimiento del Catolicismo Social.

Figura importante de este movimiento fue el escritor y periodista aguascalentense Eduardo J. Correa, aspa como el joven poeta jerezano Ramón López Velarde. Correa fue un prominente director de la prensa en Aguascalientes, Guadalajara y en la Ciudad de México, donde fue apoyado por el arzobispo Mora y del Río. Otro importante activista fue Carlos Salas, fundador del Círculo Católico de Aguascalientes y de los Caballeros de Colón en el Estado. Mediante la conformación de sindicatos católicos se trataba de contrarrestar la acción de los grupos anarquistas y socialistas que proliferaron en la época, representada principalmente en los trabajadores del ferrocarril. Durante la Revolución, si bien apoyaron a Madero, significaron una fuerte oposición al candidato maderista Alberto Fuentes Dávila.

El Pecado Original.

Madero y los Católicos.

Hacia 1908 Francisco I. Madero, publica un pequeño libro que seria el motor de la Revolución Mexicana: La Sucesión Presidencial en 1910. No deseaba aún el cambio de poder por la vía armada, pero al no ver soluciones viables de alternancia, encabeza al Partido Antirreelieccionista y poco después cambió el discurso pacifista por el beligerante. Los obispos comenzaron a predicar desde el púlpito el llamamiento a la participación electoral, aunque existía una marcada división entre los que apoyaban la continuidad del régimen y los que promovían las actividades de los grupos católicos. A pesar de que Madero predica la renovación de los ideales de liberalismo del 57, los militantes del catolicismo social lo apoyaron, pues es a Ramón López Velarde a quien se atribuye la redacción del Plan de San Luis, en el que se llamaba a las armas para el veinte de noviembre de 1910. 

Paulatinamente se dieron levantamientos principalmente en los estados del norte hasta lograr la renuncia de Díaz a finales de mayo de 1911. Cuando se convocó a elecciones, tanto el Partido Antirrelecionista como el recién fundado Partido Católico Nacional, postularon a Madero para la presidencia, aunque con distintas fórmulas. y aunque  ganó las elecciones por el Partido antirreelecionista, conservó el apoyo a los católicos, quienes por primera vez, desde el triunfo liberal en 1867 estuvieron al margen de la política.

El PCN anunció un programa muy amplio que aceptaba la separación de la Iglesia y el Estado y las libertades de enseñanza, asociación y conciencia en acuerdo con el  catolicismo social, bajo el lema de “Dios, Patria y Libertad”. Así, las elecciones de 1912 le fueron favorables en Jalisco y Zacatecas. En ese mismo año el padre francés Bernardo Bergöend, creó una organización juvenil para contrarrestar la influencia de la YMCA (Young Men Christian Association), institución deportiva protestante. Así nació la ACJM (Asociación Católica de la Juventud Mexicana).

El clero frente a la Contrarrevolución y la Revolución Constitucionalista.

A pesar del apoyo social recibido por Madero, su gobierno se encontraba en peligro mortal desde el origen, pues dejó casi intacta de la estructura anterior del gabinete y ejército porfirista y licenció al ejército revolucionario, que lo llevó al poder. Otras causas de la debilidad de su gobierno fueron el reclamo de Zapata por el incumplimiento de las demandas campesinas y las conspiraciones entre militares sediciosos como Félix Díaz y Victoriano Huerta, quienes junto con  el embajador estadounidense, Henry Lane Wilson, tramaron un golpe de Estado propiciado por el “Pacto de la Embajada” por el que Madero y Pino Suárez fueron apresados y asesinados el 22 de febrero de 1913.

Tras la usurpación de Huerta, el Partido Católico Nacional, se abstuvo de apoyarlo y fue suprimido; no obstante, las actividades de las organizaciones religiosas tuvieron mucho auge; ejemplo de ello es la Consagración Nacional de México al Sagrado Corazón de Jesús en varias poblaciones con manifestaciones masivas.

El asunto más polémico de las relaciones entre la Iglesia y el Estado durante la usurpación huertista es el apoyo económico del alto clero: el arzobispo de México, José de la Mora, consiguió entre los ricos católicos un préstamo de 25 mil pesos, hecho que dio lugar a que se juzgara a la Iglesia como alidada del régimen ilegal de Huerta y que las tropas de Venustiano Carranza, al levantarse en armas atacaran también los templos, principalmente mediante la destrucción de los confesionarios y los santos.

Es importante hacer aclarar que hablar en general del ataque de la Revolución a la Iglesia es una idea equívoca, pues ello se opone la figura del mismo Madero, así como de Zapata y Villa, ya que los soldados del sur llevaban imágenes guadalupanas en sus sombreros y estandartes y reabrieron los templos a su paso; Villa hizo lo propio cuando arrebató del poder de los carrancistas las ciudades de Guadalajara y Morelia y criticó los excesos de profanación de templos y expulsión de sacerdotes y acusaba a Carranza de “destruir la libertad de conciencia y ultrajar los sentimientos religiosos del pueblo”. Los movimientos de Villa y Zapata fueron atractivos para los católicos, incluso el mismo Anacleto Gonzáles Flores, futuro líder ideológico de la Guerra Cristera, se alistó dentro de las filas de general villista Delgadillo, siendo su secretario.

Carranza tenía la mente más puesta en el siglo XIX que en el XX, pues con todo y sus propuestas modernizadoras para el Estado, su postura anticlerical se empató ante las asociaciones obreras y sindicatos, ya que constantemente reprimió sus movimientos a pesar de habérseles dotado previamente de sedes mediante la ocupación de templos. La Constitución de 1917, si bien introdujo al marco legal aspectos tan esenciales para la vida del Estado como lo son la Educación, la Tenencia de la Tierra y el Trabajo, creó insatisfacciones principalmente entre el Clero, pues mientras que la de 1857 sólo separaba los poderes religioso y político, la del 17 los enemistaba.

Las primeras reacciones.

Para muchos católicos los artículos 3, 5, 24, 27 y 130 atacaban las libertades de conciencia, enseñanza, asociación, prensa y propiedad al desconocer la personalidad jurídica de la Iglesia católica y cualquier otra asociación religiosa, y ello oficializó la postura del Episcopado mexicano mediante una protesta firmada por catorce obispos en el exilio en la cuestionaban la validez de la Constitución y las Leyes de Reforma.

Al parecer no hubo repercusiones inmediatas por este escrito que permaneció poco difundido hasta que el Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, lo leyó completo desde el púlpito, lo que motivó protestas en las calles con la respectiva reacción por parte de las autoridades gubernamentales con el cierre de los templos que habían leído la protesta. El gobierno de Jalisco ordenó la aprehensión de Orozco, quien anduvo prófugo en diferentes rancherías hasta que fue hecho prisionero en Lagos de Moreno, Jalisco a mediados de 1818.

Pronto se empezó a aplicar la Constitución y comenzó la expulsión de sacerdotes extranjeros y la restricción del número de autorizados. El clero, alegando que bajo esas condiciones era imposible la impartición del culto, cerró los templos en todo el estado mientras que los jóvenes de la ACJM, extendida ya en varios estados, organizaron un boicot a todos los comercios, en respuesta, se desterró a Orozco a Estados Unidos. Ante la grave situación económica derivada del boicot, las medidas anticlericales fueron suspendidas, y en ausencia de Orozco, la personalidad más importante de la resistencia católica fue el Lic. Anacleto Gónzalez Flores, dirigente del grupo católico La Unión Regional de Jalisco, que más tarde se adhirió a la ACJM.

Carranza, al darse cuenta de la situación producida en Jalisco, llamó al Congreso a modificar la Constitución, pero la mayoría de los legisladores eran ahora los radicales, por lo que el texto quedó intacto, a pesar de ello, aún conservaba influencia entre los gobernadores de los Estados, por lo que tales disposiciones fueron pasadas por alto y los católicos que promovían una intervención por parte de Estados Unidos pronto se replegaron y se unieron a sus correligionarios antiinternvencionistas.

La Iglesia y el Estado durante el gobierno de Obregón.

Ya para 1920, la carrera por la presidencia ponía a los antiguos compañeros de lucha en bandos contrarios, tal fue el caso del alejamiento entre Álvaro Obregón y Carranza por la imposición de Ignacio Bonillas, embajador en Washington, como candidato oficial. Así estalló la rebelión bajo el Plan de Agua Prieta hasta que Carranza cayó muerto en Tlaxcalantongo, Puebla, Adolfo de la Huerta, ex gobernador sonorense asumió la presidencia provisional hasta entregar el poder a su paisano Álvaro Obregón.

El nuevo presidente se propuso centralizar el mando y se apoyó en las organizaciones obreras, campesinas y de masas podían servir de contrapeso al ejército dividido. Desde agosto de 1919 había pactado con la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM). Esta época es la que da inicio al México posrevolucionario en la que la necesidad imperante sería la reconstrucción y la búsqueda de una nacional tras diez años de guerra civil, la llegada de los avances tecnológicos y la negativa del reconocimiento de Estados Unidos condicionada a una solución conveniente de los asuntos del petróleo y los bienes dañados de sus ciudadanos. Se dio inicio también al reparto agrario y a la creación de instituciones financieras.

Obregón intentó conciliar la ruptura entre Iglesia y Estado, y para ello reabrió los templos cerrados entre 1914 y 1919, y ante esta política, los católicos se reagruparon en el Partido Nacional Republicano, dirigido por Rafael Ceniceros Villarreal, ex gobernador católico de Zacatecas en tiempos de Madero, pero no logró gran cosa por las divisiones entre radicales y moderados. Algunos obispos se oponían a la entrega de tierras y a la secularización de los sindicatos, la CROM, ampliaba su influencia y se apoderaba de cada vez más espacios políticos.

“Acejotaemeros” y “Bolcheviques” pronto se enfrentaron en las calles irrumpiendo mutuamente unos en las manifestaciones de otros primero con gritos, luego con la violencia. Los manifestantes de la CROM llegaron a extremos tales como izar una bandera rojinergra en el asta de la catedral de Morelia y hacer estallar una bomba en la residencia del arzobispo de México José Mora y del Río. Pero el más grave atentado, realizado al parecer pon un funcionario menor del gobierno de Obregón, fue la explosión de un cartucho de dinamita escondido en un arreglo floral bajo la imagen de la Virgen de Guadalupe en la Basílica.

Siguieron más conflictos y las diferencias se agudizaron con la bendición de la primera piedra del monumento a Cristo Rey en el Cerro del Cubilete, en Silao, Guanajuato el 11 de enero de 1923. Al evento asistió el delegado apostólico, cardenal Ernesto Filippi. El gobierno de Obregón consideró el acto como un desafío a la Constitución, por lo que procedió a expulsar del país a Filippi con el argumento de que, además de ser extranjero, había oficiado culto fuera del templo. Otro problema lo representó e la celebración del Congreso Nacional Eucarístico en la ciudad de México, considerado ilegal. Se aplicó el artículo 33 constitucional para expulsar a los sacerdotes extranjeros y se destituyó a los funcionarios de gobierno que asistieron al evento.