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LAS LOAS A NUESTRA SEÑORA DE LAS NIEVES

José Guillermo Rodríguez Escudero

“…La que es estrella de errantes, / la que es puerto de infortunios,
la que es arca de alianzas,/ la que es iris de diluvios,
la que es fuente, río y mar,/ la que es rosa y es ligustro;
a que al dragón tiene puesto /en la cerviz el coturno,
la que es oliva y ciprés, / la que es un cedro robusto,
que prende sus fuertes raíces/ en los que quieren ser suyos…”

Loa de 1690. Juan Bautista Poggio y Monteverde.

Ya en el teatro antiguo, la costumbre de loar a manera de prólogo, preámbulo o introito, fue una norma establecida que ha llegado a nuestros tiempos. Tenía lugar antes de dar comienzo a la representación de la propia obra y esta breve composición dramática servía como preludio.

Como sinónimos de loar encontramos: ensalzar, glorificar, enaltecer, honrar, exaltar, elogiar, alabar, halagar, aclamar, alzar… Está claro, pues, el objeto de la loa. Otra faceta era la de solemnizar a una persona ilustre, o un suceso notable; también servía de prefacio a los autos sacramentales. Fue el poeta Bartolomé de Torres Nabarro el que usó la loa en el siglo XVI.

El historiador palmero Fernández García nos informaba de que “la Isla de La Palma ha contado, desde lejana fecha, con una pléyade de músicos y poetas que han loado, con sus composiciones, los acontecimientos más sobresalientes de su isla natal”. Así, la festividad del Corpus Christi ha sido una fuente inagotable de inspiración para el Arte. Bajo estas premisas, nació posiblemente, la honrosa y piadosa costumbre de cantar “las glorias de la inmortal María…” en su entrañable advocación de “Las Nieves”.





Los orgullosos palmeros siempre han dado culto de veneración a su “Morenita” y es a ella a quién en tradición secular más le han cantado los músicos y poetas insulares. Santos Pinto también nos decía que “el pueblo palmero era muy aficionado a cantarle a la Virgen de Las Nieves por medio de loas”.

“Entre estos dulces anhelos / así pasaban las cosas
cuando a tu ciudad hiciste / lo que a la noche la aurora
o lo que hacen a los mayos / los claveles y las rosas
cuando a tu pueblo con sólo / tu vista le galardonas,
que las luces de tus ojos / tanto premian como doran
cuando viéndote tus hijos /que a tus piedades te exhortan,
antes que exteriores muestras / los corazones te postran”.

Loa de 1685. Juan Bautista Poggio Monteverde.

Es, precisamente Juan B. Poggio Monteverde- quien había tomado los hábitos de sacerdote en 1677 de manos del mismo fundador de la Bajada, el Obispo Bartolomé García Jiménez-, el autor de varias loas y carros alegóricos y triunfales que se representarían a lo largo de las sucesivas ediciones, hasta bien entrado el siglo XVIII.

“¿Viste, gran Señora, cuando / sedienta una nube agota
exhalaciones al aire/ o al mar su plateada copa,

que tanto néctar le bebe/ y tanto humor atesora
que en tu preñez impedida/ los cristales desahoga
que se derraman en perlas/ y se vierten en aljófar
y que todo aquel caudal/ que el estío le ocasiona
en meteoros y flatos/ suda en lluvias caudalosas...?”
Pues, así, nuestro cariño/sediento de vuestra gloria
Que ha cinco años que acaudalas/Afectos que no reposan,
Excesos que no sosiegan/ y cuidados que le ahogan
De este aumento trabajado/ en copia feliz lo cobra
De súbitos y festejos,/e impaciente amor…”

Juan B. Poggio Monteverde. Loa de 1683.

A la brillante efeméride lustral, en su trescientos veinticinco cumpleaños y su 66 º edición, se suma la celebración del ciento veinticinco aniversario de “La Loa” que se canta actualmente, y que fue estrenada en abril de 1880. Es el canto por antonomasia de la Isla dedicado a su querida y entrañable Patrona. A esto hay que añadir los festejos por las “Bodas de Diamante” (1930-2005) de su Coronación Canónica.

Antonio Abdó nos informaba de que “es de notar la gran carga teatral que domina las celebraciones en torno a la Bajada de la Virgen de Las Nieves (…) Se habla de loa, carro, mimo, títeres, arias, música en general (…), teatro de autómatas, sombras chinescas. Ya hemos visto que, en sus comienzos, las loas de Poggio introdujeron una costumbre que fue arraigando hasta el punto de que sin temor a equivocarnos podríamos afirmar que estas fiesta han generado el mayor corpus de textos teatrales del archipiélago”.

Las loas en honor a la querida “Virgen Negra de La Palma” eran interpretadas, generalmente, por niños vestidos de ángeles, con largas túnicas o hábitos todos de un color blanco impecable “a imitación de la nieve”. Así, como nos recuerda don Antonio Abdó, la loa del “Recibimiento en Señor San Salvador”, representada en el interior del suntuoso templo matriz durante las celebraciones de la Bajada de 1765, fue ejecutada por “… quatro niños que cantaban y dos que representaban, a lo que acompañaba el coro de música que se componía de cinco voces de niños que se paseaban en dos tribunas formadas sobre dos arcos del crucero, al vaxar el sardinel del Pavimento, a el acorde son de dos violines, arpa, órgano, clave y dos vyolines…”.

Lamentablemente, debido al extravío de algunas hojas del manuscrito original, concretamente las referentes a la procesión de la Bajada y entrada de la Virgen en la ciudad en 1815, sólo se puede leer lo siguiente en cuanto a la narración y descripción de la loa en El Salvador:

“… pues lo bueno de sus voces, la propiedad de sus acciones, lo rico y propio de sus túnicas y alas, todo a la verdad se reunió en un punto. Concluida que fue la música, se cantó la misa con mucha solemnidad …”

En la Bajada de 1765, un autor anónimo escribía lo siguiente:
“… Se representó una loa por un niño de dose años, vestido de jilguero, tan hermosso que parecía que las manos no havían hecho su vestuario, pues con su banda de Plumas desde el cuello hasta la cinta y tocado de lo mismo, parecía entre unos Ramos por donde salió / en lo alto, una cossa celestial, el qual comenzó su loa cantando, a el alegre compaz de diferentes instumentos de esta manera:

Salga la hermosa Aurora y alegre con su riza
quanto dora en los campos la hermosa luz del día.
Jilgueros, al prado, y en dulce porfía
cantadle primores, decidle delicias.

Salga, venga, dore ría.

Dulcíssima Aurora bella,
feliz anuncio del día
que haces dos veces festivo
con tu esplendor y tu riza…

Dixo, y dejó a los oyentes tan admirados de su gracia y donosura, que fue llanto el para bien por el gusto de averse oydo cantar tan graciosamente, siendo la primera loa que el niño ejecutaba; y luego baxó y acompañó a la Santísima Virgen hasta la parroquial…”



“… Ningún sitio de La Palma está tan consagrado por el veredicto de la Historia. Cuando se llega a él, por medio de un raro sentimentalismo, nos parece la Imagen de la Virgen, un reflejo de la que en la Gloria vive y reina entre los ángeles que cantan la Majestad de Dios. ¡Tan hondo es el influjo que Ella ejerce en las almas de sus devotos! En esta esmeralda del Atlántico, que el sabio Humboldt (1769-1859) calificó como el sitio de mejor clima del Mundo, tan alta que, en proporción a su tamaño, ninguna la supera, la Madre del Divino Verbo reinará hasta la consumación de los siglos. Ante la belleza de su rostro, no pensamos en el feliz mortal que lo creara, sino en los sacrificios, inquietudes, desvelos, amarguras y llantos de los seres que han orado a sus Pies. En este corazón de roca, fraguado por un capricho de la Naturaleza, entre los dos Hemisferios, Ella es la más radiante Luz; en esta nave de piedra que el mar ciñe con sus presillas de espuma, señalando rumbos intercontinentales, Ella es la Capitana… Ella es la más pura rosa…Bálsamo en nuestros infortunios, Iris de gracia, Alba de Ventura y símbolo de perfección…”

¡Aquí la Reina eres tú! Félix Duarte, 1985

 


Don Jesús Pérez Morera también nos recuerda cómo la loa del “Recibimiento en la monjas Cathalinas” se escenificó también en aquella iglesia conventual , hoy inexistente, “cantando a un tiempo el coro de Religiosas y dos Ángeles delante de la Reja, sobre una tribuna”:

“Música

Ángel 1: ¿Quién es ésta, que llega con lucez tantas?
Ángel 2: Es la Nieve Divina.
Ángel 1: No, sino el Alva
Tropa : Pues de ausencias, destierra sombras bastardas
No es sino el alva, no es sino el alva
Ángel 2 : ¿Quién es ésta que huellas de armiños mueve?
Ángel 1 : Es el Alva Divina.
Ángel 2 : No, sino Nieve
Tropa : Pues el alva en sus ampos delicias bebem
No es sino Nieve, no es sino Nieve
Dúo : Mas si de ampos y luces su ser exmalta,
Aunque es nevada Aurora, Nieve es de alvada.
Tropa : Pues sea bienvenida, pues sea bien llegada
La nevada aurora, la nieve de alvada…”

El mismo profesor palmero nos informa de que el Libro de Gasto del ex cenobio dominico detalla el pago, en febrero de 1765, de 14 reales por "azúcar y almendra para el anís que llebaron los ángeles en las salvillas y dos libras que se dieron a los ángeles quando acabaron la loa”. Por último, la loa primera de Despedida a la Virgen se ejecutó a la salida de la ciudad, bajo un gran toldo que cubría al público, en un “theatro, en el qual se reprecentó una loa por dos niños vestidos de ángeles mui tiernos”. Finalizada la obra, prosiguieron los ángeles delante de la “Señora, llevando en una fuente una corona hermosa y ceptro de alcorza”.


“Silencio, Silencio;
que ya rompió el alba
al azul zafiro
los velos de nácar.

Divina aurora sale,
Porque otro sol augusto
A su beldad debiese
La cuna y los arrullos.

La luz es, en cuyos rayos
Mi amor encendió sus llamas,
Sin que el aire de cinco años
Haya podido apagarlas.

Adore amor la nieve
Cuya deidad produjo
Sagrada hoguera fértil
De cándidos diluvios…”

Loa, 1765. Antonio Rippa

El autor anónimo del manuscrito que obra en poder de don Jaime Pérez García, Cronista Oficial de la capital palmera - dado a conocer en la obra Descripción de todo lo que pasó…- narra con gran sentido del humor lo que sucedió en la Bajada de 1815. Fue curioso lo que ocurrió durante la interpretación de la loa en honor a la “Morenita” a su llegada al ex cenobio franciscano de Santa Águeda, Patrona de la Ciudad, hoy Hospital de Dolores:

“… Toda esta carrera anduvo la procesión haciendo muchas pausas y por todas partes, saludos, cohetes, piezas de artillería. Concluyó dicha procesión en las monjas claras, las cuales tenían la iglesia que parecía el paraíso, en todas maneras estaba hermosa; al entrar la imagen cantaron un dúo muy bonito, al cual acompañó desde afuera una música muy arreglada y luego al concluir fueron tanto los tronadores que aquellas malditas dieron fuego que creímos que todo el convento se venía abajo; para gozar todo esto era tal el concurso, que hubo bofetones, mantos rotos, chinelas, y rosarios perdidos…”

En la misma obra, el mismo escritor nos acerca cómo se vivían los preparativos de la loa y lo que ello significaba en la población de entonces:

 

“… En la semana siguiente se dieron principio los ensayos de la loa y del carro; si por desgracia alguno de estos chicos tararean en sus casas la música que están aprendiendo, éste es un delito muy grande y será castigado severamente, pero sus madres curiosas encierran a sus hijos en un cuarto y por fuerza los hacen cantar y ellas se creen que son ángeles bajados del cielo. Bien pudieran dichos niños en este tiempo azotar un Santo Cristo, seguros están que ni sus padres ni nadie, les dirá palabra tal es que se ponen tan deslavados que el demonio no puede sufrirlos; estos dichos por otra parte padecen la pena de no gozar nada de las diversiones, pues si gritan o salen al aire se pueden enronquecer y se desgracia la música; y en otro tiempo un mes antes los tenían casa del mayordomo que ni a misa iban …”

Tampoco las religiosas de Santa Clara quisieron despedirse de la Patrona sin cantarle una loa en su honor. Así, se narraba en 1815:

“aquella noche trajeron la Virgen desde el trono a la reja para que las monjas se despidiesen de ella; allí la mudaron de las andas al sillón y le mudaron también el vestido; las monjas unas lloraron y otras cantaron; estuvo allí hasta la madrugada y las dichas, queriendo obsequiarla, le cantaron la cachucha y la simona nona…”

En el año 1951, don Elías Santos Pinto- director de la Masa Coral de Santa Cruz de La Palma- descubrió, entre los valiosos escritos del archivo musical de su familia, probablemente el documento musical más antiguo existente sobre la Bajada de la Virgen. Había heredado la partitura, sin saberlo, de su abuelo don Elías Santos Abreu (1856-1937).

Don José Juan Pérez Morera, en su trabajo para las Fiestas Lustrales de 1980, al referirse a él, también nos informa de que “tal documento, amarillo y borroso por los efectos del tiempo y la humedad, consta de unos veinte folios de papel pautado, forrados en pergamino y en su primera página ostenta el siguiente título, que transcribe literalmente: Música para la Loa de Nuestra Señora de Las Nieves, para el recibimiento del año 1780. Don Antonio Rippa”. Este compositor, nacido en 1718 y muerto en Sevilla en 1795, fue maestro de la capilla de las Descalzas Reales de Madrid en 1762. Con igual cargo pasó a la catedral de Sevilla, donde escribió muchas piezas de música religiosa, consistente en misas, motetes, un oficio de difuntos y villancicos.

Se trata de una partitura musical aparentemente completa, escrita para dos sopranos solistas, que llevan el nombre de Amor y Cuidado; “coro a cuatro voces mixtas, clásicamente distribuidas, como es lógico, y acompañamiento instrumental, reducido a dos violines y bajo, confiado éste último, seguramente, bien a un violonchelo bien a un contrabajo…”

“Como la rosa en la cuna
del botón, donde le teje
para cárcel de su pompa
cinco prisioneros lo verde,
que descolorida al susto
su candidez inocente,
prisionera de diamante
grillos de esmeralda tiene,
triste y retirada vive
hasta que pudo impaciente
romper el fuero a la injusta,
severa ley que le prende
y convirtiendo en halago
su pena, en nácar su nieve,
ostenta ufana en el prado
majestad de rosicieres :
así, Señora, oprimido
nuestro generoso, ausente
fiel corazón en la cárcel
de una esperanza…”

Loa, 1765. Rippa

Se pensó que había sido escrita con motivo de la celebración del “II Centenario de la Fundación de la Bajada”, pero lo que se ignora es la fecha en la que dejó de cantarse. Santos Pinto decía: “es decir, si la de Alejandro Henríquez vino a sustituir la de Rippa o ya había dejado de cantarse ésta cuando se estrenó la actual”. El propio Pérez Morera, sin embargo, encontró en “La Cosmológica” un impreso conteniendo el poema de esta Loa, con lo que “si bien resuelve el conocimiento íntegro de su texto, crea nuevos problemas, puesto que dicho folleto, editado en la imprenta “El Time” en 1873, se titula “Loa a Nuestra Señora de Las Nieves en la Bajada de dicha Imágen en el año de 1765”. En otras palabras, según esto, la Loa de referencia se representó por vez primera, por lo menos en 1765, y no en 1780, es decir, tres lustros antes, como parece dar a entender el título de la partitura musical. En unas líneas preliminares que encabezan este folleto, probablemente del “prolífico e incansable” don Antonio Rodríguez López, se dice que en el manuscrito original del poema no existe el nombre del autor o autora – ya que también se sugiere que haya sido obra de una mujer-, pero “que es una de las más preciadas joyas del parnaso canario y La Palma debe gloriarse de contar a su autor en el catálogo de sus celebridades literarias”.
A los dos personajes cantantes, Amor y Cuidado, personificados por los dos sopranos solistas, se les unen Afecto y Devoción, que únicamente declaman.

“Comienza la Loa con una corta Introducción musical de 38 compases en tiempo allegro, terminada la cual entra a cantar la primera soprano – Amor- quién, alternándose en el canto con la otra solista – Cuidado-, reclama la atención de mar, tierra, monte y playa, puntos clave determinantes de nuestra insularidad, para entonar alabanzas a la Virgen. Sigue un Dúo con nuevas palabras; y así, con este sistema de soli alternativos y dúos, desemboca la composición en la incorporación del coro mixto, a cuatro voces. Se entabla entonces una especie de duelo musical entre solistas y coro, que en juego armónico se persiguen, se preguntan y contestan. El coro desaparece y surge una canzoneta para la que hay cuatro coplas, encomendadas: los impares, a Amor y los pares, a Cuidado. El coro reaparece para contestar a las solistas a cantar la primera copla. Un cambio rítmico nos trae lo que la partitura llama Pie, en andante, a cargo de las sopranos solistas. Las mismas entonan luego, en andantino gracioso, unas Coplas, en número también de cuatro, repartidas como la vez anterior. Y con intervención del Coro, la obra terminada con un allegretto en donde, una vez más se emplea el método constructivo que informa de la música: Lírica por principio y alternativo de solistas, , cuyas palabras repite el Coro…”

«Una Loa del Siglo dieciocho…». José Juan Pérez Morera

La composición poética de la pieza que hoy se representa para dar la bienvenida a la flamante Patrona de La Palma fue debida a la inspiración del vate don Antonio Rodríguez López, y la partitura musical a don Alejandro Henríquez Brito, destacados hijos de la Isla. Fue estrenada en la Bajada de la Virgen de 1880.

“A Son Mayor, los ángeles del amor, voces de oro.
Sobre un coro de cantos que se presenta en la plaza,
Por el aire vuela las rosas de amores.
Canto mariano que lleva un siglo abriendo las puertas del templo
Y llenan de colores el altar en Son Mayor para María.
Todo es canción para llenar el paso a nuestra
MADRE convertidos en flores de alfombras hacia su blanca
Plata del altar del templo, María y el Niño entra con el
Corazón lleno de amor y dentro en masa esperan atentos,
Para recibir a María de Las Nieves por los siglos.”

«La Loa», José Juan Pérez Morera, 1980

El maestro don Elías Santos Pinto, en una carta custodiada en el Archivo General de La Palma, nos informaba de que “su estructura musical es sencilla, sin complicaciones armónicas, muy al estilo de la época, siguiendo las corrientes italianas que estaban en boga. Es muy melancólica y sencillamente encantadora”.
Fue concebida para ser representada y cantada por voces tiples masculinas. Así fue como se llevó a cabo el día de su estreno y en lustros sucesivos. Don Manuel Henríquez publicaba que “los ángeles solistas fueron encarnados por los jóvenes Jaime Matheu, luego célebre tenor en Cuba, Cipriano Valcárcel, como barítono, y Jaime Viera, oriundo de Lanzarote...”; tras aquellas primeras representaciones, el papel de los ángeles fue confiado a voces femeninas. Así ha sido hasta nuestros días.

“¡Salve, Numen de los númenes, /Madre del divino Verbo,
Adoración de los hombres,/ Emperatriz de los cielos!
Por Ti la vida es más vida,/ triunfa el arte en sus diversos
Recursos y se disipan/ los pesares más acerbos.
Señora: en tu honor cantamos / plegarias de amor sincero,
Mientras los ángeles pulsan / las liras del universo...”

Amor Eterno, Félix Duarte Pérez, 1955.

Las aportaciones de Antonio Rodríguez López (1836-1901), “Cantor de Benahoare”, a las fiestas de la Bajada de la Virgen fueron de tal número y variedad y tuvieron tal aceptación en su época que algunas han llegado hasta nuestros días. “Fue auténtico paladín de la cultura insular y escritor prolífero” (Fdez.García). Ocurre con el tradicional y popular “Diálogo entre el Castillo y la Nave”, que se repite ininterrumpidamente desde 1890 a la entrada de la imagen de Nuestra Señora de Las Nieves en la ciudad; y con la no menos célebre “Loa” de llegada al templo de El Salvador. Además, Rodríguez López asumió desde 1855 la autoría de uno de los números más significativos de las fiestas: los “Carros Alegóricos”, al principio simples “escenas lírico-dramáticas”. Su magisterio en esta solemnidad se extendió por espacio de medio siglo, de forma que los tres últimos Carros – correspondientes a los años 1905, 1910 y 1915-, se representaron póstumamente. Entre otros textos para las Fiestas Lustrales destacan: Escena lírico-dramática escrita en Sta. Cruz de La Palma para la Bajada de la Virgen de 1855; Alegoría dramática representada sobre un carro en la Bajada de 1865; Alegoría para el Carro de 1870; Alegoría anunciando la Bajada de la Virgen el año 1875; Carro para la Bajada de la Virgen de 1890; Carro para la Bajada de la Imagen de Ntra. Sra. de Las Nieves de 1910; Carro para la Bajada de 1915; Diálogo entre el Castillo y la Nave; Loa.


“María de Nieves le ha dado
Dios por nombre esclarecido,
El nombre propio, encendido,
Y el sobrenombre, nevado;
De luz y nieve labrado
Tanto nombre se hermosea,
Bien la nieve y la luz se emplea,
Porque se aumentan al verle
Incendios para quererle,
Y candores para amarle.

Juan Bautista Poggio y Monteverde.

El compositor de la actual Loa, Alejandro Henríquez Brito, también nació en la capital palmera el 26 de febrero de 1848. Vino al mundo en el seno de una familia de musicólogos. Fernández García escribía que “su buena fama motivó que, en las ocasiones que en la sociedad palmera se exponía algún problema a resolver con demasiadas evasivas, era frecuente contestar: «Habla claro, que para música, los Henríquez»”.


“...Es Torre preciosa / grabada al buril,
Blanca como nieve hecha de marfil.
Es la fortaleza/ en que el Rey David
Pendientes tenía/ escudos a mil...”

Torre de David, Anónimo de 1840.

Don Alejandro escribió la partitura para el Carro de 1890; la música para cantar los versos dedicados a “San Sebastián” en su onomástica del 20 de enero y las estrofas que se cantaban a “Santa Catalina de Alejandría”, también en aquella ermita homónima de la capital palmera, y «Amor Eterno», que se interpreta aún en la actualidad en los recorridos procesionales de Semana Santa. También realizó varias composiciones de carácter popular, que tomaban auge principalmente en las fiestas de Carnaval.

“Quisiera tener del ángel
el acento de ternura,
la dulzura
de aquella salutación:
que inundó ¡Virgen María!
de alegría
tu precioso corazón.

Quisiera que mi voz fuese como el eco de un gorgeo,
cual deseo
tan sólo para cantar:
la sacrosanta memoria
de tu gloria,
postrado al pie del altar.

Pues la tímida avecilla,
la de argentina garganta,
cuando canta
de la mañana al albor:
es cuan ángel mensajero,
placentero,
misterioso trovador…”

Arpegios. Eduardo de Arévalo, 1885

No había olvidado la escuela de los grandes músicos italianos cuando escribió su preciada obra. “Nuestro artista pudo tener defectos de armonía y composición, pero superó tales debilidades con la profunda sensibilidad que exhalan sus sublimes melodías”. Falleció el 28 de agosto de 1895.

“Devoción que pintada en sus semblantes
presagiaba las gracias y finezas
con que el cielo sus votos protegía
en premio de su fiel correspondencia,
permitiendo bajase a nuestro pueblo
la que es Madre de Dios y Madre nuestra,
como nube fecunda y prodigiosa
que esparce el bien y ahuyenta la miseria.
Como tesoro inmenso de la Nieve
Con que el Eterno su poder ostenta...”

Anónimo de 1830.

Sería más tarde cuando otro destacado músico palmero, don Elías Santos Rodríguez (1888-1966), autor de las partituras de tres “Carros Alegóricos y Triunfales”, orquestaría de nuevo la Loa en 1925; “lo hizo por estar concebida en forma elemental para pocos instrumentos”. También don Manuel Henríquez nos explicaba que “la loa está instrumentada para una orquesta reducida: flauta, violines, viola, cello y piano o armonio. En este siglo, Elías Santos Rodríguez la completó con otros instrumentos de metal y madera. Una introducción orquestal da la entrada del coro mixto a tres voces, terminado el cual se cantan las dos arias por los ángeles extremos, seguidas del dúo, con intervención del ángel central y concluye con un concertante o apoteosis, con solistas y coros”. Continúa informándonos de que “la armonización es sencilla dado el modesto bagaje técnico del autor, pero la composición posee altísimo nivel de inspiración. La línea melódica, italianizante, es de elegante factura, dulce, perfecta en su simplicidad, y sin concesiones al virtuosismo local. Destacan la etérea bondad de las arias y la espiritualidad del concertante. Y diríase, sin duda que las sombras tutelares de Bellini y Donizetti se ciernen sobre ella”.

“El sol de junio desdobla su manteleta dorada
que cuelga en los blancos picos de las montañas más altas.
Un tenue rumor de brisa sueña en la mañana clara.
El aroma de la cumbre viene a volcarse en la playa.
Plenitud de mediodía. La Virgen Morena baja
Desde su ermita del monte al corazón de La Palma.
Una sola voz se escucha. Todo es fervor de plegarias
Que rompe el ronco estampido del castillo y de la barca.
«Rosas de pólvora negra», azucenas desplegadas,
gritos de mando que suenan como una canción innata,
que se estrellan en los ojos de Asieta morena y guapa.
Una calle tortuosa. Multitud abigarrada.
Más flores en el trayecto. La Virgen llega a su casa.
Todos los santos le ponen su linda cara de Pascua, y
María de las Nieves entra de lleno en La Palma”.

El Hecho, Félix Poggio Lorenzo, 1935.

 

El escenario para la emotiva y esperada representación se levantaba originalmente en la Plaza de la Constitución, hoy Plaza de España, al pie de la monumental torre negra de El Salvador. Escribía Alberto José en Ecos del Santuario: “El entarimado se ornamentó con cortinajes y ramas de falla, adorno muy en boga en tiempos pasados. Más tarde la escenificación se trasladó al sitio donde está ubicada la fuente de la mencionada plaza. Entonces se construyó un nuevo templete; se aprovecharon seis columnas que habían pertenecido al antiguo retablo de estilo barroco de la capilla mayor de El Salvador. Con las cuatro columnas mayores, con capiteles jónicos, formaron la parte inferior, colocando entre ambas tres paneles en los que el pintor madrileño Ubaldo Bordanova Moreno pintó tres ángeles; en la parte superior se utilizaron las otras dos columnas más pequeñas, con capiteles corintios, y sostenían un frontispicio que remataba la obra con un óvalo donde aparecía una pintura alusiva a la Bajada de La Virgen”.

“Palma gloriosa cuya dicha alcanza
que sean tus ojos verdes de esperanza
con la Nieve sagrada
de aljófar y perlas esmaltada.
Albricias, pues, divina,
Del cielo ya desciende peregrina,
Viniendo a remediar todos tus males,
Sacra Nieve en arroyos celestiales...”

Anónimo de 1810.



Sin lugar a dudas, la llegada de la venerada imagen al atrio de la Parroquia Matriz de El Salvador, es uno de los momentos más sencillamente emotivos y tradicionales de las fiestas de la Bajada de la Virgen de Las Nieves. Así es como nos describe Henríquez Pérez esos momentos previos: “la Virgen entra, lenta, dificultosamente en la Plaza, rompiendo, destrozando incruenta, amorosamente, la muralla humana de cuerpos y almas y corazones que esperan, anhelantes e impacientes, a la Reina del Monte”.

“… Hoy, Tú, Virgen de las Nieves,
Estrella de los Mares,
después de presenciar el Diálogo
entre el Castillo y la Nave,
en tu sillón de viaje
y que precisamente estrenas,
te abres paso en medio
de esa enfervorizada multitud, que
jubilosamente te aclama
para llegar a la Plaza de España
donde unas jovencitas
clásicamente ataviadas
desde una bella tribuna,
te dan la bienvenida
cantándote la Loa.
Esa Loa que data desde 1880,
para luego penetrar en el templo
donde ya colocada en el Altar Mayor,
parece reinar un silencio
que es interrumpido por el coro
y que yo diría que,
desde las alturas han descendido
los querubes y los ángeles,
para cantar sus glorias
a la que del Cielo y de la Tierra
es Reina y Señora.
Reina, Reina y Soberana”.

A Ntra. Sra de las Nieves, en sus Fiestas Lustrales
María de los Dolores Cabrera, 1975.

La fabulosa urna de oro asciende majestuosamente los once escalones de la elegante escalinata de la que va a ser su residencia accidental hasta el 5 de agosto, onomástica de la Virgen y día de su Subida al Santuario. Conmovedor instante en el que los aplausos de la muchedumbre se unen al repique solemne de las campanas, a los tambores y cornetas, a las bandas de música, al estruendo de los cohetes y cañonazos del Castillo… a la “alegría melancólica del recuerdo y los ojos se nublan con el cristal borroso y trémulo de las lágrimas que afloran. Pasan, en desfile cinematográfico, por la imaginación, momentos, seres queridos, paisajes y muchas cosas que un día fueron, estuvieron aquí, en el día más grande, religiosamente hablando, de Santa Cruz de La Palma”. Se hace el silencio. Acuden las lágrimas, los recuerdos, las nostalgias, las oraciones... Las campanas, los “voladores”, la música, los vítores y aplausos… hasta las palomas callan...: “la Virgen escucha la loa”.

“Coro
Para cantar las glorias / de la inmortal María,
dejando en este día / el firmamento azul,
de la celeste altura/ descienden los querubes
rompiendo de las nubes/ el transparente tul.

Aria voz primera

Purísima María/ a quien los serafines
En templo sin confines/ te dan su adoración.

Aria voz segunda

De misteriosas nieves,/ estrella hermosa y pura
Qué espléndida fulgura/ en la palmés región.

Dúo

Recibe de este pueblo/en su cariño inmenso,
Cual perfumado incienso/ la fe del corazón.

Concertante
Ángel 1

¡Sacro templo!
Ángel 2
¡Tabor misterioso!

Coro y Ángel 1

¡Entreabre tus puertas!

Id. Id. 2

¡Tu roca sea altar!

Ángel 1

Que María…
Ángel 2
Que al ampo precioso…
¡Va a cruzar tus umbrales!

Coro y Ángel 2

¡Va tu cumbre a nevar!

Coro final (todos)

¡Oh, Virgen Sacrosanta!
Sobre la grey cristiana
Tu gracia soberana
Ven pura constante egida
De la risueña Palma,
Que con fervor en su alma
¡Te eleva eterno altar!

Antonio Rodríguez López
(estrenada en 1880 y representada hasta hoy)


Santos Pinto decía que “para aquellas personas que la cantaron o la oyeron en distintas fiestas lustrales, es evocadora y hace despertar los más hondos sentimientos de un tiempo pasado. Como alguien dijo, «quien la oyó no la pudo jamás olvidar»

“Ciudad Palmense, mirad que a su solio se retira
la que, en candores nevados, da a los corazones vida.
Monte, tus dichas celebra, pues ya buelve a su campiña
La Diana de vuestras cumbres, Nieve que gracias distila.

Llorad, llorad esta ausencia, que es la fuerza en tal despedida
Viertan raudales los ojos si queda el alma sentida

Y en su partida,
La Ciudad, triste, llore
Y el monte Ría…”

Anónimo, Loa 2ª para Despedida, 1815.

 


BIBLIOGRAFÍA:

-FERNÁNDEZ GARCÍA, Alberto-José. «La Loa Mariana», Ecos del Santuario, Santa Cruz de La Palma, julio-agosto de 1980.
-HENRÍQUEZ PÉREZ, Manuel. «Un aspecto de la ‘Bajada de la Virgen’: la ‘Loa’ Mariana», Programa Oficial de la Bajada de la Virgen, 1990, Patronato de la Bajada, Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 1990.
- «La Loa», Programa Oficial de la Bajada de la Virgen, 1995. Excmo. Patronato de la Bajada, Madrid, 1995.
-SANTOS PINTO, Elías. «La Loa». Archivo General de La Palma. Colección FSFC.
-«Catálogo», Exposición Conmemorativa del primer centenario de la muerte de Aurelio Carmona y Antonio Rodríguez López, Excmo. Cabildo Insular de La Palma, Junio de 2001.
-PÉREZ MORERA, Jesús. Ángeles y Arcángeles. Cinco siglos de Arte en La Palma, Exposición en la Casa Massieu Van Dalle, Los Llanos de Aridane, del 10 al 8 de abril de 1995, Excmo Cabildo Insular de La Palma.
-PÉREZ MORERA, José Juan. «Una loa del siglo dieciocho para la Bajada de la Virgen», Edición Especial de la Bajada de la Virgen de 1980, Achamán, [Asociación Juvenil Achamán], Junio-Agosto de 1980, nº 1
-CABRERA, María de los Dolores. A Ntra. Sra. de Las Nieves, en sus Fiestas Lustrales, La Laguna, 13 de julio de 1975.
-SANTOS PINTO, Elías. La Loa, [manuscrito.1980], Archivo General de La Palma/ Colección FSFC.
-DUARTE, Félix. La Palma y sus Fiestas Lustrales: ¡Aquí la Reina Eres Tú!. [manuscrito, 1985], Archivo General de La Palma/Colección FSFC.
-ABDÓ PÉREZ, Antonio; REY BRITO, Pilar; PÉREZ MORERA, Jesús. Descripción verdadera de los solemnes cultos y célebres funciones que la mui noble y leal Ciudad de Sta Cruz en la Ysla del Señor San Miguel de La Palma consagró a María Santísima de Las Nieves en su vaxada a dicha ciudad en el quinquenio de este año de 1765. Escuela Municipal de Teatro, Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 1989.
-PÉREZ GARCIA, Jaime. Descripción de todo lo que pasó en la Bajada de Nieves en La Palma año de 1815, Cabildo de La Palma, Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 1997

 


 

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