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  Guías culturales

EL PALIO DE EL SALVADOR. SANTA CRUZ DE LA PALMA

José Guillermo Rodríguez Escudero

El magnífico palio de la Parroquia Matriz de El Salvador –el mejor de su género en Canarias- fue fabricado en la ciudad francesa de Lyon por la “soirie” o sedería de Puitier y Compañía entre 1830 y 1831.

Está bordado con hilos de oro, plata, sedas y abundante chapería (huevecillos, lentejuelas) y está compuesto por cielo de raso azul con el Espíritu Santo bordado en plata y envuelto en rayos de oro; y cuatro cuelgas de tisú con arabescas, palmas de adormideras, flores, espigas de trigo y racimos de uvas.

El frontal mide 212 x 61 cms. y el lateral 257 x 61 cms. Ocupan en el centro de cada una de ellas cuatro alegorías eucarísticas: la Mesa de la Propiciación, el Agnus Dei, el Pelícano alimentando a sus crías y el Arca de la Alianza.

A diferencia de los palios españoles, confeccionados con el “género suelto”, este palio está realizado a la “manera francesa”, es decir, con armazón interior formado por cuatro largueros de madera ligera en la parte superior que lo mantienen rígido y extendido.

Hemos podido contemplarlo en todo su esplendor, tanto en la exposición lustral “Magna Palmensis” con motivo de la Bajada de la Virgen en el 2000, como en la procesión de Corpus Christi de ediciones como en la del 2003, etc.

El envío de este fabuloso palio a nuestra histórica ciudad ha tenido un halo de misterio y polémica. Desde siempre hemos escuchado que su destino había sido la Catedral de Palma de Mallorca y que su llegada a Santa Cruz de La Palma se debió a la confusión con el nombre del destino. Este popular comentario fue desmentido por el comandante de infantería Francisco S. Galtier en un documentado artículo titulado «Desvaneciendo una leyenda», publicado en la revista Hespérides en noviembre de 1926.

En el Archivo Parroquial de El Salvador existe una carta enviada desde Montpellier a Fernando Llanera –amigo personal del sacerdote liberal palmero Manuel Díaz- relativa al palio (fechada el 8 de julio de 1830). Allí se cuenta cómo los Beneficiados de ese templo matriz fueron quienes propusieron el diseño de los bordados, uno de ellos valorado en 3.600 francos (“bien que se harían con una alhaja digna de una catedral”), y que la paloma del Espíritu Santo que adorna el centro del cielo del palio es de plata bordada con radios de lentejuelas de oro, costando de 180 a 200 francos. También en la misiva se reitera la necesidad de acudir a dichos talleres para cerciorarse personalmente del acabado de esta obra de arte, por si se hubiera cometido algún error -como, por ejemplo, una calidad inferior a la solicitada, etc., como había ocurrido en otras ocasiones- y, en consecuencia, “se mandase gato por liebre”.

En el magnífico trabajo publicado en Arte en Canarias. (siglos XV-XIX). Una mirada retrospectiva, siguiendo la bibliografía de G. Rodríguez y de Jesús Pérez Morera, también se menciona que, “según factura expedida el 1 de octubre de 1831, el palio, costeado por la Manda Pía de Don Cristóbal Pérez Volcán, importó la elevada suma de 15.637,92 francos; 3.400 el bordado de las cuelgas con oro triple y plata; 200 el del cielo; y 10.880 las 68 anas de tisú de plata y oro fino que se emplearon en su fabricación”.

Otro dato que echa por tierra la malintencionada leyenda es que, en aquella fecha, octubre de 1831, el palio fue embarcado en Marsella en el buque francés Dichosa Victorino con dirección a la capital palmera “en tres cajas marcadas y una cajita”.

La procesión del Corpus contaba y -dependiendo de qué ediciones- cuenta con la presencia de este maravilloso legado de arte y fe, junto con la única, hermosa y valiosa custodia cuajada de piedras preciosas, conocida por “la mejor de Canarias”, también del suntuoso templo matriz de El Salvador. Fue elaborada por el maestro platero caraqueño Francisco de Landaeta, alias “el Morocho” (1721-1802).

 

Ésta merece un capítulo aparte, junto a otros elementos importantes de ese día: el Tabernáculo del Altar mayor (que incluye la ingeniosa y teatral máquina ideada por el Cura Díaz, mediante la cual se acciona el expositor, descubriendo aquella custodia con Jesús Sacramento en la mejor tradición de la escenografía barroca y calderoniana); el magnífico Guión del Santísimo, de plata, oro y sedas (que necesita una urgente restauración); las capas pluviales, ternos y demás lujosos ornamentos sacros empleados para este día, etc. En el tesoro de esta iglesia, también son dignos de mención los seis varales de plata repujada del palio.

 

 

En los últimos años, para la procesión del Corpus se venía utilizando el enorme y pesado trono de plata cuadrangular con la preciosa custodia procesional piramidal de cuatro plantas, confeccionado también de plata repujada por el prestigioso orfebre palmero Pedro Leonardo de Santa Cruz. Ésta se sitúa en el centro y es rodeada por cuatro magníficos candelabros de brazos retorcidos del mismo material coronados por fanales delicadamente tallados.




 

 

 

 

 

 

 

 

Hubo años en que se usaron ambas piezas –trono y palio- sobre todo hace décadas. En otros sólo una de ellas. Esto, sin embargo, no desluce una de las procesiones que, tradicionalmente, se encuentran entre las más majestuosas y multitudinarias de esta orgullosa ciudad.

 

 

 

 

 

 


 

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