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LOS CRISTOS DE MAÍZ EN CANARIAS:
EL CRUCIFICADO DE LA PARROQUIA DE SAN ANDRÉS. VILLA DE SAN ANDRÉS Y SAUCES. LA PALMA


José Guillermo Rodríguez Escudero


La técnica usada por los indios tarascos para confeccionar dichos crucificados es muy particular en la escultura de bulto de naturaleza mestiza. Como dijera el profesor palmero Pérez Morera, “en la que confluyeron las tradiciones cristiano-occidentales y las influencias indígenas americanas”.

Su origen se remonta a tiempos prehispánicos y dichos indígenas la usaban para fabricar a sus dioses e ídolos, de peso ligero, a los que podían cargar a hombros sin gran esfuerzo. Testigos de excepción fueron los frailes y cronistas, quienes informaban de que se enviaban a España estos crucifijos hechos de caña de millo que “siendo de la corpulencia de un hombre muy grande, pesan tan poco que los puede llevar un niño” (Estrada Jasso).


Una técnica curiosa que se cultivaba especialmente en Michoacán (tal vez su origen) y en la zona de Oaxaca, concretamente en Puebla- Tlaxcala. Incluso se ha llegado a decir que también era utilizada en zonas de Guatemala. Luego se extendió a una vasta extensión de poblaciones. Una tradición precolombina que, sin embargo, no era exclusiva de los tarascos. Más tarde, aquellos, aleccionados por el Obispo Vasco de Quiroga, aplicaron a la imaginería religiosa. También De la Roziére había manifestado que “un sacerdote pagano, después de su conversión fue quien reveló el secreto de la composición de las imágenes al obispo de Michoacán en 1565”.

Como informaban Amador y Besora, una restauración del Cristo de Telde (Gran Canaria) en la década de los noventa, se pudo constatar la existencia de unos manuscritos “ajenos por completo a la cultura tarasca”, y por lo tanto, supone un inconveniente a la hora de adscribirlo a la zona de Michoacán. Efectivamente, en la restauración de 1998 se constató que se había usado en su confección diferentes tipos de papeles, entre los que destacaban códigos de tipo jeroglíficos, papel indígena al mate, además de cañas descortezadas y trituradas, el llamado tatzingüe. La madera blanda fue usada para la barba y las extremidades. El Cristo de Telde – que hasta esos instantes se creía que estaba modelado siguiendo la misma técnica- fue considerado por Jasso como obra del taller del escultor hispano Matías de la Cerda. La profesora Calero también informaba que el Cristo, “obtenido mediante el cambio de los azúcares y primeros vinos, llegaría a la localidad entre 1552 y 1555”.

Tampoco resulta del todo exacta la denominación genérica de “escultura en caña” ya que no es éste, precisamente, el material predominante en estas tallas. Esta confección peculiar terminó por desaparecer a finales del Setecientos.

En el Archipiélago Canario tenemos algunos ejemplos de estos Cristos hechos de caña de maíz. Hay que añadir las imágenes de los municipios tinerfeños de Icod (en la iglesia de San Marcos: el Señor Difunto) y de Garachico (en la parroquia de Santa Ana: Cristo de la Misericordia). Si bien el primero fue adquirido con anterioridad a 1578, el segundo fue comprado por Gaspar de Torres en México a finales del siglo XVI. La escritura de donación al convento agustino fue otorgada por Inés de Montes de Oca el 12 de diciembre de 1587, indicando que había hecho traer de “Nueva España una imagen de Nuestro Señor Jesucristo Crucificado y lo ha dado a dicho convento de San Sebastián”.

Por esas fechas llegaría con destino a la iglesia de San Agustín de Las Palmas un crucificado conocido como Cristo de la Vera Cruz. En el siglo XIX el ayuntamiento de la capital grancanaria decidió encargar una nueva efigie al imaginero Luján Pérez debido al deterioro que presentaba la talla original. Decía su comunicado que “no podía continuar expuesta a la veneración del pueblo tanta ruina”. La sustitución del Cristo antiguo por el nuevo resultó muy conflictiva y provocó enfrentamientos graves entre el Ayuntamiento y el Cabildo Catedral. No hay que olvidar que se trataba del Patrón de la Ciudad.

Algunos crucificados hechos en caña de maíz llegaron a La Palma dentro del legado indiano procedente de Méjico – Nueva España junto con otras piezas de importancia. Un rico catálogo de esculturas, objetos de orfebrería y pinturas, etc. que, además de ser una extraordinaria embajada del arte americano virreinal, constituye un verdadero tesoro del que aún, afortunadamente, podemos disfrutar.

Martínez de la Peña también incluyó en el catálogo de esta imaginería - confeccionada con la médula de caña de millo triturada y goma denominada titsingueri - al Cristo de la Salud de Los Llanos de Aridane en La Palma. El fallecido investigador Fernández García lo había clasificado como obra “tarasca”. Otro excepcional ejemplar es el Santo Cristo de El Planto en Santa Cruz de La Palma. El profesor Pérez Morera lo añadió a la lista en 1990. Esta imagen mexicana gozó de gran devoción entre los marinos de La Palma que lo invocaban – al igual que a la Patrona Insular Nuestra Señora de Las Nieves – ante situaciones difíciles. Prueba de este fervor marinero son los numerosos exvotos que cuelgan de las paredes de la ermita fechados entre 1715 y 1757.

El investigador palmero Pérez Morera, en su tesis doctoral de 1993, quiso aportar una nueva talla al magnífico catálogo: el Cristo Crucificado de la histórica iglesia de San Andrés, en el municipio norteño de la Villa de San Andrés y Sauces (La Palma). Lamentablemente está retirada al culto y desfigurada debido a varios desafortunados repintes. Se conserva aún en la sacristía de la capilla de la Virgen de la Victoria, colateral del Evangelio.

Se trata de una talla de tamaño natural, realizada con papel, madera y caña (como el de Telde) y hueca internamente cuyas medidas son 1,72 x 1,60 cms. El mismo profesor informaba de que, por ello, “se inscribe dentro de proporciones cuadradas, de modo que su altura es sensiblemente igual a la de los brazos extendidos”. Pérez Morera continuaba puntualizando que “parece obra del último tercio del siglo XVI, apegada aún a los modelos renacentistas, como denotan sus proporciones clásicas, serena expresión y ojos cerrados, característicos de los llamados «Cristos dormidos» de la primera época. El escaso modelado, la anatomía sumaria, la barba simétrica y partida a la mitad, las piernas arqueadas y las plantas de los pies pegada a la cruz, sin apoyo alguno, son otros rasgos habituales en este tipo de esculturas”.



En el archivo parroquial de San Andrés (Libro de Visitas) consta haber sido añadido al patrimonio del templo en 1768 un “crusifixo grande” y colocado en la sacristía. Tal vez se trate de la misma efigie, si bien su presencia en la iglesia es algo tardía, puesto que no es nombrada en los inventarios efectuados en 1629, 1679 o 1733.

 

 

 


BIBLIOGRAFÍA:


- AMADOR MARRERO, P.; BESORA SÁNCHEZ, C. «Tratamiento de conservación y restauración de la imagen tarasca del Santísimo Cristo del Altar mayor de Telde, Gran Canaria», XII Congreso de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, Valencia, 1998
- CALERO RUIZ, Clementina. «La Escultura anterior a José Luján Pérez», Gran Enciclopedia de El Arte en Canarias, Centro de la Cultura Popular Canaria, 1998.
- DEL CASTILLO NEGRETE, M., Los Cristos de caña de Michoacán. Antecedentes históricos, métodos de conservación y restauración, México, 1987.
- ESTRADA JASSO, A. Imaginería en caña. Estudio, catálogo y bibliografía, Méjico, 1975
FERNANDEZ GARCÍA, Alberto-José. «Semana Santa en Los Llanos de Aridane», Diario de Avisos, Santa Cruz de La Palma, (15 de abril de 1965)
- MARTÍNEZ DE LA PEÑA, D., «Esculturas americanas en Canarias», II Coloquio de Historia Canario-americana (1977), Las Palmas de Gran Canaria, 1979
- PÉREZ MORERA, Jesús. «Un Cristo de caña de maíz y otras obras americanas y flamencas», Estudios Canarios. Anuario del Instituto de Estudios Canarios, Universidad de La Laguna, 1998
- Idem. «Esculturas americanas en La Palma», IX Coloquio de Historia Canario-Americana (1990), Las Palmas de Gran Canaria, 1993.
- Idem. Arte y Sociedad en La Palma durante el Antiguo Régimen (1600-1773), Universidad de La Laguna, 1993


 


 

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