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FRAY MARCOS GIL: CUATRO AÑOS EN LA PALMA (1702-1706): SU MAGNÍFICA OBRA, SU IMBORRABLE RECUERDO

José Guillermo Rodríguez Escudero

El dorador barroco Miguel Gil Suárez, nacido en Moya (Gran Canaria) en 1654, tuvo dos hijos frailes: Marcos, de la Orden de Santo Domingo de Guzmán y Pedro, de la Orden de San Francisco de Asís. El primero, después de estudiar en el convento (se supone) de San Pedro Mártir de Las Palmas- donde se consolidó su vocación religiosa -, profesó en 1700 ó 1701. Como confirma Don Julio Sánchez Rodríguez, el dominico fue enviado a Santa Cruz de La Palma en 1702. Este autor fue el que desveló en un primer momento el verdadero apellido del religioso imaginero: Gil y no Guillén, como se había dicho hasta entonces. En aquella ciudad se le trataba ya como fraile. Fue en el Convento de San Miguel de Las Victorias de la orden de Predicadores, en la capital palmera, donde tomó los votos solemnes a los 21 años.

Santo Domingo de Guzmán

Tanto Clementina Calero como Ana María Quesada, en su obra La Escultura hasta 1900 , citan a Fray Marcos “Guillén”, como un artista bien formado, “que maneja con soltura la gubia y en cuyas imágenes de talla se nos presenta como un perfecto conocedor de la imaginería flamenca, pero no sólo por lo que respecta a la escultura, sino también en el campo de la policromía”. Estas autoras añaden que no era extraño que el religioso fuese tan conocedor de la estatuaria flamenca a la que trata de imitar, teniendo en cuenta que aquellos modelos “los tenía más a mano ”, debido a las fuertes relaciones que La Palma tenía desde principios del XVI con los Países Bajos.

La obra del “desconocido fraile escultor ” Marcos Gil (1682-1739) ejemplifica, posiblemente como ninguna otra en el Archipiélago, la labor del fraile artista itinerante. Primero como hermano y luego como padre y prior, ejerció su ministerio en los conventos de La Palma, Lanzarote, Gran Canaria y Tenerife . “Este trasiego de frailes y artistas entre las diferentes islas pone de relieve un fenómeno poco destacado hasta ahora, el importante papel que las órdenes religiosas tuvieron en el Archipiélago en el desarrollo de una cultura común…” . Efectivamente, los religiosos traían y llevaban grandes ideas y formas culturales, como modelos artísticos, etc., de un convento a otro, de una ciudad a otra, de una isla a otra. En aquella época, en la sociedad canaria del Barroco, el arte estaba íntimamente ligado a la Iglesia “y al servicio de su doctrina que muchos religiosos eran artistas ”. Hay constancia de más frailes escultores, como Fray José Fernández y Fray Antonio de Orbaranes (hijo primogénito del polifacético “escultor, pintor, ensamblador y arquitecto Antonio de Orbarán ”). También el agustino Fray Miguel Lorenzo Villanueva, pintor y escultor, aunque sus preferencias se inclinaron más hacia la producción ligur y las piezas de procedencia genovesa.

Así, desde Gran Canaria el monje llegó a La Palma, llamado por la Orden Dominica para trabajar en tan ambiciosa empresa de renovación y decoración del que sería un suntuoso templo.

I- FRAY MARCOS EN LA PALMA

El hermano Fray Marcos ”, cuando contaba tan sólo 20 años, fue destinado a Santa Cruz de La Palma, donde trabajó entre 1702 a 1706. Durante cuatro años se alojó en un magnífico cenobio con “una muy buena Iglesia y bien alhajada y capaz… y con una buena casa de claustros altos y bajos… seldas acomodadas… entre ellas el mejor Capítulo que tienen las islas, muy aseado en escultoría y dorado con una capilla rica…” .

En este monasterio se inició un proyecto muy ambicioso cuyo fin era el crear un símbolo de poder de la Orden Dominica. Una Congregación que destacaba en el campo de las artes. “ En la empresa – como nos informa Don Jesús Pérez Morera- tuvieron papel destacado varios frailes artistas, escultores y pintores dominicos que decoraron casi exclusivamente la iglesia y el convento”. En este elenco se encontraba también Fray Marcos, cuya exitosa contribución resultó altamente importante y decisiva.

Mientras que el maestro Juan Lorenzo García ejecutaba los retablos de la iglesia y el pintor-decorador Fray José de Herrera el dorado y policromado de altares y techumbres, al llamado “imaginero anónimo dominico” Marcos le encargaron las esculturas. Recordemos que su padre, Miguel Gil, también era escultor (aunque fue mejor conocido como dorador). Obra suya es la bella efigie en madera dorada y policromada de “San Antonio de Padua” (1676) que se venera en la parroquia de San Juan de Telde, en cuya imagen puede apreciarse su gran maestría en los estofados y, sobre todo, en los dorados. Había heredado de su padre este talento en el campo de la imaginería.

Esta acción de engrandecimiento, que transformó el templo y el monasterio en la más importante y completa muestra del barroco en las Islas, afectó también a todas las capillas del claustro, “final del recorrido monástico ”. Un año antes de la llegada de Fray Marcos a La Palma, se estaba ya erigiendo la espléndida torre, terminada rápidamente. Este ambicioso proyecto tenía como fin glorificar el triunfo de la Iglesia y de la Orden de Predicadores, “no exento de rivalidad con el clero secular y los franciscanos” .

En el convento, el dominico grancanario recibió todo tipo de atenciones, como nos recuerda Don Jesús Pérez Morera, de manera que, según detallan las cuentas de la capilla de la Media Naranja, en 1705 se retribuyeron 800 reales “al hermano Fray Marcos para su bestuario, enfermedades y otras necessidades religiosas y una botija de miel”. El administrador del cenobio, Fray Manuel de Lima y Roxas, le facilitó “la herramienta y su adereso para tauajar al hermano Fray Marcos”, además de los libros de oro, el yeso y el aceite de linaza, materiales necesarios para la ejecución de las esculturas del retablo. El profesor Trujillo Rodríguez lo había definido como el “más bello, completo y barroco” ejemplo de los retablos de columnas salomónicas pareadas y dos cuerpos existentes en el Archipiélago.

II- SU OBRA EN LA CAPITAL PALMERA

San Miguel Triunfante

Con técnica barroca, “lenguaje que enraizó más que ningún otro en el alma popular ”, su arte se caracteriza por sus influencias americanas, sevillanas y flamencas. Un arte lleno de encanto, belleza… suntuoso, sugerente y atractivo.

El mismo profesor, Pérez Morera, relaciona las siguientes esculturas como obras realizadas por Fray Marcos Gil en el convento de Santo Domingo de Guzmán de Santa Cruz de La Palma: las imágenes de la Sala Capitular, las del bellísimo púlpito barroco, las efigies del retablo de la “Media Naranja” y las tallas del soberbio retablo mayor (sólo se conservan las de “San Miguel Triunfante”, el altorrelieve de “Dios Padre” y varios angelotes). Estas dos últimas ubicadas en el semicírculo de la hornacina central superior. En este retablo falta el ático, cerrándose, en consecuencia, a la manera lusitana.

Si su padre, como vimos, va a ser el escultor del franciscano “San Antonio”, su hijo Marcos, además de optar por la representación de los santos más preclaros de la orden en la que profesó, como Santo Domingo de Guzmán, San Vicente Ferrer-, muestra una especial inclinación por la robusta y ampulosa figura del “Arcángel San Miguel Triunfante”.

•  SAN MIGUEL TRIUNFANTE

La imagen de “San Miguel, el Arcángel Triunfante” se encuentra entronizado en la hornacina central del segundo cuerpo del magnífico retablo mayor del bellísimo templo de Santo Domingo, ejecutado por el mencionado Juan de Lorenzo. Es uno de los retablos más bellos y completos de las Islas. La impresionante talla, como titular del cenobio- ex convento originalmente denominado “San Miguel de Las Victorias”, fundado el 10 de junio de 1530 junto a la antigua ermita de aquél Arcángel, monumento del conquistador Alonso Fernández de Lugo-, es la única que continúa en su lugar de origen. Al tratarse de “escultura de chuleta”- es decir, tan sólo acabada en su parte delantera y plana por detrás, y en función de la pared del fondo de la hornacina-, ocupa un volumen de mínima profundidad. Es así como lo ha hecho constar el profesor Pérez Morera atendiendo al inventario realizado con motivo de la supresión del convento de Santo Domingo el 28 de abril de 1836. El estado de conservación de esta efigie policromada ha venido favorecido por el cristal de la hornacina que hasta hace pocos años se mantenía intacto.

Presenta una coraza y doble faldar, decorados con relieves de motivos vegetales en pan de oro. El faldellín está lacado en azul sobre oro, mientras que el fajín es en rojo, consiguiendo efectos metálicos sobre los mismos; también se han empleado en los motivos florales del doble faldar y rodilleras en forma de rosetas. Martín continúa su estudio sobre esta magnífica obra, apuntando que “con el paso del tiempo, se han perdido las transparencias de oro que ya casi no se aprecian. Tal técnica de los lacados, empleada en esta escultura empezó con la moda de los corlados, muy usuales en Berruguete y Juan de Juni, durante el siglo XVI”.

Continúa informando que “debió tener en su concepción original la parte del brazo que empuñaría el escudo, con su correspondiente modelado de telas, pero probablemente, a la hora de ser situada en su emplazamiento definitivo, se sometió a una intervención- amputación del brazo para que pudiese quedar incluida en la hornacina de cristal ”. En referencia al escudo que porta en su brazo izquierdo, aquél es sujetado con un gancho de metal que, al ser visto de frente y por la anteposición misma del escudo, da la impresión de que su sostenimiento lo efectúa la inexistente mano.

El mismo autor, en su completo estudio sobre la iconografía de este Arcángel en Canarias, nos describe así al que nos ocupa: “Posee un modelado de cabeza muy barroco. Muestra su musculatura facial un tanto rolliza; una insinuante sonrisa amable se desprende de su boca. Esta voluptuosidad del modelado de carnes le confiere, pues, un marcado acento barroco, muy cercano a los angelotes del dieciocho”. El profesor Morera también relaciona el modelado voluptuoso de esta escultura con los angelotes de cuerpo entero que se encuentran “sobre el cornisamiento del segundo cuerpo del retablo mayor” con los que “sostienen el púlpito de la misma iglesia, realizado en las mismas fechas y que nosotros atribuimos a Fray Marcos ”. Este maestro de arte finaliza su estudio confirmando así la paternidad del fraile dominico en todo este bellísimo conjunto barroco.

No ocurre así en el mencionado trabajo de Don Miguel A. Martín. En él, el autor propone, como fecha de realización de la imagen angelical “los mismos años que para el dorado del retablo, es decir, a mediados del siglo XVIII”. Teniendo en cuenta que es en 1751 cuando se termina el dorado de esa obra – de acuerdo con el estudio del profesor Pérez Morera-, el escritor no reconoce la autoría del dominico. Es más, cuando trata otra obra suya, el “San Miguel de Breña Alta”, especifica que “la formulación iconográfica de este San Miguel responde al mismo modelo que el anterior, en el exconvento dominico de la capital palmera. Podría pensarse que ambos son fruto de un mismo taller – aunque de diferente autor-, pues no podemos olvidar que las fechas de construcción de esta ermita y la del retablo mayor del antiguo convento de San Miguel de las Victorias, en Santa Cruz de La Palma, son casi paralelas en el tiempo. Ahora bien, esta última es de un modelado algo más simplificado en la decoración de su indumentaria”. Concluye dando como anónimos a los autores de ambos trabajos.

El profesor Trujillo, en su completo trabajo sobre los retablos canarios, también menciona los angelotes del altar: “Dos pequeñas figuritas infantiles quedan, arriba, de pie, sobre su misma vertical, mientras que otras, en la línea de las columnas de la calle central, son sedentes”.

Esta imagen del Arcángel viene formulada en un joven de aspecto varonil, en contrapossto clásico, ataviado como guerrero a la romana, armado y victorioso. Nos transmite esta escultura un cierto aire refinado y palaciego, “ que acaso nos parezca más propio de la centuria dieciochesca francesa que de un barroco convulsivo y agitado”.

El fraile escultor, decíamos, muestra una especial inclinación por la ampulosa y robusta imagen del “Príncipe de las Huestes Celestiales”, cuya particular iconografía – posando con rodela y bastón de mando como un general militar “ después de salir victorioso de su combate con el dragón apocalíptico”, se encargará de difundirla en La Palma, como vemos, y en Gran Canaria (Temisas) . Precisamente, en el caso de las dos esculturas palmeras de los “Migueles” de Fray Marcos, la figura terrible de Satán no aparece. Ésta es otra de sus características diferenciadoras del resto de la iconografía insular del Arcángel.

2.- SAN VICENTE FERRER

San José

Otras imágenes suyas en Santa Cruz de La Palma son: “Santo Domingo de Guzmán” de la Parroquia de San Francisco de Asís y “San Vicente Ferrer” titular de la ermita homónima del pago de Velhoco, a las afueras de la ciudad y cercana al Real Santuario de Las Nieves. Esta última talla de tamaño natural, bellísima, procede del convento de Santo Domingo de la capital palmera. Es una cuidada escultura de candelero o de vestir “con la cabeza y las manos en noble talla”. La antigua imagen está actualmente entronizada en uno de los nichos laterales del fabuloso retablo de la ermita de San Telmo, también ubicada en Santa Cruz de La Palma.

El retablo mayor, de estípites pareados y talla rococó de la segunda mitad del siglo XVIII, es donde se venera la bella imagen del Patrono de Velhoco, San Vicente Ferrer.

El santo valenciano tuvo en dicho convento un altar propio, fabricado en el siglo XVII gracias a la devoción de doña Juana de Santa Cruz Orozco, “que lo hizo a su costa abriendo arco y poniendo un quadro con guarniciones y remate dorado en que están las imágenes pintadas de Nuestra Señora, del Santo Ferrer y de San Caetano” . Esta dama dejó en su testamento, que otorgó cerrado en 1704, una dotación para la fiesta con una misa solemne cantada, con sermón y posterior procesión con el santo en sus andas y confirió su patronato a su sobrina, doña Luisa de Silva y Santa Cruz y a sus descendientes, los Fierro Santa Cruz, patronos, asimismo, de la ermita de San Vicente de Velhoco.

La imagen actual de “San Vicente” sostiene en su mano izquierda un crucifijo redondeado de madera pintada en negro con Cristo clavado en ella y de cara al observador, y en su mano derecha una filacteria de plata con la siguiente inscripción: “ Timete Dominum et date illi honores quia venit hora judicii eius” (“Temed al Señor y dadle honor, pues se acerca la hora del Juicio” ). Viste el hábito de la Orden de Predicadores, escapulario y esclavina con capuchón, de damasco con fondo blanco y dibujos en oro. Capa ancha y larga con otro capuchón que cubre el anterior, de color negro. Ancha tonsura que ocupa la parte superior de la cabeza, que se inclina levemente hacia la derecha. Tiene una mirada melancólica y perdida. Sus manos están perfectamente talladas y lleva el pelo negro ensortijado al igual que su corta barba y bigote. Cuelga desde su cuello un valioso “Rosario de Siete Misterios”, de 75 cms. y del siglo XVII. Es de oro, azabaches y esmaltes, con Cruz igual y tres medallas de oro esmaltado con iconografía de la Eucaristía, la Virgen y varios Santos.

3.- SANTO DOMINGO DE GUZMÁN

Pérez Morera también nos informa acerca del paralelismo existente entre el “Santo Domingo” de la iglesia de San Francisco (documentada desde 1728) y la de “San Vicente” del exconvento dominico de Teguise (Lanzarote). Sus argumentos se basan en “la forma de tallar el cabello a base de ensortijados rizos en espiral, … aunque la imagen de Santa Cruz de La Palma conserva la policromía original (con delicadas labores de peleteado en la barba) a diferencia de la de Lanzarote, que parece haber sufrido repintes posteriores ”. En el segundo ejemplo, comprobamos cómo el artista firmó en el torso de la imagen del santo, hecho poco usual en los escultores, no así en los pintores.

Actualmente esta talla de “Santo Domingo”, se encuentra sobre un pedestal en una esquina de la Capilla de la Plata del Ex Real Convento de la Inmaculada Concepción, hoy San Francisco. También ha ocupado provisionalmente la hornacina de “Santa Ana – Triple”, cuando ésta es llevada a alguna exposición fuera del recinto sacro.

El Fundador de la Orden de Predicadores, “Santo Domingo” - de la noble estirpe de los Guzmán, en Calahorra-, es aquí representado como un joven con una recortada barba, fino bigote y ancha tonsura; vestido con el hábito de la Orden: túnica y muceta blancos, amplio manto con capuchón negro. Gira su bien modelada cabeza hacia la izquierda y hacia arriba, en actitud suplicante. Boca entreabierta, fina nariz, largo cuello y pelo negro ensortijado. Como atributo personal, lleva una estrella en la frente y porta un largo estandarte de terciopelo granate en el que campea el escudo de su Orden en plata en su color en la mano derecha. Rematando los cuatro bordes, aparecen adornos florales en plata. El delgado bordón termina en cruz de doble travesaño (muy común desde el siglo XVI). Sobre la palma de la mano izquierda extendida ostenta una maqueta de capilla con una torre, común a los doctores de la Iglesia, como San Gregorio el Grande o Santo Tomás de Aquino, por ejemplo, y también aquellos que dotaron o construyeron iglesias y monasterios. Una talla de porte majestuoso que va coronada con una amplia aureola dorada de ráfagas prietas. Antiguamente también se le ha colocado el delicado y sencillo nimbo dorado de ráfagas separadas que actualmente corona la escultura de “San Pedro de Alcántara” de la Venerable Orden Tercera.

Es precisamente en el Archivo de esta Orden seráfica (Libro III de estatutos y decretos) donde aparece escrita la carta que Don Pedro Massieu y Monteverde- rico mecenas y protector del convento franciscano, Oidor de Sevilla, etc.- envía al comisario de la Orden Tercera, Fray Juan de Oviedo. En la misiva, el caballero promete mandar el damasco para el vestido de la imagen de Santo Domingo: “Asi mismo deseando dar gusto a V. Rma. En el uestido de nuestro Padre Santo Domingo de este conuento y pareciendome mas a proposito el damasco blanco le tengo comprado que todo ira junto y lo entegara mi hermano don Juan y mediante que dice V. Rma. Que son necesarios 5 varas para el avito y una vara para el escapulario y por lo tocante a la uara de damasco carmesí para el estandarte es impropio este color y por aca es blanco y asi tamuien se entregara de damasco blanco pero si V. Rma dispusiere que sea carmesí estoi pronto a su remisión. Seuilla Julio 4, 1728.” (Archivo de la Venerable Orden Tercera Franciscana. Libro III de Estatutos y Decretos. Folio 11)

4 – EL PÚLPITO

Hemos dicho que, la renovación y engrandecimiento de la bella iglesia dominica, transformó el templo y el claustro en la más importante y completa muestra del barroco isleño. Un ejemplo de su esplendor es el nuevo púlpito, mejor de la isla y uno de los más bellos de Canarias, de gran riqueza decorativa y de cuidada ejecución.

Fray Marcos es el autor de los angelotes sedentes y de cuerpo entero, “que miran hacia arriba sorprendidos al escuchar las palabras del orador sagrado, de las cabezas angelicales aladas, en el friso de la base de la tribuna, y del altorrelieve de Santo Domingo, que ocupa el frente principal del antepecho de la tribuna”. El célebre investigador y profesor de la Universidad de La Laguna, Jesús Pérez Morera, concluye su estudio sobre esta magnífica obra de arte, comparando la decoración tallada vegetal del púlpito con la del fastuoso retablo mayor. Aquí se halla otra de las obras del maestro, el altorrelieve con la figura de Dios Padre y otros ángeles.

5- SU OBRA EN EL ALTAR

En el ático superior del retablo, distribuidos en dos pares, se encuentran cuatro angelotes, rollizos, desnudos y de cuerpo entero, dos de ellos en las esquinas “sosteniendo” con sus hombros las techumbres del templo, mientras que los otros dos, en las bases de la gran hornacina de San Miguel, mirando hacia el techo y a ambos lados de la figura de Dios Padre que surge sobre aquél, bendiciendo con su mano derecha, mientras sostiene la bola dorada del mundo en la otra. Este busto, sobre el que se sitúa una venera dorada, está rodeado de cuatro animales dorados y alados. Seis “putti” o angelitos también salpican la mitad del retablo, sobre los seis capiteles de las columnas salomónicas doradas de la parte inferior. Otros dos se hallan en los laterales del segundo cuerpo formando parte de unas columnas entre hojas de acanto doradas.

III - SU OBRA EN LAS BREÑAS

En los municipios palmeros de las Breñas se hallan dos imágenes salidas de su gubia. Una de ellas se trata, ni más ni menos, que de “San José y el Niño”, Patrón de Breña Baja, y de otro “San Miguel Triunfante” de la ermita homónima de Breña Alta.

Doña Clementina Calero y Doña Ana Quesada, informan también de que Fray Marcos “esculpió un «San José con el Niño» para el templo de Breña Alta, o el «San Juan Bautista» para el de Breña Baja (ambos en La Palma)”. De esta última imagen no hemos podido confirmar autoría

A) BREÑA ALTA

•  SAN MIGUEL TRIUNFANTE

Don Jesús Pérez Morera ha atribuido al dominico grancanario las imágenes de “San Miguel” y “Santo Domingo”, mientras que la de “San Vicente” lo fue por la profesora Doña Clementina Calero Ruiz, quien ha encontrado una gran semejanza entre esta talla y la del Santo de misma advocación del convento dominico de Teguise, “tanto en la manera de tallar la cabeza como las manos y, sobre todo, atendiendo a su policromía”. Esta misma profesora, no obstante, indica que Fray Marcos también es autor del “San Juan Bautista” de la iglesia de Breña Alta.

En palabras del historiador palmero Pérez Morera, las obras de Fray Marcos Gil “emanan espiritualidad y misticismo, a propósito para el fin para el que fueron creadas: mover a la devoción y a las cosas de Dios a través de sus santos, que encarnan los ideales contrarreformistas de la Iglesia Militante o la defensa armada de la Fe, en el caso miguelino”.

En contraposición al Arcángel de Santo Domingo, el titular de la ermita de San Miguel de Breña Alta (según Martín Sánchez y recogidas en la obra del sacerdote e historiador Julio Sánchez): “es aquí más bien un joven de rasgos más suaves y fácilmente menos rollizo, y sus facciones poseen ciertos rasgos femeninos, aspectos estos que lo diferencian del modelo analizado anteriormente, mucho más varonil y de acusado empaque barroco”. El pintor palmero, también escultor, Aurelio Carmona López (1826-1901), remodeló esta imagen del “ Príncipe de las Huestes Celestiales”.

Un modelo de iconografía, frecuente en las Islas, representado en América, pero prácticamente desconocido en la Península, surgido en el siglo XVII, “a la sombra de la contrarreforma” , prolongándose hasta el primer tercio del siguiente siglo. No llevan el diablo bajo sus pies, pero sí el escudo en su brazo izquierdo con la inscripción en latín “Quis sicut Deus” (Quién como Dios). Otros distintivos diferenciales son: el bastón sobre el que se apoya con su mano derecha, gran manto de cola, coraza y casco con plumachos. Una peculiar forma de representar a San Miguel, alejada de las representaciones reflejadas en las hagiografías y aquellas aparecidas en los libros clásicos sobre estos temas.

A la bella imagen de “San Miguel Triunfante” de la ermita de Breña Alta- réplica de la que hizo para en convento de Sto. Domingo-, no se le conocía “hasta la fecha documento que acredite su autoría o taller, aunque en buena lógica pudiera tratarse de un artista local” . Estos apuntes se desprenden del trabajo que sobre este templo publicaron, en 1997, Don Antonio Lorenzo y Doña Nieves Rodríguez. En el libro de Miguel Ángel Martín Sánchez se lee: “los documentos no dicen nada sobre la procedencia, taller o autoría de la imagen, ni quién fue su donante ”. Sin embargo, como hemos visto, Pérez Morera, ha atribuido a Fray Marcos su creación.

Aquellos mismos autores describen así esta magnífica efigie del Patrón de La Palma: “representa la figura de un adolescente alado, de dulce expresión, y facciones casi femeninas, ataviado con ropas militares, fajín, capa y casco empenachado. En la mano derecha sostiene, sin llegar a blandir, una espada en actitud estática o poco beligerante; y en la izquierda un escudo circular con adornos y las clásicas siglas Q.S.D. (Quis Sicut Deus = Quien como Dios)”. También tienen mención especial en este libro, los penetrantes ojos de cristal pintados “al reverso e instalados presumiblemente desde el interior de la figura” . Igual que en el caso del Arcángel de Santo Domingo, comprobamos cómo en éste de la ermita, el borde de la capa se aprovecha como punto de apoyo, “y la imagen (brazos y piernas) ofrece una ligera inclinación hacia la derecha a fin de compensar el conjunto ”.

La imagen se encuentra en la ermita de su nombre, fundada en 1705 por el Lcdo. Don Carlos Doménech y Montañez, Venerable Beneficiado de El Salvador, con licencia que obtuvo del Obispo Don Bernardo de Vicuña y Suazo, expedida en La Orotava el 16 de agosto de 1702.

La imagen es aquí más bien un joven de rasgos más aniñados y suaves y facialmente menos rollizo, y sus facciones poseen ciertos rasgos femeninos, aspectos estos que lo diferencian del de la capital palmera, “mucho más varonil y de empaque barroco”.

En el Archivo Parroquial de San Pedro de Breña Alta (Libro de Relaciones de Tributos de Fábrica, Memorias, Capellanías y Obras Pías) y recogido en la mencionada obra sobre el austero templo, se cuenta que “… la colocación de la imagen se hizo el 29 de septiembre de dicho año de 1705, cuando el dicho Ldo. Carlos Domenego dixo este dia la missa, fue con licencia del cura de esta Iglesia, quien predicó con la fiesta…”.

Esta imagen sigue desfilando procesionalmente durante sus fiestas anuales a finales de septiembre, en la que hay también verbenas, conciertos, loas y fuegos artificiales. Es posible que estas salidas, en un terreno tan húmedo como El Llanito- donde está ubicada la pequeña iglesia-, hayan sido determinantes para el deterioro paulatino que ha venido sufriendo la imagen. Por ello es posible que con los actuales repintes se haya intentado ocultar su verdadero aspecto. Hoy en día, tanto en la víspera como en su onomástica del 29 de septiembre, detrás de la imagen cuando ésta está en sus andas, se colocan unas ramas de palmera, alusivas a su patronazgo insular.

B) BREÑA BAJA

1.- SAN JOSÉ CON EL NIÑO

El desaparecido Alberto-José Fernández García escribió en la prensa local acerca de la bellísima imagen de “San José y el Niño” de Breña Baja: “Fray Marcos dejó debidamente esculpida la imagen del santo en todo lo que era visible por delante, forma que presentan las esculturas flamencas del siglo XVI existentes en nuestra isla, las cuales, al estar destinadas a recibir culto en sus respectivos retablos, no eran terminadas en su parte posterior. El grupo, en su conjunto, no presenta fuertes evoluciones; su sosegado modelado, sus suaves formas estilísticas son neoclásicas; su policromía es barroca”.

El Niño que acompaña a San José tiene grandes similitudes con los angelitos del retablo de Santo Domingo y los del púlpito. Pérez Morera también indica que: “se caracterizan ambos por sus rostros rollizos y su cabello trabajado con vigorosos acaracolados…”

También Calero se une a la valoración positiva de esta bella obra. Exalta el acabado, el magnífico estofado, la gran elegancia, los rostros dotados de “tranquilidad y sosiego”. La misma profesora también alaba al dominico en cuanto a su perfecto conocimiento de la imaginería flamenca, “tanto en lo tocante a la talla como las encarnaciones y estofados”. Así mismo relaciona la labor de la saga de artistas palmeros de los Silva en el terreno de la restauración de las piezas importadas con la de Fray Marcos.

La imagen del Patriarca San José y su Hijo, fue esculpida antes del 8 de febrero de 1706. Así consta en las cuentas de la Cofradía de Ánimas y en el inventario del templo de Breña Baja. Esta nueva talla vino a sustituir a la escultura flamenca donada por Don Luis Van de Walle Van Praet, llegada a Santa Cruz de La Palma a mediados del XVI y que hoy se conserva en el Pre-Museo Insular de Arte Sacro del Santuario de Las Nieves. Se trata ésta, según el fallecido historiador palmero Don Alberto-José Fernández García, de la imagen más antigua que existe en Canarias con esta denominación.

Sánchez Rodríguez, en su libro Los escultores Miguel y Marcos Gil, recoge un interesante apunte del entonces sacerdote de este municipio, Don Juan de Santiago, fechado en 1714. : “Por doscientos (reales) pagados al Padre fr. Marcos de la Orden de Predicadores por la escultura de San Joseph que esta colocada en dicho retablo… mas cuatro reales que compro de color azul para dicha imagen de San Joseph”.

Al “Esposo de la Virgen” se le representa en Breña Baja como un joven padre, apuesto, de jovial mirada, semblante atractivo, expresión serena y rasgos de perfecto acabado. Larga cabellera ondulada marrón con raya en medio que cae pesadamente sobre los estrechos hombros. Profundo ladeamiento de la cabeza hacia la derecha. Ojos almendrados, cejas finas, boca pequeña con labios carnosos, barba delgada y puntiaguda. Sostiene en su mano izquierda levantada hacia adelante, una larga vara florida (común desde el final del gótico por influencia de los apócrifos). Viste con túnica talar verde azulada y manto terciado naranja, con pliegues de perfil redondeado, y recogido sobre su brazo izquierdo.

El movimiento y dinamismo de la escena, en la que las dos imágenes sugieren estar caminando, viene descrito por la inclinada colocación del cuerpo de San José en contraposto. El Niño, con corona imperial y vestido con larga túnica amarillenta, no se ladea, manteniendo un porte majestuoso, pero sí adelanta su calzado izquierdo, mientras que su Padre putativo el derecho. Los ligeros ropajes, de suave modelado, están adornados ambos con idénticos motivos florales.

El Santo, coronado con una gran aureola dorada, aparece rememorando la infancia de Jesús. En esta tierna escena, ambas manos, más que agarrarse, se acarician. Para representar el patronazgo del Patriarca sobre los carpinteros, el Niño, rubio de amplios bucles, lleva una sierra que cuelga sobre su bracito derecho, que alza en actitud de bendición. Esta composición sigue el modelo montañesino de representar al santo exento llevando al Niño de la mano, tipo iconográfico divulgado por la estampa desde el siglo XVI. Las representaciones más antiguas del Patriarca nos lo muestran con el Niño de pie, mientras que las posteriores eran realizadas con Jesús en brazos de su Padre.

Como antecedentes de la Isla podemos nombrar al titular de la ermita homónima de Santa Cruz de La Palma (s. XVII), en la de San Telmo (también en la capital), en San Andrés y Sauces (donada en 1678), en Los Llanos de Aridane (de Bernardo Manuel de Silva, realizada entre 1708 y 1711) y en Tijarafe (documentada desde 1711).

Desde 1692, los vecinos de Breña Baja “reconosiendo la necesidad que auía de hacer ymagen nueua de talla de Señor San Joseph, por ser antigua y maltratada la que tenia la iglesia”, habían solicitado al visitador Don Miguel de Brito y Silva licencia para adquirir una nueva imagen del Patriarca y Santo Patrón del municipio. El visitador, en atención a que la “ fabrica esta mui corta”, solicitó ayuda a Cofradía del Rosario, advocación de la Patrona de Breña Baja, para que se contribuyese a “la hechura de la ymagen de Señor San Joseph con la tercia parte de lo que faltare, cobradas las promesas hechas por los vezinos”.

La magnífica escultura de San José - cuyas medidas 102 x 55 cms.-, está confeccionada en madera dorada y policromada. El hecho de que ésta sólo se encuentre trabajada en su parte frontal – indicación de su colocación fija en un retablo-, así como su delicada policromía y los excelentes estofados, la ponen en relación con idénticas técnicas empleadas por los escultores de los Países Bajos. La profesora Calero en su estudio sobre cómo han influido las manifestaciones foráneas en los imagineros canarios, también indica que la nueva imagen de San José y el Niño vino a sustituir a la primitiva, de factura nórdica gracias al pedido efectuado por las diferentes cofradías de la parroquia de San José de Breña Baja. Así mismo nos dice que “por otro lado, es probable que Fray Marcos deseara adecuarse del modo más fiel al original, lo que explicaría tal cúmulo de coincidencias”.

En el inventario de los bienes del templo breñusco practicado en 1706 se menciona ya una “ ymagen de talla del Señor San Joseph que se a de colocar en dicho retablo, en tanto que la antigua estaba recogida en una alcouita deuajo de la escalera del choro”. Sin embargo, no es hasta 1714 cuando el presbítero Juan de Santiago, cura del lugar, presenta las cuentas de la obra del dorado del retablo mayor, donde consta explícitamente el nombre del autor: “Por doscientos (reales) pagados al Padre fr. Marcos, de la Orden de Predicadores, por la escultura de San Joseph que esta colocada en dicho retablo” . Posteriormente se gastan, entre 1782 y 1789, unos 140 reales en “componer y barnizar la efigie del santo Patrono”.

- EN AMÉRICA

La movilidad de esta cultura “portátil”, en palabras del profesor Pérez Morera - y como algunos estudiosos lo han denominado-, traspasa nuestras fronteras archipielágicas y se proyectan en la América española, contribuyendo de esta manera a la formación de una cultura común en ambas orillas. Esta relación constante, con su doble corriente de valores “Canarias-América” y a la inversa, la ejemplifican Miguel Gil y su hijo Marcos. Ambos artistas viajan a Nueva España a través del puerto de Campeche. Allí permanecerían siete años.

En San Francisco de Campeche y en la vecina ciudad de Mérida, Fray Marcos Gil – que ya había sido ordenado presbítero en el Obispado de Yucatán entre 1707 a 1713-, desplegó, junto a su inseparable padre, “una actividad que quizá algún día pueda ser conocida e identificada”.

 

BIBLIOGRAFÍA

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- Idem. «Fray Marcos Gil», http://www.cofradiadelapasion.com/d_jesc_index.htm (consultado el 20 de agosto de 2005)



Trabajos de investigación cultural sobre La Palma ...



        
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