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| Rousseau por M. Q. de
Latour |
Jean-Jacques Rousseau nace en junio de 1712 en Ginebra. Es hijo
de un modesto relojero que formaba parte de un grupo de artesanos
del barrio de Saint-Gervais, y de Suzanne Bernard, la cual muere
pocos días después del parto. Queda, por
tanto, con su hermano al cuidado del padre y de una tía
materna. Su hermano, ávido de hacer fortuna, se marcha
en 1721, sin que se sepa nada más de él a partir
de entonces. Su padre tenía la costumbre de leer con
Rousseau toda suerte de novelas e historias, entre ellas Astrea
de D’Urfé y las Vidas paralelas de Plutarco.
Tales lecturas avivaron la fantasía de Rousseau y acrecentaron
su sensibilidad. Al año siguiente de la marcha del
hermano, el padre sostiene una disputa violenta con un conciudadano
que le había insultado, lo que le cuesta el destierro.
El muchacho, que contaba sólo diez años, es
confiado entonces a su tío Bernard, quien le interna
junto con su propio hijo en Bossey, en la escuela del pastor
Lambercier, donde Rousseau pasa dos años felices en
pleno campo, entregado principalmente a la pereza y los ensueños.
Abandona la escuela a los doce años. Por entonces es
un niño tímido y orgulloso. Prontamente se coloca
de aprendiz del grabador Ducommun. Éste le dispensa
un trato tan brutal que consigue hacer de él un auténtico
granuja.
Un domingo, cuando regresaba demasiado tarde de un paseo,
el joven Rousseau halla cerradas las puertas de la ciudad,
y temeroso de la sanción o paliza que le esperaba de
su amo, decide huir y alejarse de Ginebra. Llegado a dos leguas
de la población, en Saboya, un abate compasivo se hace
cargo del muchacho. Rousseau cree que la solución a
un plato de comida todos los días quizás radica
en su posición religiosa y opta por convertirse al
catolicismo aconsejado por el abad. El abate le conduce a
Annecy, a la casa de la señora de Warens, una joven
viuda y católica conversa. “Me había imaginado
una vieja y ceñuda mojigata", mas se topó
con un "semblante agraciado, bellos ojos llenos de dulzura,
una tez brillante y un busto encantador”. Este encuentro tiene
lugar el Domingo de Ramos de 1728, fecha que resulta para
Rousseau tan importante como pudieran haberlo sido para Dante
y Petrarca aquellas en las cuales vieron respectivamente por
primera vez a Beatriz y Laura.
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Rousseau en casa
de Mme Warens |
Madame Warens envía a su protegido al hospicio de los
catecúmenos de Turín para recibir el bautismo
”No podía apartar de mi mente que el sagrado acto que
iba a realizar era en realidad el acto de un bandido”. La nueva
fe le sirve de bien poco. Desempeña diferentes trabajos
de apenas unos días y durante algún tiempo vive
pobremente en ciudades distintas. De vez en cuando se resguarda
en casa de la señora de Warens. En 1732 se acoge a este
refugio por una período largo de tiempo. Habita durante
cinco años en un círculo cerrado cuyos puntos
dentro de la circunferencia son madame Warens, Claude Anet y
el propio Rousseau. Las relaciones entre él y Madame
de Warens son a nivel familiar, el protegido llama “mamá”
a su protectora y ella le denomina “pequeño”. A la muerte
de Claude Anet, Rousseau se convierte en el amante de su protectora,
lo que le hace llevar una vida más agradable y tranquila.
Trabaja en el catastro de Saboya, y da lecciones de música.
La armonía dura poco y un nuevo amante le reemplaza en
el corazón de la señora de Warens. A la
edad de treinta años llega a París en busca
de gloria. Lleva bajo el brazo un nuevo sistema de notación
musical que ha ideado con gran ilusión y en el que
ha depositado grandes esperanzas, pero el sistema fracasa.
Entonces, conoce a importantes personajes como Fontenelle,
Réaumur, Rameau, Marivaux y Diderot.
Rousseau recibe entonces un buen consejo del abad de Saint-Pierre:
“en Paris no se hace nada si no es por las mujeres”. Rousseau
busca, entonces, la protección de las grandes damas,
que le consiguen diversos empleos. Primero fue secretario
particular de la señora de Dupin, esposa e hija de
banqueros, y más tarde secretario del recién
nombrado embajador de Francia en Venecia, Monsieur de Montagu.
A su servicio está alrededor de dieciocho meses y demuestra,
según él mismo dice, dotes de gran diplomático.
Pero Monsieur de Montagu no quiere mantener a su servicio
a un hombre a quién juzgaba superior, lo que precipita
el regreso de Rousseau a Francia.
En 1745 se une sentimentalmente a Thérèse Lavasseaur.
Su aspecto modesto y su dulce mirada le atrajeron. Es una
joven sirvienta, ignorante y de cortos alcances. Rousseau
le declara a la muchacha que si bien no piensa casarse nunca
con ella tampoco ha de abandonarla jamás. Tienen, con
el correr de los años, cinco hijos que acaban uno tras
otro, no sin tardíos remordimientos, en el hospicio:
“Puesto que no me hallaba en condiciones de educar yo mismo
a mis hijos hubiera sido necesario dejarles crecer junto a
su madre, la cual hubiérales convertido en monstruos.
Me estremece este mero pensamiento”. Su conciencia, por tanto,
nunca le impide la persecución de sus propios intereses
ni la satisfacción de sus deseos.
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Portada del Discours
sur les sciences et les arts |
En 1750 Diderot le impulsa a presentarse al concurso que ha
convocado la Academia de Dijon. Con su Discours sur les
Sciences et les Arts obtiene el primer premio y un cierto
prestigio. Por aquel entonces, Jean-Jacques reforma su norma
de vida, y trata de ponerla de acuerdo con sus ideas acerca
de la existencia simple y natural. Durante algún tiempo,
acepta la hospitalidad de la señora D’Epinay que le ofrece
la residencia de L’Ermitage, una casita situada junto al bosque
de Montmerency, lugar solitario y salvaje al norte de París,
y considerado por Rousseau como un paraje ideal para el cumplimiento
de su misión: decir la verdad. Aquí se enamora
perdidamente de la cuñada de su anfitriona, la señora
d’Houdetot, la cual le inspira a Julie, el personaje
central de su gran novela. Poco a poco rompe con sus amigos
que le acusan de fingir un falso amor por la soledad, e incluso
una disputa en 1757 con la señora d’Epinay le obliga
a instalarse en Montlouis, cerca de Montmerency. Durante
esta estancia completa La Nouvelle Éloise
y escribe la Carta sobre los espectáculos.
Durante los años sucesivos aparecen La nueva Eloisa
(1761), El contrato social (1762), obra proscrita
en Francia y finalmente, Émile, texto publicado
en 24 de mayo de 1762 y condenado a la hoguera, en tanto se
decreta la detención del autor. El Contrato social
es el manual de los doctrinarios de la Revolución francesa,
y Emile ou De l’éducation expone el respeto
que la pedagogía debe sentir por los buenos instintos
naturales del hombre, cuyo libre desarrollo debe guiar de
la manera menos artificial posible. La parte religiosa de
Émile, titulada “Profesión de foi du
Vicaire Savoyard” irrita de inmediato al parlamento de París,
que lo considera “impío, escandaloso y ofensivo”. Rousseau
se ve obligado a huir de Francia para no acabar en la cárcel.
Emprende ocho años de escapada que le obliga a llevar
una vida errante. Uno de sus refugios fue Inglaterra, puesto
que Rousseau acepta el ofrecimiento de David Hume. Pero perseguido
por odios religiosos o por la animosidad de sus antiguos amigos,
se siente acosado en todas partes y decide volver a Francia.
Pobre y solitario, con la única compañía
de Thérèse, con la cual se casa en agosto de
1768, y la amistad de un solo hombre, Bernardin de Saint-Pierre,
se instala en París, donde vive acuciado por la idea
fija de la existencia de un complot universal urdido contra
él. En 1770 intenta justificarse ante todos con sus
Les confessions cuya lectura pública fue prohibida.
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| Rousseau por G.-F. Mayer |
En París, Rousseau vive modestamente en el cuarto piso
de una casa de la calle Platrière y su única fuente
de ingresos la obtiene copiando partituras musicales. Lleva
desde entonces una vida ordenada y de largos paseos por los
parques de París, donde recoge hierbas que luego clasifica.
Éstas le habían curado de sus frecuentes indisposiciones:
“es la naturaleza la que cura, no los hombres”. Enemigo
de la lluvia y gran amante del sol, gusta de pasear bajo sus
rayos en las horas en que cae con más fuerza e inicia
la composición de su último libro, Las meditaciones
del paseante solitario. En mayo de 1778, invitado por
el marqués de Girardin, se traslada al pabellón
situado frente al castillo de Ermenonville, en tanto que aguarda
la construcción de una cabaña en el parque.
A pleno sol se dedica a recoger hierbas, su afición
preferida. El 2 de julio Jean-Jacques fallece víctima
de una apoplejía, y es enterrado dos días después,
por la noche, en el extremo del lago, en la isla de los Chopos.
| 2. Situación histórica
y cultural |
El problema político constituye un
punto de referencia fundamental para la comprensión
de la filosofía de las luces. Hasta 1789 la vida política
tiene como marco el Antiguo Régimen, que se desenvolvía
en torno a una monarquía que se consideraba de derecho
divino. La iglesia católica actuaba como legitimadora
de aquel tipo de organización política. Una
de las constantes que recorren el pensamiento de las luces
consistía precisamente en su intento de desenmascarar
tal complicidad. Por ello, el problema de la crítica
de la tradición religiosa conducía
en definitiva a la crítica de las formas políticas
imperantes.
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| Voltaire por Q. de La
Tour |
La situación se deteriora a la muerte de Luis XIV. Inglaterra,
por el contrario había sabido resolver tempranamente
sus contradicciones más acuciantes. El contraste político
entre ambos países influirá poderosamente en la
evolución del pensamiento ilustrado. Ya Voltaire se encargó
de hacer el elogio político de Inglaterra en sus Cartas
filosóficas: "La nación inglesa es la
única que ha llegado a regular el poder de los reyes
resistiéndoles, y que, de esfuerzo en esfuerzo, ha establecido
finalmente ese gobierno sensato en el que el príncipe,
todopoderoso para hacer el bien, tiene las manos atadas para
hacer el mal". Todo ello contrastaba con los valores obsoletos
de la sociedad francesa, donde la aristocracia parasitaria trataba
de imponer sus valores. La crisis final de lo que se ha llamado
Antiguo Régimen se corresponde con el ascenso
de la burguesía como clase social, con la crítica
al absolutismo ilustrado y la aparición del liberalismo
y con lo que Rostow ha definido como “despegue industrial“.
Esta situación llegó a su punto crítico
en la época de la revolución de las colonias
inglesas de América y con la Revolución francesa.
Inglaterra se anticipó y en 1648 y 1688 llevó
a acabo una serie de reformas políticas y económicas.
Además, accedió tempranamente a la 1ª revolución
industrial y sería la primera nación en iniciar
el camino hacia un tipo de sociedad capitalista. En el continente
europeo, entre 1800 y 1815, el Imperio Napoleónico
actuó de difusor de las ideas básicas de la
Revolución francesa. El triunfo del liberalismo
amplió las élites de la sociedad y significó
el final del Antiguo Régimen, pero siguió marginando
a las masas. Significó el triunfo de una burguesía
ascendente que empezó a modelar la nueva sociedad capitalista
y cuya consigna principal era enriquecerse.
| 3. Planteamientos económicos,
sociales y filosóficos |
Europa occidental vivió a lo largo del s. XVIII una
serie de rupturas cada vez más profundas. Poco a poco
la sociedad se fue desprendiendo de condiciones y soluciones
que a veces databan del mundo medieval. Este proceso se hizo
lentamente hasta finales del s. XVIII.
Con la Ilustración se buscaron fórmulas
para iniciar desde arriba unas reformas que trataban de fortalecer
el trono, corregir los abusos centralizar, racionalizar y
enseñar. Esta vía aportó diversas mejoras
materiales, pero también la crítica al propio
sistema que quería reformar, y por tanto aceleró
más que impidió el fin del Antiguo Régimen.
La Guerra de los Siete Años dejó a la mayor
parte de los gobiernos cargados de deudas. Las necesidades
recaudatorias de las diferentes monarquías dieron lugar
a conflictos con los distintos estamentos, con los gremios,
con las colonias y con los municipios. Así los problemas
hacendísticos fueron detonantes de las más importantes
revoluciones. Estas revoluciones tenían muchas cosas
en común. Tenían una misma filosofía
de los derechos naturales y afirmaban ideas
parecidas sobre la soberanía popular.
En el aspecto económico y social la Europa del s. XVIII
ve el comienzo de un verdadero cambio económico: la
“primera revolución industrial”, con
transformaciones en la agricultura, el comercio y la industria
y con un importante avance demográfico. Estos cambios
refuerzan la posición de la burguesía europea
que, a pesar de no ser una clase homogénea, comienza
a elaborar una filosofía común a su grupo, filosofía
que no pretende ser exclusivista, es decir: una filosofía
para todos los hombres.
¿Cuáles son los temas filosóficos fundamentales?.
-
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| Goethe en la campiña
romana - Tischbein |
El filósofo siempre actúa guiado por la razón,
con espíritu crítico. Es la duda metódica
de la razón que planteaba Descartes. El objeto especial
de crítica será la religión.
- El segundo tema siempre aludido por los filósofos
es la naturaleza. Una naturaleza positiva
y normativa a la vez, que sirve para fundar la nueva moral.
La finalidad de esa nueva moral es conseguir la felicidad
humana.
- El progreso, material, intelectual y
moral.
- Proponen soluciones a los principales problemas prácticos
de su época, pero siempre defendiendo la libertad
del individuo la tolerancia y la
igualdad. Eso les lleva a atacar la tortura, la
censura y el encarcelamiento arbitrario.
- En el plano internacional consideran la guerra un crimen
y un absurdo y defienden un contrato entre los estados.
- Todos estos principios no se pueden lograr sin la enseñanza
que debe ser obligatoria y gratuita, dirigida por el Estado
y adaptada a las necesidades de la nación.
- En el campo económico se afirma que la verdadera
fuente de riqueza es el trabajo y el mejor
método para mejorar la condición humana es
dejar en libertad al espíritu de empresa.
A partir de 1760 se producen en Europa reacciones contra
el efecto insensibilizador del culto a la razón y se
comienza a resaltar la sensibilidad, en una especie de prerromanticismo.
El autor más destacado de esta corriente es Rousseau.
Goethe afirmó que con Voltaire terminaba una época
(la de la razón como principio fundamental) y con Rousseau
comenzaba otra, caracterizada por el triunfo de la
naturaleza y el sentimiento.
| 4. Filosofía francesa del
s. XVIII |
Dos conceptos sirven para situar el s. XVIII en la historia
de la cultura: fue el de los filósofos
(una aptitud) y el de las luces (contenido
de ideas). Los propios escritores de este período estaban
convencidos de que emergían de siglos de oscuridad
e ignorancia a una nueva edad iluminada por la razón
y la ciencia.
Sin duda hubo muchas maneras de ser filósofo para
Voltaire y sus contemporáneos. El
texto atribuido a Dumarchais titulado El
filósofo define el ideal de una época,
como en otros tiempos lo fue el del humanista y el
de il cortegiano.
Los filósofos franceses realizaron una emancipación
a la cual conviene el término de Ilustración.
La emancipación del hombre, que para Kant
constituye el rasgo distintivo de la Ilustración, es
la emancipación de una clase, la burguesía,
que adquiere su mayoría de edad. Veían a la
Iglesia como la inexcusable fuerza que había esclavizado
la inteligencia humana en el pasado. En las condiciones políticas,
intelectuales y morales creadas por el A. Régimen,
la lucha por la Ilustración había que dirigirla
y ganarla contra la Iglesia. La filosofía de la Ilustración
debe a Descartes el gusto por el razonamiento,
la investigación y la audacia de ejercitar libremente
el juicio y de llevar a todas partes la duda metódica.
En el “Discurso preliminar” de la Enciclopedia —especie
de carta de la Ilustración—, D’Alembert hace
un elogio a Descartes afirmando: “Al menos se atrevió
a enseñar a los buenos espíritus a sacudirse
el yugo de la escolástica, de la opinión, de
la autoridad". No obstante, esta filosofía hizo
su aprendizaje con Newton y Locke.
4.1. Influencias
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| J. Locke |
Newton aportaba una filosofía a través de la
experiencia “el único medio de conocer lo constituyen
las experiencias razonadas y continuadas”. El análisis
es un camino más feraz que la deducción. El
propio Newton dio un ejemplo al establecer la ley de la gravitación,
haciendo que el universo fuese penetrable por el conocimiento
matemático. Mediante la defensa de la observación
y del análisis se impuso Locke como “maestro de sabiduría”
a los filósofos franceses de este siglo. El pensamiento
lockiano era experimentado a modo de liberación, no
sólo frente a un sistema escolástico obsoleto,
sino también frente a la pesada estructura de los sistemas
racionalistas. Su Ensayo sobre el entendimiento humano
(1690) desempeñó para la filosofía dieciochesca
de las ciencias humanas un papel tan relevante como las obras
de Newton para la filosofía de las ciencias de la naturaleza.
Locke se niega a deducir las leyes del universo a partir de
algunos principios captados directamente por la razón:
nuestras ideas se forman a partir de una experiencia sensible
que nos permite alcanzar la realidad. Para la filosofía
del s. XVIII, el alcance de las ideas de Locke será
inmenso. Locke valorizó definitivamente el papel de
la experiencia: aprendió a analizar las ideas para
hallar de nuevo la experiencia concreta originaria, con esto
abría Locke el camino a la crítica de nuestras
ideas morales y de nuestras representaciones. Uno de los difusores
más apasionados del pensamiento lockiano es Voltaire:
"Nunca hubo quizá un espíritu más
sensato, más metódico, un lógico más
exacto que el Sr. Locke". Locke y Newton no fueron los
únicos en orientar el racionalismo de la Ilustración
contra la abstracción cartesiana. Leibniz ejerció
sobre el pensamiento francés una influencia del mismo
sentido de Newton. De Leibniz se retiene que para conocer
la naturaleza no basta considerar la masa extensa, sino que
hay que tener en cuenta la noción de fuerza; se pasa
por alto la definición espiritualista de la mónada
para retener de ella las propiedades de un principio dinámico
y creador.
Spinoza es uno de los que, en la batalla
de las ideas en el s. XVIII, se consideran puntos de referencia.
Ser “espinozista” era ser un materialista ateo según
el vocabulario de la Ilustración. Su influencia se
ejerció en el seno de una oposición al idealismo
cartesiano y de una reafirmación de las tesis de la
filosofía italiana del Renacimiento. Asimila a Dios
a la naturaleza, pero trabaja, al igual que Leibniz, en la
construcción del dualismo. La interpretación
más corriente del espinozismo invitaba a ver en la
naturaleza un alma del mundo constituida por una materia muy
sutil, siempre en movimiento, y de la cual las almas individuales
sólo son una porción. En su Tratado teológico-político
dio también el primer ejemplo de una crítica
histórica antirreligiosa.
A estas influencias se unen otras muchas, pues los filósofos
franceses de la Ilustración fueron grandes lectores
y desarrollaron su pensamiento en “diálogo” con sus
predecesores remotos o próximos. Lucrecio,
Séneca, Bacon, Toland,
Mandeville...
4.2. Ámbitos de la filosofía francesa del s.
XVIII
- La naturaleza
La originalidad del pensamiento ilustrado es pasar de una
concepción del mundo heredada de la física
matemática a la física descriptiva, que se
apoya sobre todo en los progresos realizados en biología,
en fisiología y en medicina.
La naturaleza se les presenta a los ilustrados como una
especie de apoyatura a la que remiten constantemente como
a un punto de referencia fundamental. El termino naturaleza,
tal como escribirá Sartre, "crea en el siglo
XVIII una complicidad inmediata entre los interlocutores".
La razón y la naturaleza son como dos aspectos de
un mismo problema. En la búsqueda apasionada de la
felicidad se critica a la ideología que reprime a
la naturaleza.
En el plano moral y político la naturaleza es invocada
como aliada en la lucha contra los valores obsoletos y las
instituciones irracionales. Buffon en su
Historia natural ofrece por primera vez una historia
del mundo que quedaba apartada de toda dogmática
religiosa, no queriendo apoyarse más que en hechos
observables y en los principios experimentales de la física.
Para explicar los fenómenos de la vida Buffon recurre
a la teoría de las “moléculas orgánicas”:
finas partículas indestructibles que pasan de un
ser a otro —monada leibniziana materializada—.
El origen de esas “moléculas” —es decir, el
origen de la vida— Buffon lo hallará en las
combinaciones químicas que pudieron producirse en
un momento dado del enfriamiento de la Tierra. Buffon en
zoología abre el camino al transformismo de Lamarck
cuando muestra que las formas vivientes son susceptibles
de cambios o modificaciones.
- El hombre
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| E. B. de Condillac |
El pensamiento humano no puede interrogar a la naturaleza
exterior sin volverse hacia sí mismo, sin preguntarse
cómo y por qué puede el hombre conocer el
mundo y dominarlo.
Condillac, con su doctrina del sensualismo,
argumenta que todo el conocimiento humano y todas las experiencias
conscientes derivan tan solo de la percepción que
proporcionan los sentidos: nuestras operaciones intelectuales
resultan de la elaboración y de la transformación
de la sensación representativa. El “yo” es el conjunto
de sensaciones presentes y de las sensaciones conservadas.
Funda la “ideología”, ciencia que tiene por objeto
el estudio de las ideas o hechos de conciencia, de sus caracteres,
de sus leyes, y de su origen.
Helvétius llevará hasta su
extremo la negación de las ideas innatas. Una filosofía
en la que todo es “explicable mediante la sensibilidad física”,
el juicio mismo se reduce a “sentir”. Con Helvétius
desembocaba la psicología en una antropología
que asimila la naturaleza del hombre a su ser social.
Para otros como Rousseau o Voltaire,
la sociabilidad, la perfectibilidad y la creatividad son
cualidades que Dios ha concedido a la especie humana.
El siglo XVII fue la centuria en la que la reflexión
sobre la Historia entra ampliamente en
el campo de la Filosofía. El iniciador fue P.
Bayle, con su Diccionario histórico
que constituyó para los lectores de la Ilustración
un incomparable ejercicio intelectual. Ofrecía también
la primera imagen del historiador moderno, que debe situarse
lo más posible en el estado de “un estoico, al que
ninguna pasión agita”, y que, desligado de todo interés
de grupo, es un “habitante del mundo” que solo presta “juramento
de obediencia” “a la verdad”.
Voltaire es el primer escritor que concibe la Historia moderna
como una narración que en primer lugar se preocupa
por la exactitud. Es el primero también en dar a
la Historia su dimensión máxima haciendo adquirir
conciencia de las transformaciones que la humanidad tuvo
que sufrir en todos los ámbitos antes de alcanzar
el verdadero conocimiento de sí misma.
Montesquieu se limitaba al estudio del
Estado: se proponía sacar a la luz los principios
de organización de las sociedades, es decir, descubrir
bajo la confusión, el capricho o lo absurdo de las
costumbres, la ley (en el sentido newtoniano) que gobierna
el régimen de un pueblo, “el espíritu general”
de una nación. Montesquieu estableció un vínculo
orgánico entre el fenómeno político
y el fenómeno social. Es el primero en vincular el
mecanismo político a la vida social, haciéndolo
depender de la extensión (pequeño territorio:
república; grandes imperios: despotismo), de la organización
social, y sobre todo, de un principio moral constitutivo
(virtud: república; honor: monarquía; temor:
despotismo). A través del análisis de los
tipos de gobierno, Montesquieu se propone alcanzar el espíritu
de una sociedad en la pluralidad de sus componentes.
 |
| Montesquieu |
Todo implicaba una nueva concepción de la
moral, puesto que esta no estaba ya ligada a un
estatuto metafísico, sino a la existencia de un individuo
unido a los demás en una sociedad.
El siglo XVIII francés quiere romper con una doble
tradición: la tradición estoica que enseñaba
a endurecerse contra las pasiones y la tradición
cristiana que hacía hincapié en la miseria
del hombre. Los filósofos franceses rehabilitaran
la naturaleza humana con el fin de convencer al hombre de
que puede crearse las condiciones de su felicidad. En el
hombre es la pasión el equivalente de la energía
en la naturaleza. El deísmo inglés defendía
la tesis de una armonía entre la felicidad y la virtud:
ser dichoso es ser virtuoso. En el s. XVIII la virtud se
entendía como la práctica de la sociabilidad.
La única dificultad, como lo mostrará Rousseau,
es la de distinguir entre verdadera y falsa sociabilidad
La obra del s. XVIII que revela la complejidad de la de
la problemática moral de la Ilustración fue
la de Diderot. Diderot encontrará
las mayores contradicciones de la Ilustración, las
de determinismo/libertad y naturaleza/sociedad. Supera el
primero de los dilemas: “todo está sometido a una
causalidad rigurosa”. Y el segundo: la desgracia del hombre
social se debe a que está sometido a un código
religioso que se contradice entre sí y que ambos
contradice a la naturaleza. Diderot, pide, por tanto, que
se reforme la ley moral acomodándola al código
natural, conforme a las necesidades de la especie. Gracias
al ejemplo de Diderot se comprende que las dificultades
de la moral del dieciochesco son también las de la
política. La importancia de esta época se
debe a la ambición que los filósofos sintieron
por plantear los problemas de una política racional.
Los escritores de este siglo centran su esfuerzo en circunscribir
el ámbito de la política como ámbito
autónomo de conocimiento. “No nacemos con fuerza
para andar; pero todo el que nace con dos pies andará
un día”: el siglo XVIII francés está
convencido de que para la humanidad ha llegado el tiempo
de aprender a andar bien.
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