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TEATRO CIRCO DE MARTE
ALGUNOS RETAZOS HISTÓRICOS DE OTRA JOYA
DE SANTA CRUZ DE LA PALMA

José Guillermo Rodríguez Escudero

 

En el solar de la plaza del desacralizado convento femenino de Santa Catalina de Siena, se fabricó un circo-teatro cuyo expediente, instruido al efecto, fue aprobado por el Gobierno Civil de la Provincia con fecha 23 de agosto de 1854. En el trámite se cumplió con lo dispuesto sobre el particular en lo que a dichas fábricas se refería, según lo ordenado en el Real Decreto de 28 de julio de 1852. En él se disponía que no se construyera estas edificaciones sin obtener la pertinente licencia del Gobierno, previa presentación del plano de la fábrica. La prensa de la época elogió e hizo público reconocimiento a dos ilustres palmeros: don Celedonio Camacho Pino por haber tomado parte muy activa en el asunto, y don José Mendoza y don José Antonio Rodríguez, por haber cedido gratuitamente el terreno, que era de su propiedad particular, para la erección del teatro. Su construcción dio comienzo el 8 de abril de 1870 por una sociedad creada al efecto.

Esta plaza había sido terminada en 1754, sobre un solar en el que se había erigido, a mediados del siglo XVI, la casona del mercader flamenco Anés Van Trille y su esposa, Ana Jaques. Ambos eran dueños de la antigua finca urbana situada en este lugar y que luego había sido vendida por sus descendientes –Marcos Dalmao Roberto y María Jaques- a Luis Vandeval el Viejo. Tras sucesivas herencias y ventas, llegó a manos de la Rvda. Madre doña María de Santa Cruz de Cervellón, religiosa dominica del cenobio de Santa Catalina de Sena (erigido enfrente). Había sido heredera de su hermano el presbítero don Rodrigo de Cervellón, Canónigo de la Catedral de Mérida de Yucatán (Méjico), en la partición de los bienes de sus padres, Juan de Santa Cruz y Margarita Bellid. Luego pasó a manos del Capitán de las Milicias de La Palma, don Antonio Julián Pintado, quién, a su muerte, lo dejó a sus hijos. Una de ellos fue otra monja catalina, Josefa de San Andrés Pintado y Maldonado. Entonces, el inmueble había sido apreciado en 14.000 reales a pesar de que se hallaba maltratado y amenazando ruina debido a su antigüedad. Finalmente los dueños accedieron a venderla a las religiosas del vecino monasterio de Santa Catalina. En escrito elevado al Padre Provincial de la Orden le decían “que siempre hemos vivido con el desconsuelo espiritual de no haber podido dar en las procesiones de Dios sacramentado y de los santos que celebra nuestra iglesia el culto que deseamos por no haber tenido por donde anden y estar reducidas a braza y media de calle que como a V.P.R. consta es el espacio que hay de la puerta de la iglesia por donde salen a la otra por donde entran, y es así que por muerte del capitán don Antonio Julián Pintado, en la partición de bienes de que tratan sus herederos, se nos ofrece la ocasión de querernos vender una casa alta y otras terreras con el más sitio que está con dichas casas incorporado, que todo queda al frente de nuestra iglesia”. (A.P.N., 1753).

 

El Prior Provincial de Santa María de Candelaria, fray Tomás Fonte, dio autorización el 30 de marzo de 1753 para efectuar la operación por el mencionado importe de 14.000 reales. Dueñas las religiosas de la propiedad, procedieron de inmediato a la fábrica de la plazuela de que carecían, cuyo artífice fue Antonio Florencio Fernández, vecino de la ciudad; para ello tuvo que levantar un muro de contención por el lado del naciente y entallar todo el solar a fin de dejarlo preparado para aquella finalidad. En su testamento, había declarado que, por enfermedad, “gasté también cien pesos que gané en dicho segundo matrimonio en el trabajo que hice en la fábrica del llano de las monjas dominicas”. Quedó, como dijimos, la plaza terminada en 1754, y cuyo basamento aún se conserva..

El monasterio de Santa Catalina de Siena se encontraba en el lugar ocupado hasta hace unos años por el Grupo Escolar Sector Sur, reconvertido recientemente en instalaciones de las Escuelas Municipales de Danza, Folklore, Teatro y Banda de Música. Por Real Orden de 15 de febrero de 1842 le fue concedido este edificio al Ayuntamiento de la ciudad para que en él se pudiese instalar la Cárcel del Partido, a cuyo establecimiento correccional se hallaba dedicado desde entonces. La iglesia y parte del convento, que miraba al naciente, fueron derribados para fabricar en 1871 el Circo de Marte, por una Sociedad creada al efecto; “de modo que el expresado Circo está fundado en la plazuela de dicho Convento y parte de la calle, lo que es hoy calle de La Luz, era entonces donde etaba situada la repetida iglesia y parte del Convento derribados” (Juan B.Lorenzo)

En 1888, el Teatro Circo de Marte sirvió como hospital improvisado para acoger a los enfermos afectados por la fiebre amarilla. Allí se encerró el médico don Juan Pérez Díaz –director de Sanidad del puerto- para un mejor atendimiento de los atacados en razón a la escasez de facultativos que había en la ciudad. Pasada la epidemia, como medida profiláctica, se procedió a quemar el piso del teatro que fue repuesto al año. Esta actuación altruista y heroica, le valió al prestigioso médico la concesión de la Cruz de Segunda Clase de la Orden Civil de Beneficencia.

La reedificación de sus fachadas se hizo a solicitud de don Silvestre Carrillo Massieu, que elevó escrito a la Alcaldía el 4 de agosto de 1914. La autorización municipal fue concedida el día 10 de dicho mes. El interesado acudió al Juzgado para acreditar la posesión en que se hallaba dicha finca urbana; antes había pertenecido a don José Carballo Fernández, declarado incapaz por enajenación mental, por herencia de su padre don Antonio Carballo Fernández, suegro, a su vez, de don Silvestre Carrillo, quien compró todas las acciones de la mentada sociedad.

La Visita del Rey Alfonso XIII al Circo de Marte –en aquel entonces, una gallera- el 3 de abril de 1906 fue cubierta por la prensa con todo lujo de detalles. Se decía que su obra había sido dirigida por Sebastián Arozena y “su finalidad, además de las riñas de gallos, estaba orientada a circo ecuestre, salón de baile y local para titiriteros y prestidigitadores. Su aforo podía acoger a más de ochocientas personas y, aunque no estaba aún terminado, se había inaugurado el domingo 5 de marzo de 1871, con cinco peleas de gallos, siendo amenizado el comienzo, intermedios y final por la banda de música «La Lira» “. Aún sin terminar, la propia prensa decía de este soberbio inmueble: “Cuando el Circo de Marte esté terminado, hará honor a este pueblo, al que lo eligió y a los socios que concibieron el proyecto de hacerlo, demostrando lo que el espíritu de asociación puede conseguir”.

El catedrático palmero Daranas Ventura nos informaba así mismo de que, “El Circo de Marte que vio Alfonso XIII no era el mismo que contemplamos en la actualidad, tras la inclusión en 1914 del trapecio exterior, de fachada clasicista, ejecutado por el maestro de obras Eladio Duque Batista. En aquel entonces, tanto en su aspecto interior como en el exterior, tenía forma de un polígono regular de dieciséis lados…” Como anécdota, hay constancia de que el Ayuntamiento había enviado un oficio a los herederos de Antonio Carballo, concretamente a Silvestre Carrillo, para que se procediese a fabricar aceras a lo largo de la fachada principal del teatro, en la calle de la Virgen de La Luz.

El Diario de Avisos (1906) decía:

“Al Circo de Marte. En este magnífico edificio tuvo lugar una pelea de gallos que apenas duró tres minutos. Luego una riña de seis. El espectáculo fue del agrado de don Alfonso XIII”.

Fabricado el Teatro Circo de Marte fue el centro cultural y social de la ciudad. En él se celebraron históricas veladas literarias y políticas, y allí también se llevaba a cabo la siempre esperada temporada de bailes que abarcaba desde el día de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre) hasta la fiesta de Carnaval, actos todos ellos que tuvieron amplia difusión en la prensa de los distintos años.

Siempre se publicaban versos alusivos a las Carnestolendas. Como por ejemplo, aquí hay unos que aparecieron en el periódico La Palma con motivo de la inauguración de la temporada, en 1875:

“Aprestad, bellas palmeras,
vuestros arreos y galas:
tienda el corazón sus alas
del Circo por la extensión;
que allí de solaces puros
se respiran los ambientes,
y coronas esplendentes
ciñe alegre el corazón”.


Por cierto, dos meses antes de la regia visita (febrero de 1906) y por iniciativa municipal, se habían celebrado en el histórico recinto, unos espléndidos bailes públicos en los que el inmueble ofrecía un aspecto deslumbrador por la profusión de luces eléctricas y de artísticos adornos. Daranas Ventura también nos decía en su trabajo sobre la estancia de S.M. en la capital palmera que “en este mismo escenario se comenzaría a proyectar haciendo su debut cinematográfico el 29 de abril, unos días después de la real visita, y con una gran concurrencia de público, The Imperial brioscop, que, con un amplio programa, agradó a los asistentes con proyecciones como Alí Babá, Los Luchadores y el Jornal de la Semana”. Como anécdota, diremos que nadie podría imaginarse en la Isla que en este mismo recinto se proyectaría dos meses más tarde la película La Boda del Rey y el atentado de SS.MM. al paso por la calle Mayor.

Fueron muchas las veces en las que el recinto sirvió para la celebración de actos de variada índole a fin de recaudar fondos para sociedades benéficas. Un ejemplo de tantos fue el concierto que se llevó a cabo el 16 de diciembre de 1883 a beneficio del Salvamento de Náufragos, compuesto de protectores fundadores, suscriptores y donadores.

Las anheladas fiestas de la Bajada de la Virgen de Las Nieves desarrollaron en este bello escenario un numeroso catálogo de representaciones de toda índole: conciertos, bailes, banquetes, zarzuelas, óperas, corales, etc. Apoteósicas e inolvidables veladas para un público extasiado y exigente que cada vez solicitaba más actos, más estrenos, más entretenimientos, consciente y orgulloso de la importancia de sus Fiestas Mayores en honor de la “Morenita”. Todo ello sin olvidar la puesta en escena de una relación de numerosos actos tradicionales. Ésta constituyó su verdadera razón de ser que hizo que tales celebraciones lustrales fueran conocidas dentro y fuera de las fronteras insulares. No en vano han llegado a ser las fiestas más importantes de Canarias tras los Carnavales.



“No se puede desconocer que la sociedad palmera de hoy no es la sociedad palmera de ayer. En el presente, la Muy Noble y Leal Ciudad de Santa Cruz de La Palma cuenta con hermosos edificios que pueden honrar sin desdoro á una capital de primer orden. Las Casas capitulares, la Iglesia del Salvador, el Circo de Marte y otros más, son hermosas joyas que adornan la ciudad capital de la isla de San Miguel de La Palma…”

Pedro J. de Las Casas Pestana, 1898

En definitiva, el Teatro Circo de Marte es el resultado de la transformación sufrida por el edificio, que había sido concebido para ser dedicado básicamente a peleas de gallos, cuya primitiva construcción presentaba una tipología arquitectónica afrancesada de finales del siglo pasado, heredando además su nombre de “Circo”. La construcción de este recinto comenzó en 1871 para dar respuesta a las necesidades espaciales que los aficionados al mundo de las peleas de gallos demandaban en la capital palmera, y con la intención de convertirlo en una sala que diera oportunidad a otros divertimentos y espectáculos, como el maravilloso circo.



La transformación del edificio para el nuevo uso escénico consistió en la erección de un muro perimetral que intentaba conseguir un volumen paralepipédico como imagen del nuevo teatro y que serviría de soporte a las estructuras horizontales. De esta manera el resultado parcial había de consistir en la utilización del espacio interior del circo como volumen de la sala de espectadores y en la creación de un anillo alrededor del mismo que contuviera todos los servicios y dependencias del nuevo uso al que se destinó la edificación.



“Circo de Marte. Por negligencia, descuido ó algo que á esas cosas se parezca, no dijimos algo en nuestro número anterior del edificio que con ese nombre se inauguró el domingo 5 del corriente mes para reñir gallos en esta ciudad, en la que hay muchos aficionados á esa clase de diversión, y gallos de primera nota. Ahora hablemos del circo. Es, comparativamente hablando, magnífico, y nosotros, para elogiarle como se debe, diremos que tiene la falta de ser demasiadamente bueno; porque en extensión es mayor que todos los de su clase que haya en esta provincia, y aun no vacilamos en afirmar que ni en la isla de Cuba donde las peleas de gallos son de tanto interés existe ningún reñidero que compararle.”


El Clarín, 30 de marzo de 1871

Gallos, festivales ecuestres, acrobacias y trucos de magia, además de veladas literarias, conciertos y bailes de salón hicieron aumentar la concurrencia a este local, que ya en el siglo XX fue rehabilitado en varias ocasiones para adecuar sus instalaciones, primero a la actividad teatral y posteriormente a la danza, la música y el cine. La adquisición del inmueble por el Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma en 1981 devolvió al teatro su vocación escénica, que ha estado interrumpida para realizar los últimos trabajos de restauración, ahora finalizados en el año 2008.
Precisamente, la exposición titulada “Pasquines, Hojas Volantes y Programas”, que tiene lugar en el recinto desde el 30 de octubre y el 6 de noviembre de 2008, reúne una buena parte de los valiosos originales del siglo XIX pertenecientes a la hemeroteca de la Sociedad Cosmológica de Santa Cruz de La Palma. La exposición, que se lleva a cabo dentro de las jornadas de puertas abiertas del Teatro, está diseñada por Óscar Benítez. Muchos de los documentos expuestos se remontan a la primera época del Teatro, en los que se recogen las actuaciones de compañías de variedades, ilusionistas, bailes y números circenses. Un segundo capítulo, a partir de la reconversión del Circo de Marte en teatro en 1918, se centra sobre todo en espectáculos teatrales y musicales así como en proyecciones cinematográficas y se prolonga hasta los años de la posguerra española.



Entre 1914 y 1918 se inició la primera rehabilitación relevante del edificio, auspiciada por Silvestre Carrillo Massieu (1857-1931), su nuevo propietario, que adecuó las instalaciones con preferencia por la actividad teatral, construyendo una platea, la caja escénica y el resto de compartimentos del nuevo local, siguiendo la estructura constructiva del teatro a la italiana. La transformación se llevó a cabo siendo maestro de obra Eladio Duque Batista.

Años después la disposición empresarial de la saga tinerfeña de los Baudet, expertos en el mundo del espectáculo dramático y cinematográfico, dieron con una nueva aportación que acrecienta el habitual programa musical, de danza y dramático del Teatro Circo de Marte, incorporando la proyección de películas de cine a la cartelera.

La nueva caja escénica, la renovación de los medios técnicos, la actualización de las infraestructuras y otros cambios formales convierten al Teatro Circo de Marte, declarado en 1997 Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento, en un lugar que ha sabido mantener la dignidad histórica de su funcionalidad para el espectáculo, la diversión y ese juego mítico en el que la barrera que separa la realidad de la ficción se diluye cada vez que se abre el telón.

“Por lo que respecta a la obra, nos parece aunque no está concluida, bellísima, y revela, a primer golpe de vista, el buen gusto de su director D. Sebastian Arozena, que en todo lo que hace manifiesta las habilidades que posee. Es el dicho edificio de grande extensión y de mucha solidez; representa por fuera y por dentro un polígono regular de 16 lados. Sus dueños le han hecho tan grande para que sirva también de circo ecuestre, salón de baile y local para tirititeros y prestidigitadores, puesto que puede contener más de 800 personas”.

El Clarín, (30 de marzo de 1871)

Los elementos que se han conservado de aquella primitiva construcción, básicamente el polígono decahexagonal que constituía su perímetro externo y su cubierta, demuestran una calidad constructiva y formal superior a la del edificio levantado posteriormente.

El convento dominico se había cedido al Ayuntamiento para cárcel y fue finalmente derribado el 5 de septiembre de 1872 para alinear la calle de La Luz y en la plazuela fronteriza se edificó el Circo de Marte. Según Viera y Clavijo fue el primero de Canarias.

“…Cinematógrafo Pathe. Por el correo del 13 llegó a esta capital el señor Velázquez con sus notables cinematógrafos y de la compañía de variedades. Hemos tenido el gusto de asistir a las sesiones del cinematógrafo y de la compañía celebrada en el Circo de Marte, y asegurarnos desde luego, que todos los trabajos que ejecutaron, son de la mejor clase. El cinematógrafo tiene unas películas bellas e interesantes; la coupletista, es aceptable y el ventrílocuo, de lo mejor que hemos visto. Deseamos que el público se convenza de la importancia de esa compañía yendo al Circo para demostrar así que en Santa Cruz de La Palma sabemos apreciar nuestro concurso a los artistas que merecen este nombre…”

El Eco de la Verdad, 1907


“…antes de alcanzar la ermita y girando a la izquierda, está el Teatro Circo de Marte, originariamente palestra para las peleas de gallos, luego teatro y cinematógrafo, según épocas y demandas, sometido a una historia interminable de restauraciones que puede que acaben perdiendo el norte entre propuestas y contrapuestas, retrasos y vacilaciones, que tal vez ignoren lo que fue y no alcancen a ver lo que deba seguir siendo…”

Juan Julio Fernández, 2006


“Sucedió en una pequeña ciudad costera, enclave privilegiado, bendecido por el clima, con calles empedradas en las que se levantaban orgullosas casonas, legado de años de esplendor comercial. La pequeña villa era modelo de cultura y urbanidad, y tenía todo lo necesario para que sus habitantes se sintieran felices, tiendas y comercios llenos de vida, escuelas, sociedades academias, un Ayuntamiento, pionero de la Democracia, y hasta un teatro, espacio que toda ciudad merece tener. El nuestro sin ser grande era suficiente y se convirtió en epicentro de los eventos más trascendentes de una época, testigo y protagonista del acontecer social y cultural de la ciudad. Entre sus paredes acogió todo tipo de actos: riñas de gallos, números de circo, bailes de sociedad, veladas político-literarias, teatro, música, danza, cine... fue sala de exposiciones e incluso improvisado hospital. Durante décadas, fue un inmueble de referencia, hasta que un día, cerró sus puertas”.

José Luis Perestelo, octubre 2008.

El Teatro Circo de Marte abrió de nuevo sus puertas al público una vez culminado el proceso de rehabilitación y restauración del edificio, tras una espera de más de dos décadas, a fin de servir de espacio a una programación estable de espectáculos variados y de calidad.

Al acto de reapertura de este recinto, que tuvo lugar a las 20:00 horas del sábado 26 de octubre de 2008, asistieron numerosas autoridades, entre ellas la ministra de Vivienda doña Beatriz Corredor, el presidente del Gobierno de Canarias don Paulino Rivero, el del Cabildo don José Luis Perestelo y el alcalde de la ciudad don Juan Ramón Felipe. A las 22:30 horas y al día siguiente a las 12:00 horas se interpretó nuevamente la obra titulada San Borondón, poema sinfónico desde una isa, de Luis Cobiella Cuevas, sobre letras de Luis Ortega Abraham. Fue interpretado por la soprano Candelaria González, el tenor Orlando Niz, la pianista Inmaculada Marrero, el Coro Polifónico de la Universidad de La Laguna –dirigido por Alfonso López Raymond, y la Orquesta de la Reapertura del Teatro Circo de Marte- bajo la dirección de Ángel Camacho Bermúdez. Todo un éxito.


“…Un gran director de escena del pasado siglo escribió que el teatro es el lugar donde una comunidad, libremente reunida, se descubre a sí misma; el lugar donde una comunidad escucha una palabra para aceptarla o rechazarla. Porque aun cuando los espectadores no se den cuenta, esta palabra les ayudará a decidir en su vida individual y en su responsabilidad social. Ésa es, según creo, la gran misión que debe asumir el nuevo Teatro Circo de Marte: la de convertirse en un espacio en el que se nos invite a reflexionar sobre nuestra propia esencia, como colectividad y como individuos. La de ayudarnos a comprender mejor nuestra condición y la de hacer de esta pequeña ciudad del Atlántico, llamada Santa Cruz de La Palma, un lugar más rico y más libre.”

Juan Ramón Felipe, octubre 2008

 


        
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