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SANTA TERESA DE JESÚS. IGLESIA DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

José Guillermo Rodríguez Escudero








A la poderosa familia Massieu y Monteverde se debe la llegada de un importante catálogo de esculturas remitidas desde Sevilla durante el siglo XVIII. Por varios motivos, estas magníficas tallas se pueden apreciar hoy en el templo del extinto Convento Real y Grande de la Inmaculada Concepción, hoy iglesia de San Francisco de Asís de la capital de La Palma. Fueron enviadas por don Pedro Massieu y Monteverde (1673-1755), Oidor y, más tarde, Presidente de la Real Audiencia de la ciudad hispalense.

 



Para la capilla de San Nicolás (1721), panteón funerario de la saga Massieu, envió cinco preciosas tallas en madera policromada, obras del taller del imaginero Pedro Duque Cornejo y Roldán (1678-1757). El investigador palmero Pérez Morera informaba también de que “es brillante epígono del linaje de Pedro Roldán y contemporáneo de don Pedro…”. Las efigies son San José, San Pedro, San Juan Bautista, San Juan Evangelista y San Nicolás. Este último, el San Nicolás de Bari, “revestido de pontifical, es la mejor pieza, salida de la gubia de un maestro…”


Del mismo taller es la imagen de Santa Teresa de Jesús, “mi devota”, de una vara de alto, encargada por doña María Josefa Massieu y Monteverde a su hermano don Pedro en 1733 para el coro bajo de la iglesia del monasterio franciscano de Santa Clara, construida junto a la ermita de Santa Águeda, patrona de la ciudad. Pérez Morera nos informa de que “la pieza parece salida del mismo taller que las esculturas del retablo de la capilla de San Nicolás, a juzgar por los motivos de los estofados, plegados y volado del manto que la envuelve”.


Hoy se encuentra en la pequeña hornacina superior del retablo del sagrario de la iglesia de San Francisco de Asís. Ésta se halla sobre el gran nicho del Sagrado Corazón de Jesús, en la capilla colateral del Evangelio y comunicada con la anterior de San Nicolás. Esta capilla fue fundada en 1599 por Hernando Rodríguez y su mujer Catalina de Plata. De ahí que, popularmente se conozca como Capilla de la Plata.


La misma piadosa dama, doña María Josefa, había costeado el magistral Cristo de la Caída de Benito de Hita y Castillo (1714-1784).
El arte barroco ha retenido sobre todo las visiones y éxtasis de la Santa de Ávila (1515-1582), que, como la mayoría de las visiones místicas, se explica por el recuerdo de pinturas o imágenes piadosas de las cuales la mística Santa Teresa gustaba rodearse: las de la Virgen de la Misericordia, las de la Tentación de San Antonio y las de las Estigmatización de San Francisco de Asís.


Doña Josefa había dejado una lámpara de plata que tenía en el oratorio de la casa de la hacienda que llamaban del ciprés, en Buenavista, para que se pusiera en el coro bajo de la iglesia del convento de Santa Águeda y “sirva de culto a las imágenes que estan en el y especialmente la del Santisimo Cristo y Señora Santa Teresa de Jesus que de la ciudad de Sevilla trajo e hizo colocar” (A.P.N. 1778). Así quedó otorgado en el testamento de la ilustre dama, viuda del capitán de infantería don Melchor de Monteverde Salgado y Brier. Fue dado en Las Palmas de Gran Canaria el 30 de septiembre de 1765 ante el escribano Antonio Alvarez Trujillo. Después de la desamortización del convento franciscano de las Clarisas, la escultura pasó a la vecina ermita de San José y, por último, en 1957-1958, al lugar donde hoy se encuentra. Aún el templo seráfico está siendo rehabilitado, por lo que habrá que esperar a la conclusión de las obras para volver a admirar esta pequeña joya sevillana, otra de las que engrosan el magnífico inventario escultórico del templo.





Viste el hábito carmelitano de las descalzas: color castaño, con tocas blancas y velo negro; amplio manto de paño blanco –usado en las grandes solemnidades- abrochado ante el pecho. Porta un libro abierto en su mano izquierda y una pluma de ave alzada en la derecha. Son atributos personales y propios de los Padres de la Iglesia y los Escritores eclesiásticos. Dirige una penetrante mirada hacia lo alto, absorta y boquiabierta, indicando su estado de éxtasis, tan característico en su iconografía.

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

- Archivo de Protocolos Notariales de Santa Cruz de La Palma (A.P.N.), Bernardo José Romero, 1778
- PÉREZ GARCÍA, Jaime. Casas y Familias de una Ciudad Histórica. La Calle Real de Santa Cruz de La Palma, Madrid, 1995
- PÉREZ MORERA, Jesús. Magna Palmensis. Retrato de una Ciudad, CajaCanarias, 2000
- Idem. «Sevilla y La Palma a travéz del mecenazgo de la Familia Massieu y Monteverde», en La Cultura del Azúcar. Los Ingenios de Argual y Tazacorte, La Laguna, 1994
- RÉAU, Louis. Iconographie de l’Art Chrétien, P.U.F., Paris, 1957
- ROIG, Juan Ferrando. Iconografía de los Santos, Ediciones Omega, Barcelona, 1950

 


 

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