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El Terno de la Conquista. Parroquia Matriz de El Salvador. Santa Cruz de La Palma

José Guillermo Rodríguez Escudero


Entre todos los ornamentos más valiosos que existen en el Archipiélago Canario, figura el llamado “Terno de la Conquista” que se custodia en este suntuoso templo palmero. Es también el tejido litúrgico más antiguo que se conserva en las Islas.

Se denomina terno (del latín ternus) al vestuario exterior del oficiante y de sus dos ministros, diácono y subdiácono, que celebra una misa mayor o asisten en esta forma a una función eclesiástica. Consta de casulla y capa pluvial para el oficiante y de dalmáticas para sus dos ministros. El conjunto es de damasco y terciopelo carmesí, con bordado en oro y seda sobre terciopelo “y, conforme a los diseños del momento, las formas de la decoración renacentista a lo romano, con sus clásicos roleos, zarcillos de acanto y fruteros” (Arte en Canarias- una mirada retrospectiva). Su distribución se realiza simétricamente y de forma repetitiva en las cenefas a “candelieri” de la casulla (111 x 65 cms aprox.) y la capa pluvial, en la capilla de esta última y en las mangas y faldones de las dalmáticas, sustituyendo a los motivos de imaginería derivados de modelos góticos.

Efectivamente, como decíamos, es el tejido litúrgico más antiguo que se conserva en Canarias. Tan sólo es superado por los vestigios que nos han llegado del llamado “Pendón de la Conquista de La Palma”, que data del reinado del Emperador (c. 1540).

Un magnífico trabajo sobre este particular, publicado en Obras Maestras Restauradas (Madrid, 1998), titulado precisamente “Pendón de la isla de La Palma”, su autor, G. Rodríguez, lo relacionaba con los talleres andaluces de mediados del siglo XVI y detallaba su “decoración heráldica aplicada, bordada sobre damasco carmesí con motivos de flores y parejas de aves…”

Según apuntan varios estudiosos, como es el caso de la desaparecida profesora doña Gloria Rodríguez, el terno de El Salvador pudiera ser el fabuloso y riquísimo “pontifical de brocado” que, según el viajero portugués Gaspar Fructuoso (1567), regaló a este templo el caballero flamenco Luis Van de Walle “El Viejo”, riquísimo mercader y mecenas, originario de la ciudad de Brujas y fallecido en 1587.

Recientes estudios han catalogado al terno como obra sevillana del último tercio del siglo XVI, de cuyos talleres consta que se hizo traer, en 1580, otro rico ornamento para servir la capellanía fundada por Gaspar Socarrás en la misma iglesia con un costo de 875 reales. Por otro lado, también ha habido conjeturas acerca de la posibilidad de que este valioso legado haya sido relacionado por el investigador don Lorenzo Santana con la obra del bordador don Alonso de Ocampo, que trabajó en las islas de Tenerife y La Palma entre 1559 y 1573. Este punto no ha podido ser del todo corroborado, puesto que aquel artista era bordador de imaginería, pero esta labor es inexistente en la obra maestra que nos ocupa.

Otros ejemplares, aunque más modernos, se asemejan a la pieza de El Salvador, como son: una casulla de Santa María de Utrera (Sevilla), las dalmáticas de Rota (Cádiz), la Magdalena de Sevilla, Colegiata de Osuna y Arcos de la Frontera (Cádiz), todas ellas del siglo XVII. Así se desprende del estudio realizado por Gloria Rodríguez.

En 1687, dado el mal estado en el que se encontraba el brocado, se sustituyó por damasco carmesí, pero conservando las cenefas en terciopelo bordado. Los dibujos de acusadas geometrizaciones que presenta el damasco de la casulla y dalmáticas- diferentes a los de la capa pluvial-, a base de ramilletes de flores, granadas, tallos dispuestos en bandas alternativas a derecha e izquierda, se corresponden con los de la época – en lugar de la estilizada decoración vegetal característica de la centuria siguiente- y son iguales a los de los damascos existentes en las parroquias de Santa Ana de Garachico (terno verde y morado); la Concepción del Realejo Bajo (terno morado y rojo); Santiago del Realejo Alto (manga de cruz roja); Nuestra Señora de Candelaria de Tijarafe (franja superior de un frontal de altar rojo); y San Miguel Arcángel de Tazacorte, Patrón de La Palma (casulla verde conocida como de “Los Mártires”). (Bibliografía: G. Rodríguez (1985), L. Santana Rodríguez (2000), Jesús Pérez Morera (2000).

Siguiendo con esta documentación, se puede confirmar que en 1739, la capa fue rehecha por el artista local Nicolás Fernández de Avendaño (1699-1759), así mismo pintor y escultor, bordó sus cenefas y capilla. Sin embargo, de acuerdo con la opinión de Gloria Rodríguez “no alcanza la calidad de las piezas del terno”. Continúa argumentando que el origen local se manifiesta en la “tosquedad del dibujo que intenta copiar el modelo y tan sólo se queda en burda imitación”. También se puede comprobar perfectamente cómo, según Rodríguez, “la imperfección del bordado queda patente al compararla con las piezas más antiguas”.

 

 


 

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