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Paradigmas del realismo

Durante el 1870-1880 se produce en toda Europa un nuevo movimiento literario, el realismo. El antecedente de este estilo tiene sus fuentes en la tradición clásica... María Luisa Pérez Bernardo

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Jean-Jacques Rousseau: El contrato social (I)

Raquel del Coso
Filósofo en el sentido que el término tenía en la Francia del s. XVIII: el hombre que opone naturaleza a ley, razón a costumbre, su conciencia a la opinión y su juicio al error. Pese a ello, los restantes filósofos formarán piña contra él. El más retrogrado de los pensadores, en opinión de los que le denigran, o el más audaz, según sus apologetas, provoca juicios encontrados y para todos los gustos: individualista, totalitario, cosmopolita, patriota, anarquista.

1. Rousseau: su vida

Rousseau por M. Q. de Latour
Rousseau por M. Q. de Latour
Jean-Jacques Rousseau nace en junio de 1712 en Ginebra. Es hijo de un modesto relojero que formaba parte de un grupo de artesanos del barrio de Saint-Gervais, y de Suzanne Bernard, la cual muere pocos días después del parto.

Queda, por tanto, con su hermano al cuidado del padre y de una tía materna. Su hermano, ávido de hacer fortuna, se marcha en 1721, sin que se sepa nada más de él a partir de entonces. Su padre tenía la costumbre de leer con Rousseau toda suerte de novelas e historias, entre ellas Astrea de D’Urfé y las Vidas paralelas de Plutarco. Tales lecturas avivaron la fantasía de Rousseau y acrecentaron su sensibilidad. Al año siguiente de la marcha del hermano, el padre sostiene una disputa violenta con un conciudadano que le había insultado, lo que le cuesta el destierro. El muchacho, que contaba sólo diez años, es confiado entonces a su tío Bernard, quien le interna junto con su propio hijo en Bossey, en la escuela del pastor Lambercier, donde Rousseau pasa dos años felices en pleno campo, entregado principalmente a la pereza y los ensueños. Abandona la escuela a los doce años. Por entonces es un niño tímido y orgulloso. Prontamente se coloca de aprendiz del grabador Ducommun. Éste le dispensa un trato tan brutal que consigue hacer de él un auténtico granuja.

Un domingo, cuando regresaba demasiado tarde de un paseo, el joven Rousseau halla cerradas las puertas de la ciudad, y temeroso de la sanción o paliza que le esperaba de su amo, decide huir y alejarse de Ginebra. Llegado a dos leguas de la población, en Saboya, un abate compasivo se hace cargo del muchacho. Rousseau cree que la solución a un plato de comida todos los días quizás radica en su posición religiosa y opta por convertirse al catolicismo aconsejado por el abad. El abate le conduce a Annecy, a la casa de la señora de Warens, una joven viuda y católica conversa. “Me había imaginado una vieja y ceñuda mojigata", mas se topó con un "semblante agraciado, bellos ojos llenos de dulzura, una tez brillante y un busto encantador”. Este encuentro tiene lugar el Domingo de Ramos de 1728, fecha que resulta para Rousseau tan importante como pudieran haberlo sido para Dante y Petrarca aquellas en las cuales vieron respectivamente por primera vez a Beatriz y Laura.

Rousseau en casa de Madame Warens
Rousseau en casa
de Mme Warens
Madame Warens envía a su protegido al hospicio de los catecúmenos de Turín para recibir el bautismo ”No podía apartar de mi mente que el sagrado acto que iba a realizar era en realidad el acto de un bandido”. La nueva fe le sirve de bien poco. Desempeña diferentes trabajos de apenas unos días y durante algún tiempo vive pobremente en ciudades distintas. De vez en cuando se resguarda en casa de la señora de Warens. En 1732 se acoge a este refugio por una período largo de tiempo. Habita durante cinco años en un círculo cerrado cuyos puntos dentro de la circunferencia son madame Warens, Claude Anet y el propio Rousseau. Las relaciones entre él y Madame de Warens son a nivel familiar, el protegido llama “mamá” a su protectora y ella le denomina “pequeño”. A la muerte de Claude Anet, Rousseau se convierte en el amante de su protectora, lo que le hace llevar una vida más agradable y tranquila. Trabaja en el catastro de Saboya, y da lecciones de música. La armonía dura poco y un nuevo amante le reemplaza en el corazón de la señora de Warens.

A la edad de treinta años llega a París en busca de gloria. Lleva bajo el brazo un nuevo sistema de notación musical que ha ideado con gran ilusión y en el que ha depositado grandes esperanzas, pero el sistema fracasa. Entonces, conoce a importantes personajes como Fontenelle, Réaumur, Rameau, Marivaux y Diderot.

Rousseau recibe entonces un buen consejo del abad de Saint-Pierre: “en Paris no se hace nada si no es por las mujeres”. Rousseau busca, entonces, la protección de las grandes damas, que le consiguen diversos empleos. Primero fue secretario particular de la señora de Dupin, esposa e hija de banqueros, y más tarde secretario del recién nombrado embajador de Francia en Venecia, Monsieur de Montagu. A su servicio está alrededor de dieciocho meses y demuestra, según él mismo dice, dotes de gran diplomático. Pero Monsieur de Montagu no quiere mantener a su servicio a un hombre a quién juzgaba superior, lo que precipita el regreso de Rousseau a Francia.

En 1745 se une sentimentalmente a Thérèse Lavasseaur. Su aspecto modesto y su dulce mirada le atrajeron. Es una joven sirvienta, ignorante y de cortos alcances. Rousseau le declara a la muchacha que si bien no piensa casarse nunca con ella tampoco ha de abandonarla jamás. Tienen, con el correr de los años, cinco hijos que acaban uno tras otro, no sin tardíos remordimientos, en el hospicio: “Puesto que no me hallaba en condiciones de educar yo mismo a mis hijos hubiera sido necesario dejarles crecer junto a su madre, la cual hubiérales convertido en monstruos. Me estremece este mero pensamiento”. Su conciencia, por tanto, nunca le impide la persecución de sus propios intereses ni la satisfacción de sus deseos.

Portada del Discours sur les sciences et les arts
Portada del Discours
sur les sciences et les arts
En 1750 Diderot le impulsa a presentarse al concurso que ha convocado la Academia de Dijon. Con su Discours sur les Sciences et les Arts obtiene el primer premio y un cierto prestigio. Por aquel entonces, Jean-Jacques reforma su norma de vida, y trata de ponerla de acuerdo con sus ideas acerca de la existencia simple y natural. Durante algún tiempo, acepta la hospitalidad de la señora D’Epinay que le ofrece la residencia de L’Ermitage, una casita situada junto al bosque de Montmerency, lugar solitario y salvaje al norte de París, y considerado por Rousseau como un paraje ideal para el cumplimiento de su misión: decir la verdad. Aquí se enamora perdidamente de la cuñada de su anfitriona, la señora d’Houdetot, la cual le inspira a Julie, el personaje central de su gran novela. Poco a poco rompe con sus amigos que le acusan de fingir un falso amor por la soledad, e incluso una disputa en 1757 con la señora d’Epinay le obliga a instalarse en Montlouis, cerca de Montmerency.

Durante esta estancia completa La Nouvelle Éloise y escribe la Carta sobre los espectáculos. Durante los años sucesivos aparecen La nueva Eloisa (1761), El contrato social (1762), obra proscrita en Francia y finalmente, Émile, texto publicado en 24 de mayo de 1762 y condenado a la hoguera, en tanto se decreta la detención del autor. El Contrato social es el manual de los doctrinarios de la Revolución francesa, y Emile ou De l’éducation expone el respeto que la pedagogía debe sentir por los buenos instintos naturales del hombre, cuyo libre desarrollo debe guiar de la manera menos artificial posible. La parte religiosa de Émile, titulada “Profesión de foi du Vicaire Savoyard” irrita de inmediato al parlamento de París, que lo considera “impío, escandaloso y ofensivo”. Rousseau se ve obligado a huir de Francia para no acabar en la cárcel. Emprende ocho años de escapada que le obliga a llevar una vida errante. Uno de sus refugios fue Inglaterra, puesto que Rousseau acepta el ofrecimiento de David Hume. Pero perseguido por odios religiosos o por la animosidad de sus antiguos amigos, se siente acosado en todas partes y decide volver a Francia. Pobre y solitario, con la única compañía de Thérèse, con la cual se casa en agosto de 1768, y la amistad de un solo hombre, Bernardin de Saint-Pierre, se instala en París, donde vive acuciado por la idea fija de la existencia de un complot universal urdido contra él. En 1770 intenta justificarse ante todos con sus Les confessions cuya lectura pública fue prohibida.

Rousseau por G.-F. Mayer
Rousseau por G.-F. Mayer
En París, Rousseau vive modestamente en el cuarto piso de una casa de la calle Platrière y su única fuente de ingresos la obtiene copiando partituras musicales. Lleva desde entonces una vida ordenada y de largos paseos por los parques de París, donde recoge hierbas que luego clasifica. Éstas le habían curado de sus frecuentes indisposiciones: “es la naturaleza la que cura, no los hombres”.

Enemigo de la lluvia y gran amante del sol, gusta de pasear bajo sus rayos en las horas en que cae con más fuerza e inicia la composición de su último libro, Las meditaciones del paseante solitario. En mayo de 1778, invitado por el marqués de Girardin, se traslada al pabellón situado frente al castillo de Ermenonville, en tanto que aguarda la construcción de una cabaña en el parque. A pleno sol se dedica a recoger hierbas, su afición preferida. El 2 de julio Jean-Jacques fallece víctima de una apoplejía, y es enterrado dos días después, por la noche, en el extremo del lago, en la isla de los Chopos.

 

2. Situación histórica y cultural

El problema político constituye un punto de referencia fundamental para la comprensión de la filosofía de las luces. Hasta 1789 la vida política tiene como marco el Antiguo Régimen, que se desenvolvía en torno a una monarquía que se consideraba de derecho divino. La iglesia católica actuaba como legitimadora de aquel tipo de organización política. Una de las constantes que recorren el pensamiento de las luces consistía precisamente en su intento de desenmascarar tal complicidad. Por ello, el problema de la crítica de la tradición religiosa conducía en definitiva a la crítica de las formas políticas imperantes.

Voltaire por Q. de La Tour
Voltaire por Q. de La Tour
La situación se deteriora a la muerte de Luis XIV. Inglaterra, por el contrario había sabido resolver tempranamente sus contradicciones más acuciantes. El contraste político entre ambos países influirá poderosamente en la evolución del pensamiento ilustrado. Ya Voltaire se encargó de hacer el elogio político de Inglaterra en sus Cartas filosóficas: "La nación inglesa es la única que ha llegado a regular el poder de los reyes resistiéndoles, y que, de esfuerzo en esfuerzo, ha establecido finalmente ese gobierno sensato en el que el príncipe, todopoderoso para hacer el bien, tiene las manos atadas para hacer el mal". Todo ello contrastaba con los valores obsoletos de la sociedad francesa, donde la aristocracia parasitaria trataba de imponer sus valores. La crisis final de lo que se ha llamado Antiguo Régimen se corresponde con el ascenso de la burguesía como clase social, con la crítica al absolutismo ilustrado y la aparición del liberalismo y con lo que Rostow ha definido como “despegue industrial“.

Esta situación llegó a su punto crítico en la época de la revolución de las colonias inglesas de América y con la Revolución francesa. Inglaterra se anticipó y en 1648 y 1688 llevó a acabo una serie de reformas políticas y económicas. Además, accedió tempranamente a la 1ª revolución industrial y sería la primera nación en iniciar el camino hacia un tipo de sociedad capitalista. En el continente europeo, entre 1800 y 1815, el Imperio Napoleónico actuó de difusor de las ideas básicas de la Revolución francesa. El triunfo del liberalismo amplió las élites de la sociedad y significó el final del Antiguo Régimen, pero siguió marginando a las masas. Significó el triunfo de una burguesía ascendente que empezó a modelar la nueva sociedad capitalista y cuya consigna principal era enriquecerse.

 

3. Planteamientos económicos, sociales y filosóficos

Europa occidental vivió a lo largo del s. XVIII una serie de rupturas cada vez más profundas. Poco a poco la sociedad se fue desprendiendo de condiciones y soluciones que a veces databan del mundo medieval. Este proceso se hizo lentamente hasta finales del s. XVIII.

Con la Ilustración se buscaron fórmulas para iniciar desde arriba unas reformas que trataban de fortalecer el trono, corregir los abusos centralizar, racionalizar y enseñar. Esta vía aportó diversas mejoras materiales, pero también la crítica al propio sistema que quería reformar, y por tanto aceleró más que impidió el fin del Antiguo Régimen.

La Guerra de los Siete Años dejó a la mayor parte de los gobiernos cargados de deudas. Las necesidades recaudatorias de las diferentes monarquías dieron lugar a conflictos con los distintos estamentos, con los gremios, con las colonias y con los municipios. Así los problemas hacendísticos fueron detonantes de las más importantes revoluciones. Estas revoluciones tenían muchas cosas en común. Tenían una misma filosofía de los derechos naturales y afirmaban ideas parecidas sobre la soberanía popular. En el aspecto económico y social la Europa del s. XVIII ve el comienzo de un verdadero cambio económico: la “primera revolución industrial”, con transformaciones en la agricultura, el comercio y la industria y con un importante avance demográfico. Estos cambios refuerzan la posición de la burguesía europea que, a pesar de no ser una clase homogénea, comienza a elaborar una filosofía común a su grupo, filosofía que no pretende ser exclusivista, es decir: una filosofía para todos los hombres.

¿Cuáles son los temas filosóficos fundamentales?.

  • Goethe en la campiña romana - Tischbein
    Goethe en la campiña romana - Tischbein
    El filósofo siempre actúa guiado por la razón, con espíritu crítico. Es la duda metódica de la razón que planteaba Descartes. El objeto especial de crítica será la religión.
  • El segundo tema siempre aludido por los filósofos es la naturaleza. Una naturaleza positiva y normativa a la vez, que sirve para fundar la nueva moral. La finalidad de esa nueva moral es conseguir la felicidad humana.
  • El progreso, material, intelectual y moral.
  • Proponen soluciones a los principales problemas prácticos de su época, pero siempre defendiendo la libertad del individuo la tolerancia y la igualdad. Eso les lleva a atacar la tortura, la censura y el encarcelamiento arbitrario.
  • En el plano internacional consideran la guerra un crimen y un absurdo y defienden un contrato entre los estados.
  • Todos estos principios no se pueden lograr sin la enseñanza que debe ser obligatoria y gratuita, dirigida por el Estado y adaptada a las necesidades de la nación.
  • En el campo económico se afirma que la verdadera fuente de riqueza es el trabajo y el mejor método para mejorar la condición humana es dejar en libertad al espíritu de empresa.

A partir de 1760 se producen en Europa reacciones contra el efecto insensibilizador del culto a la razón y se comienza a resaltar la sensibilidad, en una especie de prerromanticismo. El autor más destacado de esta corriente es Rousseau. Goethe afirmó que con Voltaire terminaba una época (la de la razón como principio fundamental) y con Rousseau comenzaba otra, caracterizada por el triunfo de la naturaleza y el sentimiento.

 

4. Filosofía francesa del s. XVIII

Dos conceptos sirven para situar el s. XVIII en la historia de la cultura: fue el de los filósofos (una aptitud) y el de las luces (contenido de ideas). Los propios escritores de este período estaban convencidos de que emergían de siglos de oscuridad e ignorancia a una nueva edad iluminada por la razón y la ciencia.

Sin duda hubo muchas maneras de ser filósofo para Voltaire y sus contemporáneos. El texto atribuido a Dumarchais titulado El filósofo define el ideal de una época, como en otros tiempos lo fue el del humanista y el de il cortegiano.

Los filósofos franceses realizaron una emancipación a la cual conviene el término de Ilustración. La emancipación del hombre, que para Kant constituye el rasgo distintivo de la Ilustración, es la emancipación de una clase, la burguesía, que adquiere su mayoría de edad. Veían a la Iglesia como la inexcusable fuerza que había esclavizado la inteligencia humana en el pasado. En las condiciones políticas, intelectuales y morales creadas por el A. Régimen, la lucha por la Ilustración había que dirigirla y ganarla contra la Iglesia. La filosofía de la Ilustración debe a Descartes el gusto por el razonamiento, la investigación y la audacia de ejercitar libremente el juicio y de llevar a todas partes la duda metódica.

En el “Discurso preliminar” de la Enciclopedia —especie de carta de la Ilustración—, D’Alembert hace un elogio a Descartes afirmando: “Al menos se atrevió a enseñar a los buenos espíritus a sacudirse el yugo de la escolástica, de la opinión, de la autoridad". No obstante, esta filosofía hizo su aprendizaje con Newton y Locke.


4.1. Influencias

J. Locke
J. Locke

Newton aportaba una filosofía a través de la experiencia “el único medio de conocer lo constituyen las experiencias razonadas y continuadas”. El análisis es un camino más feraz que la deducción. El propio Newton dio un ejemplo al establecer la ley de la gravitación, haciendo que el universo fuese penetrable por el conocimiento matemático. Mediante la defensa de la observación y del análisis se impuso Locke como “maestro de sabiduría” a los filósofos franceses de este siglo. El pensamiento lockiano era experimentado a modo de liberación, no sólo frente a un sistema escolástico obsoleto, sino también frente a la pesada estructura de los sistemas racionalistas. Su Ensayo sobre el entendimiento humano (1690) desempeñó para la filosofía dieciochesca de las ciencias humanas un papel tan relevante como las obras de Newton para la filosofía de las ciencias de la naturaleza. Locke se niega a deducir las leyes del universo a partir de algunos principios captados directamente por la razón: nuestras ideas se forman a partir de una experiencia sensible que nos permite alcanzar la realidad. Para la filosofía del s. XVIII, el alcance de las ideas de Locke será inmenso. Locke valorizó definitivamente el papel de la experiencia: aprendió a analizar las ideas para hallar de nuevo la experiencia concreta originaria, con esto abría Locke el camino a la crítica de nuestras ideas morales y de nuestras representaciones. Uno de los difusores más apasionados del pensamiento lockiano es Voltaire: "Nunca hubo quizá un espíritu más sensato, más metódico, un lógico más exacto que el Sr. Locke". Locke y Newton no fueron los únicos en orientar el racionalismo de la Ilustración contra la abstracción cartesiana. Leibniz ejerció sobre el pensamiento francés una influencia del mismo sentido de Newton. De Leibniz se retiene que para conocer la naturaleza no basta considerar la masa extensa, sino que hay que tener en cuenta la noción de fuerza; se pasa por alto la definición espiritualista de la mónada para retener de ella las propiedades de un principio dinámico y creador.

Spinoza es uno de los que, en la batalla de las ideas en el s. XVIII, se consideran puntos de referencia. Ser “espinozista” era ser un materialista ateo según el vocabulario de la Ilustración. Su influencia se ejerció en el seno de una oposición al idealismo cartesiano y de una reafirmación de las tesis de la filosofía italiana del Renacimiento. Asimila a Dios a la naturaleza, pero trabaja, al igual que Leibniz, en la construcción del dualismo. La interpretación más corriente del espinozismo invitaba a ver en la naturaleza un alma del mundo constituida por una materia muy sutil, siempre en movimiento, y de la cual las almas individuales sólo son una porción. En su Tratado teológico-político dio también el primer ejemplo de una crítica histórica antirreligiosa.

A estas influencias se unen otras muchas, pues los filósofos franceses de la Ilustración fueron grandes lectores y desarrollaron su pensamiento en “diálogo” con sus predecesores remotos o próximos. Lucrecio, Séneca, Bacon, Toland, Mandeville...


4.2. Ámbitos de la filosofía francesa del s. XVIII

  • La naturaleza
    La originalidad del pensamiento ilustrado es pasar de una concepción del mundo heredada de la física matemática a la física descriptiva, que se apoya sobre todo en los progresos realizados en biología, en fisiología y en medicina.
    La naturaleza se les presenta a los ilustrados como una especie de apoyatura a la que remiten constantemente como a un punto de referencia fundamental. El termino naturaleza, tal como escribirá Sartre, "crea en el siglo XVIII una complicidad inmediata entre los interlocutores". La razón y la naturaleza son como dos aspectos de un mismo problema. En la búsqueda apasionada de la felicidad se critica a la ideología que reprime a la naturaleza.
    En el plano moral y político la naturaleza es invocada como aliada en la lucha contra los valores obsoletos y las instituciones irracionales. Buffon en su Historia natural ofrece por primera vez una historia del mundo que quedaba apartada de toda dogmática religiosa, no queriendo apoyarse más que en hechos observables y en los principios experimentales de la física. Para explicar los fenómenos de la vida Buffon recurre a la teoría de las “moléculas orgánicas”: finas partículas indestructibles que pasan de un ser a otro —monada leibniziana materializada—. El origen de esas “moléculas” —es decir, el origen de la vida— Buffon lo hallará en las combinaciones químicas que pudieron producirse en un momento dado del enfriamiento de la Tierra. Buffon en zoología abre el camino al transformismo de Lamarck cuando muestra que las formas vivientes son susceptibles de cambios o modificaciones.
  • El hombre
    E. B. de Condillac
    E. B. de Condillac
    El pensamiento humano no puede interrogar a la naturaleza exterior sin volverse hacia sí mismo, sin preguntarse cómo y por qué puede el hombre conocer el mundo y dominarlo.
    Condillac, con su doctrina del sensualismo, argumenta que todo el conocimiento humano y todas las experiencias conscientes derivan tan solo de la percepción que proporcionan los sentidos: nuestras operaciones intelectuales resultan de la elaboración y de la transformación de la sensación representativa. El “yo” es el conjunto de sensaciones presentes y de las sensaciones conservadas. Funda la “ideología”, ciencia que tiene por objeto el estudio de las ideas o hechos de conciencia, de sus caracteres, de sus leyes, y de su origen.
    Helvétius llevará hasta su extremo la negación de las ideas innatas. Una filosofía en la que todo es “explicable mediante la sensibilidad física”, el juicio mismo se reduce a “sentir”. Con Helvétius desembocaba la psicología en una antropología que asimila la naturaleza del hombre a su ser social.
    Para otros como Rousseau o Voltaire, la sociabilidad, la perfectibilidad y la creatividad son cualidades que Dios ha concedido a la especie humana.
    El siglo XVII fue la centuria en la que la reflexión sobre la Historia entra ampliamente en el campo de la Filosofía. El iniciador fue P. Bayle, con su Diccionario histórico que constituyó para los lectores de la Ilustración un incomparable ejercicio intelectual. Ofrecía también la primera imagen del historiador moderno, que debe situarse lo más posible en el estado de “un estoico, al que ninguna pasión agita”, y que, desligado de todo interés de grupo, es un “habitante del mundo” que solo presta “juramento de obediencia” “a la verdad”.
    Voltaire es el primer escritor que concibe la Historia moderna como una narración que en primer lugar se preocupa por la exactitud. Es el primero también en dar a la Historia su dimensión máxima haciendo adquirir conciencia de las transformaciones que la humanidad tuvo que sufrir en todos los ámbitos antes de alcanzar el verdadero conocimiento de sí misma.
    Montesquieu se limitaba al estudio del Estado: se proponía sacar a la luz los principios de organización de las sociedades, es decir, descubrir bajo la confusión, el capricho o lo absurdo de las costumbres, la ley (en el sentido newtoniano) que gobierna el régimen de un pueblo, “el espíritu general” de una nación. Montesquieu estableció un vínculo orgánico entre el fenómeno político y el fenómeno social. Es el primero en vincular el mecanismo político a la vida social, haciéndolo depender de la extensión (pequeño territorio: república; grandes imperios: despotismo), de la organización social, y sobre todo, de un principio moral constitutivo (virtud: república; honor: monarquía; temor: despotismo). A través del análisis de los tipos de gobierno, Montesquieu se propone alcanzar el espíritu de una sociedad en la pluralidad de sus componentes.
    Montesquieu
    Montesquieu
    Todo implicaba una nueva concepción de la moral, puesto que esta no estaba ya ligada a un estatuto metafísico, sino a la existencia de un individuo unido a los demás en una sociedad.
    El siglo XVIII francés quiere romper con una doble tradición: la tradición estoica que enseñaba a endurecerse contra las pasiones y la tradición cristiana que hacía hincapié en la miseria del hombre. Los filósofos franceses rehabilitaran la naturaleza humana con el fin de convencer al hombre de que puede crearse las condiciones de su felicidad. En el hombre es la pasión el equivalente de la energía en la naturaleza. El deísmo inglés defendía la tesis de una armonía entre la felicidad y la virtud: ser dichoso es ser virtuoso. En el s. XVIII la virtud se entendía como la práctica de la sociabilidad. La única dificultad, como lo mostrará Rousseau, es la de distinguir entre verdadera y falsa sociabilidad
    La obra del s. XVIII que revela la complejidad de la de la problemática moral de la Ilustración fue la de Diderot. Diderot encontrará las mayores contradicciones de la Ilustración, las de determinismo/libertad y naturaleza/sociedad. Supera el primero de los dilemas: “todo está sometido a una causalidad rigurosa”. Y el segundo: la desgracia del hombre social se debe a que está sometido a un código religioso que se contradice entre sí y que ambos contradice a la naturaleza. Diderot, pide, por tanto, que se reforme la ley moral acomodándola al código natural, conforme a las necesidades de la especie. Gracias al ejemplo de Diderot se comprende que las dificultades de la moral del dieciochesco son también las de la política. La importancia de esta época se debe a la ambición que los filósofos sintieron por plantear los problemas de una política racional. Los escritores de este siglo centran su esfuerzo en circunscribir el ámbito de la política como ámbito autónomo de conocimiento. “No nacemos con fuerza para andar; pero todo el que nace con dos pies andará un día”: el siglo XVIII francés está convencido de que para la humanidad ha llegado el tiempo de aprender a andar bien.

 


 

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