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LIGEROS LIBERTINAJES SABÁTICOS
DE MERCEDES ABAD
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Introducción: funcionalidad y metodología
La cuestión de la funcionalidad literaria ha sido
ampliamente debatida desde los orígenes. Aristóteles
fija una correspondencia fondo y forma o tema y contenido
en la Poética. Esta correspondencia se haya directamente
ligada al destinatario del texto o al menos a la función
del mismo. En nuestro caso es sumamente importante atender
a esta cuestión porque responder a la funcionalidad
o no del texto es preguntarnos directamente por su forma.
Todo texto es funcional por oponerse a otros textos y entiéndase
oposición como adhesión o crítica, apoyar
algo implica criticar otro algo. No parece Ligeros libertinajes
sabáticos un texto crítico pero es demasiado
pronto para afirmarlo, primero hagamos un análisis
adecuado y después extraigamos las conclusiones pertinentes.
No olvidemos sin embargo que la capacidad crítica del
texto en este caso se verá afectada en gran medida
por la interpretación del lector. En este sentido interpretar
el texto será crearlo lo que nunca excluirá
una revisión sistemática de las conclusiones
extraídas, tanto de nosotros mismos como de los posibles
lectores.
Decir que la novela es el reino de la libertad en su forma
y contenido y que resulta ser proteica y abierta implica asimismo
afirmarlo del cuento. De la diferencia entre ambos géneros
todavía se discute. Quizá sea el grado de desarrollo
de los elementos esenciales lo que pueda distinguir a uno
del otro. El cuento es un texto más corto y por ello
implica una mayor densidad. Intentaremos analizar este cuento
con los elementos ofrecidos por Darío Villanueva en
su libro de comentario . Este modelo aúna elementos
para el análisis ofrecidos por varios autores (Greimas,
Propp, etc.). Probablemente encontraremos algunos desajustes
entre lo propuesto y lo encontrado, pero no buscamos la plena
exactitud sino una aproximación adecuada. Así
serán siempre más las ventajas que los inconvenientes.
Nuestro cometido se limitará a identificar y valorar
la utilización de ciertos elementos -generalmente retóricos-
en la construcción del texto y su adecuación
o no a lo tratado. Se nos dice continuamente que la distinción
fondo-forma atiende exclusivamente a criterios de análisis,
nosotros sin embargo no queremos olvidar aquí lo propuesto
por Ortega y Gasset en Meditaciones del Quijote cuando afirma
diferencias entre lo uno y lo otro . No pretendemos que el
lector adopte este modelo sino cuestionar la aparente firmeza
de su contrario. A la hora de decidir qué significa
o de qué trata este cuento comprobaremos como dependiendo
de un modelo o de otro, pueden variar las conclusiones extraídas.
Connotación y denotación del texto
El léxico del cuento es muy claro, no debería
entonces entrañar ambigüedad alguna. Sin embargo
encontramos que la repetición del léxico genera
una ambigüedad absoluta a la hora de la interpretación,
el significado de algunos términos oscila entre su
significado habitual y su opuesto. Finalizado el relato no
podemos concluir con precisión qué significa
"ligeros" o "deliciosas". El resultado
de la claridad y la repetición -que por otra parte
indica ritmo y trabazón, aparte de monotonía-,
es la incapacidad para traducir el significado de algunas
palabras. Es evidente que no nos hallamos ante un texto de
corte poético en cuanto a su construcción pero
no dejan de hallarse en él ciertos elementos que lo
acercan a la ambigüedad, o, mejor dicho a la múltiple
interpretación, más propia de la poesía
que del cuento. Generalmente el carácter esencialista
de la palabra en el poema nada tiene que ver con el cuento,
ya que frecuentemente connota más que denota. Sin embargo,
nos encontramos ante una oscilación de significado
a través de la repetición; la palabra pasa de
la denotación a la connotación y posteriormente
incluso a la propia anulación. Al final del relato
cuando nos preguntarnos por lo leído no tenemos una
idea clara de la historia. Una segunda lectura nos cerciora
de este hecho. Parece que a medida que releemos el significado
del cuento se oscurece. De tanto repetir "las deliciosas
fiestas de la señora Johnson" uno termina cuestionando
las mismas, por qué tanta insistencia. Mediante la
repetición, se llega a la normalidad y después
a la rutina, nada resulta menos escandaloso que esta misma
rutina. A priori, el comportamiento de los invitados de la
fiesta puede resultar inmoral. Sin embargo la repetición
de ciertos elementos mediante fórmulas, la utilización
del pretérito imperfecto -y su atemporalidad-, los
componentes totalizadores -del tipo de "siempre"
o "todos"- y el hecho de que todos conozcan al dedillo
lo qué va a suceder en cada momento, hacen que la capacidad
moral quede más o menos anulada. Lo que se nos cuenta
termina siendo lo normal, esto es, lo corriente en una fiesta
de amigos un sábado cualquiera.
Historia y discurso
Anteriormente apuntamos la dicotomía existente entre
fondo y forma según Ortega, no obstante independientemente
de nuestra adhesión o no a su tesis, la emplearemos
como elemento metodológico. Distinguiremos entonces
historia, discurso y adecuación entrambos. Se puede
escribir sobre sexo de infinitas maneras, la temática
será siempre la misma, la forma será siempre
diferente. Es curioso que este desajuste entre fondo y forma
se dé también en la relectura, la forma no ha
cambiado aparentemente y sin embargo nuestra recepción
varía. Quizá sea estéril preguntarnos
si esta variación es producida por la forma o por una
modificación en nuestra capacidad como receptores.
No parece lo segundo especialmente cuando nos movemos en periodos
de tiempo corto como es el caso, mas no podemos detenernos
en esta cuestión. Cada vez haremos una lectura diferente
y nunca sabremos completamente si esa lectura varia debido
al relato o a nosotros mismos. Pasemos entonces a preguntar
por lo obtenido hasta este instante.
En el título, dos adjetivos -uno antepuesto y el otro
pospuesto- modifican al sustantivo libertinaje. Es claro que
nos encontramos ante una historia que trata de sexo, por lo
que una estructura profunda -la sexualidad o un determinado
tipo de sexualidad- se manifiesta de una determinada forma.
La palabra libertinaje muestra tanto "desenfreno en las
obras y en las palabras" como "falta de respeto
a la religión". Son ambas, primera y segunda respectivamente,
las acepciones que aparecen en el D.R.A.E. . No cabe duda
respecto a la primera acepción, la segunda, sin embargo,
solo puede ser connotada ya que no existen referencias explícitas.
Que la palabra "ligeros" esté sujeta a nuestro
arbitrio es en parte lo que hace progresar el cuento. Hablar
de historia y discurso es hablar indirectamente de retórica.
Nos será de cierta utilidad comprobar que los elementos
proporcionados por la antigua retórica son los que
conforman -si no totalmente, sí parcialmente- la estructura
del texto. Presente está la inventio -el tema- así
como la dispositio -el armazón o estructura sobre la
que descansa el texto- y la elocutio -las palabras con las
que se reviste la estructura final: el proceso historia-discurso
queda completado. La historia, estas reuniones celebradas
todos los sábados en la casa de la señora Johnson,
se conforma mediante una segmentación en párrafos
a través de los cuales se nos da el cómo son
celebradas esas reuniones y quienes forman parte de ellas.
La dispositio del texto es muy cuidadosa, la información
se nos da muy pausadamente, además encontramos siempre
un antecedente para dicha información, es decir, un
nexo. Toda la obra está llena de nexos, unos personajes
anuncian a otros personajes. Por lo general el componente
de una pareja anuncia a su cónyuge o la actitud de
este ante una situación determinada. El relato queda
hilvanado con movilidad y ritmo, en este sentido, la movilidad
será paralela a la de los propios personajes y su descripción
será dada a través de la acción. Este
ritmo es a un mismo tiempo monótono y fluido, de hecho
la historia avanza con sorprendente verosimilitud hacia el
desenlace sin que apenas lo notemos. La utilización
del pretérito imperfecto es magistral. Esta forma domina
el relato -más del noventa por ciento de las formas
verbales- y enlaza rítmicamente el relato dando incluso
cierta impresión de rima (-aba).
Personajes
Acabamos de hablar de ritmo en lo concerniente al pretérito
imperfecto, ocupémonos ahora del "ritmo"
en lo referente a los personajes. Estos siempre aparecen agrupados
en una estructura de pares; son matrimonios -incluso en el
caso de la señora Ferguson y su "marido"
el canario- , que aparecen unidos no tanto en cuanto al matrimonio
mismo sino en cuanto a la configuración del discurso
narrativo. Lo dijimos antes, uno de los miembros de la pareja
siempre anuncia al otro, y también por lo general,
la relación -de infidelidad- que uno de los dos miembros
del matrimonio establece con otro personaje. No deja de recordarnos
este tipo de asociación al de los personajes en la
novela pastoril en el que A quiere a B, B quiere a C, éste
a D, etc. Ninguno de los protagonistas queda satisfecho porque
en la medida en que su deseo es realizado recibe una reacción
inversa y proporcional cargada de culpabilidad. Aquí,
"lo que da vida, mata". Tras la satisfacción
"física" queda la satisfacción psíquica
en entredicho. El orden transgredido quedará restablecido
cuando los personajes paguen por ello: se disculpan antes
sus cónyuges u olvidan lo sucedido. Todos los personajes
parten de la insatisfacción -no lo sabemos con seguridad
respecto a la señora Johnson y sus hijos pero es probable-
por eso se reúnen en la casa y por eso esperan ansiosamente
la llegada del sábado -caso de los hijos-. Todos logran
satisfacer parcialmente sus expectativas pero siempre se reincorporan
a la insatisfacción inicial. Así, la satisfacción
es solo parcial, y probablemente por ello es por lo que se
pueden seguir celebrando las reuniones. Parece existir una
estructura cerrada en sí misma que posibilita la insatisfacción-satisfacción-insatisfacción.
En este sentido culpabilidad y transgresión juegan
un papel determinante en el discurso. La satisfacción
es obtenida mediante un acto de transgresión para los
que desempeñan un papel activo y de compensación
en forma de disculpa para los que desempeñan un papel
pasivo; en este sentido el relato nos ofrece un intento de
liberalización de la moral y una imposibilidad. Un
claro ejemplo lo tenemos en la secuencia "la señora
Adams se sacaba un canario del interior de su vulva, lo entregaba
a su vecina y corría arrepentida a consolar al señor
Adams. El señor Adams aceptaba sus mimos. El señor
Adams olvidaba la polla del señor Robertson. El señor
Robertson olvidaba el tamaño de la suya, corría
un tupido velo sobre la homosexualidad de su esposa, la abrazaba
ardientemente y se despedía del resto de los invitados."
Es muy importante la función del olvido en el relato
porque posibilita la satisfacción -o al menos su intento,
ya hablaremos de en qué medida es posible la transgresión
y si realmente se encuentra fuera de los límites marcados-
de las necesidades de los personajes. Mediante el olvido "Todos
empezaban a olvidarlo absolutamente todo" los personajes
pueden reintentar continuamente la satisfacción de
sus deseos, por decirlo de algún modo, no hay aprendizaje
del castigo, éstos por lo tanto practican una y otra
vez la misma conducta, son satisfechos pero asimismo castigados.
Sin embargo convendría matizar el papel desempeñado
por los hijos de los señores Johnson. En su caso sí
existe una conciencia que continúa a lo largo de la
semana puesto que "esperaban ansiosamente" la llegada
del sábado. Además los hijos son conscientes
de la impotencia paterna y puede que guarde relación
este hecho con su impotencia para con el sexo femenino. Por
otro lado, ellos sí desarrollan una perfecta conjunción
de lo activo femenino y de lo pasivo masculino. Su comportamiento
es distinto puesto que no tratan de compensar absolutamente
nada, no hay acción "ilícita" y posterior
compensación de la misma, solo hay conciencia de lo
que se repetirá y voluntad de repetición.
Conviene fijar también el comportamiento de los personajes
en función del sexo. Las mujeres desempeñan
un papel activo, los hombres pasivo o de incapacidad; ellos
miran o se exhiben, ellas se "cortejan" mutuamente
o juegan.
Veamos ahora qué tipo de papel desempeñan los
personajes dentro de la sintaxis narrativa atendiendo a los
modelos ofrecidos. Las seis parejas -no excluimos al canario
de la viuda Peterson- forman un grupo compacto de personas
que se reúnen a la caída del sábado.
El grupo da rienda a sus impulsos en el ficticio paraíso
-este jardín alejado de los enemigos de los señores
Johnson también está lleno de reglas e insatisfacciones-
cuando llega la noche. Esta pequeña sociedad cerrada
queda definida y caracterizada a lo largo del relato por varios
elementos. Uno de ellos es el empleo de "todos"
que adquiere un sentido extremadamente unificador y parece
sellar la unión grupal. Por otro lado se menciona la
palabra "tradición" -algo que implícitamente
indica cohesión y grupo-, la primera vez que se hace
referencia a la misma es al describir el espacio que ocupa
cada uno de los personajes en la mesa, la segunda cuando se
comenta la "despreocupación acerca de las actividades
de los demás". La palabra "tradición"
hace alusión a unas costumbres repetidas de la misma
manera a lo largo del tiempo por ello al hablar de tradición
suponemos complicidad en las acciones. Las sabáticas
reuniones son cierta complicidad grupal y hay determinados
momentos en los cuales esta complicidad queda acentuada. Uno
de estos momentos es la búsqueda del señor Ferguson
propuesta al grupo por su mujer. Entonces todos, repletos
de "espíritu solidario y compañerismo social"
van a buscarle. La solidaridad grupal también queda
manifiesta cuando suenan los gemidos procedentes de la habitación
de los hijos, los comensales al momento mastican lo más
alto posible. Se trata de una complicidad llevada al extremo
puesto que todo su comportamiento está regulado de
antemano y si alguien, por ejemplo, sale de la habitación,
el resto de las personas sabe perfectamente adónde,
pero todos seguirán las pautas establecidas para dar
con él.
Antes de empezar con la descripción individualizada
de los personajes hay que destacar la inexistente psicología
de los personajes. Esto además de estar relacionado
con el modo cinematográfico implica la imposibilidad
de individualismos frente al grupo. Es imposible un psicologismo
individual solo es posible el psicologismo colectivo, si es
que de hecho este psicologismo existe. Sabemos qué
hacen pero no qué piensan. Ninguno va más allá
de pueriles devaneos y enfados probablemente aprendidos de
un guión repetido.
Los Sres. Johnson
Son los anfitriones de la fiesta y rara vez son nombrados
en plural -al principio y al final del texto-, tan sólo
cuando se habla de algún aspecto negativo.
El Sr. Johnson
Es el perfecto consorte. Este crea un vació a su alrededor
que es utilizado como potenciador de la figura femenina. Su
ausencia en el relato y su escaso protagonismo hacen que destaque
la señora Johnson. Su impotencia, que asimismo es incapacidad
como hombre, será determinante y lo situará
en un "segundísimo" plano.
Los hijos de los Sres. Johnson
Los hijos no participan de las fiestas de esas fiestas ligeramente
aburridas para ellos. Prefieren encerrarse en sus habitaciones
practicar el incesto. Durante todo el relato aparecen apartados
del resto por voluntad propia y ajena. Ellos también
están sujetos a ese espacio-tiempo del sábado.
La Sra. Johnson
Se encuentra omnipresente. Las deliciosas fiestas llevan su
nombre, no el de su marido. Aparentemente es una mujer de
carácter con las ideas claras y plenamente independiente,
como lo demuestra el poco aprecio que hace de los rumores.
Es más, en esa sonrisa divertida existe un gesto de
superioridad. Sin embargo, durante todo el relato se muestra
al margen. Es significativo ese beso resignado que le da a
su marido al final del cuento. Que la señora Johnson
conozca la impotencia de su marido plantea el interrogante
de por qué sigue con él, y asimismo cuáles
son las consecuencias de ese seguir. Por otro lado ella es
permisiva hasta cierto punto con sus hijos.
Los Sres. Ferguson
Se sientan uno frente al otro, la señora Ferguson también
junto al Sr. Smith.
La Sra. Ferguson
Sufre enormemente porque su marido no es celoso. Intenta darle
celos dejando juguetear con la misma al señor Smith
durante cinco minutos. Su comportamiento no parece estar motivado
por el deseo.
El Sr. Ferguson
Tiene un papel secundario. Él duerme mientras su esposa
flirtea y provoca con su pasividad una situación de
falsa infidelidad. Lo que desea su esposa es hacerle despertar
en todos los sentidos. La indiferencia hacia su esposa es
manifiesta porque la respuesta al beso apasionado de ella
es insignificante.
Los Sres. Smith
El Sr. Smith se sienta junto a la Sra. Ferguson, la Sra. Smith
junto a la señora Robertson.
El Sr. Smith
Él está interesado en el pecho de la señora
Ferguson . Todos los sábados puede ver y acariciarle
la teta derecha durante cinco minutos porque ella solo pretende
dar celos a su marido. Su actitud es completamente infantil.
Parece un niño al que se le niega ver más allá
de una teta, esto provoca cierto resentimiento.
La Sra. Smith
Mantiene relaciones sexuales con la señora Robertson.
Siempre permite a la señora Robertson comer el postre
en su vulva, le encanta. Lo único que se nos dice es
que todo el mundo respeta su placer y nadie le mira a la cara
mientras esto sucede. Ella es quien cede a la petición
de la señora Robertson, juega un papel pasivo en la
relación lésbica. Ella sufre debido a su lesbianismo
porque su marido no lo tolera. Todos los personajes tienen
su ración de sufrimiento.
Los Sres. Robertson
No sabemos qué lugar ocupa él, pero sí
que ella está sentada al lado de la Sra. Smith.
La Sra. Robertson
Ella es quien toma la iniciativa en su relación con
Smith. Ella le pide comer el postre en su vulva. Acto seguido,
tras este encuentro, ella quien nos conducirá hasta
su marido, desaparecido desde el final del primer plato. Ella
propone que lo busquen.
El Sr. Robertson
El Sr. Robertson desaparece misteriosamente tras el primer
plato. Su ausencia parece intencionada, evita ver el lesbianismo
de su mujer. Cuando su esposa organice la búsqueda
del señor Robertson, lo encontremos exhibiendo su gran
miembro en la sala de billar. Se nos indica cuánto
sufre debido a la homosexualidad de su esposa y su afán
viril exhibicionista. Él es el personaje elegido para
cerrar la fiesta del sábado. Da paso a que todos lo
olviden todo, absolutamente todo.
Los Sres. Adams
No sabemos dónde se sienta él, ella lo hace
al lado de la viuda Peterson.
El Sr. Adams
Aparece cuando el señor Robertson exhibe su miembro.
Él lo compara con el suyo y se echa a llorar. Solo
puede ser consolado por su mujer y llora cada vez más
fuerte hasta que van a buscarla. Es, al igual que el Sr. Ferguson,
un niño pequeño que necesita de la protección
materna.
La Sra. Adams
Solo se nos dice que se necesitan sus mimos para consolar
al señor Adams, se nos presenta como la única
mujer capaz de calmarlo. Ella misma disfruta de un ambiguo
juego sexual con el canario de la viuda Peterson en su vulva
mientras su maridito llora desconsolado. Sin embargo, cuando
ve la necesidad de su hombre, arrepentida corre hacia él
y apacigua sus ánimos.
La viuda Peterson y su canario
La viuda Peterson ha sustituido a su marido muerto por un
canario. Ella se queda con el canario para siempre, no lo
va a cambiar, esto es interpretado como una muestra de respeto
y fidelidad hacia su esposo. Sin embargo el canario no parece
serle tan fiel cuando posteriormente lo encontramos en la
vulva de la señora Adams.
De la modalización
Modalizar no puede ser solo ocuparse de quién ve o
quién habla, sino preguntarse también por lo
visto. La fragmentación y selección de la información
es uno de los elementos más importantes dentro del
discurso, de hecho los géneros de intriga y misterio
se sustentan en este fenómeno. Existen lagunas informativas
que afectan significativamente al contenido del relato, como,
por ejemplo, la indeterminación temporal sin principio
ni fin, lo que queda reforzado por el pretérito imperfecto
recortando la libertad -no sabemos cuándo empezaron
a reunirse y tampoco cuando terminarán-. El tiempo
utilizado en el discurso es la tercera persona del pretérito
imperfecto de indicativo -en más del noventa por ciento
de los casos-. Si además de esto encontrásemos
alternancia de voces del autor implícito, del narrador
omnisciente, del protagonista, y de los demás personajes
hablaríamos de una omnisciencia de tipo editorial o
autorial. Pero los personajes no tienen voz, no nos encontramos
consecuentemente ante un diálogo, un monólogo
o una corriente de conciencia. La posibilidad de que el narrador
fuera un yo testigo o un yo periférico queda excluida
al conocer muchos datos concretos del pasado y del pensamiento
de los personajes. Tampoco nos encontramos ante un yo protagonista
porque el narrador no es un personaje dentro del cuento. Por
otro lado, no aparece ni un narratario, ni un paranarrador,
tampoco un paranarratario ya que la historia no es contada
a nadie ni existe un cambio de narrador. La figura del lector
explícito queda anulada por no encontrarnos ante una
modalización del tipo omnisciencia editorial. Sin embargo
el lector implícito juega un papel determinante dentro
del texto. Solo así cabe explicar las lagunas existentes
en el texto. Es a nosotros a quienes nos toca plantearnos
porqué los personajes funcionan de esta forma o qué
es lo que les ha llevado a ello; el narrador se desentiende,
él solo muestra un fragmento "casi eterno"
de la vida de estos personajes. Ahora bien, creemos que la
aportación de datos del narrador es insuficiente. Sí
hemos sido capaces de entender por qué los personajes
lo olvidan absolutamente todo pero no creemos que este olvido
se haya hecho de la forma más adecuada cuando este
es un dato importantísimo para todo el discurso. Este
olvido recurrente también podría ser fruto de
una insatisfacción, los personajes quieren olvidar
el desencanto para así poder disfrutar el sábado
siguiente. Si lo que se pretende es que los personajes "olviden
pero no olviden" al mismo tiempo, el discurso debería
marcarlo mucho mejor, especialmente cuando ese olvido queda
resaltado, confirmado y ampliado con un cambio de párrafo.
Este elemento ha de ser mucho más desarrollado en el
discurso porque choca a nuestro juicio frontalmente con el
resto de la trama. Este hecho es un grave inconveniente para
el análisis. Es cierto que podemos aceptar este punto
tal y como nos lo muestra el texto, puesto que la historia
funciona pero creemos que ese olvidarlo todo no está
lo suficientemente claro o matizado máxime cuando toda
la arquitectura del discurso se sustenta en este hecho: sin
olvido no hay fiesta pero el olvido no es tal. Aún
así, estamos abiertos a que alguien nos indique otros
puntos de vista, y a reconocer nuestra negligencia como lectores
si es oportuno. Admitimos que un texto es la conjunción
de llenos y vacíos pero la existencia del vacío
debe reforzar lo lleno y viceversa. Si lo lleno ofrecido es
insuficiente y el vacío también, no es posible
un subrayado de la idea principal. Hemos barajado también
la posibilidad de ironía mas solo es "ironizable"
lo concreto que posibilita su opuesto. La esencia de la ironía
es esto mismo, decir lo que no está a través
de lo que está o viceversa. Pero no encontramos un
concreto por lo que no tampoco encontramos un opuesto, los
ambiguos no se oponen porque no están definidos: la
ironía no es posible.
No hay polifonía en el discurso, diremos que la acción
o la inacción es la voz de cada personaje. No hay varias
voces en el discurso, solo un narrador omnisciente. El narrador
de Ligeros libertinajes sabáticos no es un personaje
pero en algunos momentos del discurso parece encontrase próximo
al narrador testigo, de hecho ya comentaremos más adelante
la existencia de aspectos narrativos que lo acercan al modo
cinematográfico. El narrador mira y describe la acción
de los personajes desde fuera, pero conoce perfectamente los
sentimientos de los mismos, otra cosa distinta es que nos
los quiera ofrecer. Este contraste entre su cercanía
y nuestra distancia, nos coloca en un lugar cercano al vouyeurismo,
nos ofrece una mirilla por la que mirar. Esta forma de narración
nos aleja de todo tipo de implicación sentimental respecto
a los personajes y nos limita a los hechos, éstos sin
un contexto emocional determinado y superficial -como creemos
que es el caso- cobran una significación libre que
corre a cargo del ojo que mira. Podemos ver lo trágico,
lo grotesco, lo cómico, lo irracional, lo inmoral,
lo erótico, el hastío, el dolor, el placer,
etc.. La perspectiva ofrecida se acerca a la del relato cinematográfico
pero se distingue de la misma en la ausencia de voces -salvo
en el documental en el que si podemos tener exclusivamente
la voz de un narrador-. Por lo tanto diremos que la voz de
los personajes es su acción, puesto que en ningún
momento existe diálogo. El sonido sin embargo desempeña
un papel fundamental, los ruidos escuchados nos describen
acciones claras, todos son sonidos primarios. Trinos del canario
y "trinos" de los hijos de la señora Johnson,
llantos o ruidos fuertes de comida. Es muy significativo lo
ocurrido durante la cena cuando los comensales intentan paliar
el "escándalo" a través de la comida.
Este hecho en concreto parece una perfecta metáfora
del cuento. Subyacente a la cena y a la fiesta se encuentra
ese deseo irreprimible de algo más.
Sabemos que existen aspectos que separan el modo de narrar
del modo cinematográfico pero insistimos a continuación
en las similitudes que guarda con el mismo. El narrador nos
muestra una serie de escenas que no entra a valorar en absoluto.
Los hechos son contados por alguien que se encuentra muy próximo
a ellos, es decir, a veces la proximidad es tanta respecto
a lo contado que parece que narrador testigo. El relato se
encuentra mucho más próximo al narrador que
a nosotros mismos, el narrador a veces parece un mirón
y nos convierte con su mirada también en mirones, él
se encuentra ante los hechos pero no toma parte en ellos.
Se comporta como una cámara que filtra selectivamente
ciertas acciones. Esta "cámara" aunque posea
el título de narrador omnisciente neutral realiza cierta
valoración a través de lo seleccionado y su
adjetivación. Más rasgos característicos
del discurso cinematográfico como el rechazo a la introspección
y el pensamiento de los personajes quedan manifiestos, no
se matiza ni profundiza en el pensamiento de los personajes
sólo se nos ofrecen datos. En algún caso se
nos dice lo que siente un personaje pero esto no es un rasgo
indicativo de profundidad porque para que esta exista los
personajes han de ser capaces reflexionar sobre sí
mismos, este es un rasgo del que ellos carecen.
Ya hemos apuntado alguna cuestión respecto a "la
neutralidad del narrador" continuemos con este punto.
Tanto la adjetivación como la utilización del
modo indicativo son elementos que indican el grado de objetividad
del discurso. De un lado vemos como la condición inherente
al modo es vulnerada por la selección misma de los
hechos, por otro asistimos a la destrucción del adjetivo
y consecuentemente a la destrucción de esa subjetividad.
La repetición se comporta como un elemento destructivo
en cuanto al adjetivo. Escuchar tantas veces ligeros, deliciosas
o encantadores, nos hace cuestionar el valor mismo de su significado.
Así terminamos preguntándonos qué significa
esta palabra repetida hasta la saciedad, finalmente desconocemos
su significado inicial. Todos los adjetivos que parecían
denotar terminan connotando mucho más de lo que a priori
esperábamos. Intentar averiguar en qué medida
está siendo irónico el narrador será
uno de nuestros cometidos principales, por eso anteriormente
nos quejábamos y nos parecía inadmisible una
afirmación categórica del olvido como primera
necesidad para la subsistencia de la historia misma.
En el discurso el espacio queda subordinado a la acción
de los personajes, la descripción es más efectiva
que efectista. Se nos da siempre lo esencial. Se nos habla
de la posición que ocupa cada cónyuge en la
mesa, de ciertos sabores o del desarrollo de alguna escena
como la del señor Robertson en la mesa de billar; pues
bien, todos estos elementos revelan el carácter de
los personajes. Las descripciones más detalladas -cercanas
al primerísimo plano- se centran casi siempre en elementos
de carácter sexual. No hay apenas planos generales,
estos quedan al arbitrio del lector, frente a esto encontramos
primeros planos del canario -a través del trino- en
el escote de la señora Peterson, planos del pene del
señor Ferguson o del sabrosísimo postre dentro
de la vulva de la señora Robertson, etc.
La descripción de los personajes es siempre en acción
-rasgo cinematográfico por excelencia-, se nos habla
de ellos cuando toman protagonismo, cuando les toca actuar
nunca antes ni después. Se nos habla del personaje
cuando éste realiza algo, este realizar en el caso
de los hombres es mayormente pasivo -caso del señor
Johnson, etc.- aunque hay atisbos de actividad en algún
caso -cuadro del señor que juega con su propio sexo
al billar-. El fluido cambio de escenarios también
imprime ritmo a la narración y lo acerca al lenguaje
cinematográfico.
El espacio y el tiempo
La noción de cronotopo señalada por Mijaíl
Batjín es de vital importancia porque siempre un tiempo
-el sábado- determina un espacio -la casa de la señora
Johnson-. En la casa encontramos también subespacios
que revelan el carácter de cada personaje. Los personajes
son descritos en acción, y esta acción implica
en la mayoría de los casos un determinado trayecto;
se abandona un lugar para pasar a otro, este mismo proceso
ocurre en el carácter del personaje. Por lo general,
el colectivo busca o ignora a un miembro del mismo que ha
quedado oculto o ha abandonado el escenario. Hay algo que
debemos dejar claro antes de continuar, todos los espacios
del cuento se subordinan a la casa. En este sentido no debemos
descartar una interpretación simbólica del espacio,
hay otros aspectos del texto que así mismo corroboran
nuestra intuición, por ejemplo que las reuniones se
celebren precisamente los sábados por la noche. No
es posible descartar la interpretación de casa como
correlato del cuerpo , si aceptamos lo dicho: lo recorrido
es el cuerpo y sus distintos espacios. De hecho en cada lugar
de la casa se "celebra" una modalidad sexual diferente,
precisamente esta celebración posibilita los distintos
escenarios. El salón, la sala de billar, el jardín
y las habitaciones son espacios en los que siempre se da un
comportamiento de tipo sexual determinado de un personaje
concreto. Hemos nombrado el término cronotopo propuesto
por Batjín a pesar de existir otro tiempo en el relato
que no es el sábado ya que los hijos de la señora
Johnson esperan ansiosamente las reuniones de los sábados
durante toda la semana. Pero este tiempo se subordina, casi
se superpone diríamos, al tiempo de la reunión
porque solo interesa en la medida que refuerza la llegada
del sábado. Hablemos entonces de un solo tiempo y hablemos
de un solo espacio y hablemos de una sola acción: existe
una fusión de los tres elementos: espacio, tiempo,
acción. Además los espacios mencionados no debemos
olvidar otros como determinadas partes del cuerpo de la mujer.
Estos pequeños espacios son relevantes por utilizarse
en "pequeños primeros planos": pechos de
la señora Peterson, interior de la vulva de la señora
Smith e interior de la vulva de la señora Adams. En
estos espacios aparentemente secundarios se hace especial
hincapié; son frecuentes las repeticiones tanto en
el caso del lugar en el que se aloja el canario -se desarrolla
esta la idea a lo largo de varias líneas- como del
lugar en el que se deleita la señora Robertson a la
hora de tomar el postre. Ya dijimos que la interpretación
del cuento recae en gran medida sobre el lector, así
será también la significación de estos
espacios aparentemente secundarios aunque que parecen revelar
el carácter de algunos personajes . Llama la atención
también que la señora Johnson y su marido no
posean un espacio común -tienen habitaciones diferentes-
siendo matrimonio; este mismo aspecto lo encontramos en sus
hijos, ellos también son "matrimonio" y comparten
también habitaciones distintas.
Para terminar el apartado dedicado al espacio no queremos
olvidar su asociación directa con el sonido en algún
caso. Los trinos del canario de la señora Peterson
nos conducen a su escote, al jardín y a la vulva de
la señora Adams; los ruidos de los hijos de la señora
Johnson nos llevan directamente al lugar en el que sucede
el incesto.
Decir temporalización en literatura implica un discurso,
una historia y una adecuación. No nos encontramos ante
un tiempo real, adecuación exacta de estos dos elementos
como se ha podido decir de El Jarama o como de hecho sucede
en la película Solo ante el peligro. Se cumple en Ligeros
libertinajes sabáticos la regla general del cuento,
el tiempo de la historia es mayor que el tiempo del discurso.
El discurso comienza con "Todos los sábados la
señora Johnson organizaba una fiesta deliciosa"
lo que nos sitúa ante un periodo de tiempo indeterminado
muy amplio. Parece casi indicarnos que desde siempre fue así.
La utilización del pretérito imperfecto de indicativo
es magistral puesto que además de imprimir un ritmo
monótono al relato indica una acción pasada
sin indicación de límite en el tiempo . Esta
forma verbal que implica "ruptura" temporal en cuanto
que no fija unos límites concretos, nos parece paralela
a la ruptura moral que se produce en la obra. En el tratamiento
del tiempo, sin principio y final claros, queda fijado como
hito temporal la muerte del señor Peterson -contada
mediante resumen-. No sabemos exactamente porqué pero
es así. En ocasiones nos encontramos ante discurso
ralentizado respecto a su ritmo general, esto ocurre cuando
la acción cobra cierta intensidad sexual. El relato
es lineal aunque parta de un tiempo indefinido, la historia
se nos cuenta de forma ordenada. Pasamos de una situación
general de la historia -se nombra a los enemigos de la señora
Johnson etc.- a la concreción -antes del segundo plato,
durante el segundo plato, postre y despedida-. Aunque existe
cierta indeterminación temporal, los acontecimientos
son narrados de una forma concreta. A la descripción
indefinida del tiempo durante el que se llevan celebrando
las fiestas se añade un antes -"Antes de estar
muerto, el señor Peterson acudía a las deliciosas
fiestas de la señora Johnson"- y un después
de la muerte del señor Peterson -"Ahora que el
señor Peterson había fallecido (...)".
Pero en este caso no hay ningún salto en el tiempo,
no nos adentramos en el tiempo anterior, no existe analepsis
porque este tiempo queda englobado dentro del otro tiempo
total y absoluto. Continúa el relato con "después
del primer plato" -nada se nos dice del mismo: elipsis-
y más tarde con "Durante el segundo plato".
Este segundo plato sí está desarrollado puesto
que el señor Smith pasa cinco minutos mirando sin parpadear
el escote de Ferguson. Ésta le permite tocar su pecho
durante cinco minutos y después mira a su esposo. Un
poco más adelante el texto informa: "Pero durante
el resto de la velada la señora Ferguson sufría
enormemente porque su marido no era celoso". Este "durante
el resto de la velada" nos adelanta algo del relato,
cosa que no sucede en ninguna otra parte, aun así tampoco
existe salto temporal, simplemente anticipo o comentario.
De ahí pasamos a los postres, entonces uno de los comensales
se desliza debajo de la mesa y luego regresa. Se marchan a
buscar al señor Robertson que se encuentra ya preparado
para su numerito en la sala de billar, Adams llora porque
sus genitales son más pequeños y necesita la
ayuda de su mujer, el grupo se marchará a buscar a
la señora Adams para calmarlo; encuentran a Adams en
el jardín, Peterson es consciente de que el canario
no está en su escote, lo tiene la señora Adams
en la vulva. Adams se arrepiente y lo devuelve a su propietaria
y hace las paces con su marido; después, todos "empezaban
a olvidarlo absolutamente todo" y los señores
Johnson reciben los comentarios de los invitados respecto
a la maravillosa fiesta. Los Johnson fuman un cigarrillo,
suben a las habitaciones y la señora Johnson le obsequia
con un beso al señor Johnson. Vemos en este resumen
de la historia cómo suceden linealmente los hechos
junto al discurso; siempre se avanza hacia delante y no hay
cortes, solo explicación de alguna situación
concreta. Avanzamos lentamente hacia un final que no parece
el esperado, es decir, no pasa nada, lo que tenía que
pasar ya ha pasado y lo pasado no es sublime, al contrario,
hemos asistido a las desavenencias matrimoniales de unas parejas
a la hora de la cena en la que comida y sexo suceden simultáneamente
sin pena ni gloria. Solo los hijos de la señora Johnson
resultan plenamente satisfechos, por esto esperan ansiosos
la llegada del próximo sábado.
De los números
Dice Cirlot en su Diccionario de símbolos que los
números no son expresiones meramente cuantitativas
sino ideas-fuerza con caracterización específica
para cada uno de ellos. No pretendemos hacer una interpretación
definitiva y cerrada del papel que juegan los números
en el cuento, por ello cuando hablemos de números y
su posible implicación en el relato lo haremos siempre
con cautela. En cualquier caso, tanto el número de
personajes -doce más el número indeterminado
de hijos, instintivamente suponemos otra pareja- como el día
escogido en el relato, sábado -sexto día- antes
del domingo -siete que implica la idea de orden completo,
ciclo- son datos relevantes y significativos. No tenemos la
capacidad para decir qué significan los números
exactamente en el relato, puesto que cada número puede
tener varios significados a veces contradictorios entre sí.
La elección del significado por lo tanto es una labor
que concierne al lector del relato. Nosotros expondremos aquí
algunos de los significados recogidos por Jean Chevalier y
Alain Gheerbrant . Ellos afirman que el seis "puede inclinarse
al bien, pero también hacia el mal, hacia la unión
con Dios, pero también hacia la revuelta.", más
adelante "En el Apocalípsis el número seis
tiene una significación netamente peyorativa; es el
número del pecado", después "Según
el análisis de los cuentos de hadas, el seis sería
el hombre físico sin su elemento salvador, sin esa
última parte de sí mismo que le permite entrar
en contacto con lo divino. También la cifra 6 estaba
consagrada en la antigüedad a Venus Afrodita, diosa del
amor físico" y finalmente "En lenguaje hindú
es la penetración de la yoni por el linga, el equilibrio
del agua y el fuego (...)".
En cualquier caso, la significación del número
seis se hace dentro de un contexto, por lo que será
conveniente ver cómo funciona junto a los demás
elementos.
De la noche
Respecto a la noche Cirlot escribe "Relacionado con
el principio pasivo, lo femenino y el inconsciente (...).
Como estado previo, no es aún el día, pero lo
promete y prepara. Tiene el mismo sentido que el color negro
y la muerte, en la doctrina tradicional". Chevalier y
Gheerbrant afirman "Como todo símbolo, la propia
noche presenta un doble aspecto, el de las tinieblas donde
fermenta el devenir, y el de la preparación activa
del nuevo día, donde brotará la luz de la vida.".
No debemos olvidar aquí el dominio absoluto de la pasividad
en el relato por parte de los hombres -tanto por su incapacidad
como por su voluntad-, tanto es así que no es extraño
que ellas "tomen el nombre de sus maridos". Respecto
a la noche diremos lo mismo que del número seis: la
significación en su contexto posee siempre un contexto.
Del sábado
Frente a la tradición cristiana hubo alguna tradición
anterior a la que ésta se superpuso: "Las imprecaciones
de los profetas Isaías y Oseas contra los sabbats y
las fiestas ligadas a los ciclos lunares, a las neomenias,
<<parecen mostrar que existían entonces huellas
de una antigua tradición de la época nómada,
según la cual el sabbat, ligado a un culto lunar, se
celebraba con una fiesta alegre>> (SOUL, 143) que no
tenía nada que ver con la del día del Señor."
y también "sabbat de las brujas. Éstas
partían a caballo sobre una escoba, según la
leyenda, reuniéndose en un claro del bosque, donde
formaban gran tumulto y se libraban a escenas delirantes y
espantosas. Es el aspecto nocturno del símbolo del
séptimo día: cuando Dios descansa, se agitan
los demonios" .
No es, por supuesto, gratuito el hecho de que sea en sábado
cuando se celebran las deliciosas fiestas de la señora
Johnson. La noche del sábado occidental es el momento
de la semana en el cual las reglas establecidas pasan a segundo
plano y la moral queda trastocada de manera tal que la permisividad
se hace más pronunciada y los comportamientos son mucho
más audaces.
Es el día en el que termina la semana, después
viene la calma, ninguna obligación nos cohíbe,
por lo tanto el desenfreno pudiera ser rasgo dominante, ya
que la mañana siguiente es un espacio para el descanso
e incluso para la redención. Es decir, regresamos al
principio y parecemos integrarnos dentro de la eternidad.
Pero este sábado no es un lugar fuera del ciclo como
indicamos antes, está integrado dentro del mismo, de
ese hastío del que se intenta escapar. No es posible
ya que el desenfreno es un elemento más dentro de lo
cíclico, la transgresión se hace tradición.
En este marco en el que los excesos son la pauta a seguir
(alcohol, sexo...), se encuadra este cuento en el que todo
parece estar permitido y nada parece regulado ¿La libertad
más absoluta es la nota predominante? Decimos "parece"
con toda intención porque la realidad es justamente
lo contrario. La libertad que impregna la idea de sábado
está completamente ausente en el relato. De nuevo,
ese maravilloso pretérito imperfecto nos da la clave.
¿Cómo puede existir libertad alguna cuando las
acciones se vienen repitiendo desde no se sabe cuándo
y tampoco parecen tener fin? No existe libertad alguna. Los
personajes son autómatas que representan una y otra
vez la misma función. No hay atisbo alguno de posible
rebeldía. Todos y cada uno de ellos repite su papel
eternamente.
Existen mínimas diferencias entre el exterior y su
isla. Las reglas son distintas, aparentemente algo más
permisivas pero sus comportamientos están igualmente
codificados ya que ninguno se sale de la tradición.
La cena
Solo diremos unas breves palabras respecto a la cena. Lo
que se nos cuenta es la superposición de lo sexual
y el alimento. Mientras se celebra la cena, tiene lugar el
incesto y otros comportamientos de tipo sexual. Este solapamiento
lo encontramos aún más claro cuando para apagar
el ruido procedente de las habitaciones de los hijos de los
señores Johnson, los comensales mastican cada vez más
alto. No creemos que la cena de la señora Johnson guarde
relación con las palabras del Evangelio de San Lucas
(22, 14-20) .
Erotismo y sexualidad
A lo largo del cuento la sexualidad aparece como homosexualidad,
impotencia, vouyerismo, exhibicionismo y zoofilia.
La homosexualidad masculina sigue teniendo una clara connotación
peyorativa, y decimos sigue -y ente sentido nos adherimos
a tus palabras, Carlos- porque quedan dentro de un espacio
vedado para el lector, o al menos, únicamente sugerido.
Estas relaciones sexuales suceden "fuera" del espacio
en el que se desarrolla la acción manteniendo los tópicos
de la literatura erótica o pornográfica -según
el caso y el lector- según los cuales la homosexualidad
masculina está prohibida, también la zoofilia.
La vertiente más tradicional de este tipo de literatura
y su doble rasero -homosexualidad masculina no, homosexualidad
femenina por supuesto- pudieran estar quedando en entredicho
en el texto cuando aparecen sugeridos comportamientos
no aceptados por esa tradición. Paralelamente a la
transgresión del grupo primero respecto a la sociedad,
todos los invitados, se da una transgresión segunda
por parte de los hijos. Sin embargo, la repetición
de esta tradición segunda no es capaz de ser integrada
dentro del sistema, porque desde siempre fue así y
así continuará. Esta discriminación genérica
ha podido responder a que el destinatario del texto fuera
un hombre. Parece ser que Mercedes Abad se rebela contra esos
tópicos -de hecho, también incluye la zoofilia-
e intenta acercarse más a la totalidad de los comportamientos
sexuales que excluir algunos otros debido a la mojigatería
del lector solo para algunos aspectos.
Antes de terminar quisiéramos cuestionar la etiqueta
de erótico para este cuento. ¿Hasta dónde
reúne los elementos de ese tipo de literatura? Seguramente,
como dijimos antes, erotismo y pornografía, pornografía
y erotismo, son solo asuntos que conciernen al propio lector.
Dejamos por lo tanto esta cuestión al libre albedrío
del mismo.
Bibliografía:
- Chevalier, Jean y Gheerbrandt, Alain: Diccionario de los
símbolos, Barcelona, Editorial Herder, 1988.
- Cirlot, J.A.: Diccionario de símbolos (pag. 127-128),
Madrid, Ediciones Siruela, 1999.
- Estébanez Calderón, D.: Diccionario de términos
literarios, Madrid, Alianza Editorial, 1999.
- Marchese, A. y Forradellas, J.: Diccionario de retórica,
crítica y terminología literaria, Madrid, Ariel,
1998.
- Ortega y Gasset, J.: Meditaciones del Quijote, Madrid, Editorial
Cátedra, 1998.
- Real Academia Española: Diccionario de la Lengua
Española, Madrid, Editorial Espasa-Calpe, 1992.
- Sullá, Enric: Teoría de la novela (Antología
de textos del siglo XX), Barcelona, Editorial Crítica,
1996.
- Villanueva, Darío.: El comentario de textos narrativos,
Gijón, Ediciones Júcar, 1989.
- Villa Ventura, S. y Escuain, S.: Nuevo Diccionario Bíblico
Ilustrado. Ed. CLIE, ¿Barcelona?, 1985.
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