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Guías culturales

EL MONÓLOGO DE UN MERCADER MEDIEVAL A TRAVÉS DE "EL DICHO DE LAS HIERBAS" DE RUTEBEUF


Por Marcelo Emilio Bianchi Bustos

 

Prof. de Castellano, Literatura e Historia y Lic. en Enseñanza de la Lengua y la Comunicación. Especialista en Educación de Adolescentes y Adultos. Posgrado en Investigación Educativa. Cursa la Maestría en Educación de la Universidad de San Andrés. Docente de la Universidad Kennedy - CAECE - Instituto Superior De Piero.

Este trabajo ten por objetivo realizar un análisis de una obra de teatro breve de la Edad Media. Esta obra literaria es un monólogo que desarrolla un vendedor ambulante, que no tiene acción ni diálogo, con un único personaje que no desarrolla ninguna anécdota, sino que vocea un pregón.

1. El autor

La medievalista argentina Nilda Guglielmi (1980) señala que se desconocen datos reales sobre la vida de Rutebeuf, aunque según los investigadores nació en el año 1255. Su calidad como autor la demuestra a través de una dura crítica al mundo transformado en donde se destacaban los hombres que se dedicaban a una nueva actividad, el comercio.

Él fue un juglar que buscaba un público al cual le agradaran sus composiciones, o señores protectores. Es posible que sea por esta búsqueda de protectores que Rutebeuf haya atravesado por duras peripecias que lo llevaron a criticar al mundo que lo acogía con precariedad.

2. En vendedor, un burgués del siglo XIII.

Tal como la he caracterizado anteriormente, la obra tiene por único personaje a un vendedor de hierbas. Este es un verdadero mercader errante que se presenta a sí mismo diciendo: "Soy médico y he estado en muchos imperios. El señor de El Cairo me ha retenido más de un verano allí he adquirido mucho dinero. He atravesado el mar y he vuelto por Morea, donde me ha retenido largamente y por Salerno, por Buriana y por Biterne" (Rutebeuf, en Guglielmi, 1980: 197).

Teniendo en cuenta importantes estudios realizados por historiadores tales como Jacques Le Goff, Mora y José Luis Romero, esta descripción que el mercader hace de sí mismo corresponde a la primera fase del nacimiento y expansión del mercader medieval. Está la podemos ubicar en los siglos XI, XII y comienzos del XII y la principal característica de los mercaderes era el ser errantes.

Los de esta primera etapa se encontraban con muchos obstáculos a lo largo de los caminos de tierra y del agua por donde transportaban sus mercancías. Si bien existían dificultades para el comercio terrestre, la principal vía de acceso de esta época era la marítima. En la obra (Rutebeuf: 197) el vendedor refiere: "He atravesado el mar y he vuelto por Morea" (Morea es el nombre que se le daba en la Edad Media al Peloponeso).

3. El monólogo.

"El dicho de las hierbas" es un monólogo. Según Patrice Pavis (1996), el monólogo puede ser caracterizado como el "discurso de un personaje que no está dirigido directamente a un interlocutor con el propósito de obtener una respuesta". De esta forma observamos que el monólogo se diferencia del diálogo por la ausencia de intercambio verbal. Así, en la obra vemos que no existe un intercambio verbal ya que el único que "habla" es el mercader quien a través de una función apelativa del lenguaje busca convencer al receptor sobre las cualidades curativas de lo que vende. Otras de las características del monólogo que señala Pavis y que encontramos en la obra es la presencia de un mismo contexto desde el comienzo hasta el fin y la no existencia de cambio s en la dirección semántica. Estas dos características aseguran en la obra la unidad del sujeto de la enunciación.

Pavis señala que según Benveniste, el "monólogo" es un diálogo interiorizado en el cual "el yo locutor es a menudo el único que habla, sin embargo, el yo receptor permanece presente; su presencia es necesaria y suficiente para dar significancia a la enunciación del yo locutor" (Pavis, 1996: 139). En la obra, el yo locutor está presente en la figura del vendedor mientras que el yo receptor aparece enunciado por el primero cuando dice: "¡Señores, que habéis venido aquí, pequeños y grandes, jóvenes y viejos..." (Guglielmi, 1980: 197)

4. El monólogo y la estructura profunda.

Como se sabe, todo discurso tiene por objetivo establecer una relación de comunicación entre el locutor y el destinatario del mensaje. Dentro de este discurso, el monólogo, el cual por su estructura no espera ninguna respuesta de un interlocutor, establece una relación directa entre el locutor y el él del mundo del cual habla / desde el que habla (en la obra, el locutor aparece representado por la figura el mercader y ese él por esos señores a los que hice referencia en la cita anterior, los hombres y mujeres del pueblo que son atraídos pro el primero para conocer sus secretos sobre las curaciones). En "El dicho de las hierbas", un burgués valiéndose del lenguaje como una herramienta comunica al resto del pueblo su discurso.

5. La argumentación en la obra.

Teniendo en cuenta la definición de argumentación por su intencionalidad que consiste en convencer o persuadir al destinatario, podemos caracterizar a la obra de teatro como un acto argumentativo en el cual el mercader busca convencer a un auditorio universal sobre las virtudes que él vende.

Roberto Marafioti (1995: 44 - 45) afirma que "la argumentación es una actividad que consiste en la construcción y reconstrucción de esquemas discursivos, condicionados por intenciones, representaciones, preconstruidos culturales y competencias de los sujetos intervinientes. Tal actividad produce una situación de argumentación en la que los participantes asumen sus roles y donde los objetos referenciales se plantean como un campo problemático sobre el que versará la actividad discursiva".

Así, la intención del mercader es dar a conocer a un auditorio formado por "pequeños y grandes, jóvenes y viejos" (Rutebeuf en Guglielmi, 1980: 197) los beneficios para la salud de las hierbas y de los amuletos. Para esto se vale de los preconstruidos culturales y de las competencias de los sujetos de su entrono. En una sociedad en cambio como la del siglo XIII, estas concepciones culturales de los sujetos a los que se dirige la argumentación, están caracterizadas fundamentalmente por la relación entre la realidad y la irrealidad. La primera se encuentra representada a través de la figura del mercader que trae consigo: "...fierritos, diamantes y creperitas, rubíes, jacintos, perlas, granates ... carbunclos y garcelas completamente viletas, hierbas de los desiertos de la India y de la tierra de Lincorinda que se mantiene sobre las olas en las cuatro partes del mundo" (Rutebeuf, en Guglielmi: 1980, 197). A esta realidad se le opone la irrealidad de asignarle a todos los elementos cualidades curativas.

En el esquema discursivo construido por el mercader se destacan dos condiciones fundamentales:

a. La búsqueda de condiciones de propiedad en las cuales:

A argumenta sobre B con relación a C

En nuestro caso, la variable A está representada por la figura del mercader quien a través de procedimientos argumentativos trata de convencer a B, representado por el pueblo, sobre las virtudes curativas de las hierbas (C).

Si bien la relación entre A - B queda totalmente clara, en cambio la relación entre B - C puede adquirir dos variantes fundamentales:

- A puede creer que B no cree o no adhiere a C antes del tiempo de la argumentación.

- A cree que es posible que B crea o adhiera a C después de la argumentación.

Creo que ambas variantes están presentes en la obra ya que en el primer caso observamos que el vendedor cree que e pueblo no cree en los poderes de las hierbas antes de la argumentación y para eso él utiliza la función apelativa y promete hasta vencer "las amenazas de la muerte". A siente que B es posible que crea que no son reales las cualidades sobre las hierbas y para eso va a utilizar procedimientos argumentativos que tiene por objetivo convencerlo. En el segundo caso, el mercader cree que el pueblo - a pesar de tener dudas sobre las hierbas - luego de su discurso cambiará de posición ya que él se anunciaba diciendo: "no soy de esos padres predicadores, ni de esos pobres herbolarios que se dirigen a los monasterios. Soy médico y he estado en muchos imperios" (197).

Para poder convencerlos de su verdad, les dice: "Mirad mi colección de hierbas, os lo digo por Santa María, que no son baratijas, sino una cosa magnífica. Tengo la hierba que levanta os miembros y encoge los coños" ( Rutebeuf, en Guglielmi, 1980, 197).
Él les pide que no tengan dudas sobre sus recetas y que el simple hecho de haberlo escuchado representa un acierto en sus vidas: "Escuchad si esto os aburre: no habéis perdido vuestro día si hacéis esto" (Rutebeuf en Guglielmi: 1980, 198).
El mercader era conocedor, al como lo he dicho antes, del constructo cultural del pueblo y es por eso que se plantea el trabajo de argumentar, ya que nade pierde tiempo en hacerlo con alguien si sabe que es intransigente. En cambio este receptor de la argumentación no era intransigente sino que era atraídos por las recetas y curas mágicas del mercader que sacaban desde un dolor de cabeza hasta la impotencia.

b. La búsqueda de condiciones de legitimidad:

El mercader argumenta sobre el pueblo acerca de las hierbas ya que el primero cree que el segundo lo legitima como argumentador. A través del monólogo, el vendedor de hierbas construye los argumentos que aspiran a ser convalidados por un auditorio limitado. Ara esto se toma como punto de partida lo opinable y nos encontramos con la presencia de una "figura dialéctica que consiste en el reconocimiento de la opinión adversa, pero de una manera parcial y susceptible de ser contrapesada por puntos de vista importantes" Zamudio de Molina, Berta, en Marafioti: 1995, 55).

6. La relación realidad e irrealidad.

Dentro de la obra se observa una característica de la mentalidad en cambio del siglo XIII en cuyo marceo se constituye la mentalidad burguesa, que consiste en la interrelación entre realidad e irrealidad, o "la identificación de la realidad sensible con algo que llamamos irrealidad, en tanto no es realidad sensible" (Romero: 1987). Mientras que las hierbas y las piedras forman parte de la realidad sensible que puede verse y tocarse; la curación que posiblemente está en ellas no: no se la ve ni se la siente pero están allí en potencia en caso de que le hagan caso al vendedor de cómo preparar las pócimas.


BIBLIOGRAFÍA

Guglielmi, Nilda (1980). El teatro medieval, Buenos Aires, Eudeba.
Marafioti, Roberto (1995), Temas de argumentación, Buenos Aires, Biblos.
Pavis, Patrice (1996), Diccionario de teatro: dramaturgia, estética, semiología, Barcelona, Paidós.
Romero, José Luis (1987), Estudio de la mentalidad burguesa, Buenos Aires, Alianza.

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