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Sociólogo
Tulio Hernández (23-08-02)
“La
moda es un gran sistema de representación humano”
Caracas,
agosto 23, (Pablo Duarte).-Para el Asesor e Investigador Cultural de la
Fundación Ateneo de Caracas, sociólogo Tulio Alvarez, la moda es un sistema
de representación mediante el cual una persona o un grupo define la manera cómo
quiere ser percibido por los demás. De esta manera el sujeto, a su entender,
define el tipo de grupo o la actitud humana con la que quiere ser asociado.
“Cada
persona cree expresar bien, a través de la moda, su idea de la estética. Hoy
en día, la moda es una gran maquinaria comercial, global, la cual posee, sin
lugar a dudas, unos centros definitivos: las grandes capitales donde se
produce. En estos ínclitos centros ésta transfiere sus contenidos y mensajes
al público. Es como una iglesia, institución con presencia de Papas, la cual
es conducida por una serie de mecanismos que permiten su funcionamiento. La
transferencia de la moda se apoya en la existencia de un grupo de elegidos, a
quienes está dirigida la moda verdadera. Y en la medida en que los que no
elegidos alcanzan esa moda, los primeros la abandonan para seguir manteniendo
su diferencia con respecto al vulgo de los demás. Esta es la moda impuesta
por el fashion, industria complejísima que marca las pautas a seguir en todo
el mundo. Sin embargo existen modas paralelas, las cuales se caracterizan por
ser un poco más duraderas. Estos son mecanismos de identificación. Por
ejemplo, un intelectual en Occidente se parece mucho a un norteamericano, a un
español o a un latinoamericano. Esto ocurre porque existen unos tips análogos:
la manera de gesticular, de usar cierto tipo de barbas y de llevar ciertos
ropajes. En algunos oficios, la informalidad puede llegar a ser catalogada
como una moda. Las actitudes políticas son similares en el mundo entero. Si
uno asiste, por ejemplo, a un encuentro de radios comunitarias en determinado
lugar, se da cuenta de que muchos, de forma homogénea, llevan el mismo tipo
de sandalias; las mujeres, por ejemplo, llevan faldas y la gente, por lo
general, lleva el pelo de determinada manera. Estas son formas de identificación
grupales. Lo que uno lleva puesto, pese a que uno pretenda ser indiferente con
respecto a lo que usa, siempre expresa un poquito lo que uno es, lo que uno
espera ser o lo que uno trata de comunicar. En este sentido, la moda en las
sociedades occidentales siempre se configuró como un mecanismo de distinción
social. Esto ocurre, fundamentalmente, porque las personas de la aristocracia
y de la oligarquía eran las que tenían un mayor acceso a la innovación,
hecho que no era tan inmediato como en el presente. Este proceso, en estos días,
es mucho más complejo, dada su franca, flagrante e indetenible
industrialización. Una gran maquinaria se ha encargado de que así sea”,
destacó Hernández.
Se
refirió al caso Zara, emporio comercial de la moda encargado de dictar las
pautas mundiales del, aparentemente, buen vestir.
“Ya
no se palpa ninguna diferencia entre una muchacha que transite por las calles
del boulevard de Sabana Grande (localidad caraqueña) y otra que camine por
Barcelona, España. Tampoco entre otra que deambule por cualquier calle
parisina. Este proceso va a una velocidad increíble; es increíble como la
gente sigue de cerca este proceso tan fugaz. En los jóvenes es mucho más
grave, puesto que en ellos marca, definitivamente, sentidos de pertenencia.
Los adolescentes saben identificar las prendas usadas por ellos (por ejemplo
shorts y franelas), atuendos bastante costosos y que, en la mayoría de los
casos, son escasamente estéticos. Ellos precisan cuál es la marca que está
de moda, hecho que los hace pensar que llevar un producto x es lo máximo.
Esto puede ocurrir en cualquier parte del mundo. La moda es un aparato semiótico,
en el cual se determina qué armoniza con qué, desde la perspectiva de un
grupo determinado con necesidades e intereses particulares”, explicó.
P.D:
¿Cree usted que la publicidad crea necesidades artificiales?
TH:
No. Es muy difícil que la publicidad cree necesidades artificiales. Esta se
vale de las necesidades humanas. Esta ciencia es un aparato, un instrumento
del mercado. La publicidad es el apéndice de un aparato industrial, cuya meta
principal es vender bienes o servicios. ¿Qué hace la publicidad y qué hace
el mercado? El mercado se apoya en las necesidades humanas y le ofrece a las
personas bienes o servicios, los cuales son creados (por éste) sobre la base
de la existencia de dichos requerimientos humanos. En el caso de la moda, éstas
necesidades son: 1) La necesidad de vestirse; 2)La de reconocimiento y 3) La
necesidad de ser querido, estimado y de formar parte de algo, bien sea un
grupo, una ciudad o una nación cualquiera. Y como cuarto punto tenemos la
necesidad de expresión estética, condición inherente a cada quien. Ese
conjunto de necesidades es captado por el mercado, a fin de que éste pueda
precisar qué tipo de producto tendrá que ofrecerle a los potenciales
consumidores. La publicidad impulsa las necesidades del mercado. La
publicidad, amparada en las necesidades básicas del hombre, vende cosas que,
en la mayoría de los casos, son innecesarias, banales, superfluas y hasta
groseras; esto si pensamos que existen zonas del mundo extremadamente pobres.
Las necesidades básicas del hombre serán las mismas por siempre. Sin
embargo, es posible que éstas varíen en su jerarquía. En el mundo de hoy,
se ha impuesto la siguiente impronta: Hay que ser guapo, tener un buen cuerpo
y resultar atractivo para las personas del sexo opuesto, condición que puede
ir en contraposición a tener – por ejemplo – un gran poderío económico”,
comentó.
Exaltación del yo y de todo el
colectivo
Hernández considera que la moda incide en la exaltación del yo y en
la maximización del espíritu y las necesidades del colectivo.
“El caso de los
adolescentes es patético. No existe ninguna otra persona que necesite mayor
reconocimiento que un adolescente. En la década de los 50, el mercado
descubrió a una nueva masa de potenciales consumidores: los jóvenes. A
partir de ese momento, el mercado empezó a vender a estos (recién
descubiertos) consumidores. Y en la actualidad, los grandes compradores son
los niños. La publicidad le vende directamente a los niños, haciendo que éstos
tomen sus propias decisiones. Sin embargo, esto no era posible hace cuarenta años.
Si un niño, en ese entonces, se hubiese atrevido a pedir algo, sus padres, al
unísono, le hubieran propinado un coscorrón. La publicidad resalta mucho el
sentido del placer, de la autosatisfacción, de lo lúdico y, en algunos
casos, exalta la apariencia. La sociedad occidental de las últimas cuatro décadas
ha estado sentada en una exaltación de la apariencia, de lo exterior. Esto va
desde las cosas narcisistas hasta el descubrimiento del papel de la alimentación
en la salud. Se ha determinado que algunos productos (el cigarrillo y el
alcohol) lesionan la salud. Hace 30 años, ningún actor serio dejaba de
mostrar, en la gran pantalla, sus grandes dotes de fumador. Para éste, el
fumar resultaba algo glamoroso. En este ejemplo, no podemos dejar de lado a
las mujeres. Tenemos que las Divas de los años 40 y 50 fumaban con grandes
pitilleras. Y, hoy en día, da asco ver a alguien fumando. Algunos directores
cinematográficos le prohíben a sus grandes luminarias que lo hagan.
Muchos esquemas impuestos por la moda han adquirido un carácter
autoritario. Estos pueden generar, en algunos casos, enfermedades como la
anorexia. En la ciudad de Buenos Aires, en un momento preciso, se declaró a
la anorexia como un problema de salud pública. Esto sucedió porque las niñas,
tratando de tener un buen cuerpo, tal y como se los imponía la moda, dejaron
de comer y se convirtieron - de forma epidémica - en personas anoréxicas”,
explicó.
PD: Cree usted que la moda pudiese
existir sin la presencia de los grandes medios de masas?
TH:
La moda existió antes de la existencia de los grandes medios de masas. Lo que
sucede es que en una sociedad de masas, la existencia de algo (la ciencia, la
moda, el deporte, la música, etc) pasa, obligatoriamente, por el ojo visor de
los medios de comunicación. Sin medios de masas, no existiese, sencillamente,
la sociedad de masas. Cuando apareció el deporte, por ejemplo, éste quedó
sometido a las órdenes y a los dictámenes de la televisión. Se ha cambiado
el tiempo del juego de baloncesto, de modo tal que éste coincida con el
tiempo de inserción de los anuncios. El jugador de fútbol juega sabiendo que
una cámara vigila y reproduce, omnímodamente, cada uno de sus movimientos.
Este juega para esa cámara. El deporte ha adquirido un carácter masivo,
gracias a la existencia de la televisión. La experiencia del deporte, otrora,
era más local. La moda existe como sistema de códigos que cambian
permanentemente. Anteriormente, existía una mayor uniformidad. Los
venezolanos de la generación del 28, en el marco de la realización de una
gran manifestación, llevaban todos, prácticamente, el mismo atuendo. Lo
mismo sucedía con un campesino venezolano del siglo XIX. Lo que ha hecho
paradójicamente la sociedad de consumo es lo siguiente: Multiplicar la oferta
para los disidentes (aquellos que no siguen las grandes modas) e imponer unas
reglas de combinación. El verter de determinada manera expresa una cierta
actitud frente al mundo. La moda de Harlem, la cual es transmitida por el cine
y la televisión, se puede palpar, fácilmente, en la populosa parroquia San
Agustín de Caracas. Esto sucede gracias a la existencia del cine. La gente de
esa zona se identifica con el jugador de basketball de color. Este funge como
una especie de ídolo, de héroe para ellos. La moda se socializa.
Anteriormente, la moda era un sistema bastante cerrado. No todo el mundo podía
mandar a diseñar una pieza con una costurera”, ejemplificó.
Democratización de la moda
“Mercados
como Zara y Hugo Boss han democratizado lo siguiente: Que grandes costureros y
diseñadores ya no trabajan exclusivamente para la gente de alta alcurnia,
sino que ahora laboran en función de la existencia de una gran masa de
consumidores que aman sus productos. Los hijos de obreros o de campesinos
pueden entrar fácilmente en la lógica y en la dinámica de la moda. Si uno
va a un pueblo remoto, se encuentra con que los habitantes de esa región se
visten como cualquier ciudadano de una gran urbe. Esta lógica es bastante
compleja. Lo malo de la moda se cristaliza en la pérdida de la diversidad
cultural y de la expresión individual y personal. Siempre va a haber un código.
La sociedad tolera un cierto límite de innovación. Existen excepciones. Por
ejemplo, un grupo de indígenas de Ecuador se viste igual: pantalón blanco,
ruana azul y los hombres llevan, por lo general, clinejas y alpargatas negras.
Ese es un código de indumentaria que nadie se atreve a modificar. Ellos están
satisfechos con esa expresión. En la lógica mercantil, resulta mucho más
barato comprarse una cosa ya hecha que mandarla a hacer; a menos que uno sea
muy original. No dejarse
manipular por la moda es algo harto difícil”, afirmó.
Influencia anglosajona en la moda
“La influencia anglosajona en la moda es decisiva. Los Estados Unidos
se han guiado por premisas bastante efectivas a la hora de difundir su
cultura. Esta nación se apoyó, en primer término, en la industria del cine
y, posteriormente, en la televisión. EEUU impuso sus cánones a todo el
planeta. El impacto de los Estados Unidos en la manera de vestir de los jóvenes
japoneses de los años cincuenta fue drástica. He visto videos y revisado
estudios sobre el tema que certifican cuán grande fue esta influencia. En las
calles de Tokio, se podían apreciar, en esos años, 500 mil James Dean o
Elvis Presley, pero con los ojos achinados. Este proceso humano ha sido
catalogado como único y bien sui generis. Si bien es cierto que Occidente fue
uniformizando todos los lugares a donde llegaba o colonizaba, no menos real es
que la incidencia norteamericana en la moda fue la más rápida de la que
hemos sido humanamente testigos. Esto ocurrió con la aceptación absoluta del
otro. A los indígenas se les imponía el vestido. Y si éstos no accedían a
esas órdenes, eran castigados. En todo el mundo, la influencia sajona ha sido
determinante... Como aquel que abandona sus vestidos y conceptos estéticos
originales, al ser seducido por la moda reflejada en la gran pantalla. La moda
viene en un gran paquete. Los que vivieron en los 50 se identificaron con el
frenesí, con la entrada a un tiempo con grandes mejoras en la economía,
etapa sucesiva a la culminación de la guerra. Los muchachos de aquel entonces
se identificaron con la aparición de las primeras formas del rock, la
frivolidad y con la aparición de la radio como aparato portátil. Lo juvenil
se percibía como un estado distinto en el ciclo humano. Y los que vivieron en
los 60 y se identificaron con el estilo hippie, lo hicieron también con la música
de esos años y con ciertas actitudes. Lo que no se logrará nunca es la
uniformidad total. Siempre habrá modas, actitudes culturales y
contraculturales que evitarán que estos procesos sean totalmente uniformes.
Si uno ve y escucha a algunos grupos de rock mexicano, tales como Café Tacuba,
se dará cuenta de que éstos se configuran como un modelo de resistencia a la
imposición gringa. Los integrantes de esta reconocida banda de pop-rock
recuperaron la forma de vestir de los campesinos aztecas de principios de
siglo, incorporándose así al mercado contemporáneo. Convirtieron, en
definitiva, una moda en otra, pero catalogada como de resistencia. El peso del
American Way of Life (modo de vida norteamericano) ha sido determinante y
devastador en la diversidad cultural del mundo, sobre todo en la música, en
el vestir y en la alimentación”, puntualizó.
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