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| Parroquia
de San Francisco de Asís |
La saga de los Massieu fue, probablemente, la casa más
poderosa y adinerada de cuantas han poblado La Palma a lo
largo de su historia. Su posición dominante en la sociedad
isleña se tradujo en fundaciones piadosas, obras pías
y encargos artísticos, que pregonaban a los cuatro
vientos la opulencia y la riqueza familiar.
Como prueba de la alta posición alcanzada por uno
de sus componentes, concretamente por don Pedro Massieu Monteverde
—Presidente de la Real Audiencia de Sevilla, miembro
del Consejo de Su Majestad y Juez conservador del Real Colegio
de San Telmo—, no dejará de enviar a Santa Cruz
de La Palma desde la ciudad hispalense un extenso catálogo
de escultura de los mejores imagineros de la época.
También obras de platería, ornamentos para el
culto, placas de cerámica con el escudo familiar, tejidos
preciosos y así un largo etcétera. Todo ello
constituye una excelente embajada del barroco sevillano en
La Palma.
El panteón funerario de esta prestigiosa familia fue
construido en el Real Ex Convento de la Inmaculada Concepción
de la capital palmera, hoy Iglesia de San Francisco de Asís.
En conjunto, este templo dibuja en planta una cruz latina,
de dos brazos no exactamente iguales y formados por las capillas.
Sin embargo, éstas son posteriores al incendio provocado
por el ataque pirático de François Le Clerc,
“Pata de Palo”. Este lamentable incidente obligó a
la reconstrucción del cenobio. Por consiguiente, la
fábrica primera fue seguramente de una sola nave, con
el presbiterio fundado por don Jácome de Monteverde;
pero, posteriormente, se ampliaría añadiéndole
las capillas que le dan la configuración actual: un
total de cuatro, dos a cada lado, colateral y lateral, construidas
en momentos diferentes.
La capilla —originalmente dedicada a San Pedro, más
tarde a San Nicolás— había sido edificada
por el Doctor Pedro Escudero de Segura (1570-1626), Protonotario
de Su Santidad, con licencia del Reverendo Padre Fray Luis
Perdomo, Ministro Provincial de la Orden de San Francisco.
Allí fundó una capellanía de “veintinueve
misas cantadas con sus vísperas, procesiones, cera
e incienso, obligándose a pagar durante su vida 20
reales de limosna a dicho convento y 28 reales después
de su fallecimiento”. Así consta en la escritura que
otorgó el 8 de noviembre de 1620 ante el notario público
don Pedro de Brito Freitas.
Después de una larga enfermedad y de haber hecho frente
a muchos gastos, su hacienda quedó tan disminuida que
“le fue gravoso suplir el costo de su fundación”. Por
lo tanto, podía cumplir su promesa en vida, pero no
así tras su muerte. Por esto, tras la aprobación
del convento, cedió la capilla que había fabricado
“apreciada en 8.000 reales y los 3.600 restantes, diferencia
hasta los 11.600 reales de plata castellanos del principal
de la capellanía, quedarían impuestos sobre
casas, tanque, lagar, ermita y tierras calmas que poseía
en Breña Baja”, lugar más tarde conocido como
“Hacienda de San Antonio”.
La comunidad “en atención a las buenas obras que el
dicho doctor Escudero ha hecho al dicho convento y limosnas
particulares ha tenido por bien aminorar la dicha limosna
y que se digan las dichas misas y procesiones pagando tan
solamente veinte reales”, aceptó la transacción
ofrecida y se hizo cargo de la capilla por los 8.000 reales
de plata para la perpetuidad de la memoria. Así consta
en los Archivos Notariales de esta ciudad, firmados por Andrés
de Chávez, en 1626.
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| Retablo de San Nicolás
de Bari |
La capilla, segunda colateral del Evangelio, recibió
cinco valiosas tallas de madera policromada que fueron colocadas
en las hornacinas del magnífico retablo, hecho por
Bernabé Fernández después de 1721. Todas
ellas salieron del taller del famoso imaginero Pedro Duque
Cornejo y Roldán (1678-1757), contemporáneo
de don Pedro Massieu y Monteverde (1673-1755). Éste
último, que fue, además “Oidor de Sevilla”,
escribió que, el 15 de junio de 1724 , “habia dado
al maestro Cornejo 20 pesos a cuenta de tres santos que tengo
ajustados en 84 pesos”. Primero envió las imágenes
de San Pedro (santo de pila del mencionado oidor) y San José.
Más tarde las tallas de San Juan Evangelista, San Juan
Bautista (nombre de su hermano mayor Juan Massieu de Vandala)
y San Nicolás (titular de la capilla y patrono de la
casa por llamare así el primogénito de la misma).
La escasez de espacio produjo en los templos un fenómeno
curioso: las grandes familias adquirieron mediante compra
capillas para su culto y enterramiento. El Doctor Escudero,
como vimos, la vendió al convento en 1626 por 8.000
reales, y hace mal negocio, pues sólo la revende por
6.000 reales de vellón antiguos al poderoso don Nicolás
Massieu el 25 de mayo del mismo año, “obligándose
además a tenerla decente”, ante el escribano público
don Andrés de Chávez. Allí yace el capitán
con su esposa, doña Ana Van Dalle, iniciando así
la tradición funeraria de la familia.
Los “Santos Juanes”, esculturas de honda tradición
en Sevilla, muestran una calidad superior a las primeras,
siendo éstas piezas de taller. Siguen el modelo de
sus homónimas de la Cartuja madrileña de El
Paular, esculpidas por Duque Cornejo en 1725.
El atributo personal del “Evangelista” es una copa dorada
que porta en su mano izquierda, símbolo del veneno
que, según la “Leyenda Áurea” hubo de tragarse
para demostrar la verdad de su predicación. Un gran
manto que parte de su hombro izquierdo recubre amplias zonas
de su larga túnica, y es recogido por el brazo del
mismo lado. Mira hacia el cielo con mirada y semblante de
oración y súplica mientras alza su mano derecha.
El movimiento viene dado por los pliegues de los ampulosos
ropajes y sus manos hacia delante, como también su
pie izquierdo, cuya punta sobresale por debajo de la vestimenta.
El “Bautista” recoge la túnica con su mano derecha
para mostrar su bien tallada pierna izquierda, imprimiendo
un movimiento perfecto, como si estuviera entrando en el río,
mientras señala al “Agnus Dei” o Cordero Divino, situado
en el suelo, a su izquierda, situación ésta
muy propia del Renacimiento. Porta un cayado en su mano izquierda
con un banderín en su extremo, sobre el que descarga
el peso del cuerpo. Se le presenta joven y barbilampiño,
de corta cabellera negra y con raya en medio; gira levemente
su cara aniñada hacia la derecha. Son espléndidos
sus ropajes y manto en madera policromada y dorada.
El “San José” es una talla algo más pequeña
que las anteriores. Sostiene al Niño Jesús en
su brazo izquierdo y lo mira dulcemente. Porta en el mismo
lado un largo bastón florido (por influencia de los
apócrifos), atributo personal del santo muy usual desde
el Renacimiento. Tiene magníficamente tallada su cara,
barba y cabello negro. Se le presenta delgado y joven y el
movimiento de la túnica talar, el manto terciado y
sus pliegues provocan un movimiento tal, que deja entrever
también el pie izquierdo adelantado.
La imagen barroca del “San Pedro” está emparejada
en calidad con la anterior, por su acabado, tamaño,
pliegues, etc. Porta un libro abierto en su mano izquierda
y las dos llaves que muestra en la derecha. Una bien tallada
barba y pelo corto rizado de color grisáceo.
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| San Nicolás
de Bari |
Nª Sª de
Montserrat |
Pero, sin lugar a dudas, la mejor pieza es el “San Nicolás”
(c. 1724), revestido de pontifical como corresponde a su condición
de legendario Obispo de Myra, también llamado de Bari,
lugar de sus reliquias. Estamos ante una magnífica
talla en madera policromada, con semblante bondadoso y una
muy bien tallada barba, de 104 cm de alto que recuerda al
San Leandro de la catedral de Sevilla y al San Pedro de la
mencionada cartuja de Madrid. Viste de obispo, con alba, mitra,
guantes, estola y capa ancha terciada que recoge bajo su antebrazo
izquierdo; porta una larga y fina cruz en su mano izquierda.
Como atributos personales propios, mantiene tres bolas de
oro sobre un libro en su mano derecha, simbolizando las tres
dotes que pagaría a sus tres hermanas para que pudieran
contraer matrimonio. De su cuello cuelga una cruz.
Dos pequeñas figuras se hallan situadas junto al santo,
en el nicho central superior del altar. Representan dos milagros
de San Nicolás. Por un lado “el Copero” (16,5 cms de
alto), cautivo del rey pagano que el santo devolvió
a su desesperada familia y “tres niños” (23,5 cms)
dentro de una tina de adobar y que fueron resucitados por
el Obispo, después de haber sido descuartizados por
un carnicero y conservados en sal. Estos aparecieron al final
del gótico, aunque es en el Renacimiento cuando ya
aparecen dentro del cubo.
La talla que actualmente preside el retablo es la más
antigua de ellas, y no pertenece al mismo envío. Se
trata de la magnífica escultura de origen andaluz de
Nuestra Señora de Montserrat, importada por el catalán
don Gabriel de Socarrás, en el primer tercio del siglo
XVI. Ocupaba el retablo de su capilla, hoy del Cristo de La
Piedra Fría.
BIBLIOGRAFÍA:
- LORENZO RODRÍGUEZ, Juan Bautista: Noticias
para la historia de La Palma.
- FERNÁNDEZ GARCÍA, Alberto José:
Notas históricas de Santa Cruz de La
Palma.
- FERRANDO ROIG, Juan: Iconografía
de los Santos.
- FRAGA GONZÁLEZ, María del Carmen:
Arquitectura mudéjar en Canarias.
- GOBIERNO DE CANARIAS: Arte en Canarias.
Una mirada retrospectiva. Siglos XV-XIX.
- INCHAURBE, Fr. Diego: Fundación
del Convento de La Inmaculada Concepción
en Santa Cruz de La Palma.
- LÓPEZ GARCÍA, Juan Sebastián:
Arquitectura del Renacimiento en el Archipiélago
Canario.
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- MARTÍN RODRÍGUEZ, Fernando Gabriel:
Santa Cruz de La Palma. Una Ciudad Renacentista.
- PÉREZ GARCÍA, Jaime: Casas
y familias de una ciudad histórica. La
Calle Real de Santa Cruz de La Palma.
- PÉREZ MORERA, Jesús, ORTEGA
ABRAHAM, Luis y LOZANO VAN DE WALLE, Jorge: Magna
Palmensis. Retrato de una Ciudad.
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