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ERMITA DE LA VIRGEN DEL CARMEN. SANTA CRUZ DE LA PALMA

José Guillermo Rodríguez Escudero


Esta remota y hermosa ermita, ubicada en el Barranco capitalino de Maldonado, y en un marco natural todavía intacto, fue fundada entre 1725 y 1730 por el presbítero don Antonio Salazar y Carmona, venerable Vicario de esta isla, como mandatario del Dr. Don Isidoro José Ferrera y Arteaga de la Guerra (1701-1776), médico y beneficiado de El Salvador, en una hacienda de su pertenencia, como oratorio anexo a su hacienda de viñas y árboles frutales que poseía en el margen derecho de aquel barranco, según consta en la escritura que pasó por el escribano público don Andrés de Huerta Perdomo, el 26 de agosto de 1777, y en virtud de la autorización del Nuncio Papal. Esta disposición eclesiástica disponía que fuera erigido el oratorio con total separación de su casa habitación y con puerta al camino real.

En un fragmento del testamento del presbítero don Antonio Salazar Carmona, que había heredado la hacienda de don Isidoro Ferrera tras el fallecimiento de éste, y que fue otorgado el 26 de septiembre de 1803, se lee: “Iten una hacienda con huerto de tierra de pan sembra de viña y arboles con sus obras de vivienda y una ermita dentro de ella con el título de Nuestra Señora del Carmen y en las dichas obras y ermita diferentes muebles propios míos…”

Precisamente es en 1777 cuando pasó a ser ermita pública, dependiente del Real Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves, después de la preceptiva autorización del Obispo Fray Juan Bautista Cervera. Así consta en los archivos parroquiales del Santuario, donde también la promesa de don Antonio Salazar de una dotación a la ermita para su adorno, aseo y mantenimiento, con la fundación de dos misas y para lo que “gravaba la hacienda”. Fue finalmente bendecida el 27 de agosto de ese año, actuando en la ceremonia el Doctor don Francisco Ignacio Fierro y Torres, Prebendado de la Santa Iglesia Catedral de Canaria, Abogado de los Reales Consejos, Licenciado en Sagrada Teología, Examinador Sinodal y Consultor del Santo Tribunal de la Inquisición. Más tarde, en 1779, se construiría la sacristía de la que carecía.

En la escritura de dotación del templo, otorgada en 1777 por don Antonio Salazar y Carmona- segundo propietario de la hacienda y ermita-, consta la celebración anual de una misa en la festividad del Carmen y otra el día de la Conversión de San Agustín, advocaciones de los dos únicos retablos. Ambas imágenes son atribuidas al prestigioso artista palmero Juan Manuel de Silva Vizcaíno (1687-1751), “maestro del arte de pintar y de escultura”

A fin de instaurar y avivar el fervor al Santo Escapulario de Nuestra Señora del Carmen, se instituyó una cofradía en 1789. Esta devoción ha seguido hasta nuestros días. Prueba de ello es la gran cantidad de fieles que acuden a las novenas y procesiones de la Virgen durante el mes de julio de todos los años. Una profunda veneración es la que goza esta pequeña imagen no sólo entre los habitantes de la capital palmera sino de otros puntos de la isla. No importa la edad ni el cansancio para cumplir una promesa y cargar sus andas de baldaquino alrededor de la ermita y durante el itinerario tradicional de la procesión, sobre todo en el día de la onomástica de la Virgen, el 16 de julio, tras la bendición de los escapularios.

Nuevamente encontramos en esta pequeña pero bella imagen de la Virgen del Carmen, al igual que sucede con otros muchos ejemplos en varios templos de esta ciudad, una serie de rasgos que acusan la influencia flamenca, hasta tal punto que en algunas ocasiones se les ha atribuido este origen. Presenta una cara redondeada y una barbilla prominente, cejas finas y arqueadas, ojos semiabiertos y de mirada perdida, etc. Nos recuerda a la talla de Santa Rita de Casia de la iglesia de Santo Domingo, la Santa Margarita de Cortona de la Venerable Orden Tercera Franciscana, o la Virgen de la Luz en la ermita de San Telmo, etc. En las Vírgenes de esta etapa nos encontramos con un tipo iconográfico inspirado en la “Mujer del Apocalipsis”. Unas imágenes que son nimbadas por un sol de rayos y una luna colocada a sus plantas, atributos éstos siempre presentes: “¡Qué hermoso globo de luzes el sol, presidente del día!¡qué vistosa la luna, substituta de su luz! Es María Santísima dichosa perla, luna, sol, aurora…”

Posee todos los elementos característicos de las ermitas y aún de las iglesias mayores, a pesar de sus reducidas dimensiones. La mayoría de estas piezas han sido realizadas en cálidas maderas: capilla mayor, sacristía, arco toral, púlpito –excepcional, pintado con las invocaciones de la Letanía Lauretana -, coro, espadaña con dos campanas y balconcito exterior sobre la entrada principal, plaza murada y almenada a su alrededor. En sus proximidades, adosadas a las pareces rocosas del barranco, se ubica la antigua casa de romeros, muy frecuentada antiguamente durante las festividades.

La hornacina de la Virgen, en el altar mayor, de tipo manierista, corresponde al primer cuarto del siglo XVIII y por tanto al primitivo oratorio. Nos recuerda al retablo de Nuestra Señora del Rosario del convento de Santo Domingo de la capital palmera, en pequeño, y tiene elementos similares a los altares gemelos de los pies de la parroquia norteña de San Andrés, fechados entre 1679-1681.

A ambos lados del retablo mayor y sobre las pequeñas y estilizadas puertas de la sacristía, pintadas por ángeles que portan flores y filacterias con la Antífona de las segundas vísperas de la fiesta del Carmen, se encuentra un grupo de seis ángeles músicos en relieve sobre nubes blancas, de tosco tallado y popular. Nos recuerdan a aquellos que se sitúan en torno a La Virgen de Las Nieves en su magnífica hornacina a quienes parecen imitar. Los de esta ermita del Carmen, como recuerda el profesor Jesús Pérez Morera, “tocan cordófonos (guitarra, laúd y violín), corneta y chirimía”.

En el interior del pequeño templo, es posible apreciar elementos de diversas épocas y procedencias- en las tallas y motivos decorativos del púlpito y retablos, posiblemente reaprovechados, y anteriores incluso a la propia fundación de la ermita.

El otro retablo, en el lado de la Epístola, está dedicado a la Conversión de San Agustín, que representa la escena en la que el Santo, mientras meditaba en un huerto bajo una higuera, oyó una voz que le decía: “Tolle, lege” –“Toma, lee”. Abriendo la Biblia al azar, su lectura le llevó a abandonar la vida disoluta y a revestirse de Cristo.

Este peculiar altar está rematado por uno de los motivos predilectos del retablo palmero, una gran concha, que está sostenida por mascarones, muy parecidos a los que ostenta la tribuna de los Arce y Rojas de 1677. Ésta se encuentra actualmente custodiada en la Sociedad La Cosmológica de esta ciudad.

Una de las imágenes que se encuentran en la pequeña iglesia es, tal vez, la mejor pieza, confeccionada en madera de viñátigo. Se trata de Santa Teresa de Jesús. Es una pequeña y delicada talla que se cree hecha por algún imaginero local palmero, como Domingo Carmona o los Silva.

 

BIBLIOGRAFÍA:

- Noticias para la Historia de La Palma. Juan Bautista Lorenzo Rodríguez
- Magna Palmensis. Retrato de una Ciudad. Jesús Pérez Morera
- La Isla de La Palma. Las Fiestas y Tradiciones. María Victoria Hernández Pérez.
- “Ermita de Nuestra Señora del Carmen". Diario de Avisos, (30 y 31 de enero; y 2 de febrero de 1974) . Alberto José Fernández García
Silva. Bernardo Manuel de Silva . Jesús Pérez Morera.


 

 







 

 

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