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Virgen de los Ángeles.
Real Santuario Insular de Ntra. Sra. de las Nieves

José Guillermo Rodríguez Escudero

 

Altar de la Virgen de la RosaDurante la segunda mitad el siglo XV y a lo largo del XVI, el arte flamenco experimentó un enorme florecimiento que determinó su influencia en todos los países europeos de la época. La incorporación de las Canarias a la Corona de Castilla coincide con esta etapa de esplendor y de auge que, unida a la destacada presencia de población del Norte en las islas, explica la recurrente importación de piezas desde Amberes, Bruselas y Malinas por parte de los primeros templos y ermitas y de sus moradores cristianos. La isla de San Miguel de La Palma es, sin duda alguna, la isla que más estrechos vínculos con los Países Bajos mantuvo; el cultivo de la caña de azúcar, cuyos ingenios poseían linajes como los Monteverde o los Van Dalle, abrió una corriente comercial por medio de la cual llegó tan importante nómina de esculturas, además de otras importantes y bellas obras suntuarias, devocionales o de uso litúrgico.

Los afamados talleres de escultura que florecieron en los confines del antiguo ducado de Brabante, cuya producción alcanzó fama y prestigio internacional, están representados por las imágenes gótico-renacentistas de, entre otras muy importantes en la Ciudad de Santa Cruz de La Palma, Ntra. Sra. de Los Ángeles, de origen bruselense del primer cuarto del siglo XVI, así como también las tallas igualmente brabanzonas de San Miguel Arcángel y las que componen el extraordinario Calvario del Amparo, todas ellas en el Real Santuario Insular de la Patrona de La Palma.

La hermosa imagen mariana se nombra por primera vez en el inventario del 2 de octubre de 1532, si bien hay otras fuentes que hablan del año 1531 como el primero en el que aparece la talla en la primitiva ermita de la Patrona Palmera. En 1576 se la denomina Ntra. Sra. de la Asunción y como tal, recibía culto en el altar mayor rodeada de ángeles, debajo de la imagen titular, Ntra. Sra. de Las Nieves, hasta 1625. Con posterioridad fue colocada en diversos lugares del templo y se la denominaba, ya en 1637 en adelante, Ntra. Sra. de Los Ángeles. El altar donde recibe culto la imagen, de estilo barroco, fue obra de don Francisco Arnau Martínez, profesor de la Escuela de Artes y Oficios de la capital palmera, a donde vino en 1936. Se compone de una única hornacina central y amplia, con un pedestal interior que regula la altura de la efigie sobre el nicho y protegido con un cristal siempre limpio y transparente a modo de gran urna que impide que le llegue a la imagen un exceso de humedad o de polvo.

En el actual altar de la Virgen de Los Ángeles, el segundo colateral de la Epístola, se halla una partícula del Santo Madero –“Lignum Crucis”-, donada en 1915 por doña Emilia Morales Gónzalez de Pinto de La Rosa, Presidenta de la Junta encargada para llevar a cabo la Coronación Canónica de la Virgen de Las Nieves, así como también de su “auténtica” expedida en Roma el 5 de febrero de 1847. Esta reliquia había pertenecido al Presbítero Monseñor Don Juan José González Pérez, párroco de Cabairien, en Cuba. Le fue entregado como regalo por el Arzobispo de Guatemala para agradecerle las atenciones que tuvo aquél durante su exilio por razones políticas. Por eso pidió a S.S. León XIII le concediese la sagrada partícula. Está circundada por 365 reliquias de santos que se veneran cada día, y debajo aparece una talla de Santa Filomena en miniatura que porta en la mano un trocito de sus dientes, siendo ejecutada en Roma por Cardenales revestidos y utilizando unas pinzas de plata.

Existían unas razones estéticas y sociológicas que impulsaban a la renovación de la imaginería religiosa a fin de hacerla más “refulgente” y atrayente a los ojos del pueblo, para así captar su atención y devoción. Así lo explicaba el doctor Miguel Ángel Martín.

La estatuaria del siglo XVI respondía, generalmente, a unas policromías más apagadas, de colores “más sordos”. Un ejemplo de esto lo tenemos en la imagen de esta talla, también llamada “Virgen de La Rosa” por haber portado una de ellas entre sus manos hace ya mucho tiempo. Tras la restauración de esta magnífica efigie, efectuada por Pilar Leal y Julio Moisés García en 1969, se recuperó la primitiva policromía. Las láminas de oro eran muy usuales y se aplicaban generalmente sobre el mismo aparejo (sin bol), fijándose con cola y agua, y a veces con alcohol rebajado con agua, lo que se refleja en unos oros mucho más cristalinos, sin las transparencias rojizas del bol.

Busto de la Virgen de la RosaCon posterioridad a la visita de Don José de Tovar y Sotelo, realizada el 6 de agosto de 1718, se hizo un retablo y se colocó un Santísimo Cristo, que ya con el nombre de “La Expiración” o del “Amparo”, presidía su nicho con la Virgen de Los Ángeles el 10 de septiembre de 1757. En ese mismo altar el Visitador don Estanislao de Lugo establecía 5 días después la cofradía de “Las Benditas Ánimas del Pulgatorio”.

Los talleres antuerpienses poseen magníficos exponentes de la denominada “cultura del azúcar” en tallas como la que nos ocupa. La leve curvatura, el curvo desplome, la gótica inflexión y un ligero contraposto, al igual que el plegado característico del manto de esta hermosa imagen , son características que nos recuerdan a la talla de la Inmaculada Concepción, titular del Ex Real Convento homónimo de Santa Cruz de La Palma, hoy San Francisco de Asís.

Los débitos flamencos se manifiestan en el tipo de rostro de la Virgen, que presenta como característica especial, una dulce expresión ensimismada, abstraída con un cierto halo de melancolía y una insinuada y grácil sonrisa, casi imperceptible. Su frente es amplia y su cabello partido en raya a la mitad que cae en suaves ondulaciones sobre ambos hombros. Su cabellera nos recuerda también a la de la hermosa y venerada imagen flamenca de la Virgen de La Encarnación de esta ciudad. Sostiene al Niño Jesús desnudo, de postura forzada, rígida y erguida, como si flotara en un mínimo contacto con el brazo derecho de su Madre, sobre un lienzo, mientras que con la izquierda, la Virgen agarra “con fuerza” una pera, símbolo de su Encarnación. En su cabeza se posa una corona real y en el Niño unas potencias, ambas de plata sobredorada, fruto de donaciones de devotos.

En cuanto a su vestimenta, su atuendo consiste en un amplio manto y un holgado hábito de escote cuadrado, que al recogerse por un lado descubre el borde de la falda interior bien trabajada y dibuja abundantes pliegues de suave caída en ritmos curvilíneos, interrumpidos perpendicularmente para formar ángulos bien definidos.

Esta obra, por su carácter íntimo y recogido, por la delicadeza e idealización de los rostros y semblantes, por la postura del Niño e incluso por el tipo de indumentaria plasmado, entronca con la tradición pictórica flamenca. Queda así confirmada su importación de Flandes hacia el primer cuarto del siglo XVI.

 

BIBLIOGRAFÍA:

- Real Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves. Alberto José Fdez. García.
- Arte en Canarias. S.XV-XIX. Una mirada retrospectiva. Gobierno de Canarias.
- Bernardo Manuel de Silva. Jesús Pérez Morera.
- Gran Enciclopedia del Arte en Canarias. Gobierno de Canarias.
- Arte Flamenco en La Palma. Imaginería. Constanza Negrín.
-Noticias Históricas en la Semana Santa de Santa Cruz de La Palma. Diario de Avisos. Alberto José Fernández García.
- Historia de la Religión en Canarias. Darias y Padrón.
- Las Islas Canarias y el Arte Flamenco. J. Hernández Perera.
- Guía de la Diócesis de Tenerife. J. Trujillo Cabrera.
- La Exposición de Arte Sacro en 1967. Arciprestazgo de Santa Cruz de La Palma. F. Lugo y Rodríguez.

 

 

 


 

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