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RETABLO DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
PARROQUIA DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

José Guillermo Rodríguez Escudero

Este magnífico retablo dorado, según palabras de Castro Brunetto, no expresa el triunfo de María, ni pretende narrar un pasaje propio de los contenidos defendidos por la Iglesia durante esa época.
Continúa desarrollando su tesis, basada en que se trata de una pieza lígnea de bastante sencillez decorativa, que podría inscribirse dentro del rococó palmero. Es cierto, ya que es enorme la profusión de elementos decorativos de esa naturaleza insular.

Se trata de un caso único en Canarias. La originalidad del retablo viene determinada por su función docente, ya que resalta el papel desempeñado por el Beato franciscano Juan Duns Escoto (1265-1308), uno de los grandes maestros de la doctrina escolástica, en su defensa del dogma de la Inmaculada Concepción y de la suprema autoridad del Romano Pontífice.

Durante la Edad Media, sus escritos habían contribuido a difundir por toda Europa “la búsqueda de la Gloria de Dios” y el “camino de la perfección cristiana”. Una obra, denominada “escotista” que se difundió mucho en Canarias, como demuestran los inventarios de las bibliotecas conventuales durante los procesos desamortizadores.


En el ático del fabuloso retablo, sobre la enorme hornacina donde está ubicada la impresionante y majestuosa imagen de candelero en madera policromada de la Inmaculada (obra de Bernardo Manuel de Silva en el siglo XVIII), se alza un lienzo en el que se representa al Beato escocés, nacido en Duns, vistiendo la museta y el bonete propio de los doctores. Lleva una “M” de María en el pecho para indicar su indiscutible devoción por la Virgen.


Se le llamaba “doctor sutil”, “doctor de María” o “doctor de la Inmaculada”. Recordemos que el arte franciscano se caracteriza por su subjetismo y naturalismo. La representación trata a la Naturaleza como “creatura” de Dios. Montajes teatrales, pintura, escultura… ilustran para catequizar al pueblo.

La morbidez del color y la finura del fondo de suave paisaje…, concuerdan con las palabras de Fray Alonso Reynoso de Almazán - en el capítulo general de la Orden Franciscana, celebrado en Valladolid allá por 1670-, quien lo definía de la siguiente manera: Este, este es el Subtilisimo Escoto, el Fenix de los Ingenios, el Principe de los Theologos, el Soldado del Amor Divino, el Alferez de la Charidad, el Tropheo de la Diuina aficion, y el bizarro campeon de la Franciscana Tropa, por llevar por blason de su divisa la devocion de la Concepcion Purisima de la Reyna de los Angeles Maria Santissima.

Estas palabras están recogidas en la obra titulada Ecos Sacros en Alternados Conceptos, Divinos y Seraficos, del mencionado Fray Alonso.

La presencia del Beato en el ático tiene, en consecuencia, un valor docente, ya que se trata de plasmar en un bellísimo altar mariano, el papel jugado por el admirado y respetado franciscano en el dogma de la Inmaculada. Por todo ello, ambas imágenes, él en lienzo, Ella en talla, suscitan un interés compartido, una mutua complementariedad.

El dogma de la Inmaculada Concepción, defendido por los españoles como una cuestión nacional, había sido prácticamente establecido por el Papa Gregorio XV en 1621. Así mismo, su culto se convirtió en el estandarte enarbolado por el catolicismo hispano y la monarquía en su lucha para sujetar a los rebeldes y vencer a sus enemigos. Fue precisamente un papa español, Alejandro VII, quien, a instancias del Rey Felipe IV, dio el paso definitivo con el breve pontificio del 8 de diciembre de 1661. En este monasterio, como en el resto de las casas de la orden, se festejó la publicación del breve con particular alegría y esplendor.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, los provinciales de la Orden Seráfica no dudaron en fomentar el culto “inmaculadista”. En todos los documentos franciscanos veneraban a la Virgen bajo esta advocación, ya que era y es, Patrona General de la Orden. En el caso concreto de este templo, se denominó “Real Convento de la Inmaculada Concepción”, erigiéndose Patrona del cenobio. Con el advenimiento del monarca Carlos III, se fomentó aun más este culto.

El estudio realizado por el mencionado don Carlos Castro Brunetto concluye informando que el retablo pudiera haber sido construido entre los años sesenta o setenta- se entiende 1760 ó 1770-, no pudiendo encontrar algún documento hasta el momento presente. Este trabajo fue expuesto en marzo de 1993 con motivo del “Quinto Centenario de la Fundación de Santa Cruz de La Palma”.

El sábado 20 de marzo de 1993, nótese la coincidencia de fechas, en la basílica de San Pedro de Roma, el Papa Juan Pablo II, durante la celebración de las primeras vísperas del IV domingo de Cuaresma, declaró solemnemente el reconocimiento del culto del Beato Juan Duns Escoto, que ya había sido oficialmente reconocido el 6 de julio de 1991. Su onomástica quedó fijada el 8 de noviembre. El Día de la Inmaculada, precisamente, se celebra un mes después, el 8 de diciembre.

El retablo de estípites de la Inmaculada, colocado en la Capilla de la Vera Cruz – segunda colateral de la Epístola-, obra del maestro Antonio Luis de Paz (1732-1769) está cubierto de estofados de oro con todo primor. Fue costeado por el coronel don Felipe Manuel Massieu de Vandale con motivo de haber sido declarada la Inmaculada Concepción Patrona de Las Españas en 1760. Sobre la clave de su única hornacina sobresale el escudo con la invocación Matre Inmaculada, rematado por una corona imperial.

A través del fondo de esta hornacina, la imagen de la Virgen podía ser retirada hasta su camarín, construido a las espaldas de la capilla de la Vera Cruz, por don Felipe Massieu, con el fin de vestir y desnudar a Nuestra Señora con el mayor adoro y desencia, por no estarlo vistiéndola y desnudándola en el suelo de dicha capilla; se trata de una amplia construcción de dos plantas, finalizada en 1762, “con lonjas correspondientes para guardar las alajas que sirven de adorno de dicha ymagen, que las más fueron dadas por su padre el capitán don Juan Massieu.

En esta capilla -construida en 1563, fecha que se grabó en la clave-, estaba colocado el antiguo altar del Calvario, por lo que el donante tuvo que esperar la licencia para trasladarlo de lugar y situar allí el dorado de la Virgen, de modo que se pudiese abrir hueco para sacarla del nicho al camarín y deste al paseo por la puerta que tiene hecha el camarín.




BIBLIOGRAFÍA:

-CASTRO BRUNETTO, Carlos Javier: El mensaje de los retablos: Tres ejemplos en Santa Cruz de La Palma. I Encuentro Geografía, Historia y Arte.
-PÉREZ MORERA, Jesús: Magna Palmensis. Retrato de una Ciudad, Idem: Bernardo Manuel de Silva.
-FERRANDO ROIG, Juan: Iconografía de los Santos, Ediciones Omega, Barcelona, 1950.




 

 

 

 

 

 

 

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