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SAN LÁZARO, UNA IMAGEN DEL SIGLO XVI DEL PATRON DE LOS LEPROSOS EN SANTA CRUZ DE LA PALMA

José Guillermo Rodríguez Escudero


En la histórica parroquia de Nuestra Señora de La Encarnación, extramuros de Santa Cruz de La Palma, se halla una pequeña imagen de San Lázaro. Es anónima, confeccionada en madera dorada y policromada de 74 cms. y anterior a 1568. La primera vez que se menciona es en el Inventario de ese año, 1568, donde consta haber “un retablo de Sant Lázaro de bulto en un tabernáculo con sus puertas, en la una de Santa Bárbora y en la otra Santa Margarita, que dio Amador Gomes”. Tal y como informa el profesor Pérez Morera –tan conocedor de este templo y de sus tesoros- “junto a los retablos pictóricos, en esta época fueron muy comunes los tabernáculos en forma de nicho u hornacina, provistos casi siempre de dos puertas de cierre que servían de soporte, en la cara interior, a pinturas de santos-estatuas que quedaban a la vista cuando se abrían hacia fuera”.

Efectivamente, en La Palma hubo varios retablos tipo hornacina, como así se consideraban en los siglos XVI y XVII a los tabernáculos. Ejemplos son el del Niño Jesús en Breña Baja (1670-1672); el del Rosario de Villa de Mazo (1679-1681); las piezas gemelas de la iglesia de San Andrés (1679-1681), etc. Una de las utilidades que se le daba a este tipo de altar-cofre era el de proteger a la imagen del sol y de otros inconvenientes. Como curiosidad, que también recoge el mismo investigador palmero, el Visitador Juan Pinto de Guisla había ordenado en 1679 que se hiciese un tabernáculo para la imagen de la Virgen de la Caridad (actualmente en el nuevo templo de Montserrat) del ingenio azucarero de San Andrés, ya que observó que el manto que revestía la talla se hallaba roído por los ratones. Dos tablas flamencas del siglo XVI se conservan en el Museo Insular y representan a Santa Catalina de Alejandría y a Santa Bárbara, probablemente procedentes de un desmantelado retablo-tabernáculo. Anterior a este largo catálogo y añadido al inventario de 1568 fue otro tabernáculo de la entonces ermita de La Encarnación. Era el perteneciente a Santa Lucía en cuyas puertas aparecían pintados San Felipe y San Cristóbal, patronos de los donantes: los bachilleres Felipe Pérez y Cristóbal de Llerena.


Actualmente San Lázaro se venera en el ático del altar del mártir franciscano San Pedro Bautista, colateral del lado de la Epístola del mencionado templo capitalino. Se encuentra sobre una ménsula semicircular encima de la única hornacina del altar. En ella se halla colocado el monje crucificado y lanceado que, por cierto, se trata de la única representación que existe en Canarias de este santo martirizado en Nagasaki (Japón).


Pérez Morera nos aclara que es curiosa la desproporción de sus miembros “acusada especialmente en la cabeza”. Esto junto a su concepción frontal “evidencian la permanencia del lenguaje medieval”. El patrón de los leprosos y mendigos, porta en su mano derecha las llamadas tablillas de San Lázaro, una especie de matraca que el enfermo hacía sonar para advertir a los transeúntes de su presencia. Su forma de sujetarla sugiere que la está agitando ante el espectador. En la izquierda sostiene y apoya a su hombro una bacineta –también dorada- con la que pide limosna para sobrevivir. Bajo su anacrónico sombrero redondo lleva una toca blanca con listas de color azul y rojo que sirve para mantener su pelo recogido y cubrirse del frío. Una bien tallada barba y bigote, finas cejas arqueadas, ojos grandes almendrados de mirada ensimismada y melancólica, una larga y fina nariz y anchos pómulos, son algunas de sus características visibles. Su corta túnica roja con decoración de flores doradas cae en pliegues en forma de “uve” y de aristas redondeadas –por la influencia flamenca- y deja ver unas piernas delgadas y unos pies descalzos. Su pierna izquierda está flexionada hacia atrás, lo que sugiere estar en movimiento. Un perro pequeño moteado le lame una de las llagas del empeine del pie derecho mientras es protegido por el largo manto del santo –de forro color azul- que cae hacia detrás hasta el suelo.


En Canarias tenemos algunas tallas que representan a este santo: la anónima del siglo XVIII custodiada en el Museo Diocesano de Arte Sacro de Las Palmas (desnudo, tan sólo cubierto con un paño y en actitud de pedir limosna); el anónimo tinerfeño del mismo siglo que el anterior de la ermita de Santa Catalina de La Orotava (también con muleta, con tablilla y con perro a sus pies); el anónimo del siglo XVII de la iglesia tinerfeña de Santa Clara de La Laguna (con venda a la cabeza, tablilla, perro -aunque exento- y con un largo báculo de madera en la izquierda); o la anónima del siglo XVI de la ermita homónima, imagen muy venerada en la misma ciudad (cubierta de llagas y con gran perro negro, tablillas y un largo cayado también de plata y vendas a la cabeza.


Se ignora la procedencia de la pieza que nos ocupa, pero se sabe que fue donada al recinto sacro –la segunda iglesia más antigua de La Palma- por Amador Gómez entre 1558 y 1568. Según Hernández Martín, el donante figura en 1553 enviando en una carabela “12 pipas de vino encascadas, 46 quesos, 6 fs. de bizcocho, 6 fs. de harina, 6 botijas de miel de abejas…” a las islas de Cabo Verde a cambio de esclavos.

Al ser concebida la talla para colocarla en un retablo y no para usarla en procesiones, se observa que por la parte posterior su configuración es completamente plana. Ésta es otra de las características utilizadas durante el siglo XVI para la estatuaria religiosa. Por cierto, el retablo original -en una de cuyas hornacinas estaba adosada la efigie- desapareció entre los años 1658 y 1672. Finalmente fue colocado en el actual antes de 1768, una vez éste fue terminado.
Los dos altares del cuerpo de la iglesia –de estilo barroco- fueron construidos después de haberse concedido la oportuna licencia por el Vicario General del Obispado, Estanislao de Lugo y Viña, en Canaria, el 14 de enero de 1764.

En estos retablos se conservan las cuatro realizaciones pictóricas sobre madera que el polifacético Tomás Rexe y Méndez (Santa Cruz de La Palma, 1695- Id., 1762) ejecutó para el templo. Fueron pintadas en 1762, año de su fallecimiento, y representan a Santa Catalina y a Santa Bárbara (en el retablo de Santa Lucía) y a San José y a San Joaquín (en el de San Pedro Batista) en el lado de la Epístola, donde está colocado San Lázaro.


La popularidad de San Lázaro –cuya onomástica es celebrada el 17 de diciembre- está probada por sus muchos patronazgos. Es el patrón de los leprosos y de los leprosarios donde se les atendía. También a ese título era invocado por los panaderos que, por superstición, se creían especialmente expuestos a la lepra a causa de su oficio. Como los leprosos pedían limosna, se convirtió también en el patrón de los mendigos, quienes en Italia se llamaban lazzaroni (de Lázaro). Por esta razón, en la Edad Media se ha representado con frecuencia la parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón en los atrios de los templos, el sitio en donde se instalaban los mendigos para implorar caridad. También comparte el patronazgo de los sepultureros con Tobías y con José de Arimatea.


Réau en su trabajo sobre iconografía cristiana, al tratar a este hombre santo, opta por limitarse a hablar de la leyenda provenzal y borgoñona del leproso santificado. Decía que “debe distinguirse entre dos Lázaro, el de la parábola evangélica a quien el rico Epulón deja morir de hambre a la puerta de su casa y el hermano de Marta y Magdalena, a quién resucitó Cristo, ¿o esos dos homónimos son el mismo personaje?”. También Ferrando Roig decía que “Lázaro es el de Betania, hermano de Marta y María, resucitado por Cristo. Después la leyenda le hace marchar a Francia junto a sus hermanas y le tiene por evangelizador y primer obispo de Marsella”. No hace referencia alguna al Lázaro pobre y enfermo, sino al Obispo que es representado con bordón de doble cruz o vestido de pontifical con la mitra.


En realidad, los principales centros de culto se hallaban en Marsella, Provenza y Borgoña, donde, en Autun y Avallon, las iglesias están puestas bajo la advocación de Saint Lazare. La primera ciudad pretende poseer el cuerpo del santo y la segunda su cabeza. Lo orientales, en cambio, pretenden que Lázaro murió en Chipre y que sus reliquias fueron trasladadas a Constantinopla desde allí.
Los diferentes rasgos de su leyenda y culto se reflejan en su iconografía: de rico obispo con báculo o de mísero leproso con unas tarreñas o tablillas de San Lázaro, como la preciosa talla de La Encarnación.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

- Archivo Parroquial de Nuestra Señora de La Encarnación. Libro I de Cuentas. Inventario, (1 de julio de 1568)
- FERRANDO ROIG, Juan. Iconografía de los Santos. Ediciones Omega, Barcelona, 1950.
- HERNÁNDEZ MARTÍN, Luis Agustín. Protocolos de Domingo Pérez, escribano público de La Palma (1546-1553), Santa Cruz de La Palma, 1999.
- PÉREZ MORERA, Jesús. «San Lázaro», en Roque de Montpellier. Iconografía de los santos protectores de la peste en Canarias, Ayuntamiento de Garachico, 2006.
- Idem. «Ermita de Nuestra Señora de La Encarnación», en Magna Palmensis, Retrato de una Ciudad, CajaCanarias, Santa Cruz de Tenerife, 2000
- REAU, Louis. Iconographie de l’Art Chrétien, P.U.F., Paris, 1957


 

 

 


        
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