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Nuestra Señora del Buen Viaje. Real Santuario Insular de Nuestra Señora de Las Nieves
Santa Cruz de La Palma

José Guillermo Rodríguez Escudero

 

Altar de la Virgen del Buen ViajeLa primera vez que se menciona esta bella y delicada imagen es en un inventario del Día de Las Nieves, 05 de agosto, del año 1637. Allí se describe cómo esta talla originalmente era de vestir y que se hallaba entronizada en el altar mayor junto a la Patrona. El Visitador menciona la urgente necesidad de construir un retablo para esta efigie, donde el mayordomo había señalado. Así, once años más tarde, también un 05 de agosto de 1648 ya consta como entronizada en su hornacina. Por la visita del Licenciado Pinto de Guisla , se conoce que el altar consistía en un nicho con arco de piedra abierto en la pared del cañón de la ermita del monte, entre el púlpito y el arco toral que contenía un curioso retablo de madera “dado de yeso que llena el gueco del nicho con una forma de nabío por peana de la ymagen”.

Tras la ampliación de la ermita, el 10 de septiembre de 1757, don Estanislao de Lugo dispuso que se hiciera un retablo-vitrina nuevo que combinase mejor con el se sitúa enfrente, el del magistral Calvario del Amparo. Los datos que conocemos del año 1768, concretamente del 29 de diciembre, confirman los gastos de su construcción. Estos ascienden a 1658 reales y 6 maravedíes. Nos ha llegado perfectamente conservado hasta nuestros días. Se trata de un magnífico retablo tallado y sobredorado de estilo barroco, obra del prestigioso maestro Bartolomé Felipe Calderón. La fecha de construcción también nos la confirma el mayordomo de la iglesia, cuando dice que “ya tenía la madera dispuesta”.

Nuestra Señora del Buen Viaje era una talla de candelero, como decíamos, en sus orígenes. Más tarde se modelaron sus ropajes, con lienzo engomado, estofado, policromado y dorado. Así la conocemos actualmente: como si siempre hubiera sido de talla. Esta considerable actuación y arreglo se hizo siguiendo las instrucciones del capellán de Las Nieves, don Feliciano Romero, ascendiendo el importe a 35 pesos. El día de la Onomástica de la Patrona de los Navegantes, el 8 de septiembre del año 1779, nuevamente se puso en su altar para recibir la veneración de los fieles.

La Isla de La Palma ha tenido a través de su historia una dilatada trayectoria marinera y los hombres de la mar tuvieron siempre por especial protectora a la Virgen de Las Nieves, a la que imploraban en sus vicisitudes y tribulaciones. Muchos fueron los beneficios recibidos y prueba veraz de ello nos lo confirma el numeroso catálogo de exvotos que se conservan en el Santuario. Los exvotos son dones u ofrendas que pueden ser, desde una muleta, mortaja, figura de cera, cabellos, tablillas, y como en este caso, cuadros, etc. que los fieles dedican a Dios, a la Virgen o a los Santos en señal y recuerdo de un beneficio recibido. A veces los vemos colgados en los muros o incluso en la techumbre de los templos. Esta honda tradición marinera hizo que desde el siglo XVII contase con este altar dedicado a la patrona de los navegantes, la Virgen del Buen Viaje, que actualmente se ubica al lado de la Epístola.

El primer exvoto pictórico marinero que se conoce en España se encuentra en el templo de Santo Domingo de Guzmán de la capital palmera, colgado en la capilla de Nuestra Señora del Rosario y es de fecha 21 de septiembre de 1621. A continuación, el segundo en antigüedad es el que se encuentra en la iglesia de Las Nieves de fecha 6 de mayo de 1639.

En este suntuoso templo, centro de la devoción insular por antonomasia, también se hallan colgados otros magníficos exvotos de 1704, 1722, 1723, 1757 y 1768, que constituyen la serie más completa del Archipiélago. Todos se refieren a hechos muy parecidos: tormentas terribles en alta mar con grandes olas, hundimientos de embarcaciones o combates entre navíos y la aparición de la Virgen en un claro luminoso entre las nubes de un cielo borrascoso. Son un vivo exponente del agradecimiento de los marineros por el favor recibido tras llegar a tierra sanos y salvos de sus espantosas experiencias.

Conocemos otro exvoto marinero en Santa Cruz de La Palma, concretamente en la ermita de San Telmo. Es un original y bello trono donde procesiona el santo dominico y es una representación magnífica de un galeón español del siglo XVII. Esta forma peculiar de andas nos viene desde la Edad Media, donde el barco era utilizado como nave procesional y carro naval y triunfal. Es probable que el navío de San Telmo tomase como modelo el de la imagen de Nuestra Señora del Buen Viaje, anterior a 1681 y desaparecido en el siglo XVIII, advocación mariana que, llevaba a sus pies ”una forma de nabío por peana de la ymagen”; el inventario de los bienes del Real Santuario de 1718 señala, asimismo, la existencia de un “nauío de madera pintado y dorado que sirue de andas a la misma ymagen”.

Este “nauío” interpreta un tema de profunda significación iconográfica, el de la “Nave de La Iglesia”, que, en el arte contrarreformista, “no sólo hace su singladura por el mar del mundo sino que es una nave victoriosa, que supera los asaltos de corsarios y enemigos que quieren abordarla”. Es la nave de la Iglesia Militante, triunfante de la Batalla de Lepanto.

Virgen del Buen ViajeTambién la Virgen porta en su mano izquierda un navío en miniatura con tres mástiles y las velas extendidas y en el que se distinguen los aparejos, los cañones, etc. La imagen, escultura de influjo flamenco envuelta en ropajes barrocos, también lleva como símbolo iconográfico una estrella de plata en la derecha con una piedra roja en el centro. Ambos atributos acreditan su condición de guía de los navegantes y éste último responde al elogio mariano “Stella Maris” (“Estrella del Mar”) de la Letanía Lauretana.

De acuerdo con las características propias de la estatuaria barroca flamenca de la segunda mitad del siglo XVII, aunque con algunas contenciones formales, estamos ante una pequeña efigie, pero de porte majestuoso, estilizado y con excelente trazado y verismo de sus gruesos ropajes cuyos paños sobresalen por una excelente calidad. Estos caen en someros pliegues de perfil redondeado y trazado rectilíneo, aunque quedan algo quebrados en los bordes de la falda. Su cabeza, ligeramente ladeada e inclinada hacia adelante, rompe con la verticalidad de su cuerpo. Su frágil y marfileña cara surge entre la oquedad que deja el gran manto que cubre su cabeza y las ondulaciones de la túnica, mostrando todo el cuello al descubierto. Sobre la cabeza tiene una corona imperial de plata. El movimiento viene dado por la proyección de ambos brazos hacia adelante mientras sujeta los atributos y la posición corporal colocada en contraposto.

La escultura presenta una serie de características que acusan la influencia flamenca: rígida frontalidad, nariz recta, labios delgados, boca pequeña, cuelo cilíndrico, ojos semiabiertos y pintados, barbilla prominente, rostro oval, mirada perdida, cejas finas y arqueadas… Así mismo, se aprecia una especie de concentración espiritual que emana de su actitud hierática y ausente. El gran sol de rayos que nimba toda imagen y la luna colocada a sus plantas, son atributos simbólicos que se inspiran en la “Mujer del Apocalipsis”: “vestida de sol y con la luna bajo sus pies “ (AP.12,1). En el centro de este sol, y sobre su delicada cabeza, aparece un “putti” o angelote.

También se da culto en el mismo altar una pequeña imagen de San Juan Bautista, de alabastro, donado por el capellán don Feliciano Romero al Santuario en el siglo XVIII.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

- “Real Santuario Insular de Nuestra Señora de Las Nieves”. Alberto José Fernández García.

- “El Arte Flamenco en La Palma. Escultura”. 1985. Constanza Negrín.

- “Magna Palmensis. Retrato de una Ciudad”. Luis Ortega Abraham, Jesús Pérez Morera, Jorge Lozano Van de Walle.

- “Silva”. Jesús Pérez Morera.

 

 


 

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