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NUESTRA SEÑORA DE LA PIEDAD. SAN ANDRÉS Y SAUCES

José Guillermo Rodríguez Escudero


EL ANTIGUO CONVENTO

Esta magnífica escultura de madera policromada, de unos 90 cms. de alto aproximadamente, se ubica actualmente en el retablo colateral del Evangelio de la nueva iglesia parroquial de Nuestra Señora de Montserrat, en el municipio norteño de San Andrés y Sauces (Isla de La Palma). Antiguamente recibía la veneración de los fieles en la primitiva ermita de su advocación erigida por los propietarios del ingenio azucarero de Los Sauces. Estaba enclavada sobre la orilla del mar, junto al muelle del Guindaste, “puerto donde cargan los azúcares para Flandes o España”, paraje situado en el camino real que iba de la Villa de San Andrés al Puerto Espíndola. Éste se ha conservado en la memoria de los vecinos con el nombre de “La Ermita”, en recuerdo de aquel desaparecido templo. De las mandas testamentarias de los vecinos de toda la comarca se desprende que estamos ante una devoción que se ha mantenido viva hasta nuestros días en el pueblo de San Andrés y Sauces, “que siempre consideró a la imagen como muy milagrosa”. La ubicación del convento respondió a que estaba “en medio de los pueblos donde ay más concurso de gente”. Así, en zona neutral, se minimizaban los inevitables conflictos derivados entre ambos vecindarios sobre la posesión del monasterio.

Allí se fundaba el domingo 20 de noviembre de 1611 el Convento franciscano del mismo título: “Nuestra Señora de La Piedad”y con posterioridad, también bajo la advocación de “La Caridad”. Más tarde, concretamente tres años después de la fundación del decimocuarto cenobio de la provincia de San Diego de Canarias, los religiosos de dicha comunidad pedirían un lugar más adecuado para su establecimiento. Así, les fue donados unos terrenos más al sur, en la Villa de San Andrés en 1614 por don Pablo de Monteverde Van Dalle y su esposa doña María Salgado de Guisla, el capitán don Diego de Guisla Van de Valle y doña Margarita Bellid. Una vez construidos la nueva Casa y su correspondiente templo trasladaron la bella escultura de la Piedad y se procedió a la demolición del antiguo recinto. El nuevo emplazamiento fue situado frente a la Villa, al otro lado del Barranco del Agua y bajo la protección de los poderosos dueños de la Hacienda de los Señores, desde entonces, patronos del convento y sus frailes. Allí la adornaron con peana, corona y cruz de plata, cuyos remates fueron costeados con el legado de Fray Sebastián de Monterrey en 1752.

Durante los siglos XVII y XVIII, el número de moradores en el convento fue de unos ocho frailes, para pasar a casi catorce religiosos de comunidad. Pero ya a finales del XVII comienza a declinar paulatinamente y, en 1821 fue suprimido por el Estado. Reestablecido en 1827, fue suprimido definitivamente en 1835 en virtud de la ley de desamortización eclesiástica promulgada por Mendizábal, quedando la iglesia el convento como ermita.

Doña Constanza Negrín también nos informa de que “después de la supresión del Monasterio (1835) permaneció en la antigua iglesia conventual hasta su ruina, pasando entonces provisionalmente a la de San Andrés (1854) y por último a la de N. S. de Montserrat, donde se colocó en el altar del Rosario en 1855 y más tarde se le dedicó una capilla en el lado del Evangelio”.

Efectivamente, fue en 1854 cuando el desplome del techo aceleró su clausura definitiva. Todas sus imágenes y otras piezas como la pila, el púlpito, las campanas o el ajuar de plata fueron repartidos entre los templos de San Andrés y de Montserrat (Los Sauces) así como del resto de iglesias de La Palma.

EL GRUPO ESCULTÓRICO

La preciosa imagen sedente y sedante de la Virgen, esculpida en los Países Bajos meridionales en el segundo tercio del siglo XVI, es fiel reflejo de mansedumbre y ternura, y de bondadosa y absorta expresión- alejada de la amargura física de otras “Dolorosas” de nuestra imaginería palmera-. Se contorsiona e inclina levemente hacia delante para acoger dulcemente sobre su regazo el cadáver desplomado de su Hijo, según Negrín Delgado, “arropándose en un amplio manto que le cubre la cabeza sobre la toca y se adapta al volumen de su figura describiendo sutiles pliegues curvilíneos e insinuando su recia complexión interior”.

Si se compara esta pieza con la de N. S. de Las Angustias del Santuario de Los Llanos de Aridane, es un “claro exponente de la evolución sufrida en los Países Bajos por un tema de raíz medieval que, traducido al lenguaje renacentista, sigue conservando su originaria esencia gótica”. La misma profesora publica en su obra sobre arte flamenco que “conforme a los nuevos ideales propugnados por el arte italiano, los dos personajes se articulan con mayor dinamismo y naturalidad en una composición piramidal regida por el equilibrio de las proporciones, la blandura de las formas, la elegancia de las actitudes y la belleza ideal de los rostros”.

Negrín Delgado informa de que, el grupo de Nuestra Señora de Los Dolores de la iglesia capitalina del Hospital homónimo, “responde al nuevo modelo iconográfico impuesto a partir del Renacimiento: la Virgen arrodillada sostiene el cuerpo muerto de su Hijo, arropándolo con su manto, como si lo hiciera en su infancia”. Continúa comparando al Cristo, “de rígida postura”, se aleja de aquél que parecía “resbalar del regazo materno” – como se aprecia en la Virgen de Las Angustias-, “o de aquel otro, pesado y lánguido, mecido dulcemente por la Virgen, en el ejemplo de Los Sauces”.

Según una piadosa y romántica tradición, la llegada de la Virgen de La Piedad, a la que se ha llamado “la Gran Señora del Norte”, a las costas de Los Sauces se debe a los ingleses, quienes la depositaron allí cuando estos se separaron de la Iglesia Romana durante el llamado Cisma de Inglaterra. El profesor palmero Pérez Morera, en su trabajo publicado acerca de este convento, también nos informa de que se edificó en el sitio de su hallazgo, una ermita en su honor, “fundada en los primeros decenios del siglo XVI, bien por los primeros vecinos del término o bien por los dueños de la llamada Hacienda de Abajo o Heredamiento de los Catalanes dentro de sus tierras”. La también llamada “hacienda de los señores” fue propiedad de los Guisla-Boot,Guisla Pinto y Monteverde, luego Valcárcel, para distinguirla de la “hacienda de los príncipes”, perteneciente a los adelantados de Canarias. De esta misma vía, llegarían a nuestras costas las imágenes flamencas de “Nuestra Señora de La Piedad” a Santa Cruz de La Palma y la de “Nuestra Señora de Las Angustias” a Tazacorte. Así lo reseña en 1854 don Félix Poggio y Alfaro.


En palabras del profesor Pérez Morera, “la expresión de dolor está ausente del rostro abstraído de la Virgen y la insinuada y grácil sonrisa aumenta su emotividad. El grupo adopta la configuración piramidal del Renacimiento”.

OBJETOS DE CULTO

El retablo mayor de la “hermita bieja que fue de la adbogacion de nuestra Señora de la Piedad” (escribanía de Andrés de Chávez, 1632) de estípites y de madera dorada, constaba de dos cuerpos y dos calles. Como nos informa Pérez Morera, la Virgen se hallaba en la hornacina central, mientras que en los otros dos nichos se ubicaban San Diego de Alcalá y San Francisco de Asís. En el cuerpo alto al centro, un “buen cuadro con una pintura de la inmaculada Concepción, a sus lados otra idem del Apóstol San Pedro y San Andrés” (Inventario de los conventos franciscanos 25-XI-1835). Don Diego de Guisla y Castilla (1634-1718), regidor perpetuo y dueño copartícipe de la hacienda de cañaverales de Los Sauces, patrono de la ermita, había dejado en su testamento el encargo de “una colgadura de tafetán de granada con listas amarillas para la capilla mayor del convento de la Piedad”. Después del desplome de la ermita en 1854 y de la que milagrosamente se había salvado, la Virgen fue llevada a la iglesia de San Andrés. Ello dio lugar a que se robusteciera la tradicional rivalidad entre las feligresías de San Andrés y de Los Sauces. Finalmente la imagen fue conducida procesionalmente en la tarde del domingo 2 de septiembre de 1855 hasta la parroquia de Los Sauces. Se había aprovechado parte del antiguo altar, techo, retablo, etc. para construirle una capilla en la primigenia iglesia de Montserrat. Cuando se demolió este templo en 1960 para la construcción del nuevo complejo parroquial, desapareció definitivamente el antiguo retablo mayor del convento de La Piedad.

Las dos mencionadas tallas de los santos franciscanos se hallan actualmente en la iglesia de San Andrés. No corrieron la misma suerte otras tallas, como las de San Buenaventura y San Antonio de Papua. Pérez Morera nos indica que están “desaparecidas o en paradero desconocido”. Lo mismo sucede con la Virgen de los Ángeles (que ya existía en 1615 traída por el capitán Fernán González), un San Pedro de Alcántara y un San Juan Bautista. El mismo profesor nos relaciona otros ornamentos y objetos de culto que se hallaban en la antigua ermita: el púlpito, la pila de agua bendita de mármol blanco, un aguamanil de piedra, una cajonería con seis gavetas, un facistol con un crucifijo, un órgano viejo y una sillería de viñátigo. Las cinco campanas (“tres en el campanario, una en la portería y otra en el refectorio”) fueron distribuidas por la isla. Así, una de ellas fue a parar a uno de los castillos de la ciudad y la mayor más tarde pasó a Tijarafe. En este mismo pueblo llegaron en 1857 y el párroco las mandó fundir a Tenerife junto con otras de su mismo templo. En cuanto al servicio de altar y ajuar de plata, el historiador palmero describe con precisión que estaba compuesto por un copón, tres cálices de plata, un guión de terciopelo “guarnecido con galón de oro”, una ánfora para el óleo, etc. También nos dice que los enseres propios del culto de la Virgen se trasladaron en 1843 a la iglesia de Los Sauces, “entre ellas la lámpara de plata, la custodia de sol sobredorada y la corona de plata dorada y esmaltes de la imagen, labradas en Trujillo del Perú en 1672...”. También se llevó allí la cruz de plata repujada de la imagen y los dos “atriles americanos con incrustaciones de nácar y carey que regaló el indiano José de Brito” en 1774.





EXTRAORDINARIA PROCESIÓN DE LA «GRAN SEÑORA DEL NORTE» EN LA CAPITAL PALMERA DESPUÉS DE 346 AÑOS DE SU ANTERIOR VISITA.

“Jueves, 16 de octubre de 1659. Entró en la isla la langosta de cigarrón en esta ciudad, que llenó toda la isla y comió la corteza de todos los árboles y destruyó todos los pastos, con que murió mucho ganado menor y mayor y muchas cabalgaduras yeguas y jumentos y destruyó muchas sementeras y algunas volvieron a reventar y las que comió tres veces no volvieron. Hiciéronse muchos sufragios, procesiones y sermones; trújose a esta ciudad en procesión a Nuestra Señora de la Piedad y al glorioso Apóstol San Andrés, y al glorioso San Juan de Puntallana, a Nuestra Señora de Las Nieves y se tuvo en esta ciudad muchos días, y al Santo Cristo del Planto...”

Juan-Bautista Lorenzo Rodríguez

 

La cautivadora talla titular de “Nuestra Señora de La Piedad” del Hospital de Dolores de la capital palmera se encontraba en el catálogo de piezas que tomaron parte en la exposición itinerante “El Fruto de la Fe” sobre el legado artístico de Flandes en La Palma. El 20 de febrero de 2005 se clausuró la muestra en Madrid, donde se había iniciado el 2 de diciembre de 2004 y viajó posteriormente a la Abadía de San Pedro, en Gante. En esta ciudad belga se pudo visitar desde el 4 de marzo al 5 de junio. Este fabuloso legado pudo ser finalmente contemplado en el antiguo Convento de San Francisco de la capital palmera entre el 10 de julio y el 30 de agosto de 2005, durante la Bajada de la Virgen. Luego, la imagen fue entronizada nuevamente en el retablo mayor de su templo palmero para recibir la veneración de los fieles.

Por este motivo, no pudo desfilar procesionalmente el Viernes Santo de 2005 desde el ex cenobio de Santa Águeda, Patrona de la ciudad. Ininterrumpidamente ha salido desde ese templo desde 1949 y, anteriormente, desde la antigua iglesia del Hospital de Dolores, hoy Teatro Chico. La Cofradía de La Piedad, fundada hace dos años, es la titular del paso. Se trata de una Hermandad de Penitencia únicamente masculina caracterizada por llevar túnicas, capas, guantes y capirotes completamente negros. Durante el siglo XVIII, la impresionante imagen salía acompañada por la Cofradía de los Siervos de Dolores.
En su lugar lo hizo la venerada efigie de la misma advocación de la parroquia de Ntra. Sra. de Montserrat, objeto de este artículo. La que fuera imagen titular de la primigenia ermita y convento franciscano de La Piedad en las costas de la Villa visitó Santa Cruz de La Palma por segunda vez en la historia.

 

BIBLIOGRAFÍA:


- El Sauce, nº5, Boletín de Información Local, Ilmo. Ayuntamiento de San Andrés y Sauces, julio 2001
- LORENZO RODRÍGUEZ, Juan-Bautista. Noticias para la Historia de La Palma, I, La Laguna, 1975.
- NEGRÍN DELGADO, Constanza. «Escultura». Arte flamenco en La Palma, Consejería de Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias, 1985,
- PÉREZ MORERA, Jesús. «Convento franciscano de Nuestra Señora de La Piedad», Cuadernos de Cultura, nº 3, Iltmo. Ayuntamiento de San - Andrés y Sauces, 2001.
- Idem. Arte Flamenco. Isla de La Palma, Excmo. Cabildo Insular de La Palma, Madrid, 1988.
- Idem. «El heredamiento de los catalanes», La cultura del azúcar: los ingenios de Argual y Tazacorte, La Laguna, 1994
- RODRÍGUEZ ESCUDERO, José Guillermo, «Algunas advocaciones palmeras y su relación histórica con la ganadería, el hombre y el medio», El Pajar, II Época, nº 18, La Orotava, agosto 2004.


 


 

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