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LA VIRGEN DE EL PINO EN EL PASO
RETAZOS HISTÓRICOS DE SU ERMITA, DE SU FIESTA…

José Guillermo Rodríguez Escudero


“… Allá arriba en el monte, al pie de la gran cresta que corona al Valle de Aridane, escoltada por centenares de pinos, y vigilada siempre por otro, centinela gigante que le sirve de custodia, se alza la pequeña ermita de Nuestra Sra. del Pino. Este santuario, que en lo alto de una vasta campiña se encuentra emplazado, atrae todas nuestras miradas, y hace sonreír nuestras almas cuando desde lejos le divisamos…”

Carlos Díaz Herrera, 1954.

La solitaria ermita de la Virgen de El Pino, situada en el término municipal de El Paso, aún se cobija bajo la sombra de un inmenso pino canariensis, considerado el ejemplar más alto de Canarias y catalogado como uno de los mejores del archipiélago. Para algunos investigadores y estudiosos ha quedado demostrado que este magnífico árbol ya se encontraba en aquel mismo lugar desde los tiempos de la conquista de la Isla (1493). Hay otros reacios a creer tal aseveración, como veremos más adelante.

La narración de la aparición de la antigua imagen de la Virgen de El Pino ha llegado hasta nuestros días de una manera tal, que la leyenda se mezcla con la historia. En la de Verneau, por ejemplo, se cuenta que “cuando los soldados de Alonso de Lugo llegaron a este lugar, a uno se le ocurrió subirse al árbol y cual no sería su sorpresa al encontrar en medio de las ramas una estatua de la Virgen. Esta tenía una predilección especial por este archipiélago, pues en casi todas las islas se habían encontrado imágenes que no podían haber llegado allí sino de una manera milagrosa, tal fue la unánime opinión del ejército español en presencia de la Virgen del Pino de la Isla de La Palma…”

El pequeño oratorio se erigió junto al transitado camino real de la Cumbre Vieja, la vía más conocida y usada por viajeros, caminantes y arrieros desde el siglo XVI de entre todos los senderos que recorrían la Isla de La Palma, ya que unía las comarcas del Oeste y del Este en el llamado “Paso de la Cumbre”.

Es curiosa la descripción que el viajero portugués Gaspar Frutuoso en el siglo XVI hace en su obra: “…hay de este barranco a Los Llanos, menos de media legua y del mismo a la Ciudad tres, si se va por la Cumbre por el camino recto que pasa por el Pino de Vacía Borrachas, bajo cuya sombra hacen los sedientos caminantes esta necesidad que le dio tal nombre; desde el pino a la Ciudad hay dos leguas fáciles de transitar hasta la Cumbre, que por esta parte no es muy alta…”. Vacíaborrachas es un tipo de pino canario y el autor intenta explicar este nombre en portugués: borracha es bota y su traducción, vacía botas. Podría referirse a vaciar las botas de agua o de vino. El árbol al que hace referencia, por su posición, podría ser el pino de la Virgen que nos ocupa. No cita la ermita porque aún no estaba construida.

Muchas leyendas se han tejido en torno a esta zona y a esta advocación. Una análoga historia se cuenta a propósito de la aparición de la Virgen del Pino de Teror (Gran Canaria).

El infatigable viajero Vernau continúa diciendo que: “el domicilio que ella había elegido no pareció a estos hombres piadosos digno de la Madre de Dios. Se pusieron manos a la obra para construirle una vivienda más confortable, y muy pronto una pequeña capilla se elevó al lado del pino. Se transportó con gran pompa a la Virgen a su nuevo local, un cura la colocó en el altar con todas las señales del más profundo respeto y, cuando se preparaba para oficiar la misa, ante la estupefacción de todos los asistentes, la Virgen cayó a tierra. Vueltos de su estupor, los fieles pensaron que podían haberla sujetado mal. Fue alzada piadosamente y colocada en el sitio que le habían asignado. Esta vez, todas las precauciones habían sido tomadas. Cuando cada uno se preparaba a oír misa, de nuevo la milagrosa estatua se precipitó al suelo. Una tercera y cuarta tentativas no dieron mejor resultado. Había que rendirse a la evidencia: el lugar no convenía. Puesta de nuevo en el árbol, no se cayó más. Expresaba con demasiada claridad su voluntad para que nadie pudiera confundirse. Sin embargo, los españoles no se dieron por vencidos. Habían decidido no dejar a la Virgen expuesta a las inclemencias del tiempo, y se les ocurrió hacer, en el mismo tronco del pino, un nicho que fuera capaz de recibirla. La operación tuvo un éxito maravilloso, la estatua quedó tranquila y el árbol resistió la mutación. Allí pude ver, en 1878, la milagrosa Virgen, que está lejos de ser una obra de arte…” Verneau prosigue su narración de cómo se había colocado una alcancía al lado de la diminuta efigie para recibir las dádivas de los fieles y cómo a unos metros se veían las ruinas de la pequeña capilla. Sigue diciendo que “me han afirmado hace pocos meses que ya no queda nada de todo esto. Un bárbaro, para poner aquellos terrenos en cultivo, descargó sobre el pino su hacha sacrílega…” Es por ello que se piensa que el pino original fue cortado y, en su lugar, se plantó otro nuevo en su recuerdo.

Así, un precioso paraje emblemático de la Isla fue el elegido más tarde para levantar la ermita y la plaza, junto al majestuoso pino (original o no) que sobresale desde lejos a los pies de la subida del Reventón de la Caldera de Taburiente.

Otras historias y leyendas cuentan cómo estos incansables viajeros y lugareños, a través de los tiempos, encontraban cobijo y tranquilidad bajo la inmensa sombra del gigantesco árbol. Allí se contaban numerosas crónicas y relatos, envueltos en la profunda devoción y la mágica leyenda que el propio lugar inspiraba. Se narraba cómo dentro de un hueco hecho en el tronco del árbol se hallaba la pequeña talla de la Virgen, alumbrada con un farol, que iluminaba al perdido y agotado caminante como un faro hacía con los bajeles en noches de tormenta. Agradecido, aquél invocaba a la Virgen con una oración y depositaba presentes y exvotos en prueba de su veneración. En numerosos grabados y láminas se conservan reproducciones de este mítico lugar, en los aledaños del antiguamente conocido como “Pino Santo”. Un encantador paisaje, paso de romerías y de gentes que comerciaban, paso de animales y paso desde la “banda” del Oeste a la del Este. De ahí el nombre de El Paso.

En 1876 se construyó una pequeña capilla de mampostería dedicada a esta advocación mariana (sin embargo recordemos que Verneau decía que en 1878 había visto tan sólo ruinas de la antigua capilla). Fue la materialización del sueño de la devota doña María Magdalena Rodríguez Pérez, conocida por ello como Magdalena del Pino, y que llegó a ser durante mucho tiempo la ermitaña de la capilla. Otros estudiosos mencionan el año de 1830 como el de inauguración de la primigenia ermita que luego se arruinaría.

En 1927 se colocó la primera piedra del pequeño santuario que hoy conocemos. Las autoridades religiosas y civiles estuvieron presentes en la ceremonia al igual que una gran cantidad de vecinos. Muchos de estos hijos de El Paso donaron sus terrenos para lograr que el sueño fuera una realidad. La comisión creada para esta fundación dio sus frutos y se recaudaron muchos fondos.

El 30 de agosto de 1930 se bendijo la nueva imagen de la Virgen de El Pino, que también fue adquirida por suscripción popular. Fueron padrinos los hermanos Luis y Mercedes Sotomayor y Vandewalle, hijos ambos de don Tomás Sotomayor y Pinto, Gentilhombre de Su Majestad. La solemne ceremonia, que tuvo lugar en la iglesia de Nuestra Señora de Bonanza, fue presidida por el párroco don Carlos González Estarriol. Siguiendo con datos aportados por Iván Rguez. Sánchez en trabajo inédito, al día siguiente se procedió a la bendición de la ermita del monte y se llevó en procesión a la actual imagen. La solemne función religiosa fue concelebrada y uno de los sacerdotes fue el párroco de la Concepción de La Laguna, don Maximiliano Montesinos, quien pronunció la homilía. Se hallaban presentes, entre otros ínclitos personajes, los padrinos del nuevo altar: el alcalde don Antonio Cordovez y doña Adelina Fernández, también el vicepresidente del Cabildo, así como otras autoridades.



La talla original, de menos de 30 cms., fue guardada en la sacristía donde aún se encuentra, dentro de una urna de cristal y arropada por un pequeño manto de terciopelo verde. El paso del tiempo ha hecho mella en esta efigie y también se ha deteriorado por los constantes y burdos repintes a los que ha sido sometida. Se cree que se trata de la antigua imagen que también visitaba las casas particulares de aquellos feligreses que así lo solicitaban.






 

 

 

 

La actual escultura, de inspiración clásica y de aproximadamente 90 cms. de altura, fue comprada en Valencia en los años 30 del pasado siglo. Porta al Niño Jesús en su mano izquierda, mientras que en la derecha sostiene una rama de pino verde recién cortada. Una vez seca es entregada a los devotos que la guardan con respeto y veneración en sus domicilios como si de una reliquia se tratase. El Niño sostiene una piña en la mano izquierda, atributo de la advocación mariana.

 

 



 

 

 

Son numerosos los actos festivos que, en su honor, tienen lugar anualmente en septiembre. Muchos vecinos de todo el Valle, e incluso del resto de La Palma, acuden a los aledaños de la ermita del monte. Son tan numerosos que en las últimas ediciones se ha tenido que celebrar la solemne función religiosa con la presencia de la Virgen fuera del templo, en la plaza. Esta fiesta se celebra en aquellos años en los que no tiene lugar la romería trienal de la bajada al casco de la ciudad.

El primer domingo de septiembre ya se celebraba, con anterioridad a 1955, la fiesta de la Virgen con misa y procesión. La prensa local de esas fechas detallaba los festejos de la entonces reconocida como la “Patrona del Valle de Aridane”. Así, en el Diario de Avisos el 13 de agosto de 1955 se leía: “… 28 de agosto- Bajada de la Virgen de su Santuario del Monte al Templo Parroquial… 4 de septiembre- Subida de la venerada Imagen Patrona del Valle a su Santuario y tradicional romería…”

“…subimos, ascendemos en esta Romería, que es peregrinación devota y homenaje filial a la Santísima Virgen del Pino, nuestra excelsa Patrona, y Patrona así mismo de los pueblos tendidos a sus divinas plantas, que también suben –porque en la vida es necesario subir siempre- a rendirle el homenaje de su acatamiento y a testimoniarle su fe, la fe inextinguible que heredamos como patrimonio de nuestros mayores, que la adoraron en estas soledades del bosque, contándole sus cuitas más íntimas y recónditas y confiándole sus tormentos y sus dolores…”

“Romería del Pino”, 1954

Poco a poco se le fue añadiendo una comida de romeros, carrera de caballos (que llegó a ser considerada como una de las mejores de la Isla), un recital de verseadores (que se perdió y luego se recuperó en 1975), etc.
La imagen comienza a salir procesionalmente al núcleo poblacional de El Paso en 1955 de forma regular, aunque ya lo había hecho en alguna ocasión anterior. Ésta es la fecha que viene marcando su descenso trienal hasta el casco urbano. Una anterior bajada que se recuerda fue la de 1951 donde hubo numerosos festejos recogidos por la prensa insular, como “bailes típicos, parrandas y comparsas”.

A pesar de su reciente creación, son numerosos los romeros llegados desde todos los puntos de la geografía insular que se dan cita en esta festiva procesión. Es el acto más multitudinario de las completas fiestas trienales, en las que no faltan otros de todo tipo: culturales, deportivos, tradicionales, etc. Los festejos tienen lugar durante el mes de agosto y concluyen con el regreso de la Virgen a su ermita.

En los últimos años, la alegre romería se inicia a mediodía de un domingo de agosto (generalmente el último, pero hay ediciones, como en la de 2009, que es en el tercero). Es entonces cuando da comienzo la bajada de la sagrada efigie acompañada por una multitud de devotos y romeros por todo el itinerario tradicional -de aproximadamente seis kilómetros- hasta su llegada a la parroquia de Nuestra Señora de Bonanza en el casco urbano de El Paso.


La romería trienal –la segunda de la Isla en importancia tras la Bajada Lustral del Trono de la Virgen de Las Nieves y la fiesta más esperada del municipio pasense- es presidida por la venerada imagen. Detrás de sus andas –que son cargadas a hombros por cuatro romeros–, le siguen los grupos folklóricos y las parrandas que bailan y cantan, así como numerosas carrozas y carretas. Aquí están representados los barrios del municipio y asociaciones de vecinos, así como multitud de amigos -ataviados en su gran mayoría con los “trajes típicos”- que se reúnen a pasar una alegre jornada, a pesar del calor que, por regla general, acompaña en todo el camino. A lo largo del recorrido se realizan paradas para descansar y éstas se amenizan con bailes ancestrales, mientras se comen y beben las interminables viandas que se transportan en las carretas, ricamente adornadas. Esta concurrida romería transcurre por hermosos caminos flanqueados por pequeñas casas tradicionales que se pintan y embellecen para la ocasión.


BIBLIOGRAFÍA:

- DIAZ HERRERA, Carlos. “Plegaria a la Stma. Virgen del Pino”, Diario de Avisos, Santa Cruz de La Palma (4 de septiembre de 1954)
- “Fiestas en honor de la Stma. Virgen del Pino”, Diario de Avisos, Santa Cruz de La Palma (13 de agosto de 1955)
- FRUTOSO, Gaspar. “Descripción de las Islas Canarias” de Saudades da Terra, C.C.P.C. , 2004.
- HERNÁNDEZ PÉREZ, María Victoria. La Isla de La Palma. Las Fiestas y Tradiciones, C.C.P.C., 2001.
- RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, Iván. La Virgen del Pino de El Paso. Apuntes de interés, [inédito], Santa Cruz de La Palma, 2008
- “Romería del Pino”, Diario de Avisos, Santa Cruz de La Palma (4 de septiembre de 1954)
- VERNEAU, R. Cinco años de estancia en las Islas Canarias, La Laguna, 1981.


 

 

 


        
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