Esas tierras del rincón
Situación de Aguascalientes al tiempo de la
Cristiada.
En
Aguascalientes el reparto de la tierra fue tardío, pues llegó hasta 1923 a
pesar de haberse estipulado desde la Convención de Aguascalientes de 1914. La
causa era que el gobernador Rafael Arellano Valle, hacendado e hijo de un
gobernador porfirista, siguió protegiendo el latifundio. Después llegó al
poder, apoyado por la CROM, José María Elizalde, agrarista de Tepezalá,
quien aceleró el reparto aunque también su corto gobierno de 10 meses se
distinguió por la violencia anticlerical.
Muchos
campesinos que nada habían tenido se hicieron pronto de algunas parcelas. En
contraste, los hacendados, al perder sus latifundios, organizaron la ofensiva
mediante repentinos fraccionamientos de terrenos, reales y simulados, que
atrajeron las sospechas de las comisiones agrarias y el abastecimiento de
armas para los agraristas por parte del gobierno.
De
esta época data el famosísimo corrido El
Barzón, compuesto por Miguel Muñiz en Viudas de Oriente, hoy Villa Juárez,
en el municipio de Asientos, en el año de 1920. En sus versos se advierte la
situación del campesino durante su pertenencia a la Hacienda y la forma en
que su vida cambia después de acercarse al agrarismo, pero para este tema,
destaca también la denuncia de la manipulación del clero disuadir la
aceptación de las parcelas otorgadas:
Ya no le hagas caso al padre
Quítate ya de ejercicios
Novenas y confesiones
Que no ves a los muchachos
Que ya andan hasta sin calzones
Yo ya no tengo vestido
Ni tu tienes pantalones…
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Que vaya el patrón al cuerno
Cómo estuviéramos de hambre
Si te has seguido creyendo
De lo que te decía el cura
De las penas del infierno
Viva Dios en las alturas
Y aquí en la Tierra el gobierno
Hay que seguir bien la pista
Yo les digo a mis amigos
No hay como ser agrarista.
Se me reventó el barzón
Y siempre seguí sembrando.
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Uno
de los aspectos de la Guerra Cristera que ha sido poco tocado es precisamente
la relación entre los curas de hacienda y los grandes propietarios, pues
mientras que el reparto de la tierra era visto por los agraristas como una
conquista social y sintieron la guerra como propia por defender su tierra,
para otros significaba un robo: sobre esta asunto era común escuchar desde
los púlpitos sermones en contra del reparto.
Así,
en todo el país las familias quedaron divididas, unos por el cierre de
cultos, otros por la entrega de parcelas, pero todos católicos al fin y al
cabo. Las principales movilizaciones de agraristas para la guerra tuvieron
lugar en San Luis Potosí, por la influencia del general y cacique Saturnino
Cedillo.
Asociaciones civiles en Aguascalientes.
Como
en todas partes, la participación del pueblo se dio tanto en el ámbito rural
como en el urbano, y en este se pueden apreciar también diferentes matices.
Desde el ataque los cismáticos al templo de San Marcos, los católicos se
mantuvieron alerta y organizados, así pues, nace en mayo de 1926 la Unión
Popular de Aguascalientes (UPA), fundada por Juan B. Codina y que funcionaba
como una delegación regional de la Liga Nacional de la Defensa de la Libertad
Religiosa.
La
dependencia de la UPA a la Liga no significaba sumisión, pues aquella siempre
hizo patentes sus diferencias, en especial contra el boicot. La UPA también
mantuvo contacto con la ACJM, de la que obtuvo los medios para editar su
propaganda, impresa clandestinamente en las casas de sus miembros. Además de
la propaganda, la UPA contaba con una Comisión de Culto, encargada de
proporcionar los servicios religiosos en los hogares, y quien comandaba estas
acciones era la Señora Dolores Collazo, en calidad de Jefa General.
Los
hombres solteros pertenecían a la ACJM y los casados a los Caballeros de Colón.
Esta asociación fue vista por el gobierno como los autores intelectuales del
boicot y por ello fueron perseguidos, sin embargo, su actividad continuó en
la clandestinidad, pues existían dos grupos hermanados: el Agustín de
Iturbide en Aguascalientes, dirigido por Demetrio Rizo y otro en Encarnación
de Díaz, Jalisco, por Jesús
Alba.
Quienes
apoyaron en Aguascalientes la causa de los cristeros mediante el acopio de
armas, comida y dinero, así como curación y escondite, provenían de un
extracto humilde, pues en su mayoría eran obreros y costureras, algunas de
ellas pertenecientes a la UPA, de ellas destacan las señoras Otilia del
Socorro López Jiménez, quien actuaba bajo el seudónimo de Rosa Lara, cuya
aportación fue tan grande que a ella acudió Victoriano Ramírez “El
Catorce” y José Velasco, el jefe del movimiento en Aguascalientes. Otra
importante protectora de los combatientes fue Josefa López Velarde, quien
nunca manejó armas, pero prestó su hogar para la protección de cristeros y
sacerdotes. Ambas fueron capturadas hacia 1929.
Entre
los hombres se cuenta a Petronilo Juárez, obrero del sindicato católico León
XIII, quien se dedicaba a conseguir armas y municiones y fue aprendido por un
soldado con el que intentó negociar la venta de parque. También cayó preso
su amigo Jesús Pedroza por el robo de parque el los talleres del Ferrocarril.
Los cristeros en Aguascalientes.
En
Aguascalientes los primeros en tomar las armas fueron los campesinos del
municipio de Calvillo, y más adelantes siguieron los brotes en San José de
Gracia y Jesús María. Entre los principales jefes pueden nombrarse a
Norberto López, Pedro Flores, Zenón Bárcenas, Lucas Díaz, Juan de la Cruz,
Enrique Nieto, Inés Rojas y Anatolio Martínez, aunque la figura principal
fue José Velasco Delgado.
Nacido
en 1902, según algunos en Piedras Chinas aunque hay quien señala que fue en
Chiquihuitero, municipio de Calvillo. Entró a trabajar como caporal a la
hacienda de La Cantera. Con el estallido de la guerra, decide levantarse en
armas en Calvillo junto con su hermano Antonio, Norberto López y otros más
la madrugada del 11 de noviembre de 1926; para la navidad Velasco asaltó la
oficina de correos y se enviaron tropas federales a combatirlo, pero al ser
sorprendidas tuvieron que refugiarse en el interior del Palacio Municipal
hasta el cese del fuego. Como se ha visto, los cristeros nunca pudieron
retener una plaza por mucho tiempo y también los federales eran reforzados
constantemente. Así, Calvillo padeció un verdadero estado de sitio, pues se
sabía de la simpatía del pueblo hacia los alzados.
Velasco
se apoderaba de la correspondencia para localizar los partes militares así
como otras informaciones de utilidad; frecuentemente eran asaltados los
mensajeros pero se les extendía una constancia del percance para no
perjudicarlos. Hubo victorias en Calvillito, Bahía de Rangel y Cieneguilla, y
poco a poco los ataques se extendieron a esas regiones vecinas de Jalisco y
Zacatecas, como Teocaltiche, Villa Hidalgo, Encarnación de Díaz, Jalpa,
Juchipila y Tabasco. En la capital se libraron combates en las afueras, cerca
de la Fundición. Una ocasión robó en pleno día 100 caballos del ejército
federal, paseaba por San Marcos y comía en el Mercado Terán, de donde obtenía
información de los soldados al hacerse pasar por un comensal.
En
San José de Gracia, donde el presidente municipal simpatizaba con los
cristeros también hubo importantes incursiones, y que muchas veces estas
regiones quedaban aisladas del control del gobierno. En aquel municipio
interfirieron constantemente con la construcción de la Presa Plutarco Elías
Calles. Algunos de los combates más famosos fueron el de La Labor, en
Calvillo y el de Santa Rosa, en Rincón de Romos y El Epazote, en Asientos.
Para
1927 la violencia en todo el país se incrementaba, y la Secretaría de guerra
y Marina decidió enviar al
General Genovevo de la O para pacificar la región y más adelante fue
sustituido por Maximino Ávila Camacho. Así comenzó la instrucción militar
de los agraristas y la formación de las defensas rurales. También se
incrementó la actividad en la región oriente del estado, principalmente en
El Llano, Viudas de Oriente (Villa Juárez) y Real de Asientos, con su lógica
expansión hacia los poblados zacatecanos de La Monteza y Los Campos.
Los
principales líderes de las defensas rurales que combatieron a los cristeros
fueron los hermanos Teodoro y Epifanio Olivares Calzada y Telésforo Colis en
Pabellón, Antonio y Martín Ventura en San José de Gracia, José Delgado en
El Llano, Jesús Marmolejo y Rafael Reyes en Viudas de Oriente, entre muchos
otros. La razón por la que no existieron agraristas en Calvillo era la
inexistencia de grandes propiedades y por tanto de reparto alguno.
La
Semana Santa de 1928 fue interrumpida por un hecho sin precedente en el
Estado. Once cristeros fueron sorprendidos por el ejército mientras dormían
y se les ahorcó en el acto, pero también fueron descuartizados y sus restos
exhibidos como escarmiento en el atrio de la parroquia de Calvillo. En ese
mismo año las operaciones cristeras en Aguascalientes se integran al mando
supremo de Enrique Gorostieta.

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