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La Guerra Cristera (1926-1929) 5/

Una breve perspectiva

Lic. Juan Carlos Esparza R.
Aguascalientes, México.

 

Esas tierras del rincón

Situación de Aguascalientes al tiempo de la Cristiada.

En Aguascalientes el reparto de la tierra fue tardío, pues llegó hasta 1923 a pesar de haberse estipulado desde la Convención de Aguascalientes de 1914. La causa era que el gobernador Rafael Arellano Valle, hacendado e hijo de un gobernador porfirista, siguió protegiendo el latifundio. Después llegó al poder, apoyado por la CROM, José María Elizalde, agrarista de Tepezalá, quien aceleró el reparto aunque también su corto gobierno de 10 meses se distinguió por la violencia anticlerical.

Muchos campesinos que nada habían tenido se hicieron pronto de algunas parcelas. En contraste, los hacendados, al perder sus latifundios, organizaron la ofensiva mediante repentinos fraccionamientos de terrenos, reales y simulados, que atrajeron las sospechas de las comisiones agrarias y el abastecimiento de armas para los agraristas por parte del gobierno.

De esta época data el famosísimo corrido El Barzón, compuesto por Miguel Muñiz en Viudas de Oriente, hoy Villa Juárez, en el municipio de Asientos, en el año de 1920. En sus versos se advierte la situación del campesino durante su pertenencia a la Hacienda y la forma en que su vida cambia después de acercarse al agrarismo, pero para este tema, destaca también la denuncia de la manipulación del clero disuadir la aceptación de las parcelas otorgadas:


Ya no le hagas caso al padre

Quítate ya de ejercicios

Novenas y confesiones

Que no ves a los muchachos

Que ya andan hasta sin calzones

Yo ya no tengo vestido

Ni tu tienes pantalones…

 

Que vaya el patrón al cuerno

Cómo estuviéramos de hambre

Si te has seguido creyendo

De lo que  te decía el cura

De las penas del infierno

Viva Dios en las alturas

Y aquí en la Tierra el gobierno

Hay que seguir bien la pista

Yo les digo a mis amigos

No hay como ser agrarista.

Se me reventó el barzón

Y siempre seguí sembrando.

Uno de los aspectos de la Guerra Cristera que ha sido poco tocado es precisamente la relación entre los curas de hacienda y los grandes propietarios, pues mientras que el reparto de la tierra era visto por los agraristas como una conquista social y sintieron la guerra como propia por defender su tierra, para otros significaba un robo: sobre esta asunto era común escuchar desde los púlpitos sermones en contra del reparto.

Así, en todo el país las familias quedaron divididas, unos por el cierre de cultos, otros por la entrega de parcelas, pero todos católicos al fin y al cabo. Las principales movilizaciones de agraristas para la guerra tuvieron lugar en San Luis Potosí, por la influencia del general y cacique Saturnino Cedillo.

Asociaciones civiles en Aguascalientes.

Como en todas partes, la participación del pueblo se dio tanto en el ámbito rural como en el urbano, y en este se pueden apreciar también diferentes matices. Desde el ataque los cismáticos al templo de San Marcos, los católicos se mantuvieron alerta y organizados, así pues, nace en mayo de 1926 la Unión Popular de Aguascalientes (UPA), fundada por Juan B. Codina y que funcionaba como una delegación regional de la Liga Nacional de la Defensa de la Libertad Religiosa.

La dependencia de la UPA a la Liga no significaba sumisión, pues aquella siempre hizo patentes sus diferencias, en especial contra el boicot. La UPA también mantuvo contacto con la ACJM, de la que obtuvo los medios para editar su propaganda, impresa clandestinamente en las casas de sus miembros. Además de la propaganda, la UPA contaba con una Comisión de Culto, encargada de proporcionar los servicios religiosos en los hogares, y quien comandaba estas acciones era la Señora Dolores Collazo, en calidad de Jefa General.

Los hombres solteros pertenecían a la ACJM y los casados a los Caballeros de Colón. Esta asociación fue vista por el gobierno como los autores intelectuales del boicot y por ello fueron perseguidos, sin embargo, su actividad continuó en la clandestinidad, pues existían dos grupos hermanados: el Agustín de Iturbide en Aguascalientes, dirigido por Demetrio Rizo y otro en Encarnación de Díaz, Jalisco, por  Jesús Alba.

Quienes apoyaron en Aguascalientes la causa de los cristeros mediante el acopio de armas, comida y dinero, así como curación y escondite, provenían de un extracto humilde, pues en su mayoría eran obreros y costureras, algunas de ellas pertenecientes a la UPA, de ellas destacan las señoras Otilia del Socorro López Jiménez, quien actuaba bajo el seudónimo de Rosa Lara, cuya aportación fue tan grande que a ella acudió Victoriano Ramírez “El Catorce” y José Velasco, el jefe del movimiento en Aguascalientes. Otra importante protectora de los combatientes fue Josefa López Velarde, quien nunca manejó armas, pero prestó su hogar para la protección de cristeros y sacerdotes. Ambas fueron capturadas hacia 1929.

Entre los hombres se cuenta a Petronilo Juárez, obrero del sindicato católico León XIII, quien se dedicaba a conseguir armas y municiones y fue aprendido por un soldado con el que intentó negociar la venta de parque. También cayó preso su amigo Jesús Pedroza por el robo de parque el los talleres del Ferrocarril.

Los cristeros en Aguascalientes.

En Aguascalientes los primeros en tomar las armas fueron los campesinos del municipio de Calvillo, y más adelantes siguieron los brotes en San José de Gracia y Jesús María. Entre los principales jefes pueden nombrarse a Norberto López, Pedro Flores, Zenón Bárcenas, Lucas Díaz, Juan de la Cruz, Enrique Nieto, Inés Rojas y Anatolio Martínez, aunque la figura principal fue José Velasco Delgado.

Nacido en 1902, según algunos en Piedras Chinas aunque hay quien señala que fue en Chiquihuitero, municipio de Calvillo. Entró a trabajar como caporal a la hacienda de La Cantera. Con el estallido de la guerra, decide levantarse en armas en Calvillo junto con su hermano Antonio, Norberto López y otros más la madrugada del 11 de noviembre de 1926; para la navidad Velasco asaltó la oficina de correos y se enviaron tropas federales a combatirlo, pero al ser sorprendidas tuvieron que refugiarse en el interior del Palacio Municipal hasta el cese del fuego. Como se ha visto, los cristeros nunca pudieron retener una plaza por mucho tiempo y también los federales eran reforzados constantemente. Así, Calvillo padeció un verdadero estado de sitio, pues se sabía de la simpatía del pueblo hacia los alzados.

Velasco se apoderaba de la correspondencia para localizar los partes militares así como otras informaciones de utilidad; frecuentemente eran asaltados los mensajeros pero se les extendía una constancia del percance para no perjudicarlos. Hubo victorias en Calvillito, Bahía de Rangel y Cieneguilla, y poco a poco los ataques se extendieron a esas regiones vecinas de Jalisco y Zacatecas, como Teocaltiche, Villa Hidalgo, Encarnación de Díaz, Jalpa, Juchipila y Tabasco. En la capital se libraron combates en las afueras, cerca de la Fundición. Una ocasión robó en pleno día 100 caballos del ejército federal, paseaba por San Marcos y comía en el Mercado Terán, de donde obtenía información de los soldados al hacerse pasar por un comensal.

En San José de Gracia, donde el presidente municipal simpatizaba con los cristeros también hubo importantes incursiones, y que muchas veces estas regiones quedaban aisladas del control del gobierno. En aquel municipio interfirieron constantemente con la construcción de la Presa Plutarco Elías Calles. Algunos de los combates más famosos fueron el de La Labor, en Calvillo y el de Santa Rosa, en Rincón de Romos y El Epazote, en Asientos.

Para 1927 la violencia en todo el país se incrementaba, y la Secretaría de guerra y Marina  decidió enviar al General Genovevo de la O para pacificar la región y más adelante fue sustituido por Maximino Ávila Camacho. Así comenzó la instrucción militar de los agraristas y la formación de las defensas rurales. También se incrementó la actividad en la región oriente del estado, principalmente en El Llano, Viudas de Oriente (Villa Juárez) y Real de Asientos, con su lógica expansión hacia los poblados zacatecanos de La Monteza y Los Campos.

Los principales líderes de las defensas rurales que combatieron a los cristeros fueron los hermanos Teodoro y Epifanio Olivares Calzada y Telésforo Colis en Pabellón, Antonio y Martín Ventura en San José de Gracia, José Delgado en El Llano, Jesús Marmolejo y Rafael Reyes en Viudas de Oriente, entre muchos otros. La razón por la que no existieron agraristas en Calvillo era la inexistencia de grandes propiedades y por tanto de reparto alguno.

La Semana Santa de 1928 fue interrumpida por un hecho sin precedente en el Estado. Once cristeros fueron sorprendidos por el ejército mientras dormían y se les ahorcó en el acto, pero también fueron descuartizados y sus restos exhibidos como escarmiento en el atrio de la parroquia de Calvillo. En ese mismo año las operaciones cristeras en Aguascalientes se integran al mando supremo de Enrique Gorostieta.