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ALGUNAS ADVOCACIONES PALMERAS Y SU RELACIÓN HISTÓRICA CON LA GANADERÍA, EL HOMBRE Y EL MEDIO

José Guillermo Rodríguez Escudero



NUESTRA SEÑORA DE LAS NIEVES

Durante los años 1866, 67 y 68 se produjo una gran sequía en toda la Isla de La Palma, lo que forzó al Ayuntamiento de la capital a dirigirse en rogativas a la ermita de Santa Águeda, Patrona de la ciudad. Tres días más tarde, la Corporación en pleno se desplaza al Santuario de la Patrona de La Palma, Nuestra Señora de Las Nieves con el mismo objetivo. Milagrosamente, una semana después se producen, durante el Jueves y Viernes Santo, abundantes lluvias.
Analizando históricamente, tanto la climatología como la pluviosidad de la Isla de San Miguel de La Palma, se aprecia que, a la monótona ausencia de estaciones bien definidas, hay que añadir periodos de dos, tres o más años durante los cuales apenas llueve; también olas de calor intenso, africano, que de forma recurrente asolan campos y cosechas .

La imagen de Nuestra Señora de Las Nieves, obra gótica en la que aparecen reminiscencias del románico -la más antigua de las efigies marianas veneradas en el Archipiélago-, ha sido trasladada en sentidas rogativas a la capital palmera fuera de los años lustrales de su Bajada. El motivo siempre era el mismo: pedirle su intercesión ante las furias de la naturaleza, tanto en sequías prolongadas como en erupciones volcánicas, incendios, enfermedades, etc. Así sucedió el 28 de marzo de 1630, permaneciendo en El Salvador nueve días por la necesidad de agua que sufría la isla. También volvió a estar presente en la ciudad: en 1631, 1632 y 1676 (por pertinaz sequía), en 1659 (por una plaga de langosta), y así en otras ocasiones.

Se continuaron con las plegarias y los ruegos a la Virgen de Las Nieves. Un suceso célebre fue el que ocurrió el 6 de abril de 1750, fecha en la que la sagrada imagen se encontraba en el Convento de las Monjas Claras, hoy Hospital de Dolores. Previamente se había señalado este día para hacer las rogativas por el hambre y la falta de lluvias que se padecían en toda la Isla. Milagrosamente comenzó a llover copiosamente y llegó a la bahía de la ciudad un buque cargado de trigo, con gran regocijo del pueblo palmero, que atribuyó todo esto a un milagro de su Patrona.

Recordemos que, en la Bajada motivada por la erupción del volcán de San Martín de Tigalate el 22 de junio de 1646: … fue cosa pública y notoria que la Gloriosísima Señora de las Nieves con su rocío favorable nevó en el volcán… . Las erupciones volcánicas y la antiquísima y querida imagen de la Patrona Palmera sostienen una estrecha relación histórica, social, cultural y espiritual. Así, como recuerdo perpetuo de estos prodigios, existen dos cuadros en su Real Santuario, en los que su autor, en su ánimo, quiso parangonar los dos hechos milagrosos de la nieve de Nuestra Señora: el del Monte Esquilino de Roma y el del Volcán de La Palma . En los cuadros aparecen las siguientes inscripciones: “Refugium Pecatorum. Venció al tiempo tu clemencia y para refugio nuestro delineaste con tu Nieve en el Esquilino un templo”, “Consolactrix Aflictorum: a tu presencia nevado el Mongibelo palmense celos le dio al Esquilino, nuevas glorias a Tu Nieve”.

Según el dicho popular, “Año de Nieves, Año de Bienes”. Respira el hombre tranquilo, tranquilo pace el ganado. Si hay agua suficiente, se dan todas las condiciones necesarias para que los campos y los animales vivan, para que haya buenas cosechas y carne suficiente para abastecer a la población y para que el ciclo vital siga su curso natural sin sobresaltos.

Un sector básico e importante dentro de la economía palmera era la ganadería, actividad tradicional en todas las islas desde la época prehispánica. En la nueva economía cumplía tres funciones decisivas: por un lado apoyaba la dieta alimenticia, por otro los animales mayores eran indispensables en la agricultura, en el transporte y en algunas actividades industriales; finalmente, muchos derivados del ganado daban trabajo a los artesanos en las tenerías y otros sectores.

No sólo los ganaderos y agricultores de la Isla de La Palma han tenido como especial protectora a la “Morenita” a través de los tiempos. También los hombres de la mar y sus familias la imploraban en sus vicisitudes. Muchos fueron los beneficios y de ello nos hablan los exvotos pictóricos que se conservan en el Santuario. Allí se custodia el segundo más antiguo de España, fechado el 6 de mayo de 1639, que inicia una serie que son vivo exponente de la fe y agradecimiento de aquellos hombres por el favor recibido. Los demás, formando el conjunto más importante de Canarias, datan de 1704, 1722, 1723, 1757 y 1768. El más antiguo de nuestro país se halla en la Capilla del Rosario de la iglesia de Santo Domingo, también en la capital palmera.
Las datas del Adelantado Alonso Fernández de Lugo avalan la antigüedad de la primitiva ermita de Las Nieves y de esta sagrada efigie que, desde 1496 bautizó el lomo boscoso cerca de los nacientes del Río, sobre la ciudad capital y el puerto. Como indicó el periodista palmero Luis Ortega: Cinco siglos cumplidos revelan la potencia de una devoción que supera los ámbitos del credo y es insignia del país y de los paisanos.
Así comenzaron las célebres y multitudinarias fiestas mayores de La Palma: a través de una rogativa a la Virgen.

Informado de la especial devoción que hay en la isla por la santa imagen de Nuestra Señora de Las Nieves, patrona de toda ella, de cuyo patrocinio se vale en todas sus necesidades, el Obispo D. Bartolomé García Jiménez dispuso que se trajese a esta ciudad, a su Iglesia Parroquial, para que, colocada en trono decente se celebrara dicha octava con mayor solemnidad y asistencia del pueblo . Así nació la Bajada Lustral en 1676, como una plegaria unánime de los palmeros a su Patrona, coincidiendo con una época de gravísima sequía en los campos y ciudades. El ganado moría irremediablemente, como también hacían los niños y ancianos. Al comprobar el Prelado la gran veneración que los fieles le tributaban, decidió que este acto se efectuara cada cinco años, comenzando en 1680.

Se recurría con frecuencia a este tipo de rogativas y a solemnes procesiones para que los diferentes santos y vírgenes aplacasen las penurias que ocasionaban estas calamidades. Se reunían todas las clases sociales, los ganaderos y agricultores, los marinos y los regidores, las familias adineradas y las congregaciones de dominicos y franciscanos, los esclavos y los caballeros… el pueblo unido para hacer frente común a tan grave amenaza de la mejor forma que se sabía o podía: el rezo y la veneración a la divinidad.

Con la fe se trataba de minimizar el terrible impacto producido por los diferentes períodos de plagas o sequías. Estos incidieron negativamente en la producción agrícola y ganadera que, reducida drásticamente, castigó al sector social más desfavorecido.

Las pérdidas de las cosechas afectaban a toda la comunidad en general, no sólo a los campesinos y a sus ganados. Téngase en cuenta que desde el siglo XVI, la base agrícola insular fue cerealítica: trigo, cebada y centeno.
Se trataba de almacenar a toda costa la mayor cantidad de agua posible, caída en los meses lluviosos, tanto en los numerosos estanques como en las lagunas que salpicaban todo el territorio insular.

Recordemos lo que sucedió, por ejemplo, el 16 de octubre de 1659, cuando, según el cronista Don Juan Bautista Lorenzo narra la llegada a la isla de la langosta de cigarrón en esta ciudad, que llenó toda la isla y comió la corteza de todos los árboles y destruyó todos los pastos, con que murió mucho ganado menor y mayor y muchas cabalgaduras y jumentos y destruyó muchas sementeras... Hiciéronse muchos sufragios, procesiones y sermones, trújose a esta ciudad en procesión a Nuestra Señora de la Piedad y al glorioso Apóstol San Andrés, y al glorioso San Juan de Puntallana, a Nuestra Señora de Las Nieves y se tuvo en esta ciudad muchos días, y al Santo Cristo del Planto…

La creación de pósitos fue otra importante medida para paliar la escasez de granos. Este depósito o establecimiento se creó como un instituto de carácter municipal y de muy antiguo origen, destinado a mantener acopio de granos, principalmente de trigo, y prestarlo en condiciones módicas a los labradores y vecinos durante los meses de menos abundancia.
En 1537 Carlos V expedía una Real Cédula en la que autorizaba al Cabildo de La Palma para la construcción de un pósito, después de que esta corporación informara al Emperador sobre la urgente necesidad de contar con este tipo de almacenamientos. En estos ruegos al monarca venían expuestos una serie de motivos que justificaban su fabricación: falta sistemática de granos, debido a la climatología adversa, plagas, incendios y a veces hasta volcanes que arrasaban todas las cosechas y causaban la muerte a los animales.

NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN DEL RISCO

El 8 de febrero de 1561, el Cabildo dispuso cierta cantidad de trigo de Los Llanos para venderlo a un precio justo por la hambruna que se padecía. Como éste pertenecía a la parroquia y a varios particulares, algunos clérigos y ciudadanos asaltaron la comitiva en el camino de Buenavista y el grano fue arrebatado a mano armada y lo depositaron en la ermita de la Concepción. Desde entonces, esta venerada Virgen (de tamaño y pelo natural), a cuya fiesta del 15 de agosto se acude en alegre romería, también se le ofrendan novenas para que intermedie en cualquier mal que aflija al campo y los ganados.

La ganadería constituyó el complemento a la economía insular, como dieta alimenticia y materia prima, o fuente de energía para el campo, la industria y el transporte. La ganadería se basa en la tradición aborigen, introduciéndose nuevas especies caballares y vacunas .

SANTÍSIMO CRISTO DEL PLANTO

La pequeña ermita de este Cristo se había fabricado en el paraje conocido como la Dehesa de la Encarnación, una zona destinada al pastoreo de los ganados y propiedad del concejo de Santa Cruz de La Palma.


Éste había concedido una fanega de tierra para la fundación, aumentada a fanega y media después de 1674. Su ermitaño Manuel Pérez, en 1757 se quejaba del trato que sus predecesores habían dado al santuario ya que, según palabras recogidas por el profesor palmero Don Jesús Pérez Morera: habían hallado ganados cabríos y serdos dentro de la propia iglesia, como también permitiendo descubrir la santísima imagen sin ninguna luz.




NUESTRA SEÑORA DE LA ENCARNACIÓN

Volviendo a las afueras de la ciudad diremos que, el santero o ermitaño - que ya en 1589 tenía una casita al lado de la iglesia de la Virgen de La Encarnación en la ciudad (primer templo edificado en la banda oriental de La Palma a finales del XV)-, pedía limosnas por las calles capitalinas, también en eras y entre criadores de ganado. Siempre iba en asno o burra para recoger el vino de limosna.

Una devoción que se tradujo en abundantes dádivas, sobre todo durante las fiestas de la Virgen - una preciosa talla flamenca de finales del s. XV-, a la que acudían romeros de toda la Isla, portando quesos, vinos, granos, frutos, que le daba los cosecheros y con los ganados que compraba y se criaba a partido de media en aquella misma dehesa… Las cuentas también citan los becerros y las vacas de Nuestra Señora, dadas a partido de medias de las crianzas que multiplicaren . De esta manera, en 1534 se inventarían ocho vacas con sus nombres (Ligera, Ligera Vieja, Erguida, Rosada, Maldonada…), dos añojas (becerros de un año cumplido) y tres eralas (reses de más de un año y que no pasan de dos); una burra algo vieja y de un pollino hijo suyo. Se subastó en almoneda, por ser bienes poco seguros, para con su producto comprar un trozo de tierra o algún tributo. En 1539 se anota el dinero obtenido de la venta de una erala, un nouillo que uendió a los de las Yndias y cinco vacas a carnicería y sus cueros.

SAN LÁZARO

En esa bella y antiquísima iglesia de Nuestra Señora de La Encarnación, se ha conservado en el ático del retablo colateral de la Epístola, la escultura popular y medievalista de San Lázaro. Su donante, Amador Gómez, en 1553 figura enviando en una carabela vino, ganado y otros productos a las Islas de Cabo Verde a cambio de esclavos. Al Santo se le representa con un perro lamiéndole sus pies. De niños oíamos decir en el barrio que se trataba de una “vaquita”, curada milagrosamente por Lázaro, un santo que tenía grandes poderes para sanar a todos los animales, incluidos los ganados de los campos.


Es precisamente “en el campo”, durante la visita del Obispo Don Francisco Martínez de 18 de abril de 1603 a la parroquia de San Andrés (municipio de San Andrés y Sauces en el Norte de La Palma), cuando dice entre otras cosas lo siguiente, al folio 105 vuelto: Otrosí: Porque a mi noticia ha venido que en algunos de los dichos lugares toman por devoción mayormente en tiempo de necesidad de agua de hacer procesiones fuera del término de su lugar en mucha distancia… muchas deshonestidades entre hombres y mugeres quedándose a dormir por los campos o quedándose atrás en tales procesiones en los barrancos y lugares escondidos con achaque de que no pueden caminar tanto… . Eran muy curiosas las historias “picantes” derivadas de la manera tan voluntariosa, sobre todo extendida entre parejas jóvenes, de ir a procesiones o a cuidar ganado muy lejos de los caseríos. La relación entre las gentes, el ganado y sus santos produce en nuestra bella isla todo tipo de curiosidades y anécdotas.

No siempre se trataba de asuntos jocosos que hacían olvidar momentáneamente la triste realidad. Así, la cruel historia se repetía una y otra vez: las frecuentes sequías e invasiones de langostas reflejaban un descenso en las cosechas y provocaban muertes, tanto del ganado como de las personas, por la carencia de alimentación. En 1748, Santa Cruz de La Palma, por ejemplo, sufrió calamitosas cosechas de grano y en noviembre de 1844 la Isla es invadida por una plaga de langosta que duró hasta marzo del siguiente año . Las sequías de 1867 y 1868 y las continuas epidemias causaban verdaderos estragos entre la población, cobrándose un buen número de víctimas.


El aumento del tránsito marítimo y las escalas, unidos a los pésimos controles sanitarios, tanto de animales como personas, y la inexistencia de una mínima infraestructura higiénica, contribuyen de forma decisiva a propagar las enfermedades contagiosas.

La capital palmera padeció frecuentes infecciones de diversa índole. El 16 de octubre de 1659 la viruela invade la Isla, falleciendo en la ciudad 145 personas, niños en su mayor parte. El 21 de diciembre de 1667 empieza la fiebre catarral, causando la muerte a 490 personas. Un nuevo brote de viruela provoca la muerte de 104 personas en abril de 1702. Esta grave enfermedad siguió azotando a todos los lugares de la Isla y a su capital en 1720. El 25 de noviembre de 1763 la enfermedad conocida como “puntada” causa en la ciudad 39 víctimas.

SANTA ÁGUEDA

Muy importante fue Santa Águeda que, curiosamente, es elegida por votación, a raíz de una sequía, como abogada y patrona de las mieses. Se trae su bellísima imagen de Sevilla en 1574, y se instituye una solemne procesión el día de su fiesta, 5 de febrero. Comúnmente es intercesora por las desgracias que tienen que ver con el fuego, los volcanes, la castidad, las enfermedades del pecho… sin embargo no se le conoce ninguna relación suya con la agricultura y la ganadería, por lo que se presenta como un interesante caso de advocación cambiada producido al azar pues como relata Viera y Clavijo echaron suertes y salio por abogada de las mieses la santa mártir.
La importancia de la tierra para la subsistencia explica el sentido trascendente que alcanza esta protectora de la ciudad de Santa Cruz de La Palma. A sus procesiones acudía solemnemente el Cabildo de la Isla, así como los pendones de todos los gremios y una gran multitud de devotos. Existía la obligación de la limpieza de todas aquellas calles por las que pasaba la comitiva. Hoy estamos ante una devoción inexplicablemente olvidada.

SAN SEBASTIÁN

El Patrón de la Salud Pública, el Glorioso San Sebastián- una magnífica talla flamenca, inventariada en su ermita desde 1558-, salió en procesión hasta El Salvador el 5 de junio de 1851, donde comenzaron las rogativas públicas para que la Isla se librara del cólera morbo que se declaró en Gran Canaria . El 13 de noviembre de 1888 se declaró oficialmente la existencia de la fiebre amarilla, cerrándose el puerto y viéndose desiertas las calles, paseos y centros de reunión; pocos establecimientos abrían y las casas se abandonaron. Estos son tan sólo unos ejemplos de los intensos azotes que tienden a remitir a finales del siglo XIX y definitivamente a principios del XX. También los rebaños y vacadas sufrieron las devastadoras consecuencias.

El terror generalizado ante la posible pérdida de varias cosechas seguidas- que podían desencadenar verdaderas catástrofes entre la población palmera-, constituía una verdadera obsesión. Durante la época del Antiguo Régimen, la alimentación estaba basada en los cereales y en sus derivados, por lo que, cualquier incidencia negativa de este alimento básico, influía irremediablemente sobre la economía isleña. Este hecho fue un detonante para iniciar la emigración a las Américas. Hay que tener en cuenta la situación de La Palma, a un mes largo de arriesgado viaje con los principales puertos de la Península.

En otro orden de cosas, la limpieza y la salubridad formaron parte de las necesidades que, desde un principio, el Cabildo palmero intentó cubrir. La recopilación de ordenanzas de 1611 ofrece en este sentido una serie de mandatos tendentes a velar por la higiene pública. Al respecto figuran prohibiciones que venían a proteger los lugares donde se obtenía o por donde discurrían las aguas de abasto, con frecuencia utilizados como lavaderos o abrevaderos para las bestias. La limpieza de las vías públicas se estableció mandando a que no anden lechones por las calles…

SAN BLAS

El Patrón del municipio macense, el Glorioso San Blas -representado por tres tallas: una flamenca, una barroca y otra neoclásica- , era el protector de las enfermedades de la garganta, muchas de ellas producidas por la ingesta de estas aguas contaminadas o carnes en mal estado, amén de otras causas.
También las enfermedades del ganado eran consideradas como el producto de la acción demoníaca y se le daba lucha sin tregua a la enfermedad. Su muerte era el principio del fin para todos. Si la medicina no servía, cualquier cosa para detener su expansión era bien recibida, aunque fueran medios mágicos o sobrenaturales, a pesar de las expresas prohibiciones eclesiásticas.

Curiosamente, en Rusia se venera a San Blas como patrón de los ganados. Teniendo en cuenta que, por ejemplo, en el patrocinio de los santos, es San Saturnino el protector del ganado lanar o San Cornelio y Santa Brígida de Irlanda los del vacuno, Santa Ubaldesca o Santos Abdón y Senén los de la recolección de cosechas, San Jorge o San Mauricio Prueta los del trigo , San Eloy el de los veterinarios, San Guido el de la epizootia, Santa Dorotea la de los hortelanos, San Valdrico y San Medín los de los labradores, San Ramón Nonato el de los caballos, etc. , al no haber proliferado estas advocaciones en La Palma, ha habido que echar a suertes, en algunos casos, entre las que aquí existían. Es probable también que la elección de estas advocaciones pudo estar motivada por las devociones personales de los primeros pobladores (como San Miguel y el Adelantado Fernández de Lugo), promesas, efemérides (3 de mayo, fundación de la capital palmera y onomástica de la Santa Cruz)… Tampoco hay que descartar la influencia de las actividades agrícolas y ganaderas del lugar de desenvolvimiento religioso del mismo.

No ha de extrañar que, en una zona con gran importancia ganadera desde la época prehispánica, las primeras advocaciones se materialicen en las figuras protectoras de San Blas en Mazo y San Antonio Abad en Fuencaliente, por ejemplo, cuyas respectivas fiestas tienen lugar a comienzos de año (17 de enero San Antón y 3 de febrero San Blas). Una tercera advocación, San Lorenzo, copatrón de Mazo, es santo muy venerado en España y cuya fiesta se celebra el 10 de agosto, mes de cosecha por excelencia. No tenemos constancia de ninguna vinculación de este mártir con la ganadería, sin embargo, durante las grandes fiestas que se celebraban en su honor, tuvieron lugar ferias y concursos de ganado.

Según las hagiografías de San Blas, su patronazgo sobre los cardadores de lana está relacionado con los suplicios de su martirio, ya que antes de ser decapitado en el año 316, su cuerpo fue desgarrado con un peine de hierro. Su invocación como abogado de los enfermos de garganta se debe, al margen de su condición de médico de Sebaste (Armenia), a la curación milagrosa que se le atribuye a favor de un niño que se moría por atragantamiento de una espina.
El predominio histórico del ganado menor (cabras, ovejas y cerdos) es evidente en el municipio de Mazo sobre el ganado mayor (caballos, asnos, mulos y vacas). Tanto la cabra como la oveja y el cerdo eran especies conocidas por los aborígenes palmeros, mientras que las especies que conforman el ganado mayor serían introducidas por los nuevos pobladores. Un ejemplo representativo de estas cifras es que, a principios del siglo XIX la cabaña caprina se cifraba en 4.960 cabezas, mientras que la caballar tan sólo en 30 ejemplares.
Una anécdota curiosa acerca del ganado asnal, recogida por don Rafael Díaz-Llanos y Lecuona, dice así: … La burra pare a los doce meses, y aunque no produce nunca más de un pollino, se vio en el lugar de Mazo, de la isla de la Palma, año de 1797, el raro fenómeno de que una dio a luz un borriquillo y una borriquilla gemelas. . También en esos casos es recordado San Blas: …si logró sacarle la espina al niño de milagro, ¿cómo no va a sacarle a la burra dos burritos?.

Así mismo, tanto San Blas – al que en ocasiones se le asigna el atributo de un animal salvaje o la cabeza de un cerdo-, como San Lorenzo, o incluso Nuestra Señora de Coromoto (cuyas fiestas eran celebradas por los venezolanos del municipio), eran invocados y recordados cuando se apreciaban daños y problemas ocasionados por el ganado en las tierras de labor, lo que motivó un permanente conflicto entre pastores y agricultores.
El ganado cabrío, que había venido siendo el predominante alcanzando gran desarrollo en algunas épocas. Según nos recuerda Don Cirilo Velázquez en su magistral trabajo sobre Villa de Mazo, el Ayuntamiento acordó para conservar el orden público, quietud y tranquilidad de los vecinos, tanto en orden á los Dueños de las haciendas, como á los amos de los ganados es el de mandar a levantar las correspondientes paredes a todos los confinantes con dehesas y caminos reales, así como a los que en algunas zonas a propósito tuvieran servidumbres.

En agosto de 1883 el cólera morbo obligaba a las autoridades de Villa de Mazo a tomar las precauciones de rigor y en reunión conjunta celebrada en el Ayuntamiento el día 9 de dicho mes, la corporación y la Junta Local de Sanidad determinaban: … se adopten las medidas convenientes á mantener en el mejor estado de salud de la población, máxime en la época presente que por consecuencia de los calores es propenso al desarrollo de las enfermedades, se proceda por los agentes de orden público á inspeccionar si las carnes que se consumen, se hallan en estado de descomposición principalmente las que se expenden al público …. Es perjudicialisima a la salud las carnes de cerdos en esta época del año, se gestione lo necesario para impedir en estos meses la matazón de cerdos…

La exportación de vino, malvasías y vidueños, principalmente orientada hacia el Norte de Europa, entró también en fase regresiva, en el último tercio del período, junto con el comercio del azúcar, que había unido en dulce matrimonio social a los dueños del dinero con los hacendados más poderosos durante el siglo XVII. La fuerte competencia americana hizo decrecer esta fuente de riqueza insular, perdiéndose también el protagonismo que la capital palmera había desempeñado en la centuria anterior. La crisis agraria se agravó en el XVIII por la sucesión de malas cosechas y muertes de reses, generando un estado de pobreza que se hizo eco el historiador y polígrafo José Viera y Clavijo: El comercio, que había sido florido en otro tiempo, lo cual se dejaba ver en obras pías, casas, prendas, alhajas, había decaído tristemente.

SAN JUAN BAUTISTA

En el Archivo Municipal de Puntallana, el Ayuntamiento de este municipio palmero acuerda solicitar la exención de algunos impuestos con los que se gravaban a los campesinos: Que se disponga la instrucción del oportuno expediente para justificar la casi nulidad de las cosechas de cereales, pinos, patatas y demás productos agrícolas para conseguir la condonación del pago de la contribución territorial.

La creciente importancia de la agricultura, exigió algunas reglas y medidas para que los pastos y los sembrados quedasen definitivamente equilibrados. Se constituyeron algunas dehesas comunales destinadas a determinadas especies. Se reguló la vigilancia del ganado a fin de que no se destrozasen los cultivos y se procedió al amurallamiento de las parcelas. Una serie de reuniones de pastores o mestas tenían lugar periódicamente para tratar todos los temas concernientes a su organización. Las especies que conformaban la cabaña ganadera venían encabezadas por la cabra, cerdo y oveja. El ganado caballar y vacuno complementaba su aprovechamiento en la utilización como alimentación y de tiro.

Durante el siglo XIX proliferan en toda la geografía palmera las denominadas ferias. Comenzaron a instalarse en plazas públicas, pasando más tarde también a ocupar recintos cerrados acondicionados. No sólo se dedicaron a la venta de los productos agrícolas ganaderos, sino que era un punto de encuentro para todas las gentes del lugar, de la isla e incluso de los foráneos que la visitaban con curiosidad. Se preparaban carpas o templetes para los músicos con enramadas festivas, con iluminación (no eléctrica) de farolillos

Es precisamente en ese ambiente festivo donde surgen los romances, las décimas y los verseadores, máximos exponentes de la poesía popular canaria, tanto improvisada oralmente como creada por escrito. Unos ejemplos de simpáticas décimas de Puntallana que, en honor del Patrón del pueblo San Juan Bautista también se homenajea a la tercera edad: Yo vide un cangrejo arando/un zorro tocando un pito/de risa ha muerto un mosquito/en ver un burro estudiando./ Un buey viejo regañando/sentado en una butaca,/y una ternera flaca/que de risa estaba muerta/por ver una chiva tuerta/remendando una jamaca . Tampoco la ganadería se salva de recibir algunos versos: La feria era popular,/placer de los ganaderos/con sus ganados por los senderos/venían a este lugar./ A vender, comprar, negociar, en el momento oportuno/con preferencia el vacuno,/después de clasificados/con la obtención de ser premiados/los más seleccionados.

Hasta 1965, en la Bajada de La Virgen, tenía lugar un concurso de ganado con importantísimos premios, en el que se costeaba el desplazamiento de todos los animales. Tampoco se celebra la feria ganadera de San Juan en el municipio norteño de Puntallana, una de las más importantes de la isla. La última que se recuerda tuvo lugar en junio de 1966, coincidiendo con las fiestas del Santo Patrón. Sin embargo, ya desde 1913, la feria anual de ganado había dejado de celebrarse con la espectacularidad de antaño.

Don Manuel Garrido Abolafia, en su excelente trabajo titulado “Puntallana. Historia de un pueblo agrícola”, recoge que, antiguamente se llevaba el ganado a los baños de mar con finalidades médico preventivas. Esta costumbre se remonta a los tiempos de los antiguos aborígenes, quienes parece que también la pusieron en práctica. Continúa narrando los orígenes de la feria en dicha fiesta, el veintisiete de noviembre de 1904: …vista la creciente importancia que tiene la ganadería en este término municipal, la Corporación en pleno decide, con muy buen criterio, crear una feria local de ganadería que habría que coincidir con la festividad de San Juan. Se dispuso de un jurado compuesto por el alcalde, fiscal municipal, juez y dos ganaderos elegidos al azar. En esta primera ocasión se esperaba destinar un total de setecientas cincuenta pesetas entre los diferentes premios convocados, distribuidos: doscientas, ciento cincuenta y cien pesetas respectivamente para el primer, segundo y tercer clasificado en la categoría de toros. Además ciento veinte, cien y ochenta pesetas a los tres mejores berracos presentados. El autor sigue narrando cómo en 1907 la “Asociación de Ganaderos del Reino” era la encargada de distribuir las cantidades consignadas por el Ministerio de Fomento para los concursos de ganados que se celebraban en toda España.

SAN ANTONIO DEL MONTE

En nuestros días han perdurado cuatro ferias importantes, dedicadas fundamentalmente a la muestra de ganado. No sólo se acude a ellas para disfrutar de los desfiles de animales, de los arrastres con peso, de los concursos con premios en metálico, sino para otros actos que se aprovechan dada la concurrencia de los visitantes, por regla general, de carácter tradicional y popular, como la cata de quesos o vinos, verbenas o concursos de puntos cubanos, carrera de sortijas, cucañas, lucha canaria, carrera de burros con premio al último en llegar a la meta, cabalgata, procesiones, fuegos artificiales, concierto de música, etc.

Afortunadamente se sigue celebrando, durante las multitudinarias fiestas en honor de San Antonio del Monte, en tierras de Garafía, la Feria Insular de Ganado. Allí, entre el 12 y 13 de junio, onomástica del santo portugués, su imagen, junto a la de San Isidro Labrador- advocación eminentemente agrícola y ganadera-, es llevada en procesión a lo largo de un itinerario engalanado con magníficos arcos triunfales que forman una “calle” entre la concurrida ermita y el lugar donde se refugia el ganado. Junto a estos arcos es tradicional construir ventorrillos o mesones de palos y ramas de faya y aceviño.

Una fiesta muy arraigada desde antiguo en el calendario festivo de La Palma. Tanto fue el fervor que se tenía con el santo franciscano que, tras el pavoroso incendio que sufrieron los montes garafianos en el que se destruyó la ermita de San Antonio en 1902, los vecinos rápidamente contribuyeron a levantarla y colocar en ella una nueva imagen, ya que la primitiva también fue pasto de las llamas, junto con la de San Roque y San Bernardo.

Este triste incidente es recordado aun en décimas y romances: Padre mío San Antonio/ óyeme cómo te llamo:/ si mi casa no se quema,/ni mis cosechas de grano,/voy de mi casa a la tuya/ de rodillas esmellado (?) . También se observa la sutil ironía en otros versos: San Antonio se quemó/ es porque era de palo,/pero del que estaba en el cielo/ pocos fueron sus milagros. En otra copla popular garafiana no podía faltar también la representación del Niño Jesús que el santo porta entre sus brazos. Según su hagiografía, sus compañeros frailes aseguraban que veían a Antonio con Jesús en brazos durante sus frecuentes éxtasis: San Antonio del Monte/ tiene un niñito/ que no come ni bebe/ y siempre gordito . Irónicamente se comparaba al Niño, que estaba siempre “repuestito” aun sin comer, con las reses y el ganado que, si no se les alimentaba, no había milagro que los salvara de una muerte segura.

También era frecuente donar al Santo exvotos, que se colgaban en las paredes de la ermita, representando vacas, cabras, niños, piernas, brazos, etc. Por exvoto entendemos cualquier ofrenda o don, como estas figuras hechas de cera, que los fieles dedicaban a San Antonio de Padua, en señal y recuerdo de un beneficio recibido. Así, si el ganado estaba enfermo, venía la plegaria y la promesa, después de la curación, se llevaba el buey de cera que era devotamente colgado en la iglesia en agradecimiento. Desde 1539 hay constancia documental de la existencia de la primitiva ermita.

El obispo Don Alonso Ruiz de Virués determinó que la talla del santo pasara desde la parroquia “del Monte” a la iglesia de Nuestra Señora de La Luz en Santo Domingo, actual capital municipal de Garafía. Según el Alcalde constitucional de la capital palmera y cronista isleño, Juan Bautista Lorenzo Rodríguez, el motivo fue porque en un lugar tan frío y montuoso, que cuando el sacerdote quería celebrar y decir misa no podía alzar la Hostia, si no era junto con la patena, porque con la humedad y frialdad la Hostia se doblaba y encogía…. La gente decía que hasta el ganado se constipaba.

Por confusión, a este santo luso, famoso taumaturgo y predicador muerto en Padua (Italia) en el año 1231 a los 36 años de edad, se le ha representado con la llama, atributo de San Antón Abad.

SAN ISIDRO LABRADOR

Un resultado de la Reforma religiosa fue el dar singular solemnidad a las nuevas canonizaciones. Y los autos de canonización imponen, por decirlo así, la iconografía en las estampas conmemorativas. Tal fue, por ejemplo, el caso de San Isidro Labrador, Patrón de Madrid, canonizado en 1622. Vestido como los labradores castellanos de aquel entonces, haciendo manar una fuente con la azada mientras los ángeles conducen el arado tirado por bueyes, vendrá a ser como la iconografía oficial de este santo.



Tanto en la feria ganadera de San Antonio del Monte, como en la de Los Llanos de Aridane (coincidiendo con las fiestas patronales de la Virgen de los Remedios), y en las de Breña Alta (fiestas de San Pedro Apóstol), el santo común a todas ellas es, precisamente, San Isidro Labrador. En estas últimas fiestas del municipio breñusco, se celebró en el Recinto Ferial el IX Concurso de Arrastre así como la exposición temática Agrogan 2004. La feria ganadera se ha convertido en el signo de identidad de este término municipal, tan apegado a nuestras tradiciones.

SAN ANTONIO ABAD

Este venerado santo ermitaño, guía espiritual de los monasterios de Egipto, muerto de edad centenaria y cuya fiesta es el 17 de enero, es considerado patrón de los animales domésticos. En el municipio sureño de Fuencaliente de La Palma, su patrón es invocado tradicionalmente como protector de los animales de labranza y del ganado. En otras épocas se le invocaba también para librar la peste de los animales, de ahí que se le represente con un cerdo a sus pies. Como en este caso, y como norma general, no exenta de excepciones, los atributos de respetable tamaño, como un gorrino, son representados en tamaño reducido, para que no estorben en el altar y no resten importancia a la imagen del santo. Son meros símbolos. No excede las medidas de un simple conejo con relación a la imagen del santo. Los atributos, en definitiva, son para conocer las imágenes, no para sembrar confusiones.

Desde el siglo XVI existía esta ermita, aneja a la de Mazo. Era lógico que sus vecinos, parroquianos de San Blas hasta su segregación en 1832, quisieran que su santo patrono estuviese representado en el retablo de la Virgen del Rosario (c. 1689), colateral del Evangelio. Viste manto y capucha de monje y porta en la mano izquierda el báculo de abad. Sobre el hombro del manto lleva la cruz en forma de tau, alusiva a su origen egipcio y lleva colgado del cinto un rosario, que sirve para mostrar a los fieles su valor como poderoso talismán frente a las acechanzas del diablo y las enfermedades, tanto del hombre como del ganado.

En la preciosa ermita de San Sebastián de la capital palmera, hay una magnífica escultura de San Antonio Abad, procedente de Campeche (México) del siglo XVIII y que vino a sustituir al otro que se tenía. Se le invoca para la curación de todo tipo de animales, incluso de ganado. Numerosas personas de la ciudad llevaban sus animalitos para que el Santo los bendijera y los sanara de sus dolencias. Normalmente, por vergüenza, llevaban los más pequeños ocultos en los ropajes. Un cerdito negro reposa junto a su pie izquierdo.


SAN ROQUE

Precisamente es en esta bella iglesia donde está también entronizado San Roque, traído de Cuba en el s. XVII, al que se le representa con otro animal. En este caso se trata de un perro que le lame la úlcera de su pierna derecha, un mal contraído durante su peregrinación a Roma. El can le traía comida hasta que un ángel lo curó. Murió en prisión en 1327. Se le invoca también para eliminar la toxicidad de las mordeduras de animales salvajes. Era frecuente encontrar, tanto en el Norte de España como en el Sur de Francia, las letras “V.S.R.” (¡Viva San Roque!) en las puertas de las casas y en los establos de ganados, etc., para que no entrara la peste y otros males contagiosos.

SAN MARTIN DE TOURS

El antiguo patrón de los caballos era San Martín de Tours. En las iglesias y ermitas dedicadas a este Santo húngaro, había herraduras prendidas en la puerta: eran las ofrendas de los dueños, a modo de exvotos. En el interior de los templos llegaron incluso a ser de oro y metales preciosos. Es precisamente este Santo obispo, cuyo atributo llegó a ser después del Renacimiento una oca o pato silvestre (su fiesta, el 11 de noviembre, coincide con el vuelo migratorio de estos animales), al que, en ciertas comarcas es invocado contra las enfermedades de los animales domésticos.

En La Palma, desde el siglo XVI, la onomástica de San Martín marcaba el ciclo agrícola de la vid. El santoral católico señalaba los períodos contractuales agrarios en la Isla. Mientras el arriendo de tierras de cereal lo marcaba San Juan, las del vino y vendimia lo marcaba San Martín .
En el ejemplar trabajo de la periodista palmera Mª Victoria Hernández sobre las tradiciones y fiestas palmeras, se cita una costumbre generalizada que consistía en regir la duración de los contratos y obligaciones por los ciclos festivos del calendario litúrgico y San Martín era uno de ellos. No se conoce a nivel nacional una celebración de este Santo relacionada con el vino nuevo, aunque sí con la “matazón de cochino”.

El escritor lanzaroteño Isaac Viera estuvo en la “Isla Bonita” a finales del XIX y fue testigo ocular de las celebraciones o “Sanmartines”, que ya se llamaban “costumbres inmemoriales”. Nos decía: el pueblo de La Palma tiene su hermosa noche de San Martín, noche de luz, de amor y poesía, porque corre la sangre de Cristo en los hogares, comunicando fuego pasional y vida al corazón .

No existe en todo el territorio insular ningún San Martín de Tours al que hacerle alguna romería o procesión, aunque es uno de los santos más celebrados. En la noche del 10 de noviembre, en su víspera, se abren las bodegas para “jurar las pipas” y degustar los nuevos caldos y los añejos. Se hacen impresionantes hogueras donde se queman los muebles y objetos viejos y obsoletos. Los estudiantes se fugan de clase. Todos se unen a la celebración. Al festín se suma el pescado salado, el cochino a la brasa de carbón vegetal, las castañas, las hogueras, el sonido de los bucios mientras se cantan las populares coplas anónimas: Saran Martín/tirin tintín/fuego a la castaña/y mano al barril…
Se aprovecha a hacer la matanza del cerdo, definido en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua como “sanmartín”. También es muy frecuente el dicho: A todo cerdo le llega su sanmartín.

En definitiva, los patronos de las cosechas y ganaderías están relacionados con aquellos Santos invocados a favor de la lluvia o contra las tempestades, sequías, pedriscos y plagas del campo. Cada comarca o lugar acostumbra a tener su abogado especial con motivo de venerar allí reliquias o de tener una ermita dedicada, como en la mayoría de las ocasiones aquí expuestas.


 

 

 

 

 

 

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