| 5. Concepciones políticas |
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| Rousseau por A. Ramsay |
Libertad política: su filosofía
la había destacado Locke en sus Tratados sobre el
poder civil: es el ideal de equilibrio de poderes mediante
su respectiva moderación. Su doctrina exigía una
monarquía tolerante, pacífica y favorable a las
empresas de la burguesía. La reflexión política
llegó a ser un gran tema. Mediante esa toma de conciencia
se produce la transformación del súbdito en ciudadano.
Fisiocracia: el gobierno de la naturaleza
tiene como apologetas Quesnay, Turgot
y Le Mercier de la Rivière que conciliaran
el liberalismo económico absoluto.
Despotismo: los filósofos de este
despotismo, como Diderot, o como Holbach
tienen cuidado de distinguirlo de la tiranía arbitraria.
Se trata de disponer los medios más eficaces para defender
los intereses de los ciudadanos propietarios, creando una
colectividad de hombres dichosos e instruidos.
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| Portadilla de la Enciclopedia |
La empresa enciclopédica de D’Alembert y Diderot era
la imagen exacta del espíritu filosófico de la
época: obra colectiva, en la que el
consenso de los espíritus autoriza variaciones de pensamiento,
y que aunque razona las artes y las técnicas, también
defiende el liberalismo y el pensamiento libre.
Su objetivo era favorecer la difusión de la filosofía
de la Ilustración. Diderot recurrió a autores
conocidos de la talla de Montesquieu, Voltaire, Rousseau, Buffon,
Du Marsais o Daubenton y a otros menos conocidos. D’Alembert
se ocupaba de las Matemáticas, Diderot de la Historia
de la Filosofía, el abate Morellet de la Teología,
Buffon de las Ciencias de la Naturaleza, Paul-Joseph Barthez
de la Medicina, Quesnay y Turgot de la Economía. El caballero
de Jaucourt ayudaba a Diderot en tareas de redacción
y de edición. La Enciclopedia se entiende
a sí misma como una eclosión de luz que ilumina
el mundo humano, pero esa luz ya no es luz sobrenatural de
la fe, ni siquiera la luz de la metafísica, sino la
luz más inmanente a los hechos naturales y humanos.
Rousseau fue colaborador de la Enciclopedia en los
primeros años, escribiendo artículos sobre música.
Su amistad con Diderot resultó determinante, puesto
que su visita a la cárcel a ver a Diderot resultó
una experiencia “iluminada” de la que salió “lleno
de entusiasmo por la verdad, por la libertad, y por la virtud”
al ver “otro universo" y se convirtió "en
otro hombre”.
Aquel mes de octubre de 1749 se da cuenta Rousseau de que
es filosofo “desde ese momento estuve perdido”.
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| Busto de Rousseau por
J.-A. Houdon |
7.1. Sus obras En lo que se refiere
a las obras de nuestro autor, existen dos momentos:
- el primero, entre 1710 —comenzando con el Discurso
primero (De las Letras y las Artes)—
hasta 1762, cerrado con el Emilio y con
El contrato social. Entre esas dos fechas, Rousseau
concibió una ópera, El adivino de la aldea,
que dieciocho meses después de la publicación
del Discurso primero acabó de poner de moda
a Rousseau; una novela epistolar, La nueva Eloísa,
y el Discurso segundo (Sobre el origen de la
desigualdad, 1754).
- El otro momento de la escritura de Rousseau, aparentemente
el más literario y, que al descifrarlo resulta ser
obra de la razón al mismo tiempo obra de delirio,
es el más conocido: las Confesiones, cuyos
seis primeros libros se publican en 1782, y los seis últimos
en 1789.
Rousseau es uno de los grandes de la Ilustración francesa,
aunque al mismo tiempo su superador. Es rival de Voltaire:
Voltaire es el racionalista e intelectualista y Rousseau es
el hombre del sentimiento del corazón. Se le ha
llamado el profeta de una era de Sturm und Drang
en la historia de la cultura humana, y se ha dicho que
expresó “el indefinido anhelo de toda la humanidad”
que no podía ser acallado por las teorías vacías
de sentimiento del racionalismo y del materialismo de la época.
Para él, la naturaleza es por doquier perfecta
y el hombre debe reconquistarla para ser también el
perfecto. Reacciona violentamente contra una cultura contrahecha
a fuerza de sobre-educación y refinamiento, contra
todo lo que es amaneramiento y lujo. La humanidad ha de volver
a la sencillez de la naturaleza, a las sobrias virtudes cívicas,
a la dicha del hogar y la familia. Las creaciones artificiales
de la cultura soterraron al hombre primitivo, mataron el desarrollo
espontáneo de sus sentimientos naturales básicos,
siempre buenos.
7.2. Teoría rousseauniana de los vicios de la cultura
y sus antídotos
Jean-Jacques adopta la hipótesis de un libre
estado de la naturaleza del hombre. En dicho estado,
el hombre vive de manera individualista e inmerso en el orden
natural y puede confiar plenamente en su sentimiento. La reflexión
representa la fuente de los males sociales y de la separación
del hombre de sí mismo. Rousseau considera el amor
de sí mismo como algo fundamental del que derivan todos
los sentimientos, y sobre todo la compasión.
A partir de las relaciones naturales surgen los sistemas
sociales primitivos que no quebrantan la igualdad y la libertad.
La igualdad natural se destruye con el desarrollo de la cultura
(el lenguaje, la ciencia, el arte) y de los sistemas sociales.
A la vez, la división del trabajo y la propiedad privada
son una profunda incisión, ya que las relaciones de
propiedad impulsan al hombre a una lucha competitiva. En resumen:
la cultura impone cadenas: “que darán
nuevas trabas al débil y nuevas fuerzas al rico”.
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| Estudio de J. J. Rousseau |
La razón y la ciencia debilitan el sentido natural de
la moral. El lujo lo amanera y los modales lo vuelven desleal.
Rousseau contrapone a todo esto su ideal de libertad. Uno de
los caminos hacia él es su ideal de educación.
En su obra Émile expone su pedagogía.
Goethe lo llamó "el evangelio natural de la educación".
La finalidad de Rousseau es la educación del corazón
y el educador no debería adoctrinar, lo cual reprocha
a la educación de su tiempo. El niño debe mantener
su independencia y aprender de las cosas mismas. Ya en la juventud
debe ser instruido en el arte, la literatura y la religión
y hay que tener en cuenta su necesidad de vida social.
El segundo camino de Rousseau para conseguir el restablecimiento
de la libertad es su filosofía social y política.
La idea fundamental es la de El contrato social.
El amor a la libertad y a la igualdad le lleva a rechazar
de plano la teoría absolutista de Hobbes y la monarquía
constitucional por el patrón inglés, y aboga
por una radical democracia y soberanía del pueblo,
en la cual se puedan instituir fácilmente asambleas
del pueblo. Si no fuese así no serían los hombres
naturales, reales y originales los que constituirían
el Estado, sino rígidas instituciones de la cultura.
El Estado es así el pueblo mismo y no hay que ver en
él más que una libre agrupación social,
sostenida y sustentada por la voluntad de los ciudadanos,
los cuales son hombres libres e iguales. Esa voluntad social
de los hombres ideales (volonté générale)
es la auténtica voluntad del Estado: “Las leyes solamente
son leyes válidas si se han dictado de acuerdo con
la voluntad general. De otro modo son sólo decretos
particulares”.
La idea de contrato ya aparece en pensadores como Hobbes
y Locke, pero Rousseau le atribuye un sentido propio. No se
trata meramente de un contrato entre individuos, como era
el caso de Hobbes, ni tampoco un contrato bilateral, como
en Locke, en el que los individuos hacen cesión de
sus poderes a un hombre o a un grupo de hombres. Para Rousseau
el contrato se realiza con la comunidad,
cuya volonté générale se convierte
en el fundamento de todo poder político.
La sociedad civil aparece como una comunidad de hombres libres
que gozan de igualdad política, de acuerdo con la cual
nadie ha de ser excluido. Ello sirve de base para la conformación
de esa volonté générale que
está en el fondo de la llamada soberanía del
pueblo. Rousseau desborda las inhibiciones tanto de Montesquieu
como de Voltaire en este punto. La volonté générale
es algo así como una razón pura práctica.
El Estado natural se había entendido siempre como una
realidad históricamente posible; para Rousseau, sin
embargo, representa una imagen ideal del hombre.
El Contrato social parece pensado para una pequeña
ciudad-estado como su Ginebra natal: allí la voluntad
común está más cercana. Pero Rousseau
generalizó y lo hizo aplicable a grandes territorios.
El tema de la religión en Rousseau
también lo desarrolló en Émile.
La naturaleza es el faro que señala los caminos y orienta
las decisiones. En la educación hay que incluir también
a la religión entre las cosas innaturales: ”Si quisiera
describir de una manera simbólica la estupidez, que
es capaz de revolvernos la bilis, pintaría a un pedante
enseñando el catecismo”.
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| Tumba de Rousseau en
el Panteón de París |
La fe de la mayoría depende de una cuestión geográfica
(si han nacido en La Meca o en Roma). En la obra Profesión
del vicario saboyano combate el ateísmo y el materialismo
de Diderot y de su escuela, pero también la metafísica
de las pruebas de la existencia de Dios de la tradición
escolástica. Dios no es objeto del saber ni del entendimiento,
sino del sentimiento y del corazón: “Si la vida y la
muerte de Sócrates son las de un sabio, la vida y la
muerte de Jesús son las de un Dios”. Una fe en Dios,
una fe en la virtud y en la inmortalidad, es lo único
que se requiere y basta para la verdadera religión.
Rousseau, aunque es proyectado en el fondo total de la Ilustración,
significa una postura de oposición y antítesis;
por haber hecho valer también lo irracional y el sentimiento
frente a lo racional, y especialmente por fijar las bases
de la religión, haber puesto su signo de interrogación
a todo el sentido del tiempo.
Rousseau vuelve del revés el optimismo de sus contemporáneos
por la cultura. Todas las realizaciones de la historia de
la cultura son agriamente problematizadas por él, y
de ahí el predicar una vuelta a la naturaleza, a la
precultura. Quizá haya que explicar mucho de este pesimismo
por un fondo resentimiento y desgarrones de la propia personalidad.
Su influencia poderosa alcanzó a Lessing, Mendelssohn
y Tieck y el Romanticismo como corriente,
pero sobre todo, al igual que Hume, influyó en Kant.
Este pensador dependerá de aquel al fundamentar la
religión sobre bases de fe en oposición
al saber, así como también en el punto clave
del primado de la razón práctica sobre la razón
teorética.
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