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  Guías culturales

El Púlpito de El Salvador. Santa Cruz de La Palma

José Guillermo Rodríguez Escudero


Dentro de los elementos de estilo rococó que podemos encontramos en este fabuloso templo matriz, está la reja del bellísimo coro que realizó don Marcelo Gómez Rodríguez de Carmona y también el impresionante púlpito que, por sus características semejantes y por la proximidad de su cronología, también pudiera ser creación suya. Una obra maestra de gran riqueza y perfección de formas.

El púlpito (del latín “pulpitum”) consiste en una plataforma pequeña y elevada con antepecho y tornavoz desde donde se predicaba, se cantaba la epístola y el Evangelio y se hacía otros ejercicios espirituales. Hoy se encuentra en desuso.

El antepecho es un pretil o baranda que se coloca en el lugar más alto del púlpito para el que allí se sitúe no corra peligro de caer al asomarse.

Está situado en la bella nave central junto a la sexta columna de la nave del Evangelio. Es de madera tallada, pintada en dorado y blanco, que reproduce una decoración disimétrica inspirada en el arte chino llamada “rocalla”, y está separada por pilastras.

Imita contornos de piedras y de conchas y caracteriza una modalidad de estilo dominante en el reinado de Luis XV de Francia, no sólo en la arquitectura como en este caso, sino también en la cerámica y el moblaje.

La barandilla de la escalera es más sencilla que la del resto. Se apoya en un basamento octogonal de piedra, igual al de las columnas, y en “un pedestal marmóreo de formas bulbosas que parece ser el primitivo púlpito que se trajo desde Lisboa en 1612” (según el Libro de Fábrica I) porque en las Cuentas de 1776 a 1781 (Libro de Fábrica III), cuando se realizó esta obra para sustituir a la antigua barandilla de hierro, sólo se habla de “maderar el púlpito”.

A este pie se le añadirían algunos adornos vegetales superpuestos, también dorados, en su parte más saliente y en la unión con la plataforma.

En 1750 se hace el tornavoz o “sombrero” del púlpito- elemento dispuesto sobre éste para que el sonido, en este caso la voz del sacerdote, etc., repercuta y se oiga mejor -, que se dorará en 1768, época en la que Carmona se encontraba en Gran Canaria. Este trabajo se realizará antes de 1776.

Sobre la columna que le sirve de respaldo, se encuentra un escudo negro con moldura vegetal dorada que sirve de marco a un crucifijo. Éste nos recuerda al “Santísimo Cristo de Los Mulatos” cuyo altar neoclásico se levanta justo enfrente, colateral en la nave de la Epístola.

Está formado por cuatro conchas de cuya unión cuelga la paloma del Espíritu Santo, rematando al exterior con bola y cruz (iconografía de El Salvador, titular del templo); su ejecución es anterior, pues los pagos se efectúan en 1750. También cuelgan numerosas borlas doradas y aparecen numerosos “putti” o angelotes dispuestos al revés (boca abajo) y al derecho (boca arriba).

Hay estudiosos que creen que existe mayor relación de esta obra con la del maestro Bartolomé Felipe Calderón (1710-1787), que por esos años construyó el retablo del magistral “Cristo del Amparo” del Real Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves. Así lo indica la decoración de conchas y cabezas de querubines que ostentan ambos.

La nueva obra fue tan apreciada, que el Visitador la considera una de las principales alhajas de la iglesia y manda que se le haga un forro para protegerla: para “resguardarlo del rozo y aire” (Libro de Mandatos de 1782)

 

BIBLIOGRAFÍA:


- RODRÍGUEZ, Gloria: La iglesia de El Salvador de Santa Cruz de La Palma, Madrid, 1985

 


 

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