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Séneca
es uno de los autores latinos que le correspondió acuñar el lenguaje latino,
lo cual, lo dotó lo suficiente como para hablar de la interioridad humana. Habló
del problema de la libertad interior y de la felicidad unida al problema de la
autarquía, el único lugar real donde cabe buscar la felicidad auténtica es en
la libertad interior, en mi propia interioridad. Mi felicidad depende de lo que
haga yo y no mi relación con el mundo.
Esta
libertad es ajena a los bienes externos, la felicidad no quiere decir que
estemos felices porque nos pasa cosas buenas, aunque tengamos problemas, también
podemos ser felices con los problemas.
Las
pasiones hay que suprimirlas radicalmente, la libertad humana es un auto
asumirse, abstraerse, estar encerrado en sí mismo, contrapuesto a una alienum:
ser de otro. Mi felicidad no depende de mi sino de factores exteriores a mí.
Hay que crear una actitud interior:
Se
habere us alienum esse:
alienarse a otro, ser de otro. Hay que evitar esto.
No
consiste en producir modificaciones en el mundo lo que hay que cambiar es
nuestra actuación, nosotros mismos frente al mundo, que no depende de
contingencias externas. Hay que modificarse, el trabajo constante con uno mismo
tiene un fin fundamental que es esa libertad interior y alcanzar ese estado de
felicidad.
Séneca
va a tener influjos del pasado que van a ser muy importantes. También hay una
influencia de la filosofía cínica. “... para llegar a las riquezas, el
camino más corto es rechazarlas...”. Séneca, es quizás, el autor pagano que
más se acerca al mensaje evangélico de aquel momento.
La
curación del alma y la moderación:
Séneca
propone la extirpación de las pasiones que son vistas como tentaciones y la
versión del pecado que es un concepto muy novedoso. Séneca va a
concebir la filosofía como una nueva teoría, no como algo que se puede
aprender y olvidar sino como algo fundamental, el remedio, la medicina para
salvar o sanar al alma humana, el individuo que ha crecido tiene que hacer algo
con su vida para alcanzar la verdadera ciencia, uno mismo debe saber cuidarse.
La
función de la filosofía es una función terapéutica, no consiste en
argumentaciones, palabras y discursos sino en obras para dirigirse a uno mismo,
obrar en uno mismo, la teoría de la interioridad del alma.
Epístola
53 – 9:
La
filosofía es obrar en uno mismo. Aplicar la terapia al estado enfermizo que se
llega a adquirir.
Epístola
16 – 3:
La
filosofía no es una actividad que se ofrezca a la ostentación, no es un
ejercicio para compartir, es para conseguir la tranquilidad.
Tampoco
consiste en pasar un rato, los textos de Séneca (sus cartas), son una invitación
teórica a que cada uno nos pongamos en camino de hacer eso.
Un
tema muy importante para Séneca es la libertad interior y la felicidad que
consiste en la virtud, si uno consigue ser virtuoso, se consigue ser feliz. La
persona virtuosa es aquella que ha conseguido tener bajo su control aquello que
radica de la felicidad.
Todos
los bienes externos, para un estoico, son indiferentes. Ninguna merece la pena
obtenerlas por sí mismas, no son componentes de la felicidad humana. Lo único
que tiene valor intrínseco es aquello que tiene una virtud de tipo de aptitud
ante los bienes o males que nos suceden.
SÉNECA:
Epístolas a Lucilio
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Obrar
uno consigo mismo conduce a la Felicidad.
-
Invitación
a la práctica de la Filosofía; no es un tratado de
Filosofía.
-
Reflexiona
sobre la escuela epicúrea y la aristotélica.
-
Inventa
un lenguaje nuevo.
Postura
estoica:
Epístola
V (1): Felicidad es hacerse mejor en
el interior y en silencio (retiro momentáneo para encontrarse a sí mismo en
soledad), es decir, sin llamar la atención, sin hacer ostentación del cambio o
transformación hacia ese modelo estoico. Que nada en ti denote que eres
distinto en la intimidad.
§
Frente a EPICURO y su filosofía
de la comunidad, está la individualidad estoica.
§
Frente a las comunidades epicúreas
cerradas a la sociedad establecida, un hombre estoico en sociedad.
§
Ciudadano del mundo (ideal) vivir
la vida: Qué, cómo, cuándo y dónde te ha tocado vivir.
§
Supresión de todos los deseos:
dominio de sí mismo.
§
Esclavo de sus pasiones: todos
debemos ser iguales interiormente (ética, moral), dominando las pasiones,
aunque seamos diferentes exteriormente (jurídica, social).
Epístola
XXXI (11): Vida del alma (divinidad interior). Punto de partida
optimista. Le dan un significado ético –moral a términos socio – jurídicos.
La injusticia social no es criticada (acción externa), sino que es un renuncio
interior (mundo interno).
Epístola
V; XIII: No se debe anticipar el
futuro. Vive el presente (Carpe Diem). La previsión y la imaginación
del futuro es un mal que produce ansiedad en el presente.
Epístola
XVI (9): La Filosofía no consiste en
palabras, sino en obras. La vida interior está muy relacionada con la vida
natural. Lo natural es limitación. Si un deseo es ilimitado no es natural, sino
que proviene de la opinión (social).
Epístola
XXIII (3): La Felicidad y la alegría
es interior y no depende en absoluto de lo exterior que está sometido a la
Fortuna (fuera de control). El fin del estoicismo es la búsqueda de la
felicidad, la tranquilidad del ánimo interior.
Epístola
71 – 7: Establece una tesis muy
importante. Es imposible alcanzar la libertad interior si uno no consigue
liberarse de los bienes externos. Todos los bienes que no son de uno, deben ser
tratados como si fueran indiferentes, lo único que es auténtico, lo que tiene
valor para Séneca es el valor en sí que es la virtud del alma. Nos hace una
invitación al desprendimiento de los bienes exteriores,
no tienen el mismo rango respecto a la virtud y el valor en sí, ninguna
de esas cosas que son indiferentes son constitutivos para la felicidad humana,
no tienen ningún valor porque nada de las cosas exteriores dependen de mí, no
están bajo mi control (despego de esos bienes externos).
Otra
tesis es algo que tiene virtud y valor en sí: El valor en sí es
considerado como el sumo bien y no admite grados. Cuando alguien se gana ese
estado, está en el sumo bien y pase lo que pase en el exterior, a su libertad
interior no le afectará nada.
La
relación entre las cosas indiferentes (si ese alguien consigue esa libertad
interna no le afecta interiormente sino superficialmente). Aunque la tortura
duela, no hay que dejarse llevar por la desesperanza, hay que hacer que ese
dolor sea superficial y no nos invada, no hay que tenerle miedo.
Séneca,
dice, que esas cosas que nos afectan superficialmente son irracionales y cuanto
más se acerquen al interior de la persona son racionales, lo racional mantiene
firmes sus convicciones.
El
único bien es la virtud que esta ubicada en la parte más noble de nosotros, en
la parte racional y más noble, tiene que ver esto con el juicio estable y
verdadero (que es muy importante en cuestiones acerca de lo moral).
Hay
que distinguir en este juicio verdadero:
Los
bienes externos son iguales entre sí, respecto a los deseos que tenemos hay que
eliminar las pasiones.
Epístola
85: Si nosotros damos paso a la pasión
en cualquier sentido, la razón no tiene control sobre ella (“...será
arrastrada por un torrente... la pasión por muy pequeña que sea no obedece a
leyes...”) no importa la intensidad de esa pasión, si la dejamos pasar, la
razón no podrá detenerla. Hace una crítica a la filosofía Aristotélica.
Es
mejor evitar que ninguna de esas pasiones pasen porque cuando entran hay que
intentar sacarlas aunque nos duela y esa enfermedad consiste en una agitación
del alma, para ello se utilizará la terapia del alma.
Hay
que tener pasiones con moderación. El mal consiste en flaquear en esos males,
la libertad humana consiste en no flaquear. Esas cosas exteriores que se colocan
dentro de nosotros, eso es un mal porque nos afectan y les hemos dejado pasar.
Metáfora
del escultor:
Un
buen escultor es el que no le importar el material que sea le, vale cualquiera
que le demos y con él hace la obra más perfecta, en la medida que el material
lo permita. Nosotros debemos darle a nuestra vida la figura más perfecta que
podamos. Los materiales con los que vamos a trabajar van a ser los bienes y
nuestras pasiones y saber relacionarse uno mismo. La vida es el arte de vivir,
para los estoicos consiste en todas estas cosas.
Epístola
118: “...cuidado de uno mismo...”
Uno se conoce a sí mismo cuando se enfrenta al exterior, cuando te enfrentas al
mundo y te enfrentas a esas pasiones. Plantearnos situaciones en la que
demostremos que somos personas moderadas. Hay que preguntarse ¿Quién soy?
La
tentación no es intrínseca, es muy importante y es parte de la vida humana, ¿quién
soy yo?, no lo sabemos hasta que no seamos tentados. Uno se esculpe a sí mismo.
Una vez que empieza la pasión es difícil frenarla y luchar contra ella, lo
mejor es no tenerla.
 
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