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| Tabernáculo de
El Salvador |
El Neoclasicismo irrumpió con fuerza en La Palma a
principios del siglo XIX, sobre todo gracias a dos de sus
más importantes impulsores, Don Manuel Díaz,
Párroco propio de El Salvador y su colaborador, sacerdote
y arquitecto, Don Joaquín Martín de Justa, ambos
políticamente liberales y antiabsolutistas.
La obra de mayor relevancia del Neoclasicismo en La Palma
fue la reforma del interior de la Parroquia Matriz de El Salvador
del Mundo, tanto por su mérito artístico como
por su repercusión en el resto de templos insulares.
Se inició por las capillas laterales de las naves en
1813 y se continuó hasta alcanzar el retablo mayor
en 1891.
A Don Manuel Díaz se deben todas las pinturas de jaspes
y cortinajes y la ingeniosa y teatral maquinaria que acciona
el expositor del tabernáculo del altar mayor, que descubre
la custodia, en la mejor tradición de la escenografía
barroca y calderoniana.
En el solemne instante en que aparece la custodia por medio
de un mecanismo invisible, "se eleva la cúpula
de la que penden las cortinas del tabernáculo, al mismo
tiempo que éstas quedan divididas en dos y saliendo
por entre las columnas son recogidas hacia los lados por dos
pequeños ángeles que las suspenden en forma
de pabellón…" [1] . Debajo
de este pabellón, aparece un haz de espigas doradas
que sostiene un orbe coronado por varios racimos de uvas también
doradas. Ambos se abren de par en par en dos mitades y es
ahí donde aparece la custodia "que resplandece
bajo el hermoso pabellón del tabernáculo"
[2].
El maravilloso retablo mayor, "famoso en todo el archipiélago"
[3], según el Obispo García
Ximénez, fue desarmado poco antes de 1840, montándose
otro retablo neoclásico, que es el que podemos observar
actualmente. Así, el aspecto interior de la iglesia
mayor de La Palma con anterioridad a esta discutida y tan
polémica reforma neoclásica, era muy diferente
a la actual. Estaba decorado profusamente con retablos barrocos
de madera sobredorada y pinturas flamencas, colgaduras de
seda, lámparas de plata, un impresionante catálogo
de imaginería religiosa (más de un centenar
de piezas), y así un largo etcétera. Todo ello
posteriormente dispersado en las ermitas y conventos de la
ciudad y en parroquias del campo e incluso casas particulares.
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| La Transfiguración |
Se contó con el apoyo económico del rico comerciante
Cristóbal Pérez Volcán, natural de la
capital palmera y vecino de La Habana. No se escatimó
en gastos y tampoco se dudó en acudir a los artistas
más prestigiosos de su tiempo, como por ejemplo Antonio
María de Esquivel, pintor de cámara de la Reina
Isabel II y también el imaginero orotavense Fernando
Estévez del Sacramento, la gran figura de la plástica
canaria del siglo XIX. El primero pintó el magnífico
cuadro de La Transfiguración (finalizado
en 1837) que fue colocado en 1840 en el centro del altar mayor
sobre el tabernáculo que nos ocupa. La propia soberana
alabó el lienzo y quiso después que fuera el
propio pintor que "retrate a la reinita y a ella"
[4].
Se conservan unas citas y unas cartas donde se dan a conocer
algunos datos sobre la construcción de este retablo
mayor y el tabernáculo, cuyo diseño fue hecho
en Madrid por un arquitecto académico "de la mejor
nota" [5], y examinado por el Maestro
Mayor de la capital de España. Fue una obra muy meditada
ya desde 1818. Así, Don Felipe Benicio Rodríguez,
mayordomo de fábrica parroquial, hizo "donación
del alcance de sus cuentas a favor de la obra del tabernáculo
nuevo que está proyectado desde los principios…".
[6]
Es una obra en la que no se sabe realmente qué es
lo que admirar más, "si el hábil mecanismo
que tan bello efecto produce o la riqueza de imaginación
con que se ha verificado aquel conjunto armonioso de los inmóviles
rasgos de la arquitectura con el área y caprichosa
forma de la movible tienda de tela". [7]
Con el regreso del Cura Díaz a La Palma en octubre
de 1835, tras su destierro en Tenerife por un proceso de infidencia
iniciado contra él tras la caída del Trienio
Liberal, se reiniciaron las obras del tabernáculo y
del altar mayor. Pero, en 1838, a punto de concluirse los
trabajos de pintura y dorado de las maderas, la Secretaría
Episcopal de Tenerife abrió un expediente a los dos
párrocos, por no haber informado previamente al Obispo
de la Diócesis, Don Luis Folgueras Sión, sobre
el diseño del tabernáculo y no haber contado
con su aprobación. Las obras nuevamente se paralizaron
y se ordenó el envío del cuadro de Esquivel
y del tabernáculo a La Laguna para ser examinados.
No fueron devueltos hasta 1839.
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| Tabernáculo de
El Salvador |
Los bellos y grandes ángeles blancos turiferarios
que se encuentran arrodillados hacia el tabernáculo,
custodiándolo, portan sendos incensarios de plata y
navetas sobre nubes de gloria. El propio sagrario es dorado
en el que sobresale el relieve de una de las más célebres
alegorías eucarísticas: el pelícano alimentando
a sus crías. Sobre éste se alza un cordero dorado
rodeado de rayos de sol y, a ambos lados del mismo, dos velas
que se encienden, anunciando la inminente aparición
de la custodia con el Santísimo. Forman el cuerpo del
tabernáculo ocho columnas jónicas que soportan
la semicúpula en forma de "M" que, elegantemente,
cubren el hermoso, original y admirado expositor.
En definitiva, estamos ante una ingeniosa y bella obra de
arte, que generó polémica en su tiempo y que
no es conocida por gran parte del público, siendo en
cierta medida todo un símbolo de una nueva etapa histórica
repleta de cambios para nuestra ciudad y, por ende, para nuestra
orgullosa Isla.
NOTAS:
1 RODRÍGUEZ LÓPEZ, Antonio: Apuntes
biográficos de don Manuel Díaz.
Santa Cruz de la Palma, 1868.
2 Ibídem.
3 RODRÍGUEZ, Gloria. La Iglesia de
El Salvador de Santa Cruz de La Palma, Madrid,
1985
4 Ibídem.
5 Arte en Canarias [siglos XV-XIX]. Una
mirada retrospectiva, Gobierno de Canarias,
2001
6 RODRÍGUEZ, Gloria: op. cit.
7 RODRÍGUEZ LÓPEZ, Antonio: op.
cit.
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