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Parroquia de San Juan Bautista. Puntallana. La Palma
Retazos Histórico-Artísticos

José Guillermo Rodríguez Escudero


A este magnífico templo, dedicado a San Juan Bautista, no se le conoce fecha exacta de su fabricación, por haberse quemado el archivo parroquial, según la tradición, si bien parece que debió haber sido en los primeros años después de la Conquista de La Palma. Efectivamente, fue uno de los primeros templos erigidos en esta Isla. Se constata su existencia desde la primera década del siglo XVI, cuando aún era un recinto de paja, construido gracias a la generosidad de los vecinos. También estos sufragaban los gastos de las misas celebradas por clérigos asalariados.

Así, en 1515, ya se declaraba iglesia parroquial y bautismal, juntamente con la de San Andrés en las Sinodales del Iltmo. Sr. Obispo Fernando Vázquez de Arce. El motivo por el que se eligiese esta iglesia y no otra fue que el término había visto aumentado su censo, especialmente en sus alrededores.

Esta declaración, según apunta el Alcalde Constitucional de la capital palmera, Juan Bautista Lorenzo Rodríguez: “fue confirmada posteriormente por Real Cédula del Emperador Carlos V de 15 de Diciembre de 1533” (1). Se crearon así los tres Beneficios de la Parroquia Matriz de El Salvador, el de San Andrés y Sauces y el de Puntallana, conformando los cinco Beneficios que hubo en la isla.

En el completo trabajo de Manuel Garrido Abolafia sobre este templo, se cita que, “el libro parroquial más antiguo, que se conserva, es el de ‘Visitas, Fábrica e Inventarios’”. Éste da comienzo con la visita del Canónigo de la Catedral de Canarias, el Licenciado Bartolomé Tribaldos, en 1516 ó 1517. Por aquel entonces, ni siquiera había cerradura en la puerta de la iglesia, por lo que no “se guardaban en él los Santos Sacramentos”. Muy humilde esta fábrica en sus comienzos. Más tarde comenzaron a llegar encargos que irían completando el ajuar. Así, del cáliz de estaño con el que se celebraban las misas, se pasó al de plata de cinco mil maravedíes, ofrecidos por el Visitador. Éste mandó que se aportara el suficiente dinero para concluir la edificación de la iglesia y comprar una campana. Se llegó incluso a pedir limosna por toda la isla. Gracias a este esfuerzo, por ejemplo, fue posible recaudar mil doscientos quince maravedíes para el púlpito. En 1545 se esculpe una reja de madera de barbusano para la pila bautismal.

No obstante, hasta que no se llevó a cabo la fábrica, en los siguientes años se cambiaba la paja de las cubiertas. Tuvo que llegar el Vicario y Visitador General del Obispado de Canarias Don Pedro de Pavía en 1520, para que se dieran por concluidas las obras, ordenando al mayordomo bajo pena de excomunión, que antes de finalizar el año se cubriese con teja y se ‘ficieran’ las obras necesarias para dejar habilitado el recinto. Don Manuel Garrido también apunta que es este Visitador quien encargó la compra de una pila bautismal y una talla o cuadro de San Juan Bautista.


El arco de la capilla mayor tuvo que ser derribado ya que los materiales empleados eran de pésima calidad. Así, todo el trabajo del pedrero Alonso Díaz (“que cobró trece mil maravedís por su trabajo y empleó tres mil quinientas tejas”), fue infructuoso. Mil maravedís menos cobró otro artesano, Alonso Hernández, por la fábrica del nuevo arco toral, acabado en 1539.



Las sucesivas Visitas nos han ido dejando información en sus respectivos inventarios acerca de las obras, algunas importantes y otras de mantenimiento, que hasta 1645 se iban realizando. Así, la construcción de tres altares de azulejos, los cimientos de la nueva sacristía, la capilla de la Virgen del Rosario, la portada mayor del pedrero Juan Fernández, etc.

 


Cuenta J.B Lorenzo: “Jueves, 16 de octubre de 1659. Entró en la isla la langosta de cigarrón en esta ciudad, que llenó toda la isla y comió la corteza de todos los árboles y destruyó todos los pastos, con que murió mucho ganado menor y mayor y muchas cabalgaduras yeguas y jumentos… Hicieron muchos sufragios y sermones; trújose a esta ciudad al Glorioso San Juan de Puntallana…al Santo Cristo del Planto. Fue nuestro Señor servido que no durase esta langosta más que hasta marzo de dicho año”.

Un hijo del municipio, concretamente del Barrio del Granel, Melchor Pérez Calderón, afincado en La Habana, contribuyó con sus dádivas a la rehabilitación del templo, que había llegado a un estado de grave precariedad, debido al abandono al que fue sometido. Así, entre 1717 y 1730, la parroquia es reedificada. Se añadieron dos capillas colaterales a la mayor, conformando así la forma de cruz latina a la planta. También se hicieron en esta ocasión los cuatro arcos de medio punto que sostienen el crucero y se cubren los habitáculos resultantes con artesonados de estilo mudéjar. El maestro cantero palmero don Domingo Fernández Crespo, fue el artífice de estas obras así como de la fabricación de la espadaña.

La preciosa ornamentación interior fue supervisada por el capitán don Matías Rodríguez Carta, quien contrató los servicios de Bernabé Fernández, el mejor ensamblador de la época, además de gran amigo. Gracias a la perfección de este trabajo, en los tres retablos que hizo en dos años, podemos admirar uno de los conjuntos barrocos más importantes de Canarias. En las seis hornacinas que se sitúan en los dos cuerpos del fabuloso retablo mayor de columnas salomónicas triples en su calle central, encontramos las siguientes imágenes: en el nicho principal al Santo Patrón San Juan Bautista, flanqueado por San Miguel y San Antonio de Padua. En la superior central está entronizada la efigie de Nuestra Señora de Candelaria y a ambos lados, los Apóstoles San Pedro y San Pablo.

Esta iglesia, de cortas dimensiones, fue agrandada en 1728, siendo su Beneficiado Don Jerónimo Marques de Aguiar. Los maestros fueron Pedro Bernabé Fernández, carpintero, y el alférez Domingo Fernández Crespo, pedrero, que ajustaron la obra en 1.000 pesos, poniendo éstos tan sólo dos peones y los vecinos todo lo demás. En 1777 se doró el fabuloso altar mayor y se colocaron en él las dos preciosas esculturas del Arcángel San Miguel y San Antonio de Padua, que allí se veneran, salidos de la gubia del imaginero sevillano Benito de Hita y Castillo.




BIBLIOGRAFÍA:

- FRAGA, Carmen. La Arquitectura Mudéjar en Canarias.
- GARRIDO ALBOLAFIA, Manuel. Puntallana. Historia de un Pueblo Agrícola LORENZO RODRÍGUEZ, Juan-Bautista. Noticias para la Historia de La Palma.

 

 


 

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