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Las
armaduras mudéjares que cubren la mayoría de los
techos de este magnífico templo son de las más
bellas de España. Las tres de las naves son en artesa,
destacando la central por el almizate, totalmente lleno de lacería,
que forma grandes ruedas de doce alfardones, así como
cubos de mocárabes; a su vez, las laterales presentan
encintado en todos los faldones, pero más sencillo, pues
la base de él son crucetas de cuatro brazos.
En sus orígenes,
El Salvador tuvo todos sus espacios cubiertos con armaduras,
hasta que las polémicas y radicales reformas realizadas
a principios del siglo XIX sustituyeron las correspondientes
a las tres capillas de la cabecera por una bóveda de
medio cañón en la central y dos baídas
en las laterales.
La abundancia de
la buena madera en La Palma, como la tea, producto del pino
canario, propicia el desarrollo de la carpintería en
todo tipo de construcciones y elementos. La maravillosa Iglesia
Mayor de La Palma responde al tipo arquitectónico que
se difundió en el Archipiélago Canario a partir
de los modelos andaluces que conocemos como arquitectura mudéjar.
El análisis
de este templo nos indica que estamos ante una fábrica
renacentista, en la que la carpintería morisca le da
ese toque mudéjar del que no se sustrae ninguna edificación
en Canarias. La Doctora Carmen Fraga culmina su magistral
trabajo sobre la arquitectura del templo, informando: en
cuanto a la sacristía, no es sino el recuerdo de la
parroquial anterior, altamente demostrativa del tránsito
que, en corto espacio de tiempo, existió en el Archipiélago
de un Gótico-mudéjar a un Mudéjar-renacentista.
El Alcalde Constitucional
de la capital palmera, don Juan Bautista Lorenzo Rodríguez,
daba a conocer en qué situación se encontraba
la techumbre antes de las reformas y mejoras iniciadas en
1818: el estado de conservación del templo sería
bueno, si sus techos, sobre ser bajos y oscuros, no tuviesen
ciertos decorados en la armadura que, oxidados los hierros
que los sostienen, ha caído algunas veces al suelo,
a lo que se añade el gran peligro que corre dicho templo,
si por desgracia se incendia una casa situada al frente de
su cabeza, sin más distancia que la de tres varas.
Afortunadamente,
no llegó a emprenderse la reforma de las cubiertas
proyectada por el Beneficiado de la Parroquia Matriz, Don
Manuel Díaz, obsesionado por representar el espacio
infinito y diáfano, en contraposición a la pesadez
y obscuridad de aquéllas.
En el legajo Fábrica
Parroquial número 4, consta su proyecto de 1851,
que pretendía reemplazar por techos de cielo raso las
hermosas armaduras mudéjares que hoy, afortunadamente,
admiramos. Un adalid del neoclasicismo como el Cura Díaz,
identificaba la carpintería mudéjar, inalterable
durante siglos, con las formas típicas del Antiguo
Régimen que tanto detestaba.
Logró hacer
desaparecer la soberbia armadura de la capilla mayor, construida
entre 1616 y 1619 por el maestro Amaro Jordán, que
posteriormente trabajó en La Concepción de La
Laguna ente 1621 y 1624.
Las naves se cubren
con armadura mudéjar, siendo la más antigua
la correspondiente a la nave central, probablemente de mediados
del siglo XVI. Se desconoce el nombre de su primer autor.
Quizá fue el carpintero luso don Gaspar Núñez,
avecindado en La Palma desde 1554. Está comprobada
su intervención en la nave del Evangelio, techada por
él entre 1602 y 1610. También en las capillas
de los Capitanes Juan de Valle y Francisco Díaz Pimienta,
quienes dejaron a deber al maestro portugués enormes
cantidades que éste reclamó en su testamento
de 1612, por ser mi sudor y mi trabajo y en hazer las dichas
obras gasté lo que thenía y quedé pobre.
Doña Carmen
Fraga cita varios carpinteros de lo blanco trabajando
en La Palma entre 1534 y 1553 sin referirse a obras concretas.
No hay documentación de su fábrica, pero sí
de las restauraciones que fue sufriendo a lo largo de los
siglos XVII y XVIII, tal y como consta en el Libro de Visita
de 1636 y en los Descargos de 1712.
No se conoce a
los autores de las techumbres palmeras, pero no se descarta
la intervención de carpinteros andaluces, ya que entre
1580 y 1582 hay constancia de la estancia en la isla de Lucas
de Cáceres, carpintero hespañol y en
1596, Juan de Molina, natural de Sevilla, en Triana,
fechas que podrían estar relacionadas con la construcción
de las naves laterales, puesto que en la nave central se conservó
la que tenía la iglesia al menos desde que se realizaron
las tres naves.
El
pintor y escultor Don Juan de Sosa es uno de los primeros
artistas que aparecen mencionados en la antigua documentación
de La Palma en relación con las actividades artísticas.
Artífice de la pintura de la nave del Evangelio y de
las capillas de San Juan y de Santa Ana de esta hermosa iglesia,
se obligó igualmente a pintar los paños de
tablazón y de madera y entablamentos y esquinas y almizate
y toda la demas madera de la capilla de la dicha doña
Agueda de Monteverde que tienen en la iglesia mayor de esta
ciudad toda ella de las tintes y labores y matices que hice
y pinte las demas naves de la dicha iglesia.
En la nave central
la armadura es de "par y nudillo", articulación
con tirantes dobles sobre parejas de canes cuyos contornos
están compuestos por rectas y curvas, es decir, mixtilíneo.
Ése es el elemento verdaderamente mudéjar que
caracteriza a este tipo de iglesias y que se desarrolla a
partir del siglo XIII en el reino nazarí y perdura
en la Península al extinguirse el dominio musulmán.
Torrés Balbás cree que el triunfo de la carpintería
mudéjar se debe a la falta de un rival occidental,
románico o gótico.
Doña Gloria
Rodríguez nos detalla, en su magistral obra sobre este
templo, con precisión y profusión de tecnicismos
la magnífica obra maestra, otro de los tantos orgullos
de La Palma.
El encintado se
sucede sin descanso. Los faldones están decorados con
lacería de cuatro cintas superpuestas en bandas horizontales
de crucetas y polígonos estrellados que se sitúan
en su zona media y sobre el almarbate. El almizate —es
decir, el punto central del harneruelo en los techos de maderas
labradas—, se cubre con estrellas de doce cintas alternando
con sinos de núcleo octogonal con adorno de piñas
en el centro y cuatro ángulos.
Los tableros del
fondo y las caras laterales de los tirantes constan de ornamentación
pictórica, de efecto deslumbrador, hasta no quedar
un solo espacio vacío.
Todo
el esquema geométrico se subraya con la decoración
pictórica en blanco y rojo, mientras que las tablas
del fondo se enriquecen con ornamentación de temas
vegetales sobre fondo de tono vivo, predominando el rojo y
el azul en los fondos, y rojo, azul, amarillo y blanco en
la decoración.
El decorado de
estas armaduras se viene atribuyendo al prestigioso artista
Ubaldo Bordanova Moreno. Doña Carmen Fraga y Doña
Gloria Rodríguez, en sus respectivos trabajos, coinciden
en afirmar que no hemos encontrado constancia de ello.
El contrato que la Fábrica firmó con el pintor
madrileño en 1895, especifica la decoración
de las bóvedas de las tres capillas de la cabecera
y testeros de todas las demás, también las columnas
y arcos, pero no las armaduras.
En cualquier caso,
al menos la nave central estaba ya pintada en sus orígenes.
En la primera restauración se paga a Antonio de Orbarán
por labrarla y pintarla. Así, en 1632, este maestro
desplegó una importante actividad como tracista, labrante
y decorador de techumbres de lazo. Fue contratado por el mayordomo
de fábrica para hacer de nuevo dos paños con
las guarnesiones, lassos y pinturas y de la manera y forma
que están hechos los demás paños de la
dicha iglesia. Cobró por cada uno de ellos unos
cien reales.
En la actualidad,
los antiguos y bellísimos motivos florales y angelicales
que decoraban las cubiertas se mezclan con los magníficos
arabescos pintados por el prestigioso artista madrileño
Bordanova.
El 13 de agosto
de 1655, nuevamente Orbarán fue contratado por el mayordomo
y los beneficiados de la Iglesia Matriz para la reconstrucción
de la cubierta, aprovechando los paños que quedaban
de la antigua. Las tintas y colores para la policromía
tenía que ponerlas él mismo, mientras que el
mayordomo de fábrica le suministraría todos
los materiales necesarios como madera, andamios y clavazón.
En
1710 fue reparada de nuevo debido a la amenaza de ruina. Fueron
los encargados los maestros Claudio de Acosta, Carlos de Abreu
y Bernabé Fernández, quienes destecharon casi
media nave y reconstruyeron todas aquellas partes dañadas.
Se le encomendó la labor de retocar y ornamentar la
madera que se entró de nuevo para ygualarla con
la otra pintura que tenía la nave al pintor José
de Sosa, vecino de La Laguna.
En las naves laterales,
las armaduras tienen un esquema más sencillo que el
de la principal. Se repite la decoración pictórica
de la gran nave, siempre con motivos ajenos a lo gótico.
La nave de la Epístola puede datarse hacia 1585, mientras
que la del Evangelio es de principios del siglo XVII y fue
autor de su armadura don Gaspar Núñez (Visita
de 1610).
BIBLIOGRAFÍA:
- "Arquitectura
mudéjar en Canarias". María
del Carmen Fraga.
- "La
Iglesia de El Salvador de Santa Cruz de La Palma".
Gloria Rodríguez.
- "Magna
Palmensis. Retrato de una Ciudad". Jesús
Pérez Morera, Luis Ortega Abraham, Jorge
Lozano Van de Walle
- "Fastos
biográficos de La Palma". Jaime
Pérez García. |
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