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AMAZONAS

Santiago Sevilla
sevillagloor@yahoo.com

Drama Teatral en Cuatro Actos
Por Santiago Sevilla

Dramatis Personae
Gonzalo Pizarro Conquistador
Francisco de Orellana Capitán Español
Lorena Reina de las Amazonas
Coro de Caballeros Españoles
Coro de Soldados Españoles
Coro de Indígenas
Coro de Amazonas

PRIMER ACTO
Lugar: En las alturas de Quito, entre Papallacta y Muerte Pungo.

Gonzalo Pizarro
(a caballo)

Esta undosa tierra, este edén,
cuyas níveas cimas tocan cielo,
Las sienes coronándose de hielo,
y de nubes, tejiéndose laurel;
este campo de Marte, ahora,
dorado de luz de la aurora,
Denos paso hacia el oriente,
donde hallemos reino ingente,
de riqueza abrumadora!

Coro de Caballeros Españoles
(Cabalgando)

Vamos! La conquista del Dorado,
España nos ha encomendado.
Cabalguemos, tordo palafrén
raudo y valiente, que galopas bien,
Pegaso tú, el caballo alado !
Al costado, la acerada espada,
que cuando sea desenvainada,
espante su cruento destajo,
y al grito: "Santiago, carajo!"
Perezca enemiga mesnada.

Gonzalo Pizarro

De cerdos, numerosa piara,
Acopios de trigo y patatas,
mieles, frutas, leches y natas,
diga nadie, que nunca faltara,
Mas, de comida, siempre sobrara.
Sí, el camino va a ser muy duro,
cruzando montañas, valles, ríos,
por calores y espantosos fríos,;
de enemigos, acoso y apuro,
Mas de Dios, socorro seguro!

Coro de Soldados Españoles

Si, de Dios el socorro seguro,
frente a cruel, feroz enemigo.
El sol sirva de atento testigo,
y la luna, de noche, en lo oscuro:
Que valiente he de ser, yo lo juro!

Gonzalo Pizarro

Francisco de Orellana, primo,
Tu compaña, en mucho estimo.

Francisco de Orellana
(A caballo)

Yo, Gonzalo, bajo tu comando,
buscando el Dorado, bien ando,
y, en batallando, te arrimo.

Gonzalo Pizarro

Doscientos somos, los caballeros
Y más de cien peones de brega;
mi hueste, a miles, en número llega.
De guerra, mastines, los más fieros,
vasta frontera baten, primeros.

Francisco de Orellana

Estas heladas ásperas montañas
van a sernos muy arduas y hurañas...

Gonzalo Pizarro

Por sus rocas hemos de subir,
y en sus glaciares van a morir
unos, otros harán hazañas.

Francisco de Orellana

Esto es como el ajedrez,
el triunfo es costosa y dura prez.

Gonzalo Pizarro

Todo en servicio de nuestro rey
y de Dios, su sacra y buena ley!

Francisco de Orellana

A veces, suerte danos revés!

 

SEGUNDO ACTO

Lugar: En medio de la selva, a orillas del río Coca.

Coro de Indígenas

No nos queda ya ni un cerdo vivo,
y ni un saco de patatas resta.
A finar de hambre se apresta
Cargador indígena cautivo,
y el hispano, de la muerte esquivo...

Gonzalo Pizarro

Pues hay que capturar serpientes
y pintas guacamayas flechar,
a tapires con redes, cazar,
a las anacondas durmientes,
pasarlas, asadas, por los dientes.
Por Dios, valientes, no desesperéis,
que días mejores, pronto veréis.
Dios quiere ponernos a prueba,
en un camino, que al triunfo lleva.
Fe tened en ÉL, y no dudéis.

Coro de Soldados Españoles

Sabuesos hambrientos, capitán,
quisieron comerse a la gente,
y gente, de hambruna, demente,,
los meros sabuesos, comido se han.
Vale oro, un pedazo de pan.
Los indios ya se han desbandado,
nuestro Real yace abandonado.
Todo el tocino y manteca,
más nuestro acopio de carne seca,
todo lo han comido y lo han saqueado.

Gonzalo Pizarro

Oh! país de la dulce canela,
y de coloradas mariposas,
de nenúfares y acuáticas rosas,
ni mi espada, ni mi espuela,
escapan tu roedora muela.
Mi yelmo de hierro se ha podrido
y mi coraza se ha carcomido,
mis botas tragáronse ya las motas
y apenas escondo mis pelotas
en un trapo sucio y descosido!

TERCER ACTO
Lugar: En la selva, a orillas del Río Negro

Lorena Reina de las Amazonas

En el anchuroso río, ancladas,
veo unas preciosas mariposas,
que navegan y vuelan presurosas
y en sus lomos, llevan alojadas
personas armadas y malvadas.
Oh! acuáticas, blanquecinas aves,
Arboladas, llamémoslas, naves,
por humanos insectos infestadas,
que, por nos, deben ser atacadas,
en esos escondidos enclaves.

Coro de Amazonas

Hombres zánganos son todos ellos,
barbudos unos, y otros bellos,
con quienes vamos amor gozar
y, acaso, nuestras vírgenes preñar,
con niñitas de rubios cabellos.
Castrados, y al agua después,
buen bocado para las pirañas,
harán estas gentes extrañas,
en castigo a su osado traspiés
y a sus besos, en premio, y en prez.

Coro de Soldados Españoles

De este lago, en las orillas,
vense pulular fámulas lindas,
frescas, finas, tiernas, lechuguinas.
Seda y oro esas dulces mejillas,
perfumadas, morenas meninas.
Os pedimos, bravo capitán,
permiso, para acometerlas,
amarlas, verlas, retenerlas,
que meses ya pasado han,
sin las hembras, de vida, en el plan.

Gonzalo Pizarro

Si os agrada, idlo a hacer,
Dios lo quiso; sano apetecer,
si en ello, Natura da placer,
mas en las densas redes de amor,
tiene el diablo trampa a su favor:
Unos enferman, quedan llagados,
otros flechados, enamorados,
a su recuerdo, quedan atados,
por todo un siempre, enamorados,
esclavos, sin santo salvador.

Coro de Soldados Españoles

Don Gonzalo, vednos abordados.
Mujeres, en todos los costados,
acosados somos, y acostados.
Ninfas, sirenas, con amor
nos vencen y derrotan, señor!

Gonzalo Pizarro

Esta es la invasión peor,
que se haya oído en la Historia,
de Amazonas, triunfo y gloria,
que del mundo, el ecuador,
contempla en gran estupor.
De la mezcla, es el comienzo,
del mestizaje, y primo albor
de raza hermosa y mejor.
De este encuentro tan intenso,
muy felices saldremos, yo pienso...

Coro de Amazonas

Ya el asalto ha sido consumado:
De estos hombres hemos bien gozado
y ahora, como la discreta abeja,
que al zángano de la colmena aleja,
y mándale morir destazado,
así, cada hombre emasculado,
arrojemos en las turbias ondas.
Que insurjan de sus simas hondas,
pirañas a roerles el costado
y siga su esqueleto, a nado.

Gonzalo Pizarro

Los amantes han emasculado,
por la borda a todos han tirado.
Vedlos, desgraciados, sucumbir.
En flecos, destrozados ir
a un infierno nunca imaginado.
Zánganos míseros, que por amar,
en lance de amor por procrear,
desvirgan la amada preciosa,
mas perdida su viril cosa,
prefieren morir que perdurar.

Huyamos los que aun vivimos,
de estas hembras tan sin compasión,
que han tramado nuestra perdición.
Nunca tales monstruos concebimos,
y en su engaño, ingenuos, caímos.
Son engendros viles del demonio,
pesadillas de un loco manicomio,
del que nunca noticia tuvimos.
Dios perdone que su canto oímos
y acudimos a su matrimonio.

Tú, caro Francisco de Orellana,
embárcate y, el río abajo,
busca, de escape, un atajo,
lleva gente la más brava y sana,
y que tu vuelta sea temprana.
Yo en la orilla me atrinchero
en tanto tu retorno espero;
llévate el oro que tanto pesa,
y en nada sirve en la huesa,
por si en esta instancia muero.

Orellana se embarca en el bergantín "San Pedro", se despide con señas de Pizarro y sus compañeros, mas a su tripulación les dice:

Francisco de Orellana

En este altanero bergantín
viajemos avante por el río,
por ver si aparece un reino rico,
del mundo, plus ultra, en el confín,
donde alegres anclemos por fin.
En él nos esperan las riquezas,
bellas y adorables, las princesas
y hemos de hallar provisiones
para apaliar las privaciones,
de nuestras tan hambrientas mesas.

Estas fuertes corriemtes del río,
compañeros, impídenos volver.
Río abajo, sólo, proceder
podemos. Dios perdone, confío,
tal traición al amigo mío.
Naveguemos hacia el levante,
que España adelante está.
Esta selva ya terminará,
y el océano, una vez leudante,
avante! gritaréis, avante!

En tanto, Gonzalo Pizarro, capitaneando su pequeña hueste de soldados famélicos y desesperados, comprendiendo que nunca más verán a Orellana, exclama:

Gonzalo Pizarro

Retornemos hacia el alto Quito,
Si acaso hasta tan lejos llegamos,
o si con nuestra vida pagamos,
haber andado hasta este hito
recóndito y por Dios maldito.
Quito, sabéis, es un altillo,
que el cóndor, apenas, roza al vuelo,
último peldaño antes del cielo,
Níveo, de granizo, gran castillo,
que ha de darnos bondadoso auxilio.

Gonzalo Pizarro se tiende a dormir en la vega del río y, cuando ha oscurecido, Lorena, la reina de las Amazonas, aparece y se le acerca celadamente:

Lorena

Capitán Gonzalo, despertad!
Que si queréis, podréisme amar,
una hija conmigo procrear
te ruego, que ha de ser beldad
suprema de la humanidad.

Gonzalo Pizarro (despertando, casi sonámbulo)

Oh! Sin duda es parte de un sueño,
esta hermosa aparición,
un espectro, una ensoñación.
De mi mente, hoy yo no soy dueño,
me encandila esta ilusión.
Pues Lorena, tal que Oriana,
se diera, en vez primera,
en verde prado, al Amadís,
quieres, ¡Oh Ninfa, dárteme feliz.
En buena hora, pláceme el desliz!

Lorena

En mi cáliz penétrame, padrillo!
Tu luciérnaga dóneme su brillo.
Así, así! Mi tálamo te siente,
creciente, frondoso y floreciente,
al punto del júbilo inconsciente...

Lorena y Gonzalo Pizarro se aman con unción por un buen rato...

Gonzalo Pizarro

Esto fue, sí, placer sublime.
Cual flor, el himen fue, y ahora gime
esta bella diosa en el dulzor,
que Dios brinda al clímax del amor.

Lorena

Ahora me toca la venganza,
del ataque de amorosa lanza!

Ataca a Gonzalo Pizarro con un cuchillo filudo.
Mas 'el, experto soldado, la desarma, diciendo airado:

Gonzalo Pizarro

Mujer enloquecida, fuera!
Pandora tú, diabólica Meguera,
horror inspira tu acechanza.

Lorena, desarmada, se lanza en las aguas turbulentas del río.

Lorena

Acógeme en tus aguas, Río Negro.
Siento preñez. Mucho me alegro!
Prímula flor, que Dios adula,
Esta mi hija, ha de llamarse Lula!

CUARTO ACTO
En el Gran Río de las Amazonas o Río del País de la Canela

Coro de Soldados Españoles

Capitán, los indios Omaguas
son dueños de estas turbias aguas,
y en sus canoas de árboles vaciados,
nos tienen, cuatro lados, rodeados.
Sus chalupas ved, y sus piraguas!

Francisco de Orellana

Para nuestros cañones, destino,
y de arcabuz, meta y camino!
Mirad! Si por la mira miro,
y con la chispa, desato el tiro,
muere el guerrero al que yo atino.
(dispara y un contrario cae muerto)
De proa, desde nuestro castillo,
de clavos, vaciadles casquillo,
que sepan, que los cañonazos
habrán de hacerles pedazos
Su vano, sitiador anillo!

Los españoles cañonean las canoas indígenas y se abren paso por el río.

Llegado a la desembocadura del Gran Río, Francisco de Orellana exclama:

Francisco de Orellana

Piélago azul de dulces aguas,
que en tus entrañas las lluvias fraguas,
con que estas florestas se refrescan
y provocas que los ríos crezcan,
y las crueles sequías fenezcan,
cédeme el paso a mar abierto,
rumbo y curso, a seguro puerto,
pues quisiera que el mundo se entere,
que quien este portento viere,
no le importe, si al lograrlo, muere.

Navega Francisco de Orellana en su nuevo barco velero por mucho tiempo, bordeando el continente, hasta que un día, sorprendido, exclama:

Francisco de Orellana

Amigos, al fin de esta oceánica agua,
He aquí la ínsula Cubagua,
junto a la Isla Margarita.
Viva Dios! La suerte nos invita
a donde el español ya habita.
Terminóse esta gran aventura,
con ventura y con felicidad.
Para siempre, la posteridad,
pensará que fue locura,
la Amazonía hallar de verdad!

Orellana y sus hombres desembarcan y gritan:

Coro de Soldados Españoles

¡Viva el Río de las Amazonas!



 

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