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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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Europa: Antiguo Régimen, Revolución y Restauración

por Raquel del Coso


E. Delacroix - La Libertad guiando al pueblo (1830)
E. Delacroix - La Libertad guiando al pueblo (1830)

El año 1789 desempeña un papel importante dentro de la historia destacable del mundo contemporáneo. En este año se despunta un movimiento interno revolucionario, que estaba destinado a trastocar un antiguo modelo y a adaptarse a una nueva realidad social, económica y política. La Revolución Francesa fue el intento de implantar un régimen parlamentario frente a la Monarquía absoluta de Luis XVI [1]. Fue el empeño de derrocar un modelo antiguo de sociedad y hacer ondear en lo más alto la bandera con los colores de la libertad y la igualdad: "Liberté, Égalité, Fraternité" ("Libertad, Igualdad, Fraternidad").

La Monarquía absoluta moderna era anacrónica, fuera de su tiempo, e incapaz de adaptarse a las nuevas circunstancias y a las trasformaciones producidas en la sociedad y a la aparición de un nuevo baluarte dentro de ella: la burguesía.

En la Europa del s. XVIII, muchos de los intelectuales optaron por el cambio pero tomando la vía de la reforma. En el s. XVIII estaba vigente la filosofía de la Ilustración, aliada en algunos casos con el absolutismo. Ciertos monarcas absolutos inspirados por los filósofos se modelaron a sí mismos en el ideal del rey filósofo. Un ejemplo de ello fue el monarcaJosé II de Austria [2].

La filosofía intentaba afianzar una serie de principios que contribuyeran a enflaquecer a un "orondo Antiguo Régimen" y aportar argumentos de arranque a los descontentos para implantar un nuevo sistema basado en el liberalismo democrático. Los filósofos de la Ilustración defendieron que el autogobierno era un derecho natural de todos los seres humanos y que los gobiernos derivaban sus justos poderes del consentimiento de los gobernados.

La Revolución Francesa fue una revolución social de masas cuya apología fermentaba en el monopolio político por parte de un estamento que se negaba a cualquier tipo de cambio que trastocase sus privilegios.

Un primer acto revolucionario reseñable dentro de este período sería la decisión por parte del tercer estado de proclamarse en Asamblea Nacional, es decir, como representante único del pueblo. La transformación de los Estados Generales en Asamblea Nacional representó una verdadera revolución jurídica y la consagración del principio de la monarquía constitucional frente a la de derecho divino, que se rubricó más tarde en la Constitución de 1791.

El Antiguo Régimen cayó bajo la doble presión de la burguesía y de las clases populares. Entre 1789 y 1791 la Asamblea Constituyente llevó a cabo una gran reconstrucción de las instituciones políticas francesas: fueron anulados los privilegios, derechos feudales y señoriales y las correspondientes obligaciones y pagos.

La cabeza de Luis XVI se muetra en público tras su ejecución (grabado contemporáneo)
La cabeza de Luis XVI se muestra en público
tras su ejecución (grabado contemporáneo)

La Constitución de 1791 supuso el establecimiento de los principios fundamentales de un nuevo régimen partiendo de lo afirmado en la Declaración de Derechos; en el aspecto político se proclamó la soberanía nacional ("la fuente de toda soberanía reside en la nación") y la división de poderes y la monarquía constitucional como forma de Estado. La soberanía popular significaba una inversión total de la anterior teoría de la soberanía real. El poder ejecutivo lo detentaba el rey, Luis XVI era "rey de los franceses por la gracia de Dios y la voluntad de la nación" pero con unos poderes muy limitados. El legislativo se delegó en la Asamblea Nacional.

Se aprobó la Constitución Civil del Clero que convirtió a los clérigos en funcionarios del Estado y se nacionalizaron los bienes de la Iglesia.

No era, pues, un régimen democrático, ya que diferenciaba entre ciudadanos activos y pasivos en función de sus riquezas. Sólo fue un boceto con un diseño poco trabajado.

La muerte de Luis XVI simbolizó la total ruptura de la Revolución con el Antiguo Régimen. Su ejecución tuvo lugar en la Plaza de la Revolución, hoy de la Concordia.

 

El condottiere
J.-L. David - Napoleón cruzando los Alpes
J.-L. David - Napoleón cruzando los Alpes

El proceso revolucionario cambió de signo con la aparición en la escena militar francesa de Napoleón Bonaparte. Napoleón fue refrenado por un plebiscito y consagrado por la presencia del Papa.

Napoleón consolidó las conquistas revolucionarias: destrucción de las estructuras feudales, estabilización del liberalismo económico, e instalación de la burguesía como clase social dominante. Ahora bien, quedaron suprimidos los ideales de democracia política y de igualdad social.

Napoleón llegó enorgullecerse más del código napoleónico en el que expresó en leyes los principios de la revolución que de sus cuarenta batallas.

Las naciones que se coligaban temerosas de que la situación revolucionaria francesa se extendiese como la pólvora vencieron a Napoleón en la "batalla de las naciones", Leipzig. Este ejército coligado se encaminó contra Paris en la llamada campaña de Francia.

Luis XVIII vivió exiliado en varios países europeos hasta que se convirtió en rey después de la primera abdicación de Napoleón, que tuvo lugar en 1814. Este monarca quiso restablecer un gobierno para un país que había pasado por una Revolución y por el mando de Napoleón introduciendo características liberales en su régimen real. La Carta que promulgó en 1814 prometía en principio un gobierno representativo (con dos cámaras, una hereditaria y otra electa), libertad de prensa y mantenimiento de las reformas agrarias de la Revolución.

 

La Europa de la Restauración

Las naciones vencedoras deseaban implantar un sistema de seguridad colectiva sometiendo la vida internacional a un derecho que no fuera el de la fuerza. La obra de estas naciones inspiradas en el Antiguo Régimen iba encaminada a restaurarlo y a destruir no sólo la configuración actual del mapa, sino también las ideas difundidas por la Revolución Francesa. El nuevo orden europeo lo definirían cinco potencias: Inglaterra, Rusia, Austria, Prusia y Francia.

La Restauración fue como la reorganización de la política de los países europeos conforme a los principios del tradicionalismo o simplemente como el restablecimiento institucional del Antiguo Régimen. Se realizó en el Congreso de Viena en 1815, y en contra de ella se desataron las oleadas revolucionarias de 1820, 1830 y 1848. La Restauración se concreta en dos hechos importantes: la configuración de un nuevo mapa europeo y un sistema de equilibrio internacional (la Santa y la Cuádruple Alianzas).

El término restauración en Francia fue usado para indicar el restablecimiento de la rama de la familia de los Borbones, en la figura del monarca Luis XVIII.

Los dos pilares básicos del Antiguo Régimen eran la monarquía absoluta (trono) y la iglesia (altar), y la Restauración les devolvió sus antiguas atribuciones. El tradicionalismo suponía una utopía, una vuelta al pasado, pero aceptando unos valores nuevos.

Los autores de la Restauración se basaron en las ideas de una serie de teóricos que, a partir de las "Reflexiones sobre la República en Francia", del ingles E. Burke, defienden el principio del origen divino del poder monárquico, a través del Papa, representante de Dios en la tierra (es decir, alianza entre trono y altar). La monarquía tenía un carácter absoluto: el rey era el propietario legítimo de la nación y no tenía que rendir cuentas a nadie nada más que a Dios. Por lo tanto la soberanía popular y las constituciones eran un atentado contra esa propiedad: el hombre no tenía facultad para limitar ese poder proveniente de Dios.

Otros teóricos fueron Luis de Bonald, filósofo y político francés defensor de los principios monárquicos y religiosos (Teoría del poder político y religioso, 1796), Ludwig von Haller, Montalembert y Joseph de Maistre, en cuya principal obra política, Consideraciones sobre Francia (1797), presenta la Revolución Francesa —sujeto central de sus reflexiones— como un acontecimiento satánico y "radicalmente malo", tanto por sus causas como por sus efectos. Enemigo declarado, al igual que el filósofo británico E. Burke, de las ideas propugnadas por la Ilustración, condenó igualmente la democracia, por ser causa de desorden social, y se mostró firme partidario de la monarquía hereditaria.

Los principios de la Restauración surgen de las ideas tradicionalistas ya comentadas y que serán aplicados después a la práctica en el Congreso de Viena:

  • Principio de legitimidad. Es la devolución del trono a su legítimo poseedor, el rey, que lo recibe de Dios y al que nadie, ni ninguna institución (es decir, constituciones) le pueden arrebatar o limitar su poder (carácter absoluto de la monarquía).
    Las monarquías, por tanto, no estuvieron limitadas por ninguna constitución revolucionaria o documento que recordara a Napoleón o alguna revolución, excepto en el caso de Francia, país en el que para poder negociar y mantener la paz y el equilibrio se realizó una carta otorgada.
  • Principio de equilibrio. Recaba un nuevo orden internacional dirigido por las grandes potencias, ya que existe una relación entre el poder de un país y la responsabilidad internacional que le corresponde desempeñar.
    Se aplicó el principio regulador, con la necesidad de restaurar el mapa, para plantear un equilibrio de fuerzas, y que ningún país fuese hegemónico.
  • Principio de intervención o solidaridad. Consiste en el derecho a intervenir en los asuntos internos de un Estado cuando lo que sucede en él repercute a los demás o solo para restaurar por solidaridad, los derechos de un rey legítimo.
    Se aplicó el principio de intervensionismo político, se aceptó que las potencias europeas interviniesen en los intereses de otras bajo la justificación que se deseaba no poner en peligro el equilibrio internacional. Esto es algo propio de la sociedad contemporánea, precedente de la O.T.A.N. y el Pacto de Varsovia.

 

La Restauración de Europa: el Congreso de Viena, la Santa Alianza y la Cuádruple Alianza
Mapa del Congreso de Viena

Tras la derrota de Napoleón y con la firma del Tratado de Paris (1814) entre Francia y los estados coligados se estipuló la vuelta de Francia a las fronteras de 1791 y la reunión de un Congreso Internacional para regular la reorganización del mapa europeo y la paz continental. Lo primero se realizó en Viena y lo segundo en las Alianzas.

El Congreso se celebró entre 1814-1815, pocos días antes de Waterloo. Participaban, en especial, las cuatro grandes potencias: Rusia (representada por Neselrode y el propio Zar Alejandro I), Austria (por Metternich y el emperador Francisco I), Prusia por (Hardenberg y el rey Federico Guillermo III) e Inglaterra (por Castlereagh). Más tarde, Francia gracias a Talleyrand consiguió ser admitida en el grupo de los "grandes" en el Congreso.

Las mismas ambiciones de las potencias dividieron el sentido político en dos bloques: Inglaterra y Austria, y Rusia y Prusia. Estas rivalidades enfrentaban a Rusia con Austria, porque las dos pretendían expansionarse por los Balcanes ante la descomposición del Imperio Turco, y con Inglaterra, porque Rusia deseaba el predominio en el continente e Inglaterra quería un equilibrio para conservar su hegemonía en el mar. Austria rivalizaba con Prusia puesto que el engrandecimiento de la segunda podría unificar Alemania, acabando con la hegemonía austriaca.

La combinación de principios y ambiciones de las potencias dio como resultado la configuración de un nuevo mapa europeo que favorecía a las grandes e ignoraba las realidades y deseos nacionales de otras. Los cambios geopolíticos que se produjeron fueron los siguientes:

Francia volvió a sus fronteras de 1791 y, después del Imperio de los Cien Días, el Congreso decidió rodearla de unos estados tapón para evitar su engrandecimiento: al norte los Países Bajos (Holanda, Bélgica y Luxemburgo); al este la Confederación Helvética que pasó de 12 a 26 cantones; al sureste el reino de Piamonte-Cerdeña, agrandado con Saboya, Niza y Génova.

Rusia recibió Finlandia, Besarabia y las dos terceras partes de Polonia, aunque Cracovia quedó como república independiente. Rusia se convirtió en la mayor potencia continental.

Austria renunció a Bélgica y recibió en compensación el reino Lombardo-Veneto del norte de Italia, una parte de Polonia, las provincias Ilíricas y el Tirol.

Prusia tomó una parte de Polonia (Danzing y el ducado de Pozen), la Pomerania sueca, parte de Sajonia y la rica zona de Renania al oeste de Alemania. Pero quedó separada en dos partes por Hannover y Francfort.

Inglaterra obtuvo una serie de puntos estratégicos que la convirtieron en la dueña del mar: Malta y las islas Jónicas (el control del Mediterráneo); la isla de Helgoland y Hannover (el control del mar del Norte y del Báltico); el Cabo, Ceilán, y algunas islas en las Antillas.

Alemania no restableció el imperio sino que creó la Confederación Germánica formada por 39 estados independientes que sólo tenían en común una dieta bajo la presidencia de Austria [3].

Otros cambios: Dinamarca perdió a Noruega y se agregó a Suecia; a cambio Dinamarca recibe Holstein, Schleswig y Lauenburgo. Italia quedó dividida en siete estados.

J.-B. Isabey - El Congreso de Viena
J.-B. Isabey - El Congreso de Viena

Después de la obra de reestructuración de Europa llevada a cabo en el Congreso de Viena era necesario un sistema político de seguridad para mantenerla sobre todo después de la vuelta de Napoleón frente a las apetencias de cualquier potencia y frente a las ideas revolucionarias.

La Santa Alianza fue un pacto propuesto por el zar y firmado por Rusia, Austria y Prusia en principio, y secundado más tarde por la mayoría de los estados presentes en Viena, a excepción de Inglaterra y Turquía. Era una alianza basada en el compromiso de gobernar siguiendo los "principios de las Sagradas Escrituras" de una manera paternalista y de prestarse ayuda. No fue más que una declaración de buenas intenciones, aunque se olvidó por un instante que la religión nunca fue base de unión internacional.

La Cuádruple Alianza. Inglaterra fue más práctica que el místico zar ruso y temerosa de un posible engrandecimiento de Francia y del aumento de la importante Rusia, propuso una alianza de los cuatro grandes. Esta idea la impulsó inmediatamente Metternich porque vio la posibilidad de crear un consejo permanente de vigilancia del orden establecido y de intervención en el país donde el legitimismo pudiese peligrar. En noviembre de 1815 Inglaterra, Rusia, Austria y Prusia firmaron la Cuádruple Alianza (que se convierte en Quíntuple al incorporarse Francia en 1818), que tenía como puntos principales garantizar los tratados impuestos a Francia y celebrar reuniones periódicas para solucionar los problemas europeos. Nació así la Europa de los congresos o sistema Metternich, que es el que va a regir las relaciones internacionales entre 1815 y 1830.

El Congreso de Viena, al reinstaurar el Antiguo Régimen, creía haber enterrado las ideas liberales y nacionales. Pero las ideologías no se extinguen por decreto; a lo sumo fueron obligadas a esconderse pero continuaron vivas en una red de sociedades clandestinas que recorrieron el continente minando la Europa de la Restauración.

NOTAS:

[1] La monarquía absoluta supone un sistema de concentración de poder en la corona, esta reunía todos los poderes del estado. La corona era la cúspide de todo poder, ya que Dios era quien concedía ese poder porque él era la fuente de todo poder. El mejor ejemplo se encuentra, quizá, en el reinado de Luis XIV de Francia (1643-1715), y su declaración "L'Etat, c'est moi" ("El Estado soy yo"). (Volver)

[2] José II (1741-1790), emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (1765-1790), que trató infructuosamente de reformar y unificar los dominios austriacos de los Habsburgo. (Volver)

[3] Congreso permanente de delegados de los estados. (Volver)

 

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