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LOS MÁRTIRES DE TAZACORTE

José Guillermo Rodríguez Escudero


HISTORIA

Ignacio de Azevedo y Abreu, nacido en Oporto en 1526, fue paje en la corte del Rey Juan III de Portugal desde 1539. Dos años más tarde entra en la Compañía de Jesús, llegando a ser nombrado sucesivamente, rector de los colegios de San Antonio de Lisboa, Coimbra y Braga y más tarde Viceprovincial de Portugal.

En una carta al Papa en 1565 solicita ser enviado a las Indias como misionero. Accediendo a esta petición, es enviado a Brasil como Visitador de la provincia jesuítica. La patente de Visitador fue firmada por San Francisco de Borja, por aquel entonces, General de la Compañía. Aprovecha su etapa en el país recorriendo Río de Janeiro, Bahía, Sao Paulo…, encontrándose en ocasiones con el Padre José de Anchieta y, probablemente con el que llegara a ser Apóstol del Paraguay, el mártir palmero Padre José de Arce y Rojas.

Regresa a Lisboa el 31 de octubre de 1568 y es recibido en audiencia por el Rey don Sebastián. Al año siguiente se dirige a Roma en compañía del embajador don Juan Telos de Meneses y es nombrado Provincial del Brasil, con lo que adquiere la potestad para reclutar una expedición de misioneros.

El Papa San Pío V lo recibe en Roma y le obsequia con diversas reliquias para que fueran veneradas en las nuevas misiones, así como un retrato de la Virgen, copia del original -que se custodia en la capilla Borghese de la Basílica de Nuestra Señora La Mayor de Roma-, atribuido al pincel del Evangelista San Lucas.

Ignacio recorre Madrid, Valencia, Barcelona, Medina del Campo, etc. En Portugal visita Évora, Coimbra, Braga. En todas estas zonas iba alistando voluntarios.
El día 3 de mayo de 1570 concentra en Val del Rosal a los 77 misioneros en la fiesta de la Santa Cruz. El día 2 de junio, cerca de Lisboa, en Belem, escribe ya en el galeón Santiago al General de la Compañía de Jesús.

Don Luis de Vasconçelos y Meneses había sido nombrado gobernador del Brasil, disponiéndose a zarpar en una flota compuesta por siete navíos. En tres de ellos, se habían instalado los misioneros jesuitas, llegando a mediados de junio de 1570 al puerto de Funchal (Madeira). Un poco antes, había salido de La Rochela, en el sur de Francia, el hugonote francés Jacques Souris, al mando de sus navíos, ávidos de encontrar algún botín. Llega al puerto de la isla portuguesa pero es rechazado por la artillería del castillo de San Lorenzo y de los cañones de las naves de don Luis Vasconçelos, cuya flota aún se hallaba anclada en la bahía.

Es curiosa la narración de Guillén de Lugo de Casaus -de quien se dice que inició el fabuloso joyero de la Virgen de Las Nieves-, en el acta del cabildo palmero de 28 de julio de 1570, cuando denomina al pirata francés “Capitán Curi”, asemejándose este nombre a la pronunciación francesa de “Souris”.

El galeón Santiago zarpó del puerto de Funchal con rumbo a Santa Cruz de La Palma el 7 de julio de 1570, aprovechando que los piratas habían abandonado finalmente la isla. A bordo iba el Padre Ignacio de Acevedo con 39 misioneros más y algunos pasajeros, amén de la tripulación. Estuvieron a punto de ser abordados por los cinco navíos de Sourie. Un fuerte viento se levantó repentinamente, lo que dispersó a los barcos, al aproximarse a La Palma. El galeón de los jesuitas tuvo que guarecerse rápidamente en el puerto de Tazacorte. Una vez anclado el galeón, saltaron a tierra los misioneros, quienes fueron acogidos por la familia Monteverde, establecida allí desde hacía algunos años. Se dio la circunstancia de que Melchor de Monteverde y Pruss se había educado junto con el Padre Ignacio en Oporto.

El 13 de julio de 1570 celebró el Padre Ignacio de Acevedo su última misa en tierra, en la iglesia del Patrón de La Palma, San Miguel Arcángel de Tazacorte.
Se cuenta que, en el preciso instante de que el jesuita sumió el cáliz, tuvo una revelación de su próximo martirio. Esto le provocó una tremenda impresión, lo que hizo que con sus dientes produjera una melladura en el borde del cáliz. En las crónicas del alcalde constitucional de la capital palmera Lorenzo Rodríguez, queda recogido ese momento de la siguiente forma: “en un sagrario muy decente se guardaban, con mucha veneración, el cáliz y patena, regalo de San Pío V, con que habían dicho la misa, el cual conservaba una confusa melladura hecha con los dientes incisivos, al tiempo de sumir el linguis, atribuyéndose entonces este hecho a la revelación que en aquel momento había tenido dicho padre de que iba a padecer martirio”. Se cuenta que el Obispo de la Diócesis de Tenerife don Luis Folgueras y Sión, en la visita que hizo a La Palma en 1831, se llevó esta reliquia y la envió a Roma.

Las reliquias entregadas por el Papa fueron desembarcadas y entregadas a su amigo Melchor, como muestra de agradecimiento por su acogida y, quizá, para que no cayesen en manos impías según su premonición. El caballero las depositó en la ermita de San Miguel. Este cofrecito se guarda aún hoy en esta parroquia.

El 14 de julio de 1570 zarpa el galeón Santiago rumbo a Santa Cruz de La Palma, por la parte sur de la isla. El mar, por este lado de poniente, se hallaba en calma ese día, lo que obliga al galeón a avanzar lentamente costeando la isla para mejor aprovechar el “terral”, la ligera brisa que le llega de tierra.

El corsario Jacques Sourie, a bordo del navío de guerra “Le Prince”, pudo interceptar al galeón de los jesuitas cuando éste se aproximaba a la Punta de Fuencaliente, aprovechando los vientos favorables que le venían del mar por la parte del naciente. Esto sucedió al amanecer del día 15 de julio. A los disparos de intimidación por parte de los piratas, les siguen los intentos de abordaje. Mientras tanto, los otros navíos del pirata se iban acercando al galeón “Santiago”. A la orden de Sourie, de los cinco barcos franceses saltaron salvajemente sobre el galeón portugués, unos piratas armados ávidos de sangre y riquezas. Nada pudieron hacer los tripulantes y los jesuitas. Todos iban sucumbiendo ante tal atroz ataque. El Padre Acevedo alentaba como podía a sus compañeros y compatriotas. Un capitán calvinista lo hiere en la cabeza con una espada. A duras penas seguía exhortando a los suyos a perdonar a los verdugos, mientras abrazaba con fuerza el pequeño cuadro de la Virgen, obsequio de Pío V. Herido de muerte por tres golpes de lanza, cayó al suelo sin vida.

Los piratas lanzaron por la borda a los cuerpos, algunos moribundos, hasta que los vieron hundirse en el mar. Los martirizados fueron dos sacerdotes, siete alumnos del Escolasticado, ocho hermanos coadjutores y veintitrés novicios.
Tan sólo se le había perdonado la vida al hermano cocinero, un joven que era sobrino del capitán de la nave. No satisfecho con su destino, decide vestirse con el hábito religioso y se declara jesuita. Fue degollado.

Después del martirio, los asesinos llegan a San Sebastián de La Gomera en son de paz. Al paso de los días se fue divulgando la espeluznante noticia. El Conde de La Gomera, don Diego de Ayala y Rojas, recaba de Jacques Sourie la entrega de los 28 miembros de la tripulación y pasajeros lusitanos que tenía prisioneros el corsario francés. Una vez llegados estos hombres a Funchal, relataron minuciosamente al jesuita Padre Pedro Díaz lo ocurrido a bordo de la nave portuguesa. Todo fue recogido en “La Relación del martirio del padre Ignacio de Azevedo y sus compañeros”.

Como premonición del acontecimiento que iba a vivir, uno de los mártires, el vizcaíno Padre Esteban Zurara (o Zuzayre, como lo llama el mencionado alcalde en sus “Noticias…”), antes de partir de Plasencia, donde vivía, para ir al Brasil, dijo al Padre José Acosta, su confesor, que “partía alegre y contento por tener la certeza de alcanzar el martirio".

El Papa Benedicto XIV en su Bula de 21 de septiembre de 1742, reconoció el martirio de los cuarenta jesuitas “conocidos por antonomasia con el nombre de Mártires de Tazacorte y S.S. Pío IX en el año de 1862, día de Pentecostés los canonizó”.

Santa Teresa de Jesús -que tenía entre los mártires su sobrino Francisco Pérez Godoy , originario de Torrijos, Toledo-, aseguró a su confesor Baltasar Álvarez el mismo día en Ávila haber participado en su oración de la gloria con que el cielo había coronado a aquel invicto escuadrón de mártires misioneros. Le comunicó que había tenido una visión en la que había visto a estos mártires “entrar en el cielo vestidos de estrellas y con palmas victoriosas”.

El 11 de mayo de 1854 el Papa Pío IX los beatificó y en el santoral católico aparece reflejada esta festividad el 15 de julio. Se celebra anualmente en Tazacorte, tras la solemne función religiosa concelebrada en honor a los Mártires, la procesión con la talla del Beato Ignacio de Acevedo y la arqueta con las reliquias, las cuales también son expuestas.

En la actualidad se han colocado en el fondo del mar, donde se cree que fueron arrojados los jesuitas, cuarenta cruces de piedra que recuerdan tan triste episodio. A pesar de que “se trata de uno de los hechos históricos y religiosos más importantes que ha tenido La Palma y Canarias”, lamentablemente pocos palmeros y canarios conocen esta festividad ni tampoco esta historia.

Se está considerando la posibilidad de nombrar al Padre Ignacio de Acevedo Alcalde Honorario y Perpetuo del municipio. También se estudia el proyecto de acondicionamiento de las cuevas del Time, en el Barranco de las Angustias, para destinarlas a un centro temático que recuerde a estos misioneros. Éstos estuvieron en estas oquedades haciendo penitencia.

LISTADO DE MÁRTIRES

NOMBRE

MARTIRIO

PATRIA

1. P. Ignacio de Azevedo

Muerto a golpe de espada y lanza

Oporto, Portugal

2. P. Diego de Andrade

Lanzado vivo al mar

Pedrogram Grande, Portugal

3. Fr. Antonio Suárez

Lanzado vivo al mar con puñaladas

Alentejo, Portugal

4. Fr. Bento de Castro

Lanzado vivo al mar con golpes de arcabuz

Chacem,. Portugal

5. Fr. Juan Fernández

Lanzado vivo al mar

Lisboa, Portugal

6. Fr. Manuel Alvares

Torturado, lanzado al mar

Lisboa, Portugal

7. Fr. Francisco Alvares

Lanzado vivo al mar

Covilha, Portugal

8. Fr. Juan de Mayorga

Lanzado vivo al mar

Navarra, España

9. Fr. Esteban Zurara

Lanzado vivo al mar

Vizcaya, España

10. Fr. Afonso Baena

Lanzado vivo al mar con puñaladas

Villotobas, Toledo

11. Fr. Domingo Fernandes

Lanzado vivo al mar con puñaladas

Villa Viçosa, Portugal

12. Fr. Gonzalo Anriques

Lanzado vivo al mar

Oporto, Portugal

13. Fr. Juan Fernandes

Lanzado vivo al mar

Braga, Portugal

14. Fr. Alejo Delgado

Lanzado vivo al mar

Elvas, Portugal

15. Fr. Luis Correa

Lanzado vivo al mar

Évora, Portugal

16. Fr. Manuel Roiz

Lanzado vivo al mar

Alcouchete, Portugal

17. Fr. Simón Lopes

Lanzado vivo al mar

Ourem, Portugal

18. Fr. Manuel Fernandes

Lanzado vivo al mar

Celorico, Portugal

19. Fr. Alvaro Mendes

Lanzado vivo al mar

Elvas, Portugal

20. Fr. Pedro Nunnes

Lanzado vivo al mar

Fronteira, Portugal

21. Fr. Luis Roiz

Lanzado vivo al mar

Évora, Portugal

22. Fr. Francisco de Magaihaes

Lanzado vivo al mar

Alcácer do Sal, Portugal

23. Fr. Nicolás Dinis

Lanzado vivo al mar

Bragança, Portugal

24. Fr. Gaspar Albares

Lanzado vivo al mar

Oporto, Portugal

25. Fr. Blas Ribeiro

Decapitado

Braga, Portugal

26. Fr. Antonio Fernandes

Lanzado vivo al mar

Montemor-o-Novo, Portugal

27. Fr. Manuel Pacheco

Lanzado vivo al mar

Ceuta, España

28. Fr. Pedro de Fontoura

Semidecapitado, lanzado al mar

Braga, Portugal

29. Fr. Simón da Costa

Decapitado, lanzado al mar

Oporto, Portugal

30. Fr. Andrés Gonçalves

Lanzado vivo al mar

Vianna d'Alvito, Portugal

31. Fr. Amaro Vas

Lanzado vivo al mar

Oporto, Portugal

32. Fr. Diego Pires

Golpe de lanza, lanzado al mar

Nisa, Portugal

33. Fr. Marcos Caldeira

Lanzado vivo al mar

Évora, Portugal

34. Fr. Antonio Correa

Lanzado vivo al mar

Oporto, Portugal

35. Fr. Fernán Sánchez

Lanzado vivo al mar

Castilla, España

36. Fr. Gregorio Escribano

Lanzado vivo al mar

Logroño, España

37. Fr. Francisco Pérez Godoy

Lanzado vivo al mar

Torrijos,. Toledo

38. Fr. Juan de Zafra

Lanzado vivo al mar

Jerez de los Caballeros, Badajoz

39. Fr. Juan de San Martín

Lanzado vivo al mar

Yuncos, Toledo

40. Fr. Juan Adaucto

Lanzado vivo al mar

Portugal


POESÍA

Poesía del Beato José de Anchieta que el Obispo de la Diócesis, don Felipe Fernández, entregó a los fieles en la Festividad de Los Mártires de 1997.

“LO DULCE NO GUSTARÁ”

“Lo dulce no gustará
Quien no gusta del acedo,
Como Ignacio d’Azevedo.

El exceso de amarguras,
Que el buen Jesús padeció,
Con amor las convirtió
En exceso de dulzuras,
Con que al hombre regaló.
Lo uno y otro bebió
Ignacio, que muerto está,
Con muerte que vida da,
Porque quien hiela no gustó
Lo dulce no gustará.

El trabajo, Abatimiento,
Dolor, muerte acedos son.
Bebiólos, de corazón,
Con excesivo contento,
Ignacio, grande varón.
Si quieres tal bendición,
Síguelo con gran denuedo,
Porque es justicia y razón,
No tenga consolación
Quien no gusta del acedo.

Azevedo acedo queda,
Si sacas del medio ve,
Porque el acedo fue
Para Ignacio viva rueda,
Con que se probó su fe.
Su amor perfecto fue
Desechando todo el miedo,
Pues quien tal ejemplo ve,
Firme en sólo Dios su pie,
Como Ignacio de Azevedo”


RELATO DE LOS ÚLTIMOS MOMENTOS DE LOS MÁRTIRES DE TAZACORTE

Los pasajeros habían salido el 7 de Junio de 1570 en la flota -compuesta de siete galeones- que navegaba rumbo al Brasil. En la expedición también se dirigía a la colonia el nuevo gobernador Luis de Vasconcelos de Menezes -Comendador de Villada en la Orden de Cristo-. Los jesuitas se distribuyeron en tres de ellos: el Padre Ignacio de Azevedo con 44 misioneros en el galeón Santiago; el Padre Dias con otros 20 en el navío almirante de la escuadra, y el Padre Francisco de Castro con los restantes en el Os Orfaos.

Llegaron a la isla de Madeira el 14 de Junio y el Santiago alzó velas en el puerto de Funchal el 7 de Julio, ya que tenía que dirigirse a Santa Cruz de La Palma a descargar mercancías. Sin embargo, una borrasca le obligó a arribar al puerto de Tazacorte donde permaneció varios días. En la ermita de San Miguel de ese pueblo palmero, el Padre Azevedo celebró la Santa Misa el día 13. Cuenta la tradición que, durante la Consagración y justo en el momento de sumir la sangre en el cáliz, el jesuita tuvo una visión premonitoria: vio la corona del martirio pendiente de su cabeza por revelación divina. Desde ese momento sabía que iba a morir. En el cáliz, que aún se conserva, es fácil distinguir la huella de sus dientes grabados por obra milagrosa como reflejo de la impresión y arrobamiento recibida por el futuro mártir. Este cáliz estuvo en Tazacorte durante 175 años, desde 1570 a 1745, hasta que el Obispo Juan Francisco Guillén lo extrajo de la ermita regalándoselo a los Padres Jesuitas de Gran Canaria.

Simultáneamente a estos hechos, el pirata francés Jacques de Sores -teniente de Pie de Palo que dirigió el desembarco y saqueo de 1553 y que el año anterior se vio elevado al mando supremo de la flota protestante- también se dirigía con ésta hacia las islas del Océano. Como inmediatos subordinados se hizo acompañar de los capitanes Jean Boucard y Jean de Capdeville. Esto sucedía el 15 de Julio de aquel año. El feroz corsario conocía la ruta de la nave Santiago, en la que viajaban el jesuita Ignacio de Azevedo con 44 misioneros hacia Brasil y, cerca de la punta de Fuencaliente frente a Boca Fornalla, le cortó el paso con su navío de guerra Le Prince, situándose en posición de combate y disparando su artillería para intimar la rendición.

El capitán del Santiago demandó a Azevedo autorización, dada su escasez de hombres útiles, para armar a los novicios, mas el provincial se negó a ello, exhortando a cada cual a cumplir con su propia misión, y ordenando a los novicios, con el maestro Bento de Castro, descendiesen a sus camarotes para orar, y cuando él regresó a cubierta para auxiliar espiritual y materialmente a combatientes y heridos, ya se había iniciado la lucha.
Los hugonotes intentaron por tres veces el abordaje. Sin embargo fracasaban en su intento ante la enérgica resistencia de la tripulación lusitana. Una vez concentrada toda la flota, pudo dar la orden de abordaje y asalto general cayendo los cinco navíos franceses sobre su presa en grupos de 40 hombres por babor y estribor. La lucha adquirió un hondo dramatismo. En medio del fragor de la pelea se distinguía la voz del padre Azevedo animando a sus compatriotas a morir por la fe, en lucha contra sus más declarados enemigos, hasta que atravesado su cuerpo de tres lanzadas, cayó exánime en los brazos de su compañero Diego de Andrade. Esta escena fue inmortalizada por un famoso pintor francés, Jacques Courtois -el Borgoñón-, con sus pinceles.

Los supervivientes de la tripulación y resto de pasajeros, unos 28, se rendían a discreción. El maestro de novicios, Bento de Castro, fue acribillado a arcabuzazos, desfalleciendo en el sollado mientras sus labios proclamaban a gritos su calidad de hijo de la Iglesia romana; Manuel Álvarez que tuvo la noble osadía de hacer ver a los herejes su ceguera, fue apuñalado; el padre Diego de Andrade, que cumplía misión espiritual de confesar a sus compañeros, irritó de tal manera a los luteranos, que se abalanzaron sobre él apuñalándole; e igual fin tuvieron Braz Riveiro y Pedro Frontero.

Los piratas renovaban el fervor y la fe de los supervivientes, que en constante emulación alcanzaban la palma del martirio; dos padres, Gregorio Escribano y Álvaro Mendes, que yacían enfermos postrados en el lecho, tuvieron fuerzas para subir descalzos y semidesnudos al sollado desde donde los lanzaron vivos al mar.

Detenidos y apresados los demás padres y novicios, quisieron los piratas que antes de su muerte les rindiesen alguna utilidad, obligándoles a trabajar en las bombas, con las que se proponían salvar de un seguro naufragio al galeón Santiago. Mientras esto ocurría, los asesinos recorrían los aposentos registrando cofres y talegos para profanar reliquias e imágenes, haciendo escarnio de los ornamentos y objetos de devoción.

Consultado el pirata con sus esbirros sobre la suerte que les preparaba, ordenó una matanza general al grito de “¡Mueran!¡Mueran los papistas que van a sembrar la falsa doctrina en el Brasil!”. Los feroces verdugos –dice Rumeu de Armas- cayeron entonces sobre la humilde hueste y sin perdonarles humillaciones de todo género, fueron sucumbiendo, unos a puñaladas, y otros a tiros en confuso montón de ancianos, jóvenes y casi niños sacerdotes y novicios, muertos y heridos.



Es digna de mencionar la actuación de Simao de Acosta, joven de 18 años que, no vistiendo todavía los hábitos y sintiendo Sores conmiseración hacia su persona, se declaró a gritos hijo de San Ignacio para alcanzar la palma del martirio.
Así terminaron sus días coronados por el martirio aquella primera legión misionera de jesuitas, a los que la Iglesia conoce con el nombre de los Mártires del Brasil aunque más apropiado sería llamarlos de Canarias o de Tazacorte, en cuyas aguas sucumbieron. De esta última manera es como han sido reconocidos a través de los tiempos por las generaciones de palmeros.
El Papa Benedicto XIV, en su Bula de 21 de Septiembre de 1742, reconoció el martirio de estos religiosos y Pío IX, en el día de Pentecostés de 1862, los beatificó.

 

LOS CUADROS

La plasmación del Padre Acevedo y los llamados Mártires del Brasil – Mártires de Tazacorte entre nosotros-, tiene al menos, en el Archipiélago Canario, tres representaciones conocidas que han sido objeto de estudio por la profesora Carmen Fraga desde 1977.

Estas tres pinturas nos reflejan el instante del trágico y sangriento suceso acaecido en aguas próximas a Fuencaliente, al sur de La Palma, el 15 de julio de 1570. El recuerdo de este martirio se llegó a borrar con el paso del tiempo, como narró el Padre Alonso de Andrade, en misión en Canarias entre 1631 y 1633. Por aquel entonces, tan sólo algunos ancianos tenían noticia del asunto. Se decide entonces plasmar en un lienzo el heroico y santo gesto de los jesuitas. Se pinta al Padre Acevedo, capitaneando al grupo de misioneros, con la imagen de la Virgen en la mano, “como a caudillo”.

1.- DESAPARECIDO

El cuadro se colocó, como nos indica Escribano Garrido, en la suntuosa Parroquia de El Salvador de la capital palmera, con un rótulo grande al pie que declaraba su martirio, el número y los nombres de todos. Esta fue la primera representación de esta tragedia, en el siglo XVII. Lamentablemente no se conoce el paradero de este lienzo. Se conocen, eso sí, las tres representaciones posteriores, versiones del original desaparecido, y que fueron ejecutadas por lamisma época. Estas telas son las que se custodian en los templos de San Miguel de Tazacorte- Patrón de La Palma-, El Salvador de Santa Cruz de La Palma y el Museo Diocesano de Arte Sacro de la Catedral de Santa Ana de Las Palmas.

2.- EL SALVADOR

El cuadro de Juan Manuel de Silva (1687-1751) - pintor, escultor y dorador palmero-, fue inventariado por primera vez en la Iglesia Matriz de El Salvador el 15 de enero de 1719: “Item una pintura pequeña del P. Axeuedo y sus compañeros varones ilustres de la compañía de Jesús que esta en el baptisterio”. Con posterioridad, en 1721, consta en las cuentas de fábrica un gasto de 10 reales por “retocar el quadro de los Venerables Padres Jesuytas Martires, que esta en la Iglesia”.

Estamos ante un lienzo apaisado (104 x 75 cms), donde figura el retrato de ocho jesuitas atravesados por cuchillos, hachas y espadas, instrumentos de su martirio. El Padre Ignacio de Acevedo lleva en sus manos el pequeño cuadro de la Virgen que le había entregado el Papa Pío V en Roma antes de emprender rumbo a Brasil. El profesor Jesús Pérez Morera nos indica que “su rostro reproduce los tipos acostumbrados en Juan Manuel de Silva. Un cuadro de análogo asunto y composición existe en la iglesia de San Miguel de Tazacorte, contemporáneo o quizás anterior a éste de El Salvador”. La profesora Gloria González, a pesar de que la cita como “obra anónima del siglo XVII, repintada en 1721”, nos aclara la inscripción que lleva en la faja inferior del cuadro “EL V P YGNACIO DE ACEBEDO CON 39 CONPÑEROS DE LA CONPÑIA DJESUS FUERO/MARTRISADOS EL DA 15 D JULIO POR LOS HEREJES, ENEL MAR ABISTA D TSACORTE AÑO. DE 1570.” El marco en madera de 13 cms de ancho parece del siglo XVIII: laterales pintados en verde y cartelas centrales en rojo con representaciones de paisajes y formas vegetales. Esquinas doradas con follaje grabado. Actualmente se custodia en la Sala Capitular del mencionado templo capitalino.

3.- MUSEO DE ARTE SACRO DE LAS PALMAS

El cuadro que se guarda en el Museo Diocesano de Arte Sacro de la Catedral de Las Palmas, es un óleo sobre lienzo de 217 x 136 cms de autor anónimo del siglo XVIII. Tiene también una leyenda que reza: “El venerable padre Ignacio de Acevedo con 39 conpañeros de la compañía de Jesús /fueron martirizados por los Hugonotes en 1570 a 15 de julio, a bista de Tazacorte en la Isla de La Palma”. A diferencia del cuadro de Silva, éste que nos ocupa, más grande, muestra doce jesuitas de negro riguroso y de tristes semblantes. Aparecen cuatro puñales, dos alfanjes y un hacha que se clavan en las cabezas y pechos de siete de ellos. En el centro, el Padre Superior sujeta el cuadro de la Virgen. Dos ángeles sobrevuelan la escena con dos coronas de flores cada uno.

Esta obra sufrió considerables deterioros en la segunda mitad del siglo XX, cuando el edificio donde se ubicaba la Casa de la Compañía de Jesús en Vegueta fue abandonado. Se restauró en 1971 en los talleres de la Casa de Colón. Existen algunas hipótesis acerca de la autoría de este cuadro. Tras la mencionada intervención, la pintura fue afiliada a Cristóbal Hernández de Quintana, un artista orotavense fallecido en 1725. Sin embargo, otros investigadores, como don Carlos Rodríguez Morales, afirma que “no puede atribuirse en modo alguno al artífice tinerfeño”.

4.- IGLESIA DE SAN MIGUEL DE TAZACORTE

La tercera tela se guarda en la Iglesia del Arcángel San Miguel de Tazacorte, siendo ésta, contemporánea a la de El Salvador. Tiene un texto más extenso que los anteriores: “Abiendo salido el padre frai Inacio de Acebedo con 39 conpañeros a predicar la fe y padecer martirio por ella llegaron a este lugar de Theçacorte y habiendo saltado en tierra y dicho misa el padre frai Inasio y dado la sagrada eucaristía a sus conpadres bolvieron a enbarcar y enfrente de la punta de (perdido) nabio de franceses hugonotes y fueron martiriçados por ellos, a (perdido) de julio de (perdido)”.

Estudiosos en esta materia han acertado a afirmar con rotundidad que, tanto la tela grancanaria como las dos palmeras parecen “corresponder a la misma época, esto es, principios del siglo XVIII… podemos inferir que una de ellas imita a las otras dos, o bien que las tres representaciones emulan, remedan a una pintura anterior, quizá aquella primigenia colocada en el templo del Salvador”.

 

 

 

LA ARQUETA DE LAS RELIQUIAS

“Se trata de una arqueta prismática de madera forrada en cuero gofrado en oro con tapa semicircular. Asa abatible sobre la cubierta y cerradura con pasador en el frente, ambas de bronce. La decoración, a base de motivos vegetales geometrizados y encintados curvilíneos de diseño simétrico formando bandas y medallones, se distribuye en una faja principal ceñida por sendos frisos de hojas de vid y roleos, a modo de cornisa y zócalo. Todos renacentistas con cabezas de perfil simétricamente afrontadas femeninas y masculinas – que recuerdan el busto del emperador Carlos V-, se repiten sobre la tapa y las caras laterales. Tanto el formato y las proporciones de la caja como su ornato siguen las nuevas tendencias del Renacimiento a la italiana”

Jesús Pérez Morera


Esta arqueta, conocida como la de los Mártires, tiene las siguientes medidas: 28 x 19 cm (base), 18,30 (altura) y es anterior a 1570. Contiene las reliquias que el Papa San Pío V entregó en Roma al padre Ignacio de Azevedo (nombrado visitador del Brasil por San Francisco de Borja). Son las mismas que este beato jesuita había regalado en Tazacorte a su amigo, el caballero flamenco Melchor de Monteverde, esclavón y regidor de Amberes en prueba de agradecimiento y amistad por su hospitalidad durante la estancia del grupo de jesuitas en el bello pueblo palmero. Esto ocurría en julio de 1570, días antes de su martirio.

Entre las veintidós inventariadas en 1718, el magnífico arcón cuenta con las siguientes reliquias: una canilla de Santa Cristina (joven oriunda de la Toscana que sufrió los más terribles martirios), la quijada de Santa Inés (virgen y mártir romana degollada tras haber salido ilesa de la hoguera), huesos del Papa San Gregorio Magno (uno de los cuatro Padres de la Iglesia Latina y elegido Pontífice contra su voluntad en el 590), ropa de las Once Mil Vírgenes (asaetadas junto con Santa Úrsula por los hunos ante los muros de Colonia), una costilla de los Santos Inocentes (las ciento cuarenta mil pequeñas víctimas de cruel Herodes), un pedazo de la cabeza de San Vicente Mártir (diácono aragonés martirizado en Valencia en el 304 durante la persecución de Diocleciano), etc.

En 1745 se produjo la visita del obispo don Juan Francisco Guillén y se dejó constancia durante la misma que las reliquias las habían dejado en “la dicha hermita de Tasacorte los venerados Padres Jesuitas Ygnacio de Acebedo y sus treinta y nuebe compañeros, que pasaban de missión al brasil en el año de mil quinientos y setenta, abiendo celebrado missa en dicha hermita el dicho Padre Ygnacio a sus compañeros, quien las entregó a un caballero Monteverde…”

Otras confusas noticias y sin fundamento histórico otorgan otro origen a la llegada de estas reliquias a Tazacorte. Por ejemplo, lo que se decía de ellas en el diario de noticias del capitán don Nicolás de Sotomayor Topete y que fueron contadas a don Diego González Hurtado en 1701. Allí se contaba cómo fueron traídas por sus antepasados desde Flandes “que las tenía un caballero que les debía mucha cantidad de dinero y se las dejó en prenda”. Así mismo, el Marqués de San Andrés don Cristóbal del Hoyo y Sotomayor decía que “nuestras abuelas colocaron en la iglesia de San Miguel de Tazacorte una arquilla de reliquias que van con su bula ya para V siglos caminando”.

Se sabe por el inventario de 1613 que, entre la mesa del altar mayor y la peana sobre la que se venera la imagen flamenca del Arcángel San Miguel, existía una “caxita o relicario donde están las reliquias que en la dicha yglecia están guardadas…” Otras visitas eclesiásticas en 1672 y 1701 confirmaban que las reliquias de la iglesia de San Miguel y las que actualmente se custodian en el vecino Santuario de las Angustias se veneraban conjuntamente en el primer oratorio dentro de “vn cajonsillo cubierto con vn tafetán donde estaba vn cofresito aforrado en terciopelo carmesí por dentro y en él las Santas Reliquias embueltas en vnos paneles y tafetanes con sus rótulos renobados…”.

El profesor palmero Pérez Morera también indicaba que, por aquel entonces, las llaves del cofrecillo y el cajón de las reliquias se encontraban en la ciudad, en poder de don Juan de Monteverde, descendiente del primer dueño de las haciendas de la zona. Luego pasaron al maestre de campo don Juan de Sotomayor Topete. Más tarde tres de ellas pasaron a la ermita de Las Angustias – “un pedasito de pan del que sobró del milagro que Christo hizo con las turbas, parte del casco de San Esteuan y parte de vna quijada de Santa Apolonia“ para ser custodiadas en un cofrecillo pequeño dorado y esmaltado que aún existe dentro de una hornacina acristalada hecha en una pared lateral de la capilla mayor. Fue confeccionado en La Palma a fines del siglo XVII, “a costa y devoción del capitán don Nicolás de Sotomayor Topete y Massieu (1641-1710)”.

Los dueños del ingenio azucarero de Tazacorte pusieron en el siglo XVIII nuevo techo a la capilla del patrono San Miguel “figurando un gran retablo en el cuadro pintado en 1738 por el maestro palmero Luis José Escultor, que es el que cubre el testero de dicha capilla”. Así lo recogía don Miguel de Monteverde Benítez de Lugo en 1854.

Los escritos de la visita de 1745 informan de cómo las reliquias fueron trasladadas a Santa Cruz de La Palma. Allí fueron depositadas en el oratorio episcopal mientras se construían unas urnas “mui decentes” que fueron fabricadas con tres llaves (una para el vicario, otra para el cura de Los Llanos y la última “a cuidado del caballero que acostumbra tenerla”) y de diferentes guarniciones, una para la ermita de San Miguel y otra para el Santuario de Las Angustias. Es probable que para la primera iglesia se trate del tabernáculo que aún se conserva en el retablo colateral de la Epístola. Se trata de un sagrario de madera pintado exteriormente por escenas alusivas al martirio de los jesuitas. El Obispo nivariense Rey Redondo visitó la ermita y las reliquias. Ordenó que se proveyese al tabernáculo con sólo una llave y que ésta se guardase en sitio seguro. Indicó que dicho sagrario no fuera restaurado, ni reformado exteriormente puesto que está “decorado con las antiguas pinturas que representan el martirio de los Santos Ynacio de Acebedo y Compañeros, cuya prevención se extiende también al cuadro que en dicha yglesia se conserva con el retrato de los Santos Mártires”.

Cada 15 de julio, onomástica de los Mártires de Tazacorte, la imagen del Beato Ignacio de Acebedo y la arqueta de las reliquias recorren las calles de Tazacorte a hombros de un pueblo orgulloso de tener este importante vestigio de historia y de fe.

 

 

LA CASULLA DE LOS MÁRTIRES

Según la tradición, como vimos, con esta casulla habría celebrado la última misa el beato Ignacio de Acevedo el 15 de julio de 1570 en la ermita de San Miguel Arcángel. Está confeccionada en damasco de seda verde y sus medidas son 105 x 65,5 cms. Se custodia en dicho templo. Sin embargo, la primera noticia que se tiene de esta pieza es algo más tardía y está fechada en 1895, cuando el obispo Nicolás Rey Redondo, durante su visita a Los Llanos de Aridane, dio cuenta de la existencia en la ermita de Tazacorte de “una casulla verde con que según tradición celebró por última vez el Santo Sacrificio de la Misa dicho santo Mártir Ynacio de Acebedo”. Fue precisamente entonces cuando el prelado prohibió que ningún sacerdote celebrase misa con ella. Así mismo, consciente del valor de la pieza, ordenó que se construyese “una caja donde se conserve dicho sagrado ornamento con inscripción de la piadosa tradición”. El profesor Pérez Morera continúa informándonos de que, el propio obispo había mandado recabar el informe de las personas ancianas y los sacerdotes más antiguos del país, “principalmente el Presbítero don José Rodríguez Pérez, que fue uno de los que nos ha comunicado la importante noticia” (A.P.R., Visitas, f 177).

Precisamente el mismo investigador palmero, en su minucioso estudio sobre este ornamento religioso, nos dice que no parece ir más allá del siglo XVII, de acuerdo a la documentación a la que ha tenido acceso. Así, en el Inventario de 1613, no figura ninguna casulla de damasco verde y sólo consta la existencia de dos casullas viejas y muy usadas, una de paño rojo y morado y otra de damasquillo amarillo.

Es lamentable que no haya llegado hasta nosotros ninguna de las valiosas vestiduras con las que el caballero Jácome de Monteverde había dotado a la ermita. En 1528 estaban consideradas como “las más rricas que ay en estas Yslas”. Pérez Morera nos detallaba en su estudio que “se trataba de tres casullas, la primera de zarzahán tornasolado, la segunda de paño colorado y morado con las figuras del Crucificado, la Virgen y San Pedro, y la tercera de sarga morada”. En 1577 se informa de nuevas piezas: “una vestimenta de brocado falso amarillo…; una casulla de terciopelo negro bordada en oro…; una vestimenta de paño de Londres y una vestimenta de chamelote amarillo…”

Los diversos fragmentos de damasco que se aprecian en la confección de la pieza que nos ocupa, no parecen ser remiendos. Tal vez haya sido hecha así originariamente para aprovechar al máximo el tejido. Sus dibujos son iguales a los del magnífico Terno de la Conquista de la parroquia matriz de El Salvador de la capital palmera, anteriores a 1687. Un damasco en el que se aprecia un diseño de acusada geometrización vegetal, con “ramilletes de flores, granadas y tallos dispuestos en bandas alternativas a derecha e izquierda”.

El mismo investigador también nos informaba de una curiosidad. El obispo García Ximénez había recomendado en 1673 que los ornamentos del culto divino se “hiciesen con damasco de España y no de Ytalia, por la mayor duraçión”. Su conclusión es que se trata de un damasco tejido en Toledo, Granada, Valencia o Sevilla. Hay que recordar que Toledo fue, junto con Granada, el centro sedero más importante de España durante los siglos XVI y XVII.

 

 

«A IGNACIO DE ACEVEDO»

Aproximación a la obra literaria de José de Anchieta de José María Fornell. Editado por el Centro de la Cultura Popular en 1986 y recogido por Talio Noda Gòmez en su obra Otra aportación sobre los Mártires de Tazacorte

“Quiso Dios que diese vida
Al enemigo francés
La muerte del portugués

Con la Virgen en tu mano
¡Oh, Ignacio, varón fuerte!
Peleaste de tal suerte,
Que del hereje tirano
Triunfaste con tu muerte.

Recibiste, sin moverte,
Cruel y mortal herida,
Y con tal victoria habida
A ti, su sangrienta muerte
QUISO DIOS QUE DIESE VIDA

Jacques Soria te mató
Francés cruel y ladrón,
Mas tu vida y tu pasión
Creemos que le alcanzó
Verdadera contrición.

A la fe del corazón
Se redujo en la vejez,
Porque tú, con oración
Ganaste de Dios perdón
AL ENEMIGO FRANCÉS

Porque tú desde aquel día,
A Jesús crucificado
Que, a voces perdón pedía
Para el pueblo, que lo había
En el madero enclavado.

Le ruegas, muy inflamado,
Porque tu matador francés,
Él quiere, por ti aplacado,
Que gane vida al culpado,
LA MUERTE DEL PORTUGUÉS”


 

BIBLIOGRAFÍA:

- ARCHIVO PARROQUIAL DE NUESTRA SEÑORA DE LOS REMEDIOS, Los Llanos de Aridane, libro de Visitas, f,. 177
- ESCRIBANO GARRIDO, Julián. Los jesuitas y Canarias (1566-1767). Universidad de Granada, Granada, 1987.
- FRAGA GONZÁLEZ, María del Carmen, «La pintura en Santa Cruz de La Palma», Homenaje a Alfonso Trujillo, Santa Cruz de Tenerife, 1982, p.366
- LAVANDERA LOPEZ, José. La Huella y la Senda: [exposición, Catedral de Santa Ana, Las Palmas], Viceconsejería de Cultura y Deportes. Gobierno de Canarias: Diócesis de Canarias, VI Centenario, D.L. 2003.
- LORENZO RODRÍGUEZ; Juan-Bautista. Noticias para la Historia de La Palma, Santa Cruz de La Palma, 1985. P. 121.
- MILLARES PEREZ, Salvador, «Los Mártires de Tazacorte», El Día de La Palma, ( 9 de abril de 1986).
- PEREZ MORERA, Jesús, Bernardo Manuel de Silva, Viceconsejería de Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias, 1994.
- Idem. “Arqueta de las Reliquias”, “Casulla de los Mártires”, “Cáliz del Presentimiento”, “Mártires de Tazacorte”, en La Huella y la Senda, Canarias: Viceconsejería de Cultura y Deportes: Diócesis de Canarias, VI Centenario, D.L., 2003
- PINTO Y DE LA ROSA, José María: Apuntes para la Historia de las Antiguas Fortificaciones de Canarias
- PROGRAMA. Festividad de los Beatos Mártires de Tazacorte. Parroquia de San Miguel Arcángel. Tazacorte, (15 de julio de 1999).
- RODRÍGUEZ, Gloria. La iglesia de El Salvador de Santa Cruz de La Palma, Madrid, 1985, p. 55
- «Se pide la creación de un centro para recordar a los Santos Mártires de Tazacorte», El Día, (04 de noviembre de 2003).

 

 

 


        
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