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LA CAPILLA DE LA VIRGEN DE MONTSERRAT. IGLESIA DE SAN FRANCISCO DE ASÍS SANTA CRUZ DE LA PALMA

José Guillermo Rodríguez Escudero


Se la ha considerado como la mejor y más importante capilla de la ciudad, fundada por don Gabriel de Socarrás y Centellas y su esposa doña Ángela de Cervellón Bellid, hija del conquistador don Vicente Cervellón. Ornada con riqueza inusual, constituye una de las primeras muestras del arte renacentista en Canarias. A pesar de su decoración “a lo romano”, la traza del arco, ligeramente apuntado, y la ventana ojival de la pared meridional evidencian la pervivencia del gótico; el arco labrado en piedra no tiene comparación en las Islas.
Socarrás era un mercader catalán que llega a La Palma en 1501 y recibe datas del Adelantado Lugo. Los orígenes del donante quedan manifestados en la advocación de la capilla, al ser la patrona de su región, y que se fabricó en el lado colateral de la Epístola con puerta a la calle. Su fundación es anterior a 1553, como nos informa Pérez Morera, y ya en 1556 se habilita el enterramiento familiar, colocándose simultáneamente la imagen de la Virgen de Montserrat en su retablo. Así lo escribe el investigador palmero Fernández García en uno de sus artículos publicados en la prensa local en 1963.


En conjunto, la iglesia de este Real ex Convento franciscano de la Inmaculada Concepción dibuja en planta una cruz latina, de dos brazos no exactamente iguales y formados por las capillas. Sin embargo, la doctora Fraga cree que las capillas son posteriores a 1553. Es la fecha en la que el incendio provocado por el ataque pirático del hugonote francés François Le Clerc, “Pie de Palo”, obligó a la reconstrucción del cenobio. Por consiguiente, la primera fábrica fue seguramente de una sola nave, con el presbiterio fundado por Jácome de Monteverde, mismo célebre caballero que mandó colocar en ella sus armas en la primera mitad del siglo XVI.

Junto a la presencia necesaria de los blasones familiares estaban también los retratos del matrimonio donante como signo de su empresa piadosa. El retablo desapareció del templo a principios del siglo XIX y se cree que la talla de la Virgen es la que actualmente se venera bajo la misma advocación en el magnífico retablo de la capilla de San Nicolás de Bari, fabricado por Bernabé Fernández en 1721.

Diversas reformas posteriores del templo llevaron a cambiar la denominación de alguna de sus capillas. En este caso concreto, hoy esta capilla está dedicada a la venerada imagen del Señor de la Piedra Fría, el Cristo americano más antiguo del Archipiélago bajo la advocación del Señor de la Humildad y Paciencia. Desfila procesionalmente en un trono repleto de fanales y velas encendidas en la noche del Jueves Santo, acompañado por todas las cofradías de la parroquia seráfica y por la sobrecogedora talla de Nuestra Señora de La Soledad, del siglo XVIII.

La antigua capilla de Montserrat, o “Virgen de La Montaña”, es muy famosa y admirada por su extraordinaria techumbre octogonal. Según Hernández Perera: “Es una de las pocas cubiertas italianizantes del Archipiélago, no tributarias de las lacerías moriscas”. Es un magnífico ejemplar de estructura mudéjar y decoración renacentista con casetones pintados y temas vegetales y geométricos. Los restos de zonas doradas, azules, rojas y negras, dan todavía buena información de su original esplendor.


El historiador de arte Fernando Gabriel Martín Rodríguez escribió: “La coherencia del programa iconográfico de la capilla con la iglesia, se mantiene en el almizate del techo con un relieve sobredorado con el tema de la coronación de la Virgen por la Trinidad.” Continúa detallando que es un esquema original el de unir estructuras de carpintería con imágenes.

 

 

Esto se completa en la base de la armadura con la colocación de ocho bustos de los evangelistas y algunos apóstoles o santos. El investigador continúa argumentando en su obra sobre la singularidad de la capilla. Una decoración con finos grutescos, importantes tendencias decorativas de un renacimiento ornamentado que se manifiesta también por esos años, en el edificio del Cabildo.

La fecha de 1565 es para esta capilla es de gran interés, si la comparamos con la de 1563, en que se construyen las Casas del Cabildo, ya que es evidente la similitud de la talla en ambas fábricas, lo que nos lleva a pensar en un autor anónimo común.


Los cuadrantes se decoran con grandes hojas de acanto y lo que parece ser el escudo de alianzas familiares. Los capiteles de follaje de las pilastras son los llamados itálicos, cercanos al corintio. Tienen calículos y cabeza de querubín. Los dos pedestales soportan figuras barbadas y de perfil. Aparece “San Pablo” con una espada alzada en su mano derecha y la otra, posiblemente es “San Pedro”, aunque no se aprecian sus atributos. Se observan relieves con figuras de niños y pieles de animales combinados con temas vegetales y geométricos.

Juan Sebastián López García nos amplía esta información: “El arco tiene por decoración un bello grutesco. Realmente extraordinaria es la pilastra, con decoración de tipo vegetal, guirnalda con rostro humano, un putti…”

 

La antigua talla de “Nuestra Señora de Montserrat”, importada como hemos visto, por el catalán Gabriel de Socarrás para su capilla, es un testimonio de la vinculación con Sevilla y Andalucía. Esta imagen, como las que se encuentran en el retablo actual de San Nicolás de Bari, pertenece a un numeroso grupo de esculturas que constituyen una excelente embajada del arte hispalense de los siglos XVI al XX.

La talla mariana es la más antigua de ellas y su origen andaluz está avalado por las estrechas relaciones comerciales que su donante –avecindado en La Palma desde 1501 como apoderado de Pedro de Benavent, primer dueño del ingenio azucarero del pueblo norteño de Los Sauces –mantuvo con la Baja Andalucía, donde estaban establecidos los Benavent, mercaderes pertenecientes a la baja nobleza barcelonesa que, desde fines del siglo XV operaban en el delta del Guadalquivir.

El profesor Pérez Morera nos la describe: “Su majestad casi románica pone de relieve la antigüedad de la pieza, fechable en al primer tercio del XVI; llama la atención su rico estofado, con motivos tomados del grutesco romano, como flores, zarcillos y cabezas de angelitos.” La talla sujeta en su brazo izquierdo un “Niño Jesús”, rechoncho, desnudo y juguetón, mientras que con la derecha, sujeta firmemente un cetro real y lo adelanta para “que sea visto por todos”. No cabe duda de la majestad de su porte.

El mismo profesor palmero también ha relacionado esta obra de arte con la talla de la Virgen de Los Reyes de Icod de Los Vinos, concretamente en la caída de pliegues, tocado y postura, aunque finaliza su estudio confirmando que “la pieza de La Palma refleja calidades superiores.”


 

BIBLIOGRAFÍA:

- FRAGA GONZÁLEZ, M. Carmen. Arquitectura Mudéjar en Canarias
- INCHAURBE, DIEGO, Fr. «Fundación del Convento de La Inmaculada Concepción en Santa Cruz de La Palma». El Día, (15 de diciembre de 1959).
- LOPEZ GARCÍA, Juan Sebastián. La Arquitectura del Renacimiento en el Archipiélago Canario.
- MARTIN RODRIGUEZ, Fernando Gabriel. Santa Cruz de La Palma. Una Ciudad Renacentista.
- PEREZ MORERA, Jesús. Magna Palmensis. Retrato de una ciudad.
- RODRÍGUEZ ESCUDERO, José Guillermo. “La capilla de la Virgen de Montserrat. Iglesia de San Francisco de Asís”, El Día/La Prensa, (31 de julio de 2004)

 


 

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