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EL ESCUDO DE SAN MIGUEL DEL PUERTO

José Guillermo Rodríguez Escudero

Diole la vara de mayor justicia
En todos los distritos celestiales,
Y porque pesa al justo, y sin codicia,
E pintan con valanças los mortales.
Hízole general de la milicia,
De todas sus legiones inmortales,
Y por eso le pintan en la tierra,
Con un arnes trançado en son de guerra.


Cairasco, 1603


La Heráldica surge como elemento distintivo de apellidos, linajes o insignia de corporaciones. Había sido confundida con leyendas o incluso acompañada de explicaciones fantásticas y por ello quedó relegada al conocimiento de unos pocos, vinculándose por ejemplo con el mundo de los nobles. Como lo describía Alvarez Villar, un blasón, aparte de otras consideraciones, es un documento pintado, labrado en piedra o madera, que testimonia un hecho, se refiere a un tiempo y alude a un apellido relacionado con la historia de un lugar en determinado país.

En el primer y más antiguo museo de la ciudad, en la magnífica Sociedad La Cosmológica, se encuentra una numerosa colección de escudos. Un precioso muestrario variado de la Heráldica de esta Isla: piedras armeras, madera tallada y policromada, pintura sobre tabla y mármol, todo un repertorio de posibles soportes para motivos heráldicos. Antiguamente se hallaban colocados en fortificaciones, desaparecidos conventos e innumerables casas solariegas.

De la antigua torre de San Miguel del Puerto de la capital palmera son los blasones en piedra caliza del primer adelantado Alonso Fernández de Lugo; el escudo real, bastante deteriorado por el tiempo; y el del santo Arcángel armado- Jefe de la milicia evangélica en la Isla- que se trata de un relieve con el tema de Miguel-dragonado. Este último, según Gómez Pamo, representado más como un artístico relieve con resabios todavía góticos que como un escudo de armas… Estos tres escudos adornaban los muros de la desaparecida torre de San Miguel del Puerto.

En el mencionado escudo real, por ejemplo, se aprecian claramente los cuarteles de las armas reales, otro que representa la lucha del Arcángel San Miguel con el dragón y otro de más problemática interpretación. Todos ellos estudiados profundamente por Gómez Pamo y Guerra del Río, entre otros investigadores, y que no dejan lugar a dudas de que estamos ante los tres escudos de los muros de tal fortaleza, tal y como se desprende también de los dibujos y pinturas llegadas hasta nosotros.

De todas las fortificaciones con las que contaba la ciudad de Santa Cruz de La Palma, -como el Castillo Real de Santa Catalina de Alejandría (principal), el de la Santa Cruz del Barrio, la Batería del Carmen, de San Felipe, de San Antonio, de San Pedro, de San Jacques, de Santa María de Saboya, el Fuerte de San Miguel, el Reducto de Bajamar, el Polvorín de la Cuesta de Calcinas, etc- , dos de ellas fueron puestas bajo la advocación del Arcángel. Éste, en general, ocupó un lugar preeminente no sólo como defensor de las portadas de los templos sino como vigía de torres.

El 17 de julio de 1514 el Lcdo. Valcárcel, teniente real de Tenerife y La Palma, disponía de una Provisión Real para recaudar 150.000 maravedíes en las tres islas realengas con el fin de edificar dos torres, una en Tenerife y otra en La Palma. Se sabe que el 13 de junio de 1515 la Torre palmera ya había sido levantada con un coste final de 250 ducados, que era todo lo que se había podido recaudar en claro menoscabo de lo ordenado en su momento por la Corona.


San Miguel – cuyo nombre significa “Quién Como Dios” - era y es el más popular de los siete arcángeles. En el arte occidental no es frecuente encontrar el ciclo completo de todos ellos, porque la Iglesia romana, al considerar apócrifo el Libro de Enoc, excluyó a Uriel. Finalmente el Concilio de Letrán en 746 limitó el culto de los arcángeles a los tres primeros: Miguel, Gabriel y Rafael, cuya onomástica actual se celebra el 29 de septiembre. Miguel – príncipe de los ángeles y vencedor de Lucifer - es también el que tiene una personalidad más definida. Es un guerrero, un caballero, el archiestratega o el condestable de las milicias celestiales (princeps militiae angelorum). A este título, es él quien dirige el combate contra los ángeles rebeldes que precipita en el abismo, y quien, en el Apocalipsis, salva a la mujer que acaba de parir, símbolo de la Virgen y de la Iglesia, combatiendo contra el dragón de siete cabezas. La Iglesia romana lo considera su defensor (custos Ecclesiae romanae). También es el santo psicopompo, es decir, el conductor de los muertos cuyas almas pesará el día del Juicio. Es protector de la Iglesia e invocado en las tentaciones y en la hora de la muerte. En inglés se le invoca como el Señor de las Almas. Réau nos informa de que este tema se ha tomado del Apocalipsis 12, 7-9: Hubo una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles peleaban con el dragón, y peleó el dragón y sus ángeles […] Fue arrojado el dragón grande, la antigua serpiente llamada Diablo y Satanás […] y fue precipitado en la tierra, y sus ángeles fueron con él precipitados.

San Miguel hundiendo su lanza en las fauces del dragón podría ser confundida con San Jorge. Pero es un san Jorge alado; el combate de San Miguel es una batalla aérea. Continúa Réau: además, no es un duelo: los dos jefes, Miguel y Satanás, están rodeados por sus ángeles que toman parte en la lucha. Este tema iconográfico, creado en el siglo VII en la caverna del monte Gárgano, fue imitado en la cripta del monte Saint Michel y difundido en sellos y miniaturas. El arte francés del siglo XIII hizo del santo ángel un caballero de la cruzada. Otras representaciones nos muestran al santo guerrero combatiendo de pie o a caballo, aunque ésta última es escasa.

La torre de San Miguel fue objeto de varias transformaciones y llegó hasta el siglo pasado. Se sabe que tenía su única entrada por la puerta sur, a la que se remataba un gran escudo de España tallado en piedra caliza y se veían también en distintos frentes el blasón de la isla y otros de particulares. Fue la fortaleza más antigua que se construyó en esta ciudad y se alzaba al borde de la plaza o desembarcadero donde más tarde iría emplazado el muelle que proyectaría el ingeniero italiano enviado por el rey Felipe II en 1584: Leonardo Torriani. Se considera una de las más antiguas construcciones militares de todo el archipiélago canario. Rumeu la supone cimentada en los primeros años del siglo XVI. Tal es así que Serra Rafols cita un documento fechado el 13 de julio de 1515 en el que ya se habla de que la torre de La Palma está hecha. Allí recoge que 250 ducados se gastaron en la fábrica de la torre de Santa Cruz de La Palma, cuya financiación fue muy rápida, ya que en 1515 se nombró a Vasco de Bahamonde como alcalde de la misma. Así mismo, el propio Adelantado Alonso de Lugo dirige la carta al Emperador en 1522 donde dice : Sacra Cesárea Magestad y muy poderoso Señor. Dize el Adelantado de Canaria que el Rey Cathólico hizo merced de la alcaldía de las sacas de las islas de Thenerife y Sant Miguel de La Palma y Vuestra Magestad de una torre de la isla dicha Palma…

Se conserva un inventario que fue elaborado por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército refiriéndose a esta torre y se lee lo siguiente: imagen de San Miguel y Escudo de armas – sobre la puerta de la entrada de este Fuerte, hay embutida en la pared una lápida con el escudo de las Armas Reales. Sobre la Puerta del Cuerpo de Guardia está la imagen de San Miguel de piedra, y en la pared de este fuerte que da a la Plazuela del Muelle, hay otra lápida con el escudo de Armas de las Islas de Canaria, Tenerife y La Palma.

En las islas realengas, las tres mencionadas, durante el Antiguo Régimen era frecuente la presencia en las construcciones oficiales de tres escudos: destacada iba la del Rey, en otra menos destacada, la de la isla, y al otro lado la del funcionario (bien gobernador, corregidor, capitán general…) que acometió la obra.

No se dispone de referencia alguna al privilegio de concesión de armas a favor de la Isla de San Miguel de La Palma, cuyo hagiotopónimo guarda estrecha relación con el patronazgo que en su conquista se adjudica al Arcángel San Miguel y que tendrá oportuno reflejo en el diseño armero. Según relata Viera y Clavijo se había ejecutado el desembarco por el general Alonso Fernández de Lugo el 29 de septiembre [de 1492] con la mayor tranquilidad; trabajóse inmediatamente en trazar un campo sobre aquella ribera, poniendo seguidamente, toda la isla bajo el nombre y auspicios de su abogado el ángel San Miguel, cuya dedicación celebraba la iglesia en aquel mismo día, y mandó edificar en su memoria la pequeña ermita que aun subsiste…El autor se refiere a la primigenia capilla sobre la que se emplaza la actual ermita de San Miguel de Tazacorte, Patrón de La Palma, como signo de los nuevos valores traídos por los conquistadores. Posteriormente, en reimpresión de esta obra, edición que es una reproducción de la de 1950-51, llevada a cabo por una Junta de Redacción encabezada por Elías Serra Ráfols y enriquecida por nuevas notas aportadas por recientes publicaciones se lee que el nombre de San Miguel de La Palma no le fue puesto a la Isla por el conquistador, ni a raíz de la conquista, ya que la promesa de los Reyes Católicos en 1492 mandaba que dende en adelante se llame y tetule la isla de San Miguel de La Palma. El mismo Serra consideró importante este dato pues también lo recogió en su trabajo sobre el conquistador Fernández de Lugo. Otros historiadores afirman que la fecha 29 de septiembre debe considerarse como una convención historiográfica de Roma, ya que la fecha no corresponde con el desembarco en la Isla para su posterior conquista. El Diccionario Geográfico de Echar incluso llega a señalar 1486; la Historia Eclesiástica del P. Fabra, sin embargo, confirma 1495. En la mayoría de los historiadores, sin embargo, se repite el mismo día y mes para datar la entrada de las huestes de Lugo en La Palma. El año está claro, 1492, salvadas ya las presuntas equivocaciones u errores de antiguos escritores. Recordemos por ejemplo que también Abreu Galindo sitúa la entrada en 1490, Marín y Cubas en 1492, Espinosa y Núñez de La Peña en 1493. Frutuoso, sin embargo, ha sido el único que sitúa el comienzo de la conquista el 8 de mayo, día en que la Iglesia celebra la Aparición de San Miguel, adelantando en 4 meses la fecha tradicional. Tal vez sea fruto de una confusión de este viajero portugués. Se localiza a Lugo en Sevilla en agosto de 1492 reclutando gente para la expedición, con lo cual está descartado mayo. Recordemos que, por ejemplo, en América, la fundación de la ciudad y la fecha elegida para conmemorar este hecho histórico no siempre coinciden con la realidad. Tal vez, en el caso de La Palma, se dé un “forzamiento” simbólico de Lugo haciendo coincidir el desembarco – posesión del territorio- y la conquista – fundaciones- con una fecha señalada, básicamente religiosa, bajo advocaciones que se presentan como colaboradores de la gesta y protectores de los cristianos. Así, los conquistadores serían “el pueblo de Dios” y por ello son ayudados por San Miguel, argumento que certifica la razón de su gesta. Recordemos que también el Santo alado era guardián del pueblo hebreo y la ideología franciscana – orden muy próxima al conquistador – defendía una concepción mesiánica de la cristianización y la conquista inspirada en el Antiguo Testamento (Martín Rodríguez). Así, Lugo reiteró su dedicación al santo militar con fundaciones y titulaciones a su nombre. Quería agradecerle así los milagros que según él había obrado a su favor. Recordemos la nombrada ermita de Tazacorte, y la que también construyó en la capital palmera, luego convertida en cenobio dominico (San Miguel de las Victorias) o también la fortaleza de San Miguel en la misma ciudad. Durante todo el siglo XVI la Isla emplea su largo nombre Señor San Miguel de La Palma, al que reconoce como abogado y patrón. Así, aparece en todos los elementos y lugares representativos: Pendón Real, sellos, edificio del antiguo Cabildo, muralla norte, escudos, obras religiosas, fortalezas… Recordemos que Torriani llamaba a la capital Cittá de San Michele (ciudad de San Miguel).


Este santo guerrero, honra de Dios, también era para Lugo su protector a quien toda mi vida tuve por especial abogado y entervenidor, como declara en su testamento de 1525.

En el románico y primer período gótico al Arcángel se le representa vistiendo túnica larga y ceñida a la cintura, o bien dalmática. Durante el siglo XIV comienzan a vestirle con traje de guerrero, con armadura de la época como san Jorge, del que sólo se distingue por las alas. Poco después ostenta ante el pecho la coraza de cruzado. Desde el Renacimiento se prefiere la indumentaria de general romano. Lleva diadema o corona en las sienes. Sus atributos personales son: un largo palo que termina en cruz (en el gótico con una banderita que también ostenta la cruz), una lanza (a partir del Renacimiento, una espada), las balanzas y uno o más diablos. Originalmente el Arcángel se ocupaba de pesar las almas (que se ven en forma humana dentro del platillo de las balanzas) antes de llevarlas al cielo, mientras el demonio trata de variar el peso para arrebatárselas. Más tarde cesa en esa ocupación y Miguel, vestido de guerrero, empuña la lanza o espada contra el demonio que tiene a sus pies. Éste, negro y velloso, remeda bastante la forma humana, pero también la de dragón (como en el caso de nuestro escudo) u otro animal fantástico, con alas de murciélago.

Volviendo con la fortaleza, el escudo real de esta torre se corresponde con el usado por la Reina doña Juana y por Carlos I antes de su elección como emperador en 1519. La laude que representa a San Miguel sobre la puerta del cuerpo de guardia alude indudablemente a las armas de la isla de San Miguel de La Palma. En cuanto al tercer escudo, colocado sobre la pared que daba a la plazoleta del muelle sería para Sánchez Rodríguez propiedad de un “particular”. Según Martín Rodríguez era el del gobernador Fonseca. Obras de mediocre factura pero de gran interés iconográfico que aún se conservan como dijimos en La Cosmológica.

Centrándonos en el escudo de San Miguel, pieza principal del blasón insular palmero, se trata de un medio relieve en piedra caliza cuyas medidas son 100 x 75 cms. Aquí el Arcángel está protegido por una armadura completa – insignia de los santos militares - que le cubre brazos, tronco y piernas. El escudo que porta con la mano izquierda es circular mientras que en su derecha sostiene la lanza con la que traspasa al ser infernal. Éste aparece contorsionándose bajo sus pies. Esta figura del Dragón – símbolo del demonio y de la idolatría - es algo más confusa; lo más sobresaliente es que presenta una cola acaracolada en torno a la espada envainada a la cintura del ángel. La lanza es muy fina y termina en cruz abanderada, simbología muy característica de las representaciones góticas. Una diadema – como las santas vírgenes y resto de arcángeles - corona su cabeza y que está rematada por una pequeña cruz en su parte anterior y superior. Al fondo y en la parte superior - a la derecha del observador- surge una palmera abierta, aludiendo al patronazgo de San Miguel sobre la Isla de La Palma.

Es probable que aquí el Arcángel sea considerado como “estandarte de la cruzada”, respondiendo a la voluntad político-militar de servirse de un triunfo espiritual en lo que va a ser considerado por los conquistadores como “su misión”. De esta manera se encubriría los hechos sangrientos, el incumplimiento de los pactos con los aborígenes, etc. Para los Reyes, según algunos documentos regios, la presencia de San Miguel podría haber sido impuesta como respuesta a una intensa incitación psicológica (Martín Sánchez).


Para Lorenzo Rodríguez es indudable que este castillo con nombre de San Miguel era la primera fortaleza con que contó la Isla, aunque no se atreve a precisar la fecha de la fábrica por ser anterior a 1553, fecha ésta en que los franceses quemaron los archivos. Recordemos que en 1553 la Isla sufrió un ataque por parte de una armada francesa capitaneada por el terrible corsario François Leclerc, conocido como “Pie de Palo”. Rumeu estima que las obras de restauración ya estaban finalizadas el 13 de agosto de 1554, un año exacto después del de ataque. Así, una información ciudadana decía así: la fortaleza que está junto al puerto tiene una torre alta y junto a ella un terrapleno más bajo, de pared bien gruesa de piedra, barro y cal; el cual dicho terrapleno tiene una plazeta buena empedrada donde pueden estar las piezas de artilleria que tiene un pretil fuerte con sus troneras, por donde se pueden servir las piezas gruesas de artilleria, que en la dicha fortaleza estuvieron, y en la dicha torre está otra plazeta con otro pretil, donde así mismo puede servir la artillería. Fue una información practicada en la capital palmera el 13 de agosto de 1554 ante el Lcdo. Juan López de Cepeda.

Lamentablemente al estar ubicado originalmente en la proximidad del mar el escudo, que parece haber estado ya construido antes de 1553, aparece bastante desgastado su relieve ya que apenas se puede detallar con precisión los elementos formales que componen esta reliquia histórica.
Nos encontramos seguramente frente a la primera representación psicomáquica de Miguel en la isla; no olvidemos que la torre data de las primeras décadas del siglo XVI y que las imágenes de San Miguel, de origen flamenco, son algo posteriores (Martín Sánchez).

El mismo investigador dice que se tuvo muy en cuenta el hacer hincapié respecto de esta advocación arcangelical en la Torre del Puerto, y esto por mediación de una imagen en relieve sobre piedra, en donde quedó representada la lucha de Miguel frente al Dragón, la encarnizada lucha constante de las fuerzas del Bien y del Mal. Aquí al Jefe de las Huestes Celestiales, paladín de tal enfrentamiento con el Maligno y emblema de una completa victoria, excepcional como espiritual, se le pone bajo su protección la fábrica defensiva de la famosa y antiquísima torre. Así mismo continúa diciendo que esto nos induce a ver la latente intención de hacer funcionar, si se nos permite la expresión, una liturgia y ritual cristianos de propiciación ante posibles adversidades venidas por mar y de la mano del hombre.

 

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