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NUESTRA SEÑORA DE LA PIEDAD. HOSPITAL DE DOLORES

José Guillermo Rodríguez Escudero

A cambio del comercio del azúcar y del afamado vino de malvasía, entre otros productos, llegaron de los talleres de Bruselas y de Amberes, de Brujas y de Gante, retablos y esculturas, trípticos y tablas pintadas, etc., a través de las cuales tuvieron las islas cumplidos ejemplos del arte flamenco del último gótico y del Renacimiento, de los gustos manieristas y del barroco cercano a Rubens y a Van Dyck.

Santa Cruz de La Palma, que se había erigido el tercer puerto en importancia durante el Imperio de Carlos I de España y V de Alemania, tras Amberes y Sevilla, fue la ciudad canaria donde arribó el mayor número de valiosas y bellas piezas flamencas.

Uno de estos ejemplos es el grupo escultórico de La Piedad, una escultura de madera policromada de 97 cm. de alto, que se halla inventariada desde 1603 en la antigua iglesia del Hospital de Dolores. En 1610 se había colocado un tabernáculo enviado desde Sevilla por Pedro de Urbina y en 1655 fue aderezada por el escultor y dorador Antonio de Orbarán.

La soledad de María va a ser aprovechada por artistas y místicos, quienes, uniendo los dos extremos de la vida de Cristo, infancia y muerte - pesebre y cruz-, crearán una nueva tipología popularmente conocida como La Piedad. Así, se supone que la Virgen rememora la infancia de Jesús, como dijera San Bernardino de Siena. Pero ahora María no porta en sus brazos al Hijo bebé dormido, sino al Hijo hombre muerto. Por este motivo en estas representaciones iconográficas se advierten desproporciones entre ambos cuerpos, lo que no debe entenderse como una inhabilidad del artista, sino debido a propia idea difundida por poetas y místicos desde la Edad Media.

Esta nueva iconografía, nacida en Alemania en los siglos XIII y XIV, con el nombre de “Vesperbild”, pasó a denominarse en Italia “Pietá”, en Francia “Imago Beatae Virginis de Pietate”, y en España “Piedad”.

En el caso que nos ocupa, el esquema de presentar este grupo responde al nuevo modelo iconográfico impuesto a partir del Renacimiento: la Virgen, asolada por el dolor, está arrodillada y sostiene la cabeza y uno de los brazos del cuerpo muerto de su Hijo. La imagen mariana, con el pecho traspasado por el puñal simbólico de la profecía de Simenón, está tocada por un velo y envuelta en ampulosos y magníficos ropajes surcados por múltiples pliegues. El cuerpo inerte de Jesús descansa sobre los bordes del grueso manto. De apariencia marmórea y plácido semblante, la talla de Jesús está desposeída de corona de espinas. El paño de pureza que arropa sus caderas nos recuerda al de la Piedad de la Colegiata de Saint-Ursmer de Binche, como ha asegurado la especialista Constanza Negrín Delgado, “pero al contrario de ésta, la imagen del Hospital presenta una mayor suavidad de modelado que permite fecharla a fines del siglo XVI”.

El ajuar de la imagen de Ntra. Sra. de La Piedad se irá incrementando a través de los tiempos, a medida que iba creciendo la devoción del pueblo. Así, en 1699 y en 1711,consta haber recibido varios velos para cubrir la talla; también una corona de plata en 1699, más tarde sobredorada (1776); el puñal y las potencias del Cristo del mismo material en 1776; las perillas o remates y dos chapas de plata repujada de la magnífica cruz que lleva a sus espaldas; tres clavos de madera dorados y tres mantos para ocultar el inacabado posterior de la fabulosa pieza (1788); una nueva cruz de orfebrería (1789-94), etc.

El “escultor más sobresaliente de todos los que florecieron en La Palma en la segunda mitad del siglo XIX”, como nos recuerda don Jaime Pérez García, remodeló la imagen de la Virgen, actualmente entronizada en la hornacina central del magnífico retablo del actual Hospital de Dolores. Debido a esta actuación, “ha cambiado su semblante y parece una talla de estilo neoclásico”.

La que fuera iglesia del convento franciscano femenino de Santa Clara de Asís tuvo su origen en una ermita dedicada a “La Gloriosa Santa Águeda” –desde 1594, Patrona de la Ciudad y Abogada de las Mieses –. Junto a ella, la congregación de monjas claras, con la ayuda de las familias más adineradas, levantó un convento que cerró su clausura en 1603 y llegó a contar en esa centuria con más de cuarenta religiosas.

Tras la definitiva exclaustración de 1837, las dependencias conventuales acogieron el Hospital de Dolores – fundado en 1514- cuyas antiguas instalaciones se transformaron en teatro (hoy Teatro Chico- llamado oficialmente “Terpsícore y Melpómene”) -, escuela y mercado – y la iglesia, de una sola nave y amplia dotación, pasó a ser capilla del centro benéfico.

El retablo de La Piedad procede de la vieja iglesia del hospital, donde se hallaba frente a su gemelo, con el que formaba pareja, y de traza y decoración similar, el del “Cristo de La Piedra Fría”, hoy en San Francisco. Fue construido entre 1752 y 1757, a expensas de Jacob de Morales Figueroa, natural de Galicia y administrador y juez de la real renta de tabacos.

La maravillosa talla mariana desfila procesionalmente todos los años a mediodía del Viernes Santo, a las 13:00 horas, acompañada por numerosos devotos y por la “Cofradía de La Piedad”, compuesta por jóvenes capuchinos vestidos de negro riguroso. Hasta el siglo XVIII era acompañada por la extinta “Cofradía de Los Siete Dolores”. La actual fue fundada en el año 2002 por el Hermano Mayor David Hernández Rodríguez. Su distintivo es el color negro que simboliza el negro riguroso que los cofrades guardan el Viernes Santo. Llevan una medalla al pecho que representa a la Hermandad: en palabras del Hermano Mayor, “significa el dolor que María soporta al llevar a su hijo muerto en brazos, por eso un corazón, un puñal y la corona de espinas.”




También la medalla es portada por: el Excmo. Sr. Presidente del Cabildo Insular (“en agradecimiento a todo lo que nos ha apoyado”), Sor Carmen Pérez (“que ha sido nuestra madre, nuestra hermana”), don Sebastián Ramón Arrocha (“que se desvivió por nosotros de una manera totalmente desinteresada y que ha sido especie de mayordomo…”) y los cargadores del Hospital (“que soportan el peso del trono por las calles de nuestra ciudad”). Una cofradía excepcional a pesar de su corta existencia, que también se dedica a hacer múltiples actividades, como visitas a enfermos, ayuda al necesitado, etc. Un grupo unido de jóvenes (según los estatutos, tienen que ser varones, haber cumplido 15 años y tener menos de 30) al que se van añadiendo nuevos cada año. Un proyecto ambicioso y muy especial que nació de Facundo Daranas Aguilar, Carlos Castañeda y David Hernández.

La bella imagen fue enviada a una magnífica e importante exposición de piezas flamencas que, de forma itinerante, tuvo lugar en Madrid, Gante y Santa Cruz de La Palma (aquí del 10 de julio hasta el 30 de agosto de 2005), por lo que no se pudo contar con ella para su procesión de esa edición. Excepcionalmente, fue “Nuestra Señora de La Piedad”, conocida como “La Gran Señora del Norte”, del término municipal de San Andrés y Sauces, quien la sustituyó. Es la segunda vez en la historia que esta imagen llega a la capital palmera. La primera fue en 1659 con motivo de una rogativa para que se terminase la plaga de langosta.

Precisamente, en palabras de la Doctora en Historia del Arte, doña Pilar Martino, acerca de la nombrada exposición titulada “El Fruto de la Fe. El legado artístico de Flandes en la Isla de La Palma”, dice lo siguiente: “Otra de las cautivadores piezas es la de Nuestra Señora de Los Dolores, procedente del hospital del mismo nombre. Esta Piedad, en la que la Virgen no sostiene el cuerpo descoyuntado de Cristo en su regazo, sino que, sin apartarse de ese ángulo recto del cuerpo inerte descendido de la cruz, le sujeta amorosamente la cabeza arrodillada a su lado […] Refleja a la perfección el dolor de la Virgen solamente con ese leve gesto de la comisura de los labios y los párpados caídos.Si nos fijamos en más detalles, y especialmente en la riqueza decorativa de las vestiduras, no podemos dejar pasar por alto la entonces floreciente industria de los paños de Flandes”




Una representación del Excmo. Cabildo Insular, de quien depende la Iglesia, acompaña al magnífico trono de la Virgen durante el recorrido procesional por las empedradas calles de Santa Cruz de La Palma. Es cargado a hombros por voluntarios del Hospital de Dolores. La primera Institución palmera, en estas últimas ediciones, ha regalado al paso unos valiosos candelabros de plata repujada.


Todos aquellos enfermos que pueden y lo desean, son colocados en sus sillas de ruedas y camillas formando un pasillo por donde desfila el trono de la Virgen después de su salida del Hospital. En el momento que sale la imagen y pasa entre ellos, todos aplauden y lloran desconsolados, produciéndose unos instantes de gran emoción.




 

BIBLIOGRAFÍA:


-ARTEAGA, Enrique. «Cofradía de la Virgen de La Piedad», La Voz de La Palma, (del 1 al 14 de abril de 2005)
-FERNÁNDEZ GARCÍA, Alberto-José. «Notas históricas de la Semana Santa en Santa Cruz de La Palma». Diario de Avisos, Santa Cruz de La Palma, (del 26 de marzo a 9 de abril de 1963)
-GALANTE GÓMEZ, Francisco J. «Arte Gótico», en Historia del Arte en Canarias, t. IX, Edirca, Las Palmas de Gran Canaria, 1982.
-LUGO y RODRÍGUEZ, F. «La Exposición de Arte Sacro en 1967 del Arciprestazgo de Santa Cruz de La Palma», en La Tarde, Santa Cruz de Tenerife, (29 de mayo de 1968).
-NEGRÍN DELGADO, Constanza. «Escultura» en Arte flamenco en La Palma, Consejería de Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias, 1985..
-PÉREZ GARCÍA, Jaime. «Santa Cruz de La Palma y su Patrimonio Histórico-Artístico. Breve guía para una visita a la ciudad», en Ecos del Santuario, n º 6, Real Santuario de Ntra. Sra. de Las Nieves, Santa Cruz de La Palma, 1980.
-PÉREZ MORERA, Jesús. Magna Palmensis. Retrato de una Ciudad, CajaCanarias, 2000.


 


 

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