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VENERABLE ORDEN TERCERA DE SAN FRANCISCO DE ASIS. RETAZOS HISTÓRICOS Y ARTÍSTICOS. SANTA CRUZ DE LA PALMA

José Guillermo Rodríguez Escudero


HISTORIA

El origen de la Tercera Orden, que es una orden franciscana, se remonta al siglo XIII. Fue fundada por San Francisco de Asís. El Papa Honorio III aprobó de viva voz en 1221 la Regla de la Orden Tercera, escrita por el Santo, bien que con la ayuda de su íntimo amigo el Cardenal Hugolino.

Se la llama Tercera por ser la que, en tercer lugar, fundó San Francisco, pues anteriormente había fundado la Primera de religiosos franciscanos y la Segunda de religiosas clarisas. El Santo de Asís concibió la idea de llevar al mundo la práctica del Evangelio, y tras un brevísimo ensayo de Congregaciones de penitencia, surgió lo que llamaríamos movimiento popular hacia la perfección cristiana. San Francisco lo encauzó según los principios y espíritu de su naciente Primera, y escribió la regla de la que se llamaría Orden Tercera.

 

 

Debido al extravío o pérdida del primer libro de esta Corporación en Santa Cruz de La Palma, se ignora la época de su fundación. El que se custodia como más antiguo se inició en 1600 y se encuentra en el archivo de la Orden.

Anexa al Ex-Real Convento de la Inmaculada Concepción de esta ciudad, hoy Parroquia de San Francisco y compartiendo el mismo espacio de entrada bajo la torre de la espadaña, se sitúa su capilla propia “en la cual hace su Comisario todas aquellas funciones propias de su instituto, sin intervención del Beneficio”. Por razón de ese sitio donde se ubica, debió haber sido fabricada conjuntamente con el Convento en 1508. Tras su ampliación en 1737, comparte coro con la iglesia de San Francisco de Asís.

ARQUITECTURA

La capilla es una construcción de una sola nave, con un arco triunfal de medio punto que descansa en sendas ménsulas, recurso éste poco usual en el Archipiélago Canario. El buque del templo lo cierra una armadura en artesa, en tanto que el presbiterio tiene una ochavada, pero ambas son mudejáricas. Fue reedificada a partir de 1737 y ampliada con una sacristía, sala de juntas y un pequeño local que concedió el Rvdmo. Padre Provincial Fray Tomás de Castro según el Despacho dado en Santa Cruz el 19 de mayo de 1736. Así mismo, se dispuso a dejar un tránsito de “dos varas de ancho” entre la capilla y el convento, para así poder pasar a la huerta desde la portería.

La capilla recibió la bendición el 21 de diciembre de 1737, día de Santo Tomás Apóstol, después de haber sido alargada “siete varas y media”, importe que fue costeado por los Hermanos de la Orden, siendo Comisario el Rvdo. Francisco de Amarante. Con anterioridad, la Hermandad realizaba sus cultos en la iglesia del convento franciscano.

Los Terciarios Franciscanos hicieron grandes reformas en su templo llegando, como nos recuerda el Alcalde Constitucional don Juan Bautista Lorenzo, “a ser uno de los más decentes de esta población”. El Sr. Gobernador Eclesiástico del Obispado de Tenerife, Dr. Don José Martín Méndez en oficio de 25 de mayo de 1864, cedió a los Terciarios la iglesia del extinguido convento de San Francisco, para todas aquellas funciones que “siendo propias de su instituto, no puedan hacerse en esta capilla, por razón del concurso de fieles”.

NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN

La fiesta principal de la Venerable Orden Tercera era la de su Patrona, Nuestra Señora de la Concepción. Después de que se inició una polémica originada por la Cofradía de la Vera Cruz sobre la propiedad de otra Imagen de la Virgen de la misma advocación, se dejó de hacer aquélla. Tras la extinción del Convento, se tomó como Patrón a San Francisco de Asís. La fiesta del Seráfico Fundador se llegó a hacer con más esplendor que en tiempo de los Religiosos.

Esta imagen mariana de candelero de 1,20 mts de altura ejecutada en madera policromada a partir de 1774 por Marcelo Gómez Carmona (1713-1791) tiene trazas barrocas con tendencias clasicistas (según Gerardo Fuentes). La talla, que estuvo arrinconada en la V.O.T., aparece de pie, con las manos en actitud de orar a la altura del pecho. Su última ubicación ha sido el coro de la capilla. “El rostro es bastante delicado, cuyas carnaciones rosáceas le otorgan un semblante angelical. La cabeza está preparada para recibir pelucas”. El propio autor nos indica el gran parecido existente entre esta efigie y la Santa Margarita de Cortona existente en la misma capilla.

APOYO PAPAL

El Papa Pío IX declaró en su Rescripto de fecha 3 de septiembre de 1877 que la Venerable Orden de esta ciudad “esse et fuisset”, esto es, “es y ha sido desde su fundación la verdadera y legítima Orden Tercera de San Francisco”. Así de tajante se promulgó la declaración papal para acabar de una vez por todas con las persistentes dudas suscitada por algunos maliciosos acerca de su legitimidad. El Rescripto se haya protocolado ante el notario Cristóbal García Carrillo el 22 de febrero de 1880 (número 32, folio 205).

CORONA FRANCISCANA

A los funerales de los Hermanos difuntos concurrían los Terciarios del lugar, y los forasteros que en él se hallaban, rezando juntos la tercera parte del Rosario del Padre Santo Domingo (o la Corona Franciscana, antigua devoción de la Orden que consistía en el rezo de las Siete Alegrías) por el alma del difunto.

En el programa de San Francisco de este año, 2004, se lee: “Viernes, 1 de octubre. A las 6.30 de la tarde: Rezo de la Corona Franciscana. Lugar: Capilla de la Orden Franciscana Seglar. Posteriormente traslado de la imagen de San Francisco de Asís en sus Andas hasta el Templo Parroquial de su nombre”.

LA DOLOROSA

La bella talla actual de la Dolorosa, conocida cariñosamente como “Virgen de la Capilla”, que sustituyó la antigua imagen mariana que figuraba en el nicho central del magnífico retablo de la capilla, fue donada a la Orden Tercera por su autor, don Nicolás de las Casas Lorenzo (1821-1901), notablemente influenciado por la realizada por el escultor orotavense Fernando Estévez del Sacramento para el Convento de Santo Domingo de esta ciudad, Dolorosa conocida como “La Magna”. La antigua aún continúa venerándose como Inmaculada Concepción. Se percibe una cierta rigidez en la inclinación de la cabeza y en la postura del brazo derecho de la Virgen, que “contrasta con la naturalidad con que resolvió Estévez su encargo para la iglesia del Ex Covento dominico”.

A la mencionada “Virgen de los Dolores” se le comenzó a dar culto el 30 de marzo de 1866, Viernes Santo, en la Parroquia Matriz de El Salvador, desde donde desfiló procesionalmente acompañando al Santo Entierro. Permaneció en aquella suntuosa iglesia hasta el 14 de mayo siguiente, día en que se celebró una solemne función religiosa, tras la cual salió en procesión hasta la capilla actual, acompañada en Congregación por la Venerable Orden Tercera. Actualmente sale el Miércoles Santo a las diez de la noche, acompañando al magistral Cristo de La Caída, a la Verónica y a San Juan Evangelista.

La venerada imagen tiene unos 160 cms de alto y es de las llamadas de candelero o de vestir, es decir, que sólo tiene policromadas y talladas las partes visibles, o sea, las manos y la cabeza. Como nos informa Eddy Antonio Felipe Paz, gran amante de la imaginería mariana en La Palma, “el resto del cuerpo lo componen el torso meramente desbastado y el varillaje de la rueca que parten desde la cadera hasta la base de ésta en forma de disco de madera, el cual sirve para fijar la imagen a las andas mediante uno o más tornillos largos que atraviesan dicha base y la peana superior de las andas”.

La Dolorosa está vestida con una saya y gran manto de terciopelo negro, color de luto, con guarniciones de encajes de oro. Tiene varios tocados, bien de lamé dorado o plateado, y también de encaje de blonda blanco. El puñal de plata en su color hundido en el costado derecho y el pañuelo de encajes en la mano derecha son otros de sus distintivos. La magnífica diadema, también en plata, que utiliza la Virgen en su desplazamiento procesional el Miércoles Santo, es la misma que comparte con el Patrón San Francisco.

Hace unos años, cuando la procesión tuvo lugar en la mañana del Jueves Santo debido a que la noche anterior se suspendió por la lluvia, la imagen de la Virgen se desplomó hacia atrás, desde su trono al suelo, justo en el momento en el que los cargadores ascendían los peldaños de la iglesia franciscana. El motivo fue la rotura de la espiga o tornillo que sujetaba la talla a las andas, debilitada con el paso del tiempo. La tensión de la multitud que acompañaba a la procesión que se encontraba expectante en la plaza, fue máxima. Rápidamente, don Juan - el sacerdote-, envolvió la hermosa talla con su valioso y gran manto negro de terciopelo y la introdujo con toda celeridad en el interior del templo bajo el sobrecogedor silencio de los fieles que asistían atónitos al incidente. Afortunadamente la efigie no sufrió daños de importancia.

Durante esta antigua procesión se celebraba, y se celebra, un “piadoso acto” establecido por la V.O.T de San Francisco. Se trata del encuentro entre la Verónica o “Verenice” y la fabulosa imagen de Benito de Hita y Castillo, “Nuestro Señor de las Tres Caídas” – como también se le conoce -, en la Cruz del Tercero (Plaza de la Alameda). Inicialmente no se contaba con una imagen de esta santa, personaje de la Pasión, por lo que durante los primeros años, se adaptó la imagen de Santa Margarita de Cortona, que se venera en la capilla terciaria.

SANTA MARGARITA DE CORTONA

A esta santa penitente franciscana se la presenta con un semblante de amargura muy bien conseguida por su escultor, Domingo Carmona. La talla, de un metro de altura, esculpida en madera policromada en 1734, presenta rasgos barrocos con tendencias clasicistas. También posee un rostro oval, una rígida frontalidad, así como nariz recta, cejas arqueadas, barbilla prominente y redondeada, carnaciones marfileñas, cuello cilíndrico, etc. El escultor talló magistralmente la cabeza, los brazos y las manos articulables, que iban ensamblados a una rueca campaniforme de madera. La cabeza, totalmente lisa, está preparada para recibir una peluca natural. Se intenta conseguir su completa restauración ya que, lamentablemente, se encuentra en avanzado estado de deterioro. Sucede lo mismo con la magnífica efigie de San Buenaventura.

“El Noticiero”, en su número 49 de fecha 31 de marzo de 1873, narraba cómo las hermanas terciarias celebraban la festividad de la santa franciscana y “cómo se estrenó la misa de punto, obra el maestro Crisanto, regalo de Don Juan Reyes Padilla, Juez de 1ª Instancia de la capital palmera, a la iglesia de El Salvador”.

La talla de Santa Margarita, “bien estudiada dentro aún de pautas barrocas” fue atribuida al escultor palmero Marcelo Gómez Carmona. Hay otros autores que no están de acuerdo con esta aseveración. Fue tallada para colocarla en uno de los nichos laterales del retablo mayor de esta capilla, estrenado en 1734.

Las monjas “decoraban el templo con gusto y sencillez y la imagen lucía en el altar hermosamente adornada”. Fuentes nos indica que fue en 1774 el año de ejecución de la talla y que su mencionado autor la realizó en el momento de mayor apogeo y madurez como escultor, siendo una de las primeras figuras que aparecen en el marco de la Ilustración en el Archipiélago. También es el autor del fabuloso coro y del Crucificado de las Siete Palabras, ambos de El Salvador, del Señor del Huerto que actualmente se venera en Los Llanos de Aridane, de la Inmaculada Concepción de la VOT, como vimos, etc.

Al malograrse la Capilla de la VOT en no muy lejanas fechas, muchas de sus piezas pasaron a la vecina iglesia de San Francisco de Asís, mientras que otras se arrinconaron en sus dependencias anejas. Santa Margarita fue de las que corrieron peor suerte. Por ello se encuentra en un lamentable estado de conservación. Muchos carpinteros que la han estudiado dicen, incluso, que ya es irrecuperable. La madera empleada para su ejecución es de poca calidad, de ahí que la polilla haya hecho grandes estragos en la cara y en la cabeza. Una de sus manos casi ha desaparecido.

Gerardo Fuentes nos informa de que “su correcta anatomía demuestra haber salido de unas manos expertas, conocedoras de todos los procedimientos artísticos”. El propio autor reconoce no disponer de la documentación necesaria para poder afirmar rotundamente que esta obra haya salido del atelier de Gómez Carmona. Atendiendo a su cronología, segunda mitad del s. XVIII, y las características, es probable que le corresponda, “si tenemos en cuenta que en la referida fecha, La Palma, y Canarias en general, no contaban con escultores que pudieran tallar una imagen de estas excelentes condiciones, salvo Rodríguez de la Oliva y Sebastián Fernández”. Continúa Fuentes con su estudio acerca de esta efigie de la santa franciscana, informándonos de que “su estilo no corresponde a los escultores mencionados, y si así fuera, es muy extraño que el intolerable Marcelo permitiera que la demanda palmera cayera en manos de otros artistas”.

La obra expresa un gran carácter, sobre todo en el modelado, lo que prueba los conocimientos que el autor tenía en medicina. Fuentes se detiene en los dedos de las manos, de los que dice que “son dignos de mención”, a pesar de su inconcebible estado. Se basa en el detalle minucioso, en sus proporciones y “el rítmico juego logrado entre ellos”. Para finalizar, este autor confirma que es una de las mejores imágenes producidas por la gubia del palmero Marcelo Gómez, “y que a través de ella reflejó su alma sensible de artista”.

LA VERÓNICA

Éste es un personaje que aparece muy frecuentemente en el siglo XVII, perdiéndose interés en épocas posteriores. Estamos ante una elegante obra que muestra a los fieles el paño en el que quedó impregnada la Faz de Cristo.

En 1960 se dejó de hacer la ceremonia “del encuentro” por no ajustarse la imagen al acto. Por este motivo, un miembro de la familia de don Felipe Massieu Tello de Eslava, decidió adquirir una imagen de Santa Verónica que comenzó a salir al año siguiente. La bella efigie, de tamaño natural, se debe a la gubia del escultor Andrés Falcón San José y fue decorada por don Manuel Arriaga Bero.



Como atributo personal, lleva el lienzo extendido con la Santa Faz de Cristo. Caso curioso, quizá único, en que es precisamente el atributo el que impone el nombre de la santa. Su traducción del latín es “verdadero icono” o también “la que lleva la victoria”. Viste ricos ropajes emulando los de una matrona romana. Siguiendo la tradición de los Apócrifos, fue la que enjugó el rostro de Jesús en su camino al Gólgota. Es precisamente ese instante el que se pretende escenificar en la ceremonia del encuentro. La Verónica se inclina ante la imagen del Cristo y rápidamente, mediante una rápida manipulación de uno de los miembros de su cofradía, el lienzo blanco se convierte en el sudario con la cara de Jesús en el centro.

“LIGNUM CRUCIS”



Siguiendo con las celebraciones de la Semana Santa, concretamente en el Viernes Santo, antiguamente se veneraba públicamente una sagrada reliquia del “Lignum Crucis” en la capilla de la V.O.T. Fue donada el 6 de septiembre de 1933 por el Hermano de la Orden, después Ministro de la misma, don Rafael de la Barreda y Díaz, entregándole también la Cédula Pontificia que la acredita “auténtica”, expedida en Roma el 4 de abril de 1778. Una reliquia que había pertenecido al Virrey de Manila, Capitán General el herreño don Pedro Quintero Núñez. Este caballero la había enviado a sus familiares de Canarias por mediación de su sobrino agustino Fray Manuel Fernández.

También se le daba culto en la iglesia de San Francisco en la noche del jueves de la tercera semana de octubre, saliendo bajo palio en procesión alrededor de la plaza de la iglesia. Esta reliquia se entronizaba en un sitial de la V.O.T. que perteneció a la “Escuela de Cristo”, Hermandad establecida en la iglesia del Hospital de Dolores. Fue hecho en 1792, según consta en la reunión celebrada por esta Cofradía el 16 de agosto de aquel año.

 

 

PROCESIÓN DEL CALVARIO

Durante la procesión del Calvario y la Virgen de La Soledad, en la mañana del Viernes Santo, era costumbre que se preparara un descanso para los tronos ante la casa de la noble dama isleña doña Luisa García de Aguiar, esposa del Regidor de la Isla, don Baltasar Pérez, mientras eran acompañados por los sones de la música de iglesia, con las chirimías, una especie de instrumento antiguo de viento, y cantándose alternativamente el “Miserere” y el “Vexilla Regis”.

Esto ocurría hasta que esta familia dejó definitivamente de sufragar los gastos de estos cultos en el año 1934. Por este motivo se hizo cargo de los mismos la Venerable Orden Tercera de San Francisco, para lo que hacía petitoria pública, excepto para los cargadores de la Virgen que eran costeados por un tributo de 45 pesetas que se cobraba al año. Afortunadamente la chirimías han sido recuperadas para la procesión de la edición de 2008.

SAN JUAN BAUTISTA

Otra de las imágenes que pertenecen a esta Orden es la de “San Juan Bautista”. En el libro de la Cofradía de la Misericordia de la Parroquia Matriz de El Salvador, concretamente en el Inventario hecho el 5 de agosto de 1681, se habla de una imagen de candelero de un santo de aquella advocación, encontrándose ya retirado del culto.

Otro San Juan Bautista fue tallado por Nicolás de las Casas Lorenzo para la suntuosa Semana Santa de la capital palmera. Se trata de una imagen de candelero que acompañó al Crucificado del Padre Díaz formando el Calvario. Así lo recoge don Eddy Felipe y así se desprende de un artículo de El Time con fecha 3 de abril de 1864. Se conservaba en las dependencias de la Orden Tercera tan sólo la cabeza y parte del torso “a la espera de una futura restauración que permita volver a incorporar esta imagen a los desfiles procesionales, quizá no formando parte del Calvario como en el siglo XIX, pero sí mejor, acompañando a la Virgen de la Capilla el Miércoles Santo junto al Cristo de la Caída y la Santa Mujer Verónica”.

El busto ha sido restaurado y la nueva imagen de candelero participó finalmente en la procesión del Miércoles Santo del año 2006 sustituyendo a la imagen de la misma advocación que forma el Calvario en la vecina parroquia de San Francisco.

SAN PEDRO DE ALCÁNTARA

También está presente la magnífica imagen de “San Pedro de Alcántara”, franciscano y reformador de su Orden. Tal y como se describe en su hagiografía, se nos presenta como un hombre alto y extremadamente demacrado. De él decía Santa Teresa, con su gracia acostumbrada, que “parecía hecho de raíces de árbol”. Viste el hábito franciscano con una capa que le llega hasta las rodillas. Se cuenta que siembre iba descalzo. Lleva una paloma junto a la oreja, sobre su brazo derecho, para simbolizar el espíritu profético.

Fue colocada por el síndico del convento Domingo Méndez y su esposa Juana Carmona en el altar que fundaron en el coro bajo en 1681. De un tributo redimible de 1.000 reales, obligó a sus herederos que pagaran 18 reales cada año por la limosna del sermón que se decía en el convento todos los Jueves Santos por la noche.

El Prior y los frailes del monasterio dieron al matrimonio el sitio mencionado donde fabricar a su costa el altar de San Pedro de Alcántara, con asiento y sepulcro, debajo del coro, en la pared del claustro; en la autorización dada por el Padre Provincial se hace constar de los favores y limosnas dadas por Domingo Méndez y su mujer remediando muchas necesidades del convento. El beneficiario se posesionó del altar el 30 de octubre de 1681, “estando en la iglesia de dicho convento el dicho Sr. Sindico llevo al dicho Domingo Mendez al dicho altar el cual lo compuso mudando el frontal y los candeleros que estaban en dicho altar y se paseo por el asiento y sepultura que eta al pie de el todo en actos y apercibimientos de posesion.”

La cabeza de este santo es un magnífico estudio anatómico, en tanto que el cuerpo está elaborado con telas encoladas y doradas. Mira ligeramente hacia el cielo con ambos brazos extendidos, en actitud orante.

SAN FRANCISCO SOLANO


De hacia 1704 es el “San Francisco Solano” que perteneció a la capilla de los soldados en el ex convento franciscano. En 1698 el sustituto del convento, Domingo Méndez, dio posesión a Bernardo Manuel de Silva, cabo de escuadra del real castillo principal de Santa Catalina de la capital palmera, y a sus soldados de un sitio en el claustro principal, situado entre la capilla del Monte Alvernia y el tránsito de la sacristía, para fabricar una capilla como panteón funerario de los militares, grupo denominado “Los Doce de Su Majestad”. Después de la construcción de la capilla, se dedicó al santo “cuia imagen de bulto esta en altar, que todo a nuestra costa hemos puesto en dicha Capilla”. La escultura, de talla completa, presenta al misionero franciscano evangelizador del Perú, con ambos brazos extendidos, paralelos al suelo, en actitud suplicante. Porta en su brazo izquierdo una magnífica cruz de ébano.


Con la supresión del convento y la transformación del edificio en casa cuartel desapareció en el siglo XIX la capilla de los soldados, pasando la imagen a la inmediata capilla de la Orden Tercera. Sus ropajes muestran una caída elegante y naturalista, a base de pliegues rectos. La figura, desvirtuada por intervenciones y repintes, se encuentra en una colección particular. Afortunadamente sus propietarios la han donado provisionalmente a la Capilla y podemos admirarla en una de las hornacinas del retablo mayor.

 

VESTIGIOS DEL ANTIGUO RETABLO MAYOR DE EL SALVADOR

En poder de la Orden se encontraban varias columnas que formaban parte del fabuloso retablo mayor de El Salvador, famoso en todas las Islas según el Obispo Bartolomé García Jiménez. Algunas de ellas sirvieron para formar el templete para “la Loa de la Llegada” del Domingo Grande, en las fiestas de la Bajada de La Virgen hasta 1950. Otras dos se conservaban en el altar de la capilla del cementerio de esta ciudad.

RETABLO DE LA V. O. T.

Al prestigioso artista palmero Juan Manuel de Silva, hijo de Bernardo, se le encargó la decoración del magnífico retablo mayor de la capilla de la V.O.T., el cual constituye el ejemplo más antiguo de la isla con soporte de estípites, en su versión de pilar almohadillado. Como pintor-decorador, Juan Manuel de Silva incorpora en él el tema de las “chinoiseries” o chinerías, fruto de la admiración que en Europa despertaban por entonces los tejidos, muebles, lacados y porcelanas orientales. En este retablo, construido en 1734, figuran, como describe el profesor Jesús Pérez Morera, “en las cartelas del banco del primer cuerpo y banquillo del segundo, motivos de carácter chinesco, es decir, escenas profanas, mujeres de vestimenta cortesana, barcas y lagunas, paisajes imaginarios y animales exóticos, jirafas, caballos en libertad…”.

En ese año de su construcción, 1734, el capitán don Juan Massieu de Vandale, donó a los hermanos terceros diez varas de raso verde de España para los velos y cenefas de “tres nichos que están en el retablo que están haziendo en su capilla”.

Después de recibir el encargo de dorar el retablo mayor de San Pedro de Breña Alta en mayo de 1737, aceptó el de ejecutar las pinturas y el dorado del retablo de la capilla de la Orden Tercera, con un precio concertado que oscilaba “entre los 200 o 250 pesos”. Ya en 1747, el hermano don Claudio de Acosta y Lemos, cabo del castillo de Santa Cruz del Barrio, en nombre de la Orden, firmó un nuevo ajuste del precio con “Don Juan de Silva para dorar el retablo cuio dorado se comenzo a hazer.”. Finalmente se decidió que Silva recibiría 225 pesos, poniendo el oro la Hermandad.

Como pintura de altar, lleva al pie una inscripción alusiva a las indulgencias concedidas por el cardenal Arias, arzobispo de Sevilla, a todos los que rezasen ante el cuadro: “El eminentísimo S. Cardenal Arias Arzobispo de Sevilla concedio (roto)as de indulgencias a los que resaren un ave maria a esta santa imagen"”

El maestro Alfonso Trujillo también escribía sobre la decoración del retablo en estos términos:”estilizadamente integrados con casas exóticas, extraños paisajes, animales fabulosos, figuras en plantas trepantes, situados en total asimetría en un mundo irreal por su carencia de perspectiva”.

El maestro aplica la técnica tradicional del “santo-estatua” que consiste precisamente en “hacer pasar una imagen plana por una de bulto, aislándola gracias a un fondo dorado o neutro”, como nos explica Julián Gállego. Silva emplea una pincelada larga y abocetada, de tal forma que crea unas figuras concebidas para la contemplación lejana. Precisamente en este retablo de la V.O.T, el tema tratado es el de las santas reinas y princesas, vestidas según la lujosa moda de la época. Tal es el caso de Santa Catalina de Alejandría, figura que se representa como una rica cortesana que porta la palma del martirio y la espada. Muestra una profusión de adornos de orfebrería sobre ricos ropajes cuya calidad se manifiesta en los reflejos veteados y rojizos.

En el segundo cuerpo del retablo, Silva pintó tres composiciones según la iconografía terciaria: “El abrazo de Cristo y San Francisco”, en la calle central y en las laterales “Santa Isabel” y “Santa Casilda”. Estas dos reinas llevan corona real y magníficos ropajes cuajados de pedrería, bajo los cuales se distinguen los humildes hábitos franciscanos. La primera se representa en actitud de repartir limosnas, mientras que la segunda muestra su delantal repleto de flores.

CUADROS DE SILVA

Además de las pinturas del retablo mayor, Juan Manuel de Silva realizó una serie de tres óleos sobre tela para la Hermandad, hoy conservadas en la iglesia de San Francisco de Asís: “La Adoración de los Magos” (pintura sobre lienzo, 184 x 143 cms. Los Reyes, vestidos con ampulosos ropajes y tocados con turbantes y plumas exóticas, son acompañados por un séquito de soldados y un paje negro), “El Sueño de Jesús” (tierna escena hogareña, llamado “cuadro de interior” al tener cortinajes de fondo, suelo enladrillado y arquitectura clásica, de modo que la narración transcurre entre las paredes de una habitación. La Virgen mece al niño, envuelto en pañales y rodeado de ángeles. San José, detrás, mira ensimismado y un ángel ilumina la estancia con un candil) y “San Francisco de Borja” (representa el éxtasis del santo arrodillado ante un altar con La Inmaculada y junto a él aparecen un casco y la espada, insignias de su renuncia a los honores terrenales).

“LA IMPRESIÓN DE LAS LLAGAS”

Otra pintura, propiedad en la actualidad de la Orden Tercera, es “La Impresión de las Llagas”, una magnífica pieza del siglo XVIII cuyas medidas son 184 x 220 cms. Narra la escena de la aparición a San Francisco, en el Monte Alverna, del serafín en forma de cruz, que le transmitió los estigmas de Jesucristo. El santo, envuelto en una atmósfera tenebrista, aparece retirado en medio de una naturaleza solitaria. La luz crepuscular sólo destaca sus manos y rostro. En un principio este gran cuadro, restaurado por el Taller Insular de Restauración, estuvo colocado en la capilla del “Monte Alverna y llagas de Nuestro Padre San Francisco”, edificada en 1648 por Francisca Ruiz de los Reyes, viuda del platero portugués Andrés de Mora en el claustro principal del convento franciscano. Esta dama la había fundado con 15 reales anuales para el adorno del altar y demás gastos; fundó así mismo y a perpetuidad la celebración de la festividad de “Las Llagas” todos los 17 de septiembre, para lo que señaló 50 reales anuales de limosna y una capellanía de tres misas rezadas al año a decir en dicha capilla con una pensión de 3 reales cada uno. Pasó a la capilla de los hermanos terceros, tras la supresión del monasterio y su transformación en cuartel, a mediados del siglo XIX.

SAN ANTONIO DE PADUA

La historia de una imagen de “San Antonio” se remonta a cuando el Licenciado don Sebastián de Fraga Gorbalán, Beneficiado de la parroquial de Puntagorda, por cláusula testamentaria, dejó todos sus bienes con carácter vitalicio, a sus primas Doña Isabel y Doña Ana de Fraga Gorbalán; a la muerte de ambas, mandó fundar una capellanía con la totalidad de sus propiedades. En su codicilo dispuso que una de las misas de la capellanía había de decirse en honor de San Antonio, en el convento de San Francisco, “en la capilla de los terceros donde he de poner un bulto de San Antonio que he mandado hacer”.

“LA FAMILIA FRANCISCANA”

De singular iconografía y de excepcional tamaño es la gigantesca lámina al cobre de la “Familia Franciscana”, grabada por Peeter de Iode en la ciudad de Amberes, erigido como gran centro editorial contrarreformista, en 1626. En un lugar bien visible se encuentra la Gobernadora de los Países Bajos Españoles, doña Isabel Clara Eugenia. Sus más de ochocientos personajes están distribuidos por familias y reformas, de manera cronológica y jerárquica. Un total de trece ramas simétricas forman el “árbol espiritual” de la orden seráfica. Se conservan ejemplares similares en los Capuchinos de Palma de Mallorca, muy deteriorado, y también en la Biblioteca de Bruselas y en el Museo Franciscano de Roma.

SAN BUENAVENTURA

Don Antonio de Orbara u Orbarán (como él mismo firmaba), que aparece en la documentación de la época como “carpintero y dorador, entallador, ensamblador, arquitecto, maestro de escultoria y de arquitectura”, en relación con su actividad escultórica, figura en la escritura de compromiso que suscribió con el licenciado Simón Martín Guerra, presbítero, en nombre de doña Juana de Sosa, viuda de don Pedro Ortiz Navarro, obligándose a hacer “un bulto de San Buenaventura de madera de viñátigo (…) que ha de tener alto y con la peana sin la mitra siete palmos y medio (…) y el dicho bulto lo he de dar dorado y estofado sobre el hábito y por encima su roquete muy claro que se parezca el oro estofado y hábito y puntas por debajo de dicho roquete = su capelo de cardenal y sombrero atrás con sus cordones al pecho = la capa no sea muy levantada por el arrimo del altar y su pariguela para lo sacar en procesiones con dos tornillos largos y gruesos (…) se me ha de dar y pagar mil y quinientos reales sin que en ello ha de costear ni dar cosa alguna el dicho licenciado Simón Martín porque todo lo tengo que costear yo a mi costa”. Así consta en el Archivo de Protocolos Notariales de esta ciudad (Cristóbal Alarcón, 1645), y recogido en su magistral obra por el cronista oficial de la capital palmera, don Jaime Pérez García.

La talla de San Buenaventura, cuya onomástica es el 15 de julio, está pendiente de ser completamente restaurada, ya que, debido al ataque de insectos xilófagos (cripotermes brevis), tanto el cuello como amplias zonas de la cara, han quedado completamente destrozadas. Tan pronto como se produzca su recuperación, será expuesta en uno de los mencionados nichos.

Tiene una pequeña boca carnosa entreabierta; grandes ojos azules rasgados sin pestañas que sugieren una mirada penetrante; un largo cuello delgado que imprime altivez a la imagen; una amplia tonsura monacal sobre un pelo muy rizado que cae sobre la gran frente formando unos bucles desordenados; grandes orejas perfectamente talladas; sin patillas; una prominente y afilada nariz; largas y finas cejas; mentón sobresaliente…

San Buenaventura acompañaba en la procesión general de San Francisco de Asís cuando la onomástica de este último santo, el 4 de octubre, “caía en domingo”. También desfilaba San Pedro de Alcántara, actualmente entronizado en la Venerable Orden Tercera junto con el primero mencionado. Se visitaba así el Hospital de Dolores, la Parroquia Matriz de El Salvador, Santo Domingo y regreso por la Calle Real al Ex Real Convento de la Inmaculada Concepción.


LA CAPILLA EN LA ACTUALIDAD

Gracias al gran esfuerzo de algunos miembros de la Venerable Orden Tercera (V.O.T.)- actualmente denominada Orden Franciscana Seglar-, se ha recuperado esta preciosa capilla. Se ha procedido a la rehabilitación de las dependencias anejas a la misma para la exposición de los tesoros de esta Orden en unas grandes urnas donde se exhiben, tanto casullas, ternos, capas… como mantos de San Francisco, su Toisón de Oro, sus andas de baldaquino de plata, ornamentos, etc. Se han creado unas nuevas hornacinas para la colocación de las imágenes. En un pequeño nicho forrado de damasco dorado se expone, después de muchos años, el “Lignum Crucis”, un trozo de Santo Madero, cuya “auténtica” fue expedida en Roma el 4 de abril de 1778. Se ha restaurado también el magnífico retablo, etc.





La capilla luce, por fin, como en los mejores momentos en los que fue orgullo de toda una comunidad.


 

BIBLIOGRAFÍA:

- FELIPE PAZ, Eddy Antonio: «La Virgen de la Capilla», Programa de la Semana Santa de Santa Cruz de La Palma, 2004. Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma.
- FERNÁNDEZ GARCÍA, Alberto-José: «Notas históricas de la Semana Santa en Santa Cruz de La Palma», Diario de Avisos, Abril 1963.
- FERRANDO ROIG, Juan: Iconografía de los Santos.
- FRAGA GONZÁLEZ, María del Carmen: Arquitectura mudéjar en Canarias.
- FUENTES PÉREZ,Gerardo. Canarias: el Clasicismo en la escultura, Aula de Cultura de Tenerife, Excmo. Cabildo de Tenerife, 1990.
- GÁLLEGO, Julián: Visión y símbolos en la pintura española del Siglo de Oro.
- Gran Enciclopedia del Arte en Canarias. Gobierno de Canarias.
- LORENZO RODRÍGUEZ, Juan Bautista: Noticias para la Historia de La Palma
- PÉREZ GARCÍA, Jaime: Casas y Familias de una Ciudad Histórica: La Calle Real de Santa Cruz de La Palma; Id.: Los Carmona de La Palma, artistas y artesanos.
- PÉREZ MORERA, Jesús: Silva. Bernardo Manuel de Silva; Id. Magna Palmensis. Retrato de una ciudad.
- TRUJILLO RODRÍGUEZ, Alfonso: El retablo barroco en Canarias.

 


 

Trabajos de investigación cultural sobre La Palma ...



        
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